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Proceedings of the International Commission on History of Meteorology 1.1 (2004)

2.  Los inicios de la meteorologìa en el Perú

y la labor del Cosmografiato, 1753-1856

Lizardo Seiner Lizárraga

Universidad de Lima, Perú

English Summary

The beginnings of meteorology in Peru are closely linked to the Cosmografiato, a
Spanish institution transferred to the Viceroyalty of Peru that was responsible for keeping
track of various celestial and climatic phenomena.  From 1753-1856, five principal
directors of the Cosmografiato (Juan Rehr, Cosme Bueno, Gabriel Moreno, Josè Gregorio
Paredes, and Eduardo Carrasco) observed, measured, and on occasion qualitatively
described the behavior of the climate of Lima.  They left a relatively homogeneous and
valuable record to posterity, especially instrument measurements of annual maximum and
minimum air temperatures and atmospheric pressure.  This uninterrupted series of
meteorological observations from 1753-1856 represents the most complete record of any
Peruvian city or institution until the 1890s.

Introduction

En 1753 se inicia en Lima una serie ininterrumpida de registros meteorológicos
hechos bajo responsabilidad del Cosmógrafo Mayor, información que fue dada a conocer
en El conocimiento de los tiempos, publicación anual que corría bajo responsabilidad del
mencionado funcionario y que con otros nombres siguió publicándose hasta 1873.  El
presente trabajo rescata la información contenida en dicha fuente entre 1753 y 1856 y se
compone de varias partes:  En una primera mencionamos a los científicos que
antecedieron a los cosmógrafos en las mediciones meteorológicas y cómo se convirtieron
en un importante punto de contacto entre los cosmógrafos locales y los adelantos tècnicos
europeos.  Luego presentaremos los rasgos básicos de cada uno de los cinco
cosmógrafos.  En seguida, tras presentar las ventajas y limitaciones de la información
proporcionada por cada uno de los cosmógrafos veremos las relaciones que tuvieron con
otros científicos que tambièn hicieron observaciones simultáneamente.  Finalmente,
mostraremos la relevancia que la información meteorológica tiene para otros campos de
estudio, en particular la historia del clima.



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La información derivada de aquellas observaciones constituye la primera
plataforma documental para reconstruir el antiguo clima de Lima a lo largo de un siglo y
aún resta comparar la amplitud cronológica de la serie limeña en relación a la de otras
ciudades americanas y europeas.  Conocida pero escasamente utilizada por los
investigadores, dicha información puede emplearse con distintos fines. En primera
instancia, dichas observaciones son testimonio del grado de desarrollo de la ciencia en el
Perú entre los siglos XVIII y XIX.  El historiador Marcos Cueto llamaba la atención
sobre la necesidad de ver el desarrollo de la ciencia en el Perú como una sucesión de
esfuerzos dirigidos a alcanzar una comprensión del entorno natural; por tanto, no era
indispensable hallar descubrimientos científicos originales, hechos al amparo de una
tecnología sofisticada y el empleo de un lenguaje indescifrable para el común.

En segundo tèrmino se halla su valor como testimonio del propio comportamiento
del clima en el pasado.  Debemos partir de varios supuestos; primero, asumir que cada
medición encomendada a cada observador encargado fue efectivamente realizada,
habièndose empleado el instrumental requerido en cuyo uso debieron encontrarse
adecuadamente entrenados.  La única manera de conocer las manifestaciones del clima en
el pasado se da reconociendo la capacidad de cada encargado al hacer las mediciones.
Hacemos esta presunción dadas las escasas referencias a las condiciones físicas en las
cuales se operaron las mediciones en el Perú.  Antes del siglo XX, son muy pocos los
observadores que explicitan sus mètodos de registro.  En consecuencia, cada medición
configura un dato al que debemos reconocerle credibilidad.

Finalmente, y derivado de lo anterior, es importante destacar el valor de la serie
como fuente histórica, capaz de echar luces y definir mejor los parámetros entre los que
oscila la “normalidad” y la anomalía climática que ocurren en una localidad específica.
Fenómenos climáticos que congregan actualmente el interès de la ciencia como los
fenómenos de El Niño o La Niña y cuyas manifestaciones locales se estudian
exhaustivamente en la actualidad  contarán así con un nuevo marco de referencia que
corrobore ó rectifique las cronologías que dan cuenta de eventos de ese tipo en el pasado
y se encuentran hoy vigentes.  Tratándose de un ámbito directamente vinculado al
desarrollo de la ciencia, no resulta impropio suponer que los mètodos de observación
debieron ir afinándose paulatinamente; del mismo modo, las innovaciones estrictamente
tecnológicas redundaron en la fabricación de instrumentos mas modernos, capaces de
ofrecer registros cada vez más exactos.  Por ejemplo, podemos dar cuenta de la evolución
mostrada en el afinamiento de los mètodos; compárese, al efecto, la única medición diaria
de temperatura que solía hacerse en la dècada de 1790 con los cuatro registros que
practicaban los observadores a comienzos del siglo XX.  Asimismo observamos un
avance significativo en cuanto al conjunto de parámetros a ser medidos simultáneamente;
si a fines del siglo XVIII las observaciones se hacían con el propósito de registrar
únicamente temperatura, humedad y presión, a ello se sumó luego la observación y
medición de la dirección y velocidad del viento.  La ampliación del número de
observaciones diarias sumada al registro de varios parámetros climáticos pudo deberse a
una conjunción de factores; la propia disponibilidad horaria del observador, el acceso al
instrumental apropiado, contar con un equipo de trabajo, entre otros.



