Académicos formados en el extranjero: Contribuciones al desarrollo de las ciencias sociales en el noreste mexicano Página web: http://epaa.asu.edu/ojs Artículo recibido: 3-2-2022 Facebook: /EPAAA Revisiones recibidas: 18-6-2022 Twitter: @epaa_aape Aceptado: 22-6-2022 archivos analíticos de políticas educativas Revista académica evaluada por pares, independiente, de acceso abierto y multilingüe Arizona State University Volumen 30 Número 176 6 de diciembre 2022 ISSN 1068-2341 Académicos Formados en el Extranjero: Contribuciones al Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Noreste Mexicano Juan Sordo Universidad Regiomontana México Citación: Sordo, J. (2022). Académicos formados en el extranjero: Contribuciones al desarrollo de las ciencias sociales en el noreste mexicano. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, 30(176). https://doi.org/10.14507/epaa.30.7441 Resumen: La actividad científica en regiones periféricas ha estado marcada históricamente por su dependencia de los llamados países desarrollados. El objetivo de este trabajo es identificar los roles más relevantes que académicos posgraduados en el extranjero han jugado en el desarrollo de las ciencias sociales en el noreste de México, de 1960 al presente. Se realizaron 26 entrevistas con actores clave del campo científico regional, triangulando la información obtenida con literatura sobre el campo y con datos de los padrones anuales del Sistema Nacional de Investigadores. Los hallazgos muestran contribuciones determinantes como introductores de saberes y prácticas de investigación, aunque condiciones institucionales limitan sus aportaciones y les demandan también un rol activo en la legitimación social de su campo científico. Palabras clave: movilidad científica; profesión académica; ciencias sociales; campos científicos; ciencia periférica Foreign-trained scholars: Contributions to social sciences development in northeast Mexico Abstract: Historically, a dependent relationship to so-called developed countries has strongly influenced scientific endeavors in peripheral regions. The objective of this work is to identify relevant roles that scholars with abroad postgraduate diplomas have played in the development of social sciences in northeastern Mexico since 1960. Twenty-six interviews were conducted with https://doi.org/10.14507/epaa.30.7441 Académicos formados en el extranjero 2 key actors in the regional scientific field. Data from these interviews was triangulated with available literature on the field and with data from the annual National System of Researchers registers. While these actors were decisively confirmed as introducers of knowledge and research practices, institutional weakness limits their contributions and requires them to play active role in the social legitimation of their scientific field. Key words: scientific mobility; academic profession; social sciences; scientific fields; peripheral science Acadêmicos formados no exterior: Contribuições para o desenvolvimento das ciências sociais no nordeste mexicano Resumo: A atividade científica em regiões periféricas tem sido historicamente marcada por sua dependência dos países desenvolvidos. O objetivo deste trabalho é identificar as funções mais relevantes que os acadêmicos de pós-graduação no exterior desempenharam no desenvolvimento das ciências sociais no nordeste do México, desde 1960 até o presente. Foram realizadas 26 entrevistas com atores-chave do campo científico regional, triangulando as informações obtidas com a literatura da área e com os dados dos cadastros anuais do Sistema Nacional de Pesquisadores. Os achados mostram contribuições decisivas como introdutores de saberes e práticas da pesquisa, embora as condições institucionais limitem suas contribuições e também demandem uma função ativo na legitimação social de seu campo científico. Palavras-chave: mobilidade científica; profissão acadêmica; ciências sociais; campos científicos; ciência periférica Académicos Formados en el Extranjero: Contribuciones al Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Noreste Mexicano En los años setenta comenzaron a desplegarse en México considerables esfuerzos para promover el desarrollo de la actividad científica y fortalecer la educación superior. Veinte años después, ya se había consolidado un andamiaje de políticas federales (Álvarez Mendiola, 2004; Luna- Morales, 2012) que estableció un esquema de control gubernamental a distancia sobre las instituciones de educación superior (IES) y los académicos, mediante la entrega condicionada de recursos con base en los resultados de evaluaciones de su desempeño (Galaz-Fontes & Gil-Antón, 2013; Moreno Arellano, 2017). También se logró instaurar un nuevo “patrón de legitimidad académica” (Álvarez Mendiola, 2004) inspirado en la ciencia practicada en los llamados países desarrollados. Este proceso, que ocurrió en un contexto de transformaciones análogas en varias naciones latinoamericanas, modificó profundamente las exigencias hacia el profesorado universitario. Siguiendo el modelo de las research universities norteamericanas, se erigió como ideal un nuevo perfil que incluyó la dedicación a tiempo completo, la tenencia de títulos de posgrado y la realización tanto de actividades de docencia como de investigación inserta en circuitos internacionales de generación de conocimiento (Véliz-Calderón et al., 2018). Entre las diversas estrategias implementadas por estas políticas en México, el fomento de los estudios de posgrado en el exterior y la atracción de científicos extranjeros han ocupado un lugar destacado. Entre 1971 y 2015, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) otorgó más de 60 mil becas para cursar posgrados fuera de México (CONACyT, 2015) y la Secretaría de Educación otras 2,500 mediante su Programa de Desarrollo del Profesorado de 1998 a 2012 (Rodríguez Jiménez et al., 2016). Por otra parte, solo a través del programa de Cátedras Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 3 Patrimoniales de CONACyT, llegaron al país aproximadamente mil investigadores extranjeros entre 1992 y 2001 (Izquierdo, 2010). El Sistema Nacional de Investigadores (SNI), uno de los instrumentos más importantes de la política científica mexicana por la centralidad que ha alcanzado para el otorgamiento de reconocimiento académico1 (Camarillo Hinojoza et al., 2020; Galaz Fontes et al., 2020), también ha contribuido a la alta valoración de los diplomas de posgrado extranjeros. Como mostraron Didou Aupetit y Gerard, este sistema consolidó “la adquisición de una formación en el extranjero [como] un factor determinante en el acceso al rango de élites científicas” (2011, p. 42). Por ello, en un considerable volumen de investigaciones se han estudiado los rasgos y las trayectorias de los académicos (extranjeros y mexicanos) formados en el exterior, sus contribuciones a sus grupos de trabajo o a sus campos disciplinares y las políticas de internacionalización que favorecen su presencia (Cornu & Gérard, 2016; Didou Aupetit & Gérard, 2011; Durand Villalobos & Rodríguez Jiménez, 2015; García-Pascacio et al., 2020; Góngora Jaramillo, 2015; Izquierdo 2010; Trejo Peña, 2020) Por otra parte, uno de los principales objetivos que persiguieron los esfuerzos de desarrollo científico-educativo fue la descentralización de la actividad científica que se localizaba casi totalmente en la capital del país. El fomento de la práctica científica en diversas regiones ha tenido resultados evidentes. Por ejemplo, las publicaciones científicas generadas fuera de la Ciudad de México pasaron de 18% a 56% del total nacional entre 1980 y 2013 (Flores Vargas & Collazo Reyes, 2017) y, para el periodo 1991-2011, cinco universidades estatales estuvieron entre las diez instituciones con mayor producción (Rodríguez Miramontes et al., 2017). La incorporación de profesores-investigadores formados en el extranjero (en adelante PIFE) a IES locales ha sido fundamental en este proceso de descentralización. Sin embargo, salvo excepciones como el trabajo de Durand Villalobos y Rodríguez Jiménez (2015), ha recibido poca atención. Para el caso de las disciplinas sociales, su desarrollo en las diversas regiones mexicanas posee un interés adicional. En primer lugar, debido a la compleja relación que las ciencias sociales mantienen con las sociedades locales que son, a la vez, sus objetos de estudio, sus contextos de práctica y una fuente de legitimación (Brunner, 1988). Ese interés deriva también de las dificultades para ajustarse al nuevo patrón de legitimidad académica que han mostrado algunos segmentos del profesorado, sobre todo en instituciones carentes de tradición en investigación social. Por ello, desde su creación en 1977, el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO) ha promovido y estudiado el proceso de desarrollo y descentralización de estas disciplinas. Así, se ha documentado un avance importante, pero con fuertes