Página web: http://epaa.asu.edu/ojs/ Artículo recibido: 22-4-2017 Facebook: /EPAAA Revisiones recibidas: 19-11-2017 Twitter: @epaa_aape Aceptado: 06-12-2017 archivos analíticos de políticas educativas Revista académica evaluada por pares, independiente, de acceso abierto y multilingüe Universidad de San Andrés y Arizona State University Volumen 26 Número 66 28 de mayo 2018 ISSN 1068-2341 El ’68 más allá de las Primaveras Boreales: Representaciones en la Esfera Pública de los Estudiantes Universitarios Brasileiros en Acción1 José Luis Hernández Huerta Universidad de Valladolid España Citación: Hernández Huerta, J. L. (2018). El ’68 más allá de las Primaveras Boreales: Representaciones en la esfera pública de los estudiantes universitarios brasileiros en acción. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, 26(66). http://dx.doi.org/10.14507/epaa.26.3022 Resumen: Los movimientos estudiantiles que a escala planetaria se desarrollaron durante el ’68 tuvieron un considerable impacto en Brasil, donde se revelaron como uno de los grupos sociales a la 1 Esta investigación ha sido financiada por el programa Ayudas del Plan de Movilidad del Personal Investigador. Convocatoria 2016 de la Universidad de Valladolid (España) y desarrollada en el marco del Programa de Pós- Graduação em Educação y de la actividad de la línea de investigación Teorias e Culturas em Educação de la Pontifi�cia Universidade Cato�lica do Rio Grande do Sul (Porto Alegre, Brasil). Forma parte, asimismo, de un proyecto más amplio, que tiene como objetivo analizar los procesos de construcción de imaginarios sociales de la educación a través de la prensa diaria en tiempos de cambio político y social en la Europa Mediterránea e Iberoamérica, desarrollado por el Grupo de Investigación de la Universidad de Valladolid (España) Ágora de Educación (www.agoradeeducacion.com). http://epaa.asu.edu/ojs/ http://dx.doi.org/10.14507/epaa.26.3022 Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 2 vanguardia de la resistencia cívica frente a la dictadura y de la modernización del sistema universitario. En este artículo se estudian las representaciones en la esfera pública de los estudiantes universitarios brasileiros en acción construida y diseminada por la prensa diaria. Se presta atención a (1) las motivaciones, los reclamos y las aspiraciones de la juventud universitaria, (2) su capacidad de movilización social, integración de actores políticos alternativos y negociación con el Estado, (3) los espacios, tiempos e intensidades de sus acciones, y (4) las narrativas generadas por la prensa diaria a partir de los testimonios, opiniones e intereses de sí, de sus protagonistas y del resto de actores sociales implicados en la cuestión estudiantil. El recorte temporal seleccionado está delimitado por la Misa del Séptimo Día, que marcó el final de los sucesos de Calabouço, y la Passeata dos Cem Mil, que puede considerarse el horizonte de sucesos que derivaron en el AI-5. La fuente principal ha sido Correio do Povo, representativo de los sectores liberal-conservadores del sur de Brasil. Palabras clave: Nuevos Movimientos Sociales; Universidad; Estudiantes; Brasil; 1968; Esfera pública; Correio do Povo ’68 beyond the Boreal Springs: Public representations of Brazilian university students in action Abstract: The student movements which took place worldwide during 1968 had a considerable impact in Brazil, where they emerged as one of the social groups at the forefront of civic resistance to the dictatorship and modernisation of the university system. This article discusses the representations of Brazilian students in action, constructed and disseminated in the public sphere by the daily press. Particular attention is paid to (1) the motives, demands and aspirations of the activist student youth, (2) their capacity for social mobilisation, integration of alternative political figures and negotiation with the State, (3) the places, times and intensities of their actions, and (4) the narratives constructed by the daily newspapers on the basis of the testimonies, opinions and interests of the journalists, the protagonists of the movement and the rest of the social actors involved in the student issues of the day. The period of time selected for examination runs from the Seventh-Day Mass (marking the end of the events surrounding the death of Edson Luís de Lima Souto at the Calabouço Restaurant), and the Passeata dos Cem Mil (March of the One Hundred Thousand), which can be considered the turning point in the events which led to the passing of AI-5 – the repressive military executive order. The main source used for this study is the newspaper Correio do Povo, representative of the liberal-conservative sectors in southern Brazil. Key words: New Social Movements; University; Students; Brazil; 1968; Public Domain; Correio do Povo O ano de 1968 para além das Primaveras Boreais: Representações dos estudantes universitários brasileiros na esfera pública Resumo: Os movimentos estudantis que à escala planetária se desenvolveram durante o ano de 1968 tiveram um impacto considerável no Brasil, onde se revelaram como um dos grupos sociais na vanguarda da resistência cívica face à ditadura e da modernização do sistema universitário. Neste artigo estudam-se representações na esfera pública de estudantes universitários brasileiros em ação, construídas e disseminadas pela imprensa diária. Presta-se atenção (1) às motivações, às reivindicações e às aspirações da juventude universitária, (2) à sua capacidade de mobilização social, integração dos intervenientes políticos alternativos e negociação com o Estado, (3) aos espaços, tempos e intensidades das suas ações, e (4) às narrativas geradas pela imprensa diária a partir dos seus testemunhos, opiniões e interesses, dos seus protagonistas e dos restantes intervenientes sociais envolvidos na questão estudantil. O recorte temporal escolhido está delimitado pela Missa do Sétimo Dia, que marcou o fim dos sucessos de Calabouço e da Passeata dos Cem Mil, que pode ser El ’68 más allá de las primaveras boreales 3 considera o horizonte dos sucessos que resultaram no AI-5. A fonte principal foi o Correio do Povo, representativos dos setores liberal-conservadores do sul do Brasil. Palavras-Chave: Novos Movimentos Sociais; Universidade; Estudantes; Brasil; 1968; Esfera pública; Correio do Povo Introducción (…) estoy inclinada a pensar –decía H. Arendt en 1969– que parte considerable de la actual glorificación de la violencia es provocada por una grave frustración de la facultad de acción en el mundo moderno. Es sencillamente cierto que los disturbios de los guetos y los disturbios de las universidades logran que ‘los hombres sientan que están actuando unidos en una forma que rara vez les resulta posible’. No sabemos si estos acontecimientos son los comienzos de algo nuevo –el ‘nuevo ejemplo’– o los resortes de una facultad que la Humanidad está a punto de perder (Arendt, 2006, pp. 113-114). Los años ’60 del siglo pasado, que transcienden a su mera delimitación cronológica, fueron tiempos de gestación y proliferación de “nuevos movimientos sociales” –o “movimientos alternativos”–, expresión genuina, condicionada y condicionante, de una coyuntura traspasada en todas sus esferas por la Guerra Fría, de cambios y transformaciones políticas, sociales, culturales, técnicas y económicas. A pesar de que tales movimientos se materializaron de múltiples y variados modos, todos, al fin y al cabo, evidenciaban la crisis de la modernidad, las tensiones por ésta generadas y la existencia de otro futuro más apetecible, real y al alcance de la mano, que, al mismo tiempo, encerraba, paradójicamente, la posibilidad de no-futuro, debido, entre otras cosas, a lo insostenible de la idea y del modelo de desarrollo –en sentido amplio– vigente y, muy particularmente, a la creciente y aparentemente infinita capacidad de destrucción del ser humano. Así, estos movimientos, aunque en muchos casos se situaron cerca de los de obreros y campesinos, fueron más allá de la cuestión proletaria y la lucha de clases, buscando y planteando alternativas al cada vez más intenso, extenso y acelerado proceso de des-pluralización de las esferas públicas que ambos bloques habían incorporado a sus agendas. Esto se tradujo, entre otras cosas, en (1) el desarrollo de nociones y experiencias de identidades colectivas alternativas, (2) la incorporación de preocupaciones propias de la incipiente globalización post-industrial a sus discursos y estilos de vida consecuentes con esto a sus prácticas, (3) la puesta en marcha de formas de organización basadas en la descentralización, la participación directa, la solidaridad interpersonal y la toma de decisiones negociadas de forma colectiva, y (4) en la apertura y conquista de la esfera de las políticas no institucionales, un espacio para la acción situado entre lo público y lo privado (Arendt, 1993; Igelmo Zaldívar, 2016; Marwick, 2005; Ofer & Groves, 2016; Offe, 1985). Los movimientos estudiantiles universitarios que a escala planetaria se desarrollaron durante el largo ’68 –iniciado, como en el caso de Italia, a fines del año anterior, y finalizado, como en Estados Unidos, bien entrado el siguiente– (Hernández Huerta, 2018a) fueron expresión significativa de la onda expansiva de aquellos otros alternativos; también una manifestación genuina de los jóvenes en acción, de esa “nueva generación” capaz de oír “el tic-tac” del futuro-presente, cuya “primera experiencia decisiva en el mundo” fue la “posibilidad de catástrofe”, que se contraponía a la vieja, a los que “no saben, los que no conocen los hechos o se niegan a enfrentarse a ellos tal como son” (Arendt, 2006, p. 30). Según esta misma, la rebelión global de los estudiantiles, a pesar de la ausencia de “un común denominador social”, tuvo un sustrato compartido y presentó Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 4 algunos rasgos semejantes “en todas partes” más allá de los modos de llevar a cabo sus acciones: (1) se caracterizaron “por su puro coraje, por una sorprendente voluntad de acción y por una no menos sorprendente confianza en la posibilidad de cambios” (pp. 26-27); (2) “hasta el grado en que no se” encontró “sólo moral o políticamente motivada”, aquélla se dirigió “principalmente contra la glorificación del saber y de la ciencia, los cuales, aunque por diferentes razones, han quedado, en su opinión, gravemente comprometidos” (p. 46), y contra “la burocracia dominante” (p. 110), esto es, frente al “dominio de Nadie (…) claramente el más tiránico de todos” (p. 53) los gobiernos, radicalmente opuesto a la idea de democracia participativa; (3) fueron reflejo de la tensión cada vez más acentuada entre la presión ejercida por el establishment en sus esfuerzos por des-pluralizar las comunidades para hacer posible la vida con los otros y los empeños de la nueva generación por hacer presente la inevitable y necesaria pluralidad que posibilita la libertad y da contenido a la expresión vida en democracia, lo cual se reflejó en su carácter de rebeldes, de “individuos singulares que se niegan a ser superados por el consenso de