revs222Alpera Martí Alpera, Félix. (2008). Por la es cue la públ i ca y la in fanc ia . Edición de Pedro Luis Moreno Martínez. Madrid: Biblioteca Nueva. 334 pp. ISBN: 978-84-9742-834-7. Reseñado por Alberto Luis Gómez y Jesús Romero Morante Universidad de Cantabria 4 de mayo de 2009 De una Escuela Africana a otra Europea: A Propósito de una Recopilación de Trabajos de Félix Martí Alpera (1875-1946) En octubre del 2008, y con su habitual diligencia, Gabriela Ossenbach informó a los miembros de la Sociedad Española de Historia de la Educación, a través de su lista de distribución, de la aparición de dos nuevos títulos de la colección “Clásicos de la Educación”, que forman parte de una serie más amplia editada gracias al esfuerzo conjunto de esta organización y del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte para conmemorar el centenario de la Junta para Ampliación de Estudios (instituida en 1907). Mientras que otros volúmenes de esta colección se ocuparon de cuestiones teórico-educativas o de diversos temas, en estos últimos se dio la palabra a dos influyentes maestros españoles del primer tercio del siglo XX –Ángel Llorca y Félix Martí Alpera (FMA)–, preocupados por la renovación de la escuela en el más amplio contexto de la regeneración nacional. A esta tarea contribuyó igualmente otra maestra a la que ya se le había prestado atención con una recopilación de textos en torno a su escuela soñada: María Sánchez Arbós. La preparación de ambos libros corrió a cargo de dos especialistas: María del Mar del Pozo Andrés, muy buena conocedora del discurso y la práctica del maestro madrileño, y un estudioso murciano, Pedro Luis Moreno (PLM), que –muchas veces con Antonio Viñao– ha participado desde hace más de una década en ambiciosos y entrelazados proyectos de ! Por la escuela pública y la infancia 2 investigación sobre la dimensión educativa del higienismo o acerca de la cultura material de las instituciones educativas. En efecto, los interesados por estos temas hemos podido seguir las preocupaciones genéricas de PLM en comunicaciones presentadas a congresos celebrados en Zaragoza hace ya una década –Un proyecto regeneracionista: las colonias escolares en España (1887-1936)– o, más recientemente, en Alcalá de Henares –El discurso higienista sobre el cuerpo y la escuela–; en artículos publicados hace un par de años donde se analizó la labor de instituciones en el fomento de tendencias modernizadoras –Los pensionados de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) y la Higiene Escolar– y el proceso de difusión de una innovación educativa en el contexto más amplio de los cambios socioculturales producidos fundamentalmente por la segunda revolución industrial –The Hygienist Movement and the Modernization of Education in Spain–; y en un libro editado en el año 2000: Educación, salud y protección a la infancia. Las colonias escolares de Cartagena (1907-1936). A pesar de que la época estudiada es anterior, ya al preparar su tesis doctoral –Alfabetización y cultura impresa en Lorca:(1760-1860)– defendida en el año 1986 y publicada en 1989, PLM se topó seguramente con la labor desarrollada por FMA en sus primeros destinos entre 1897 y 1920 como maestro de una escuela superior de niños en Lorca y Cartagena y comenzó a interesarse por su trayectoria vital y profesional. Dejando de lado una reciente presentación para el público brasileño de los viajes hechos por FMA entre 1900 y 1911, nuestro autor ofreció una síntesis de la primera etapa del pensamiento de FMA en un artículo –Renovación pedagógica y compromiso social en la edad de plata de la Pedagogía española: Félix Martí Alpera (1898-1920)– publicado hace cuatro años en una importante revista española. Con estos antecedentes no extraña nada que PLM aceptase la coordinación de un libro en el que se ofreciera con cierta sistematización a un amplio público el pensamiento de FMA. La estructura interna de esta obra se divide en dos grandes bloques. Leyendo el primero de ellos nos enteramos de que FMA nació en Pueblo Nuevo del Mar (Valencia) en 1875 y falleció en Barcelona en 1946 a la edad de 71 años. Estudió la carrera de Magisterio en la Escuela Normal de Valencia y con dieciséis años obtuvo el título de Maestro Superior. Durante sus años de formación en Madrid para conseguir el título de Maestro Normal entró en contacto con institucionistas tan