Microsoft Word - Navarro-Benbow.doc 1 Sixto VI Como Palinodia: Una Desintegración de las Categorías que Rigen Sobre el ser Humano Alejandra Navarro-Benbow Department of Modern Languages Villanova University El modelo social contemporáneo refleja que la humanidad del individuo yace sepultada bajo sistemas, esquemas y metodologías ajenas. La esencia de cada uno se encuentra sumisa al “cómo debe hacerse algo” y sigue caminos ya establecidos, seguros que permiten controlar el caos que se avecina de hacer lo contrario. Actualmente, no existen cimientos morales comunes, y, por lo tanto, el individuo conformista y palinódico se hace y deshace dejándose manipular por el va y ven constante de la ideología del momento. Raúl Ruiz en su obra Sixto VI: Relación inverosímil de un papado infinito presenta un paralelo lúdico de esta cuestión. Enfrentando al lector ante su deshumanización y ayudando a desfalcar cada una de sus sistematizaciones, Ruiz proporciona la clave para que el individuo obre independientemente o que, al menos, rehuse seguir metódicamente el camino que la sociedad ha pautado para la masa. En vez de brindarle al lector una solución, Ruiz propone el vivir con un rompecabezas incompleto. Más aún, sugiere alivio al liberarse de restricciones externas en vez de inseguridad ante la pérdida de control que implica. De esta manera, el lector puede, si así lo desea, experimentar visceralmente su propia humanidad. No hay duda que poder confiar en alguna metodología aporta seguridad, pues no sólo predispone las acciones de uno, sino también puede predecir un resultado. Inculcando la desconfianza en su relato por medio de un narrador y un personaje no fidedignos, Ruiz provoca el primer desfalco sistemático en el lector, ya que no es posible una aproximación analítica a la novela por medio de los métodos convencionales. Ruiz no responde a su necesidad de obtener respuestas, sino crea más interrogantes. Insatisfecho ante la imposibilidad de definir realmente a Sixto VI, el lector hace un recorrido histórico, donde fuentes primarias confirman que tal Papa es 2 ficticio. Sin embarg, su construcción se basa en las vidas de Papas con el nombre de Sixto que sí forman parte de la historia eclesiástica. Los datos presentados comienzan a adquirir una cualidad absurda en el relato de Ruiz. Anticipando la naturaleza inquisitiva de ciertos lectores, Ruiz ridiculiza este afán al explicar la epistemología de Sixto VI, en una nota a pie de página: El verbo latino sisto tiene las siguientes acepciones: establecer, erigir, determinar, mantenerse firme... Esta –y no otra—sería la interpretación etimológica del nombre. En cuanto al numeral, parece que tiene su origen y explicación en la familia patriarca de los Sexto, de cuya casa partían las catacumbas sixtinas. Otros han querido ver en el nombre y el número del Papa una interpretación simbólica: S, espíritu, I, uno, eje del universo; X, unión de los dos mundos; T, cruz, Théos; O, disco solar, perfección. El ordinal—sexto— significaría equilibrio, alma, prueba y esfuerzo. Se intuye que las interpretaciones pueden ser infinitas. (200) Utilizando los propios instrumentos del lector, Ruiz ridiculiza la terquedad por obtener una respuesta objetiva para así llegar a una explicación que todo resuelve. No sobra mencionar que el propósito de la novela es involucrar al lector en un proceso que busca resolver la cuestión existencial de Sixto. Ruiz efectivamente se dirige a aquel individuo que no se conforma con la duda, o, mejor dicho, que no se conforma teniendo al alcance otras posibilidades. El no centrar la obra en un tiempo específico también apoya dicho propósito. Como el título indica, el escritor presenta un papado infinito donde bien encajan referencias a plumas y tinteros al igual que a jeeps y missiles. No obstante, uno no se encuentra ante una novela atemporal. El tiempo tiene su especificad; es infinito. Como dice Fernando Valls, “crea un tiempo nuevo... mezcla el pasado con el presente” (29). Puede verse como enriquecen el análisis literario estos elementos, y más aún cuando se espera lo convencional: un relato lineal y mimético. Sin embargo, debe reconocerse que a pesar de no ser una obra mimética, logra exitosamente nublar las barreras entre la realidad y la ficción. Menciona Daniel Chandler en su explicación de la intertextualidad: Confounding the realist agenda that 'art imitates life,' intertextuality suggests that art imitates art. Oscar Wilde (typically) took this notion