la mayoría” (p. 70); y (4) la “evolución completamente inesperada en las universidades” que se estaba llevando a cabo en “todo el mundo” se debía, principalmente, a un factor “obvio” y “potente”, para el cual no existía “antecedente o analogía –el simple hecho de que el ‘progreso’ tecnológico está conduciendo en muchos casos directamente al desastre (p. 27)”. Pero lo que hizo de esto “uno de los acontecimientos totalmente imprevistos de este siglo [XX]” fue el hecho de tratarse de una “rebelión estudiantil casi exclusivamente inspirada por consideraciones morales” (p. 44). Lo cual suscitó la perplejidad y desorientación de los actores implicados, incluidos los propios estudiantes, generándose situaciones en las que el sentido y el significado de las acciones, por la fuerza de sí mismas, iban más allá de su propia materialidad, cobrando vida, escapando a sus creadores, pero condicionando las trayectorias de estos mismos: Hemos sido recientemente testigos del hecho de que haya bastado una rebelión relativamente pacífica y esencialmente no violenta de los estudiantes franceses para revelar la vulnerabilidad de todo el sistema político, que se desintegró rápidamente ante las sorprendidas miradas de los jóvenes rebeldes. Sin saberlo lo habían puesto a prueba; trataban exclusivamente de retar al osificado sistema universitario y se vino abajo el sistema de poder gubernamental junto con las burocracias de los grandes partidos (…) Fue el típico caso de una situación revolucionaria que no evolucionó hasta llegar a ser una revolución porque no había nadie, y menos que nadie los estudiantes, que estuviera preparado para asumir el poder y las responsabilidades que supone. Nadie, excepto, desde luego, De Gaulle (Arendt, 2006, p. 68). A pesar de tales coincidencias, la gama de manifestaciones de esos movimientos fue amplia. Las peculiaridades que adquirieron dependieron de los rasgos culturales, sistemas políticos, lineamientos en la Guerra Fría, coyunturas socioeconómicas e idiosincrasias varias instaladas en las regiones geopolíticas donde se desarrollaron y, dentro de estas, se diferenciaron de universidad a universidad, dependiendo de las culturas académicas, las tradiciones municipales y los equilibrios de fuerzas sociales. En los países donde las reglas del juego democrático liberal estaban asentadas y se gozaba de cierto grado de bienestar social, los estudiantes universitarios más progresistas, especialmente los vinculados o cercanos a los planteamientos de la Nueva Izquierda, enfatizaron, entre otras cosas, la necesidad de revisar el sentido y el significado del concepto de democracia, ampliándolo y reclamando para el mismo un estilo más participativo, susceptible de hacerse extensible a todos los estratos de la esfera pública. En cambio, en los que las condiciones de vida se desarrollaban bajo gobiernos autoritarios o totalitarios, los reclamos estudiantiles pasaron, en primer lugar, por conquistar o recuperar –dependiendo del lugar– las garantías democráticas mínimas que aseguraban las democracias liberales; en estos casos, las universidades se transformaron en espacios políticos El ’68 más allá de las primaveras boreales 5 donde, a pesar de su clandestinidad, la experimentación democrática y la pugna ideológica eran posibles y cada acción significaba un genuino ejercicio de libertad y de afirmación de posibilidad de la misma –y, por tanto, de resistencia frente a las dictaduras, fueren del signo que fueren–. En el caso concreto de Iberoamérica, independientemente del tipo de gobierno, tales movimientos adquirieron otros matices, pues se vieron notablemente condicionados, entre otras cosas, por la pobreza estructural –y la violencia, su inevitable consecuencia– y la inestabilidad política de la región, los planes de desarrollo económico, social y cultural implementados por Estados Unidos en ésta, la conciencia del alcance y los efectos de la revolución cubana, los recientes –pero pujantes– vientos de cambio del Concilio Vaticano II y la teología de la liberación, el incipiente post- colonialismo de F. Fanon, la cuestión indígena y la afroamericana, el marcado elitismo socioeconómico, el carácter autoritario y el desfase de las instituciones de educación superior, y la aparición de formas y estilos críticos de socialización y extensión de las culturas al margen de los cauces institucionales (Arendt, 2006; Bruno-Jofré, 2016; Cagnolati, 2011; Carey, 2016; Carrillo- Linares, 2015; Delgado & Ross, in press; Fanon, 1963; Markarian, 2017; Marwick, 2005; Romão, 2008). Brasil fue uno de los focos destacados de las movilizaciones estudiantiles del ’68, tanto por la frecuencia, intensidad, magnitud y significado, como por su impacto en la política general universitaria del país. Ciertamente, fueron uno de los actores de la comunidad universitaria más activos y comprometidos con la modernización y democratización de las instituciones de educación superior. Pero los jóvenes universitarios brasileiros, que, desde principios de la década –lo mismo que otros semejantes a ellos en otros lugares–, iban incrementando su grado y profundidad de politización, así como su capacidad de acción e incidencia en la vida pública del país, pronto se convirtieron en vanguardia de la resistencia –y símbolo de la misma– frente a la dictadura cívico- militar instaurada en 1964. Durante 1968, hubo, día sí, día también, ocupaciones de instalaciones y centros universitarios por parte de los estudiantes, experiencias de autogestión y democracia radical, passeatas por ellos auspiciadas y confrontaciones –y conatos de diálogo o diálogos sordos– entre éstos y las fuerzas del orden público, de lo cual dieron buena cuenta los medios de comunicación, especialmente la prensa diaria. Mas tales actividades tuvieron su fin en diciembre de ese mismo año, tras el Ato Institucional n. 5 (AI-5), cuya fuerza y expansión represivas dejaron apenas espacio para la acción organizada de los estudiantes o de cualquier otro grupo social fuera de la órbita de la línea dura de la revolución del ’64. En este artículo se estudian las representaciones en la esfera pública –donde “únicamente se tolera lo que es considerado apropiado, digno de verse u oírse” (Arendt, 1993, pp. 60-61)– de los estudiantes universitarios brasileiros en acción construidas y diseminadas por la prensa diaria durante el año 1968. Se presta especial atención a (1) las motivaciones, los reclamos y las aspiraciones de la juventud universitaria, (2) su capacidad de movilización social, integración de actores políticos alternativos y negociación con el Estado, (3) los espacios, tiempos e intensidades de sus acciones, y (4) las corrientes de opinión generadas por la prensa diaria por medio de las narrativas elaboradas a partir de los testimonios, opiniones e intereses de sí, de sus protagonistas y del resto de actores sociales implicados en la cuestión estudiantil. Lo que interesa enfatizar, aquí y ahora, son dos aspectos. En primer lugar, lo que importa no es tanto la verdad, sino aquella que, sin serlo, lo pareció, esa apariencia –“algo que ven y oyen otros igual que nosotros” (Arendt, 1993, p. 59)– que constituye la realidad y que configura la forma en la que las personas corrientes tejen las redes de la memoria colectiva –recuerdos comunes compartidos por grupos de personas tamizados por las experiencias y las aspiraciones de cada individuo (Halbwachs, 2004; Ricoeur, 2010)– y construyen el imaginario social, esto es, el modo según el cual “imaginan su existencia social, el tipo de relaciones que mantienen unas con otras, el tipo de cosas que ocurren entre ellas, las expectativas que se cumplen habitualmente y las imágenes e ideas Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 6 normativas más profundas que subyacen a estas expectativas (…) que hace posibles las prácticas comunes y un sentimiento ampliamente compartido de legitimidad (…) [y] lo interesante del imaginario social es que lo comparten amplios grupos de personas, si no la sociedad en su conjunto” (Taylor, 2006, p. 37). Una de las peculiaridades de la prensa diaria es que estos procesos se desarrollan en el seno de amplias comunidades imaginadas donde los individuos entablan diálogos sin el encuentro del otro –ni la posibilidad del mismo– y las realidades se yuxtaponen en “el avance sostenido del tiempo homogéneo, vacío”, un “mundo imaginado” que, no obstante, “está visiblemente arraigado en la vida diaria” (Anderson, 1993, pp. 60-61). En segundo lugar, la atención de esta investigación se dirige, principalmente, pero no sólo, hacia dos focos: (1) la crónica, que permite establecer los hechos, intensidad, frecuencia y magnitud aparentes de las formas públicas de resistencia estudiantil frente a la dictadura, y (2), bajo la perspectiva del lenguaje totalitario (Klemperer, 2001; Rosúa, 2001), el análisis de los discursos (Van Dijk, 1996, 1999) creados y canalizados por el denominado cuarto poder, donde se confunden los sistemas formales e informales de comunicación, y coexisten las opiniones públicas, quasi-públicas y no públicas (Habermas, 1994). A tal efecto se han tomado como fuentes documentales primarias los editoriales, artículos de opinión, crónicas, entrevistas, noticias y fotografías –un total de 131 elementos– sobre el tema objeto de estudio que aparecieron publicadas en el Correio do Povo, el diario más antiguo y de mayor difusión en la región de Rio Grande do Sul (Brasil), representativo de los sectores liberal- conservadores. El periodo de análisis comprende entre el 6 de abril de 1968, día en que el gobierno anunció que el ambiente estudiantil, tras los sucesos de Calabouço (Rio de Janeiro) y la Misa del Séptimo Día, había regresado a la calma, y el 28 de junio de ese mismo año, fecha en la que los diarios dieron por finalizado el interés mediático de los acontecimientos que derivaron en la Passeata dos Cem Mil (Rio de Janeiro), que fue la mayor manifestación cívica de carácter pacífico desarrollada hasta ese momento en Brasil. Especial interés suscita este último evento, pues fue algo local que tuvo repercusión a escala nacional y generó impacto mediático y, por tanto, ejerció cierta violencia sobre el imaginario social. Tal delimitación temporal, a pesar de su corta duración, permite, no obstante, por la propia aceleración de los tiempos que caracterizaron ese año, observar las persistencias y las mutaciones en los discursos y narrativas de aquellos aspectos de la cuestión estudiantil que se consideraron como algo “apropiado, digno de verse u oírse” en público. Conviene, finalmente, tener en consideración una cuestión más para delimitar el alcance de la prensa diaria en la construcción de las memorias colectivas y los imaginarios sociales, así como la magnitud de esa comunidad imaginada. Esta consiste en dos sencillos, pero elocuentes, datos: en 1970, se imprimía, aproximadamente, un ejemplar de periódico cada veintidós habitantes, lo cual era reflejo de las elevadas tasas de analfabetismo que se registraban, rondando el 34% de la población total, un 24% de la franja situada entre los 15 y los 19 años de edad y un 43% de la comprendida entre los 45 y 59, con