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Los observadores pioneros

Las observaciones meteorológicas instrumentales se desarrollaron desde inicios
del siglo XVIII y fueron obra de científicos extranjeros a quienes se reconoce como los
portadores del avance científico europeo hacia Amèrica, influyendo poderosamente sobre
los científicos locales.  Entre 1709 y 1712, Louis Feuillèe fue encargado por el rey Luis
XIV para emprender estudios en la costa occidental de Amèrica del Sur y el Caribe,
debiendo centrarse principalmente en la observación de los vientos, mareas, eclipses y
especies botánicas.  Sus observaciones en Lima abarcaron varios meses, comprendidos
entre abril de 1709 y enero de 1710, y aunque no tuvieron una frecuencia estrictamente
diaria, son muy útiles para reconstruir el clima de aquel año.

 Feuillèe registró la presión con un barómetro de mercurio anotando además la
dirección del viento.  No debe perderse de vista el hecho que el uso del barómetro no se
circunscribía únicamente para indicar presión; tambièn se empleaba para calcular la
altitud, con lo cual aplicaba los mètodos mas modernos que venían empleándose en
Europa.

 La posta fue tomada años por otro francès.  Hacia 1735, Charles Marie de La
Condamine inició un largo viaje por tierras americanas con el propósito de medir la
longitud de un arco de meridiano terrestre en el Ecuador.

De esta manera, se estimaba podría conocerse más exactamente la redondez de la
tierra.  Autor del mas rico inventario sobre la Amèrica meridional en el siglo XVIII, La
Condamine continuó la tradición del Padre Feuillèe y consolidó la convicción en Europa
de que Amèrica sólo podía ser conocida a travès de una investigación científica seria.

Su expedición estuvo conformada por un selecto grupo de científicos franceses a
los que se agregaron dos marinos españoles: Jorge Juan y Antonio de Ulloa.

Ampliamente conocidos por sus Noticias secretas de Amèrica, Juan y Ulloa
desempeñaron una importante labor científica.  Sus Observaciones astronómicas y
phisicas publicada en Madrid en 1748, reúne una amplia gama de observaciones
baromètricas, cálculos geomètricos, estudios sobre la posición de los astros y
levantamiento de planos, convirtièndolas en referente de consulta obligada para
implementar acciones de gobierno como para consulta de futuros científicos. Se
extienden largamente en asuntos referidos al empleo del barómetro; por ejemplo, entre el
5 y el 20 de enero de 1741 hicieron una serie de observaciones en Lima a fin de
determinar la latitud de la capital, empleando un barómetro de Torricelli.

Aunque Juan fue un alto exponente de la ciencia europea en el virreinato del Perú,
tambièn se interesó por otros asuntos; la organización política, las costumbres y la
religión pueblan muchas páginas de su Relación historica del viage a la America
meridional tambièn publicado en Madrid en 1748.  En esta voluminosa obra, Juan y Ulloa
no dejan de observar el clima.  Refirièndose al Temperamento que goza la ciudad de
Lima, tema al que dedican todo un capítulo, explican la interacción de factores que
intervenían para modelar el clima templado que caracterizaba a la urbe.  Por ello su
sorpresa al sentir inusuales bajas de temperatura en los inviernos de 1742 y 1743.

Los tres viajes contribuyeron decisivamente al conocimiento mas exacto de la
naturaleza y costumbres de Amèrica meridional.  En relación a la astronomía, grande es
la deuda de sus cultivadores científicos con la expedición geodèsica francesa de La
Condamine; alguien ha opinado al respecto afirmando que, ìtodo el desenvolvimiento



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peruano y quiteño en las ciencias astronómicas tiene un antecedente obligado en la
expedición geodèsica hispano-francesa que duró de 1735 a 1744.