further, declaring provocatively that 'life imitates art'… 'We are living in a society in which our perception is directed almost as often to representations as it is to "reality"' (Lash 1990, 24). Intertextuality blurs the boundaries 3 not only between texts but between texts and the world of lived experience. …The world as we know it is merely its current representation. (7) Sixto VI forma un vínculo fundamental entre verosimilitud y fantasía en parte por su intertextualidad. Para lograr este propósito, Ruiz cuidadosamente incluye un corpus de referencias que aluden a la realidad en todo momento de la obra. San Malaquías, Galileo, y Voltaire hacen constar su presencia, de la misma forma que el tirano de Taormina o la tía Stella. A la vez Ruiz construye fielmente el espacio de la capilla Sixtina. Sus frescos, especialmente el de Eva, imponen su presencia de la misma forma que los demás personajes. Por otra parte, el autor describe fielmente todo aspecto ritualista del proceso papal: la Guardia Suiza, el Cónclave, la coronación y hasta las obras fúnebres de un Papa. La función de la alusión es no poder discernir entre lo tangible y lo onírico. Ambos elementos se unen para comunicar una “construcción de conjeturas” (Valls 29) que nada tienen de inverosímiles. Para continuar desestabilizando la percepción de realidad, Ruiz dota al Papa de cualidades con las que el lector pueda identificarse. Comienza apelando a la necesidad del individuo de romper la monotonía. Poniendo en evidencia la necesidad de Sixto y de todo ser de escapar la realidad cotidiana. Así dice Sixto: <> (47) Se ejemplifica la imposibilidad de Sixto de habitar en un mundo real, y a la vez vincula al lector con esta necesidad. En vez de presentar a un Sixto que se niegue a asistir al trabajo a causa de la monotonía, la novela muestra lo efectivo que es acudir a la imaginación para escapar. Esta conjetura nubla aún más el arte y la vida e incita al individuo a desistir de categorizar lo que es obra y lo que es realidad. El hecho que sea el mismo Papa quien se “topa de continuo con las rejas” (47) de su existencia lo muestra como ser humano no como ser divino, abstrayendo el sentido de su dominio y cuestionando la jerarquía Divina. Ruiz humaniza a Sixto al parodiar el proceso de la elección papal. Sin embargo, cabe mencionar que no se propone una humanización que arribe a la esencia humana, sino simplemente una humanización que presenta al 4 Santo Padre como santo padre, un hombre cotidiano. Habiendo comenzado el Cónclave, Sixto menciona, Pedro de Orduña le había pedido a Ercole sus siete votos, para desmoralizar así a Gian Rinaldo y, de pasada, a alguno de sus votantes... No me sorprendió este sucio juego de intrigas... [Manuccio]<> (160) Semejando enfrentamientos políticos, bipartidistas y consecuentemente ausentando a la mano del espíritu Santo, Sixto se nombra líder. El proceso de elección papal queda ridiculizado y así continúa desintegrándose el control del Vaticano. La institución eclesiástica queda absuelta de espiritualismo y marcada como burocracia dominante y, a su vez, dominada por dictámenes externos. Viene al caso, también, mencionar que una vez que el Vaticano adquiere acciones en la compañía de cementos, Sixto se ve forzado a hacer el siguiente anuncio público, “Los médicos, los maestros y los misioneros deben viajar por las autopistas para llevar la salud del cuerpo y del alma más deprisa que nunca. El que se oponga a la construcción de autopistas es un hombre sin corazón” (204). Es evidente la manipulación que ejerce el Vaticano ante sus súbditos y, a la vez, la sumisión del mismo ante la economía global. No existe el poder Divino, a menos que este signifique obrar por interés propio. Sin embargo, el liberarnos de la realidad y de paso de la religión como institución, no logra completamente la independencia del ser. Consecuentemente, Ruiz propone una liberación más profunda al destituir a Dios como creador y cederle este poder divino al individuo. Inculcando el poder creativo del ser, el propio Sixto, construye sus propias existencias, negando así el poder máximo de Dios. Sixto crea a Bernardino de Acquadolce, Giovanni Tonduzzi, Juliusz Sosnowiec, Francisco de Estella, Hilda (Hildebrando) de Saignon, y Puer Pluvius. Mas aún, Sixto humaniza explícitamente a Dios al decir que “el hombre es verdaderamente importante, no porque crea en dioses, sino porque ha sido—es—capaz de imaginarlos...Y es esta capacidad imaginativa, demiúrgica, la que lo convierte en superior a los mismos dioses, sus criaturas” (215).1 Al 1 Podría decirse que en vez de humanizar a Dios, Ruiz deifica al hombre. Resalta el hecho que en este caso humanización y deificación son palabras sinónimas. 