especial concentración en las regiones del Nordeste, las áreas rurales y los cinturones suburbanos de las grandes metrópolis (Instituto Nacional de Estudos e Pesquisas Educacionais Ani�sio Teixeira, 2003). Esto da a entender que la notoriedad pública lograda por los estudiantes a través de este medio de comunicación se condensó en el reducido, pero determinante, espacio ocupado por las élites y los líderes comunitarios alfabetizados, a fin de cuentas, sobre los interlocutores que estaban buscando. Este hecho abre la puerta a otra importante cuestión –que excede los propósitos de esta investigación– como es el rol de estos últimos en la maraña de los imaginarios colectivos, pues, mediante diversas prácticas socializadas de oralidad, tuvieron la oportunidad de canalizar –mediatizándolas a su vez– la representaciones de la realidad ofrecida por los diarios a esos otros ciudadanos corrientes quienes, por mera fuerza numérica, constituían los más amplios y determinantes depósitos de memoria social. El ’68 más allá de las primaveras boreales 7 La Cuestión Estudiantil Brasileira durante la Dictadura Militar (1964-1968) Desde inicios de la década de 1960, siguiendo la onda internacional, los estudiantes universitarios brasileiros se encontraban inmersos en un creciente proceso de politización cada vez más escorado hacia ideas progresistas, radicales y marxistas socialistas. Simpatizaban y se sentían atraídos por un tipo indefinido de socialismo, basado en la justicia y equidad sociales, no tanto por el estilo soviético, al que tan sólo una minoría se acercaba. Las propuestas y el modelo de desarrollo capitalista, especialmente los planes trazados por USA para América Latina, suscitaban en ellos poco entusiasmo y menor empatía, y les invitaba a solidarizarse con los discursos anti-imperialistas. Y, progresivamente, fueron desarrollando una aguda conciencia social de la condición y situación de obreros y campesinos, llegando a dar mayores muestras de insatisfacción, indignación y preocupación que los propios campesinos por los problemas del Nordeste del país. Todo esto se tradujo en el ámbito universitario en una sólida y amplia organización de los estudiantes. Liderados por la União Nacional dos Estudantes (UNE), que aglutinaba tendencias socialistas, comunistas, católicos y conservadores liberales, se configuraron, durante el gobierno de Goulart, como un grupo académico comprometido con la democratización, modernización y extensión de la educación superior, y también como una fuerza social y política con iniciativa y capacidad suficiente como para que sus acciones repercutieran la política general universitaria del país (D. Cunha, 2016; L. A. Cunha, 2007; Fontes & Alves, 2013; Franco & Souza, 2013; Mattos, 2014; Motta, 2014). Este panorama lo tenían presente los golpistas militares y civiles cuando decidieron hacerse con el poder en 1964. Razón por la que los estudiantes fueron considerados como un sector universitario de interés prioritario, hasta el punto de llegar a ser incluidos en las políticas de seguridad nacional, pues eran percibidos como un estrato social y académico especialmente permeable y proclive a la infiltración comunista, también como un sector de la población que, debido a su comportamiento licencioso –prácticas sexuales libres y despreocupadas o consumo de drogas blandas, por ejemplo–, ponían en riesgo los valores patrios, familiares y religiosos, sobre los que se sustentaba la “revolución del ‘64”2, y facilitaban la cooptación comunista. Así, desde el principio, la llamada Operação Limpeza se hizo extensible a los estudiantes y a todas sus estructuras y organizaciones. El mismo día 1 de abril de 1964, la sede central de UNE, sita en Rio de Janeiro, fue ocupada e incendiada, los principales líderes estudiantiles neutralizados, los proyectos socio- culturales paralizados y la propia organización desmantelada y condenada a la clandestinidad. Rápidamente, comenzó a incrementarse el número de estudiantes de todo el país expulsados de las universidades y sancionados con la imposibilidad de proseguir sus estudios; algunos de ellos fueron detenidos, torturados e incluso acusados por la vía militar, otros, desaparecidos. Y, a los pocos meses del golpe de estado, con la finalidad de desarticular la resistencia estudiantil, se promulgó la llamada Lei Suplicy –Lei nº 4.464, de 9 de noviembre de 1964–, mediante la que UNE fue sustituida por el Diretório Nacional dos Estudentes (DNE), los órganos de participación estudiantil relegados a la finalidad de defender los intereses estrictamente académicos de los estudiantes, prohibiéndose 2 En torno a los militares se formó una coalición de sectores –liberales, conservadores, reaccionarios, nacionalistas autoritarios y reformistas moderados– que pretendían, según ellos, modernizar el país, hacer frente al comunismo, regenerar espiritualmente el tejido social y revertir las reformas de gobiernos anteriores, que habían adquirido un marcado carácter social, democrático y popular. Entre otras cosas, se enfatizaron las dimensiones económica y administrativa de la idea de modernización, con la pretensión de que también sirviera de freno del avance del comunismo y para mantener el orden y la paz sociales, y se realizó una férrea defensa de valores como patria, familia y religión (cristiana), que pasaron a impregnarlo todo, incluido el sistema nacional de enseñanza, que se orientó hacia formación de estilos cívicos acordes con tales principios (Maia, 2013; Netto, 2014; Rocha, 2015; E. Vieira, 2015). Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 8 cualquier tipo de acción política-ideológica, huelgas y manifestaciones, y el voto de los estudiantes en sus organizaciones establecido como obligatorio, con la esperanza de que una “mayoría silenciosa” lograse vencer democráticamente a los sectores considerados radicales (L. A. Cunha, 2007; Fagundes, 2013; Fernandes, 2015; Motta, 2014; Sanfelice, 2015). Desde el principio, los estudiantes universitarios se revelaron como un foco de resistencia frente a la dictadura y de reivindicaciones sociales, políticas y culturales más amplias, entre las que se contaban aspectos diversos de la educación brasileira. En los círculos mayoritarios, vinculados a las corrientes más progresistas, y en las movilizaciones por éstos impulsadas se denunciaron los encarcelamientos de compañeros y profesores, la persecución y tortura de algunos dirigentes estudiantiles, así como el estilo autoritario que impregnaba todo el sistema de enseñanza. Se exigió el respeto a los derechos humanos, la revocación de los A-I, la promulgación de una ley de amnistía, la restitución de las libertades de huelga, asociación y filiación político-sindical, y el retorno a las garantías democráticas mediante elecciones directas. Se apostó por una clara adhesión a la justicia e igualdad internacionales y se mostró cercanía y solidaridad con las causas campesinas y obrera. También se reclamó por la extensión de la escuela –garantía de su gratuidad–, la reorientación del bachillerato –más polivalente y enfocado hacia la profesionalización–, la alfabetización de los sectores populares, la derogación de la Lei Suplicy y la solución definitiva del problema de los “excedentes” universitarios –aquel estudiante que, habiendo aprobado los exámenes y demostrado su idoneidad, no podía ejercer su derecho de cursar la enseñanza, debido a la escasez de puestos escolares– (Franco & Souza, 2013; Poerner, 2004; Sanfelice, 2015). A partir de 1965, tras el shock de la fase inicial de la Operação Limpeza, las organizaciones y agrupaciones de estudiantes universitarios, principalmente bajo el liderazgo de militantes de diversas ramas del espectro político progresista, fueron retomando sus actividades académicas, culturales y políticas. La UNE, por ejemplo, a pesar de su clandestinidad, se convirtió en una parte significativa de la vanguardia articulada de la resistencia estudiantil frente a la dictadura y en una muestra de la capacidad operativa de la que aún disponían los estudiantes, tal como atestiguaron la celebración de sus XXVIII (1966, Belo Horizonte) y XXIX (1967, Valinhos) Congresos Nacionales y la planificación del XXX (1968, Tiradentes, São Paulo), que se vio interrumpido abruptamente por una dura intervención de la Policía Militar (PM), que se saldó con más de 800 estudiantes fichados y detenidos, y a algunos incoadas auditorias militares. De forma paralela, las huelgas y ocupaciones de instalaciones universitarias se multiplicaron e intensificaron y las passeatas ampliaron su capacidad de convocatoria, en la misma proporción que lo hacía la violencia ejercida por la PM para reprimirlas. Y las motivaciones y los reclamos de los estudiantes fueron matizándose y abarcando una gama cada vez más amplia, en función del desarrollo de los acontecimientos. Así, entraron en escena asuntos tales como la crítica a la política económica del gobierno, la condena de la guerra de Vietnam y la postura de Brasil al respecto, los acuerdos establecidos entre el Ministério da Educação (MEC) y la United States Agency for International Development (USAID), y las iniciativas legales encaminadas hacia la reforma del sistema universitario –Decreto-Lei n. 53, (18 de noviembre de 1966), reforma de la Constituição da República Federativa do Brasil (24 de enero de 1967), Decreto-Lei n. 252 (28 de febrero de 1967)–. Estas medidas, que no terminaban de satisfacer a ninguno de los actores universitarios, suscitaron especial rechazo por parte de los estudiantes, pues chocaba frontalmente con sus aspiraciones de extender el estilo de gestión democrático en el seno de las instituciones de educación superior, de ampliar sustancialmente el grado y el peso de su participación en éstas, de dotarlas de un carácter más popular y solidario con las causas sociales y de transformarlas en espacios de libertad para la discusión y el pensamiento crítico (Ésther, 2015; Motta, 2014; Sanfelice, 2015; M. L. d. M. Vieira, 1998). Dada la situación, en julio de 1967, el gobierno puso en marcha la Operação Rondon para neutralizar parte del discurso político-cultural más crítico y socialmente comprometido con los El ’68 más allá de las primaveras boreales 9 sectores populares. El objetivo oficial fue hacer que calase e incentivar el espíritu modernizador y desarrollista del régimen en las áreas geográficas de Brasil más aisladas y deprimidas, así como que los jóvenes tomasen contacto con los problemas sociales y culturales de las regiones fronterizas. Para lo cual se movilizó a estudiantes y profesores, junto con equipos militares, que actuaron como misioneros de la cultura, aunque desde un enfoque muy alejado de los planteamientos emancipadores de la pedagogía crítica y la educación popular. A pesar de todo, esto hizo que muchas personas tuvieran, por vez primera, contacto con los avances y los logros de la modernidad, que, por ejemplo, vieran sorpresivamente a un médico o un dentista. La primera expedición contó con la participación de 29 estudiantes; la segunda, en 1968, con más de 300; la tercera, en 1969, con 3500; en 1970, con 5.000; en 1972 se calculaba que