diferencias entre regiones, instituciones y disciplinas (Álvarez Mendiola, 2004; Béjar Navarro & Hernández Bringas, 1996; Benítez Zenteno, 1987; Benítez Zenteno & Silva Ruiz, 1984; Contreras-Gómez et al., 2020; Perló Cohen, 1994; Puga Espinosa & Contreras, 2015). Tampoco en el estudio de este proceso se ha prestado una atención particular a los PIFE. Por lo tanto, en este trabajo se decidió estudiar la participación de académicos formados fuera del país en el desarrollo de las ciencias sociales en una región subnacional mexicana. Específicamente, se planteó como objetivo identificar cuáles son los roles más destacados que profesores-investigadores formados en el extranjero han jugado en el surgimiento y el desarrollo de la actividad científico social en la región noreste de México, esto desde el inicio del proceso de descentralización científica. Esta delimitación geográfica, que circunscribimos a los estados de 1 El SNI es un programa creado en 1984 que entrega estímulos económicos mensuales a los investigadores que obtienen resultados favorables en evaluaciones periódicas a las que se someten voluntariamente. El Sistema otorga a cada miembro aceptado una categoría (candidato, I, II, III y emérito). La membresía del SNI se ha convertido en uno de los reconocimientos científicos más relevantes en el país. Académicos formados en el extranjero 4 Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas2, presenta una relevancia particular. Por una parte, la región tiene una participación destacada en la economía nacional; cuenta, además, con una reconocida oferta en educación superior –sobre todo en Nuevo León, que alberga dos de las universidades más longevas del país y es un polo de atracción para académicos extranjeros (Didou Aupetit & Durand Villalobos, 2013)–. Pese a ello, las disciplinas sociales han tenido una presencia limitada y la investigación en esta área de conocimiento comenzó a consolidarse apenas en la década de 1990. Adicionalmente, esta región ha recibido poca atención en los mencionados estudios sobre las ciencias sociales en México3 y sobre los científicos formados en el extranjero. Referentes Conceptuales Científicos Formados en el Exterior y Desarrollo de la Ciencia en Latinoamérica Históricamente, la actividad científica en el mundo en “vías de desarrollo” ha estado marcada por su dependencia del “mundo desarrollado” (Gaillard et al., 1997; Kreimer, 2019; O’Brien & Aravantis, 2019; Vessuri, 2017). Una de las principales manifestaciones de esta dependencia ha sido la presencia de científicos provenientes de países desarrollados o formados en ellos. En Latinoamérica, según Kreimer (2006, 2015), esto ha ocurrido de acuerdo con tres modelos sucesivos. Primero, entre finales del siglo XIX y principios del XX, la práctica de algunas disciplinas comenzó con las estancias de científicos extranjeros que crearon espacios institucionales y formaron a los primeros investigadores locales. Posteriormente, durante la mayor parte del siglo XX, muchos científicos latinoamericanos recibieron una formación básica en sus países y luego realizaron doctorados en el extranjero. Un tercer modelo inició al final del siglo pasado, cuando la salida al extranjero comenzó a desplazarse hacia el periodo posdoctoral; situación que se explica por la convergencia de una mayor oferta de doctorados locales (de la Fare & Rovelli, 2021) y una creciente movilidad internacional como parte de la actividad científica a nivel global (Czaika & Orazbayev, 2018). Aunque este esquema histórico es orientador, lo cierto es que las dinámicas de movilidad científica en Latinoamérica durante las últimas décadas son más diversas de lo que propone el tercer modelo de Kreimer. En varios países, por ejemplo, la atracción de científicos extranjeros (Pedone & Izquierdo, 2018) y la repatriación de nacionales (García-Pascacio et al., 2020) fueron intensas en la década de 1990. Asimismo, realizar doctorados en el extranjero continúa siendo una alternativa altamente valorada porque, como se indicó antes, allana el camino para ingresar a las élites científicas locales. Ahora bien, aunque suele presuponerse que la presencia de investigadores con trayectorias formativas internacionalizadas fortalece los sistemas científicos de los países en desarrollo, solo recientemente se han comenzado a estudiar empíricamente sus desempeños y sus contribuciones concretas. Trabajos realizados, lo mismo en Latinoamérica o África que en algunas naciones de Asia y Europa del Este, asocian las experiencias previas de movilidad internacional con un mejor cumplimiento de los estándares científicos que fueron importados de países desarrollados (Kabbanji et al., 2019; Müller et al., 2018). Kim sostiene que quienes reciben su formación en el exterior desarrollan un “capital identitario transnacional que puede catalizar la generación de nuevo conocimiento” (2017, p. 993), mientras que Jacob y Meeks consideran que son figuras claves para 2 Existen diferentes delimitaciones del noreste mexicano. Esta es la más reconocida por la comunidad científica local y ha sido utilizada por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico. 3 En uno de los estudios más abarcadores sobre la situación de las ciencias sociales en México (Puga Espinosa & Contreras, 2015), la tasa de respuesta al instrumento utilizado fue tan baja en el noreste que no permitió hacer inferencias válidas sobre la región. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 5 “trasplantar exitosamente modelos institucionales de un contexto a otro” (2013, p. 342). Más concretamente, se ha documentado que estos actores tienen más colaboraciones internacionales y posicionan con mayor frecuencia sus productos de investigación en circuitos internacionales o hegemónicos (Eduan, 2019; Karakaş, 2020). En sintonía con estos hallazgos, pero específicamente en el espacio latinoamericano, el estudio de estos académicos ha permitido caracterizarlos como eslabones en cadenas de circulación de conocimientos (Cornu & Gérard, 2016) y como intermediarios en el acceso a los recursos disponibles en los circuitos científicos internacionales. Como eslabones portadores de saberes, los PIFE pueden difundir las pautas del trabajo académico practicado en los centros globales de producción científica (Didou Aupetit & Gérard, 2011) a los que se encuentran vinculados. Además, “son capaces de poner en marcha o alterar los procesos de producción de conocimiento locales y de movilizar conjuntos de conocimiento” (Rodríguez-Medina et al., 2019, p. 567) que permiten el “desarrollo de temas y enfoques en las disciplinas y especialidades en las que trabajan” (Góngora Jaramillo, 2015, p. 150). Como intermediarios, pueden aprovechar las relaciones que establecieron en sus lugares de formación para vincular a los grupos e instituciones en los que trabajan con entidades o redes extranjeras (Didou Aupetit & Durand Villalobos, 2013), o bien, para obtener “acceso a determinados soportes de publicación y a fuentes de financiamiento” (Didou Aupetit, 2014, p. 152) localizados en el exterior. Los Campos Científicos en la Periferia A partir de la intensificación de la movilidad internacional dentro del sistema científico global, las nociones de centro y periferia han tenido que repensarse. Como sostiene Beigel, la sujeción pasiva Sur-Norte no refleja la situación actual de la periferialidad latinoamericana en la que “la dependencia y la autonomía intelectual conviven conflictivamente” (2016, p. 13). Desde la Europa Oriental, por su parte, Luczaj (2020) propone entender la condición periférica distinguiendo seis dimensiones: periferia de estatus, de trayectoria, de lugar de trabajo, mental, lingüística y relacional. En este trabajo se busca destacar, sobre todo, que la periferialidad de un campo científico está determinada no solo por su posición en el sistema científico global, sino también por la situación del espacio social en el que se encuentra enraizado. Esto determina que los campos científicos en las periferias se estructuren de una forma marcadamente diferente a los que se localizan en polos centrales. Partiendo de esta premisa, Rodríguez Medina (2014) propone una reelaboración de la noción bourdiana de campo científico. Únicamente los campos situados en los centros, señala, presentan cuatro características fundamentales descritas por Bourdieu: condiciones de acceso estrictas, alto número de miembros, elevada autonomía frente a otros campos sociales y capitales provenientes mayoritariamente de fuentes internas. A diferencia de estos campos plenamente institucionalizados, los campos científicos en contextos periféricos (que Rodríguez Medina denomina campos-en-red [networked fields]) poseen condiciones de acceso más laxas, pocos actores, baja autonomía y capitales que “usualmente provienen del mundo desarrollado y de campos científicos más avanzados” (Rodríguez Medina, 2014, p. 23). Esto condiciona que los campos-en-red