5 individuo se le devuelve el poder de la creación, aproximándolo más y más a una esencia humana. Tampoco basta liberarse de poderes externos que se ejercen sobre el individuo, ya que existen controles auto-impuestos que dominan aún más. Al individuo, lo encasilla un carácter previsible causado por las ataduras a un pasado ritualista que promete dar acceso inmediato al “cómo se han hecho las cosas.” El autor español parodia este comportamiento al describir con sumo detalle la coronación Papal: “En este momento, el Santo Padre ha de mostrar un rostro fatigado, pero pletórico de emoción contenida, como reflejando el cansancio de una hermosa carga que se acepta” (167). Tan imprescindible es seguir los códigos del pasado y predisponer de toda acción que hasta se pueden anticipar las expresiones faciales del Papa. Para continuar restando importancia al pasado, Ruiz elimina su objetividad conclusiva. Si es posible que el mismo ser “engendre dioses” (223), también es posible eliminar un legado histórico cuya existencia ha predispuesto el porvenir del individuo. La estructura de la obra le brinda fondo a esta propuesta. Quizás el lector sienta alivio ante la constancia que existe en la estructura novelesca. Aunque por medio de ella, Ruiz pone en duda toda acción de su obra y a la vez toda función de la historia. Como Mercedes Juliá deduce, “los textos ruizianos repiten hechos e incluso párrafos enteros, en lugares diversos, para demostrarle al lector que si eso que acaba de leer está casi olvidado, cuánto más imposible será el querer recordar la niñez, o lo que es aún más absurdo, los orígenes milenarios de la historia”(420). Más aún, el uso de la alusión dentro del texto y dentro de notas a pie de página enfatiza que uno no puede confiar en anotaciones para suplementar y clarificar el texto, ya que tienen un propósito enteramente creativo.2 Juliá describe la función de las notas concluyendo: La abundancia de citas señala lo que para Ruiz es un absurdo: la pretensión de los historiadores de escribir un texto histórico 2Viene al caso mencionar la investigación de Shari Benstock, citada en un artículo comprehensivo escrito por Daniel Balderston sobre las notas en El beso de la mujer araña. Aunque no se refiere específicamente a la obra de Manuel Puig, Benstock determina, “Thus, footnotes in fictional texts do not necessarily follow the rules that govern annotation in critical texts...Most significant, they belong to a fictional universe, stem from a creative act rather than a critical one, and direct themselves toward the fiction and never toward an external construct, even when they cite “real” works in the world outside the particular fiction. The referential and marginal features of these notes serve a specifically hermeneutic function.” (205) 6 ‘auténtico y verdadero’, ajustado a los conocimientos del pasado. Según este autor, el conocimiento del pasado’ es un imposible, dado que las fuentes son infinitas y de índole diversa, y que pueden elegirse dependiendo de los fines y gustos del historiador. (418) En ellas no se encuentran las respuestas que ansía el lector, más bien, se apoya la subjetividad y por consecuencia la naturaleza no fidedigna del pasado. Finalmente, el uso de la palinodia enfatiza la vulnerabilidad de los “hechos ocurridos.” En resumidas cuentas, la estructura de la novela repite la siguiente formula: se introduce lo que va a ocurrir, se cuenta lo que ocurre, y posteriormente se pone en duda si realmente ocurrió. Sixto, rememorando su pasado, introduce la acción de la novela y en un parpadeo la hace desvanecer. Esta estrategia capitaliza que ninguna acción perdura a partir del mismo instante, y a lo mucho, perdura una huella maleable de lo que posiblemente aconteció.3 Se ridiculiza aún más lo ilógico que resulta prestarle importancia al pasado cuando se establece que las acciones que retracta Sixto son eventos inverosímiles. Consecuentemente, se erradica totalmente el control del pasado y aquella noción que señala, “las cosas siempre se han hecho así y por tal tienen que seguir siendo así.” Ruiz propone vivir creativamente e independientemente de dichas ataduras, rechazando totalmente cualquier limitación que la historia impone sobre el ser humano. Resaltando las cualidades creativas de esta propuesta, Juliá menciona las consecuencias de tal acto: ...