habían participado, hasta ese momento, unos 30.000 estudiantes universitarios (Motta, 2014). Pero esta iniciativa no consiguió el impacto deseado. Y la violencia física, administrativa y simbólica ejercida por el gobierno sobre los estudiantes universitarios no hizo más que acentuar y acelerar el proceso de politización de la juventud universitaria. La intensidad, frecuencia y notoriedad de las passeatas y otras formas de resistencia ejercieron tal presión sobre el gobierno que, en noviembre de 1967, la Lei Suplicy fue derogada. A partir de entonces, especialmente entre los meses de marzo y octubre de 1968, aquéllas tomaron impulso, cobraron una nueva dimensión, especialmente en Rio de Janeiro y São Paulo, y lograron convocar a sectores de la sociedad más amplios que, a su vez, disponían de una gran capacidad operativa y gozaban de influencia en la comunidad, como era la Iglesia Católica, que se mostró abiertamente simpatizante de la causa estudiantil. El gobierno, por su parte, dio a la represión un carácter más virulento y agresivo, pero también se vio obligado a poner en marcha otras estrategias para contener la rebelión estudiantil que derivaron en la Lei n. 5.540, de 28 de noviembre de 1968, y en el AI-5 (De Moraes Freire, 2008; Poerner, 2004). Las Movilizaciones Estudiantiles del ‘68 Brasileiro a través del Espejo: De la M isa del Séptim o Día a la Passeata dos Cem M il 3 La prensa diaria se configuró como uno de los principales espejos públicos a través del cual los ciudadanos brasileiros accedieron al acontecer cotidiano de una realidad social y política más amplia, aunque también más mediatizada. Desde el inicio de la dictadura, se establecieron diversos mecanismos para controlar los medios de comunicación y, con éstos, la narrativa sobre la realidad. Por un lado, se ejercieron la represión directa –persecución de periodistas, ocupaciones de sedes informativas por parte de la PM, violencia física y desapariciones, etc.– y varios tipos de censura sin censura –la autocensura de los periodistas, la preventiva de los medios y la indirecta por parte del gobierno mediante cortes de flujo de capital y financiación, etc.– logrados colateralmente por esa misma política del miedo. Por otro lado, la disolución del cuarto poder tomó carácter de norma mediante una nueva ley de prensa –Lei n. 5.250, de 9 de febrero de 1967– y las novedades sobre política de seguridad ciudadana –Decreto-Lei n. 314, de 13 de marzo de 1967–, que liquidaban el ideal de información libre, veraz y objetiva, propio del código deontológico de la profesión (Barbosa, 3 Para aliviar el texto de referencias, sólo se consignarán las fuentes documentales de donde se tomen palabras textuales. En el resto de los casos, se recomienda al lector interesado que consulte las siguientes ediciones de Correio do Povo, todas ellas correspondientes al año 1968: días 11, 12, 14, 16, 17, 18, 19, 21, 23, 25 y 30 de abril; 1, 3, 4, 5, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 22, 23, 24, 25, 26, 28, 29, 30 y 31 de mayo; y 1, 2, 4, 5, 7, 8, 9, 11, 12, 13, 15, 16, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 25, 26, 27, 28 y 29 de junio. Téngase en consideración que, en la mayoría de las ocasiones, en una misma edición aparecieron varias referencias a la cuestión estudiantil universitaria. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 10 2007; Romancini & Lago, 2007). En cualquier caso, la cuestión universitaria y, especialmente, las movilizaciones estudiantiles, ya de Brasil, ya de otros países, desarrolladas durante el ’68, ocuparon, desde el principio, un espacio mediático significativo en los rotativos brasileiros, figurando, en ocasiones, en primera plana. Las noticias sobre la rebelión mundial de los estudiantes universitarios comenzaron a circular desde comienzos del ’68. República Dominicana, España, Argelia, Italia, Japón, Corea del Sur, Polonia, Colombia, USA, se iban configurando en el imaginario social como puntos en la geografía donde jóvenes universitarios, aunque con distintas motivaciones –democratización y modernización de las universidades, defensa de la libertad de expresión, la guerra de Vietnam–, estaban generando extrema conflictividad, desafiando el orden y la paz sociales y promoviendo estilos de vida e ideas políticas izquierdistas o comunistas. También la cuestión estudiantil brasileira captó la atención de la prensa diaria, que fue dando cuenta del creciente malestar de este sector de la población, de las huelgas y protestas motivadas por la escasez de recursos, el mal estado de las infraestructuras, lo obsoleto de la estructura universitaria y, especialmente, el problema de los “excedentes” y la violenta represión ejercida por el gobierno. El punto álgido tuvo lugar en Rio de Janeiro entre el 28 de marzo, día en el que el estudiante Nelson Luiz Lima Souto murió por un disparo de la PM en una manifestación a la puerta del restaurante universitario de Calabouço, y el 4 de abril, fecha de la Misa del Séptimo Día. Durante ese periodo, motivadas fundamentalmente por la muerte del estudiante, se registraron intensas movilizaciones estudiantiles en Rio y en las principales ciudades con sede universitaria y un notable incremento de la violencia ejercida por la PM para reprimirlas, hasta el límite de ser denunciada por muchos otros actores sociales, entre los que destacaron la Iglesia católica y la propia prensa. Tales acontecimientos, a pesar de todo, sirvieron para que los diarios sostuvieran y difundieran la “teoría de la infiltración” desarrollada por el gobierno: los estudiantes no operaban de forma autónoma y legítima, sino manejados por elementos ajenos a la causa estudiantil, por el comunismo internacional, considerado el principal enemigo exterior e interior; entonces, al dejar de tratarse de una cuestión exclusivamente estudiantil y convertirse en un asunto de competencia de seguridad nacional, cualquier medio, incluida la violencia, hasta cierto punto era razonable e, incluso, necesaria (Hernández Huerta, 2018b). Tales acontecimientos tocaron a su fin, al menos en la esfera púbica –y circunstancialmente– , el día 6 de abril. Un titular publicado ese día anunció que, aunque persistían algunas huelgas, el “Ambente Estudantil Volta à Calma Após a Agitação dos Últimos Dias” (Redacção, 1968b). Y así pareció ser, pues, a partir de entonces, hasta mediados de junio, la actividad de los jóvenes universitarios desarrollada en el entorno nacional pareció disminuir de dimensiones e intensidad, al igual que lo hizo la represión policial y militar, debido al cambio de táctica realizada por el gobierno, ahora más proclive al diálogo, aparentemente, al menos. No obstante, se siguieron registrando concentraciones, ocupaciones, huelgas, manifestaciones y passeatas, cada vez con mayor frecuencia – especialmente en mayo–, en distintos puntos del país –Rio de Janeiro (Río de Janeiro), Belo Horizonte (Minas Gerais), Curitiva (Paraná), Porto Alegre (Rio Grande do Sul), Florianópolis (Santa Catarina), São Paulo (São Paulo)–, resueltas, la mayoría de las veces, de forma pacífica y, en ocasiones, reprimidas mediante el uso de la violencia. Las motivaciones de los estudiantes también mutaron. Aunque la violencia y la represión del gobierno seguían siendo motivo de insatisfacción, el énfasis se puso en reivindicaciones de carácter eminentemente académico –creación de asesorías estudiantiles, renovación completa de la plantilla del MEC, mejora de las condiciones de alimentación de los estudiantes, supresión del sistema de cátedras vitalicias, modificación de los criterios de selección de los profesores asistentes, resolución del problema de los “excedentes”, liberación de los fondos federales para la financiación de las universidades–, cuya satisfacción fue conditio sine qua non para alcanzar la paz con el gobierno. Pero no todos los sectores estudiantiles El ’68 más allá de las primaveras boreales 11 estaban en la misma línea; algunos consideraron que aquella forma de proceder vulneraba el derecho a la educación de los que se situaban al margen o se encontraban en otra línea de pensamiento, otros manifestaban su disconformidad –incluso perplejidad– ante la “despolitización” –falta de participación y liderazgo en los directorios académicos– de sus colegas, y hubo quienes –como la Sociedade Brasileira de Defesa da Tradição, Família e Propiedade o Açao Democrática Renovada– realizaron duros ataques contra sus compañeros, defendiendo la tesis de la “infiltración” sostenida por el gobierno, y contra las instituciones universitarias, consideradas refugios de “o progresismo, o socialismo e (…) os demais disfarces com que se apresenta o comunismo” (Redacção, 1968o). Por su parte, el ministro de educación, Tarso Dutra, mientras se cosechaban los éxitos del Projeto Rondon y se discutían tímidamente algunos aspectos relativos a las fundaciones universitarias, insistía en que el gobierno, aunque no compartía el enfoque de los estudiantes para la resolver los desencuentros, comprendía y consideraba justas las motivaciones de estos, razón por la que estaba dispuesto a seguir dialogando y negociando, tal como había venido haciendo, y también a atender sus reivindicaciones; como muestra de la buena fe del gobierno, el 14 de mayo de 1968 se publicaron titulares del tipo “Tarso anuncia: Reformas no MEC e na legislação estudantil” (Redacção, 1968m). La Iglesia, entonces, se reveló como un nuevo actor de la “cuestión estudiantil”, asumiendo el rol de mediadora en las negociaciones entre los estudiantes y el gobierno, asegurando que este estaba muy interesado en “obter um diálogo verdadeiro, que os aproxime no esforço necesario ao desenvolvimento do País” (Redacção, 1968k), promoviendo la participación de agrupaciones estudiantiles que habían sido prohibidas tras la “revolución del 64” –como UNE, UME, UBES y AMES– en el proceso, e identificando algunos de los principales problemas para llegar al entendimiento, entre los que resaltó la Lei Suplici y el Decreto Aragão. No ocurrió así con las movilizaciones estudiantiles que se estaban llevando a cabo en el contexto internacional. Estas ocuparon un espacio mediático especialmente significativo, que contribuyó a perfilar el imaginario simbólico colectivo sobre la juventud universitaria brasileira, situándola en una coyuntura de dimensiones y conexiones más amplias e implicaciones más profundas. Así, se fueron proporcionando a los lectores noticias sobre revueltas y manifestaciones estudiantiles, violentamente desarrolladas y fuertemente reprimidas, en Nicaragua, USA, Alemania occidental, China, Chile, España, Italia, Argentina, Yugoslavia, Uruguay, Turquía y Francia. En todos los casos, el sector estudiantil fue presentado como un sujeto político y social capaz de desafiar el orden establecido, sea cual fuere este; también como un foco de irradiación de ideas y estilos de vida izquierdistas y revolucionarios, que podrían amenazar la estabilidad de las democracias liberales y orgánicas del bloque occidental y favorecer la expansión del comunismo. Especial atención merecieron los acontecimientos desarrollados en París desde principios de mayo del ‘68. Las reivindicaciones atribuidas a los estudiantes fueron la imposibilidad de encontrar empleo tras finalizar los estudios, la falta de adaptación de las estructuras universitarias a las necesidades económicas, el rechazo de la sociedad de consumo como fin de la civilización moderna, así como las recientes detenciones de estudiantes e intervenciones policiales. Pero la narrativa de las noticias y las crónicas enfatizaban el carácter desafiante, violento y radical de las movilizaciones estudiantiles, que, poco a poco, iban contando con el apoyo de otros sectores de la población, particularmente de los obreros –se ofrecieron cifras de más de 350.000 asistentes a algunas concentraciones–, describiéndolas como batallas urbanas entre los universitarios y la policía y haciendo uso de extensos reportajes fotográficos que evidenciaban la agresividad con la que se desarrollaban los acontecimientos. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 12 Imagen 1. Batalhas Campais Nas Ruas de Paris (Redacção, 1968c). A finales del mes de junio de 1968, la aparente “calma chicha” en la que transcurría el movimiento estudiantil brasileiro fue alterada y, nuevamente, los tiempos se aceleraron, las manifestaciones y passeatas cobraron otra dimensión, la represión policial y militar se intensificó, las calles y las plazas tomaron el aspecto de “campos de batalla”, el gobierno construyó una nueva narrativa y la opinión pública ejerció su influencia sobre éste. El día 18 de ese mes, se iniciaron una serie de acontecimientos que derivaron, días después, en lo que se conoció como la Passeata dos Cem Mil. Ese día el líder estudiantil Jean Marc von der Weid fue detenido; mientras tanto, de forma casi sincrónica, el Ministro Tarso Dutra afirmaba que el gobierno seguía dispuesto a proseguir los diálogos con los estudiantes: “Estou, como sempre estive, a disposição dos estudantes ou de suas El ’68 más allá de las primaveras boreales 13 autênticas lideranças, para qualquer debate, desde que colocado em térmos altos, versando sóbre os legítimos interésses da clase estudantil e a educação nacional. Isto poderá ser proveitoso para todos. Procurem-me e acertaremos um encontro” (Redacção, 1968n). Al día siguiente, 19 de junio, los estudiantes cariocas procuraron hacer uso del ofrecimiento de Dutra. Liderados por Vladimir Palmeira, presidente del Diretório Central dos Estudantes, bajo la consigna “verba federal”, “milhares de estudantes fizeram varias concentrações no centro da cidade” y frente al MEC, con la intención de “marcar audiència con o ministro da Educação, que recusou a recebê-los”. Mas no solo esto, sino que las manifestaciones fueron duramente reprimidas por más de 4.000 efectivos de las fuerzas del orden público que, pertrechados con equipos antidisturbios – “como a policía de Paris”–, y ayudados por un helicóptero, carros militares y unidades de caballería, intentaron contener, mediante el uso de porras y bombas de gas lacrimógeno, a los estudiantes, quienes, a su vez, “armaram um esquema e atacaram pelas ruas” con piedras, barras de hierro, palos y otras armas improvisadas. El resultado de la confrontación, según la prensa, fue de más de 20 estudiantes y 30 militares heridos, decenas de estudiantes detenidos, un camión militar apedreado, una furgoneta del ejército incendiada y todos “os vidros da loja da Lufthansa (…) foram quebrados”. La falta de correspondencia entre las palabras y los actos del ministro fue denunciada por el mencionado líder estudiantil: “As autoridades estão desmascaradas. Falam em diálogo e respondem com a repressão”. Tarso Dutra, en cambio, se lamentó de la ruptura del orden y la paz sociales causada por la “ação perturbada” de los estudiantes, y los círculos militares, que consideraron las acciones de estos como muestra “de desrespeito e de provocação ao Exército”, exigieron que “sérias medidas repressivas sejam adotadas com todo o rigor” (Redacção, 1968e). Efectivamente, la presión de las autoridades no hizo más que incrementarse durante los días posteriores. Así, el 20 de junio, con la finalidad de impedir la salida de los estudiantes reunidos en asamblea, tropas de la PM y agentes de la Departamento de Ordem Política e Social (DOPS) sitiaron el recinto de la Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ), “transformando as ruas em praça de guerra e prendendo todo o estudente que tentar furar o bloqueio (…) Alguns déstes já foram presos” (Redacção, 1968i). Y el 21 de ese mismo mes, también en Rio de Janeiro, los estudiantes cariocas organizaron, con la intención de obtener una entrevista con el ministro, una nueva passeata, que consiguió convocar a “mais de mil estudantes (…) sob a liderança do ex–presidente da ex– UME, Wladimir Palmeiro (sic.)”. Esta fue, nuevamente, reprimida contundentemente por la PM y la DOPS. Al parecer, los incidentes se iniciaron cuando, en el transcurrir de la passeata, algunos estudiantes apedrearon la embajada de USA. Entonces, según la crónica de los hechos, la PM y los agentes de la DOPS, auxiliados por cinco helicópteros, varios carros militares y unidades de caballería, entraron en acción, mediante el uso armas de fuego, porras y gas lacrimógeno. La confrontación entre estos y los estudiantes, que duró más de diez horas, se desarrolló en varias fases de violenta espiral y se extendió por varias zonas de la ciudad, se saldó con dos muertos, decenas de heridos por bala, varios centenares heridos por armas contundentes o bombas de gas, más de 1.000 detenidos, 5 vehículos de la PM destruidos y destrozos materiales varios por las rúas y comercios de la zona. Hasta tal punto llegó la intensidad de la violencia ejercida por las fuerzas militares – extendida también a los reporteros que cubrían la noticia–, que los vecinos de la zona, mientras increpaban a estas como “assassinos, assassinos!”, comenzaron a auxiliar a los estudiantes “jogando pesos para papel dos escritórios e vaiando a policía das janelas dos prédios próximos (…) dezenas de estudantes obtiveram abrigo nos prédios e passaram a jogar pedras dos edificios” (Redacção, 1968g). De nuevo, las escenas relatadas por la prensa adquirieron el tono y el estilo propios de los reportajes de guerra: No choque entre estudantes e a Polícia Militar hoje na Guanabara (…) resultou que cerca de 600 bombas de gás foram jogadas no centro da cidade, muitas delas dos helicópteros que patrulhavam do alto da cidade e davam orientação ao comando Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 14 policial de terra (…) cinco veículos incendiados (…) Cerca de quatrocentas e cinqüenta pessoas foram atendidas nos hospitais na Guanabara (…) Oito pessoas, entretanto, foram operadas para retirada de balas (…) Um fotógrafo (…) morreu de sincope cardíaca (…) O filho do poeta Vinicius de Moraes, Rpi Moraes, fotógrafo da revista ‘Visão’, informou que fotografou toda a cena da norte da comerciária em frente a ambaixada norte-americana, mas que sua máquina foi arrebatada pela PM e o filme destuído (…) Cinelândia, transformada em verdadeira praça de guerra, com dezenas de agentes do DOPS atirando e jogando bombas de gás lacrimogêno (Redacção, 1968g). La reacción oficial fue rápida. El gobernador Negrão de Lima, en declaraciones a los medios de comunicación, dio a entender que los estudiantes manifestados tan sólo respondían a los intereses de una minoría empeñada en desestabilizar el orden social del país. También los responsabilizó de entorpecer los trabajos de reforma universitaria, que no se podían desenvolver correctamente en ese “ambiente de incompreensão e numa atmosfera de conflitos”. Consideró, asimismo, que ya habían logrado “despertar a consciência nacional para a reforma universitária” y que nada más podrían lograr legítimamente por esa vía. Razón por la que reclamó de los estudiantes la “paz”. Y dejó claro, al mismo tiempo, que “o govêrno estadual não pactuará com a desorden e manterá a ordem (…) é deber do govêrno resguardar o direito das maiorias quando o direito das minorias põe em risco a paz e tranqüillidade da comunidade” (Redacção, 1968g). Durante los días siguientes, el protagonismo de la actividad estudiantil cambió de escenario, trasladándose, principalmente, a Brasilia, Porto Alegre y São Paulo. Desde hacía varios días, las facultades de la Universidade de São Paulo estaban ocupadas por estudiantes. El día 22 de junio, en la capital de la nación, varias guarniciones de la PM y la DOPS ocuparon todas las instalaciones de la Universidade de Brasilia y retuvieron a los estudiantes que allí se encontraban –o que estaban llegando–, muchos de ellos manifestándose en defensa de sus derechos básicos y contra el gobierno, particularmente contra el carácter violento y represivo del mismo, los acuerdos MEC-USAID y, más ampliamente, las dictaduras latinoamericanas. Y el 25 de ese mismo mes, en Porto Alegre, motivada por la suspensión de las clases y el cierre de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS), la dura acción policial en Guanabara, el imperialismo norteamericano y la propia dictadura, y convocada por diversos Diretórios Académicos y por el DCE Livre, con la participación de la ilegalizada UNE, tuvo lugar una poco concurrida concentración estudiantil que, en cambio, fue duramente reprimida por la PM y la DOPS. El ’68 más allá de las primaveras boreales 15 Imagen 2. Agitação também em Brasília. Policía Ocupa a Universidade e Estudantes Vão o Congresso (Redacção, 1968a) Imagen 3. Manifestações Estudantis Geram Choques com a Brigada no Centro (Porto Alegre) (Redacção, 1968j) Mientras tanto, los acontecimientos de Guanabara seguían suscitando reacciones en distintos actores sociales y políticos, debido, fundamentalmente, al impacto mediático de la violencia ejercida por el gobierno para sofocar la manifestación del 21 y a que los universitarios cariocas tenían proyectada otra passeata para el día 26. Rápidamente, esta se hizo eco en sectores culturales y populares, que se solidarizaron e hicieron partícipes de la resistencia estudiantil frente al gobierno dictatorial; así, por ejemplo, un nutrido grupo de intelectuales cariocas, reunidos en asamblea en el Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 16 Teatro Gláucio Gil, dio su apoyo público a la causa estudiantil y confirmó su presencia en la passeata, al tiempo que algunas madres de jóvenes represaliados por la dictadura sumaban a los esfuerzos estudiantiles su Marcha da Familia pela Libertade e contra a Repressão. También encontraron espacio en asambleas legislativas estatales de distintos puntos del país, como en la de Rio Grande do Sul, donde los diputados dedicaron buena parte de sus sesiones a discutir sobre la “cuestión estudiantil”; mientras los líderes de ARENA –partido del gobierno– sostenían que el ministro de educación seguía dispuesto al diálogo con los estudiantes y a atender sus justas demandas, como era la insólita reforma del MEC, los diputados de MDB –partido de la oposición tolerada– consideraban que la supuesta voluntad de negociación pacífica del ministro era cuanto menos cuestionable y procuraban, al mismo tiempo, llevar el análisis de la situación hacia una