JWSR - v6n3 - Festschrift for Immanuel Wallerstein Part II 842 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo José María Tortosa José María Tortosa Instituto Interuniversitario de Investigaciones sobre la Paz Universidad de Alicante Apdo. Correos 99, E- 03080, Alicante ESPAÑA http://www.ua.es/en/cultura/r.altamira journal of world-systems research, vi, 3, fall/winter 2000, 842-857 Special Issue: Festchrift for Immanuel Wallerstein – Part II http://jwsr.ucr.edu issn 1076-156x © 2000 José María Tortosa El primer propósito de este capítulo * es el de explorar algunas de las formas en que el enfoque de los sistemas-mundo puede ser aplicado a un campo aparentemente distante como es el de la investigación para la paz. La razón es sencilla: se parte de que el valor de una teoría puede “medirse” viendo su fecundidad y la capacidad que muestre de arrojar nueva luz sobre problemas y temas ajenos a la misma. De ahí se concluye que una buena forma de colaborar en una colección de ensayos en honor a Immanuel Wallerstein es la de mostrar que el enfoque que él iniciara proporciona ideas relevantes cuando se aplica a campos diferentes al original y da respuestas igualmente importantes a los problemas planteados desde otras perspecti- vas. La paz, de hecho, ha sido un tema prácticamente ausente en la literatura de los sistemas-mundo. El mismo Wallerstein utiliza la palabra en el título de uno de sus trabajos, pero es, ciertamente, un asunto secundario incluso en dicho trabajo (Wallerstein 1995a). La guerra, por su parte, ha tenido un tratamiento algo más frecuente aunque también escaso. Una excepción es el libro editado por Robert K. Schaeffer (1989) dentro de la serie “Studies in the Political Economy of the World-System”. Existen también algunos artículos aislados que abordan la cuestión de forma relativamente tangencial * Mariano Aguirre and Vicent Martínez Guzmán read an early version of this paper. I appreciate very much their criticisms. Jorge Hurtado and Francisco Muñoz also made valuable suggestions. http://www.ua.es/en/cultura/r.altamira http://jwsr.ucr.edu José María Tortosa843 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo 844 guerra, se enfrentan unas a otras aportando cada una de ellas su material empírico, generalmente cuantitativo, y su tratamiento estadístico propio que llevan a concluir una u otra causa del fenómeno bélico. No es sencillo elegir entre estas explicaciones y, como prueba de ello, algunas revisiones de la lite- ratura de los últimos 15 años al respecto acaban concluyendo que, la mayoría de estudios, “failed to solve the empirical problems of ‘when, where, why, and how’ wars spread” o, en general, que esos estudios difícilmente cumplen con los requisitos exigidos por la metodología que ellos dicen aplicar, namely, generality, precision, simplicity, predicting novel phenomena and anticipa- ting results (Simowitz 1998). Planteada de esta forma, esta corriente parece estar llamada al fracaso ya que, en defi nitiva, “science is not the search for the simple but the search for the most plausible interpretacion of the com- plex” (Wallerstein 1996a: 24). Y la guerra (como la paz) es particularmente compleja como para resistir las simplifi caciones a las que la someten estos trabajos nomotéticos que, necesariamente, tienen que “medir” con un mismo rasero las Guerras Mundiales y la del Chaco, el confl icto entre el Ecuador y el Perú y el que se da en la actualidad entre tamiles y cingaleses en Sri Lanka. La alternativa (que es también la más frecuente en los estudios con orientación hacia la toma de decisiones) son los estudios idiográfi cos. En éstos, se busca, a través del caso concreto e inmediato (Bosnia, Ruanda, Che- chenia), el conjunto de detalles y conexiones signifi cativas que, por un lado, permiten una mejor comprensión e interpretación de la complejidad y, por otro, indican cuáles pueden ser los puntos de apoyo para producir cambios en el sentido de solucionar o, mejor, transformar el confl icto de forma no- violenta y así, además, puedan servir de ejemplo u orientación para otros casos semejantes, pero nunca idénticos. Sin embargo también aquí hay difi - cultades a solventar. La principal es la existencia de percepciones previas que afectan tanto al análisis como a la pacifi cación. Algunos estudios idiográfi - cos recientes (Clapham 1998) han mostrado hasta qué punto fueron falsas algunas premisas con que se abordaban los análisis concretos de