Los Jóvenes “NI-NI”: Un Estigma que Invisibiliza los Problemas Sociales de la Juventud Página web: http://epaa.asu.edu/ojs/ Artículo recibido: 22-04-2019 Facebook: /EPAAA Revisiones recibidas: 15-06-2019 Twitter: @epaa_aape Aceptado: 15-06-2019 archivos analíticos de políticas educativas Revista académica evaluada por pares, independiente, de acceso abierto y multilingüe Arizona State University Volumen 28 Número 20 03 de febrero de 2020 ISSN 1068-2341 Los Jóvenes “NI-NI”: Un Estigma que Invisibiliza los Problemas Sociales de la Juventud Juan García-Fuentes Universidad de Granada España & José Saturnino Martínez García Universidad de La Laguna España Citación: García-Fuentes, J., & Martínez García, J. S. (2020). Los jóvenes “Ni-Ni”: Un estigma que invisibiliza los problemas sociales de la juventud. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, 28(20). https://doi.org/10.14507/epaa.28.4652 Resumen: Este artículo tiene como objetivo reflexionar sobre la categoría de jóvenes “NI-NI” y demostrar empíricamente, que es una forma de ocultar los problemas sociales a los que se enfrentan por no tener en cuenta las restricciones estructurales que llevan a esa situación. Este escenario se ha convertido en un patrón de desajuste social, donde la falta de experiencia en el trabajo, propicia una situación vulnerable para quienes inician su inserción laboral, que puede dejar una “cicatriz” a lo largo de su vida. Nos centramos como perspectiva de análisis, en las transiciones juveniles, donde no todos los jóvenes logran salir de la precariedad laboral de adultos. Este mercado, precario, de bajos salarios, inseguro y flexible, no conecta con las necesidades juveniles, enquistadas en una crisis socio-económica y con pocas oportunidades. La elaboración del artículo se basa en una selección de fuentes bibliográficas para aproximarnos al estudio. Asimismo, describe los datos recogidos por la Encuesta de Población Activa (EPA) sobre la evolución de los jóvenes NI-NI, su relación con el mercado laboral y los motivos por los que no buscan empleo. Destacar, entre las conclusiones de este artículo, que la debilidad de los vínculos laborales termina por erosionar los derechos de ciudadanía de la población juvenil. Palabras clave: Juventud; transiciones; NI-NI; mercado laboral; itinerario; desempleo https://doi.org/10.14507/epaa.28.4652 Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 2 “NEET” youth: A stigma that blurs the social problems of young people Abstract: This article is aimed at thinking about NEET (Not in Education, Employment, or Training) youth and at proving experientially that the NEET concept is a way to hide social problems impacting youth because it does not take into account the structural restrictions that lead to this situation. This situation has become a pattern of social imbalance, where the lack of work experience promotes a vulnerable situation for those who just start to enter the labour world, which may leave “scars” in their lives. We present an analysis on youth transitions, where not every youth achieves to get out of job insecurity as an adult. An uncertain market of low wages is unsafe and flexible, and does not address the necessities of youth, who are paralysed in a socioeconomic crisis with few opportunities. This article approaches a selection of bibliographical sources and describes the information collected by the Working Population Survey (WPS) about the evolution of NEET, its relation with the job market, and the reasons why these youth do not look for employment. We conclude by arguing that weak work prospects end up deteriorating the citizen rights of the youth population. Key words: Young people; transitions; NEET; labour market; itinerary; unemployment Juventude “NI-NI”: Um estigma que invisibiliza os problemas sociais da juventude Resumo: O objetivo desta pesquisa é apresentar a pluralidade de características familiares, educacionais e profissionais que os jovens apresentam em suas trajetórias vitais para a vida adulta. O rótulo do NI-NI falha ao analisar a situação atual da juventude, onde fraturas de classe social, gênero e minorias revelam a falta de fundamentação teórica ou relevância substantiva do termo para o planejamento de políticas públicas. Os dados utilizados confirmam que, longe de serem um grupo homogêneo e socialmente isolado, são indivíduos que se relacionam e tomam decisões em contextos familiares que influenciam suas transições para o mundo adulto. Além disso, a situação de retorno da crise socioeconômica e endurece as condições de vida desses jovens no mercado de trabalho, o que nos permite identificar a heterogeneidade interna desse grupo que, além de dar sentido ao conceito, nos leva à conclusão de que o termo confunde mais do que esclarece a reflexão e a intervenção em torno da juventude. Palavras-chave: Jovens; transições; NEET; mercado de trabalho; itinerário; desemprego Introducción1 Las repercusiones sociales producidas por la crisis socio-económica han ocasionado cambios importantes en las biografías de las personas, que manifiestan una serie de dificultades para la garantía de derechos educativos y laborales. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (más adelante OCDE, OECD en las siglas inglesas) uno de los grupos que se suponen más vulnerables, son los jóvenes que ni trabajan ni estudian, conocidos como NI-NI/NEET (OECD, 2015), individuos que presentan unos parámetros sociales, económicos y culturales que manifiestan ciertas similitudes, pero que a su vez, exteriorizan características 1 El presente estudio sobre jóvenes NI-NI se configura mediante la colaboración entre el Proyecto Europeo, Policies Supporting Young People in their Life Course. A Comparative Perspective of Lifelong Learning and Inclusion in Education and Work in Europe, Horizon 2020-YOUNG-SOCIETY-2015 (Rfa. 693167). Este proyecto tiene como objetivo, entre otros, analizar las políticas a lo largo de las vidas diseñadas para atender a las necesidades de los jóvenes adultos, así como su potencial para reconocer y movilizar de una manera recursos de estos jóvenes en sus proyectos de vida. Más información en: http://www.young-adulllt.eu/. Y, el proyecto es la red INCASI, un proyecto europeo financiado por el programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea bajo Marie Skłodowska- Curie GA No 691004 y coordinado por Dr. Pedro López-Roldán. El artículo solo refleja el punto de vista del autor y la Agencia no es responsable por cualquier uso que pueda hacerse de la información que contenga. http://www.young-adulllt.eu/ Los jóvenes “Ni-Ni” 3 personales, itinerarios y trayectorias de vida diversas, en un escenario carente de oportunidades y expectativas laborales. En este sentido, ante este hecho objetivo, se esconde una gran heterogeneidad de situaciones personales, debidas a su origen social o a su condición de género o de pertenencia a minorías. De manera que, en un periodo de crisis económica, con elevado desempleo, se tiende a etiquetar a los jóvenes como NI-NI, convertidos en objeto mediático que ha generado tanto una categoría mediática como un nuevo objeto de estudio en la investigación de la juventud (Planas-Lladó, Soler-Masó & Feixa-Pàmplos, 2014). La aproximación al estudio de los NI-NI implica delimitar el concepto de juventud en relación a las transiciones desde el sistema educativo hacia el ámbito laboral, donde se visibiliza una pluralidad de itinerarios que cada joven va construyendo de manera diferenciada. Además, en lo relativo a las transiciones, es pertinente introducir el análisis de cómo los dispositivos institucionales (Estado, mercado y familia), definidos por Cardenal de la Nuez (2006), junto con el origen socioeconómico y cultural de las familias, interactúan en la conformación diversificada de las transiciones. Unas transiciones que prolongan la edad teórica de ser joven, y que está conformando un «joven-adulto» en un espacio político, social, cultural y de gobernanza que no contribuye a la realización exitosa de los tránsitos juveniles (Jiménez, 2015a). En consecuencia, el objetivo del artículo es describir críticamente el concepto de juventud, a partir de la perspectiva transicional, que contribuye de una manera más cabal a la precisión del calificativo NI-NI y al análisis de las transiciones hacia la emancipación juvenil. Analizamos la importancia de los itinerarios y trayectorias que, a su vez, marcarán sus decisiones, elecciones y expectativas y cómo la experiencia laboral (o su falta) es la pieza del engranaje que dificulta la integración laboral de los jóvenes. También presentamos un epígrafe donde descriptivamente recogemos algunos datos de los jóvenes NI-NI en España a partir de la información proporcionada por fuentes de carácter oficial, ofreciendo una radiografía del fenómeno juvenil, cuestión que presentamos en la discusión de los resultados. Concluimos con algunos interrogantes sobre el discurso presentando y exponemos los resultados obtenidos hasta el momento en la investigación que se está realizando sobre transiciones y jóvenes NI-NI. Perspectivas Analíticas Sobre la Juventud: Estudio Desde el Enfoque de las Transiciones Definimos teóricamente el concepto de juventud con el propósito de sentar unas bases para analizar las transiciones que realizan los jóvenes hasta llegar a la emancipación, caracterizadas por ser reversibles e intermitentes. Esta emancipación es al menos tridimensional: residencial, económica y creación de una nueva familia. Para ello analizamos los itinerarios posibles para su emancipación; las trayectorias, que marcarán sus experiencias y expectativas; y los condicionantes sociales, económicos, educativos y familiares que forman parte del contexto del joven. Nuestro estudio se centra en la emancipación laboral. La emancipación es el eslabón final en la cadena de las transiciones. Si este proceso se ve impregnado por circunstancias de crisis social, económica y laboral, la situación de los jóvenes queda empañada por la debilidad de las políticas públicas para su contribución a propiciar tránsitos exitosos (Du Bois-Reymond & López Blasco, 2004). Además, cabe considerar las diferencias que existen entre las expectativas de los jóvenes en relación a su futuro con aquellas acciones encaminadas a luchar contra la situación de precariedad hacia el mercado laboral, augurando un futuro incierto e inseguro (Walther, 2006). Cardenal de la Nuez (2006) representa, a través de los estudios de la juventud en España, un esquema de análisis donde explicita tres perspectivas. La primera, la perspectiva empirista, define a los jóvenes como una categoría basada en la edad (16-29 años), siendo el factor determinante para concebir la juventud. Asume que «comparten una misma posición común, unos mismos valores y creencias dentro de una misma estructura social, lo que genera una ideología