importantes como M. B. Cossío y Agustín Sardá. Fue un alumno brillante y ya a los veintidós años ganó unas oposiciones que le permitieron en 1897 ocupar una plaza en Lorca como maestro de una escuela superior de niños. De esta ciudad se trasladó en 1898 a Cartagena; aquí estuvo hasta 1920, si bien en 1900, 1902 y 1911 realizó viajes pedagógicos a Europa que le permitieron familiarizarse con teorías y prácticas educativas enmarcadas en el discurso modernizador de la Escuela Nueva. A partir de esta fecha, y dejando de lado su fugaz paso por Valencia, FMA fue director de dos relevantes grupos escolares barceloneses –Baixeras y Pere Vila– hasta su depuración después de la Guerra Civil. Tras el triunfo de los sublevados, muchos como Margarita Comas o la ya citada María Sánchez Arbós, abandonaron España. Otros, como fue el caso de FMA ya señalado hace tiempo por Antonio Viñao en un clásico artículo –La modernización pedagógica a través de la Revista de Pedagogía (1922-1936)–, padecieron el tremendo castigo del exilio interior: la purga y el olvido. Junto a los ya citados aspectos biográficos, esta parte se cierra con una utilísima bibliografía de y sobre FMA; lógicamente, hay también unas –bien escogidas– referencias bibliográficas de carácter general. Además, y esto es algo muy meritorio, se incluyen al final una relación de 31 libros de su autoría, publicados entre 1896 y 1936. Asimismo, y mejorando mucho lo existente hasta el momento –es decir, el contenido de la clásica y valiosa “Bibliografía de Martí Alpera” publicada por J. Gonzàlez-Agàpito en 1979–, en este http://edrev.asu.edu/reviews/revs222 3 libro se presenta un listado de unos 150 trabajos publicados por FMA en obras colectivas, prólogos, aportaciones a jornadas y, muy especialmente, sus colaboraciones en revistas profesionales, culturales, escolares y de la prensa diaria, entre las cuales cabría destacar La Escuela Moderna (47 trabajos entre 1896 y 1932), Revista de Pedagogía (20 colaboraciones entre 1922 y 1936), Avante, Boletín Escolar o Escuelas de España. Tal y como se indica en la página cuarenta del estudio introductorio, los 23 textos – de muy diversa procedencia y publicados entre 1896 y 1936– incluidos en el segundo bloque del libro se articularon “atendiendo a seis núcleos temáticos” que, según PLM, vertebran atinadamente “las líneas maestras de la reflexión pedagógica y la acción educativa” de FMA: el estado de la escuela y la regeneración pedagógica; la renovación pedagógica en Europa; los viajes pedagógicos; la escuela graduada; la enseñanza; el magisterio primario y la protección de la infancia. En el núcleo inicial –El estado de la escuela pública y la regeneración pedagógica– se incluyeron cinco aportaciones publicadas entre 1904 y 1931. En la primera de ellas –“Al partir” (1904)–, reproducida del capítulo primero de un antiguo y famoso libro reeditado hace ya casi una década –Por las escuelas de Europa–, FMA resumió sus desoladoras impresiones sobre la escuela “vieja, roñosa, insalubre, africana, de menaje sucio y miserable, (y) de aspecto sórdido” en un país donde “la primera enseñanza no existe” y en el que sus docentes continuaban “profesando la pedagogía petrificada de reglas minuciosas y preocupaciones empíricas que los enseñaron, siguen aplicando las prácticas escolares que vieron de muchachos”. Lógicamente, la solución a todos estos males – incluidos “esos maestros a la moderna, dotados de independencia intelectual, generosos, soñadores de una escuela no conocida en España”– vendría de una Europa que, entre otras cosas, nos ofrecía su modelo de escuela graduada bajo la dirección de directores expertos (pp. 67, 64 y 69). En la segunda –“Discurso de D. Félix Martí Alpera” (1908)– se recogen ideas dirigidas a los asistentes al Congreso Nacional Pedagógico celebrado en Zaragoza en el mes de octubre de 1908 y que, al menos parcialmente, ya habían sido expuestas con anterioridad en una Asamblea pedagógica, celebrada en Valencia en el año 1902, como “grito de pelea, como toque de carga viril y furiosa contra la ignorancia de los que nos combaten” (p. 83). En la línea de lo apuntado en el párrafo anterior, FMA defendió el valor social de una escuela que –se cita como ejemplo a imitar la gran ley Forster de 1870, que puso en el Reino Unido los cimientos de la educación pública– debía ser financiada por el Estado y estar bien organizada