tengan niveles más bajos de especialización y de estandarización de procedimientos de investigación. También predomina el aislamiento entre la mayoría de sus miembros. Sin embargo, las dinámicas de intercambio dependen fuertemente de unos pocos individuos que operan como “nodos altamente conectados” (Rodríguez Medina, 2014, p. 28) y que generalmente poseen “vínculos privilegiados con los centros globales de producción científica” (Rodríguez-Medina et al., 2019, p. 563). En sus relaciones con el exterior, los campos-en- red son invadidos fácilmente por fuerzas económicas y políticas, o bien por otros campos intelectuales que les disputan la autoridad en la producción de conocimiento sobre la realidad social Académicos formados en el extranjero 6 (Rodríguez Medina, 2014). En las ciencias sociales, su íntima relación con las sociedades locales hace que esta permeabilidad sea aún mayor. Institucionalización y Legitimación de las Ciencias Sociales en Regiones Subnacionales A partir del estudio del caso argentino, se ha planteado que en las periferias pueden desarrollarse campos académicos nacionales heterogéneos en los que coexisten tanto “asimetrías en la distribución de la capacidad de investigación [como] circuitos segmentados de reconocimiento” (Beigel, 2021; p. 7). En México, intentar cumplir el patrón de legitimidad impuesto por las políticas científico-educativas ha resultado particularmente demandante para los científicos sociales (Gil Antón & Contreras Gómez, 2017), sobre todo en aquellos espacios institucionales sin tradición de investigación (Álvarez Mendiola, 2004) que suelen localizarse fuera de la región central (Contreras- Gómez et al., 2020). En dichos espacios se introdujeron al mismo tiempo: la exigencia de adoptar un ethos mertoniano –que todavía no había sido incorporado suficientemente– y esquemas de competencia en el trabajo académico. Esto se tradujo en una intensa presión para emular la ciencia practicada en los países desarrollados, generando oportunidades para la incorporación de PIFE en las IES en las diversas regiones. Pero, al hacerse de forma apresurada, no se han logrado generar las “condiciones institucionales ad hoc” (Didou Aupetit, 2014, p. 140) que permitan la contribución plena de estos actores a los núcleos de trabajo en los que se insertan. Además de la falta de tradición en investigación y de la debilidad institucional, en las regiones subnacionales las ciencias sociales enfrentan con frecuencia otro obstáculo a su desarrollo. La vida académica en estos contextos suele estar marcada por “la dependencia de los grupos de poder locales y [por una dinámica] que excluye de determinadas redes a quienes no son afines e impone formas de actuación de tipo mafioso” (Hualde Alfaro, 2012, p. 109). Así, aun cuando las políticas que buscan impulsar la creación o el fortalecimiento de espacios institucionales adecuados tienen cierto éxito, estos difícilmente logran una plena institucionalización de la práctica científica, porque intereses ajenos a la lógica académica y meritocrática interfieren con frecuencia en las dinámicas organizaciones de las IES. En estos contextos regionales subnacionales, la legitimidad social de las ciencias sociales suele encontrarse permanentemente amenazada. Ante este escenario, puede acrecentarse el potencial que poseen los académicos formados en el extranjero de actuar como agentes legitimadores; en particular en sociedades como las latinoamericanas, en las que el mundo desarrollado sigue operando como “la fuente esencial de validación cultural” (Miller, 1999, como se citó en Rodríguez Medina, 2014, p. 21). Método Este trabajo corresponde a la fase exploratoria de un proyecto de investigación actualmente en ejecución en el que se busca evaluar la contribución de académicos formados en el extranjero al desarrollo de las ciencias sociales en el noreste mexicano4. El objetivo que aquí se cubre representa un paso en esa dirección y consiste en identificar cuáles son los roles más relevantes desempeñados por PIFE que han incidido en la evolución de ese campo científico de 1960 a la actualidad. Para ello se empleó una metodología cualitativa, fundamentalmente a través de entrevistas a informantes clave, cuyos resultados fueron triangulados con información proveniente de un conjunto de fuentes documentales. 4 El proyecto ha sido financiado a través de la Convocatoria de Investigación Científica Básica CONACyT 2017-2018. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 7 La pertinencia de este abordaje por medio de entrevistas viene dada por rasgos de los campos científico-sociales periféricos discutidos en el apartado teórico y que se ven acentuados en los espacios subnacionales; es decir, autonomía reducida, institucionalización precaria, bajos niveles de estandarización de procedimientos técnicos y dinámicas de intercambio con marcada dependencia de un número limitado de sus miembros. Esto hace que la acción de los académicos se encuentre profundamente condicionada por los contextos institucionales y sociales locales; situación de la que derivan fuertes implicaciones que fue necesario atender para asegurar el logro del objetivo planteado. Por una parte, las contribuciones de los actores académicos que deben considerarse no son solo aquellas vinculadas directamente a las actividades de investigación o a la publicación de resultados, sino también las que corresponden a otras dimensiones de su labor académica, a responsabilidades administrativas e incluso a dinámicas de tipo informal. Por otra parte, la identificación de los roles desde los cuáles se realizaron esas contribuciones requiere comprender los contextos inmediatos en los que los PIFE actuaron y las formas en que buscaron modificarlos o sortear las limitaciones que imponían. Una vía de acceso especialmente adecuada para cubrir ambos requerimientos se encuentra en las narrativas, experiencias y valoraciones personales de sujetos que poseen un conocimiento directo de episodios destacados en la evolución del campo científico o que cuentan con una perspectiva privilegiada sobre ese proceso. Se realizaron 26 entrevistas semiestructuradas a igual número de informantes clave del sistema científico-social norestense. Dos de ellos eran funcionaros federales vinculados a la política científico-educativa en la región; el resto, investigadores adscritos a IES del noreste (tanto extranjeros como nacionales, formados dentro y fuera del país). A partir de algunos sujetos identificados inicialmente por su amplio reconocimiento, la inclusión de nuevos entrevistados siguió la técnica de bola de nieve (Atkinson & Flint, 2001), dando preferencia a quienes tenían largas trayectorias académicas en el noreste o habían ocupado cargos académico-administrativos. También se procuró construir una muestra diversa en cuanto a género, edad, disciplinas, entidades de residencia e instituciones de adscripción (Ver Tabla 1). Las entrevistas se desarrollaron entre enero y junio de 2020, con una duración promedio de 80 minutos. Para su realización se utilizó un guion organizado en tres bloques de preguntas. Las preguntas que sintetizan la información que se buscó recabar en cada bloque son las siguientes: 1) ¿Cuál es la situación actual del campo de las ciencias sociales en la región noreste de México?; 2) ¿Cuáles fueron y cómo se desarrollaron las iniciativas, proyectos o episodios considerados como hitos en la evolución de este campo (en su conjunto, o bien en cada entidad federativa, institución y disciplina)?; 3) ¿De qué forma han contribuido a esa evolución los académicos formados en posgrados extranjeros? Después de su transcripción, las entrevistas fueron sometidas a un análisis temático reflexivo (Nowell et al., 2017). Se realizó primero una codificación abierta del material. Posteriormente, mediante la comparación y agrupamiento de los códigos que emergieron, se generaron categorías temáticas que fueron luego refinadas considerando su recurrencia en las narrativas de los diferentes informantes y su relevancia respecto al objetivo de la investigación (Braun & Clarke, 2006). Mediante este procedimiento se establecieron tres ejes temáticos principales: evolución del campo; factores que favorecieron o dificultaron esta evolución y contribuciones de PIFE. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 1 Tabla 1 Principales Características de los Entrevistados Profesores-Investigadores No. Sexo Nacimiento País origen País doctorado Institución Estado Disciplina SNI 1 M 1970 Francia Canadá ITESM Nuevo León Economía No 2 F 1966 Francia Francia ITESM Nuevo León Sociología No 3 M 1961 México México CIESAS Nuevo León Comunicación I 4 M 1963 México México UANL Nuevo León Antropología I 5 F 1974 Uruguay Reino Unido ITESM Nuevo León Geografía No 6 M 1982 México México UANL Nuevo León Sociología I 7 M 1942 Argentina Argentina UANL Nuevo León Psicología Social I 8 M 1981 España España Colef Tamaulipas Geografía I 9 M 1959 México Estados Unidos Colef Tamaulipas Comunicación I 10 M 1944 México Francia UAdeC Coahuila Historia I 11* M 1965 México México Colef Nuevo León Geografía II 12 M 1953 México Francia ITESM Nuevo León Sociología III 13* F 1961 México México Colef Tamaulipas Sociología III 14 M 1962 México México UAdeC Coahuila Economía No 15 F 1971 México México UAT Tamaulipas Criminología I 16* F 1955 México México UAT Tamaulipas Educación C 17 F 1958 Alemania Alemania UANL Nuevo León Sociología II 18 M 1935 México Estados Unidos+ UAT Tamaulipas Psicología Social No 19 M 1961 México Francia UAdeC Coahuila Comunicación I 20 M 1946 Cuba Cuba UAdeC Coahuila Historia No 21 M 1941 Argentina Países Bajos UANL Nuevo León Historia III 22* M 1967 México España UAdeC Coahuila Economía I 23* F 1979 México México UAT Tamaulipas Economía C 24* M 1951 México Reino Unido+ UAT/Coltam Tamaulipas Educación I Funcionarios No. Sexo Dependencia Periodo Activo 25 F Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología 2018-presente 26 F Secretaría de Educación Pública (Comisiones Programa Integral de Fortalecimiento Institucional) 2001-2005 Fuente: Elaboración propia. SNI: Pertenencia y categoría en el Sistema Nacional de Investigadores(Candidato). CIESAS: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. Colef: Colegio de la Frontera Norte. Coltam: Colegio de Tamaulipas. ITESM: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. UAdeC: Universidad Autónoma de Coahuila. UANL: Universidad Autónoma de Nuevo León. UAT: Universidad Autónoma de Tamaulipas. * El entrevistado ocupa o ha ocupado cargos académico-administrativos en sus instituciones de adscripción. + País de maestría en el extranjero para entrevistados con doctorados obtenidos en México. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 1 Los datos obtenidos de este análisis fueron triangulados con información proveniente de: a) literatura disponible sobre las ciencias sociales en el panorama nacional y regional, b) fuentes documentales sobre IES de la región (informes, publicaciones institucionales, entradas históricas en sitios web institucionales…) y c) padrones anuales del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) con años y lugares de formación de sus miembros5. Esto permitió proponer una periodización de la evolución del campo científico-social regional en función de la creación de espacios institucionales y programas de docencia o investigación, de su relación con las políticas científico-educativas federales, así como del número de miembros del SNI y sus lugares de obtención del doctorado. Al contextualizar las contribuciones de los académicos formados en el extranjero dentro de las diferentes etapas de esta evolución, fue posible precisar cuáles fueron los roles que estos han jugado. Características y Evolución de las Ciencias Sociales en el Noreste Mexicano Aunque el SNI solo incluye a un segmento destacado de los científicos mexicanos, permite delinear un panorama que coincide con la percepción de los informantes clave sobre la evolución y la composición actual de su campo. Durante la década de los ochenta la presencia de investigadores sociales en el noreste fue escasa (Durin, 2011; Navarro Leal et al., 2014; Sandoval Hernández, 2008;). En 1991, solo 10 habían ingresado al SNI6. En cambio, en 2019, este Sistema registraba ya 368 miembros en el área de Ciencias Sociales en los tres estados del noreste7. Si se consideran los 550 investigadores que han pertenecido al Sistema en algún momento del periodo estudiado, se observa una alta concentración en Nuevo León (67%) y, por tipo de institución, en las tres universidades públicas estatales (UPE) (62%). Comparada con otras regiones, es fuerte la presencia en IES privadas, con 29% de los investigadores. Las sedes de El Colegio de la Frontera Norte (COLEF) en los tres estados y la del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), localizada actualmente en Monterrey, agrupan apenas a 5.5% del total, pero son referentes de investigación y trabajo académico de calidad. Prácticamente la mitad de estos 550 investigadores obtuvo su doctorado en el extranjero. Este panorama representa un crecimiento significativo que, según los informantes clave, dependió directamente de las políticas implementadas a nivel federal. Mientras que el número de científicos sociales en el SNI en todo México se multiplicó por 10 entre 1991 y 2019, en el noreste el incremento fue 3.5 veces mayor. Se observan, sin embargo, indicios de un nivel relativamente bajo de consolidación del campo. Por ejemplo, menos del 3% de los miembros del SNI en 2019 se encontraba en la categoría más alta (nivel III), frente al 8% a nivel nacional. Aunque esto podría explicarse por el desarrollo regional tardío, es extendida entre los informantes la percepción de que la baja consolidación de su campo ha estado condicionada por un entorno sociocultural que, 5 Para el número total de investigadores se consideraron los datos desagregados por estados que el SNI contabiliza anualmente desde 1991. Solo se tuvo acceso a los padrones con los miembros individuales a partir de 1999, por lo que los lugares y años de obtención de doctorado se documentaron para los miembros activos en el periodo 1999-2019. Esta última información fue obtenida a partir de un registro parcial del propio SNI, complementado a través de consultas a los perfiles individuales de los investigadores disponibles en bases de datos de publicaciones científicas, en sitios web de sus instituciones de adscripción o en redes sociales académicas reconocidas. 6 En 1991 el SNI registraba de manera conjunta a las ciencias sociales y las humanidades. Para este dato se contabilizaron solamente los adscritos en disciplinas que después se incluirían en el área de Ciencias Sociales. 7 En adelante, si no se indica algo diferente, cuando se mencionen los investigadores miembros del SNI se hace referencia a este segmento (área de Ciencias Sociales en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas). Académicos formados en el extranjero 2 “colonizado por la empresa” 8, resulta adverso a la actividad científico-social.9 Comparte esta impresión una funcionaria federal que afirmó que, al asumir su cargo, encontró que en la región “se apoyaban nada más ciertas líneas de investigación y entre esas, evidentemente, nunca estaban las Ciencias Sociales […] porque existe esta noción de que no son productivas”. Este contexto percibido como adverso y la escasez de investigadores que persiste en algunas disciplinas han fomentado la tendencia a identificarse colectivamente con la comunidad supradisciplinar de las ciencias sociales. Asimismo, más allá de las clasificaciones oficiales, es relativamente extendido el reconocimiento de los historiadores y de los antropólogos como parte de esta comunidad. Los informantes también coinciden en que la incorporación de PIFE a IES de la región ha sido fundamental para el surgimiento y la evolución de su campo; no obstante, son diversas las formas en que justifican esta percepción y las posiciones que consideran que estos actores han ocupado dentro de este campo. Por ello, para contextualizar con precisión los roles y las aportaciones concretas de estos académicos, se presenta enseguida una breve periodización de la evolución del campo científico-social regional. Primeros Espacios Institucionales y Experiencias Pioneras (1958-1974) Antes de que iniciara el proceso de descentralización científica en México, se crearon en el noreste (sobre todo en las UPE) algunas entidades académicas y programas de licenciatura con el apoyo de investigadores de la UNAM o del Colegio de México. Sus plantas docentes eran limitadas y no contaban con condiciones adecuadas para la investigación. Destaca por ello el proyecto de la Escuela de Economía de la Universidad de Nuevo León (todavía no autónoma) impulsado a inicios de los sesenta por académicos formados en el exterior (Martínez Martínez, 2002; Rivas et al., 2016), donde se creó un centro de investigación y surgió una línea de estudio sobre ingreso y movilidad social que fue pionera en México (Escobar Latapí, 2018). Lamentablemente, tensiones políticas propiciaron el abandono del proyecto original al final de este periodo. Inicios del Campo Científico Social Regional (1975-1989) El arribo de académicos sudamericanos exiliados fortaleció algunos programas de docencia, como los de la Facultad de Filosofía de la UANL. Continuó la apertura de programas –algunos de maestría– y entidades académicas en las UPE (en la UAT a través de una intensa colaboración con la UNAM) y en la Universidad de Monterrey (institución privada). Mientras que en otras regiones se fundaron Colegios dedicados al posgrado y la investigación en ciencias sociales (los de Michoacán, Sonora, Jalisco, el Mexiquense y el COLEF), en el noreste solo se instalaron sedes secundarias del COLEF. De los 21 miembros del SNI que se doctoraron durante este periodo 20 lo hicieron fuera de México (la mayoría en Estados Unidos o en Francia). 