y estilo de vida propios y homogéneos (…), con una identidad específica y diferenciada Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 4 de ser adulto» (Cardenal de la Nuez, 2006, p. 5). Sin embargo, la edad como categoría de análisis no puede sostenerse por sí misma, en la medida en que existen otros factores que influyen en la identificación y clasificación de los jóvenes, produciendo una heterogeneidad interna muy grande. Desde la segunda perspectiva, la nominalista, los estudios se centran en cuestionar la categoría «juventud» como medida para referirse a los jóvenes, aceptando la idea del plural «juventudes» para aproximarse a una concepción más cercana al joven. Así lo establece Bourdieu para referirse a la edad: “es un dato biológico socialmente manipulado y manipulable” (Bourdieu, 2000, p. 114). El autor afirma que, englobar a toda una juventud dentro de la categoría estadística de la edad, como medida única de análisis para referirse a la juventud, pues no se tienen en cuenta universos juveniles muy diferentes entre sí, donde la cabida de otros factores, como origen social, género o pertenencia a una minoría, influirían en el transcurso de la vida de los jóvenes. Martín Criado es el sociólogo español que mejor representa esta perspectiva y establece que “bajo la identidad juventud se ocultan universos sociales y lógicas muy distintas” (Martín Criado, 1998, p. 37), por lo que, al hablar de juventud, es mejor hablar de juventudes. En palabras textuales, especifica que “la juventud implica ignorar la denominación de clase: olvidar la existencia de clases sociales y la problemática de la reproducción social de las diferencias” (Martín Criado, 1998, p. 88). Por último, desde el enfoque transicional, el concepto de juventud experimenta una evolución y transformación, siendo entendida como un tránsito que recoge las transiciones juveniles, los itinerarios y las trayectorias como elementos que condicionan los procesos y las experiencias de los individuos a lo largo de sus ciclos de vida y que influye en la transformación social de sus realidades. El enfoque transicional estudia las transiciones de los jóvenes para entender los procesos de reproducción y los cambios sociales que experimentan en sus diferentes trayectorias (Cardenal de la Nuez, 2006). Este enfoque se acomoda en la transición de los jóvenes desde la salida de la escuela a la vida activa, de modo que, su principal problema es la situación generalizada de desempleo que “conlleva necesariamente la existencia de condiciones de accesibilidad en el punto de destino, sea éste el trabajo o la sociedad adulta en general” (Marhuenda, 2012, p. 113). Los itinerarios indican el camino que siguen los jóvenes tras una serie de decisiones que toman en relación a sus necesidades y expectativas relacionadas con los procesos emancipatorios que indican el fin de la transición a la adultez. Estas decisiones que el joven toma se verán reflejadas en relación a los logros realizados en el sistema educativo, en las experiencias laborales y en la transición entre la escuela y el trabajo. El término está relacionado con las oportunidades que desde las instituciones se ofrecen a los jóvenes, a las elecciones que realizan en sus diferentes biografías y al contexto donde se relacionan y se desarrollan como personas. Y, las trayectorias, como las direcciones que los jóvenes siguen durante un determinado tiempo en relación a las transiciones que deben realizar hasta llegar al mundo adulto, y donde los contextos y la diversidad de situaciones personales marcarán diferentes proyecciones sociales, que podrán ser tanto positivas como negativas (Casal, 2000). Desde el enfoque transicional se analiza de forma más cabal los cambios que se producen en la vida de los jóvenes para posibilitar su inserción en la vida adulta, donde los itinerarios y las trayectorias realizadas serán básicas en la vida del joven (Casal, García & Merino, 2011). Los mecanismos fundamentales que influyen en los itinerarios que sigue el individuo para desarrollar una inserción social exitosa están influenciados por el origen socioeconómico y cultural familiar; el sistema educativo y los logros conseguidos para el desarrollo formativo y personal; el entorno socio-económico en el que se desarrolla su ciclo vital, y las oportunidades laborales a las que tienen acceso, marcando el fin de una transición con la entrada exitosa al mercado laboral. La familia es el núcleo central del joven, quien debe proporcionar las necesidades materiales y el soporte emocional necesario durante sus etapas de desarrollo personal en la etapa infantil y Los jóvenes “Ni-Ni” 5 juvenil, influyendo en las trayectorias escolares y laborales de sus hijos e hijas (Tarabini, 2015). El sistema educativo, que plantea unos interrogantes en base a los procesos de exclusión educativa existentes (Jiménez, 2008; Jiménez, Luengo & Taberner, 2009) y a la forma de combatirlos (Escudero Muñoz, González & Martínez, 2009; Jiménez, 2015b), donde el desenganche paulatino del alumnado, antes de acabar sus estudios obligatorios, es un fenómeno caracterizado por diversos factores y situaciones múltiples que conducen a que, de forma progresiva, no termine de forma satisfactoria su transición educativa (González, 2017). Asimismo, la escuela, encargada de reproducir una serie de posiciones de privilegios, es clave para una estructura social caracterizada por la desigualdad, que genera división y pone en juego el capital social, simbólico y económico que cada grupo de clase posee y que, de una manera u otra, le posibilita un determinado estatus social y académico (Horcas & Giménez, 2017; Martínez García, 2017) Y, además, el mercado laboral, que es la meta de una transición marcada por el fin de los estudios académicos y que proporciona un soporte económico importante para el sujeto (Beck, 1998). De esta manera, siguiendo la línea de estas consideraciones, cuando nos referimos a la acumulación de experiencia juvenil en los diferentes tránsitos hacia la vida adulta, no se afronta con la misma seguridad ni con la misma solidez. Esto es debido a que las trayectorias de clase social son distintas en tanto que a la misma edad pueden estar ante situaciones vitales diferentes, en función de su origen social (Martín Criado, 1998; Martínez García, 2013): tener responsabilidades familiares, estar trabajando o en búsqueda de empleo, vivir en la casa familiar, volver al sistema educativo…, de forma que, atendiendo a este abanico de posibilidades, el modelo fordista pierde fuerza, produciéndose una ruptura del proceso lineal de transición, determinado por el fin de los estudios, inicio de la actividad laboral y la emancipación como peldaño final para que los jóvenes transiten hacia el mundo laboral en unas condiciones que les permitan llevar una vida estable. En este sentido, esta nueva realidad transicional, fundamentada por la irrupción del proceso postfordista en el modelo de organización laboral, queda definida por la flexibilización, la precarización de los contratos de trabajo y la segmentación del mercado, que afecta de forma contundente, a las transiciones juveniles en su encuentro para conseguir un empleo estable y seguro (Urraco, 2016). Este hecho, no hace sino aumentar la reversibilidad de estas transiciones, más conocidas como tipo yo-yo (Du Bois-Reymond & López Blasco, 2004). De esta forma, el elemento principal de estas transiciones se focaliza en el sistema educativo. Es en él donde se desarrollan las diferentes trayectorias que marcarán la vida de los jóvenes y que repercutirán en la transición hacia la adultez (Cardenal de la Nuez, 2006). Ante este elenco de situaciones juveniles, ante los procesos transicionales para lograr la independencia, son diversos los escenarios por los que el joven camina en su recorrido transicional. En consecuencia, afrontan de una manera desigual cada uno de estos pasos hacia la etapa adulta, de manera que, en la vida de una persona joven, se diversifican itinerarios que difieren unos de otros, que no se encaran de igual manera ni con la misma solidez, y cuyo sentido como práctica social, difiere. En la actualidad, no se caracterizan por el fin de la actividad académica, comienzo del ejercicio laboral e independencia familiar, sino que se caracterizan por combinar diferentes perspectivas dentro de una misma etapa y en un periodo reducido de tiempo, donde se alarga la transición a una vida autónoma e independiente a la familiar. Aportando las contribuciones que Martín Criado (2018) hace sobre la juventud en el contexto escolar, es conveniente resaltar una serie de consideraciones que son necesarias exponer para su aclaración. Por una parte, la escuela tiene la finalidad de enseñar, formar e instruir. Nadie cuestiona su labor educativa y la importancia que tiene para lograr el empoderamiento de los jóvenes en sus años de escolarización. Sin embargo, por otra parte, donde se tiene en consideración sus propias características estructurales y organizativas, también excluye, y lo hace en la medida que confiere títulos a quienes finalizan sus estudios y no lo hace para aquellos que fracasan o abandonan De esta manera, para acceder a un puesto de trabajo, las oportunidades para ambos grupos no son las mismas, por lo que el sistema educativo sigue contribuyendo a una cadena de montaje que se olvida del joven dentro de su organización y que, Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 6 desmotivado y perdido, termina abandonando sus estudios y excluido del sistema educativo y laboral, donde aumenta el número de jóvenes que terminan etiquetados como NI-NI. Es por ello que, en este enjambre de situaciones, se puedan agrupar tres diferentes tipos de alumnado, siguiendo las aportaciones de Merino, Casal y García (2006) y de Martínez García (2016).En primer lugar, nos referimos al alumnado vocacional, como aquel que entre sus aspiraciones se encuentra aprender un oficio y el sistema educativo no le da las oportunidades para formarse en lo que desea, de manera que, tiene primero que terminar la enseñanza obligatoria y conseguir plaza en un ciclo medio de formación profesional (CMFP) relacionado con sus preferencias. En segundo lugar, se encuentra el alumnado académico, que es el que más se ajusta a la estructura actual en la que se organiza el sistema educativo, con un currículum diseñado especialmente para ir a la universidad, y cuyo objetivo es lograr los certificados necesarios para ir avanzando hacia estudios superiores. Y, en último lugar, el alumnado anómico, o de integración social, que es el que sufre las peores consecuencias de un sistema incapaz de atender sus necesidades académicas, profesionales y de integración social y psicológica. Baudelot y Establet (1987) ya señalaron las diversas vías del sistema educativo que coinciden con tres tipos ideales (en sentido weberiano), pero lo