Microsoft Word - epaav19n7.doc Artículo recibido: 16/02/2010 Revisiones recibidas: 18/03/2010 Aceptado: 24/12/2010 archivos analíticos de políticas educativas Revista académica evaluada por pares, independiente, de acceso abierto y multilingüe Arizona State University Volumen19 Número 7 10 de marzo del 2011 ISSN 1068-2341 Los científicos de Europa oriental en México: Una exploración a sus experiencias de migración Isabel Izquierdo Facultad de Filosofía y Letras Universidad Nacional Autónoma de México Citación: Izquierdo, I. (2011) Los científicos de Europa oriental en México. Una exploración a sus experiencias de migración.Archivos Analíticos de Políticas Educativas, 19 (7). Recuperado [data] http://epaa.asu.edu/ojs/article/view/861 Resumen: Se identificaron tres oleadas de inmigrantes altamente calificados que tuvieron lugar en el México del siglo XX: los científicos españoles, los sudamericanos y los provenientes de Europa oriental, en particular de la ex Unión Soviética. En el último grupo, se analizaron las experiencias de migración de nueve científicos que llegaron al país en la década de los noventa. El análisis se centró en los motivos que los científicos tuvieron para salir de esa región y las razones para quedarse en México. Palabras clave: científicos de Europa oriental; ex Unión Soviética; migración; inmigración; México. Eastern European scientists in Mexico: An exploration of their immigration experiences Abstract: In this work we identified three highly skilled immigration waves during the 20th Century in Mexico: the Spanish, the South Americans, and the Eastern Europeans in particular those from the Former Soviet Union. In the last group, we analyzed the cases of nine scientist’s aape epaa Los científicos de Europa oriental en México 2 migrations experiences that came to Mexico in the nineties. The analysis focused on the causes that the scientists had to leave that region and to remain in Mexico. Key words: Eastern Europeans Scientists; Former Soviet Union: Migration: Immigration; Mexico. Cientistas da Europa Oriental no México: Uma exploração das suas experiências de migração Resumo: Foram identificadas três ondas de imigrantes altamente qualificados que foram para o México no século XX: cientistas espanhóis, sul-americanos e os da Europa Oriental, em especial da ex-União Soviética. No último grupo, foram analisados experiências de migração de nove cientistas que vieram o país nos anos noventa. A análise centrou-se sobre os motivos que os cientistas tiveram que deixar esta região e as razões para ficar no México. Palavras-chave: cientistas da Europa Oriental; ex-União Soviética; migração; imigração; México. Introducción* En la historia reciente de la inmigración en México, podemos identificar tres oleadas de inmigrantes altamente calificados. La primera se integró por los científicos españoles que salieron en exilio a diversas partes de Europa y de América (De León Portilla, 1987; Giral, 1994; Lida, 1994; Serrano, 2009). Una más estuvo formada por los académicos e intelectuales sudamericanos, por su número, destacan los exiliados argentinos (Margulis, 1986; Blanck-Cerejido, 2002; Yankelevich, 2002; 2009) y los chilenos (Maira, 1998; Díaz, 2002). La tercer oleada, es la que estuvo conformada por científicos provenientes de varias partes del mundo, nosotros la llamaremos “la inmigración de los noventa”, aquí nos centramos en algunos casos que vinieron de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), más ampliamente de Europa oriental. Si bien la inmigración en México no ha sido cuantitativamente significativa en los últimos dos siglos, en el plano cualitativo podemos apreciar diversas aportaciones que esos grupos le han brindado al país. A diferencia de otras investigaciones que se centran en los aspectos económicos de las migraciones altamente calificadas, aquí se quiso privilegiar la voz de los sujetos en movimiento, presentando algunas de sus experiencias de migración-inmigración, a través de los motivos que tuvieron para salir de esa región y las razones para establecerse de manera permanente en México. El objetivo de este estudio exploratorio fue esbozar algunas líneas de atención sobre la inmigración de científicos de Europa oriental que podrían ser estudiadas a detalle en el futuro. En el trabajo, se retomaron nueve1 entrevistas en profundidad realizadas a científicos (3 mujeres y 6 hombres) provenientes de países como Ucrania, Rusia, Armenia, Azerbaiyán, Serbia (antes parte de Yugoslavia) y URSS. Los nueve académicos llegaron a México entre 1992 y 1997 y se instalaron laboralmente en una universidad pública del centro del país, en áreas del conocimiento de las ciencias exactas principalmente. La selección se tomó de un grupo de científicos extranjeros, identificados en la base de datos de las Cátedras Patrimoniales del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT, 1991-2001). La inmigración de profesionistas en México * Agradezco la disposición y el tiempo que me brindaron las científicas y los científicos entrevistados. 1 Estos resultados forman parte de una investigación más extensa que se llevó a cabo en el 2007 y publicada en este año (Izquierdo, 2010). En ese estudio, se entrevistó a un total de 25 científicos extranjeros provenientes de diversos países, para la elaboración de este artículo retomamos específicamente las entrevistas a científicos de Europa oriental. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 3 En el siglo XIX, las migraciones transoceánicas que se llevaron a cabo rumbo al continente Americano, México “difícilmente puede ser considerado un país receptor de grandes flujos migratorios” (Salazar, 1996: 2). Las migraciones que llegaron fueron “involuntarias” y muchas veces respondieron al rechazo o expulsión “de otras naciones americanas, en particular de Estados Unidos” (Ibídem, 1996). Las malas condiciones laborales, los bajos salarios y la escasa organización política mexicana también contribuyó para que los extranjeros se fueran a otros países como Argentina o Brasil (González, 1994). De los grupos migratorios que llegaron a México desde finales del siglo XIX hasta principios del XX, predominaron los trabajadores que “apenas sabían leer y escribir” (Ídem, 1994: 331). En esa época, varios grupos de inmigrantes arribaron al país, entre ellos los peones, integrados por los caribeños y los asiáticos –chinos y japoneses–. Otros grupos estuvieron conformados por los ingleses, estadounidenses, franceses, alemanes y españoles que realizaron actividades como administradores, comerciantes, industriales y prestamistas, ubicados en la industria minera, petrolera, ferrocarrilera, manufacturera y productoras de cultivos de exportación. También estuvieron los libaneses y sirios que laboraron en la pequeña y mediana industria en el país. Dentro de esa inmigración, estuvo un grupo minoritario, aquellos trabajadores que provenían de una diversidad de profesiones. Por ejemplo, estuvieron los ingenieros y contadores ingleses que instruyeron y supervisaron el trabajo de los mineros en México, también se encontraban los científicos y profesores alemanes que fundaron escuelas, sociedades y periódicos, así como los técnicos cubanos que llegaron con el auge de la industria azucarera al sur de la República (González, 1994). Otro conjunto fue el de los médicos y