Tal exactitud se logró en base al empleo de un instrumental idóneo; telescopios,
termómetros, barómetros y otros se usaron ventajosamente para observar
sistemáticamente el comportamiento de la naturaleza.  Los termómetros que venían
empleándose en Europa tambièn se usaron en Amèrica, primero por los viajeros y luego
por los observadores locales.  La evolución del instrumental termomètrico tuvo dos
grandes hitos en el siglo XVIII: por una parte, la creación del termómetro de mercurio
gracias a los estudios del físico y modesto constructor de instrumentos alemán, Gabriel
Fahrenheit en 1714; de otro lado, Renè Rèaumur, naturalista francès, inventó el
termómetro de alcohol en 1730, líquido al que solía frecuentemente denominarse ìlicor.
El aporte de los viajeros europeos en el Perú durante la primera mitad del siglo XVIII fue
significativo para el desarrollo de la meteorología pues puso manos de los científicos
locales el instrumental comúnmente usado en Europa. Los cosmógrafos en el Perú
emplearon termómetros de escala Rèaumur, por lo menos desde 1753, cuando Juan Rehr
realiza registros tèrmicos en Lima.  Su empleo se mantuvo por más de cien años, a todo
lo largo del período. El uso simultáneo de las escalas Rèaumur y Fahrenheit recièn se
verifica para la dècada de 1790 y estuvo en manos de observadores ajenos al
Cosmografiato.  El siguiente acápite se extiende largamente en la identificación de la
información meteorológica consignada por cada uno de los cosmógrafos que
desempeñaron el cargo en 1753 y 1856.

El Cosmografiato

Desde su establecimiento en el virreinato del Perú a comienzos del siglo XVII, el
cosmógrafo fue uno de los más importantes funcionarios de la administración colonial y
tuvo su precedente inmediato en el cargo de piloto mayor de la Casa de Contratación de
Sevilla.  Sus funciones estuvieron originalmente vinculadas a la navegación; examinar y
graduar a los pilotos, censurar además las cartas e instrumentos de navegación, predecir
las fases de la luna, calcular los eclipses y ordenar las tablas de cosmografía.  Se mantuvo
vigente y dependiente de la corona española durante casi dos siglos, hasta 1821, año
desde el cual pasó a convertirse en un funcionario republicano.

A pesar que el Cosmografiato se mantuvo vigente en el Perú hasta 1873, mucho
tiempo atrás había dejado de lado las observaciones climáticas; el último registro que
hemos obtenido corresponde al año 1856 aunque es posible que èstas puedan extenderse
hasta 1857, pues solamente al año siguiente el cosmógrafo comunicaba el cese definitivo
de las observaciones.  Entre las mas importantes funciones que el cosmógrafo desempeñó
en el Perú estuvo la observación astronómica; con ella daba cuenta de la marcha de los
astros para así determinar la influencia que èstos tendrían sobre los seres humanos.  A fin
de difundir tan importantes observaciones, y al parecer desde 1680, la corona depositó en
el Cosmografiato la responsabilidad de preparar El conocimiento de los tiempos--
probablemente siguiendo el modelo del Connaissance des Temps, aparecido en París
desde 1679--publicación que aparecía a fines de cada año con el objeto de informar sobre
los eventos astronómicos más relevantes que ocurrirían a lo largo del año venidero.  La
futura ocurrencia de eclipses, la secuencia mensual de las fases lunares y hasta la
aparición de algún furtivo cometa, eran fenómenos puntualmente señalados, dada la



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posibilidad de ser identificados con anticipación.  A esto se agregaba la inclusión de un
calendario y, con periodicidad cada vez mayor, valiosas descripciones geográficas del
territorio.  Se convirtió en un útil manual práctico para uso de funcionarios reales,
cualquier habitante del virreinato ó forastero interesado en dichas cuestiones y que
deseara conocer la influencia de los fenómenos astronómicos y meteorológicos sobre los
seres humanos.

Por sus características intrínsecas, El conocimiento de los tiempos representó la
mejor vía para difundir las observaciones meteorológicas practicadas por los
cosmógrafos.  Larga es la lista de personalidades que estuvieron al frente del
Cosmografiato; varios hombres de ciencia--astrónomos, matemáticos y mèdicos--
desempeñaron el cargo. A travès de las mismas observaciones puede verificarse una
paulatina y sustancial mejora cualitativa debido al avance al que la misma ciencia
meteorológica iba accediendo en Europa y que los científicos en el Perú conocían bien.
En los más antiguos Conocimiento de los tiempos que hemos consultado--textos
correspondientes a la dècada de 1740--no existe aún atisbo alguno de registro
meteorológico.  Todavía en tiempos de Josè de Mosquera y Villarroel, encargado del
Cosmografiato entre 1744 y 1749, se vivía una època nebulosa en lo que a observación
meteorológica se refiere.  En sus textos aún no encontramos observaciones propiamente
dichas sino mas bien pronósticos, tal como era costumbre hacerlos en el Cosmografiato
desde fines del siglo XVII, fuertemente influido por la astrología.  Con la información
astronómica disponible, Mosquera configuraba un pronóstico de comportamiento
climático; el que emitió para 1749 revela claramente la modalidad imperante entonces.
En su opinión, el clima de Lima durante el año de 1749 ìserá en el estío templado y en el
invierno demasiadamente frío porque hallándose todos los planetas en sus apogeos o
mayor distancia de la tierra, poco nos pueden aprovechar sus radiaciones.

Aunque las observaciones practicadas por Mosquera en otros ámbitos son
importantes--por ejemplo confirmar la longitud de Lima en base a la observación
simultánea de eclipses lunares practicada en otros lugares--no existe propiamente forma
alguna de registro meteorológico.