plantearon como resultado de una lógica funcional al capitalismo. Esto llevó a pensar que una escuela común hasta los 16 años, como hizo la LOGSE, junto con la obligación de graduar la ESO podría acabar con la lógica funcional del capitalismo de generar una doble red, para hijos de la clase media/alta y para las clases más populares. Tras décadas de implantación de este sistema podemos asegurar que el diseño estaba equivocado, pues no parece ser tanto el resultado de una lógica funcional, del capitalismo, sino de las estrategias racionales de reproducción de las familias, que difieren según su posición social y el análisis de coste y beneficios asociados a la decisión de estudiar, como señaló con más tino Boudon (1983) (Martínez García 2017). El resultado de confundir las estrategias racionales de las familias con la lógica capitalista de la escuela fue el aumento del fracaso escolar y de la desigualdad de oportunidades (Fernández-Mellizo & Martínez García, 2016), principalmente debido a que la exigencia de titular en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) supuso un esfuerzo extra a los hijos de las clases populares, que no pudieron acceder a la Formación Profesional, a diferencia de la legislación previa, que no exigía requisitos académicos (Martínez García & Merino, 2011). En conclusión, es ineludible señalar que ser joven no siempre contribuye al desarrollo de una transición que finaliza en la emancipación concreta, sino que altera los procesos sociales donde los jóvenes son cada vez más vulnerables y se encuentran en una situación de riesgo social permanente (Beck, 1998). De hecho, se constata la aparición de unos cambios sustanciales dentro de este periodo juvenil y la postergación del paso a la vida adulta y una dependencia extendida, económica y habitacional de los jóvenes en relación a su familia de origen (Otero, 2011). En la delimitación de la juventud, el concepto de transición es clave al referirse a la duración y al momento del paso entre la etapa juvenil, de dependencia con respecto a la familia de origen, y la adultez, de autonomía. Para ello, es necesario hacer referencia a la emancipación en tiempos de crisis, pues el empobrecimiento y la incertidumbre económica dificultan la emancipación residencial (Ballesteros & Sanmartín, 2017). En este sentido, tal emancipación se ha reducido lentamente, no solo por la crisis económica sino debido a las nuevas formas de afrontar la reestructuración del hogar, cada vez más apartado de una familia nuclear que reside sola en una residencia (padre, madre e hijos; Gracia & López, 2017). Por todo ello, la edad ya no marca con tanta claridad el ciclo vital, el paso de la juventud a la adultez, de la dependencia a la emancipación, generándose así itinerarios vitales más variados, y situaciones reversibles, como volver a casa de la familia paterna tras perder el trabajo (Heinz, 2009). En resumen, podemos definir la juventud en términos abstractos como el periodo que va de la pubertad a la madurez y la emancipación. Pero este concepto se concreta en edades biológicas que dependen de momentos históricos. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Los jóvenes “Ni-Ni” 7 Estadística de España define el desempleo juvenil para edades entre 16 y 24 años, mientras que el Instituto de la Juventud, la define entre 16 y 29 años. Estas variaciones se deben a que la agrupación etaria está sujeta a contingencias históricas, vinculadas a las edades en las que es más probable que se realicen las tres emancipaciones: familiar, económica y residencial. A su vez, en el mismo grupo de edad encontramos un grupo con gran heterogeneidad interna, por origen socioeconómico y cultural, por género o por pertenencia a minorías. Una Mirada Hacia la Delimitación de los Jóvenes NI-NI: Categoría Emergente de Análisis El concepto NI-NI comienza a tomar fuerza especialmente a partir de la Gran Recesión de 2008. El aumento de jóvenes en esta situación llevó tanto al interés de la opinión pública como de la investigación académica (Barbería, 2009). Desde el 2008, año en el que la crisis comenzó (Castel, 2014), han sido muchos los individuos que se han visto implicados en una situación de vulnerabilidad y exclusión. Este escenario, provocado en gran medida por la crisis de la construcción, constituyó una situación problemática para los jóvenes que abandonaban sus estudios para incorporarse al mercado laboral, donde hasta entonces encontraban empleo con facilidad. Sin embargo, al abandonar el itinerario educativo, con la crisis no pudieron afrontar los bienes de alto consumo, como coches o viviendas. Por lo tanto, sin trabajo y sin un cierto nivel de cualificación que les permitiera encontrar empleo en otro sector económico, se encontraron en riesgo de exclusión social. No obstante, este cambio socioeconómico no sólo afectó a personas que ya tenían una situación social precaria, sino que también afectó a quienes estaban más integrados en la sociedad y que vieron sus posibilidades reducidas. Así, el deterioro laboral y los recortes de gasto del Estado, junto con la imposibilidad de establecer políticas públicas que garanticen la integración social de los individuos (Subirats, 2016) ha repercutido de forma desigual en diversos colectivos, destacando la juventud como colectivo vulnerable ante la crisis, pues está entre los que más ha crecido el porcentaje de pobres (Martínez García, 2013). Anterior a la Gran Recesión, los jóvenes experimentaron cambios constantes desde la década del 2000 en relación al ámbito socioeconómico, político y laboral, donde afrontan una difícil situación y transformación profunda en sus trayectorias vitales. Entre estos nuevos grupos vulnerables aparecen, los jóvenes NI-NI, que han crecido en popularidad por cómo han sido tratados por los medios de comunicación (incluso llegó a producirse un reality show en España) y porque apuntan a una situación vital límite, al estar al margen de las dos actividades que se supone deben realizar los jóvenes: trabajar y/o estudiar, por lo que parece que sus itinerarios quedarían abocados a la exclusión social (Navarrete Moreno, 2011). Este mismo estudio indica que existe una «[…] imagen deformada de un colectivo juvenil, los “NI-NI”, fuertemente estereotipada, burdamente justificada en una estrepitosa y deficiente lectura de los datos estadísticos de la EPA, comentada frenéticamente…» (Navarrete Moreno, 2011, p.12). Planas- Lladó, Soler-Masó y Feixa-Pàmplos (2014) indican que «no puede hablarse de jóvenes Neet sino de jóvenes en situación de Neet» (2014, p.555), interpretando que ser NI-NI no es una condición permanente, sino que es una situación de transitoriedad de un proceso cambiante en el que no solo influyen factores individuales sino también económicos, contextuales, estructurales y políticos, entre otros. El Origen del Concepto NI-NI La palabra NI-NI, tiene su origen en Gran Bretaña, haciendo referencia a la expresión NEET (Not Employment, Education or Training) acuñado por primera vez en 1990 para hacer referencia a las personas con edades comprendidas entre los dieciséis y los dieciocho años con una situación de riesgo de vulnerabilidad y exclusión social relativas al desempleo, la inactividad laboral o sin actividad formativa (Serracant, 2012). Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 8 Son diferentes las variables que influyen en su concepción, no ajustándose a una definición ecuánime para profundizar en su delimitación. Relacionado con el impacto de la crisis socio- económica en los países de la Unión Europea (en adelante UE) y la OCDE, se ha constatado un aumento significativo de los NI-NI, lo que se interpreta como desaprovechar el potencial educativo y laboral de los jóvenes en el presente, y, por tanto, quedará una “cicatriz” cuando sean adultos, con mayor dificultad para encontrar empleo. Podemos así hablar del “efecto cicatriz” para señalar que la entrada en el mercado de trabajo por primera vez en un contexto de crisis y elevado nivel de desempleo, hace que la incorporación laboral sea lenta y frágil, una entrada que se hará notar a lo largo de la trayectoria laboral (Bell & Blanchflower, 2011; Eurofound, 2012, Gentile & Mari-Klose, 2019). Entre los factores de riesgo para convertirse en jóvenes NI-NI, Eurofound (2015) establece que los indicadores a tener en cuenta son, en primer lugar, la educación, donde se resalta que los jóvenes con un nivel educativo bajo son los más propensos en convertirse en NI- NI. En segundo lugar, el estatus migratorio, pues la incidencia es menor sobre los nativos que sobre los foráneos. En tercer lugar, las personas con discapacidad, que también cuentan con más probabilidades de engrosar este grupo de jóvenes, donde ven afectada su relación con el empleo. En cuarto lugar, quienes que experimentan un proceso de divorcio por parte de sus padres o, cuando algún progenitor queda en desempleo. Y, por último, los jóvenes que viven en hogares con ingresos mínimos o bajo entorno sociocultural. Por todas estas consideraciones, los jóvenes desempleados y sin estudios, se han convertido en el foco central de atención para la UE en la estrategia global de crecimiento, UE Horizonte 2020, donde establecen las líneas generales para intentar reducir el abandono educativo temprano y aumentar el número de jóvenes que terminan estudios terciarios (Rollnik- Sadowska, 2016), donde se enfatiza de forma clara, la importancia que tiene resolver esta situación para con los jóvenes NI-NI (Eurofound, 2012). Desde esta perspectiva, vemos cómo la educación es el impulso para intentar revertir la situación laboral de estos jóvenes, estableciendo una serie de acciones y medidas para evitar que el número de jóvenes NI-NI siga aumentando significativamente. Asimismo, Torrejón-Velardiez y Ermólieva (2016, p. 123) afirman que “los bajos niveles educativos de los jóvenes dificultan la obtención de un empleo adecuado y los fuerzan a englobar las cifras del paro o de la inactividad”. Para profundizar en la etiqueta y siguiendo las aportaciones de Dautrey (2014), señalamos tres ejes que nos ayudaran a aproximarnos a una realidad más cercana al joven. Estos son: la edad, el nivel educativo y el empleo. Relacionado con la edad, para la UE conforman este colectivo aquellos jóvenes con edades comprendidas entre los quince y veinticuatro años, dieciséis años para el caso español. Sin embargo, para abarcar aquellos jóvenes que han finalizado sus estudios terciarios y se encuentran en esta situación NI-NI, se aumentó la edad a los veintinueve años. Siguiendo esta misma dicotomía, la OCDE, establece un abanico de edad que oscila también entre los 15 y los 29 años (Eurofound, 2012). En este sentido, son varios los autores que hacen una crítica importante a la edad como categoría de análisis que refiere a la juventud. De esta manera, fundamentan que, en el trabajo de