dimensión más allá de lo policial, incidiendo en el conflicto generacional que había de fondo, del que las manifestaciones y passeatas eran únicamente un síntoma de una crisis más profunda. Y los militares de la “línea dura” se mostraron tranquilos y optimistas con vistas a la passeata del 26, pues estaban persuadidos de que “o povo da Guanabara, ordeiro por tradição, não se deixará envolver por agitadores profissionais, que se utilizam dos verdadeiros estudantes para concretizar seus interesos subversivos” (Redacção, 1968h). El gobierno y las agencias de información y seguridad nacional, por su parte, gracias al concurso del cuarto poder, fueron construyendo una doble narrativa en torno a la “cuestión estudiantil”. Una de las líneas discursivas procuró ofrecer una imagen del gobierno amable, pero segura y fuerte, con sensata determinación para resolver el conflicto con los estudiantes universitarios. En primer lugar, se mostró cierta solidaridad y comprensión de las reivindicaciones estudiantiles, reducidas prácticamente al aumento de la financiación de las universidades federales. En segundo término, se siguió insistiendo en las vías para el diálogo ofrecidas en reiteradas ocasiones a los estudiantes, y en que, una vez más, el gobierno, a pesar de todo, seguía dispuesto a la negociación. Asimismo, se procuró calmar a la opinión pública –los medios de comunicación fueron calificados de “inescrupulosos e sensacionalistas”–, asegurando que la passeata programada para el día 26 de junio en Rio de Janerio sería permitida, que los desmanes de Guanabara no se repetirían y que no existía entre los militares “nenhum espírito de vingança”. Y, en cuarto lugar, generando cierta alarma social, al tiempo que proyección pública de la seguridad, eficacia y determinación del gobierno, este desmintió los rumores que circulaban sobre un posible decreto de estado de excepción y aseguró que las fuerzas armadas federales no intervendrían en la ciudad y que, según Negrão de Lima, “a Polícia Militar somente agirá em defesa da ordem e com a maior moderação e que não existe entre os militares nenhum espírito de vingança” (Redacção, 1968h). Especialmente claro a este respecto fue el telegrama que dirigió Costa e Silva –militar que gobernó el país entre 1967 y 1969– a Negrão de Lima el día 25, reproducido íntegramente en algunos diarios: Não permitirei agitações estéreis e dirigidas por órgãos internacionais contra a tranquilidade da familia brasileira, consoante os compromissos da revolução de 31 de março de 1964. Ao mesmo tempo criarei oportunidades para auscultar a classe estudantil de todos os niveis e corresponder aos seus justos anseios, que se confunden com os propósitos do governo e se vimculam ao futuro do país (Redacção, 1968l). Pero, mientras tanto, la narrativa oficial también se iba construyendo sobre otras argumentaciones, cuyo objetivo era desacreditar las movilizaciones estudiantiles. Por un lado, los mensajes lanzados por el gobierno y los militares de la “línea dura” retomaron, como se ha visto, las tesis de la “infiltración” y estudiantes “verdadeiros” y “agitadores profissionais”, con lo que se desligaba la “cuestión estudiantil” de la “cuestión política”. Por otro lado, los líderes estudiantiles, identificados con nombres y apellidos –Vladimir Palmeira, Elinor Brito, Vomer Soares y Franklin Martins–, El ’68 más allá de las primaveras boreales 17 fueron tratados como delincuentes huidos y peligrosos, entrenados en tácticas de “guerra de guerrilhas urbanas”, tal como parecían evidenciar los procesos de justicia militar incoados contra los coroneles Manoel Mussa Filho y Mario Donato, acusados de entrenar a los estudiantes en tácticas de ese tipo, y presentados ante el gran público como individuos con extraordinarias habilidades y conexiones de la más variada índole, lo cual imposibilitaba que fueran localizados y prendidos por las fuerzas de seguridad: O líder estudantil Vladimir Palmeira está conseguindo escapar ao cerco policial que lhe çe movido porque, na opinão das autoridades, usa varios disfarces, sendo práticamente impossivel identificá-lo (…) A mobilidade de Vladimir Palmeira e de seus colegas está surpreendendo a policía federal. O esquema de segurança elaborado pelo próprios estudentes garante a libertade dos quatro, deixando a policía desnortada, sem ter ponto de partida para as diligéncias visando a sua captura (Redacção, 1968h). Finalmente, y a pesar de todo, el 26 de junio, aunque bajo la estrecha vigilancia de 10.000 efectivos de la PM y la DOPS y varios helicópteros sobrevolando los lugares por los que transitaban las masas, la passeata se desarrolló sin incidentes. Inicialmente, se congregaron en Cinelándia cerca de 50.000 personas, número que ascendió progresivamente, a medida que avanzaban hacia la Candelária, hasta alcanzar los 100.000, contando estudiantes, intelectuales, artistas, compositores, líderes civiles, obreros y religiosos, banqueros, periodistas y personas de todo tipo que se sentían solidarios con la causa universitaria y que mostraban una clara desafección a la dictadura militar; “Abaixo a Ditadura. O Povo no poder” y “O povo organizado derruba as ditaduras”, fueron las consignas más repetidas durante el transcurso de la misma y que unieron a los asistentes. La passeata fue liderada por los estudiantes, entre quienes se significaron Elinor Brito, Luiz Travassos y Vladimir Palmeira, especialmente este último por sus alocuciones como portavoz de los estudiantes y coordinador de las intervenciones de los representantes de los otros grupos sociales allí reunidos. Entre los reclamos estudiantes destacaron la recuperación de los cadáveres de sus dos compañeros muertos durante los acontecimientos del 21, la reapertura del restaurante universitario de Calabouço –reivindicación que adquiría un valor simbólico añadido–, el cese de la represión policial y el ejercicio de la violencia por parte del gobierno, e impedir que las universidades federales se convirtieran en fundaciones. Vladimir Palmeira solicitó a los presentes “o compromisso de levar adiante as lutas, não só pelas reivindicações estudantis, mas também pelas reivindicações dos trabalhadores”, y a que acudiesen a “universidades, escolas, locais de trabalho, oficinas, escritórios” para convencer a los no presentes de que “era preciso agir para que o povo derrubasse a Ditadura”; también advirtió que, aunque no era “o povo que provoca a violéncia”, este estaba “preparado, saberá enfrentar a violéncia”. José de Castro Pinto, obispo auxiliar de Rio de Janeiro, señaló en su ambigua intervención que la Iglesia católica se situaba contra la violencia y del lado de los estudiantes, “ao lado do povo”, porque la Iglesia “é povo também”, pero que su participación en la passeata tenía como objetivo propiciar “tranqüilidade e ordem durante o movimiento”, en ningún caso “havia attitude política”; no obstante, consideró que esta actividad cívica podía contribuir a la “conscientização do povo, no sentido de levar muitas pessoas a ouvir com mais atenção um apelo para que se interessem pela política nacional” (Redacção, 1968f). La prensa, por su parte, destacó la paz y el orden con que había transcurrido la passeata, poniendo de relieve la buena actitud observada por los estudiantes. No obstante, los hechos fueron narrados de forma fría y aséptica, con un tono y un estilo que distaban considerablemente de los puestos en juego en ocasiones anteriores, y el impacto social y las reivindicaciones de los pacíficos Cem Mil fue reducido mediante un juego de espacios, informaciones e imágenes. En primer lugar, la imagen destacada de la portada de la edición del día 27 de junio, narrativa y visualmente asociada al Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 18 titular de “Manifestação Popular de Ontem no Rio Decorreu Sem Incidentes”, fue la de los destrozos causados por un atentado con bomba en un recinto militar de São Paulo. En segundo término, en primera plana, bajo el titular de la crónica de la passeata, pero con letras más destacadas, se anunció que las ayudas para las universidades ya habían sido tramitadas y que el Grupo de Trabajo encargado de sacar adelante la reforma universitaria se encontraba en diálogo con los estudiantes. Y, en tercer lugar, la imagen destacada de los Cem Mil, aparecida veinte páginas después, correspondió a una de las concentraciones simultáneas –y minoritaria–, llevada a cabo por profesores y religiosos. Imagen 4. Clero, Artistas e Estudantes. Manifestação Popular de Ontem no Rio Decorreu Sem Incidentes e imágenes asociadas a esta en primera plana (Redacção, 1968f) El ’68 más allá de las primaveras boreales 19 Imagen 5. Clero, Artistas e Estudantes. Manifestação Popular de Ontem no Rio Decorreu Sem Incidentes e imagen destacada de la paseata (Redacção, 1968f) Efectivamente, el Correio do Povo no dio imágenes de la verdadera magnitud de la passeata hasta el día 28. En esta ocasión, la inmortalización de la pacífica y multitudinaria manifestación, a pesar de ser portada, se vio despojada de su contenido, sentido y significado, desligando el suceso de la imagen, como si de dos realidades distintas se tratase. Al mismo tiempo, la redacción del periódico volvió a hacer uso de un juego de espacios, informaciones e imágenes que contribuyeron a perfilar la percepción social de la actividad de los Cem Mil. Así, por un lado, junto a la fotografía de la passeata, se publicó otra, referida al mencionado atentado de São Paulo, que mostraba militares armados y montados en carros de combate celebrando el funeral del caído en este; por otro lado, sobre la imagen de la manifestación se leía el titular: “Calmo o ambiente estudantil na Guanabara e principais cidades”. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 20 Imagen 6. Fotografía de la Passeata dos Cem Mil asociada al titular “Calmo o ambiente estudantil na Guanabara e principais cidades” (Redacção, 1968d) A partir de entonces, aunque las ocupaciones, manifestaciones y passeatas de estudiantes continuaron por distintos puntos del país, la opinión pública, de forma progresiva, fue derivando su atención hacia los debates sobre la reforma universitaria, reflejando, de este modo, el cambio de postura del gobierno para afrontar la “cuestión estudiantil”. Entonces, siguiendo la recomendación de la llamada Comissão Especial Meira Mattos, se decidió acelerar el proceso de reforma universitaria. Así, al término del mes de agosto de 1968, la prensa publicó íntegramente el anteproyecto de ley para la reforma universitaria, y, a finales de noviembre, anunció la aprobación de la Lei n. 5.540 (de 28 de noviembre de 1968), que refundía la normativa vigente, clarificaba el mandato constitucional El ’68 más allá de las primaveras boreales 21 y respondía, al mismo tiempo, a las necesidades de planificación de los militares y a las exigencias de los sectores universitarios liberales y moderados, lo que la convirtió en documento aceptado por buena parte de la comunidad académica, pues parecía haber una clara apuesta por una universidad moderna, competitiva y adaptada al fenómeno de masas, modelo que ha pervivido durante medio siglo. Entre otras cosas, el texto legal incorporó parte de las demandas de participación y representación en la vida universitaria, lo cual, en cierto modo, logró deslegitimar públicamente y neutralizar políticamente a los estudiantes universitarios, cuyas acciones serían vistas como cosas de una minoría radical y revolucionaria. Pocos días después, se dio noticia de la entrada en vigor del AI-5, que inauguró la fase más dura de la “revolución del 64”. Y el 26 de febrero de 1969 se promulgó el Decreto-Lei n. 477, una de las herramientas represivas más duras que estableció el régimen militar, que, aunque se extendía a profesores y personal no docente de las universidades, fue específicamente desarrollado para desmantelar el movimiento estudiantil, siendo castigada cualquier tipo de militancia estudiantil o conducta subversiva. De este modo, la actividad estudiantil fue deslegitimada, desarticulada y neutralizada. A partir de entonces, sin otra forma de actuar y sin posibilidad de organizarse legalmente, un número considerable de estudiantes universitarios pasaron a formar parte de la resistencia clandestina y armada, integrando grupos guerrilleros urbanos y rurales, que progresivamente fueron eliminados y sus integrantes sometidos a distintos tipos de represión –prisión, tortura e, incluso, muerte– (D. Cunha, 2016; Fernandes, 2015; Motta, 2014; Rothen, 2006). Conclusiones La imagen de las movilizaciones estudiantiles del ’68 brasileiro ofrecida por la prensa diaria afín a los sectores liberal-conservadores del sur del país fue ambivalente, en ocasiones confusa e, incluso, contradictoria, y relativamente móvil. Esto fue reflejo de las tensiones entre la prensa diaria, que pugnaba por conservar su estatus de cuarto poder, y el gobierno, que aspiraba a convertirla en una extensión del ejecutivo. Por un lado, se reforzaron las tesis y los discursos oficiales y se cedió la iniciativa y el control de la narrativa a los servicios de información y propaganda del gobierno. Así, la imagen más persistente en la esfera pública y, por tanto, que más fuerza de realidad adquirió en la construcción de los imaginarios sociales, consistió en presentar a los jóvenes universitarios como un grupo social con un carácter netamente revolucionario, bien organizado, violento, refractario al diálogo, aliado con la oposición en el exilio y manejado por células infiltradas del comunismo internacional. La intensidad, frecuencia y amplitud geográfica de las movilizaciones estudiantiles brasileiras del ’68 que se reflejó trasladó al “ciudadano corriente” una escena de asedio a las instituciones, un desafío a la “revolución del ‘64” y, por tanto, al orden, la paz y el progreso que ésta había traído consigo. Y la sensación de realidad de tal perspectiva de los acontecimientos se vio confirmada y acrecentada por la sombra del estado de excepción y por el estilo propio del periodismo de guerra del que se dotaron las crónicas y noticias, a través de las cuales las calles y plazas eran transformadas en escenarios bélicos y las confrontaciones entre los estudiantes y la PM se narraban como si de batallas se trataran, con detalles tácticos, de la fuerza destructiva utilizada y del número de heridos, muertos y prisioneros. En la construcción de esta imagen jugó un papel crucial el estilo totalitario que adquirieron las palabras, formas de argumentar, maneras de articular la información y estrategias de colonización del espacio físico y simbólico de una parte de la esfera pública. El más claro extremo fue el desafío a la realidad que supuso la puesta en tela de juicio de la propia existencia de un movimiento estudiantil. Más allá de esto, que posiblemente no tuviera mayor trascendencia que la retórica, debido al claro desafío lanzado a la prueba empírica y a la más Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 22 elemental de las observaciones de la realidad que pudiera realizar cualquier lector, se introdujeron otros mecanismos más eficaces y sutiles, adquiriendo un estilo orweliano. (1) La “tesis de la infiltración”, perfilada y protagonista durante los sucesos de Calabouço y la Misa del Séptimo Día, fue una constante durante el primer semestre del ’68, adquiriendo especial publicidad durante los periodos de mayor actividad estudiantil y represión de la misma. Proporcionó al gobierno otro perfecto enemigo más a su lista, pues los estudiantes cumplían los requisitos de ser una amenaza real, inminente y cotidiana que operaba dentro del país para desestabilizarlo y, al mismo tiempo, de ser la punta de lanza de un peligro exterior aún mayor y siempre al acecho, el comunismo. (2) Se presentó al adversario como excepcional, con habilidades casi fantásticas y una amplia y tupida red de colaboradores, pero también, de forma gradual, se fue dotándolo de cierta materialidad y singularidad, poniendo rostros, nombres y apellidos a los líderes estudiantiles, lo cual revelaba su carácter mundano y, por tanto, susceptible de ser combatido y reducido, a pesar de las superiores cualidades y capacidades a ellos atribuidas. (3) La atribución a agentes externos y ajenos –esencialmente al comunismo internacional– despojó a los estudiantiles universitarios de la especificidad, autonomía y legitimación de sus acciones y fortaleció la decisión del gobierno de incluirlos en las políticas de seguridad nacional. (4) Las motivaciones y reclamaciones más profundas de las movilizaciones estudiantiles, tales como el retorno a la vida en democracia o la recuperación y garantía de los derechos fundamentales, quedaron neutralizadas mediante un doble mecanismo de categorías duales y de desalojo-ocupación de los espacios conceptual, ideológico y material de la expresión formal “vida en democracia” –o equivalentes–. Esto quedó claramente reflejado en la tesis complementaria a la de la infiltración, la de la “mayoría silenciosa”, a través de la cual se establecieron categorías duales de estudiantes, distinguiendo entre los “verdaderos”, con aspiraciones legítimas, pero que se veían impedidos en el ejercicio de sus derechos y libertades por causa de los otros, los “falsarios”, una “minoría” que se empeñaba en acabar con el orden, la paz y la libertad. Y (5) las fotografías, aunque con relativo protagonismo en el universo mediático, jugaron un papel de capital importancia en la construcción de esta narrativa, pues, por un lado, contribuyeron a reforzar el carácter de realidad ofrecida por las palabras, y por otro lado, la selección, disposición y distribución espacio-temporal de las mismas moduló la percepción de la realidad, llegando, incluso, a desvincular la imagen de los hechos, lo que modificaba sustancialmente los sentidos y significados atribuidos a los discursos escritos y visuales. Las constantes alusiones a los movimientos estudiantiles desarrollados en el panorama internacional reforzaron esa imagen revolucionaria, organizada y violenta de la juventud universitaria, aliada, en ocasiones, con otros sectores de la población igualmente insurgentes, como lo eran las agrupaciones sindicales obreras. Pero el sentido y el significado de la actividad de los estudiantes variaron en función del espacio geopolítico en que tenían lugar. En el caso de los países de la órbita occidental, se proyectaba una imagen de asedio a las instituciones, los pactos sociales que aseguraban la paz y el orden y los estilos de vida cívica que permitían articular la vida pública en forma de democracia. Mientras que las movilizaciones que se desarrollaban en países abiertamente declarados como autoritarismos –o indiscutiblemente percibidos como tales– o en los situados al otro lado del Telón de Acero se representaban como valerosos actos de resistencia frente a lo asfixiante de las dictaduras y como afirmaciones del ejercicio de la libertad, que adquirían especial simbolismo –y hasta carácter propagandístico– cuando acontecían en regímenes comunistas. Por otro lado, a medida que la rebelión estudiantil se iba extendiendo, sus efectos incomodando a un creciente número de ciudadanos corrientes, y la represión ejercida por la PM sobre los estudiantes haciéndose más intensa y dura, hasta traspasar la línea de lo considerado El ’68 más allá de las primaveras boreales 23 aceptable, razonable y proporcionado, y susceptible de hacerse extensible a otros actores sociales, la imagen de los estudiantes ofrecida por Correio do Povo fue mudando ligeramente. Entonces, la voluntad de diálogo y negociación de estos mismos cobró cierto relieve, en la misma proporción que las reiteradas negativas a esto mismo por parte del gobierno. Y la gama de motivaciones de los estudiantes universitarios ofrecida al gran público se amplió, pasando de enfatizar el problema de la financiación de las universidades y el caso Calabouço, a dar mayor espacio mediático a cuestiones más incómodas, que afectaban a puntos neurálgicos de la política general universitaria –los acuerdos MEC-USAID, los “excedentes”, la modernización y democratización de las universidades–, podrían erosionar la legitimidad del gobierno –la evidencia de carácter dictatorial, la violencia y represión llevadas a cabo por éste– y situaban las acciones de los estudiantes en un contexto más amplio –la guerra Vietnam–. La presión ejercida por la prensa se hizo especialmente patente durante los días que mediaron entre el 21 y el 26 de junio, logrando contener las ansias represoras del gobierno y, con esto, posibilitando la Passeata dos Cem Mil, la mayor manifestación civil hasta entonces desarrollada en Brasil, liderada por estudiantes universitarios, y que significó un genuino ejercicio de libertad de éstos y una clara muestra de desafección al régimen por parte de amplias capas del tejido social. Las movilizaciones estudiantiles pudieron significar para ellos mismos y para el “ciudadano corriente” algo más que la simple incomodidad ocasionada a instituciones, autoridades y ciudadanos, la sencilla manifestación de poder y capacidad de acción y convocatoria o “pruebas irrefutables” del asedio y la supuesta infiltración comunistas. Las ocupaciones de calles y plazas, recintos universitarios y espacios mediáticos –figurados y tangibles– por parte de los estudiantes representaron conquistas físicas y simbólicas, generalmente mediante el uso de la violencia –material o no–, de lugares públicos que, a pesar de albergarlos cotidianamente, los consideraban como elementos extraños a sus propias arquitecturas vital y existencial. De una u otra forma, en mayor o en menor grado, tales actos transformaron calles y universidades en laboratorios de creación, experimentación y aprendizaje de estilos diversos de democracia, en ágoras de discusión, participación y negociación política, social y académica, también en espacios de resistencia frente a la dictadura. En el caso concreto de las universidades esto implicaba, además, modificar los estilos de vida institucionales, marcados por la jerarquía y la tradición. Las plazas y calles ofrecieron a los estudiantes la posibilidad de tomar contacto directo, establecer diálogo y tejer lazos de solidaridad con otros actores sociales y políticos con los que compartían la vaga