La transición hacia nuevos modelos de comprensión se produjo a inicios de la
dècada de 1750.  Sólo con la difusión del pensamiento ilustrado en el Perú se asiste a la
aparición de escritos que albergaban profundas y razonables dudas sobre la veracidad de
los vaticinios astrológicos.  Fueron los propios cosmógrafos quienes pusieron en duda
dichos postulados.  El conocimiento de los tiempos publicado en època de Mosquera
sintetizaba conocimiento astronómico y astrológico; era común que la base fáctica propia
de la astronomía se conjugase con el vaticinio astrológico; la posición de los planetas
generaba múltiples vaticinios, especialmente los que se vinculan a la salud del cuerpo
humano.  Como era de creencia extendida en aquellos tiempos, las relaciones entre
astros--alineamientos, conjunciones y demás posiciones-- configuraban condiciones
climáticas particulares, causantes a su vez de la aparición de enfermedades.  Sin
sustraerse completamente a estas formas de asociación causal, pero introduciendo el
indispensable elemento fáctico que exige una observación climática idónea, Juan Rehr--
religioso jesuita--fue el primer cosmógrafo en medir la temperatura en Lima.  Tras treinta
años de desempeño en las misiones guaraníes, Rehr fue convocado a Lima
encomendándosele el reparo de las casas de la Orden que habían sufrido los estragos del
terremoto de 1746.  Sus conocimientos de arquitectura y matemáticas respaldaron su



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convocatoria; tanta fue su autoridad en la materia que tambièn se le encomendó el
levantamiento de los planos de la nueva Catedral de Lima, derruida por el mismo sismo.
Nombrado por el virrey Conde de Superunda como catedrático de prima de matemática
en San Marcos en setiembre de 1749 en reemplazo del insigne acadèmico francès Louis
Godin--nombramiento idóneo si nos atenemos al parecer del Padre Vargas Ugarte quien
lo consideraba ìel mas insigne matemático que poseyó la provincia peruana a los pocos
meses se le encargó la responsabilidad de dirigir el Cosmografiato, desempeñándolo entre
1750 y 1756.  Rehr inició sus registros tèrmicos a partir de 1753.  En el análisis que
consignó sobre el comportamiento de la temperatura del aire durante el verano de 1754,
decía Rehr: ìse infiere haver sido mas caliente el estio que el del antecedente de 1753.

Durante su desempeño al frente del Cosmografiato, Rehr enriqueció con un
amplio conjunto de datos el calendario inserto en El conocimiento de los tiempos;
tambièn ajustó sus cálculos astronómicos a las Efemèrides de M. de la Caille.

Su muerte, acaecida en 1756, truncó su fructífero aporte a la ciencia peruana
colonial.

El conocimiento de los tiempos correspondiente a 1755 fue la primera publicación
donde se dio cabida y difusión a registros meteorológicos puntuales.  El registro de 1755
es un resumen de las observaciones que debió practicar Rehr en el transcurso de un año y
su interès estriba más bien en la identificación de las temperaturas máxima y mínima.  Es
evidente que al publicarse únicamente dichos registros--lo único con lo que contamos
para ese año y muchos de los siguientes--es imposible calcular promedios diarios ó
mensuales de temperatura.  En forma simultánea, Rehr tambièn se interesó en medir las
oscilaciones observadas en la presión atmosfèrica, datos que no consignaremos en esta
ocasión.  Rehr implementó el modelo de registro que seguirían utilizando los
cosmógrafos en las dècadas siguientes.  Su particularidad radica en el señalamiento
exacto de los días en que se registraron las temperaturas máxima y mínima observadas en
el transcurso de un año.

Continuador de Rehr en el cargo fue Cosme Bueno, mèdico de formación y
tambièn catedrático de prima de matemática en San Marcos, quien dirigió el
Cosmografiato por más de cuatro dècadas, comprendidas entre 1757 y 1798.  A lo largo
de esos años, Bueno introdujo sensibles mejoras en el contenido de El conocimiento, en
particular las valiosas descripciones de cada una de las provincias que componían el
virreinato del Perú.  Entre los contenidos de El conocimiento se consignaba una sección
denominada ìJuicio del Año, en la que el cosmógrafo adelantaba opinión sobre el
comportamiento climático de cada estación a presentarse en el año venidero, influido
directamente por la posición que ocuparían los planetas.  En 1757 Bueno opinaba que: ìel
influjo de los cielos es tan positivo que por mas que lo nieguen los hombres, lo confiesan
las flores en el campo, el tiempo en sus mudanzas y el mar en sus tormentas.  Bueno
formó parte del selecto grupo de individuos que poseyó bibliotecas en la Lima colonial,
miembros de una ilustrada ìelite lectora alrededor de la cual giró gran parte del comercio
de libros.  Se la considera como una de las mejores bibliotecas limeñas de la segunda
mitad del siglo XVIII.  Como matemático y ìprimer proselito de Neuton [sic] en el Perú,
Bueno estaba en condiciones de comprender la dinámica astronómica con suficiencia
pues era de ìgrande expedicion en la astronomia.  Fue el impulsor de la nueva actividad
astronómica en el Perú.  Ello suponía distanciarse de las frágiles predicciones de la
astrología; ello se hace patente cuando afirma: ìQuè ciertos fueran los prognosticos si la



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astrologia, asi como es un arte de conjeturas fuera un arte de demonstracion.  Si como el
movimiento de los astros se sujeta al calculo, se sujetaran del mismo modo sus influxos,
fuera aquel arte divertido a un tiempo y util.