para que fuese el maestro quien hiciera la escuela y no está última la que lo destruyese. Las tres siguientes, publicadas respectivamente en 1910, 1911 y 1931, se dedicaron a comentar las reformas patrocinadas por el Conde de Romanones, la situación de las escuelas rurales en la “España pasiva” y las consecuencias del Estatuto de Cataluña en el ámbito de la enseñanza, prestando singular atención al problema del bilingüismo en los primeros años escolares. En el segundo núcleo –La renovación pedagógica en Europa: los viajes pedagógicos– se incluyeron cuatro trabajos editados entre 1900 y 1911. Las “Notas pedagógicas de un viaje a Francia” (1900) transmiten a los lectores su asombro por el progreso europeo en muy variados campos: transportes y, de modo especial, el respeto al medio ambiente (“¡bendito sea el árbol!”). Este gran nivel se ve reflejado sobre todo en un sistema graduado de enseñanza en el que viajero español depositó todas sus esperanzas de salvación de “nuestras agonizantes escuelas… No hay necesidad de mandar Por la escuela pública y la infancia 4 maestros al extranjero: de lo que hay necesidad es de destruir nuestras Escuelas y levantar nuevos edificios con nueva organización” (pp. 117, 125). En “Visitando escuelas” (1904), FMA nos cuenta la importancia que los belgas concedían a la escuela como institución preocupada por mejorar la salud de los niños. La existencia de amplios patios de recreo y el reparto de suplementos alimenticios en los centros escolares permitió a nuestro autor contraponer “esta acción salvadora de la escuela que conserva la energía física y moral de la raza y suple la ignorancia o los descuidos de la familia… con el modo marroquí de entender en España todas esas cosas de la educación escolar” (p. 132). Las niñas realizaban prácticos trabajos de aguja que encantaron a FMA. En Suiza –“Las escuelas de Zúrich” (1904)– el maestro cartagenero quedó extasiado por la magnificencia de unos centros que, construidos siguiendo un nuevo reglamento, “aparecen como soberbias fábricas, en las que el lujo, la comodidad, la higiene y la pedagogía, han sido derramadas copiosamente”. La maravillosa escuela de niñas de Hirschengrabe tenía de todo, hasta una sala de fiestas. Y si bien es verdad que tanto lujo no acababa de convencer a FMA, no lo es menos su admiración por un país que “cuando proyecta alguna cosa relacionada con la educación de la infancia, pierde la cabeza y gasta hasta el último céntimo” (pp. 139, 144). En su periplo “Por las islas danesas” (1911) FMA visitó escuelas rurales en las que se concedía una gran relevancia a la educación corporal. Había en ellas clases mixtas, con separaciones cuando son mayores para clases especiales –dibujo, trabajos manuales, gimnasia…–. Los maestros contaban con su propia habitación de baños y el antiguo miedo al mar de los daneses se había eliminado enseñando a nadar a niños y niñas en edades muy tempranas. En el tercer núcleo –La escuela graduada– se incluyeron tres trabajos editados entre 1902 y 1936. La primera de estas aportaciones se ocupa de la “Organización de la escuela graduada” (1902), y en ella se resaltan tres ideas fundamentales: la importancia de la orientación de los maestros para que la construcción de escuelas “sea moderna, científica y práctica” (p. 179), la conveniencia –apoyándose de modo explícito en ideas de Juan Benejam Vives (1846-1922), uno de los iniciadores del movimiento de renovación pedagógica en las Islas Baleares– de que el maestro desarrolle su labor de modo permanente en el mismo grado, y la relevancia de la figura del director –con una clase a su cargo– en la gestión de la vida cotidiana del centro. Las ideas incluidas en “De la edificación de escuelas” (1902) se expusieron por vez primera en la Asamblea pedagógica regional de Valencia celebrada en la fecha citada y fueron publicadas en La Escuela Moderna. El maestro valenciano llegó a esta reunión como “mensajero de una idea vertida ya muchas veces, como propagandista de la Escuela graduada”. El punto de partida es ya conocido: una escuela española que no educa ni instruye y en donde “se conspira todo contra el niño”; una “escuela maldita” que “enerva al Maestro, le hastía, le rinde, lo anula, extingue sus ilusiones y mata sus entusiasmos”. La respuesta a estos problemas y el punto de llegada es igualmente familiar: lo que se necesita no es tanto maestros como “escuelas que nos permitan ser educadores y no crueles carceleros de los niños. Escuelas pedagógicas además de higiénicas”. Esta nueva clase de escuela, que posibilite “trabajar al Maestro y que le rodee de animadores estímulos para que no le desaliente, para que no sucumba”, llegaría gracias al apoyo de algunos políticos a los que FMA dirige sus peticiones: “a los Giner, a los Labra, a los Alcántara, a los Cossío, a los Sardá, a los Vincenti, a los únicos que pueden comprendernos” y pedir también “revolución pedagógica, Escuelas nuevas, organización nueva, graduada” (pp. 186, 187, 188, 189). http://edrev.asu.edu/reviews/revs222 5 En “El problema de las construcciones escolares” (1936), FMA se declaró partidario de los grupos escolares de buen tamaño, si bien solamente “en las grandes ciudades, es decir, donde son posibles y hacen falta”. Las pautas para su construcción vendrían de Europa. Y acerca del lujo o derroche que podría suponer la construcción de acorazados en un país que, como había señalado Luis Bello, no tenía flota, FMA resaltaba que en estos edificios lo importante no eran los aspectos externos –fachada, vestíbulos, mobiliario…– “sino el aire y el sol, el cielo y el suelo, las instalaciones higiénicas y suficientes, así como salas espaciosas de reunión y de trabajo con mucha superficie vidriada”. Estos centros deberían construirse con sobriedad, buen gusto y eficiencia siguiendo pautas marcadas tanto por arquitectos como por pedagogos. En el cuarto núcleo –La enseñanza– se incluyeron cinco textos editados entre 1896 y 1936. En “El sentimiento de la responsabilidad” (1896) se abordó el tema de la relación existente entre las diferentes instituciones privadas y públicas que colaboran en la formación integral de niños y niñas. “Otra excursión escolar” (1907) nos narra la utilidad formativa de las salidas escolares utilizando como ejemplo la visita a una fábrica de fundición de plomo en Escombreras guiados por José Fábregas, un maestro “trabajador, callado, modesto, discreto, de sólida cultura, que lee mucho y que toma en serio hasta las más triviales minucias de sus alumnos”, muy alejado de otros tipos de enseñantes que, desgraciadamente, abundaban mucho en España: desde el abogadillo y pretencioso, “que desprecia la escuela y mira con repugnancia los niños”, hasta el perezoso y apático “que a todo se encoge de hombros”, pasando por el ignorantón y fachendoso (p. 223). El texto “Ventajas de la simultaneidad de idiomas en las Escuelas de aquellas regiones donde la lengua nativa no sea la oficial” (1911) fue presentado por primera vez en un Congreso de Primera Enseñanza celebrado en Barcelona en los últimos días del mes de diciembre de 1909 y primeros de enero de 1910. A la pregunta sobre la lengua que debería hablarse al niño que asiste por primera vez a la escuela en las zonas en las que la lengua nativa no fuera la oficial, los congresistas respondieron en la segunda conclusión aprobada que habría de usarse la nativa y no la oficial, “pero sin que este empleo de la lengua materna, como vehículo espiritual, suponga un instante olvido y exclusión de la lengua nacional” (p. 234). Tomando la manzana como ejemplo, en “El trabajo manual en el Grupo Escolar Baixeras” (1928) FMA puso de relieve la utilidad de las lecciones de cosas en los primeros años de escuela. En la última contribución de este bloque –“La educación cívica” (1936)– FMA defiende que esta materia puede enseñarse desde edades muy tempranas, pues “el niño de siete a diez años está ya sometido a numerosas influencias”. En los primeros años se impartiría más moral que civismo, siguiendo seguramente pautas expuestas en un “Programa de Moral y Derecho” que FMA publicó en el número 158 (1935) de la Revista de Pedagogía. Estas enseñanzas se encaminaban hacia la transmisión de hábitos de diferente naturaleza. Desde un punto de vista metódico, en el primer grado se manejarían biografías de personajes. En el segundo, y junto a las lecturas comentadas, podía trabajarse con ideas abstractas en diferentes materias: Geografía –que “ofrecerá a la imaginación del niño los espacios terrestres con limitaciones definidas, en los que viven gentes que pueden entenderse en una misma lengua, que tienen interesen comunes y se alimentan con los productos de su suelo, de sus ríos y de sus mares”; y una Historia que “enseñará los esfuerzos y sacrificios de muchas generaciones, sus triunfos y sus derrotas, sus glorias y sus desgracias por conservar y Por la escuela pública y la infancia 6 engrandecer el territorio patrio”. Ya con más horas de clase, en el tercer grado se abordarían temas de Moral “que son verdaderas virtudes sociales”: la tolerancia, el ahorro, la higiene y cultura física, el trabajo, el respecto a la vida, a la propiedad… Además tendrían que tratarse el asunto de los deberes de la ciudadanía –el votar, los impuestos, el servicio militar…–, el complejo tema del pacifismo y “otra dolencia nacional: la del internacionalismo y la ausencia de todo sentimiento patriótico”. Siempre, según FMA, teniendo bien presente que “España no espera de las guerras su engrandecimiento y bienestar, sino del trabajo y la cultura” (pp. 255, 256, 257). Antes de justificar los criterios usados para agrupar los trabajos escogidos, PLM apuntaba en la página treinta y cuatro de su estudio introductorio que “una de las facetas menos conocidas y estudiadas de Martí Alpera” eran “sus aportaciones al proceso de fortalecimiento de la profesión docente”. Para paliar en parte esta laguna, en el quinto núcleo –El magisterio primario– se incluyeron cuatro trabajos editados entre 1911 y 1930. “El maestro rural” (1911) está dedicado al primer agente de la educación después del niño en una escuela entendida como “estación telegráfica de ideas entre la aldea y el mundo”. Aunque se habían mejorado algunas cosas –los sueldos de miseria que recibían los docentes– , lo cierto es que todavía quedaba pendiente la tarea principal, a saber, la sustitución de “ese maestro pusilánime y abatido… por otro activo, animoso, instruido”. Esta labor era del todo relevante pues si bien es verdad que curas, médicos y boticarios iluminaban al pueblo, no lo es menos que lo hacían con “una luz refleja”, mientras que la del maestro era “luz directa”. Para no perder el tiempo, el nivel de este último podía perfeccionarse a través de unas conferencias de inspectores centradas, no en temas retóricos, sino en asuntos que afectasen “de un modo inmediato” a algunas de las fases de su labor diaria. Además, esa predicación debería ser lo más concreta posible y basarse “en observaciones recogidas por el mismo inspector en sus visitas a las escuelas” y adoptar “la forma de conversación o de plática sencilla e insinuante, y se verá cómo las palabras se traducen en una modificación de la obra escolar” (pp. 280, 279, 287). La segunda contribución se ocupó de “La Asociación Nacional del Magisterio Primario” (1919), poniendo de relieve no tanto lo ya realizado, más bien escaso, como la necesidad de consolidar una organización que, al menos hasta el momento, había funcionado con poca eficacia: “la Nacional no influye nada o casi nada y, lo que es más sensible, no hace nada o casi nada por reformar, por renovar, por transformar la escuela oficial española”. Tras la enumeración de un ramillete de cuestiones pendientes de resolver, FMA defendió la conveniencia de iniciar una intensa acción propagandística siguiendo las pautas “de la campaña admirable de Luis Bello” en relación con el tema de las construcciones escolares para que esta organización, en el caso de ser contemplada como un cuadro, lo fuera mucho más por el “lienzo”, que era “lo fundamental”, que por el vistoso marco que lo enmarcaba (pp. 293-294). En el tercer artículo –“Las prácticas educativas en la formación de maestros” (1928)– FMA sintetizó las concepciones de dos corrientes antagónicas. Muchos profesores normales seguían defendiendo la “idea vieja y simplista” de que “con unas gotas de metodología de la propia asignatura y a lo más con la ‘lección tipo’ bien pueden prescindir de la escuela práctica, de la clase de prácticas y del profesor de prácticas”. Frente a este punto de vista mayoritario en encuentros profesionales que, por otro lado, no se preocupaban demasiado por este tema –al inicio del escrito se señala su relegamiento en la última asamblea del profesorado de escuelas normales–, nuestro autor puso de relieve la importancia concedida a las prácticas en la Escuela Normal de Maestros de Barcelona, tanto en una materia teórica http://edrev.asu.edu/reviews/revs222 7 como en una “asignatura” impartida en la Escuela Baixeras con la colaboración de un prestigioso profesor de pedagogía: Alejandro de Tudela (p. 298). Desde un enfoque más sistemático, FMA retomó este tema en “Las prácticas de enseñanza en la formación de maestros” (1930), señalando cómo con las dos materias citadas en el párrafo anterior –Prácticas de educación en el primer curso y Prácticas de enseñanza en el segundo– en el mencionado centro pretendían lograr unas actuaciones “reflexivas y fundamentadas”. A partir de las consideraciones de la doctrina pedagógica, las tareas de los futuros maestros se ubicaban en el concepto de la escuela del trabajo entendida como amplio principio didáctico; el contrapeso a la enseñanza verbalista eran las “muchas lecciones de cosas” que daban durante cierto tiempo los alumnos: “unas veces se les señala el tema y otras lo eligen ellos”. Pasando ya al campo de la didáctica específica, antaño denominada “didáctica especial”, los alumnos en formación se ocupaban primero de la enseñanza de la religión y moral. Tras ella venían la didáctica de la lectura, de la gramática, de la aritmética y, junto a otras, de la didáctica de las nociones de ciencias físicas, químicas y naturales; pese a darse en estas últimas algunos traspiés, FMA resaltaba su gran relevancia al ser “las lecciones más interesantes y más activas, las que más sacuden los espíritus, las que alargan más los cuellos, las que hacen brillar más los ojos”. Lógicamente, no podían faltar consideraciones sobre la enseñanza de la geografía y de la historia. En el primer ámbito, teniendo presente que “las adquisiciones perceptivas son la base de estos estudios”, se traza “también el plan, señalamos el carácter de esta enseñanza y marcamos el punto de partida”. Igualmente se aborda todo lo relacionado con el material de enseñanza, prestando especial atención al mapa –cuyo dibujo para los niños se presenta graduado–, a las postales y a las imágenes en pantalla. Algo muy parecido se detalla para la enseñanza de una historia en la que se trabaja con biografías e historia local. A los pequeños “se les cuentan cosas bonitas de la Grecia heroica y de la Roma legendaria”; las clases posteriores se ocupan de diversos temas: “los romanos en España”, “los Reyes Católicos”, “la Guerra de Sucesión y Felipe V” y “los grandes inventos de los siglos XIX y XX” (pp. 308, 309, 313, 314). El sexto y último núcleo está dedicado a La protección de la infancia e incluye dos textos. En el primero de ellos –“Diario de una Colonia” (1907)– se comentan las vicisitudes de dos colonias cartageneras mixtas: una marítima, en la playa alicantina de Santa Pola, y otra alpina que se instaló en los pinares murcianos de Carrascoy. A lo largo de casi un mes –desde mediados de agosto hasta mediados de septiembre– los diarios de la primera, dirigida por FMA, ponen de relieve el amplio papel formativo de estos viajes para la mayoría de alumnos que “no sabía lo que es viajar en tren”. Junto a aspectos culturales, como esa sesión de gramófono celebrada el 12 de septiembre y en la que “un hijo de D. Rafael Ramos ha sido quien llevó a casa el aparato y quien lo ha manejado, haciéndonos oír más de 40 placas”, la estancia junto al mar permitió la realización de numerosas actividades al aire libre que, combinadas con una buena alimentación, mejoraron la salud de unos niños que acaban su estancia con “mejor color y más apetito. La vida activa y sana que llevamos es muy de su gusto. El sol y el aire del mar nos dan continuamente, y puede decirse que sólo utilizamos la casa en las horas de la comida y del sueño” (pp. 318, 325, 319). El trabajo que cierra el libro –La “Casa del Niño” en Cartagena (1919)– pone de relieve la enorme labor social desarrollada por unas instituciones que, con su cantina escolar y en un contexto de gran penuria para muchas familias, proporcionaban dos cosas: un plato diario con “comida caliente al niño mal nutrido” que no era “exquisita ni excesiva, pero sí sana y nutritiva”. Y, en torno a ella, una formación de carácter moral para evitar que crezca en los niños “un sedimento amargo… en el fondo de su espíritu que el tiempo hará tal vez fermentar y aún tal vez estallar en tempestades de odio”. Cantinas y roperos escolares eran Por la escuela pública y la infancia 8 obras de “previsora fraternidad” y servían para ayudar a que los niños de la escuela primaria española se convirtiesen el día del mañana en “hombres fuertes y emprendedores, animosos y resueltos en las nuevas luchas de la paz que van a desarrollarse en el mundo, tan duras y despiadadas como las que acaban de ensangrentar a Europa” (pp. 332, 333). El conjunto de trabajos recopilados por PLM en el libro que comentamos refleja con claridad la presencia de un discurso que siempre tuvo como fin la regeneración de la enseñanza española a partir de los postulados defendidos por la nueva ciencia pedagógica: tanto en su vertiente higiénica, afectando básicamente a las pautas que debieran seguirse en la construcción de los edificios escolares, como –y de manera muy especial– en lo relacionado con el principio de la graduación escolar. Retomando lo escrito por nosotros hace ya varios años al reseñar la edición facsímil de Por las escuelas de Europa, volvemos a señalar el gran interés del pensamiento de FMA. Toda su obra está escrita teniendo muy presente dos ámbitos: el de la política –no se olviden sus buenas relaciones con influyentes miembros de la Institución Libre de Enseñanza y con el Conde de Romanones– y el del gremio de docentes. El discurso de FMA es regeneracionista y esencialista: la educación se entiende como panacea para salvar a la humanidad. El uso racionalizador de la escuela sirve a propósitos integradores: a más escuela (racional-graduada) menor conflicto social y mejor utilización de los recursos humanos. Junto a sus muchas luces, en su obra hay también algunas sombras. Por lo general, se dice muy poco o nada sobre la naturaleza del currículo en primaria, salvo que habría de ser modernizado actualizando el contenido y los métodos de enseñanza de las clásicas materias, teniendo muy presente las necesidades del sujeto discente puestas de manifiesto por la investigación psicopedagógica de aquella época. La crítica a una educación femenina dentro de los moldes más tradicionales (recuérdese que ya en 1892 C. Arenal y Emilia Pardo Bazán, entre otras, habían puesto en solfa el tipo de enseñanza doméstica que FMA alaba) brilla igualmente por su ausencia. En fin, en los trabajos incluidos en este libro hay mucha retórica, pero desde el punto de vista de la renovación didáctica no se cuestiona para nada el currículo clásico. Se pretende, eso sí, que las cosas se hagan con mayor base científica (nueva ciencia pedagógica), profesionalizar mejor la labor del docente (así como su formación inicial), estimular sanamente la competencia conectando parcialmente las mejoras laborales con el mérito (lo cual conlleva la aparición de una jerarquía; en la cúspide estarían los directores de los grandes grupos escolares entendidos como gestores de los buques-insignia de la renovación: las escuelas graduadas). Más arriba, haciéndonos eco de una vieja idea de A. Viñao, hablábamos del relegamiento que habían sufrido maestros republicanos tan ilustres como FMA. Afortunadamente, esta situación ha empezado a cambiar gracias a la atención que le han prestado estudiosos con muy diversas metas: reivindicar globalmente su contribución al fortalecimiento de la escuela pública –véase a este respecto los distintos trabajos incluidos en un libro no muy conocido editado por P. Cuesta Escudero hace ya treinta años, Fèlix Martí Alpera. La seva contribució a l’escola pública en motiu del seu homenatge–; Carolyn Boyd en su clásica monografía –Historia Patria. Política, historia e identidad–, publicada en inglés hace ya doce años y donde se comentaba la labor progresista realizada por FMA como miembro del consejo de redacción de la revista Avante durante la tercera década de la pasada centuria; nuestras propias consideraciones sobre su ingente labor como autor de programas escolares de gran difusión en el contexto del creciente papel del mercado en la concreción del currículum del nivel primario durante las primeras cuatro décadas del siglo XX –véase sobre este asunto el número 8, correspondiente al año 2005 pero publicado en 2006, de Educació i Història. Revista d'Història de l'Educació–; y, finalmente puesto que no deseamos extendernos, el estupendo http://edrev.asu.edu/reviews/revs222 9 partido que sacó Juan Mainer en su tesis doctoral –Sociogénesis de la Didáctica de las Ciencias Sociales. Tradición discursiva y campo profesional (1900-1970), véase http://www.ub.es/geocrit/b3w-737.htm– a las ideas de “uno de los responsables directos de la introducción en España del espíritu y la letra de muchos de los métodos pedagógicos europeos que tanto llegaron a hastiar y preocupar a los jeremíacos defensores de la necesidad de una pedagogía auténticamente nacional” (citamos de la página 451 de una tesis doctoral que, muy pronto, aparecerá publicada en dos volúmenes: La forja de un campo profesional. La pedagogía y la didáctica de las Ciencias Sociales en España, 1900-1970 e Inventores de sueños. Diccionario bio-profesional de pedagogos y didactas de Geografía e Historia, 1900-1939). Lógicamente, a estas apresuradas referencias debería añadirse el libro que comentamos, a pesar de que la figura de FMA está esperando todavía a alguien que, de un modo sistemático, aborde en su conjunto la complejidad de una vida que se abrió con grandes ilusiones y acabó para él –y para muchos otros maestros y maestras– en el mar de la amargura. La tarea pendiente es ardua y complicada. Pero Pedro Luis Moreno ha dado ya el necesario e imprescindible primer paso en esa dirección, a saber, haber dedicado largas horas a la compilación de un libro muy útil para futuros investigadores que, de hecho, ha supuesto el fin de su exilio interior y la salida de FMA a la palestra pública por la puerta principal de una prestigiosa editorial. Quienes, desde la Didáctica de las Ciencias Sociales, nos preocupamos por la historia del currículum –dentro de la historia escolar en general–, solamente podemos congratularnos. Pues, por fin, Félix Martí Alpera ha vuelto a casa: ¡bienvenido! Acerca del autor del libro: Pedro L. Moreno Martínez es profesor titular de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Murcia. Sus líneas de investigación se centran en la historia de la educación en la España contemporánea, en concreto, en la educación de personas adultas, la cultura material de las instituciones educativas, la renovación educativa, la educación social, la infancia o el higienismo. De entre sus publicaciones recientes destacan: Educación, salud y protección a la infancia (2000); “The Hygienist Movement and the Modernization of Education in Spain” (2006); “La modernización de la cultura material de la escuela pública en España, 1882-1936” (2007); “Los pensionados de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas y la Higiene Escolar” (2007) y Educación popular en la Segunda República Española (2008). Acerca de los autores de la reseña: Alberto Luis Gómez (Bilbao, 1946) es profesor titular de Didáctica de las Ciencias Sociales en el Departamento de Educación de la Universidad de Cantabria (España). Desde hace largo tiempo se interesa por la historia del currículum como vía de acceso al estudio de la configuración de principios organizadores para la enseñanza de distintas materias curriculares en niveles no universitarios. Ha sido coeditor de un reciente trabajo sobre La formación del profesorado y la mejora de la educación (2006). Pertenece al grupo Asklepios, integrado en la Federación Icaria, y a la Sociedad Española de Historia de la Educación (S.E.D.H.E.). E-mail: luisal@unican.es Jesús Romero Morante (Mannheim, 1968) trabaja en la Facultad de Educación de la Universidad de Cantabria (España) como profesor titular de Didáctica de las Ciencias Sociales. Es miembro del grupo Asklepios y de la Federación Icaria. Entre 2000 y 2001 permaneció como fellow en el History Education Centre de la Universidad británica de Exeter. Es autor de diversas publicaciones sobre la utilización educativa de las nuevas tecnologías en la enseñanza de la Historia y sobre la sociogénesis del currículum social. En relación con el tema de este Por la escuela pública y la infancia 10 artículo, ha participado en dos recientes volúmenes colectivos, titulados La formación del profesorado y la mejora de la educación (2006) y La formación del profesorado a la luz de una “profesionalidad democrática” (2007). E-mail: romeroj@unican.es. **** Reseñas Educativas/ Education Review publica reseñas de libros sobre educación de publicación reciente, cubriendo tanto trabajos académicos como practicas educativas. Todas las informaciones son evaluadas por los editores: Editor para Español y Portugués Gustavo E. Fischman Arizona State University Editor General (inglés) Gene V Glass Arizona State University Editora de Reseñas Breves (inglés) Melissa Cast-Brede University of Nebraska at Omaha Las reseñas son archivadas y su publicación es divulgada por medio de una listserv (EDREV). Reseñas Educativas es firmante de la Budapest Open Access Initiative.