situaciones concretas durante la Guerra Fría y, en todo caso, la inutilidad de dichas pre- misas en la situación posterior. Si olvidamos las sutilezas en la discusión entre partidarios de estudios nomotéticos (que se autodefi enden como más “científi cos” y son criticados como “data crunching”) y partidarios de estudios idiográfi cos (que se (Hall 1996; So y Chiu 1996; Kowalewski y Hoover 1994; Bandy 1993) y hay referencias a la guerra en el capítulo 2 de Utopistics (Wallerstein 1998), pero, en general, el tema no ocupa un lugar preeminente en la agenda del enfoque. El segundo propósito es el de mostrar en qué medida la investigación para la paz puede ser útil para desarrollar algunos otros aspectos del enfoque de los sistemas-mundo que también han sido, hasta ahora, secundarios en su literatura, a saber, la racionalidad substantiva, los valores y los goals. Como sugieren algunos escritos últimos de Wallerstein, especialmente durante su presidencia de la International Sociological Association, esa committed rationality, racionalidad comprometida con valores, tendría que ser incorpo- rada a las ciencias sociales en general y, por tanto, al enfoque de los sistemas- mundo (Wallerstein 1996a, 1997a, 1997b). i. la aportación del enfoque de los sistemas-mundo Al margen de los sintomáticos enfoques “post-modernos”, de escasa utilidad dada su confusión (Wallerstein 1995d: 487) o las más interesantes elaboraciones de corte fi losófi co (Martínez Guzmán 1995, 1998), la investigación para la paz con base empírica puede clasifi carse, como hace Wallerstein con el enfoque de los sistemas-mundo, en dos grandes tipos: (a) el de los estudios nomotéticos y (b) los estudios idiográfi cos, que, básicamente, se diferencian por el número de unidades y variables consideradas (Wallerstein 1992a, 1995b). 1. Los estudios nomotéticos en el campo de la peace research (or in the related fi elds of strategic studies or international relations), suelen estar fundamentalmente interesados en explicar (Erklären) el fenómeno de la guerra. Para ello necesitan numerosos casos o unidades y relativamente pocas variables por más que en algunas circunstancias, como la de CASCON (Computer-Aided System for Analysis of Confl icts) del MIT, se lleguen a incluir hasta 573 variables que pueden infl uir en el desarrollo violento de los confl ictos. Los estudios idiográfi cos, por su parte, fundamentalmente interesados en comprender (Verstehen) los casos concretos e irrepetibles, se basan, por defi nición, en uno o muy pocos casos y de él o ellos intentan conocer cuantas más variables mejor. En los estudios nomotéticos las “teorías”, en particular las referidas a la José María Tortosa845 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo 846 autodefi enden como más “útiles” y son criticados como “humanidades”) (Wallerstein 1995c: 854-855) y lo sustituimos por la necesidad de explicar y comprender los fenómenos sociales en general y los violentos en particular, es obvio que nos encontramos ante dos acercamientos que se complementan y no tanto como el microscopio ideográfi co y el telescopio nomotético lo harían, sino como se complementa la percepción del árbol y del bosque: ambas son necesarias (Frank 1998: 33 y 39). Es, por seguir la metáfora de Mao, el sol del sistema-mundo el que produce, con su calor, el desarrollo del huevo, pero son las características de este último las que hacen que los que no las tienen (por ejemplo las piedras) no reaccionen de la misma forma ante las causas comunes. Desde esta perspectiva, el enfoque de los sistemas- mundo, al trabajar sobre el “bosque” generalmente, proporciona un contexto en el que situar los casos concretos a analizar y comprender y sobre los que se pretende intervenir, indicando, así, los límites de la acción posible. 2. La utilidad del enfoque no está sólo en la metodología, sino que sigue en el terreno de los contenidos. Para comenzar, el enfoque es un excelente antídoto para la (tal vez pasajera) moda culturalista que pretente explicar los confl ictos sólo y únicamente por factores religiosos, étnicos, civilizato- rios, cosmológicos, culturales en general. Sin negar el papel, fuerte incluso en muchos casos, que juegan tales factores, el enfoque es particularmente útil para reintroducir la economía y sus ciclos y el papel que juega en la economía el gasto militar, en especial durante las fases decrecientes de los ciclos Kon- dratieff (Wallerstein 1996b: 213). En particular, puede