8 Cuando se presentan citas textuales de las entrevistas, no se identifica al entrevistado individualmente para cuidar en lo posible su identidad y para destacar que la cita representa percepciones compartidas por los entrevistados. Solo se brindan algunas indicaciones sobre la clase de actor de que se trata o sobre su posición cuando resulta necesario para comprender el fragmento citado. 9 Cabe aclarar que un pequeño segmento de entrevistados sostiene que el desinterés regional hacia la ciencia no distingue áreas del conocimiento. Aun así, es un hecho que las demandas prioritarias de investigación en las tres entidades han estado vinculadas al desarrollo tecnológico-industrial y al comercio (Foro Consultivo Científico y Tecnológico, 2009). Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 3 Adopción del Nuevo Patrón de Legitimidad Científica (1990-1999) Caracterizó a este periodo la progresiva adopción de este patrón de legitimidad, impulsada por unas políticas científicas nacionales mejor articuladas. Se crearon algunas entidades académicas orientadas a la investigación y el posgrado, como el Centro Multidisciplinario de Estudios Regionales de la UAT o el Centro de Investigaciones Socioeconómicas (CISE) de la UAdeC. La Facultad de Trabajo Social de la UANL incorporó la primera maestría al Padrón de Excelencia CONACyT y ofreció el primer doctorado en ciencias sociales en la región. La apertura de espacios dedicados a la enseñanza y la investigación social en el Tecnológico de Monterrey marcó el inicio de la fuerte presencia privada en el campo. También se instaló una sede del CIESAS en Coahuila. Buena parte de quienes impulsaron y formaron parte de estas iniciativas fueron PIFE; de hecho, Nuevo León se convirtió en un polo de atracción de académicos extranjeros. Al cierre del periodo, 25 investigadores de la región habían ingresado al SNI. 49 de los 61 miembros del SNI doctorados durante este periodo tienen diplomas extranjeros; Estados Unidos fue el polo de formación dominante. Auge de las Ciencias Sociales en el Noreste (2000-2014) Continuó la apertura de programas de posgrado, ahora con la clara aspiración de incorporarse al Padrón Nacional de Posgrados de Calidad de CONACyT (PNPC, antes Padrón de Excelencia). La creación del Colegio de Tamaulipas (2002) y la reubicación de la sede del CIESAS en Monterrey completaron la configuración institucional actual del campo. Con variantes en sus estrategias, las principales IES aprovecharon el sistema de políticas de ciencia y educación superior para fortalecer sus entidades y sus núcleos académicos; aunque también se señaló la existencia de prácticas de simulación académica para acceder a los estímulos disponibles. El número de miembros del SNI se multiplicó por 15 en este periodo (y duplicó su participación como parte del total regional para todas las áreas de conocimiento). También avanzó progresivamente el autorreconocimiento como comunidad científico-social. México fue por primera vez el principal país de formación, con poco más de la mitad de los miembros del SNI doctorados en estos años (casi dos tercios de ellos con diplomas otorgados por IES locales, principalmente la UANL). España se convirtió con claridad en el mayor polo de formación extranjera; situación criticada por algunos miembros de la comunidad que consideran que, en la región, algunos programas doctorales españoles gozan de un prestigio que no resulta acorde a su calidad. Desaceleración del Crecimiento del Campo (2015-presente) El 70% de los miembros del SNI doctorados en el periodo se formaron en México (Ver Tabla 2). Aunque esto podría indicar cierta consolidación, no se han creado nuevos espacios institucionales y se han cerrado algunos programas de formación. Han surgido preocupaciones por la limitada capacidad de incorporar a los científicos locales formados en el extranjero a su regreso y porque continúa siendo reducido el tamaño de los grupos académicos –incluso de los más reconocidos–. Algunos investigadores pioneros han comenzado a retirarse y ha dejado de crecer el peso relativo de las ciencias sociales dentro del SNI. El cambio profundo en la administración pública que propuso el gobierno federal electo en 2018 es también un factor de incertidumbre sobre el futuro del campo. Académicos formados en el extranjero 4 Tabla 2 Lugar y Periodo de Obtención de Doctorado, Miembros del SNI Ciencias Sociales* en el Noreste (1999-2019) Lugar de obtención Periodo de obtención Total 1975-1989 1990-1999 2000-2014 2015-2019 México 1 (4.8%) 12 (19.7%) 198 (52%) 61 (70.1%) 272 (49.5%) Extranjero 20 (95.2%) 49 (80.3%) 183 (48%) 26 (29.9%) 278 (50.5%) Estados Unidos 7 29 47 5 88 Canadá 2 3 4 0 9 España 1 6 82 12 101 Francia 7 4 12 2 25 Reino Unido 2 3 15 2 22 Otros países europeos 0 1 14 2 17 Cuba 1 0 6 1 8 Otros países latinoamericanos 0 2 2 2 6 Japón 0 1 1 0 2 Total 21 61 381 87 550 Fuente: Elaboración propia con datos del CONACyT (1999-2019). * De 1999 a 2021, el SNI identificó a las ciencias sociales como área V; a partir de 2021 fueron reclasificadas como área VI. Roles de los Profesores Investigadores Formados en el Extranjero Como se ha mostrado, en unas cuantas décadas el campo científico-social regional experimentó un profundo proceso de transformación. Aunque esta transformación puede tener coincidencias con la que han atravesado instituciones de mayor tradición en ciencias sociales en México y Latinoamérica, en estas últimas ocurrió a lo largo de un periodo mucho más prolongado. Esto permite que se puedan diferenciar más claramente por etapas las diferentes contribuciones que los científicos formados en el extranjero han hecho a esos procesos de cambio. Por el contrario, los distintos roles que estos actores han jugado en el noreste se acercan en el tiempo y pueden recaer en los mismos sujetos. La celeridad con la que ocurrió esta transformación en la región también dio lugar a exigencias y a oportunidades de ejercer roles que podrían resultar específicos a un contexto periférico subnacional. Eslabones de Cadenas de Saber: Pioneros Tardíos e Innovadores El principal rol ejercido en el noreste durante las décadas de 1960 y 1970 por científicos sociales formados en el extranjero –junto a otros que fueron formados en instituciones del centro del país como la UNAM y el COLMEX– fue el de introductores de saberes disciplinares que no habían sido aplicados ni enseñados en la región o en algunas de sus IES. Este rol fue relevante Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 5 incluso dentro de disciplinas que sí contaban con antecedentes de práctica local10 o para las que ya se habían creado espacios de enseñanza, pero que no disponían de un profesorado adecuado. A propósito de su llegada a mediados de la década de 1970 a un Colegio recién creado en una de las UPE, un entrevistado extranjero comentó: “No tenían a quién poner que tuviera una licenciatura. No te hablo, como ahora, de un doctorado, ¡una licenciatura en Historia! […] Para que yo tuviera que venirme a trabajar acá desde la otra punta del continente era porque no les quedaba otra alternativa”. Ahora bien, dados los desequilibrios intrarregionales en el desarrollo científico de las distintas entidades federativas, instituciones y disciplinas, algunos PIFE también fungieron como pioneros durante etapas posteriores. Así fue referido respecto a la creación de programas de docencia o a la formación de pequeños grupos de investigación en la UAT, en la UAdeC y en el Tecnológico de Monterrey durante los años noventa. De lo reciente que ha sido en ciertos casos el ejercicio de este rol de pioneros y de su influencia aún vigente sobre la formación de nuevos investigadores dio cuenta uno de los entrevistados de la siguiente manera: “Tú ves los libros de ciencias sociales que hay, pues son sus tesistas [de los primeros PIFE que llegaron]. Y son los abuelos de los actuales tesistas, por decirlo de algún modo”. Como antes se señaló, la introducción tardía de algunas disciplinas significó que el inicio de su práctica ocurriera al tiempo que la región se incorporaba a una dinámica que demandaba competitividad e internacionalización. Con ello, se vio drásticamente reducida la distancia que generalmente separa la introducción de saberes disciplinares básicos de la disputa por el capital académico mediante el impulso de enfoques novedosos. Así, algunos de los PIFE que fueron pioneros en sus disciplinas también capitalizaron su formación en el exterior al introducir enfoques teóricos, metodológicos o temáticos que les distinguían en un campo cada vez más competitivo. Un informante que atestiguó esta dinámica se refirió en los siguientes términos a los profesores que, por ejemplo, introdujeron la metodología cualitativa o a los teóricos franceses en sus espacios de influencia: “Venían con formaciones académicas muy sólidas, con teorías muy recientes y tenían una enorme ventaja frente a los locales”. Sobre uno de estos pioneros, el mismo entrevistado compartió de manera detallada cómo se convirtió en un referente regional, más allá de su propia disciplina, al introducir un modo de entender la realidad social muy diferente a [la de] los historiadores locales; al hacer la historia de la burguesía local […] de lo que había sido la obtención de riqueza en esta región y que nadie se había atrevido a decir11, ¿no?, o que todos la habían explicado de un modo de que: “¡qué trabajadores!, ¡qué buenos patrones!, ¡qué buena suerte tuvieron!”