Los registros de temperatura se extienden a todo el período en el que Bueno
estuvo al frente de dicha institución.  Siguiendo el modelo de Rehr, Bueno anotaba el
resultado de las observaciones que emprendía durante el año.  Las de 1766, semejantes en
la forma a todas las demás, indicaban: ìLos dias en que se sintio mas calor el año pasado
de 1766 fueron el 18 y 19 de febrero y el 14, 15 y 16 de marzo en que subio el licor del
termometro a 21 grados y medio.  Los dias en que se sintio el frio mas intenso fueron el
31 de julio; el 1, 2, 5 [ilegible] y 9 de agosto en que el licor estuvo a 13 [grados] y medio.

Las mediciones del Padre Rehr abrieron el camino del registro meteorológico en
el Perú y aunque desconocemos las condiciones en las que las realizó, sí sabemos que las
practicadas por Cosme Bueno fueron el producto de un esfuerzo indesmayable de su
parte.  La constancia para medir la temperatura pareciera no haber sido tropiezo para el
metódico cosmógrafo ya que--en opinión de su discípulo Gabriel Moreno--sus tareas y
obligaciones ìiban tan arregladas que la hora que tenia hoy un destino, tenía mañana y en
las siguientes invariablemente el mismo.  El testimonio genera un aceptable margen de
credibilidad sobre la manera ordenada y sistemática con que Bueno recogió su
información.  Los avances científicos de Bueno en astronomía fueron los pioneros en el
Perú pero no fueron los únicos en Latinoamèrica.  A medida que transcurría el siglo
XVIII, El conocimiento de los tiempos fue perdiendo el contenido astrológico e
imaginario que poseían y se convirtieron en textos rigurosamente científicos.  En Mèxico,
los ataques a la astrología se remontaban a la segunda mitad del siglo XVII; Carlos de
Sig¸enza y Góngora elaboró una serie de tratados astronómicos e hizo una serie de
cálculos precisos sobre eventos celestes con los que desmitificó la interpretación
antojadiza de los cielos que solía ver en ellos signos de calamidades.  Entre 1671 y 1701-
-año de su deceso--Sig¸enza elaboró 31 lunarios con los que renovó la ciencia
astronómica en Mèxico, consolidando un proceso que se remontaba a 1630.

En dicha renovación jugaron un lugar preponderante  los colegios de jesuitas
esparcidos por todo el continente.

Los registros de Rehr y Bueno configuraron la primera modalidad de presentación
de resultados de observación en el Cosmografiato; èsta se mantuvo inalterable durante
varias dècadas mas.  Consistía èsta en una selección del día exacto o periodo diario en los
que se registró la temperatura máxima y la mínima.  Las mediciones diarias practicadas
durante todo el año no se publicaban; sólo interesaba al cosmógrafo identificar el día más
caluroso del año y tambièn el más frío.  Por fuerza, dado el escaso espacio que se
reservaba a la sección ìObservaciones meteorologicas dentro de El conocimiento, los
registros debían ser sintèticos.  En consecuencia, dada la imposibilidad de acceder a los
registros restantes--cuya existencia desconocemos tanto como la misma documentación
oficial emanada del Cosmografiato--resulta imposible calcular parámetros importantes
como el promedio diario ó mensual de temperatura.  Esta se convierte así en la gran
limitación que presenta la información meteorológica generada por los cosmógrafos entre
1753 y 1856.

A partir de 1798, Gabriel Moreno asumía el cargo de cosmógrafo.  Los registros
aparecieron publicadas en el Almanaque peruano y guía de forasteros para el año de
1799, el primero salido a luz bajo responsabilidad de Moreno.  La llegada de Moreno



Proc. ICHM 1.1 (2004) 21

significó una nueva perspectiva en el análisis y presentación de los temas climatológicos
durante la dècada de vigencia en que estuvo al frente del cargo, entre 1799 y 1809.
Desde la aparición del Almanaque correspondiente a 1801, Moreno agregó, a los
conocidos registros de temperatura, una reseña del comportamiento estacional del clima
habido en el transcurso del año que concluía.  Así, cada estación del año era descrita
detalladamente, indicándose la intensidad y frecuencia de las precipitaciones, las
fluctuaciones de temperatura y demás fenómenos climáticos.  La puntual descripción del
comportamiento climático registrado en Lima durante los últimos meses de 1803 y el
verano de 1804 queda registrada en la siguiente cita:

Noviembre [1803] continuó despejado, a excepción de algunas garúas por la
noche.  Repitieron los relámpagos y algunos temblores remisos.  El barómetro se
mantuvo casi siempre en 27 grados.  El termómetro subió desde 15 hasta 23 y medio.
Cedió el catarro epidèmico comenzado en agosto y en lo general la estación fue sana.  El
estío se inició el 22 de diciembre.  El calor fue mayor que el del estío antecedente aún
con haber subido aquel 3 grados mas del máximo de otros años.  Siempre subió de 23
grados llegando en algunos días hasta 26 grados. Su alternativa en enero fue hasta
mediados desde mas de 24 hasta mas de 25 grados.