ofrecer una aproximación más coherente al grupo juvenil, se agrupan individuos que presentan una heterogeneidad de características individuales, donde la edad es el único patrón que tienen en común. Es decir, la edad como norma, agrupa a los sujetos y los homogeneiza. Asimismo, son sus circunstancias sociales, familiares, económicas, educativas, políticas y culturales las que imposibilitan hablar de juventud desde una condición homogénea, puesto que, en la conexión existente entre ambas, se esconden universos antagónicos donde conviven un sinfín de contextos y condiciones que difieren entre sí. Por el contrario, en España ha existido una reestructuración en las trayectorias de los jóvenes, que ha implicado una modificación de sus transiciones, en la medida que el empleo flexible, los episodios precarios de trabajo o las situaciones de paro, han contribuido a que existan jóvenes más allá de los 29 años que no han conseguido independizarse, denominándose Los jóvenes “Ni-Ni” 9 en la literatura como tardo-jóvenes (Elzo, 2000) o jóvenes adultos (Heinz, 2009). De esta manera, según Serracant (2012) y los datos que proporciona el Instituto Nacional de Estadística (en adelante INE), la franja de edad estipulada para los jóvenes en España, es aumentada hasta los treinta y cuatro. Al ampliar la edad, aparecen dos nuevos factores a considerar: el nivel de formación escolar, que resulta “fundamental como variable explicativa” (Serracant, 2012, p. 15) del fenómeno, y la edad, disminuyendo las probabilidades de encontrarse en esta situación. Relacionado con la educación y la formación, la UE señala que el joven no debe haber participado en ninguna actividad formativa o educativa en las cuatro últimas semanas (Eurofound, 2012). En cambio, la OCDE apunta que estos sujetos no deben encontrarse siguiendo programas de educación a tiempo completo o parcial, no teniendo en cuenta aquella educación de carácter no formal o acciones educativas que sean de muy corta duración (OECD, 2015). De la literatura consultada sobre las variables a considerar para el estudio de los jóvenes NI-NI, hay que añadir el hecho de que el sujeto no debe estar trabajando ni estudiando, ni encontrarse de vacaciones, ni que asuma responsabilidad familiar ni estar incapacitado por algún tipo de enfermedad o discapacidad, como tampoco que se encuentre a la espera de un trabajo. Todos estos parámetros no hacen sino aumentar la complejidad para entender el término (Secarrant, 2012). Relacionado con la formación y el vínculo que estos jóvenes han tenido con el sistema educativo, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte2 (2018), sitúa en el 17,9% a los jóvenes que han abandonado de forma temprana sus estudios (es decir, que como mucho tienen el Graduado en Educación Secundaria Obligatoria), que se encuentran en una situación compleja para el acceso al mercado de trabajo, y que refleja una de las principales problemáticas que se derivan del sistema educativo. Este fenómeno conlleva, en palabras de Vaquero (2005, p. 1443) “una pérdida importante de oportunidades para aumentar el nivel educativo y, al mismo tiempo, un desaprovechamiento de recursos públicos”. Además, parte de las expectativas que se crean en torno al éxito o fracaso escolar tienen que ver en la familia, donde el desajuste entre los resultados y el éxito en los estudios se debe al nivel educativo de los padres, a las expectativas que se crean en torno a los jóvenes y el apoyo y la socialización dentro del entorno familiar (Martín Criado & Gómez, 2016; Martínez García, 2017).Para Tarabini y Curran, la importancia de la posición social de la familia es relevante y está relacionada con el hecho de continuar la formación o tener el riesgo de abandonarla: La familia, adscribe a los hijos en una determinada posición social, es el núcleo para satisfacer las necesidades materiales y de crianza y la base fundamental del soporte afectivo y emocional durante la infancia y la adolescencia Es por ello que se convierte en un ámbito de análisis fundamental para entender las oportunidades educativas de los jóvenes. De hecho, numerosos estudios en este campo […] apuntan al capital instructivo familiar como “uno de los factores más influyentes para explicar los patrones de finalización y acreditación de la educación secundaria obligatoria y postobligatoria (2015, pp. 12-13). La clase social de la familia sigue siendo una de las características más asociadas al fracaso escolar, y por tanto a la situación de NI-NI (Martínez García, 2013). Sin embargo, es importante destacar la relación existente entre el sistema educativo, el abandono temprano de la educación y la formación y la evaluación realizada del seguimiento escolar del alumnado. De esta manera, si un alumno dentro del proceso educativo obtiene malas calificaciones, es probable que su trayectoria escolar pierda intensidad y pueda derivar en abandono (Tarabini, 2015). Por este motivo, es necesario abordar esta cuestión desde el rendimiento escolar y el efecto directo que trasciende en los procesos de salida del sistema educativo, donde el fracaso escolar acaba 2 Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. (2018). Transición de la Formación al Trabajo. Abandono Temprano. http://estadisticas.mecd.gob.es/EducaJaxiPx/Datos.htm?path=/Formacionyml/EPA/Aban//l0/&fil e=Aban101.px&type=pcaxis http://estadisticas.mecd.gob.es/EducaJaxiPx/Datos.htm?path=/Formacionyml/EPA/Aban//l0/&file=Aban101.px&type=pcaxis http://estadisticas.mecd.gob.es/EducaJaxiPx/Datos.htm?path=/Formacionyml/EPA/Aban//l0/&file=Aban101.px&type=pcaxis Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 10 derivando en procesos excluyentes, en lo escolar, social y laboral, por lo que es una de las causas a considerar en el análisis de los jóvenes NI-NI. En cuanto al empleo, tanto la UE como la OCDE coinciden en establecer los mismos criterios. Exponen que los sujetos que forman ese colectivo se encuentran desempleados y/o inactivos. De esta manera, cuando estos organismos realizan sus encuestas, los sujetos que forman parte de este colectivo no deben haber desarrollado una hora de trabajo remunerado en la última semana ni deben encontrarse de vacaciones, baja laboral u otra ausencia temporal del puesto de trabajo (Eurofound, 2012; OECD, 2015). Asimismo, los principales indicadores del deterioro laboral de los jóvenes españoles se pueden aglutinar, en primer lugar, en la situación de desempleo que, durante la crisis y posterior a ella, ha sido y es, el mayor problema del país. En segundo lugar, la temporalidad, que no ha dejado de aumentar entre la población joven, por lo que deriva en constantes entradas y salidas en el mercado laboral, junto a periodos largos de desempleo. En tercer lugar, el tiempo parcial involuntario, por preferir trabajar más horas. Y, en último lugar, los bajos salarios, devaluados y precarios, y que configuran el modelo de empleo juvenil como precario, inseguro y flexible (Santamaría, 2018). A modo de síntesis, véase la siguiente tabla: Tabla 1 Aproximación a la realidad juvenil NI-NI Edad Unión Europea: Jóvenes entre 15 y 24 años OCDE: Jóvenes entre los 15 y 29 años España: Jóvenes entre los 16 y 29 años. Aparece una nueva etiqueta, tardo- jóvenes (+29 años), para referir a aquellos con una situación de paro y de precariedad laboral. Crítica: La edad es la única característica que los jóvenes tienen en común. Sin embargo, clasifica y homogeneiza sus biografías. Educación y Formación Unión Europea: el joven no debe haber participado en ninguna actividad formativa o educativa en las cuatro últimas semanas OCDE: no deben encontrarse siguiendo programas de educación a tiempo completo o parcial, no teniendo en cuenta aquella educación de carácter no formal o acciones educativas que sean de muy corta duración. Variables a considerar: el joven no debe estar trabajando ni estudiando, ni de vacaciones, ni con responsabilidades familiares, ni estar incapacitado por algún tipo de enfermedad o discapacidad, como tampoco que se encuentre a la espera de un trabajo. Empleo Unión Europea y OCDE: los jóvenes no deben haber desarrollado una hora de trabajo remunerado en la última semana ni deben encontrarse de vacaciones, baja laboral u otra ausencia temporal del puesto de trabajo. Fuente: Elaboración propia El Debate de los NI-NIs en España Por otra parte, en el análisis de los indicadores presentados previamente en España relacionados con estas variables, junto a las de considerar como NI-NI a quienes desempeñan trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, ni estar incapacitados por enfermedad o Los jóvenes “Ni-Ni” 11 discapacidad y no encontrarse a la espera de un puesto de trabajo, cabe preguntarse: ¿con una hora de trabajo remunerado a la semana se puede vivir dignamente? Quien se encuentre al cargo de un familiar sin recibir ningún tipo de prestación, ¿puede suplir sus necesidades básicas? ¿Estar en búsqueda de empleo disminuye el riesgo de vulnerabilidad social? ¿Cómo conocer qué jóvenes están trabajando precariamente y sin cotizar a la Seguridad Social? En España, debido a la Gran Recesión económica de 2008 y a la caída de los ingresos en la administración pública, se ha ocasionado la conjetura de que una buena parte de la actividad laboral se realiza bajo la economía sumergida (García-Viña, 2015). De esta manera, es razonable suponer que el alto nivel de paro se debe a que en parte el empleo no es registrado en los datos oficiales del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) o del INE. Esta situación está creciendo considerablemente desde la aparición de la crisis (Jiménez & Martínez-Pardo, 2013), con efectos negativos para la ciudadanía y que atenta contra los derechos laborales y económicos, especialmente para los jóvenes que, de cara a su futuro, no van a tener prestación por desempleo ni acceso a una pensión digna. Para Carcillo, Fernández, Königs y Minea (2015), es relevante indicar que no todos los jóvenes NI-NI presentan las mismas características, por lo que se encuentran individuos con mayor o menor grado de vulnerabilidad; desde sujetos que provienen de un entorno con una calidad de vida elevada y que deciden de forma personal y voluntaria no trabajar, a otros individuos que se encuentran en entornos en situación de vulnerabilidad y exclusión social. Serracant (2012) considera otras variables para la definición de los NI-NI: la clásica variable de desigualdad, donde destaca el origen social, el género y la nacionalidad; la variable de carácter individual, definida por la situación de enfermedad y discapacidad que puede desarrollar o padecer el sujeto; y la variable familiar, donde tiene importancia el desarrollo personal del individuo dentro de la situación familiar en su hogar de origen. De esta forma, los jóvenes NI-NI son un grupo heterogéneo que presentan diferencias por género, nivel