. Cuando en verdad hubo un proceso de explotación y de obtención de un capital originario. También se reconoció de manera reiterada en las entrevistas la destacada participación de académicos formados en el extranjero en la introducción del enfoque regional que caracteriza a algunos de los programas de investigación más robustos y sostenidos (sobre todo en los ámbitos del 10 Sobre la Historia, por ejemplo, incluso un autor como Espinosa Martínez, que aboga por valorar el trabajo historiográfico neoleonés previo, reconoce que antes de 1974 esa obra fue realizada por “abogados, periodistas, literatos o médicos [que] carecen de una formación académica como historiadores” (2007, pp. 100-102). 11 Esta cita, en particular la frase “lo que nadie se había atrevido a decir”, es también ilustrativa de un rol que se describirá más adelante en relación con la legitimación de las ciencias sociales y, especialmente, con la posibilidad de cultivar enfoques críticos sobre fenómenos sociales que involucran intereses de los grupos de poder locales. Académicos formados en el extranjero 6 desarrollo económico y la Historia) en los tres estados estudiados. Este rol de introductores de innovaciones se identifica incluso en el inicio de líneas de investigación de aparición mucho más reciente. Sobre una contribución de ese tipo, hecha por investigadores españoles que se incorporaron temporalmente a la UAT, la actual líder de un grupo de investigación refirió: Fueron pieza clave para abrir la línea de investigación en Problemas Sociales y Criminalidad. Nosotros queríamos siempre investigar sobre cuestiones penitenciarias, sobre delincuentes, pero no veíamos otras áreas de oportunidad […] Aquí, ellos empezaron a estudiar a los migrantes que se habían identificado con algún problema de criminalidad. Entonces giramos nuestra visión, no solo a temas de criminología pura, sino que empezamos a estudiar otros factores y otros ámbitos que favorecen a la criminalidad. Difusores de Modos de Trabajo Académico Altamente Valorados El crecimiento más intenso de las ciencias sociales norestenses ocurrió en un periodo caracterizado por la fuerte exigencia de adoptar el patrón de legitimidad científica que impuso criterios valorativos modelados a partir de las prácticas de los países desarrollados. Como antes se indicó, en diversas regiones periféricas se ha mostrado que quienes se forman en el exterior poseen ventajas para cumplir esos criterios (Kabbanji et al., 2019; Müller et al., 2018). Como muestra de ello en el caso mexicano, Didou Aupetit y Gérard (2011) han señalado que el porcentaje de miembros del SNI doctorados en el exterior se incrementa en las categorías superiores. En el noreste, si se considera a los investigadores vigentes en el padrón de 2019 y que obtuvieron su doctorado entre 2006 y 201212, 16% de los formados en el extranjero ocupan las categorías II y III, frente a solo 7% de los doctorados en México. Coincidentemente, buena parte de los informantes perciben que los PIFE han desempeñado un papel relevante en la adopción de modos de trabajo académico altamente valorados. Con frecuencia, los informantes refirieron que los PIFE destacan como académicos con “una visión y una dinámica de investigación” que en algunos casos transmiten a los grupos en los que colaboran y a los estudiantes que forman. La mayoría coincidió al señalar que “es la gente que ha estudiado en el extranjero la que ha impulsado los proyectos y los centros de investigación”. Asimismo, las entidades académicas y las líneas de investigación reconocidas como las más consolidadas generalmente han sido encabezadas por investigadores formados en el exterior y, con menor frecuencia, por egresados de la UNAM y otras instituciones de tradición en México. La transferencia de modos de trabajo académico se mostró de forma temprana en el éxito antes referido de la Escuela de Economía de la UANL. Consuelo Meyer, la impulsora del proyecto ha dejado testimonio escrito de que este “carecía de originalidad” (Meyer, 1993, como se citó en Martínez Martínez, 2002, p. 21), pues solo buscó replicar en un contexto muy precario las condiciones para la enseñanza y la investigación que había conocido a su paso por instituciones extranjeras de alto nivel. Una de las formas en las que recientemente se manifiesta la alineación de los PIFE a modos de trabajo valorados en el sistema científico nacional es el tipo de publicación que se elige para comunicar los resultados de investigación. Camarillo (2015) ha destacado que, para los académicos en contextos periféricos, puede suponer un gran reto desarrollar las habilidades que les permitan publicar en revistas dictaminadas y las estrategias para que su producción sea evaluada 12 Es el periodo que permite hacer una comparación con mayor validez, pues presenta una proporción relativamente equilibrada entre ambos grupos (70 doctoraros en México y 50 en el extranjero). Antes de 2006, la proporción de PIFE es claramente mayor, lo que incrementa el peso de la antigüedad como factor explicativo de su acceso a los niveles más altos del Sistema. Lo contrario ocurre a partir de 2013, cuando los doctorados en México se tornan mucho más numerosos. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 7 favorablemente por el SNI. Sobre esto, un informante extranjero compartió la siguiente percepción: Hay una tendencia a publicar en libros […] que refleja un miedo a enfrentarse a las revistas, sobre todo a las de competencia internacional… y esa tendencia sí la veo más en mexicanos. En cambio, los que venimos del extranjero sí tenemos mucho más trabajo publicado en artículos, no libros, y menos libros publicados por la propia institución. La autopublicación también fue un tema abordado por un entrevistado mexicano doctorado en España que ha ocupado un cargo académico-administrativo. Comentó que esta era una práctica extendida en su institución y que él ha contribuido a desterrarla estableciendo el requisito de la dictaminación por pares externos para los libros que se editen. “Formarte en el extranjero”, explicó, “te permite mirar cómo se le da relevancia a la investigación, cómo trabajan los grupos en otro lado y tratar de retomar lo mejor e implementarlo”. Como ocurrió en ese caso concreto, otros informantes subrayaron la conveniencia de que los cargos con poder de decisión en las IES locales sean ocupados por académicos que han incorporado valores vinculados a la investigación durante sus experiencias en el extranjero. “Se requieren funcionarios que sean más cosmopolitas. La gente formada en el extranjero ha sido clave […] vienen con otras ideas sobre lo que es una universidad, sobre lo que es un centro de investigación”, refirió un investigador y funcionario tamaulipeco con posgrados extranjeros. También fueron narrados episodios en los que estos funcionarios “cosmopolitas” promovieron la contratación de nuevos investigadores, apoyaron el desarrollo de capacidades de investigación en su profesorado e, incluso, evitaron que los financiamientos externos obtenidos para investigación fueran destinados a otros fines por la burocracia institucional. Vinculación de la Práctica Científica Local con Escenarios Globales Tal como lo postulan los estudios sobre movilidades e internacionalización científicas, en el noreste mexicano se percibe que los PIFE han capitalizado las relaciones adquiridas durante su formación y el prestigio de sus diplomas al vincular su práctica científica, sus grupos de trabajo y a sus instituciones con actores y entidades extranjeras. “Siento que los extranjeros o los que estudiaron fuera, abrimos fácilmente las puertas para contactos con universidades e instituciones extranjeras […] para enriquecer, crear lazos, dinámicas interinstitucionales”, comentó un informante de origen francés. Diversas manifestaciones de esta vinculación (sobre todo durante el periodo de auge de las ciencias sociales regionales) fueron mencionadas en las entrevistas: proyectos de investigación conjuntos que permitieron acceder a financiamiento internacional, coautorías que facilitaron publicar en revistas reconocidas, gestiones para la movilidad estudiantil, invitaciones a profesores visitantes, entre otros. Pese a la amplia mención de estas diversas formas de vinculación internacional, está muy extendida la percepción de que