odontólogos japoneses que “prestaron sus servicios tanto a la sociedad mexicana como a la colonia japonesa residente en el país” (Ota, 1981: 104) y toda la serie de profesionistas franceses que se instalaron en el centro de la República, entre ellos, los especialistas de la alimentación y la moda que tuvieron gran éxito y demanda entre las clases acomodadas del Porfiriato (Martínez y Reynoso, 1993), entre otros. Los inmigrantes que llegaron al país, especialmente en el periodo de 1950 a 1990, se caracterizaron por realizar estancias de trabajo temporales y de paso (Palma, 2006), comportamiento que de acuerdo a los datos oficiales, hasta ahora no se ha logrado modificar significativamente. Lo anterior tiene un sustento cuantitativo que se advierte a lo largo de la historia de la inmigración en el país. Por ejemplo, en 1950 había 182,343 inmigrantes internacionales y para el 2000, esa cifra llegó a los 492,617 (INEGI, 2005). En cincuenta años, el porcentaje total de residentes extranjeros apenas alcanzó el 0.5%. Con tales cifras, no es difícil considerar a la inmigración como “pequeña” y como un fenómeno que “no ha desempeñado un papel determinante en la dinámica demográfica del país” (Zúñiga, et. al., 2004: 94). Desde el plano cualitativo sin embargo, México es un país privilegiado porque en su historia confluyeron, y confluyen, oleadas de inmigrantes que brindaron valiosas aportaciones al país, no sólo en el plano de la ciencia, la cultura y las artes, sino también a través de sus testimonios y sus diferentes maneras de vivenciar el exilio (Angulo, 2008); experiencias que nos pueden brindar un acercamiento a los estudios sobre la otredad en la ciencia, en una sociedad, la mexicana, que pretender ser multicultural. El exilio de los científicos españoles La primera inmigración de recursos humanos calificados al México del siglo XX, la podemos ubicar en la década de los treinta con el exilio español. Se calcula que alrededor de medio millón de personas salieron al final de la Guerra Civil por motivos de persecución política en el régimen Los científicos de Europa oriental en México 4 fascista de Franco. Francia fue el país receptor mayoritario, también estuvo Portugal, Inglaterra, la ex Unión Soviética, Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica, entre ellos México. Aproximadamente un total de 20,000 españoles ingresaron al país a través del apoyo directo del entonces presidente de la República, Lázaro Cárdenas. Principalmente en las primeras embarcaciones (Mexique, Sinaia, Ipanema) llegó el mayor porcentaje de los españoles calificados. Por ejemplo, de un total de 4,658 españoles que arribaron en los tres primeros barcos en 1939, se obtuvo el registro de la ocupación –sólo de las cabezas de familia (hombre o mujer)– de 2,432, de esta cifra el 58.34% de los individuos tenía alta preparación en profesiones liberales o científico-técnicas, profesores, intelectuales, científicos y artistas (Lida, 1994)2. El exilio de los españoles en México es una de las inmigraciones mejor conocidas (Puerto, 2009), especialmente la de los grupos de investigadores, profesores e intelectuales que se integraron o se formaron en la vida académica, cultural y científica en el país (Giral, 1994). Para documentar una parte de los exiliados españoles que llegaron a México, algunos especialistas utilizaron los datos existentes de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) (Baratas, 2001) o del Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles (CTARE), creado en el país en 1939. De éste último archivo, se registró un total de 3253 científicos refugiados en México; el grupo más numeroso fue de médicos (43%), ingenieros (27%), farmacéuticos (29%), arquitectos y químicos (6%), profesionistas de las ciencias exactas (5%) y de las ciencias naturales (4%) (Ordóñez, 2001). La contribución de los españoles exiliados en México fue inmensa. Una recopilación de la bibliografía en donde se puede consultar ese caudal, nos lo brinda Figueroa (1986) y Pla y Zárate (1993). Existe una gran diversidad de escritos donde se da cuenta de las aportaciones y de la presencia de estos científicos como en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la fundación de El Colegio de México, en el Instituto Politécnico Nacional, en algunas universidades estatales e instituciones privadas, como la Universidad Iberoamericana o el Instituto Tecnológico Autónomo de México (Serrano, 2009). La llegada de esta oleada de inmigrantes al México de los treinta fue transcendental porque impulsó el fortalecimiento de las humanidades y las ciencias en México y con su presencia, junto con la de los mexicanos, permitieron colocar al país, en especial al Distrito Federal, en uno de los centros culturales más importantes del mundo hispanoparlante (De León Portilla, 1987). El exilio de los científicos sudamericanos Otro grupo importante de exiliados que se instalaron en México fueron los sudamericanos, centroamericanos y caribeños. Las primeras inmigraciones generales datan de 1826 y provenían de la República Centroamericana de Guatemala (Meyer y Salgado, 2002). La historia más reciente de esa inmigración hacia el país abarca desde 1940 hasta 1980, con los exilios provenientes de Perú, República Dominicana, Haití, Honduras, Bolivia, Costa Rica, Cuba (desde 1940), Colombia, Brasil (1960), Argentina, Chile, Uruguay, Nicaragua (1970) y Guatemala 2 Las cifras del total de los inmigrantes españoles en México varían: algunos autores refieren que fueron 20, 000 (Pla, 1994) o alrededor de 18, 454 (Figueroa, 1986). Con respecto al total del personal altamente calificado también no hay una cifra exacta, se sabe que en 1939 fue el año que reportó más ingresos de inmigrantes españoles altamente calificados sin embargo, los números varían de entre 1,029 (Figueroa, 1986) a 1,186 (Pla, 1994). 3 Se aclara que “esta no es una cifra definitiva, si se tiene en cuenta que se extraviaron 475 expedientes. También hay que considerar que ciertos refugiados no informaron acerca de su profesión, por lo tanto, quizá el número de científicos sea mayor” y “esta cifra constituye tan sólo el 6% de los refugiados con expediente abierto” (Ordóñez, 2001: 60). Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 5 (1980). Estas últimas movilizaciones humanas se caracterizaron por la persecución política de los gobiernos dictatoriales que se instalaron en América Latina y el Caribe en esas décadas (Ibídem, 2002). De todos estos grupos, no se cuentan con investigaciones tan amplias, como en el caso español, que muestren estudios sobre los científicos y académicos que llegaron a tierras mexicanas y sus respectivas trayectorias. Sin embargo, existen datos aproximados sobre el número de exiliados, como en los casos de los argentinos y de los chilenos, por ejemplo. Para Argentina, “las cifras varían entre los 140,000 y 300,000 argentinos en el exterior” (Lida, 2002: 207). O bien, “según la investigación que se consulte, las magnitudes varían entre 400 000, un valor conjetural derivado del análisis de fuentes censales nacionales, y 300 000 a 500 000, magnitud elaborada con información proveniente de datos censales de los países receptores” (Yankelevich, 2009: 25). Los censos generales de población en México registraron a “1,585 y 5,479”4 argentinos para las décadas de 1970 y 1980 respectivamente (Lida, 2002)5. En Chile, “se estima que 200,000 chilenos debieron partir al exilio” (Díaz, 2002: 265) y de los cuales “podría conjeturarse” que “entre 6,000 y 8,000 personas” arribaron a México (Ibídem, 2002: 270). Para ambos grupos habría que hacer la diferencia entre los que se establecieron en México y los que retornaron a su país de origen, una vez que las dictaduras fueron disueltas. Algunas aproximaciones generales del perfil ocupacional de los exiliados argentinos que llegaron a México, nos muestran que intelectuales, pedagogos y académicos (entre ellos un grupo importante de sicólogos, sicoterapeutas y sicoanalistas), se fueron incorporando a instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, El Colegio de México, la Universidad Autónoma Metropolitana –Unidad Xochimilco–, la Universidad Iberoamericana y la Universidad Autónoma de Querétaro y también participaron en la creación de diversas asociaciones, centros e institutos (Blanck-Cerejido, 2002). Desde principios de los setenta, dos organismos fueron el centro de enlace y apoyo de los exiliados argentinos en México: la Comisión Argentina de Solidaridad (CAS), creada en 1974 y el Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino (COSPA), establecida en 1976. Ambas asociaciones integraron a buena parte de escritores, académicos, políticos e intelectuales del exilio; el primero fue, tal vez, el más centrado en las relaciones universitarias y de intelectuales (Yankelevich, 2002). En el periodo de 1983 y 1984, se registraron algunos datos sobre los inmigrantes argentinos en México que solicitaron su repatriación a la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR); se encontró que fueron 345 solicitudes, de las cuales el 49.9% pertenecía a “profesionales de nivel universitario y personas dedicadas a la investigación y a la docencia” (Margulis, 1986: 100), la mayoría ubicados en las áreas de ciencias sociales y humanidades. Por su parte, el exilio chileno en México, a diferencia del que se instaló en Berlín, Suecia, Canadá o Inglaterra, si bien mantuvo un perfil ocupacional diverso, en general “estaba formado por gente en un alto porcentaje profesional” (Maira, 1998: 129). Los académicos e intelectuales chilenos que llegaron a México se fueron incorporando a algunas instituciones de educación superior. Por ejemplo, en 1973 “en la firma del Convenio Colectivo de Trabajo de la UNAM, se 4 En Yankelevich (2009) aparece una cifra de 5 503 para esa década. 5 Con respecto a la confiabilidad de esas cifras, se refiere que “aun suponiendo que las casi 4,000 personas que llegaron en esa década fueran refugiados políticos y hubiera un registro censal, es difícil justificar cifras tan altas para el exilio en general […]. Todo esto nos ha llevado a proponer aquí una revisión a la baja de las cifras sobre exiliados políticos, que sólo se podrá verificar cuando poseamos datos cuantitativos más confiables” (Lida, 2002: 207-208). Los científicos de Europa oriental en México 6 incluyó una cláusula que promovía el ingreso de chilenos en esa institución” (Díaz, 2002: 278). Otras instituciones que les abrieron sus puertas o fueron fundadas con la participación de los exilados sudamericanos en México, fueron el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo (CEESTEM), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), por citar algunas. En la segunda oleada de inmigrantes, llegaron otros grupos de intelectuales y científicos al país y sus aportaciones en México, al igual que la oleada de los españoles, fueron muy importantes también. Como una manera de especificar esas grandes contribuciones, se podría mencionar, para el caso de los argentinos y chilenos, su participación en las ciencias sociales a través de la formación de recursos humanos en ciencia política, sociología y economía, entre otras, así como en las ciencias de la conducta, específicamente en la sicología y el sicoanálisis, a través de la creación de escuelas y de diversas líneas de investigación. La migración de los científicos de Europa Oriental En 1990 llegaron otros grupos de científicos de diferentes partes del mundo y también se incorporaron a la vida académica nacional. En comparación con las inmigraciones de los treinta y setenta, esta tuvo lugar bajo un programa específico de atracción de científicos a México. El motivo general de los desplazamientos en los noventa, ya no fue la persecución política como elemento principal, esta oleada se constituyó como una migración eminentemente económica6, tras el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Originalmente las migraciones calificadas de esa región estuvieron guiadas por factores étnicos más que por factores laborales (Gokhberg, 1998), después eso cambió a cuestiones relacionadas con la crisis económica, en donde los bajos salarios representó una de las razones centrales (Ivakhnyuk, 2006). Otros motivos que también se identificaron para tomar la decisión de emigrar (Ibídem), fue la disminución del prestigio de la labor intelectual y la falta de oportunidades para desarrollar el potencial científico. En el caso de Rusia, las migraciones se dirigieron hacia países como Alemania, Israel, Grecia y Estados Unidos, el grupo altamente calificado de esas migraciones, es decir, los científicos, se movilizaron especialmente a Alemania, Israel y Estados Unidos; otro conjunto, personas con educación superior terminada, partieron hacia Australia, Francia, Estados Unidos y Canadá (Kouznetsova, 1996). Es difícil poder cuantificar la migración de científicos de aquella región, especialmente porque los datos que se pueden recabar sobre ellos son muy diferentes entre las fuentes y los parámetros utilizados para cuantificar el fenómeno. En los textos que se han consultado, nos encontramos cifras referidas a científicos “rusos”, pero no se especifica si en esa designación, se consideraron o no otras repúblicas que conformaron la Unión Soviética7. En otros casos, las fuentes muestran específicamente a los investigadores de Rusia, brindando diferentes números, tanto por 6 Sin embargo, se han encontrado casos en que la problemática económica no figuró dentro de las razones principales que dieron los científicos de esa región para emigrar, en cambio sí influyeron motivos considerados “muy personales”, como fue la posesión de “muchos secretos sobre programas nucleares” (Izquierdo, 2004: 101). 7 Agencias de noticias, a nivel internacional, han difundido que arriba de 200,000 (Pravda, 2005), o entre 500,000 y 800,000 (BBC News, 2002) científicos, programadores de cómputo y especialistas rusos han emigrado. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 7 periodo como por sector8. A esa heterogeneidad numérica habría que agregar, no sólo la cuantificación de la migración externa y permanente, sino también la migración interna y la movilidad altamente calificada que incluye los contratos temporales y la formación académica especializada en el extranjero. En Latinoamérica, también llegaron grupos “pequeños” que viajaron “de manera temporal a Argentina, Brasil, Venezuela y Uruguay” (Strepetova, 1995: 20). En México, se supo que más de 500 trabajadores calificados, provenientes del ex bloque soviético, laboraron en territorio nacional (Notimex, 2004) y que 227 radicaban en el país (Salazar, 2002). ¿Por qué salieron de sus países de origen? Los motivos de la migración de científicos de esa región, han sido descritos a través de tres tipos: el político, el nacional y el económico (Shevtsova, 1992). Especialmente el último, fue la razón que varios autores (Mindeli, s/f; Gokhberg y Nekipelova, 2002) detectaron como predominante para emigrar. Cuestiones como la reducción del financiamiento a la ciencia, la caída de los salarios a los investigadores, el desmantelamiento de la infraestructura de los laboratorios e instituciones en educación superior y científicas, fueron las causas que integraron la llamada migración interna y externa de los científicos (Moody, 1996). La crisis económica tuvo su etapa más fuerte en los ochenta y los desplazamientos tuvieron su momento más álgido a mediados de los noventa, unos años después de la desintegración de la Unión Soviética. Al respecto, uno de los científicos, comentó su experiencia: […] no había dinero y el sueldo era muy pequeño, la situación fue muy grave para la organización de la ciencia porque se necesitan contactos y yo no tenía contactos porque el trabajo que hacía era secreto. Nadie nos visitaba de otras partes, no se publicaba mucho porque nuestros resultados no eran públicos, sólo trabajábamos a través de reportes y estos eran secretos. Cuando se colapsó la URSS fue realmente deprimente porque junto con mis colegas, estábamos aislados, no teníamos vínculos externos y aunque trabajábamos muy duro, nadie, fuera del gobierno, conocía nuestras investigaciones y nuestros avances, por el aislamiento, no se sabían otros idiomas. Fue una gran pérdida porque por un lado había un aislamiento total y por otro, había grandes especialistas que el mundo no conocía y que tal vez nunca conoció. (Ingeniero, edad 51 años9). El cambio de área o de sector laboral –también llamada fuga interna de cerebros– fue uno de los caminos que los científicos tuvieron que tomar en esa época. La fuga de expertos se dio cuando ellos abandonaron el sector industrial-militar para incorporarse como recursos humanos calificados en el mercado. Ese fue uno de los problemas internos más serios que se presentaron en Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Ucrania (Moody, 1996). Situación que los participantes en el estudio reconocieron: 8 En 1991, Rusia tenía 878,482 científicos dedicados a la investigación y al desarrollo tecnológico y cuatro años más tarde contaba con 518,690 (Gokhberg, 1998: 147). En 1993 se identificó un total de 64,593 emigrantes rusos altamente calificados en países como Alemania, Israel, Estados Unidos, Grecia, Finlandia, Bulgaria, Canadá, Australia, Polonia, Suecia, Hungría, Checoslovaquia, Francia y otros (Strepetova, 1995). Entre el año 1989 y el 2000, de Rusia han emigrado arriba de 20,000 académicos que estaban empleados como investigadores y asistentes de investigación y otros 30,000 especialistas que trabajan en el extranjero a través de contratos temporales (Sadovnichy y Kozlov, 2005). 9 Edad de llegada al país. Los científicos de Europa oriental en México 8 […] en Rusia para poder sobrevivir tenía que cambiar mi profesión, mi especialidad, dedicarme a otra cosa, al negocio […].(Física, edad 50 años). […] era claro de que yo no podía continuar trabajando en ciencia y seguir en mi país en el mismo trabajo. Yo podía sobrevivir en mi país, pero era necesario cambiar mi profesión porque nuestro salario era tan pequeño que no era posible sobrevivir con eso. Yo tenía algunos problemas para continuar como científico, no quería parar mi carrera, no quería parar mi camino. Como científico tú necesitas muchos años para obtener conocimientos, para ser un científico profesional y después, de golpe, parar esa formación que yo tenía, ese trabajo que yo había construido durante muchos años, era muy frustrante. (Matemático, edad 50 años). Quizá la pérdida interna más “lamentable”, fueron aquellos científicos que cambiaron la academia para incursionar en los espacios de la política y la administración, tal y como el siguiente investigador ucraniano lo expresó, “dedicarte a la política eso sí fue una pérdida, más que la pérdida de la fuga de cerebros. Varios amigos y colegas de mi cubículo, en mi instituto, en Ucrania, se dedicaron a la política, ahí sí que perdió mi país porque ellos eran brillantes”. (Físicoquímico, edad 40 años). La búsqueda de trabajo en el extranjero tiene que ver con la migración externa. En los noventa, el patrón geográfico de la migración general de Rusia, por ejemplo, cubría casi todos los continentes (Strepetova, 1995). En América, esa migración se dirigió hacia Estados Unidos y Canadá principalmente. En los noventa, otros países de este continente también manifestaron su interés por atraer a científicos de esa región10. Hay autores (Gokhberg y Nekipelova, 2002) que afirman que generalmente la estancia de los científicos en el exterior, se llevó a cabo por invitación de un colega extranjero, aunque existen casos, como en México, que su llegada no sólo fue por invitación de colegas, sino por la puesta en marcha de un programa específico de atracción de personal altamente calificado. ¿Cómo fue que llegaron a México? En la década de los noventa, en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), se implementó el Programa de Apoyo a la Ciencia en México (PACIME). A través del PACIME se financiaron varios Subprogramas, entre ellos el de las Cátedras Patrimoniales, que brindó, principalmente dos tipos de apoyos: el Nivel I aplicó para académicos del país. El Nivel II se otorgó a “profesores extranjeros visitantes, que tengan interés en desempeñar actividades docentes y de investigación en una institución mexicana por un año renovable a dos” (PACIME, 1991: 16). Muchos de quienes obtuvieron el apoyo no sólo renovaron sus estancias, sino que se establecieron en México de manera permanente. En un reporte (CONACyT, 1999), se informó que en el período de 1991 a 1997, se brindaron 689 Cátedras a científicos extranjeros y de ellos, se detectaron 218 (23 mujeres y 195 hombres) que se instalaron permanentemente en México, de los cuales 83 provenían de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), particularmente en el área de ciencia exactas ¿Cómo fue que estos investigadores se enteraron de la existencia de dicho sub programa? 10 Se reportó que la compañía de petróleo venezolana planeaba gastar 5 millones de dólares para contratar trabajadores altamente calificados de esa región. El Ministro de Educación brasileño declaró que Brasil estaba listo para contratar a 10,000 científicos de la ex Unión Soviética en las universidades y centros de investigación en ese país (Orlova, et. al., 1994). Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 9 Las y los participantes en el estudio, supieron de las Cátedras Patrimoniales a través de la información que personas cercanas les proporcionaron (connacionales que ya estaban establecidos en el país). En otros casos, fue resultado de invitaciones de los científicos mexicanos o de la indagación personal: En Rusia he publicado tres libros, uno de ellos se tradujo al inglés. Y ¿por qué yo se lo menciono? Porque este libro lo leyó el que fue el director del Instituto de Investigaciones en Física [Instituto de Física], él me invitó. A través de este libro fue que él me conoció en el año de 1993. (Físico, edad 51 años). Los mexicanos nos conocían por las publicaciones y porque los compatriotas, que ya estaban instalados aquí, los recomendaban. En mi caso no fue ninguna de esas dos cosas, yo personalmente le escribí una carta a una investigadora de este centro para pedirle trabajo. (Ingeniero, edad 51 años). Otras y otros investigadores provenientes de Rusia, por ejemplo, fueron invitados directamente por una comisión mexicana, apoyada por el CONACyT, que visitó ese país y otros más, como “Checoslovaquia. […], Hungría y Polonia” (CONACyT, 1999: 2), en 1992 y 1993 respectivamente, lo anterior se puede corroborar en la siguiente cita: Llegó a mi país [Rusia] un grupo de mexicanos a ofrecernos trabajo […]. Para algunos de nosotros fue una opción para salir de esa catástrofe, otros lo vieron como un oportunismo, que de hecho comenzó con Estados Unidos y otros países […]. Es difícil opinar cuando tú estás en medio de los problemas, pero ahora puedo decir que mi país tuvo una gran pérdida porque se quedó sin sus científicos, sin su magnífica ciencia. (Física, edad 50 años). Esas acciones respaldaron la atracción de científicos en el país, a través de un mecanismo institucional que se implementó en 1991. Años más tarde, el subprograma de Cátedras Patrimoniales cerró sus puertas, dejando pendiente una política de Estado que permita el desarrollo de acciones integrales de retención, atracción y retorno de académicos, tanto extranjeros como nacionales. México ¿país destino? Una pregunta recurrente en los estudios sobre las migraciones internacionales, es sobre las representaciones que los sujetos en movimiento tienen sobre sus lugares de destino. En este estudio, los científicos no imaginaron a México como su lugar académico de destino. Sus estancias fueron pensadas de manera temporal, no sólo porque deseaban retornar a sus lugares de origen, una vez que la problemática económica y social se resolviera, sino también porque en algunos casos, consideraron al país como un puente académico para llegar a otros espacios científicos en Norteamérica. Entonces ¿Qué imágenes tenían de México como lugar de paso? Se encontró la siguiente heterogeneidad de respuestas: […], yo nunca pensé que podía finalizar mi vida en un país de Latinoamérica. Históricamente, desde mi juventud, yo leía y conocía países como Inglaterra, Alemania y España y nunca pensé sobre México. Cuando me dijeron “México”, yo decía “está muy, muy lejos”, esa era mi visión. Yo no tenía información sobre México, ni para pensar sobre mi vida en este país. (Matemático, edad 36 años). Los científicos de Europa oriental en México 10 Me imaginaba a un país extremadamente pobre, con nada de infraestructura, con casas muy simples. (Química, edad 36 años). Yo siempre tuve muy claro donde estaba México porque desde los 9 años coleccionaba cactus a nivel muy avanzado. Sabía perfectamente donde estaban las provincias mexicanas que los producían. (Fisicoquímico, edad 32 años). No conocía absolutamente nada de México, cuando nos invitaron yo pensé “está bien, es sólo un año por lo menos voy a ver mar caliente”. […]. Si te soy honesta, yo no pensaba en la ciencia, yo en lo que pensaba era en ver el mar caliente y los peces. (Fisicaquímica, edad 33 años). Conocía a México porque en mi país leí sobre la cultura maya y leí sobre las artesanías, que en ese sentido, México es el campeón del mundo. (Física, edad 50 años). Con respecto a la cuestión académica, una científica afirmó que la imagen que tenía era de un país con “escasos recursos” pero que le ofrecía una alternativa laboral que su propio país no le podía brindar “en ese entonces [1993] a México se le consideraba un país subdesarrollado pues, no pensábamos que tuviera mucho equipo, muchos científicos. Aún así, en comparación con mi país [Armenia], en ese momento, México era mucho mejor, había dinero para investigación, cosa que no sucedía en ese mismo año en Armenia”, (química, edad 36 años). Un investigador opinó así, de la situación laboral que se encontró en la universidad mexicana a la que se incorporó: Cuando yo llegué aquí, yo vi que en México la situación era mejor. Aquí yo siempre comparaba la situación de aquí con nuestra situación [en Rusia] pero de la década de los sesenta o setenta, cuando tuvimos muchos logros y apoyo en la ciencia. (Físico, edad 51 años) La cercanía de otros espacios científicos en Norteamérica también jugó un papel importante para llegar aquí. La idea de México como un puente académico para llegar al país de destino, lo comentó el mismo profesor de la siguiente manera: “Yo buscaba, como todos en ese tiempo, la posibilidad de irme a Estados Unidos […] pero no fructificó”, (Físico, edad 51 años). Si por diversos motivos, México no fue un lugar de destino para estos científicos ¿Por qué se quedaron? ¿Qué les hizo tomar la decisión de permanecer? En este trabajo, se identificaron tres motivos, pero no los únicos, que los participantes mencionaron en las entrevistas. Uno de ellos tuvo que ver con la edad. Algunos científicos mencionaron que esa fue una limitante para no irse o quedarse en otros países “Yo fui a Estados Unidos a trabajar allá, pero vi que no podía tener una posición permanente. Mis amigos y yo trabajamos en proyectos, pero cuando tú tienes más de 40 años no puedes seguir así con tu vida y regresé a México […]”, (Físico, edad 51 años). De los nueve científicos, cuatro tenían de 50 a 51 años cuando llegaron al país. Otra razón fue la posibilidad real de obtener una posición laboral permanente: “mientras yo conseguí una plaza en México, mis colegas de generación, que estaban en Estados Unidos, siguieron buscando posdocs, […].”, (Fisicoquímico, edad 32 años). En ese mismo tono, una investigadora, comentó: Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 11 Tenía otros ofrecimientos, pero nada estable, tampoco es que me hubieran ofrecido nada en Harvard, ¿he? [ríe]. Lo que me ofrecían eran posdocs pero, yo sentía que seguir haciendo posdocs era como nunca aterrizar. Decidí que mejor me quedaba en México a empezar a formar un grupo en lugar de irme como huérfana a otro lado. (Química, edad 36 años). A todo ello se debe agregar, la tambaleante situación económica y política de sus países de origen que no fue restablecida en los primeros años de su estancia en México, como para que ellos pudieran retornar. Por otro lado, debemos recordar que en México justo en la década en la que ellos llegaron, en los noventa, tuvimos una de las crisis económicas más importantes en la historia reciente, lo cual nos hace pensar que el caso que presentamos no se puede explicar solamente a través de la dimensión económica, sino que éste tuvo otros motivos en sus desplazamientos y estancias, como la libertad en el trabajo científico que algunos profesores valoraron para establecerse en el país y que diferenciaron como una cualidad positiva en México, respecto a otros espacios académicos: Primero, nunca traté de tener alguna posición en Estados Unidos, porque yo conocía que tratar de obtener trabajo en Norteamérica significaría que yo debía continuar una línea de investigación o un tópico de aquella persona que me invitara a trabajar, yo no tendría la posibilidad de trabajar en mis propios intereses, en el desarrollo de mis ideas. Yo tenía ese miedo y por eso no intenté nunca quedarme en Estados Unidos. Pero en México, cuando lo visité, en