educativo y otras características en referencias a aspectos socio-económicos, demográficos y familiares (Dautrey, 2014) o su estatus migratorio o de pertenencia a una minoría cultural. De este modo, el abandono educativo temprano, el fracaso escolar y la escasa experiencia laboral, marcada por la precariedad y el desempleo, y como consecuencia de ello, la aparente falta de actividad juvenil que el colectivo presenta, están provocando procesos sociales de desigualdad, con riesgo de caer en situaciones de pobreza o exclusión social (Campos & Arceo-Gómez, 2011). Sin embargo, la baja cualificación, la acumulación de desventajas sociales y la posibilidad de verse en situación de desempleo, son las situaciones más comunes que contribuyen a una mayor vulnerabilidad (Carcillo et al., 2015). De este modo, el carecer de las habilidades, los recursos y los conocimientos necesarios para poder cambiar esta situación, hace que los coloque en una posición de riesgo de exclusión social (Bermúdez-Lobera, 2010). Además, la etapa juvenil, no está exenta de dificultades añadidas. En este sentido, los proyectos de vida de los jóvenes, en función del éxito o fracaso en sus transiciones formativas y laborales conducen, según los efectos contextuales de índole económica, social y política, al conocido “efecto cicatriz” al que nos referimos anteriormente. Desde esta perspectiva es ineludible identificar aspectos que provocan situaciones personales preocupantes, relacionadas con la conculcación de derechos sociales, en la línea de la propuesta de T. S. Marshall, o el enfoque de capacidades de A. Sen, que deberían estar garantizados a toda la ciudadanía. De esta forma, si no se pone en riesgo la capacidad del individuo para participar en actividades de índole social, laboral, educativa o comunitaria, convirtiéndose en un factor potencial de desintegración social (Subirats, 2016). Así, Escudero (2005) señala que cuando nos referimos a la exclusión y a la justicia social: Se habla de necesidades básicas o esenciales, que han de proveerse satisfactoriamente a todas las personas para que puedan funcionar en la vida con dignidad, con capacidades, libertad y autonomía, marcando la frontera de separación entre la integración y la exclusión social (p. 6). Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 12 En consecuencia, para el análisis de la definición de los jóvenes NI-NI, hay que considerar que es una etiqueta administrativa que responsabiliza al sujeto de esta situación, obviando la responsabilidad del Estado para hacer frente y asumir mediante la creación de políticas públicas. Asimismo, la etiqueta NI-NI, aunque desde sus orígenes ha sido referida a los jóvenes, en la actualidad, y siguiendo las consideraciones que se han ido analizando en el transcurso del texto, cualquier persona en el intervalo de sus diferentes ciclos vitales, puede estar con un nivel bajo de formación o con problemas de inserción laboral, por lo que, en esta amalgama de situaciones, la etiqueta NI-NI puede ser asociada también a una persona adulta (Serracant, 2012). Sin embargo, son los jóvenes, por sus circunstancias y características personales, los que más atención reciben para con su acometido futuro, que encuentra su misiva en la emancipación, poniendo fin a la etapa juvenil y afrontando el futuro con independencia y autonomía residencial y económica. Es decir, en este complejo escenario social, es relevante apuntalar la posición que estos jóvenes ocupan en la estructura social y, con relación en ello, en el diseño de las diferentes políticas pública, dentro de un contexto adultocrático, “donde el espacio adulto ocupa el núcleo y el espacio juvenil la periferia” (Giménez Gual, 2003, p. 161). De esta manera, la integración de la juventud en la sociedad pone en entredicho el poder de las instituciones para dar respuesta a este problema social, donde se acentúan las consecuencias de la crisis económica y la inactividad para hacer frente a los nuevos procesos de exclusión social (Castel, 2014). No obstante, consideramos que estas consecuencias no se miden en la misma proporción entre todas las personas NI-NI, resaltando la importancia del factor tiempo como algo transitorio, aunque, debido a las consecuencias de la crisis socio-económica, esta situación se ha alargado en cinco años (Serracant, 2012). Siguiendo esta idea y lejos de esta categorización de lo que se entiende al hablar de NI-NI como un problema mediatizado, es necesario ver el trasfondo que hay detrás de ello, donde encontramos un grupo de personas jóvenes que viven al margen tanto del sistema educativo como del mercado laboral, y posiblemente afecte además a su ámbito emocional, material y social (Navarrete Moreno, 2011). Además, las políticas públicas dirigidas a la población juvenil que, tras la crisis económica y bajo la supervisión de la Comisión Europea, el gobierno puso en marcha, dieron como resultado fuertes recortes en prestaciones y servicios, lo que produjo que los jóvenes se enfrentaran a un panorama incierto y poco halagüeño (Alonso, Fernández & Ibáñez, 2017). Metodología Se ha llevado a cabo un análisis de los trabajos más relevantes sobre jóvenes NI-NI y las diferentes transiciones educativas y laborales publicados entre 1998 y 2019, los cuales son el resultado de una revisión bibliográfica que ha ayudado a compilar las referencias más destacadas en este estudio. La información analizada corresponde a las bases de datos que se encontraban disponibles a través de la web de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada durante el periodo de búsqueda y que a continuación se enumeran: Dialnet, Scopus y Teseo. Asimismo, se ha consultado otros buscadores web como Google Scholar, que han permitido encontrar y reforzar los conocimientos de las bases de datos anteriores. Además, se ha hecho uso de todo aquel material del repositorio físico de la biblioteca de la Universidad de Granada con relación en el tema de estudio. Como categorías esenciales en el trabajo, se han señalado “jóvenes NI-NI”, “transiciones” “sistema educativo” y “mercado laboral”, como otras definiciones, relacionadas con el estudio, como partes del discurso elaborado. Se ha implementado el trabajo con un análisis descriptivo a partir de los datos extraídos de los microdatos de la EPA y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte donde se han realizado una secuencia de datos en relación a la situación juvenil pre-crisis, crisis y post-crisis, Los jóvenes “Ni-Ni” 13 además de profundizar en las cuestiones de sexo, nivel de formación alcanzado y motivos por los que los jóvenes no buscan empleo. Jóvenes NI-NI en España. Una Primera Aproximación Empírica En este apartado exponemos una breve radiografía sobre la configuración del fenómeno NI-NI en España, a partir de la explotación de los microdatos de la EPA, elaborada por el INE. Se muestra la evolución a lo largo de la última década, que recoge la caída de la actividad económica debida a la crisis y la posterior recuperación. Se distingue varios tipos de NI-NI, según su relación con la actividad económica: parados, activos potenciales e inactivos. Se mostrarán los motivos por los que no trabajan, en el periodo 2007-2017, separando varones y mujeres. Entendemos, según las definiciones recogidas por el Servicio Público de Empleo Estatal3 (SEPE), por joven activo potencial aquel que se encuentra sin trabajo y está disponible para trabajar, aunque no busca empleo por las siguientes variables: uno, tienen la sensación de que no lo encontrarán. Dos, están afectadas por una regulación de empleos, y, tres, están enfermos, por motivos personales, al cuidado de enfermos o niños, etc. Por parados, aquellos jóvenes que no se encuentran empleados en ningún trabajo, pero buscan activamente empleo. Y, por último, los inactivos, como aquellas personas que ni están ocupadas ni paradas. En este sentido, lo que se pretende es bosquejar la situación de los jóvenes NI-NI en España y ver cómo la etiqueta NI-NI tiene dificultades para ofrecer una definición teórica coherente que refleje el escenario de estos jóvenes (Martínez García, 2013; Serracant, 2012 ). Gráfica 1. Porcentaje de jóvenes (16-29 años) que NI estudian NI trabajan, entre 2007 y 2017 Fuente: Elaboración propia de los microdatos de los segundos trimestres la Encuesta de Población Activa (EPA) En esta representación, que comprende desde el 2007 al 2017, podemos apreciar que la evolución de los jóvenes en situación sin estudios y sin trabajo, está relacionada con la situación económica del país. En este sentido, podemos comprobar cómo en el año 2007, el porcentaje de estos jóvenes apenas superaba el 10% y, en la medida en que la crisis económica se acentuaba, este porcentaje iba aumentando hasta la cota más alta que se registró en el 2013, que llegaba al 23,5% de jóvenes NI-NI. Esta situación, nos permite afirmar que la situación de desempleo juvenil (16 a 24 años) está relacionada con la situación de crisis socioeconómica, a más nivel de crisis, mayor es el número de jóvenes desempleados. En líneas generales se puede afirmar que la tasa de paro juvenil tanto en España como en los países de nuestro entorno es aproximadamente el doble de la tasa de paro de la población, sin que esa proporción se vea afectada de forma consistente por el ciclo económico (Martínez García, 2015). Por tanto, cuando menos cabe relativizar en gran medida el diagnóstico que atribuye a alguna carencia juvenil (falta de 3 https://sede.sepe.gob.es/glosario/glosario.do 0.0 5.0 10.0 15.0 20.0 25.0 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 https://sede.sepe.gob.es/glosario/glosario.do Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 14 cualificación, de experiencia, o competencias “blandas”, como la inteligencia emocional) el aumento de los NI-NI, pues claramente su evolución está afectada por la marcha de factores de tipo estructural, como los originados por la Gran Recesión. Esta constancia tanto nacional como internacional muestra la dificultad de las políticas específicamente centradas en el paro juvenil, sin tener en cuenta el problema del paro en su conjunto. A menor situación de crisis económica, el porcentaje de jóvenes NI-NI desciende como se aprecia en el gráfico, llegando a bajar siete puntos porcentuales en relación al 2013, siendo un 16,5% de jóvenes los que actualmente son considerados NI-NI, tras los últimos datos del 2017. Gráfica 2. Jóvenes (16 a 29 años) según su relación con la actividad económica. Fuente: Elaboración propia de los microdatos de la Encuesta de Población Activa (EPA) Podemos desagregar a los NI-NI según su relación con la actividad económica: parados, activos potenciales e inactivos. En primer lugar, en cuanto al volumen de los inactivos, observamos que en el periodo 2007 - 2017 se ha mantenido más bien estable, entre el 5,7 y el 8,3%, En segundo lugar, en cuanto a los activos potenciales, su peso es mínimo (no pasan del 1,5%). Y, por último, los parados, que es el sector que más sensible al ciclo económico. De esta forma, cuando la crisis aún no había comenzado, el porcentaje de jóvenes parados sobre el total de jóvenes4 6,7% y, tras el boom de la construcción y el periodo de crisis, el porcentaje de parados sobre el total de jóvenes fue aumentando considerablemente, llegando a un 20,4% en el 2013, en el peor momento de la crisis. Tras el peor año del ciclo económico, el crecimiento del PIB se traduce en creación de empleo, que también llega a la población joven, como se muestra en el descenso de la tasa de jóvenes en paro. En el gráfico 3 observamos la evolución de chicos y chicas en la situación de NI-NI. Apreciamos que en la situación de bonanza económica las chicas están en mayor proporción en la situación de NI-NI, pero los chicos se muestran más sensibles al empeoramiento de la economía, llegando a superar a las chicas en los peores momentos. Posiblemente esto se debe a que la destrucción del empleo se concentró especialmente en el sector de la construcción, muy masculinizado (Martínez García, 2013). 