servir para analizar el papel jugado recientemente en la violencia directa por factores geoeconó- micos como las reestructuraciones de la deuda externa y sus planes de ajuste y terapias de choque, entre otros. Al mismo tiempo, es cierto que el enfoque, como tal, tiene poco que decir sobre el origen último de la guerra como institución (Martínez Guzmán 1998: 310), pero sí arroja luz sobre la evolución del fenómeno según las dis- tintas perspectivas temporales que se adopten. Para ver hasta qué punto es esto cierto, tómese, por ejemplo, la estimación (muy aproximada por necesi- dad, e incompleta por defi nición en algunos casos) del número de muertes relacionadas con la guerra a lo largo del segundo milenio (Tabla 1). Ante estos datos, es innegable el papel que el capitalismo histórico ha tenido en este aumento de muertes por 1,000 habitantes y muertes por guerra: la acumulación incesante de capital como fuerza motriz, los fenómenos de expansión e incorporación del sistema muchas veces (si no todas) acompañados por comportamientos violentos, el imperialismo, el nacionalismo como matriz de las restantes ideologías (Wallerstein 1992b), la relación entre guerra y construcción del Estado, las características que el sector armamentístico tiene en común con las restantes empresas (inno- vación, competencia, relación cambiante con el Estado etc.) son elementos que sirven para entender mejor esta tenaz escalada de violencia y muerte que incluye los efectos inducidos en las zonas incorporadas por parte de los países que efectúan la expansión (Blick 1988). De todas formas, las palabras de Gellner en el sentido de que Enlight- enment failed to see that war (in Europe) was a consequence or corollary of certain basic features of agrarian society and not of stupidity or lack of “enlightenment” (Gellner 1985: 166) pueden aceptarse por lo menos en dos sentidos. De una parte, porque introducen discontinuidades en una tabla que se pretende contínua; por otra, porque llama la atención sobre las carac- terísticas de los grupos humanos (sociedades) en las que se presenta el fenó- meno y que hacen de la guerra un fenómeno histórico. En resumen: desde esta perspectiva, el enfoque permite un tratamiento histórico de la guerra y de la paz, vistas como parte de un proceso más general que da sentido a los episodios locales y del que hay que partir para entenderlos. Hay, además, otras perspectivas temporales que, una vez aplicadas, llevan a datos diferentes y a conclusiones aparentemente distintas. Con un lapso menor de tiempo y no tomando el “cronos” del siglo como unidad, sino el “kairos” de épocas históricas determinadas, los datos podrían ser los de Table 1 – War-related deaths during the past millennium Century Wars Deaths/1.000 pob. Deaths/War (1,000) XI 47 0.18 1 XII 39 0.36 3 XIII 67 1.14 6 XIV 62 1.43 8 XV 92 2.07 10 XVI 123 3.23 13 XVII 113 11.21 54 XVIII 115 9.72 61 XIX 164 16.19 118 XX 120 44.37 924 Source: (Eckhardt, 1991: 438) José María Tortosa847 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo 848 la Tabla 2, con los mismos caveats que la anterior a propósito de la estima- ción. Al margen del carácter eurocéntrico del dato y sus conclusiones (argu- mento sobre el que también se alerta desde el enfoque de los sistemas- mundo [Wallerstein, 1997d; Frank, 1998]), la tabla sugiere otro tipo de issues a superponer sobre el avance contínuo de las “guerras capitalistas”. Se trata de la discontinuidad de las sucesivas hegemonías dentro del sistema interestatal y sus correspondientes “paces” (pax britannica, pax americana), “‘peace,’ meaning primarily the absence of military struggle—not all mili- tary struggle, but military struggle among great powers” (Wallerstein 1995a: 25). En pocas palabras, el enfoque permite afrontar tres tipos diferentes de problemáticas. En primer lugar, el de las guerras capitalistas o guerras modernas y su particular relación con la construcción del Estado (Davis et al. en Schaeffer, 1989: 27-46). Segundo, la cuestión de las guerras hege- mónicas, fenómeno cíclico asociado con las fases de deslegitimación de las sucesivas hegemonías en el sistema mundial por lo menos desde la que implantaron las United Provinces. Tercero, las guerras relacionadas con las diferentes fases de las ondas Kondratieff que presentan características dis- tintas en los momentos de expansión (fase A) y en los de contracción (fase B) de la economía-mundo (Chase-Dunn y O’Reilly en Schaeffer 1989: 