Distantes quedaban en el tiempo los registros de Cosme Bueno, sistemáticos
como pocos pero referidos únicamente al señalamiento de las fluctuaciones
instrumentales.  Los de Moreno en cambio, abrían una nueva forma de evaluar el
comportamiento del clima; la exacta presentación de los hechos completaba el vaticinio
del pronóstico, característico de las dècadas anteriores.  La inclusión de estas
observaciones fue ganando espacio dentro de los almanaques; en los primeros años
simplemente formaban parte de algunas secciones, pero a partir de 1806 logra
constituirse en una sección autónoma explícitamente denominada ìMeteorología del año
anterior, manteniendo sus mismos alcances aunque evidenciando la importancia que
Moreno concedía a dichas observaciones.  Así se mantuvo hasta la publicación del
Almanaque de 1809, último de los publicados bajo su guía.

Josè Gregorio Paredes, una de las más importantes personalidades nacionales que
vivió--al igual que Hipólito Unanue--el difícil tránsito entre el règimen colonial y el
nuevo sistema republicano, asumió la responsabilidad de conducir el Cosmografiato
desde 1809 a raíz del deceso de Moreno, ocurrido en mayo de ese mismo año.  A pesar de
haberse alejado por breves periodos en el desempeño del cargo como entre los años 1810
y 1813--por razones de viaje--o entre 1825 y 1828, la vigencia de Paredes se extiende
entre 1809 y 1840, convirtiendo su gestión en la más prolongada al frente del
Cosmografiato en el siglo XIX.  Como señalábamos líneas atrás, Paredes vivió los
convulsos tiempos de la emancipación; ello influyó sobre el funcionamiento mismo del
Cosmografiato amen de introducirse cambios como fue la novedosa denominación con la
que se conocería el almanaque.  Tras largos años de vigencia, el Almanaque y guía de
forasteros variaba ligeramente de denominación al convertirse, a partir de 1821, en el
Calendario y guía de forasteros, año que marcaba el inicio de la nueva estructura política
del país.  Durante las tres dècadas en las que estuvo al frente del cargo, Paredes cumplió
eficientemente su acopio de información meteorológica.  Dada la concisión con la que
fueron redactadas, los registros meteorológicos estuvieron generalmente circunscritos a
hacer mención única pero constante tanto de parámetros tèrmicos y baromètricos; de ello
se deriva su homogeneidad.  Sólo en años excepcionales, varió Paredes la presentación de



La meteorología en el Perú 22

su información.  Uno de aquellos fue 1829, cuando en el calendario correspondiente a
dicho año informaba sobre los terribles destrozos ocasionados en el país a causa de las
fuertes lluvias y desbordes de ríos que provocaron las inundaciones ocurridas en el
verano de 1828.  Paredes continuó publicando el calendario hasta 1840; fue el último
mèdico en ocupar la dirección del Cosmografiato.

Su muerte, acaecida en diciembre de 1839, dio paso a la última gran figura que
estuvo al frente del Cosmografiato: Eduardo Carrasco.  La llegada de Carrasco al
Cosmografiato ocurrió a comienzos de la dècada de 1840 y se prolongó hasta 1858.
Marino de profesión y brillante matemático, Carrasco continuó la brillante saga dejada
por todas las destacadas personalidades que estuvieron al frente de esa institución; en los
calendarios publicados bajo su responsabilidad en las dècadas de 1840 y 1850 hemos
encontrado constantemente una sección reservada a consignar las temperaturas máxima y
mínima registradas en Lima.  A travès de todos esos años, la información se ajusta a un
patrón: indicar de manera sintetizada las fluctuaciones climáticas habidas en la capital
durante el año anterior a la publicación del calendario.  Carrasco observó con dedicación
las variaciones del clima limeño.  Atinada iniciativa fue volver a ofrecer comentarios
sobre la dinámica climática, retomando un estilo que no se apreciaba desde los tiempos
de Gabriel Moreno.  Un ejemplo de ello se aprecia en su descripción del clima limeño de
1849: ìLos días de mayor calor el año anterior fueron del 10 al 30 de marzo en que el
termómetro Reaumur subió de 20.5 a 23.8.  Los días de mayor frío, fueron del principio
de junio al 15 de setiembre en que llegó el termómetro de 15.5 a 14.2 . . . el invierno fue
de los mas rijidos y enfermizos, en que abundaron extraordinariamente las afecciones de
orina y demas de carácter inflamatorio.