4 No confundir con la tasa de paro. La tasa de paro es la proporción de jóvenes que busca empleo calculada sobre el total de activos (ocupados+parados), mientras que aquí el porcentaje está calculado sobre el total de jóvenes. 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 Parado 6.7% 9.6% 16.3% 17.3% 17.8% 19.9% 20.4% 17.6% 16.2% 14.6% 12.7% Activo potencial .8% 1.1% 1.3% 1.3% 1.3% 1.1% 1.5% 1.1% 1.0% .8% .9% Inactivo 8.3% 7.6% 7.6% 6.6% 6.7% 6.0% 6.4% 5.7% 6.2% 6.5% 6.8% 0.0% 5.0% 10.0% 15.0% 20.0% 25.0% Los jóvenes “Ni-Ni” 15 Gráfica 3: Evolución de la frecuencia de jóvenes (16 a 29 años) NI-NI por sexo. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPA. Gráfica 4. Motivos por los que los varones NI-NI inactivos no buscan empleo5. Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPA. Cuando se pregunta a los NI-NI por los motivos para no buscar empleo, entre los varones domina “otras razones”, que no responden a las principales causas entre el conjunto de la población. En este punto, podríamos interpretar o bien que las circunstancias de los varones jóvenes son muy específicas, o bien que son más anómicas, en el sentido que su proyecto de vida no se integra en función de los fines especificados socialmente (estudiar, trabajar y formar una familia). En este punto, estos NI-NI anómicos quizá sean los que más se ajustan al imaginario que se ha construido de juventud, pasiva o bohemia, que desarrolla proyectos de vida alternativos o es indolente; aunque en puridad, los más anómicos serían los que contestan que 5 Ver anexo Varones (primera tabla) 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% Otras razones Tiene otras responsabilidades familiares o personales Cuidado de niños o de adultos enfermos, discapacitados o mayores Por enfermedad o incapacidad propia Está afectado por una regulación de empleo Cree que no lo va a encontrar No sabe Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 16 “no saben”, aunque son muy pocos. El siguiente motivo es el de enfermedad o incapacidad, que obviamente va más allá de la propia voluntad de estar en esta situación. Le sigue “cree que no va a encontrar empleo”, que obviamente aumenta en el periodo de crisis, y es una expectativa de inserción laboral. En el caso de las mujeres (Gráfica 5), cabe destacar que entre el 70 y el 80% de las que están en situación de NI-NI se dedican a lo que podríamos englobar como trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. En este punto, la clasificación androcéntrica de la actividad económica, que solo considera el empleo en el mercado de trabajo remunerado, invisibiliza la actividad productiva y reproductiva de las mujeres en el ámbito privado. Muchas mujeres NI-NI cuentan como inactivas desde el punto de vista de las clasificaciones convencionales de la actividad económica, a pesar, de que como vemos, realizan sin remuneración actividades que sí tienen valor económico, debido al sesgo androcéntrico con el que se clasifica la actividad económica (Carrasco y Mayordomo, 2005; Durán, 2017). El siguiente motivo entre las mujeres es la enfermedad o incapacidad. Gráfica 5. Motivos por los que las mujeres NI-NI inactivas no buscan empleo6 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la EPA. Como vemos, la diferencia de motivación bajo la situación de ser NI-NI engloba situaciones muy heterogéneas, tanto a nivel fenomenológico y vivencial, como determinantes objetivos dados por la estructura social (como las variaciones en el desempleo debidas al ciclo económico). En primer lugar, hay una gran diferencia de género, pues las chicas están dedicadas a trabajo doméstico no remunerado, tradicionalmente asignado a su rol de género, por lo que no tiene que ver con una supuesta pasividad atribuida a los jóvenes NI-NI, pero sí podría ser un lastre para su posterior desarrollo profesional, en caso de que no quieran ser amas de casa, dada la falta de reconocimiento de tal experiencia ocupacional. En segundo lugar, los problemas de salud desempeñan cierta relevancia entre los motivos para estar inactivo. En tercer lugar, los 6 Ver anexo Mujeres (segunda tabla) 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% Otras razones Tiene otras responsabilidades familiares o personales Cuidado de niños o de adultos enfermos, discapacitados o mayores Por enfermedad o incapacidad propia Está afectado por una regulación de empleo Cree que no lo va a encontrar No sabe Los jóvenes “Ni-Ni” 17 chicos muestran un patrón posiblemente más anómico que las chicas, pues sus motivos para la inactividad se apartan de los aducidos por el conjunto de la población. Y, en cuarto lugar, el NI- NI inactivo sin especificar, se mantiene más o menos constante a lo largo del ciclo económico. Posiblemente habría que indagar más en los factores psicológicos por no querer seguir el orden establecido en el ciclo vital, o simplemente su situación económica familiar es lo suficientemente desahogada para poder vivir sin trabajar. Discusión de los Datos Como observamos en la evolución porcentual del incremento y/o descenso de los jóvenes NI-NI tras la situación de crisis socioeconómica y en relación a los diversos estudios que analizan la variable “jóvenes” y “mercado laboral”, destacamos la aportación de Jansen, Jiménez- Martín y Gorjón (2016), en la que establecen que los jóvenes es uno de los colectivos que más están padeciendo las consecuencias más negativas de la crisis socioeconómica, donde el mercado laboral está siendo agresivo con la población menor de 30 años. Siguiendo la línea de estas consideraciones y en el intento de dar respuesta a las cuestiones planteadas anteriormente, es necesario comprender que, para vivir de forma digna, es fundamental el acceso a un trabajo estable y seguro, que le permita al joven disfrutar de una independencia y autonomía lejos del regazo familiar. No obstante, en la actualidad, los procesos hacia la vulnerabilidad emergen en cierta medida tras la desposesión de las prestaciones sociales a los referentes paternales, por lo que garantizar el bienestar juvenil dentro de un hogar sin recursos, es una tarea que se complejiza cada vez con más fuerza y que, en consecuencia, muchos de estos jóvenes, tras esta situación de desempleo y precariedad, acaban aceptando trabajos sumergidos, sin garantías e inestables. Así, en esta amalgama de situaciones, en el gráfico 1, se vislumbra cómo los jóvenes, en una situación de crisis socioeconómica, responden al ciclo económico, lo que produce en tiempos de inestabilidad económica serios problemas para encontrar o mantener el empleo. Tras la intensa expansión económica del último ciclo de crecimiento económico (que comienza en 1994), especialmente a partir de la introducción del euro (2002), la Gran Recesión de 2008, seguida de la crisis del euro de 2010 llevó a España al mayor descenso de PIB desde la Guerra Civil y a una intensa destrucción de empleo, situación que se revierte a partir de 2014. Si durante la fase expansiva creció especialmente el empleo de baja productividad (Carabaña 2016), que facilitó la incorporación al mercado de trabajo de jóvenes sin estudios, durante la fase recesiva la destrucción de empleo se centró en los sectores de baja cualificación (Martínez García, 2015, 2016; Oficina Internacional del Trabajo, 2012). En relación al gráfico 2, se puede observar cómo el número de jóvenes en situación de paro es superior a otras situaciones con respecto a la actividad económica, como son los activos potenciales y los inactivos. En relación a estas categorías, se puede constatar que los primeros apenas suman el 1,5% de los jóvenes que se encuentran disponibles para trabajar, pero están desanimados y no buscan trabajo, y, los segundos, que en sus porcentajes más altos ascienden al 7,6% del total de jóvenes, corresponden a aquellos que no se encuentran realizando ninguna actividad económica remunerada, no producen y se encuentran ocultos para la administración. Otra cuestión importante para la discusión es la situación de los jóvenes por sexo (gráfica 3), que presentan diferencias sustanciales entre mujeres y hombres, siendo ellos los más perjudicados durante el periodo de crisis, donde aumentan el número de desempleados. En las mujeres también ha habido un aumento, pero menos relevante. No obstante, ellas, tanto antes de la crisis como en el último año contemplado ostentan los peores resultados, solo superados por ellos, en los años de máxima expansión del problema económico. Además, y sumado a la situación de crisis, el género también es una variable a considerar en la medida en que ellas están desarrollando unas transiciones que no se ajustan a los roles tradicionales (Jurado, 2001) o son clasificadas económicamente como inactivas, donde la mayoría de las jóvenes NI-NI realizan trabajo doméstico y de cuidados, por lo que su actividad es clave para el sostenimiento familiar Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 18 (Torre & Baquerin, 2017). De esta manera, es necesario matizar que según la situación familiar que tenga en el hogar, tiene que ocupar su tiempo en el cuidado de familiares que se encuentran en una situación dependiente, ya sea por enfermedad o discapacidad, de hermanos/as pequeños/as, o bien, realizando las tareas domésticas de limpieza e higiene, lo que supone un parón en sus trayectorias hacia el mercado laboral (Martín Palomo, 2016). Por último, entre las diferentes situaciones que tienen los jóvenes y que les imposibilita la búsqueda de empleo, y que se han apreciado en las gráficas 4 y 5, destacan, por un lado, aquellas que tienen que ver con el cuidado a otras personas, ya sean enfermas, con discapacidad, y, por otro lado, aquellas que tienen