reciben poco respaldo de las instituciones locales. Se subrayó con insistencia que, cuando se logran colaboraciones internacionales realmente productivas, suele ser a través de “[redes de] contactos individuales que dependen de cada quién” y que resulta difícil trascender el beneficio meramente personal que acarrean. Otras formas de aprovechar las experiencias formativas en el extranjero que fueron referidas suponen posicionar la práctica científica local en el panorama internacional o global. Según algunos entrevistados, esto ha tenido un impacto evidente en los estudiantes en formación. En general, este tipo de aportación deriva de los efectos que se atribuyen a la inmersión en un contexto social y académico extraño. En relación con los primeros académicos locales que salieron a posgrados en el extranjero (en los años ochenta), se describieron experiencias profundamente transformadoras de sus perspectivas sobre los fenómenos sociales que estudian. “Te da una apertura terrible hacia la Académicos formados en el extranjero 8 alteridad”, sintetizó un académico coahuilense doctorado en Francia. Otro entrevistado destacó que esas experiencias permiten un reposicionamiento respecto a los referentes culturales propios y subrayó el valor que esto supone para el ejercicio de la docencia. Te puedo hablar como alumno… al recibir el conocimiento yo veía que es fundamental que te hayas preparado en el extranjero. No por malinchismo13, sino porque la visión de tu propia cultura funciona mejor después de una inmersión en otro contexto; te hace quitarte un montón de prejuicios y revalorar cosas. Aparte, sobre todo cuando haces tus estudios en otros idiomas, desde el punto de vista cognitivo hay una serie de procesos que, cuando luego eres profesor, eres capaz de enseñar mejor. Sobre los investigadores extranjeros avecindados en el noreste, se destacó que su perspectiva externa les permite mirar con más facilidad a la región como un “laboratorio social” y que su propio proceso de adaptación constituye un referente valioso para la comprensión de los fenómenos sociales locales. Algunos entrevistados sugirieron que los PIFE han tenido una ventaja para posicionar los objetos de estudio locales dentro de discusiones teóricas globales, aunque no refirieron ejemplos concretos de ello. En cambio, sí se compartieron con frecuencia comentarios precisos acerca de la forma en la que entrar en contacto con diferentes entornos académicos y sociales contribuyó marcadamente a fomentar actitudes críticas dentro de los espacios en los que desempeñan su labor. El siguiente fragmento de la entrevista a una investigadora extranjera es un buen ejemplo de ello: Haber estudiado en el extranjero te da otra perspectiva. Llegas con otros referentes… culturales, metodológicos y teóricos, si quieres… Pero más, lo que te permite, es una visión más crítica, más capacidad de apertura. [Por ejemplo,] en nuestro departamento, el nivel de discusión de los alumnos era muy abierto […] había mucha libertad de palabra. Ciertamente producto de la presencia de extranjeros; más del 50% [de los profesores] somos extranjeros. Frente a estas precisas y significativas formas en las que, en etapas anteriores, los PIFE habrían puesto su “capital identitario transnacional” (Kim, 2017, p. 993) al servicio del campo científico- social regional, resulta llamativa la vaguedad con la que se describieron sus contribuciones actuales en términos de la diversidad que representan. Diversidad que es apreciada, pero a la que no se atribuyen las profundas implicaciones que muestran los fragmentos de entrevistas recién citados. Esto podría explicarse por la normalización de la presencia de PIFE en los últimos años, por la mayor integración de la región en dinámicas globales y por una reducción de la brecha entre la calidad de la formación en el extranjero y en México. Así, de forma casi generalizada los informantes mencionaron que actualmente la presencia de estos actores previene la endogamia y fomenta diálogos más plurales, aunque se considera que a esa diversidad contribuyen igualmente los investigadores formados en programas de posgrado mexicanos de reconocido nivel, como puede verse en el siguiente comentario sobre un grupo de investigación en Coahuila: En el centro de investigación somos doce investigadores, entonces es muy diverso, tenemos gente que se formó aquí en México y tenemos gente que nos formamos en el extranjero. Tenemos diferentes perspectivas y esto permite mayor diversidad, romper un tanto con la endogamia; permite que puedas pensar o plantear cosas distintas. 13 Expresión que en México refiere a la preferencia injustificada por lo extranjero y el menosprecio de lo mexicano. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 9 La Permanente Negociación de la Legitimidad Social Ya se ha comentado que un rasgo de las ciencias sociales en los espacios periféricos es estar obligadas a negociar constantemente su legitimidad social. También se discutieron ciertas particularidades del noreste mexicano que acentúan esta condición. Ante ello, la extranjería –de los propios académicos, de sus diplomas o de sus redes colaboración– ha constituido un factor de legitimación de la práctica científico-social ante diferentes interlocutores locales. Se trata de una situación que trasciende al campo científico y que arraiga en el origen colonial de la sociedad mexicana. En este sentido, algunos académicos extranjeros reconocieron que, a su llegada al país, se les atribuyó una superioridad sobre sus pares nacionales: “Al principio sí, te ven como… hacia arriba, hay una jerarquía mental que se establece, ¿no? […] que es muy natural en nuestras sociedades latinoamericanas”. Esto permite comprender cómo, además de sus saberes disciplinares y sus modos de trabajo, la mera condición de extranjero o la internacionalización de las trayectorias formativas de los PIFE pueden contribuir a propiciar actitudes favorables hacia las disciplinas sociales. Así, sobre todo en las fases iniciales del desarrollo de estas disciplinas en la región, algunos informantes destacaron que las autoridades locales reconocían con más facilidad la labor de académicos provenientes del exterior (aunque en contextos de menor desarrollo, ese reconocimiento puede extenderse a los investigadores que se encuentran en un polo regional dominante, como Monterrey). “Cuando [los gobiernos locales] contratan gente para hacer proyectos de investigación en ciencias sociales, es de fuera del estado, eso tiene más prestigio”, comentó un académico tamaulipeco. En ese mismo sentido, varias experiencias que fueron referidas sugieren que algunos extranjeros fueron determinantes para comenzar a cultivar en la región enfoques críticos sobre fenómenos sociales que involucran los intereses de los grupos de poder locales. Por ejemplo, así habló un entrevistado acerca de la introducción de una visión crítica sobre la educación por parte de una doctora extranjera en el Tecnológico de Monterrey, institución privada fundada por el empresariado local con una postura abiertamente contraria a la politización estudiantil: El Tec tiene un trabajo en el área las ciencias sociales que es poco reconocido, concretamente en el área educativa. Ahí [nombre de la investigadora] dejó una huella muy importante [con] una postura mucho más crítica con relación a lo educativo. Ella fue exiliada de Argentina por razones políticas, porque era una marxista; entonces ella impregnó en mucho al Tec de estas características, mucho más democráticas, mucho más abiertas que las que tenían previamente. Ahora bien, para algunos entrevistados, las tensiones en torno a la legitimidad social de las ciencias sociales en el noreste siguen siendo tales que su permanencia se encuentra constantemente amenazada por autoridades y grupos de interés locales, e incluso por ciertas dinámicas del sistema científico nacional14. “Hacer ciencias sociales en el noreste”, comentó una funcionaria federal, “pareciera que es un ejercicio de resistencia. Yo veo la lucha que se tiene que hacer, incluso por seguir existiendo, para que los centros y las facultades sigan existiendo”. Frente a este contexto, en algunos momentos, han sido extranjeros quienes han logrado contribuir con mayor éxito que sus colegas mexicanos a la apertura, el reconocimiento o la permanencia de espacios institucionales para la docencia y la investigación social. Según algunos 14 Hasta ahora se ha destacado al sistema científico nacional como fuente de apoyo al desarrollo de las ciencias sociales en la región. Sin embargo, se trata de un sistema complejo y con múltiples dinámicas; algunas de estas dinámicas atribuyen a la región noreste una especialización en campos del conocimiento vinculados al desarrollo industrial en detrimento del apoyo a las disciplinas sociales. Académicos formados en el extranjero 10 testimonios, esto ha ocurrido, por ejemplo, durante episodios de confrontación política