Se observa que la información continuaba aún registrándose con la escala
Rèaumur de temperatura, tal como se realizaba en tiempos de Rehr, un siglo atrás, a
mediados del siglo XVIII.

Desde 1858, Pedro Mariano Cabello reemplazó a Eduardo Carrasco en la
confección de las guías.  Ello significó, lamentablemente, la desaparición de la sección
destinada a consignar las observaciones meteorológicas hechas en Lima, como había sido
costumbre en las guías de Carrasco y en toda la tradición anterior.  El mismo Cabello lo
especificaba: ìtengo el sentimiento de anunciar al público que no he insertado en la Guía
las observaciones meteorológicas que he hecho en el año 1858 porque no me ha parecido
desde el momento que, el cumplimiento de las obligaciones anexas al cargo de
subdirector de la fábrica de pólvora que ejerzo, algunas veces no me han permitido
hacerlas en las horas convenientes.

A fines de la dècada de 1850, el Cosmografiato distaba de cumplir con suficiencia
las funciones de antaño; en tal sentido no pareciera ser exagerado el juicio ofrecido por
Manuel Atanasio Fuentes al referirse al Cosmografiato como un ìcuerpo sin vida.  Tras
un siglo de registro constante de temperatura, el Cosmografiato dejaba de lado una de sus
labores más esenciales y encomiables.   No obstante, a pesar de la súbita y definitiva
conclusión de las observaciones, lo acopiado durante todo ese tiempo constituye un
material documental relevante.



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Comentarios

Aunque desde un punto de vista estrictamente meteorológico podrían formularse
explicables atingencias a la información consignada, debemos aclarar que si bien las
mediciones carecen de las especificaciones requeridas tales como número de
observaciones efectuadas durante el día ó emplazamiento exacto del instrumental--que sí
son efectivamente conocidas en otros casos--la información es valiosa en tanto permite
trazar una curva de fluctuaciones tèrmicas.  El gráfico que insertamos a continuación
corrobora lo dicho (figura 1).  Si hemos extendido la serie de observaciones hasta 1856 es
porque la información a la que hemos tenido acceso sólo llega hasta dicho año.  A pesar
de los vacíos observados en determinados años--fuese por la no disponibilidad del texto
correspondiente ó por la no inclusión de la información meteorológica--lo mostrado en el
gráfico constituye una nueva perspectiva para entender la fluctuación de la temperatura
del aire en Lima, aportando, de esta manera, información para confirmar ó rechazar
cronologías de eventos climáticos.  Vèase por ejemplo el pico que registra la línea de
temperatura máxima en el bienio 1803-1804, el mayor registrado en todo el período.
Trabajos anteriores ya destacaban la presencia de un evento ìEl Niño de gran magnitud,
generador de anomalías en todo el virreinato y otras partes del orbe.

Puede entenderse entonces, que en este caso, la información proveniente de un
registro instrumental corrobora lo indicado por la documentación contemporánea.
Hipólito Unanue fue testigo privilegiado de aquellas anomalías y dio cuenta de ellas al
anotar ìel estío de 1804 fue muy caluroso.  El termómetro subió a los 24 grados
[Rèaumur],--situación inèdita, totalmente anormal, toda vez que se consideraba que la
temperatura máxima que solía registrarse en Lima apenas llegaba a los 22 grados.

La información se presentó de diversas maneras. Algunos cosmógrafos
consignaran las temperaturas extremas--máxima y mínima--habidas en una o varias
fechas específicas. En otros casos se hace referencia a lapsos--de duración diversa--a lo
largo de los cuales la temperatura fluctuaba entre extremos.  Veamos ejemplos
específicos:  Según Moreno, el 17 de febrero de 1799 se registró en Lima la temperatura
más alta del año cuando los termómetros de escala Rèaumur marcaron 21 grados.  Años
despuès en 1816, Romero indicaba que los días 28 de febrero y 17 de marzo se había
alcanzado la temperatura más alta, la cual llegó a los 22 grados.  Desde 1799 hasta 1840
y con la única excepción de 1832, los almanaques consignan la temperatura máxima y
mínima registrada durante el año.  A partir de 1841, en cambio, los almanaques pasan a
presentar la temperatura en base a intervalos máximos ó mínimos.  Vèase un registro
típico: entre el 10 y el 30 de marzo de 1849, la temperatura fluctuó dentro de los
intervalos más altos, oscilando entre los 20.5 y los 23.8 grados de temperatura.