idea de un futuro más libre, democrático y ausente de violencia institucional, y esto, a su vez, contribuía a legitimar sus movilizaciones, reclamos y aspiraciones, así como a incrementar la presión públicamente ejercida contra el gobierno. La conquista estudiantil –nacional e internacional– del espacio mediático, por su parte, hizo que la actividad desarrollada por aquéllos trascendiera a sí misma, que el movimiento estudiantil y sus aparentes causas cobraran una nueva dimensión y entrara en el selecto club de lo público, de eso que es digno de ser visto u oído y que, además, es común –compartido por otros muchos semejantes a ellos–. Todo esto ponía de manifiesto que los estudiantes habían mudado su habitual rol de transeúntes urbanos y universitarios por otro que los suponía un grupo social, político y educativo con entidad propia, sujeto y agente, al mismo tiempo, de esa transformación de sí, de las instituciones, de las calles y plazas y de los imaginarios sociales. En cualquier caso, los estudiantes universitarios brasileiros que participaron de las movilizaciones desarrolladas durante el ’68 fueron representados como un grupo social y cultural de referencia, capaz de atraer y movilizar a otros actores sociales, políticos y culturales en la resistencia frente a la dictadura, como el cuerpo universitario más activo y comprometido con la modernización y democratización de las instituciones de educación superior, así como el Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 24 principal interlocutor entre éstas y el gobierno, aunque los procesos se desarrollaran fuera de los espacios institucionales y bajo códigos y estilos de comunicación social y negociación popular colectiva. Referencias Anderson, B. (1993). Comunidades imaginadas. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica. Arendt, H. (1993). La condición humana. Barcelona: Paidós. Arendt, H. (2006). Sobre la violencia. Madrid: Alianza Editorial. Barbosa, M. (2007). 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Coordinador del Grupo de Investigación Ágora de Educación (Facultad de Educación de Palencia. Universidad de Valladolid. España) y de Connecting History of Education Working Group. Miembro de la SEDHE, SBHE e ISCHE. archivos analíticos de políticas educativas Volumen 26 Número 66 28 de mayo 2018 ISSN 1068-2341 Los/as lectores/as pueden copiar, mostrar, y distribuir este articulo, siempre y cuando se de crédito y atribución al autor/es y a Archivos Analíticos de Políticas Educativas, se distribuya con propósitos no-comerciales, no se altere o transforme el trabajo original. Más detalles de la licencia de Creative Commons se encuentran en http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0 Cualquier otro uso debe ser aprobado en conjunto por el autor/es, o AAPE/EPAA. La sección en español para Sud América de AAPE/EPAA es publicada por el Mary Lou Fulton Teachers College, Arizona State University y la Universidad de San Andrés de Argentina. 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Fischman (Arizona State University) Editores Asociados: Armando Alcántara Santuario (Universidad Nacional Autónoma de México), Jason Beech, (Universidad de San Andrés), Angelica Buendia, (Metropolitan Autonomous University), Ezequiel Gomez Caride, (Pontificia Universidad Católica Argentina), Antonio Luzon, (Universidad de Granada), José Luis Ramírez, Universidad de Sonora), Paula Razquin (Universidad de San Andrés) Claudio Almonacid Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile Pedro Flores Crespo Universidad Iberoamericana, México Miriam Rodríguez Vargas Universidad Autónoma de Tamaulipas, México Miguel Ángel Arias Ortega Universidad Autónoma de la Ciudad de México Ana María García de Fanelli Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) CONICET, Argentina José Gregorio Rodríguez Universidad Nacional de Colombia, Colombia Xavier Besalú Costa Universitat de Girona, España Juan Carlos González Faraco Universidad de Huelva, España Mario Rueda Beltrán Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM, México Xavier Bonal Sarro Universidad Autónoma de Barcelona, España María Clemente Linuesa Universidad de Salamanca, España José Luis San Fabián Maroto Universidad de Oviedo, España Antonio Bolívar Boitia Universidad de Granada, España Jaume Martínez Bonafé Universitat de València, España Jurjo Torres Santomé, Universidad de la Coruña, España José Joaquín Brunner Universidad Diego Portales, Chile Alejandro Márquez Jiménez Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM, México Yengny Marisol Silva Laya Universidad Iberoamericana, México Damián Canales Sánchez Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, México María Guadalupe Olivier Tellez, Universidad Pedagógica Nacional, México Ernesto Treviño Ronzón Universidad Veracruzana, México Gabriela de la Cruz Flores Universidad Nacional Autónoma de México Miguel Pereyra Universidad de Granada, España Ernesto Treviño Villarreal Universidad Diego Portales Santiago, Chile Marco Antonio Delgado Fuentes Universidad Iberoamericana, México Mónica Pini Universidad Nacional de San Martín, Argentina Antoni Verger Planells Universidad Autónoma de Barcelona, España Inés Dussel, DIE-CINVESTAV, México Omar Orlando Pulido Chaves Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (IDEP) Catalina Wainerman Universidad de San Andrés, Argentina José Ignacio Rivas Flores Universidad de Málaga, España Juan Carlos Yáñez Velazco Universidad de Colima, México javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/816') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/804') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/819') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/820') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/4276') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/1609') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/825') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/797') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/823') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/798') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/555') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/2703') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/801') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/814') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/826') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/802') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/3264') El ’68 más allá de las primaveras boreales 29 education policy analysis archives editorial board Lead Editor: Audrey Amrein-Beardsley (Arizona State University) Editor Consultor: Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Associate Editors: David Carlson, Margarita Jimenez-Silva, Eugene Judson, Mirka Koro-Ljungberg, Scott Marley, Iveta Silova, Maria Teresa Tatto (Arizona State University) Cristina Alfaro San Diego State University Amy Garrett Dikkers University of North Carolina, Wilmington Susan L. Robertson Bristol University Gary Anderson New York University Gene V Glass Arizona State University Gloria M. Rodriguez University of California, Davis Michael W. Apple University of Wisconsin, Madison Ronald Glass University of California, Santa Cruz R. Anthony Rolle University of Houston Jeff Bale OISE, University of Toronto, Canada Jacob P. K. Gross University of Louisville A. G. Rud Washington State University Aaron Bevanot SUNY Albany Eric M. Haas WestEd Patricia Sánchez University of University of Texas, San Antonio David C. 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Lochmiller Indiana University Tina Trujillo University of California, Berkeley John Diamond University of Wisconsin, Madison Christopher Lubienski Indiana University Federico R. Waitoller University of Illinois, Chicago Matthew Di Carlo Albert Shanker Institute Sarah Lubienski Indiana University Larisa Warhol University of Connecticut Sherman Dorn Arizona State University William J. Mathis University of Colorado, Boulder John Weathers University of Colorado, Colorado Springs Michael J. Dumas University of California, Berkeley Michele S. Moses University of Colorado, Boulder Kevin Welner University of Colorado, Boulder Kathy Escamilla University of Colorado, Boulder Julianne Moss Deakin University, Australia Terrence G. Wiley Center for Applied Linguistics Yariv Feniger Ben-Gurion University of the Negev Sharon Nichols University of Texas, San Antonio John Willinsky Stanford University Melissa Lynn Freeman Adams State College Eric Parsons University of Missouri-Columbia Jennifer R. Wolgemuth University of South Florida Rachael Gabriel University of Connecticut Amanda U. Potterton University of Kentucky Kyo Yamashiro Claremont Graduate University Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 26, No. 61 30 arquivos analíticos de políticas educativas conselho editorial Editor Consultor: Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Editoras Associadas: Kaizo Iwakami Beltrao, (Brazilian School of Public and Private Management - EBAPE/FGV, Brazil), Geovana Mendonça Lunardi Mendes (Universidade do Estado de Santa Catarina), Gilberto José Miranda, (Universidade Federal de Uberlândia, Brazil), Marcia Pletsch, Sandra Regina Sales (Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro) Almerindo Afonso Universidade do Minho Portugal Alexandre Fernandez Vaz Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil José Augusto Pacheco Universidade do Minho, Portugal Rosanna Maria Barros Sá Universidade do Algarve Portugal Regina Célia Linhares Hostins Universidade do Vale do Itajaí, Brasil Jane Paiva Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Brasil Maria Helena Bonilla Universidade Federal da Bahia Brasil Alfredo Macedo Gomes Universidade Federal de Pernambuco Brasil Paulo Alberto Santos Vieira Universidade do Estado de Mato Grosso, Brasil Rosa Maria Bueno Fischer Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Brasil Jefferson Mainardes Universidade Estadual de Ponta Grossa, Brasil Fabiany de Cássia Tavares Silva Universidade Federal do Mato Grosso do Sul, Brasil Alice Casimiro Lopes Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Brasil Jader Janer Moreira Lopes Universidade Federal Fluminense e Universidade Federal de Juiz de Fora, Brasil António Teodoro Universidade Lusófona Portugal Suzana Feldens Schwertner Centro Universitário Univates Brasil Debora Nunes Universidade Federal do Rio Grande do Norte, Brasil Lílian do Valle Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Brasil Flávia Miller Naethe Motta Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro, Brasil Alda Junqueira Marin Pontifícia Universidade Católica de São Paulo, Brasil Alfredo Veiga-Neto Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Brasil Dalila Andrade Oliveira Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil La Cuestión Estudiantil Brasileira durante la Dictadura Militar (1964-1968) Las Movilizaciones Estudiantiles del ‘68 Brasileiro a través del Espejo: De la Misa del Séptimo Día a la Passeata dos Cem Mil2F Conclusiones Referencias Sobre el Autor José Luis Hernández Huerta