[Ahora, la novela histórica no se emplea] para buscar en el pasado una explicación del presente...sino para jugar con este pasado, creando paralelamente nuevas versiones...[Raúl Ruiz] parodia los valores históricos establecidos, acusando la falta de consistencia de cualquier ser humano que es producto de los mismos...Sus novelas responden a las preguntas, ¿quién soy y para qué vivo?...¿Cómo sería yo si en lugar de los hechos de todos conocidos hubieran ocurrido estos otros?...el individuo es libre de cambiarlo a su antojo, para sentar las bases de un futuro con mejores posibilidades. (417) 3 El ser contemporáneo podría identificarse muy bien con este concepto ya que al igual que la palinodia, el ser es y no es con tal facilidad dependiendo simplemente del dictamen del momento. 7 Es importante recalcar que el pasado conforme a este novelista no tiene como base un evento ocurrido, sino que parte de lo que no ha existido. Así menciona en la novela que “La única posibilidad de salvación... [Es] volver a los orígenes de casi todo para reemprender la Vida, rehacer el Camino y la Historia, reinventar las relaciones, recrear los ideales y deseos” (215). Al crear sus propias convicciones, el individuo desarma todo control externo. Disfrutando del juego de esta propuesta, la obra abre posibilidades para un porvenir refrescante, menos predecible y fuera de lo ordinario. No obstante, esta aparente solución puede interpretarse como una contradicción directa al significado de la obra. Después de desintegrar metódicamente varios de los esquemas que rigen al individuo, rechazando la respuesta fácil, y apoyando el proceso de búsqueda propia al reconectarlo a uno con una humanidad autosuficiente, el dictamen de Ruiz amenaza con sistematizar de nuevo al individuo. Incluso, críticos como Jesús Lázaro comentan esta aparente discrepancia. “[Ruiz] no deja campo al lector, le restringe demasiado hacia unas conclusiones que deberían ser más abiertas” (45). Sin embargo, la respuesta que presenta Ruiz explícitamente no debe interpretarse como imposición. Sixto VI se basa en una relación no fidedigna con el lector. Sus palabras no son ni convicción ni restricción ya que simplemente representan una conclusión posible. Ruiz simplemente continúa su afán ludista poniendo a prueba la libertad resuelta del lector, enfrentándolo ante una situación doble: ya sea concluir la novela con todas las dudas resueltas, es decir, con la percepción de haber encontrado la última pieza del rompecabezas, o apropiarse del mensaje de acuerdo a su propia esencia humana y añadir esta resolución al sinfín de opciones que promete una existencia sin el rompecabezas armado. Para concluir, viene al caso mencionar, aunque brevemente, el papel de suma importancia que tiene la ironía en la obra. Se presenta a un Papa que no quiere ser Papa, un Dios que en vez de creador es creación humana, y un pasado que existió pero que realmente nunca ha existido. Más aún, el mismo personaje dice: Entended --¡os lo ruego!—que no hay cinismo, ni oportunismo, ni gratuidad en lo que os voy a decir. Pienso sinceramente que sólo habrá cumplido su función esta encíclica cuando os hayáis olvidado de mí, cuando ya no recordéis siquiera estas palabras... (219) Se incita así al mismo lector a practicar el uso de la palinodia y forjar sus propias respuestas. Irónicamente, la solución implícita de la obra es desdecir todo el relato, permitiendo que perduren únicamente las huellas. Esto es, las interrogantes que llevarán al ser a formar conjeturas 8 independientes que carezcan de toda imposición y que valoren en todo momento una esencia humana más pura. Obras citadas Balderston, Daniel. “Sexualidad y revolución: en torno a las notas de El beso de la mujer araña.” Manuel Puig.org. 23 Sept. 2006 . Benstock, Shari. "At the Margin of Discourse: Footnotes in the Fictional Text." PMLA: 98.2 (1983): 204-25. Chandler, Daniel. “Semiotics for Beginners: Intertextuality.” Carlos Martinez Moreno. 2003. 11 Oct. 2005 . Juliá, Mercedes. "Nuevas propuestas para la historia: la fantasía 'ucrónica' de Raúl Ruiz." Bulletin of Hispanic Studies 73.4 (1996): 415-23. Lázaro, Jesús. "Dialéctica mítica de Sixto VI." Quimera: Revista de literatura 15 (1982): 43-5. Ruiz, Raúl. Sixto VI: Relación inverosímil de un papado infinito. Barcelona: Montesinos, 1986. Valls, Fernando. “El discurso del halcón.” Quimera: Revista de literatura 65 (1986): 28- 30.