Utilidad de la información

Las temperaturas registradas en Lima entre enero y marzo de 1849--que debieran
haber sido altas--no permiten postular la ocurrencia de una situación climática anómala
pues las temperaturas se encuentran dentro de los rangos normales entre los que oscila el
verano limeño.  En base al cuadro, marzo aparece como el mes en el cual se registró la
más alta temperatura absoluta, 27.9 grados centígrados.  Tal registro llama la atención
pues si tenemos en cuenta que 1791 es considerado un año anómalo debido a las grandes



La meteorología en el Perú 24

inundaciones acaecidas en la costa norte y central del virreinato y que ha sido
interpretado como año de ocurrencia de El Niño, las temperaturas debieron haber sido
excepcionalmente altas, mayores de 30 grados, tal como se observó en el fenómeno
ocurrido en 1983.

En consecuencia, las dudas obligan a plantear diversas interrogantes:
•Deficiencias instrumentales de los termómetros empleados por Francisco Romero?
•Inexistencia de un fenómeno tipo El Niño en 1791, contrariamente a lo que se afirma
con frecuencia ó simplemente un rasgo climático propio del evento de 1791?  De igual
modo, la serie nos permite identificar tambièn los años fríos, aquellos en los cuales podría
haberse experimentado los efectos del Fenómeno de La Niña.  Vèase al efecto el período
1813-1816, en cuyos años extremos se registraron las temperaturas mas bajas de la serie.
Romero anotaba que ìel año 1815 será memorable en Lima por su extraordinario
invierno.  La afirmación de Romero debe matizarse a la luz de algunas opiniones.  Una
indicaba ìno se conoce realmente el frío sino solamente el fresco. . . no bien el
termómetro registra unos grados menos de 20∫ la gente comienza a sentir frío y cuando
sube a 26∫ todo el mundo se queja de gran calor.

Indudablemente, la elaboración de esta serie representa un primer paso en pos de
alcanzar un conocimiento más exacto sobre el comportamiento del clima limeño.  Se
extrañan análisis sobre años concretos; conocer más observaciones y descubrir nuevos
registros serán informaciones útiles para establecer mejor las fluctuaciones estacionales
de la temperatura del aire, presión y humedad.  Otras fuentes abrirán nuevos frentes de
búsqueda.  Información especialmente valiosa nos parece la que proporcionan los
mèdicos de la època, afanados por conocer los vaivenes del clima para así administrar
mejor la terapia que permita a sus pacientes soportar mejor los embates de las
enfermedades que solían caracterizar cada estación.  Nótese la riqueza de información
contenida en las observaciones del doctor Josè Manuel Dávalos: ìel invierno de 1813 ha
sido muy suave.  En los meses de julio y agosto ha habido lluvias y nieblas; las heladas
han sido bastante calientes [sic] de modo que los arboles frutales adelantados; con todo,
la yerba ha padecido con los hielos. Aún faltan y análisis debe extenderse a más años y
sólo así podremos establecer una curva aceptable que muestre las fluctuaciones de
temperatura en Lima en el tiempo largo.

En resumen, durante el siglo comprendido entre 1753 y 1856 se desarrolló un
profundo interès por la observación de la naturaleza y en particular, por registrar las
fluctuaciones visibles en el comportamiento del clima en Lima.  El análisis de la serie
configurada en base al registro de la oscilación de la temperatura máxima y mínima del
aire en la capital conduce a corroborar, o delinear mejor--gracias al uso de información
instrumental--episodios ya conocidos de alteración climática como son los eventos tipo
El Niño.  La labor permanente de los cosmógrafos y de otros científicos deseosos de
registrar la temperatura en el tiempo largo, empleándola como información de base para
consideraciones en el campo de la salud, revela los avances de la ciencia en el Perú.
Ellos configuran el período fundacional de la meteorología en el Perú.  Dicho período se
caracterizó tambièn, en lo que a la evolución de los registros meteorológicos en Lima se
refiere, por la existencia de dos esfuerzos simultáneos dirigidos a comprender de modo
más exacto el comportamiento de la naturaleza en su dimensión atmosfèrica.  Por un
lado, un esfuerzo institucional representado por el Cosmografiato, y por otro, el empuje
de numerosos científicos que en forma paralela al primero, registraron de manera



Proc. ICHM 1.1 (2004) 25

sistemática las manifestaciones del clima, según se ha consignado sintèticamente en la
columna ìobservador simultáneo del cuadro adjunto y que no hemos desarrollado en esta
ocasión.  No obstante, aún cuando pueda hablarse del Cosmografiato como una entidad
que formaba parte misma del Estado, no podría soslayarse el hecho que su
funcionamiento recaía en un solo individuo, el cosmógrafo.  En consecuencia, sólo el
impulso individual garantizó la implementación de registros meteorológicos durante el
período.  En suma, el registro meteorológico en Lima tiene larga data y constituye una
excelente puerta de entrada para el conocimiento de diversos aspectos relacionados con la
evolución de la ciencia en el Perú, el rol del Estado en la implementación de servicios
tanto en època colonial como republicana, así como la valiosa participación de científicos
que a título personal o formando parte de instituciones, emprendieron meritorios trabajos
de investigación y sistematización de la información.

Fig. 1. Registro de Temperatura Máxima y Mínima en Lima, 1754-185



La meteorología en el Perú 26

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