responsabilidades familiares como hijos o hermanos, donde la falta de políticas de conciliación familiar y laboral, acarrean un futuro lleno de incertidumbre, sobre todo para las mujeres, protagonista en el espacio familiar. Y es aquí, donde estos procesos no pueden dejarse excluidos en el intento de entender cómo funciona el sistema, de manera que, el hogar familiar, es clave en la actividad económica y en el engranaje del desarrollo humano, donde ni el Estado, ni la sociedad ni las empresas asumen esta responsabilidad, quedando las mujeres a cargo del trabajo no remunerado de actividades domésticas y de cuidados (Orozco, 2013). Conclusiones La categoría de NI-NI surge para referirse a un grupo muy concreto de jóvenes en un momento dado del tiempo, y así focalizar ciertas políticas públicas juveniles de lucha contra la vulnerabilidad y la exclusión social. A medida que la etiqueta ha cobrado éxito mediático y político, se ha expandido, agrupando a jóvenes en situaciones muy diversas, por lo que deja de ser relevante para entender los problemas juveniles y para orientar las políticas públicas. En primer lugar, porque estigmatiza a los jóvenes en tal situación. Como hemos visto, los NI-NI varían con la evolución de la economía, de forma contra-cíclica (aumentan los NI-NI cuando hay recesión), por lo que no tiene sentido emplear una categoría que da a entender que se está en esa situación por cierta pasividad. La variación se debe principalmente al aumento de los jóvenes en desempleo. En tanto que la tasa de paro juvenil se mantiene más o menos estable como el doble de la tasa de la población (Martínez García, 2015), la mejor forma de disminuir el aumento de los NI-NI debido al desempleo es disminuir el desempleo en general, pues la experiencia muestra que su nivel está muy anclado en el conjunto de la población, y no es por tanto un problema específico de los jóvenes. Esta constancia en el tiempo y en tantos países nos lleva a desconfiar de las políticas de empleo juvenil, pues parece que no son capaces de disminuir la proporción entre empleo joven y adulto. No obstante, aunque en la literatura se pueden encontrar programas exitosos puntualmente que promueven la inserción laboral de los jóvenes, esta constancia nos lleva a pensar, que las políticas de empleo no trascienden de forma igualitaria para todos, es decir, solo llegarán a un segmento de la sociedad en detrimento de otro. Por otro lado, la categoría de NI-NI es especialmente lesiva con la situación de las mujeres, pues invisibiliza su trabajo no remunerado en actividades del hogar y de cuidados. Pero ellas se están dedicando a trabajo doméstico y tareas de cuidados, por lo que no es cierto que no estén trabajando, en todo caso, trabajan sin salario. También hemos observado una constancia en el volumen de NI-NI inactivos, incluyendo los potencialmente activos, por lo que parece que este colectivo es más insensible al ciclo económico, a diferencia de los NI-NI en paro. En este colectivo tenemos dos grupos claramente diferenciados: quienes tienen problemas de salud y los que podríamos llamar anómicos, debido a que sus motivos quedan especificados como “otros”, es decir, se apartan de los típicos motivos para no trabajar. Este colectivo es mucho mayor entre los varones que entre las mujeres, lo que también podría estar relacionado con mayores conductas de riesgo por parte de los chicos. La heterogeneidad que hemos detectado entre los NI-NI debe ser analizada más en profundidad. Por un lado, estudiando mejor sus trayectorias vitales, de cómo entran y salen de Los jóvenes “Ni-Ni” 19 esta situación. Por otro, sus trayectorias sociales, las relaciones entre el nivel socioeconómico y cultural de su familia y cómo logran finalizar su integración como adultos en el mercado de trabajo. Especialmente debe tenerse en cuenta ser NI-NI es una situación que experimentan solo de jóvenes, o es un anticipo de una trayectoria vital con continuas entradas y salidas de la situación de empleo. Por último, cabe profundizar más en las circunstancias que llevan a esa situación. Quedan muchos motivos inespecíficos y queda por indagar los motivos por lo que tampoco estudian. En resumen, la crisis económica, especialmente para los varones, el trabajo doméstico y de cuidados para las mujeres, y problemas de salud, dan cuenta de un gran porcentaje de los jóvenes en situación de NI-NI. Usar una etiqueta que aparenta motivos homogéneos y de pasividad achacables directamente a estos jóvenes no parece la mejor forma de pensar sus problemas y posibles soluciones. El paro juvenil descenderá en la medida que descienda el paro adulto, por lo que no cabe esperar un gran éxito de las políticas centradas en la juventud, que bien son poco eficaces o bien solo alcanzan a un volumen reducido de jóvenes (Mascherini, Salvatore, Meierkord & Jungblut, 2012). Por un lado, en el caso de las mujeres, vemos que la dificultad no solo está en las oportunidades de empleo o de cualificación, sino en el trabajo no remunerado doméstico y de cuidados, por lo que para aminorar este colectivo necesitamos mejores políticas de conciliación. Por otro lado, observamos un porcentaje más o menos constantes de NI-NI inactivo, de motivos inespecíficos, a lo largo del ciclo económico. Este colectivo, que podemos llamar anómico, tiene un peso cercano al 10% de los jóvenes, y nos lleva a pensar que las políticas dirigidas hacia ellos no están teniendo el éxito esperado, es decir, no se reconocen ni en el mercado de trabajo ni posiblemente en el sistema educativo, lo que será una continuidad futura de trabajo, donde, políticas de la Unión Europea, como el plan de Garantía Juvenil, con sus contenidos, retos y controversias intenta poner freno a la situación juvenil de estar sin formación y sin trabajo (Gentile & Hernández Diez, 2015). Referencias Alonso, L. E., Fernández, C. J., & Ibáñez, R. (2017). Juventud y percepciones de la crisis: Precarización laboral, clases medias y nueva política. EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales, 37, 155-178. Ballesteros, J. C., & Sanmartin, A. (2017). Emancipación en tiempos de crisis. Revista de Estudios de Juventud, 116, 143-154. Barbería, J.L. (2009). Generación ‘ni-ni’: Ni estudia ni trabaja. 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Los jóvenes “Ni-Ni” 23 Anexo Tabla A1 Motivos por los que los varones NI-NI inactivos no buscan empleo Jóvenes NI-NI 16 a 29 años Año 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 Motivos por los que no busca empleo Cree que no lo va a encontrar 6,3% 7,1% 3,3% 6,7% 10,6% 15,5% 15,0% 15,4% 18,0% 14,9% 16,2% 10,2% 8,6% Está afectado por una regulación de empleo ,4% ,1% 0,0% 0,0% ,5% ,1% ,6% ,1% ,1% ,4% 0,0% ,1% 0,0% Por enfermedad o incapacidad propia 25,0% 29,4% 32,1% 28,7% 30,4% 28,8% 27,8% 27,1% 22,6% 29,0% 32,6% 25,8% 30,8% Cuidado de niños o de adultos enfermos, discapacitados o mayores ,4% ,4% 1,6% 1,0% ,3% ,7% ,7% ,6% 1,5% 3,7% ,4% ,7% 1,5% Tiene otras responsabilidades familiares o personales 10,3% 7,9% 9,1% 9,6% 6,9% 10,4% 11,5% 12,2% 8,9% 7,8% 13,8% 14,6% 14,7% Trabajo doméstico y cuidados 10,8% 8,3% 10,7% 10,7% 7,2% 11,1% 12,2% 12,8% 10,4% 11,5% 14,2% 15,3% 16,2% Otras razones 53,0% 50,7% 46,3% 52,1% 49,3% 43,6% 41,6% 42,0% 45,0% 42,4% 33,8% 47,9% 42,6% No sabe 4,5% 4,4% 7,6% 1,9% 2,0% ,9% 2,7% 2,6% 3,9% 1,8% 3,2% ,8% 1,8% 'Anómicos' 57,5% 55,1% 53,9% 54,0% 51,3% 44,4% 44,4% 44,6% 48,9% 44,1% 37,0% 48,7% 44,4% Total 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% N 452.273 390.610 374.374 546.659 838.484 823.923 798.608 851.301 811.387 692.030 656.232 596.041 512.809 Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 24 Nota: Las categorías trabajo doméstico y anómicos son subtotales de las dos categorías previas, por lo q deben excluirse para que la columna sume 100 Tabla A2 Motivos por los que las mujeres NI-NI inactivas no buscan empleo Jóvenes NI-NI 16 a 29 años Año 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 Motivos por los que no busca empleo Cree que no lo va a encontrar 3,9% 2,5% 2,1% 3,6% 5,0% 7,2% 8,0% 7,7% 9,0% 8,4% 5,7% 4,4% 3,3% Está afectado por una regulación de empleo ,1% ,1% ,3% 0,0% ,2% ,2% ,8% ,0% 0,0% 0,0% 0,0% 0,0% 0,0% Por enfermedad o incapacidad propia 11,0% 10,3% 9,4% 12,8% 10,0% 11,7% 12,4% 11,8% 15,3% 15,9% 18,2% 18,4% 18,0% Cuidado de niños o de adultos enfermos, discapacitados o mayores 29,5% 29,2% 32,2% 27,9% 30,5% 26,6% 30,8% 23,7% 20,4% 28,1% 19,3% 24,4% 20,1% Tiene otras responsabilida des familiares o personales 25,3% 25,3% 26,7% 27,2% 26,7% 23,9% 21,7% 28,9% 21,7% 17,6% 28,4% 27,8% 29,2% Trabajo doméstico y cuidados 54,8% 54,6% 58,9% 55,1% 57,2% 50,5% 52,5% 52,6% 42,1% 45,7% 47,6% 52,3% 49,3% Otras razones 28,1% 30,4% 27,6% 27,3% 27,3% 29,1% 25,2% 26,8% 32,9% 28,7% 26,3% 24,5% 29,1% No sabe 2,2% 2,2% 1,6% 1,2% ,3% 1,3% 1,1% 1,0% ,7% 1,2% 2,2% ,4% ,3% 'Anómicos' 30,3% 32,6% 29,3% 28,5% 27,6% 30,3% 26,4% 27,8% 33,6% 29,9% 28,5% 24,8% 29,4% Total 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% N 725.312 660.127 655.564 664.749 797.147 767.710 778.898 761.495 796.274 704.571 648.859 610.072 556.327 Los jóvenes “Ni-Ni” 25 Sobre los Autores Juan García-Fuentes Universidad de Granada garciafuentesj@ugr.es García-Fuentes es licenciado en Pedagogía y es investigador en formación en la Universidad de Granada. Está adscrito al Departamento de Pedagogía de la misma universidad y vinculado al Grupo de Investigación, Políticas y Reformas Educativas (HUM 308). Sus líneas de investigación están relacionadas con la juventud y las transiciones, con un enfoque en los grupos más desfavorecidos. José Saturnino Martínez García Universidad de La Laguna josamaga@ull.es https://orcid.org/0000-0002-8688-0293 Profesor Contratado Doctor, Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna. Licenciado en CC. Políticas y Sociología (Universidad Complute nse), Máster en Economía de la Educación y del Trabajo (Universidad Carlos III) y Doctor en Sociología (Universidad Autónoma de Madrid), especializado en desigualdad y educación. Ha sido becario en el Centro de Investigaciones Sociológicas, en la Universid ad Complutense y en la Universidad de Salamanca. Ha realizado estancias de investigación en la Universidad de Wisconsin (Madison), de Santiago de Chile y de Chile, en la de Buenos Aires y en varias universidades españolas. Ha sido profesor en la Universidad de Salamanca y en el Centro de Investigaciones Sociológicas. Entre 2007 y 2011 fue Vocal Asesor en el Gabinete del Presidente Rodríguez Zapatero. Ha publicado varios artículos en revistas académicas sobre educación, desigualdad y teoría sociológica. Autor de La equidad y la educación (2017) y de Estructura social y desigualdad en España (2013). Además, ha realizado informes o asesorado a diversas instituciones, como el Ministerio de Educación o el Congreso de los Diputados, y colabora con diversos medios de comunicación, como ElDiario.es, El País, o Cadena Ser. mailto:garciafuentesj@ugr.es mailto:josamaga@ull.es https://orcid.org/0000-0002-8688-0293 Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 26 archivos analíticos de políticas educativas Volumen 28 Número 20 3 de febrero 2020 ISSN 1068-2341 Los/as lectores/as pueden copiar, mostrar, distribuir, y adaptar este articulo, siempre y cuando se de crédito y atribución al autor/es y a Archivos Analíticos de Políticas Educativas, los cambios se identifican y la misma licencia se aplica al trabajo derivada. Más detalles de la licencia de Creative Commons se encuentran en https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/. Cualquier otro uso debe ser aprobado en conjunto por el autor/es, o AAPE/EPAA. La sección en español para Sud América de AAPE/EPAA es publicada por el Mary Lou Fulton Teachers College, Arizona State University y la Universidad de San Andrés de Argentina. Los artículos que aparecen en AAPE son indexados en CIRC (Clasificación Integrada de Revistas Científicas, España) DIALNET (España), Directory of Open Access Journals, EBSCO Education Research Complete, ERIC, Education Full Text (H.W. Wilson), PubMed, QUALIS A1 (Brazil), Redalyc, SCImago Journal Rank, SCOPUS, SOCOLAR (China). Por errores y sugerencias contacte a Fischman@asu.edu Síganos en EPAA’s Facebook comunidad at https://www.facebook.com/EPAAAAPE y en Twitter feed @epaa_aape. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/ http://www.doaj.org/ http://www.doaj.org/ https://www.facebook.com/EPAAAAPE Los jóvenes “Ni-Ni” 27 archivos analíticos de políticas educativas consejo editorial Editor Consultor: Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Editores Asociados: Felicitas Acosta (Universidad Nacional de General Sarmiento), Armando Alcántara Santuario (Universidad Nacional Autónoma de México), Ignacio Barrenechea, Jason Beech ( Universidad de San Andrés), Angelica Buendia, (Metropolitan Autonomous University), Alejandra Falabella (Universidad Alberto Hurtado, Chile), Veronica Gottau (Universidad Torcuato Di Tella), Carolina Guzmán-Valenzuela (Universidade de Chile), Antonio Luzon, (Universidad de Granada), Tiburcio Moreno (Autonomous Metropolitan University-Cuajimalpa Unit), José Luis Ramírez, (Universidad de Sonora), Axel Rivas (Universidad de San Andrés), Maria Veronica Santelices (Pontificia Universidad Católica de Chile) Claudio Almonacid Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile Ana María García de Fanelli Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) CONICET, Argentina Miriam Rodríguez Vargas Universidad Autónoma de Tamaulipas, México Miguel Ángel Arias Ortega Universidad Autónoma de la Ciudad de México Juan Carlos González Faraco Universidad de Huelva, España José Gregorio Rodríguez Universidad Nacional de Colombia, Colombia Xavier Besalú Costa Universitat de Girona, España María Clemente Linuesa Universidad de Salamanca, España Mario Rueda Beltrán Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM, México Xavier Bonal Sarro Universidad Autónoma de Barcelona, España Jaume Martínez Bonafé Universitat de València, España José Luis San Fabián Maroto Universidad de Oviedo, España Antonio Bolívar Boitia Universidad de Granada, España Alejandro Márquez Jiménez Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM, México Jurjo Torres Santomé, Universidad de la Coruña, España José Joaquín Brunner Universidad Diego Portales, Chile María Guadalupe Olivier Tellez, Universidad Pedagógica Nacional, México Yengny Marisol Silva Laya Universidad Iberoamericana, México Damián Canales Sánchez Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, México Miguel Pereyra Universidad de Granada, España Ernesto Treviño Ronzón Universidad Veracruzana, México Gabriela de la Cruz Flores Universidad Nacional Autónoma de México Mónica Pini Universidad Nacional de San Martín, Argentina Ernesto Treviño Villarreal Universidad Diego Portales Santiago, Chile Marco Antonio Delgado Fuentes Universidad Iberoamericana, México Omar Orlando Pulido Chaves Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (IDEP) Antoni Verger Planells Universidad Autónoma de Barcelona, España Inés Dussel, DIE-CINVESTAV, México José Ignacio Rivas Flores Universidad de Málaga, España Catalina Wainerman Universidad de San Andrés, Argentina Pedro Flores Crespo Universidad Iberoamericana, México Juan Carlos Yáñez Velazco Universidad de Colima, México javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/819') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/820') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/4276') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/1609') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/825') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/797') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/823') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/798') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/555') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/814') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/2703') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/801') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/801') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/826') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/802') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/3264') javascript:openRTWindow('http://epaa.asu.edu/ojs/about/editorialTeamBio/804') Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 28, No. 20 28 education policy analysis archives editorial board Lead Editor: Audrey Amrein-Beardsley (Arizona State University) Editor Consultor: Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Associate Editors: Melanie Betrand, David Carlson, Lauren Harris, Eugene Judson, Mirka Koro- Ljungberg, Daniel Liou, Scott Marley, Molly Ott, Iveta Silova (Arizona State University) Cristina Alfaro San Diego State University Amy Garrett Dikkers University of North Carolina, Wilmington Susan L. Robertson Bristol University Gary Anderson New York University Gene V Glass Arizona State University Gloria M. Rodriguez University of California, Davis Michael W. Apple University of Wisconsin, Madison Ronald Glass University of California, Santa Cruz R. Anthony Rolle University of Houston Jeff Bale OISE, University of Toronto, Canada Jacob P. K. Gross University of Louisville A. G. Rud Washington State University Aaron Bevanot SUNY Albany Eric M. Haas WestEd Patricia Sánchez University of University of Texas, San Antonio David C. Berliner Arizona State University Julian Vasquez Heilig California State University, Sacramento Janelle Scott University of California, Berkeley Henry Braun Boston College Kimberly Kappler Hewitt University of North Carolina Greensboro Jack Schneider University of Massachusetts Lowell Casey Cobb University of Connecticut Aimee Howley Ohio University Noah Sobe Loyola University Arnold Danzig San Jose State University Steve Klees University of Maryland Jaekyung Lee SUNY Buffalo Nelly P. Stromquist University of Maryland Linda Darling-Hammond Stanford University Jessica Nina Lester Indiana University Benjamin Superfine University of Illinois, Chicago Elizabeth H. DeBray University of Georgia Amanda E. Lewis University of Illinois, Chicago Adai Tefera Virginia Commonwealth University Chad d'Entremont Rennie Center for Education Research & Policy Chad R. Lochmiller Indiana University Tina Trujillo University of California, Berkeley John Diamond University of Wisconsin, Madison Christopher Lubienski Indiana University Federico R. Waitoller University of Illinois, Chicago Matthew Di Carlo Albert Shanker Institute Sarah Lubienski Indiana University Larisa Warhol University of Connecticut Sherman Dorn Arizona State University William J. Mathis University of Colorado, Boulder John Weathers University of Colorado, Colorado Springs Michael J. Dumas University of California, Berkeley Michele S. Moses University of Colorado, Boulder Kevin Welner University of Colorado, Boulder Kathy Escamilla University of Colorado, Boulder Julianne Moss Deakin University, Australia Terrence G. Wiley Center for Applied Linguistics Yariv Feniger Ben-Gurion University of the Negev Sharon Nichols University of Texas, San Antonio John Willinsky Stanford University Melissa Lynn Freeman Adams State College Eric Parsons University of Missouri-Columbia Jennifer R. Wolgemuth University of South Florida Rachael Gabriel University of Connecticut Amanda U. Potterton University of Kentucky Kyo Yamashiro Claremont Graduate University Los jóvenes “Ni-Ni” 29 arquivos analíticos de políticas educativas conselho editorial Editor Consultor: Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Editoras Associadas: Andréa Barbosa Gouveia (Universidade Federal do Paraná), Kaizo Iwakami Beltrao, (Brazilian School of Public and Private Management - EBAPE/FGVl), Sheizi Calheira de Freitas (Federal University of Bahia), Maria Margarida Machado, (Federal University of Goiás / Universidade Federal de Goiás), Gilberto José Miranda, (Universidade Federal de Uberlândia, Brazil), Marcia Pletsch, Sandra Regina Sales (Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro) Almerindo Afonso Universidade do Minho Portugal Alexandre Fernandez Vaz Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil José Augusto Pacheco Universidade do Minho, Portugal Rosanna Maria Barros Sá Universidade do Algarve Portugal Regina Célia Linhares Hostins Universidade do Vale do Itajaí, Brasil Jane Paiva Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Brasil Maria Helena Bonilla Universidade Federal da Bahia Brasil Alfredo Macedo Gomes Universidade Federal de Pernambuco Brasil Paulo Alberto Santos Vieira Universidade do Estado de Mato Grosso, Brasil Rosa Maria Bueno Fischer Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Brasil Jefferson Mainardes Universidade Estadual de Ponta Grossa, Brasil Fabiany de Cássia Tavares Silva Universidade Federal do Mato Grosso do Sul, Brasil Alice Casimiro Lopes Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Brasil Jader Janer Moreira Lopes Universidade Federal Fluminense e Universidade Federal de Juiz de Fora, Brasil António Teodoro Universidade Lusófona Portugal Suzana Feldens Schwertner Centro Universitário Univates Brasil Debora Nunes Universidade Federal do Rio Grande do Norte, Brasil Lílian do Valle Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Brasil Geovana Mendonça Lunardi Mendes Universidade do Estado de Santa Catarina Alda Junqueira Marin Pontifícia Universidade Católica de São Paulo, Brasil Alfredo Veiga-Neto Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Brasil Flávia Miller Naethe Motta Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro, Brasil Dalila Andrade Oliveira Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil