revs253Ruggiero 25 de mayo del 2010 ISSN 1094-5296 Ruggiero, María Laura (2009) Por qué se pelean los chicos en la escuela Buenos Aires: Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico. 160 páginas ISBN: 978-987-538-255-8 Reseñado por Tamara Fuster Arizona State University El libro describe una etnografía realizada en una escuela privada religiosa en Buenos Aires, más específicamente, en un grupo de sexto grado de esta escuela que es considerado por su directora como “difícil”. El objetivo de la investigación era conocer cuáles son los motivos para los conflictos entre estudiantes, cómo son estos conflictos enfrentados y qué papel juegan los maestros en su resolución. Con este fin, Ruggiero se dedica por un periodo de tres meses a observar las interacciones de los estudiantes tanto en clases como en recreos, así como a entrevistar a estudiantes y maestros. La autora tiene todas las credenciales necesarias para lleva a cabo este proyecto: es una antropóloga con experiencia de enseñanza en la primaria. Su interés en el tema surge de lo que ella cree es una carencia en la teoría psicológica para analizar y entender el fenómeno de la violencia escolar. Justificadamente o no, la autora relaciona los intentos desde la psicología de encontrar un perfil del bully (matón), con la criminología positivista del siglo XIX. El libro ofrece como es de esperar en una buena etnografía, una clara descripción del lugar y abundante uso de citas textuales de los participantes. Esto deja una sensación en el lector de conocer a los niños y de haber presenciado los eventos que se relatan. Sin embargo, la autora no llega a justificar la razón de haber escogido a esta escuela en particular. Nos quedamos sin saber por qué se escogió una escuela privada y católica. Parece ser, de acuerdo a una nota al pie de página, que la entrada a esta escuela fue más bien fue por conexiones personales (nada extraño en la vida real, pero habría que haberlo hecho más evidente al lector). Más adelante, no se explica cómo los resultados encontrados en esta escuela pudieran haber Por qué se pelean los chicos en la escuela 2 sido diferentes si se hubiera observado en otro tipo de institución, por ejemplo, en una escuela pública. Algunos resultados importantes que Ruggiero encuentra a lo largo de su investigación son la poca intervención de maestros en los conflictos de estudiantes, el gran dinamismo de las relaciones entre pares y el descubrimiento de un proceso de bullying (matonismo) dirigido hacia tres jóvenes del sexto grado. Resulta realmente chocante saber que a pesar de que se citan numerosos ejemplos de agresiones entre los estudiantes, no sólo de tipo verbal sino también física, tales como patadas y golpes al abdomen, los maestros parecen ignorar este tipo de actos. Como expresa una estudiante “las maestras no se enteran de nada”. Las docentes parecen estar más conscientes de los problemas de conducta que dificultan la enseñanza dentro de la clase que de las muestras de violencia entre estudiantes que se dan en los recreos. Estos resultados constituyen una llamada de atención para todos los que trabajan en centros educativos. Otro resultado interesante es el gran dinamismo de las relaciones entre estudiantes. Además de la (muy común a esta edad) división por género, las mujeres se dividen tres grupos: las “chetas”, las “villeras”1 y las “discriminadas”. Los límites de los dos primeros grupos en realidad son difusos, con algunas estudiantes moviéndose de un grupo a otro, dependiendo del desarrollo de los conflictos y alianzas. Entre los varones, aunque no se encontraron grupos, las alianzas también son cambiantes. Tanto niñas como niños parecen resolver los conflictos a golpes aunque según los reclamos de los varones, la agresión entre mujeres es aún menos percibida y castigada que la de los hombres. Lo interesante de estas disputas es que según lo que presenta la autora, el fenómeno parece ser muy variable: el victimario en un evento puede convertirse en la víctima en otro. Pero el grupo de las tres estudiantes “discriminadas” es el más estable y más claramente victimizado. A pesar de que por lo menos una de ellas ha estado en la escuela desde preescolar, ellas son descritas por sus compañeros como “diferentes”. Al explorar el por qué de la exclusión, los compañeros señalan dos razones: el hecho de que no se defienden cuando son atacadas y el que tienen la piel más oscura: Marcelo: Porque les dicen bolivianas, otras les dices papa quemada… Yo: ¿Por qué? Marcelo: Porque son morochas… Diego: Andá china boliviana, made in Taiwán, le dicen. Marcelo: Bolitaiwan, le dicen, andate a tu país (p.108) Pareciera entonces que en la Argentina el aspecto físico de estas jóvenes se asocia con un bajo estatus (inmigrante boliviano) y esto es o el causante, o la excusa para el maltrato. Es aquí donde hubiera sido importante que la autora nos hubiera informado cómo estos insultos dirigidos a las estudiantes “discriminadas” se conectan con procesos sociales a nivel nacional; procesos tales como la inmigración, el tratamiento hacia los inmigrantes y el racismo. A pesar de que la autora nos había advertido del peligro de achacar problemas complejos como la violencia a factores individuales, el análisis aquí sólo se queda al nivel de las interacciones entre estudiantes. Y es aquí donde yace la principal debilidad del libro en general. Aunque la autora cita famosos cientistas sociales tales como Clifford Geertz, Anthony Giddens y Mikhail Bajtin (o Bakhtin) se hubiera necesitado que Ruggiero, a partir de los datos y la teoría, nos construyera un marco explicativo de la violencia escolar aunque fuera sólo válido para este contexto 1 “Chetas” denominación utlizada en Argentina para describir a una persona de clases media. “Villeras” personas que viven en una “villa miseria” o barrio popular. http://edrev.asu.edu/reviews/revs253 3 particular. Yo personalmente, aunque fascinada por las explicaciones de los chicos, quedo todavía un poco perpleja y como queriendo entender el por qué unos niños que suponemos no han sido particularmente marginados ni maltratados, se comporten violentamente. A partir de un análisis de este tipo, la autora hubiera podido ir más allá y sugerir algunas recomendaciones para mejorar las relaciones entre estudiantes. Interesantemente, los estudiantes expresan que desearían reglas más claras y consecuencias para los niños que abusan de otros. ¿Será esto lo que hacía falta en esta escuela en particular o serán otras las medidas que se requieren? La autora pudo con su experiencia como investigadora y docente habernos comentado un poco más al respecto. También hubiera sido importante aunque fuera brevemente, que la autora reflexionara un poco más sobre su rol como investigadora. No debe ser fácil para alguien con experiencia docente limitarse a un rol de observación en un centro educativo, ni es fácil para un adulto pasar desapercibido en los lugares en donde los niños escapan de la supervisión de los maestros. Es evidente que a los adultos algunas áreas de interacción de los jóvenes nos son vedadas y hubiera sido interesante conocer cómo la autora negoció su entrada a estas áreas y eventos y qué efecto su presencia pudo haber producido en los estudiantes y en la escuela en general. Para terminar, quisiera hacer un breve comentario sobre la edición. A pesar de estar el texto bien escrito, a veces debí releer algunos pasajes varias veces para tratar de entender las explicaciones de los niños, pues usaban un vocabulario y expresiones que desconozco. Para muestra, un botón: “Las chicas son boludas, son todas unas boludas. Se hacen las chetas, recetitas las muy boludas, re a la moda y después se quieren hacer las villeras” (Luciana, estudiante, p.110). Tal vez para una próxima edición y con el fin de dar al libro una proyección más internacional, algunas expresiones propias de los jóvenes podrían definirse en un pie de página para lectores no argentinos. En resumen, el libro constituye un aporte importante desde la etnografía al conocimiento de la violencia escolar, pues representa un buen reflejo de las voces de los niños y presenta importantes observaciones que invitan a la reflexión. Pero como se ha señalado ya, parece existir un cierto temor por parte de Ruggiero a ir más allá y tratar de entender cómo los resultados de su investigación se conectan tanto con teorías sobre la violencia en general y la violencia escolar en particular, como con la realidad argentina. Referencias Ruggiero, M.L. (2009). Por qué se pelean los chicos en la escuela: Cómo se desencadenan los conflictos. Buenos Aires: Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico. María Laura Ruggiero es profesora de enseñanza primaria y profesora en Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires. Trabajó como docente y directora en instituciones de educación primaria. Tamara Fuster es estudiante de doctorado en Lifespan Developmental Psychology en la Facultad de Educación de la Universidad Estatal de Arizona. **** Reseñas Educativas/ Education Review publica reseñas de libros sobre educación de publicación reciente, cubriendo tanto trabajos académicos como practicas educativas. Todas las informaciones son evaluadas por los editores: Por qué se pelean los chicos en la escuela 4 Editor para Español y Portugués Gustavo E. Fischman Arizona State University Editor General (inglés) Gene V Glass Arizona State University Editora de Reseñas Breves (inglés) Melissa Cast-Brede University of Nebraska at Omaha Las reseñas son archivadas y su publicación es divulgada por medio de una listserv (EDREV). Reseñas Educativas es firmante de la Budapest Open Access Initiative.