Journal_2008._Coverpage._Final[1] 40 Tecayates y Girasoles para Todos Los Santos By Jairo Sanchez, M.S. Abro los ojos y miro que la luz tierna de la tempranera mañana entra por la ventana. Mis ojos no quieren quedarse abiertos. Miro hacia el techo y miro los carrizos dorados, alineados juntos como renglones en un libro. Los minutos pasan y miro que los rayos del sol empiezan a entrar, poco a poco, más y más por la ventana hasta hacer que los carrizos parezcan estar cubiertos de oro, ensendiendo más el cuarto sobrepasando a lo obscuro. De la cocina oigo ruidos. Suenan como aplausos de un evento social de mi escuela. Recuerdo que cuando presenté mi poema el día de las madres, la gente me aplaudió con mucho gusto y alegría. Esta vez, los aplausos no son muchos, pero suficientes para despertarme. Solamente es mamá y mis dos hermanas, Gloria y Gaby. Las tres hacen tortillas frescas a mano para el desayuno. Puedo distinguir que mamá es más rápida que Goya y Gaby. De todos modos, mis hermanas no se quedan mucho atrás. De la sala junto a mi recámara llega un aroma dulce. Es principios de noviembre y celebramos Todos los Santos, aunque hay unos que dicen que es el Dia de los Muertos. La mesa de la sala está llena de pan fresco, frutas y comidas, las comidas más favoritas de mis abuelos y de mis tres hermanitos ya fallecidos. Nunca los conocí a ninguno de ellos; murieron antes de que yo naciera. De pronto, oigo que mamá llama, desde la cocina. “Jorge, te toca traer las flores!” Ya los sabía, pero la mañana es fría y húmeda. La cama se siente muy sabrosa y no quiero salir de ella. “Sí mamá,” le contesto. Poco a poco me levanto y me pongo mis zapatos. Primero me dirijo a la cocina y saludo a mi mami y a mis hermanas. “Buenos días mami’ y le doy un beso en la mejilla. “Buenos días hijo,” me dice. A mis hermanas nomás les digo “jey” y me robo una tortilla fresca y calientita del chiquepeshtle (tortilla basket). Mis hermanas rápidamente me corren de la cocina. “Sácate de aquí” Me dice Gaby bruscamente. Goya, me pega en el brazo y me dice que me espere hasta que esté todo el desayuno listo. Mamá las apoya también y me corre, “Ve a traer las flores Jorge. Apurate, que se les hace tarde ir a la escuela.” “Si mamá,” le contesto saliéndome de la cocina con mi tortilla calientita en mano. Huy, que bien se siente una tortilla calientita en mis manos frías. Quisiera tener guantes tan calientitos como esta tortilla, pienso en mí mismo. Ya lo sabía, esta mañana me va a llevar más tiempo en encontrar las flores silvestres de tecayates y girasoles para el camino de los muertos. Agarro la canasta y me dirijo a la ladera en la barranca en busca de flores de tecayates y girasoles. Estas mañanas de otoño la barranca es fría y rociada. Nubes de vapor blanco se forman en frente de mi cara a como respiro, mucho más hoy que voy comiendo mi tortilla caliente. Siempre me gusta hacer nubes de vapor con mi nariz y boca; me hace sentir como si fuera yo grande. Los adultos siempre hacen mucho humo por la boca y nariz. Hoy me siento como un adulto por poder hacer mucho humo por la boca y nariz. A como camino por las veredas entre las hierbas y el sacate, mis zapatos y mis pantalones rápidamente se mojan y me entumen las piernas y los pies. Aun así debo encontrar suficientes flores para llenar mi canasta de tecayates y girasoles. Los tecayates son flores pequeñas de pétalos amarillos con centro anaranjado, y al cortarlos dan un aroma dulce y fresco, como menta y caramelo a la misma vez. 41 Los girasoles son de pétalos rositas y blancos con centros amarillos y negros. También los girasoles tienen olor dulce y saben a menta, ligera y dulce. Al cortar las flores, mis manos se manchan rápidamente de amarillo y verde obscuro con el color de la hierba. Con el rocío y el frío de la mañana, los dedos de mis manos rápidamente se entumen y se ponen tiesos, igual que mis pies y piernas. En lo alto y en los árboles los pájaros vuelan jubilosos y ruidosos, gozando del calorcito de la fría mañana. Dichosos son los pájaros que pueden estar arriba de los árboles para gozar de los tempraneros rayos del sol. Son gorriones, muchos gorriones. Unos con crestas rojas y pechos amarillos. Otros son gorriones de plumas cafés y pechos blancos. Entre ellos parecen tener fiesta en la mañana. O tal vez no es fiesta lo que tienen, sino que son como mis hermanas quienes juntas me corrieron de la cocina, ruidosas y rudas. Tal vez los pájaros también están corriendo a uno de esos gorrioncillos a traer las flores a la barrnaca para los muertos. El otro lado de la barranca, al oeste, se mira más hermoso. Ya le cae más luz del sol. Cómo quisiera vivir en ese lado de la barranca. Mi lado tiene que esperar más tarde en la mañana para gozar del calor del sol. A como voy decendiendo hacia el fondo de la barranca, paso a paso, el frío se siente más intenso. A la vez mis zapatos y mis pantalones se mojan más y más. ¿Dónde están las flores de los tecayates y girasoles? Ayer levanté un tanto por este lado. Hoy tengo que caminar más lejos y más abajo de la fria barranca para llenar mi canasta con tecayates y girasoles. ¿Por qué necesitan flores los muertos? Me pregunto a mí mismo. Si sus almas decienden directo del cielo, ¿por qué no decienden directamente a la mesa donde está la comida y el pan que les hemos preparado? Mamá dice que los muertos necesitan saber que sus almas son apreciadas e invitadas y por eso les regamos flores en esto dias de Todos los Santos. Tenemos que hacerles un camino de flores frescas en frente de la casa. Por ahora a mí me toca marcarles el camino con tecayates y girasoles. Las flores son suaves cuando son frescas, suaves como una alfombra multicolor, con olor dulce y fresco. Poco a poco mi canasta se va llenando con tecayates y girasoles. Con canasta llena, pantalones y zapatos mojados y manos tiezas de frío, regreso a casa. Toda la subida de la barranca camino deseando que el sol del otro lado de la barranca se venga para mi lado. Así, mi cuerpo dejaría de temblar. Pero sé que pido lo imposible, y me tendré que conformar con el calor del tlequil (open fire) donde mamá y mis hermanas cocen las tortillas y la comida del desayuno. En frente del sagúan empiezo la regada de flores formando un arco de tecayates con una cruz en medio de pétalos de girasoles. Completo un rectángulo alrededor de la cruz y el arco. Sigo regando las flores como vereda hacia la sala principal donde la mesa y el altar han sido preparados para las almas de los muertos. Camino con cuidado y en silencio enfrente del altar para no pertubar sus almas. A veces yo quisiera ver a uno de ellos ahí disfrutando de lo que les hemos preparado. Así tendría la oportunidad de conocer a mis hermanos y abuelos. La sala huele muy sabroso con todo el pan de muertos, recién hecho, las guayabas, zapotes, caña de azúcar, plátanos, naranjas, dulce de calabaza y mole. Las veladoras encendidas iluminan la mesa y altar. Y con la luz opaca y vibrante le ponen más misterio a todo lo presente. Entre vibración a vibración de la luz me da el presentimiento y me late que cualquier momento un alma se aparezca, ahi, en frente de mis ojos, pero por mala o buena suerte nunca pasa. En frente del altar termino de regar las flores en forma de cruz. Al terminar la cruz, pienso y deseo que las almas de mis parientes aprecien el camino de tecayates y girasoles esta mañana. En cuanto termino de regar las flores, me dirijo hacia la cocina a calentarme cerca del tlequil. Mis hermanas me miran llegar, mojado y friolento, y me dicen “Ya está el desayuno listo, siéntate manito.” Goya me da una taza de leche caliente y me sirve un plato de huevitos revueltos con hongos campestres y tortillas frescas y calientitas. Ambriento y friolento a la misma vez, cómo con muchas ganas. Ni siquiera me acuerdo de cambiarme la ropa mojada. Gaby se retira de la cocina rápidamente y me busca un par de pantalones secos, los plancha rápido y me los da en la mano, aun 42 calientitos de la planchada. “Póntelos y cámbiate rápido” me dice con apuro en su voz. “Apúrate, que ya nos vamos a la escuela. Se nos hace tarde.” Al salir de la casa rumbo a la escuela, mis hermanas me dicen que se mira bonita la entrada a la casa con tecayates y girasoles. En mi mente pienso que las almas de mis hermanitos y abuelos deben estar contentos de saber que no nos hemos olvidado de ellos. Y si a ellos no les gusta mi regada de flores, al menos, estoy contento que a mis hermanas sí. Regada De Flores Para Las Almas Drawing by: Jairo Sanchez Photo by: Cesar Sanchez Monte Albán Oaxaca, México