entre autoridades universitarias y grupos académicos. Por otra parte, un informante sudamericano compartió un episodio que tuvo lugar durante su participación –junto a un colega español– en una reunión del consejo externo de un centro de investigación federal con presencia en la región. Se batalló mucho […] No todos [en el Consejo] estaban de acuerdo en que hubiera inversiones en el noreste […] La idea nuestra era que en el norte se formaran varios programas […] Pero no, de hecho, hubo que defender el programa que había porque se quería cerrar. Pasamos, de pedir que se ampliara, a defenderlo. Pero convencimos al comité de ampliar la planta de investigadores y reforzar económicamente esta sede. Claro que había gente de otros lados, había brasileños, había ingleses y otras gentes que nos apoyaron porque entendieron que era una necesidad. Como se comentó antes, las ciencias sociales norestenses entraron recientemente en un periodo de incertidumbre sobre su evolución futura. Esta incertidumbre coincide con una disminución de la centralidad que los PIFE habían tenido en la dinámica y en el crecimiento del campo. Aun así, la extranjería sigue siendo relevante en esa lucha por la permanencia de los espacios institucionales, aunque adopta nuevas manifestaciones. “Tienes que juntar tus cartas para defenderte, ¿no?, en el momento que aquí te quieren desaparecer… ‘Mira, estamos en asociaciones internacionales, tenemos tantos SNI, somos parte de CLACSO15, tenemos acreditaciones en el extranjero’”, dramatizó durante su entrevista uno de los informantes al hablar sobre este tema. Su trayectoria individual representa a un nuevo y creciente sector de investigadores en la región: quienes tienen estudios de posgrado nacionales y han realizado estancias breves en el exterior. Conclusiones A partir de la última década del siglo pasado tuvo lugar un crecimiento significativo de la actividad científico-social en la región noreste, que dio paso a una relativa consolidación de un campo científico durante los primeros quince años de este siglo. Este proceso se dio en gran medida por la llegada de académicos extranjeros y de mexicanos con formaciones de posgrado en el exterior, la cual fue fomentada por las políticas científico-educativas federales y, en menor medida, por estrategias de las instituciones de educación superior locales a las que se incorporaron. Es una percepción ampliamente compartida por informantes clave de la propia comunidad científica que las contribuciones de estos académicos han derivado, principalmente, de estar más orientados hacia la investigación que la mayoría de sus pares formados en México y de su capacidad para ejecutar esa labor con apego a los criterios exigidos por las políticas científicas nacionales. Concretamente, se pudo constatar que estos actores han ejercido algunos de los roles que la literatura previa ha documentado para los científicos con trayectorias formativas internacionalizadas que trabajan en entornos periféricos; es decir, introductores de saberes, promotores de nuevos enfoques teóricos o nuevas líneas de investigación (Góngora Jaramillo, 2015; Rodríguez-Medina et al., 2019) e impulsores de proyectos o de espacios institucionales (Kreimer, 2006). Sobre su papel como intermediarios en el establecimiento de redes u otras formas de colaboración internacional, la evidencia mostró que han tenido un rol activo, pero con resultados limitados, lo que podría estar condicionado por la doble periferialidad (internacional e intranacional) de la región estudiada y por las debilidades institucionales que esta supone. 15 Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, Vol. 30 No. 176 11 Por otra parte, sobre todo en las primeras etapas del periodo considerado en este trabajo, la labor de los PIFE estuvo marcada fuertemente por el prestigio que la extranjería confería a sus trayectorias. Esto les otorgaba el potencial para contribuir activamente a la legitimación de la práctica de las disciplinas sociales en la región. Si bien esto resulta congruente con las descripciones de los campos científicos en las periferias, algunos roles que se identificaron en torno a ese potencial representan hallazgos que invitan a profundizar en ellos. Uno de estos roles consiste en estimular actitudes críticas en sus campos de saber y en sus entornos institucionales; otro, en la defensa explícita de espacios y proyectos académicos que se encuentran amenazados. Se constató también que, en la medida en que se ha normalizado la presencia de académicos formados en el exterior y ha aumentado la posibilidad de obtener una buena formación científica en México, algunos de los roles identificados se manifiestan de manera más atenuada en los PIFE de reciente incorporación al campo regional. Ciertamente, persisten la valoración de su presencia y las expectativas sobre sus posibles contribuciones. Sin embargo, transcurridas dos décadas del nuevo siglo, se ha reducido la percepción de aportaciones concretas por parte de este sector de la comunidad científica. Los resultados sugieren que, a pesar de los avances en el desarrollo del campo y de la relativa consolidación de un puñado de núcleos académicos, prevalecen en la región condiciones de precariedad institucional para las ciencias sociales que limitan las contribuciones de los PIFE; especialmente en lo referente a establecer vínculos internacionales que arrojen beneficios colectivos y perdurables. Asimismo, se encontraron indicios de que, al haberse diversificado los lugares de obtención de doctorados en el exterior, la formación internacional ya no es garantía de que se cuenta con los saberes y las pautas de trabajo académico que son altamente valorados. Esto invita a avanzar hacia un conocimiento más preciso sobre los polos específicos de formación en el extranjero y sobre su relación con los desempeños en la investigación, la publicación o la formación de nuevos investigadores. Igualmente, se considera necesario estudiar cómo algunos PIFE recientemente incorporados en regiones subnacionales mexicanas logran capitalizar sus saberes, aptitudes y redes de contactos, a pesar de encontrarse en contextos poco favorables para la práctica científico-social y de haberse reducido las ventajas competitivas de las que antes gozaban. También será valioso identificar si se presentan condiciones comunes a los espacios institucionales, los grupos de trabajo o las redes de colaboración locales y regionales de quienes logran contribuir más significativamente a sus campos científicos. Esto permitirá que los esfuerzos y las políticas que buscan desarrollar las ciencias sociales en las diferentes regiones del país cuenten con perspectivas mejor informadas sobre las potenciales aportaciones de este relevante sector de los académicos. En este sentido, los resultados que aquí se compartieron sugieren fuertemente que tales esfuerzos no deberían perder de vista que, emular las dinámicas científicas de los países desarrollados –una de las principales metas perseguidas al incentivar la presencia de PIFE– continuará siendo un proceso “incompleto y poco susceptible de completarse” (Didou Aupetit & Gérard, 2011, p. 31). A pesar de los importantes avances conseguidos en esa dirección, persistirán las debilidades institucionales y la relativa marginalidad que caracterizan a las ciencias sociales en regiones como la estudiada. Sin embargo, si se asume plenamente la conflictiva convivencia entre dependencia y autonomía académica que también caracteriza a estos espacios periféricos (Beigel, 2016), existe un amplio espectro de ámbitos de acción –algunos de ellos hasta ahora poco explorados– desde los que estos actores pueden continuar realizando contribuciones vitales para el desarrollo de sus campos. Académicos formados en el extranjero 12 Referencias Álvarez Mendiola, G. (2004). Modelos académicos de Ciencias Sociales y legitimación científica en México. ANUIES. Atkinson, R., & Flint, J. (2001). Accessing hidden and hard-to-reach populations: Snowball research strategies. Social Research Update, (33), 1-4. Beigel, F. (2016). El nuevo carácter de la dependencia intelectual. 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Más detalles de la licencia de Creative Commons se encuentran en https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/. Cualquier otro uso debe ser aprobado en conjunto por el autor/es, o AAPE/EPAA. La sección en español para Sud América de AAPE/EPAA es publicada por el Mary Lou Fulton Teachers College, Arizona State University y la Universidad de San Andrés de Argentina. Los artículos que aparecen en AAPE son indexados en CIRC (Clasificación Integrada de Revistas Científicas, España) DIALNET (España), Directory of Open Access Journals, EBSCO Education Research Complete, ERIC, Education Full Text (H.W. Wilson), PubMed, QUALIS A1 (Brazil), Redalyc, SCImago Journal Rank, SCOPUS, SOCOLAR (China). 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