mis estancias cortas, me explicaron que aquí yo podía desarrollar mis ideas, mis propios intereses, vi que no tenía ninguna presión, desde el punto de vista científico, para que yo trabajara en algo que no me interesaba. (Matemático, edad 50 años). Sería interesante saber si la libertad de trabajo de acuerdo a los “propios intereses” de los científicos, estuvo mediada por los objetivos del subprograma de Cátedras Patrimoniales y por los proyectos académicos (por ejemplo, el desarrollo o creación de líneas de investigación, la formación de jóvenes investigadores, etc.) de los centros de investigación receptores, de los cuales se espera que tengan relación con las necesidades del país. Sin desestimar el derecho a la libre elección que los académicos tienen de elegir sus objetos e intereses de estudio, una pregunta que nos hacemos, pero que no tenemos elementos para poder contestarla por ahora, es sobre el compromiso social que se apropian los científicos en las sociedades en donde viven y trabajan. Algunas consideraciones finales En la historia de la inmigración en México, han llegado diversos grupos de científicos, en esta aportación presentamos nueve casos provenientes de Europa oriental que llegaron al país en los noventa. En general, encontramos tres características que ha esta oleada la hacen diferente, en comparación con sus predecesoras: su composición estuvo básicamente integrada por científicos de las ciencias exactas; el mecanismo de llegada fue a través de un programa específico de atracción de científicos, es decir, fue una inmigración que contó con un dispositivo institucional para su integración laboral en el país y los motivos de migración se centraron principalmente en los aspectos económicos. Sin embargo, si esta inmigración se analiza de manera particularizada, es decir, a través de las experiencias de los sujetos en movimiento, encontramos, para los casos específicos que aquí se presentaron, que si bien la cuestión económica fue un factor determinante para que los científicos salieran de aquella región, existieron otros motivos para que a su llegada a México, Los científicos de Europa oriental en México 12 decidieran quedarse de manera permanente, entre ellos la edad, la posibilidad real de obtener una posición laboral permanente y la libertad en el trabajo científico. Por separado, los tres motivos nos brindan las razones generales del porqué de su estancia en México. Analizados de manera conjunta, esos motivos podrían delinear algunos rasgos del por qué no se fueron o se quedaron en otros países, como Estados Unidos, por ejemplo –lugar nombrado aquí como deseo de destino por algunos científicos– y de las restricciones para poder pertenecer a esa comunidad científica. Lo anterior, nos permite coincidir, parcialmente, con autores (Houssay, 1966; Oteiza, 1971) que desde mediados del siglo XX afirmaron que la migración en la ciencia no necesariamente estaba ligada a decisiones individuales, es decir a la determinación de un científico de moverse libremente por el mundo laboral internacional, sino que más bien, se trataba de cubrir las necesidades de un sistema selectivo de migración altamente calificado. Sin embargo, este estudio exploratorio parece mostrar que aún con un sistema a “favor” del reclutamiento de científicos, un valor que los sujetos aprecian y consideran para formar parte o no de una comunidad científica, es la libertad en el trabajo académico. Hasta el momento, la dimensión económica tiene prevalencia teórica y epistemológica en los estudios sobre las migraciones altamente calificadas, eso ha significado que el núcleo de esas investigaciones se centre en las ganancias y las pérdidas que los desplazamientos provocan en los países de origen-destino. Desde luego, esos estudios son necesarios pero no suficientes para poder explicar este fenómeno. Otra forma de estudiar las migraciones internacionales de científicos, es acudiendo a la voz de los actores, a sus experiencias y a sus valoraciones en los procesos migratorios; este acercamiento nos podría brindar otra manera de analizar los desplazamientos de científicos, hasta ahora ignorados, como es la mirada de la otredad en la ciencia y la construcción de una comunidad científica multicultural. Estamos conscientes de que todavía faltan otros aspectos de la inmigración de científicos de Europa oriental en el país por ser indagados, además de la necesidad de ampliar el número de entrevistas y de profundizar en los temas que aquí se exploraron, este trabajo se presentó como un primer paso a futuras investigaciones. La apuesta es entender, de manera integral, la historia de la migración internacional altamente calificada en México, la cual no sólo debería centrarse en los científicos mexicanos que se van, sino también en los científicos extranjeros que llegan. Referencias Angulo Menassé, A. (2008). Voces familiares tejidas en el exilio. Tesis de maestría. México: Instituto Superior de Estudios de la Familia. Baratas Díaz, L. A. (2001). El fomento de la actividad científico técnica por las instituciones de la República en el exilio. En G. Sánchez Díaz y P. García de León (Coords.). Los científicos del exilio español en México. Morelia: IIH-UMSNH, SMHCT, SEHCT, pp. 81-123. BBC News (2002). “Russian brain drain tops half a million”. Consultado el 6 de marzo de 2007 en: http://news.bbc.co.uk/2/hi/europe/2055571.stm Blanck-Cerejido, F. (2002). El exilio de los psicoanalistas argentinos. En P. Yankelevich (Coord.). México, país refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX. México: CONACULTA-INAH- Plaza y Valdés, pp. 303-320. CONACyT (1991-2001). Cátedras Patrimoniales, Nivel II, México: CONACyT. CONACyT (1999). Resultados de la evaluación del Programa de apoyo de estancias para académicos residentes en el extranjero. México: CONACyT. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 13 De León Portilla, A. (1987). Una gama de encuentros y presencias. En El exilio español y la UNAM. México: Coordinación de Humanidades, CESU, UNAM, pp. 19-33. Díaz Prieto, G. (2002). Abrir la casa, México y los asilados políticos chilenos. En P. Yankelevich (Coord.). México, país refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX México: CONACULTA- INAH-Plaza y Valdés, pp. 265-280. Figueroa, M. C. (1986). “La inmigración intelectual española en México: evaluación bibliográfica”. En Foro Internacional, 1 (105), pp. 132-153. Giral, F. (1994). Ciencia española en el exilio (1939-1989). El exilio de los científicos españoles. Madrid: Centro de Investigación y Estudios Republicanos, ANTHROPOS. Gokhberg, L. (1998). La comunidad de Estados Independientes. Informe mundial sobre la ciencia. París: UNESCO, pp. 135- 157. Gokhberg, L. y Nekipelova, E. (2002) “International Migrations of Scientists and Engineers in Russia”. En International Mobility of the Highly Skilled. París: OCDE, pp. 177-187. González Navarro, M. (1994). Los extranjeros en México y los mexicanos en el extranjero 1821-1970. Volumen II. México: El Colegio de México. Houssay, B. (1966) “La emigración de científicos, profesionales y técnicos de la Argentina”. En Ciencia Interamericana, Julio-agosto, Washington D.C. INEGI (2005). Los extranjeros en México. México: INEGI. Ivakhnyuk, I. (2006). “Brain Drain from Russia: in Search for a Solution”. En Reports and Analyses 15/06, Warszawa: Center for International Relations, pp. 1-14. Izquierdo, I. (2004) La construcción de los espacios de investigación en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos: el caso del Centro de Investigación en Ingeniería y Ciencias aplicadas. Tesis de Maestría. México: UAM, Xochimilco. Izquierdo, I. (2010) “Las científicas y los científicos extranjeros que llegaron a México a través del Subprograma de Cátedras Patrimoniales del CONACyT”. En Revista de la Educación Superior. No. 155. México: ANUIES, pp. 61-79. Kouznetsova, T. (1996). Brain Drain: Problem of Contract Migration in Russia. Consultado el 19 de octubre del 2009 en: http://horizon.documentation.ird.fr Lida, C. E. (1994). (Comp.) Una inmigración privilegiada. Comerciantes, empresarios y profesionales españoles en México en los siglos XIX y XX. Madrid: Alianza Editorial. Lida, C. E. (2002). Enfoques comparativos sobre los exilios en México: España y Argentina en el siglo XX. En P. Yankelevich (Coord.). México, país refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX. México: CONACULTA-INAH-Plaza y Valdés, pp. 205-217. Maira, L. (1998). Claroscuros de un exilio privilegiado. En P. Yankelevich (Coord.). México, entre exilios. Una experiencia de sudamericanos. México: SER, ITAM, Plaza y Valdés, pp. 127-141. Margulis, M. (1986). Los argentinos en México. En A. E. Lattes y E. Oteiza (Dirs.). Dinámica migratoria argentina (1955-1984): Democratización y retorno de expatriados. Ginebra, Suiza: Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD), pp. 93-103. Martínez, L. M. y Reynoso, A. (1993). Inmigración europea y asiática, siglos XIX y XX. En G. Bonfil Batalla (Comp.). Simbiosis de culturas. Los inmigrantes y su cultura en México. México: FCE-CNCA, pp. 245-424. Meyer, E. y Salgado, E. (2002). Un refugio en la memoria. La experiencia de los exilios latinoamericanos en México. México: UNAM, OCÉANO. Mindeli, L. (s/f) Russian R&D in Transition. Consultado el 6 de marzo del 2007 en: www.redhucyt.oas.org/ricyt/interior/biblioteca/mindeli.doc Moody, A. (1996). “Reexamining brain drain from the Former Soviet Union”. En The Nonproliferation Review, Spring-Summer, pp. 92-97. Los científicos de Europa oriental en México 14 Notimex (2004). “Resalta el presidente de Rusia, Vladimir Putin, el aporte histórico de México a la política mundial del desarme”. Consultado el 6 de marzo de 2007, actualmente localizado en: http://www.esmas.com/noticierostelevisa/mexico/369338.html Ordóñez Alonso, M. M. (2001). Los científicos del exilio español en México: Un perfil. En G. Sánchez Díaz y P. García de León (Coords.). Los científicos del exilio español en México. Morelia: IIH-UMSNH, SMHCT, SEHCT, pp. 53-79. Orlova, I., Streltsova, Y., Skvortsova, E. (1994). “Contemporary Migration Processes in Rusia”. En Refuge, Vol. 14, No. 2, May, pp. 1-17. Ota Mishima, M. E. (1981). Siete migraciones japonesas a México: 1890-1978. Tesis de Doctorado. México: UNAM. Oteiza, E. (1971). Un replanteo teórico de las migraciones de personal altamente calificado. En Walter Adams (coord.). El drenaje de talento. Buenos Aires: Paídos, pp. 184-202. PACIME (1991). Programa de Apoyo a la Ciencia en México. México: CONACyT. Palma, M. (2006). De tierras extrañas. Un estudio sobre la inmigración en México, 1950-1990. México: INM, INAH. Pla Brugat, D. (1994). Características del exilio en México en 1939. En C. E. Lida (Comp.). Una inmigración privilegiada. Comerciantes, empresarios y profesionales españoles en México en los siglos XIX y XX. Madrid: Alianza Editorial, pp. 218-231. Pla Brugat, D. y Zárate, G. (1993). Extranjeros en México (1821-1990) Recuento bibliográfico. México: INAH. Puerto, J. (2009). El horror y el error: el exilio científico Republicado tras la guerra civil. En A. Isla Perez, O. Rey Castelao, R. Sánchez, F.J. Puerto, S. Marcu (Autores). Invadidos, exiliados y desplazados en la historia. España: Universidad de Valladolid, pp. 125-164. Pravda (2005). “Immigration of scientists causes up to $30 billion of damage to Russia”. Consultado el 6 de marzo de 2007 en: http://english.pravda.ru/main/18/88/351/16590_scientists.html Sadovnichy, V. y Kozlov B. I. (2005). The Russian Federation, en Science Report, París: UNESCO. Salazar, Á. (2002). “Talento ‘socialista’ emigrado a México”. En El Universal. Consultado el 6 de marzo de 2007 en: http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=91992&tabla=nacion Salazar, D. (1996). “Imágenes de la presencia extranjera en México: una aproximación cuantitativa 1894-1950”. En Dimensión Antropológica. Revista en línea, 6. Consultado el 7 de septiembre del 2006 en http://www.dimensionantropologica.inah.gob.mx/index.php?sIdArt=360&cVol=6&nAutor =SALAZAR%20ANAYA,%20DELIA&identi=50&infocad=Volumen%20No.6%20period o%20%20a%C3%B1o%201996 Serrano, F. (2009). La inteligencia peregrina. Legado de los intelectuales del exilio republicano español en México. México: El Colegio de México. Shevtsova, L. (1992). “Post-Soviet Emigration, Today and Tomorrow”. En International Migration Review, Vol. 26, Summer, Center for Migration Studies, no. 98, pp. 241-257. Strepetova, M. (1995). The brain drain in Russia. Budapest: Hungarian Academy of Sciences. Yankelevich, P. (2002). La comisión Argentina de Solidaridad. Notas para el estudio de un sector del exilio argentino en México. En P. Yankelevich (Coord.). México, país refugio. La experiencia de los exilios en el siglo XX. México: CONACULTA, INAH, Plaza y Valdés, pp. 281-302. Yankelevich, P. (2009). Ráfagas de un exilio. Argentinos en México, 1974-1983. México: El Colegio de México. Zúñiga Herrera, E., Leite, P. y Nava, A.R. (2004). La nueva era de las migraciones. Características de la migración internacional en México. México: CONAPO. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 15 Los científicos de Europa oriental en México 16 Sobre la Autora Isabel Izquierdo Investigadora independiente. E-mail: izcam@hotmail.com Maestra en Planeación y Desarrollo de la Educación por la Universidad Autónoma Metropolitana, Distrito Federal. Desde el 2006, la autora trabaja como investigadora independiente en temas relacionados con la formación y migración de científicos. Actualmente cursa estudios en el Doctorado en Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, la tesis doctoral que desarrolla es sobre los científicos de la Unión Soviética en México. El estudio exploratorio que se presentó, formó parte de una investigación que la autora realizó, con financiamiento propio y de manera independiente, en el 2007. archivos analíticos de políticas educativas Volumen19 Número 7 10 de marzo del 2011 ISSN 1068-2341 Los/as lectores/as pueden copiar, mostrar, y distribuir este articulo, siempre y cuando se de crédito y atribución al autor/es y a Archivos Analíticos de Políticas Educativas, se distribuya con propósitos no-comerciales, no se altere o transforme el trabajo original. Más detalles de la licencia de Creative Commons se encuentran en http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0 Cualquier otro uso debe ser aprobado en conjunto por el autor/es, o AAPE/EPAA. AAPE/EPAA es publicada por el Mary Lou Fulton Teachers College, Arizona State University. Los artículos que aparecen en AAPE son indexados en EBSCO Education Research Complete, DIALNET, Directory of Open Access Journals, ERIC, H.W. WILSON & Co, QUALIS – A 2 (CAPES, Brazil), SCOPUS, SOCOLAR-China. Contribuya con comentarios y sugerencias en http://epaa.info/wordpress/ Por errores y sugerencias contacte a Fischman@asu.edu. Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 17 archivos analíticos de políticas educativas consejo editorial Editor: Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Editores. Asociados Alejandro Canales (UNAM) y Jesús Romero Morante (Universidad de Cantabria) Armando Alcántara Santuario Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM México Fanni Muñoz Pontificia Universidad Católica de Perú Claudio Almonacid Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Chile Imanol Ordorika Instituto de Investigaciones Economicas – UNAM, México Pilar Arnaiz Sánchez Universidad de Murcia, España Maria Cristina Parra Sandoval Universidad de Zulia, Venezuela Xavier Besalú Costa Universitat de Girona, España Miguel A. Pereyra Universidad de Granada, España Jose Joaquin Brunner Universidad Diego Portales, Chile Monica Pini Universidad Nacional de San Martín, Argentina Damián Canales Sánchez Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, México Paula Razquin UNESCO, Francia María Caridad García Universidad Católica del Norte, Chile Ignacio Rivas Flores Universidad de Málaga, España Raimundo Cuesta Fernández IES Fray Luis de León, España Daniel Schugurensky Universidad de Toronto- Ontario Institute of Studies in Education, Canadá Marco Antonio Delgado Fuentes Universidad Iberoamericana, México Orlando Pulido Chaves Universidad Pedagógica Nacional, Colombia Inés Dussel FLACSO, Argentina José Gregorio Rodríguez Universidad Nacional de Colombia Rafael Feito Alonso Universidad Complutense de Madrid. España Miriam Rodríguez Vargas Universidad Autónoma de Tamaulipas, México Pedro Flores Crespo Universidad Iberoamericana, México Mario Rueda Beltrán Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM México Verónica García Martínez Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México José Luis San Fabián Maroto Universidad de Oviedo, España Francisco F. García Pérez Universidad de Sevilla, España Yengny Marisol Silva Laya Universidad Iberoamericana, México Edna Luna Serrano Universidad Autónoma de Baja California, México Aida Terrón Bañuelos Universidad de Oviedo, España Alma Maldonado Departamento de Investigaciones Educativas, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados, México Jurjo Torres Santomé Universidad de la Coruña, España Alejandro Márquez Jiménez Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, UNAM México Antoni Verger Planells University of Amsterdam, Holanda José Felipe Martínez Fernández University of California Los Angeles, USA Mario Yapu Universidad Para la Investigación Estratégica, Bolivia Los científicos de Europa oriental en México 18 arquivos analíticos de políticas educativas conselho editorial Editor: Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Editores Associados: Rosa Maria Bueno Fisher e Luis A. Gandin (Universidade Federal do Rio Grande do Sul) Dalila Andrade de Oliveira Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil Jefferson Mainardes Universidade Estadual de Ponta Grossa, Brasil Paulo Carrano Universidade Federal Fluminense, Brasil Luciano Mendes de Faria Filho Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil Alicia Maria Catalano de Bonamino Pontificia Universidade Católica-Rio, Brasil Lia Raquel Moreira Oliveira Universidade do Minho, Portugal Fabiana de Amorim Marcello Universidade Luterana do Brasil, Canoas, Brasil Belmira Oliveira Bueno Universidade de São Paulo, Brasil Alexandre Fernandez Vaz Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil António Teodoro Universidade Lusófona, Portugal Gaudêncio Frigotto Universidade do Estado do Rio de Janeiro, Brasil Pia L. Wong California State University Sacramento, U.S.A Alfredo M Gomes Universidade Federal de Pernambuco, Brasil Sandra Regina Sales Universidade Federal Rural do Rio de Janeiro, Brasil Petronilha Beatriz Gonçalves e Silva Universidade Federal de São Carlos, Brasil Elba Siqueira Sá Barreto Fundação Carlos Chagas, Brasil Nadja Herman Pontificia Universidade Católica – Rio Grande do Sul, Brasil Manuela Terrasêca Universidade do Porto, Portugal José Machado Pais Instituto de Ciências Sociais da Universidade de Lisboa, Portugal Robert Verhine Universidade Federal da Bahia, Brasil Wenceslao Machado de Oliveira Jr. Universidade Estadual de Campinas, Brasil Antônio A. S. Zuin Universidade Federal de São Carlos, Brasil Archivos Analíticos de Políticas Educativas Vol. 19, No. 7 19 education policy analysis archives editorial board Editor Gustavo E. Fischman (Arizona State University) Associate Editors: David R. Garcia & Jeanne M. Powers (Arizona State University) Jessica Allen University of Colorado, Boulder Christopher Lubienski University of Illinois, Urbana-Champaign Gary Anderson New York University Sarah Lubienski University of Illinois, Urbana- Champaign Michael W. Apple University of Wisconsin, Madison Samuel R. Lucas University of California, Berkeley Angela Arzubiaga Arizona State University Maria Martinez-Coslo University of Texas, Arlington David C. Berliner Arizona State University William Mathis University of Colorado, Boulder Robert Bickel Marshall University Tristan McCowan Institute of Education, London Henry Braun Boston College Heinrich Mintrop University of California, Berkeley Eric Camburn University of Wisconsin, Madison Michele S. Moses University of Colorado, Boulder Wendy C. Chi* University of Colorado, Boulder Julianne Moss University of Melbourne Casey Cobb University of Connecticut Sharon Nichols University of Texas, San Antonio Arnold Danzig Arizona State University Noga O'Connor University of Iowa Antonia Darder University of Illinois, Urbana- Champaign João Paraskveva University of Massachusetts, Dartmouth Linda Darling-Hammond Stanford University Laurence Parker University of Illinois, Urbana- Champaign Chad d'Entremont Strategies for Children Susan L. Robertson Bristol University John Diamond Harvard University John Rogers University of California, Los Angeles Tara Donahue Learning Point Associates A. G. Rud Purdue University Sherman Dorn University of South Florida Felicia C. Sanders The Pennsylvania State University Christopher Joseph Frey Bowling Green State University Janelle Scott University of California, Berkeley Melissa Lynn Freeman* Adams State College Kimberly Scott Arizona State University Amy Garrett Dikkers University of Minnesota Dorothy Shipps Baruch College/CUNY Gene V Glass Arizona State University Maria Teresa Tatto Michigan State University Ronald Glass University of California, Santa Cruz Larisa Warhol University of Connecticut Harvey Goldstein Bristol University Cally Waite Social Science Research Council Jacob P. K. Gross Indiana University John Weathers University of Colorado, Colorado Springs Eric M. Haas WestEd Kevin Welner University of Colorado, Boulder Kimberly Joy Howard* University of Southern California Ed Wiley University of Colorado, Boulder Aimee Howley Ohio University Terrence G. Wiley Arizona State University Craig Howley Ohio University John Willinsky Stanford University Steve Klees University of Maryland Kyo Yamashiro University of California, Los Angeles Jaekyung Lee SUNY Buffalo * Members of the New Scholars Board