47-64; Boswell et al. ibid.:9-26; Wallerstein 1998: ch. 2). Sobre todo, el enfoque permite una mejor conceptualización de los pro- blemas de la presente coyuntura post-Guerra Fría al menos de dos formas. Por una parte, porque ya estaba en el enfoque la necesidad de superar la misleading distinction between international political economy and security studies que fue el error epistemológico básico durante la Guerra Fría (Kirs- hner, 1998). De hecho, era frecuente entonces separar el análisis del funcio- namiento del mundo “capitalista” por un lado y los estudios sobre el confl icto Este-Oeste por otro como si fueran cosas separables, error que se podía evitar desde el enfoque de los sistemas-mundo ya que su “holismo” permitía mucho más fácilmente pasar por encima de las arbitrarias (históricas) divi- siones entre disciplinas. Por otra parte, el enfoque, al no ser estado-céntrico (state-centered), permite una mejor comprensión de la actual situación en el terreno de la paz. Como es sabido during the period 1989-96 there were 101 armed confl icts having at least 25 battle-related deaths during the year, but of the 101 confl ics only 6 were interestate confl icts and only 2 of these were active in 1996 (Wallensteen y Sollenberg 1997). El enfoque, desde esta perspectiva, sin negar el papel que juegan los Estados y el sistema interestatal, permite comprender mejor las fuerzas trans-estatales y sub-estatales que explican casos concretos e incluso avan- zar hipótesis sugestivas sobre el movimiento por la paz mismo, formando parte del trío de “tools with which those with power met the challenge of the dangerous classes”, namely “social ideologies, social science and social movements” (Wallerstein 1996a: 18-20) o, si se prefi ere para lo que aquí nos ocupa, pacifi sm, peace research and peace movements. La vieja investigación para la paz se autodefi nía como “relaciones inter- nacionales a la que se añade un horizonte normativo”, es decir, que tenía como unidad básica (si no única) de análisis al Estado y a sus relaciones con otros semejantes (Wiberg 1991). El punto de partida era común: las relacio- nes eran inter-nacionales, es decir, entre naciones que se suponía sinónimo de Estado. Con independencia de lo errado de tal supuesto y si, como indica Wallerstein (ibid.: 22; 1995a; 1997c: 58), nos dirigimos a una época caracte- rizada por less stateness, los enfoques que siguen teniendo al Estado como unidad central para el análisis (incluido el de la violencia y la paz) tienen menos que ofrecer en la actual coyuntura y esto es válido para los Interna- tional Relations Studies como para la Peace Research. Pero también para los Security Studies. En la situación actual, un enfoque menos estado-céntrico puede ser mucho más útil por más que la introducción de la variable core and periphery siga siendo relevante sobre todo si se la completa con la struc- tural theory of imperialism elaborada por Galtung (1971). 3. El enfoque, fi nalmente, es también particularmente provechoso para entender algunas de las polémicas clásicas en el campo de la inves- tigación para la paz como el arms race debate (Sample 1997), la cuestión Table 2 – Fatalities in normal and crisis periods Period Fatalities per Year Annual Fatalities per 100.000 Age of Baroque (1741-88) 12,000 7.5 Napoleonic Wars (1789-1815) 91,000 47.2 Early Victorian (1816-1913) 14,000 5.4 Victorian Age (1816-1913) 27,000 7.5 World Wars (1914-1945) 1,152,000 165.2 Present Age (1946-85) 1,500 0.2 Source: (Melko, 1992: 101) José María Tortosa849 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo 850 sobre la relación entre confl icto interno y confl icto externo (Heldt 1997) o las todavía más clásicas, pues tienen sus orígenes en la Paz Perpetua de Immanuel Kant, sobre el pretendido carácter pacífi co de las democracias (Starr 1997) o sobre el papel del comercio como forma de evitar el confl icto armado (Gissinger y Gleditsch 1998). En todos estos casos, los intentos de obtener buenas respuestas a partir de análisis nomotéticos puros (de “data crunching”) parece abocados al fracaso en la medida en que no consideran diferencias de posición entre las unidades estudiadas y, sobre todo, practican un notable a-historicismo y una no menos notable ceguera ante los factores externos a dichas unidades que pueden tener una mayor fuerza explicativa, todo ello al margen de que, con mucha frecuencia, the literature is excessi- vely techique oriented, empasizing the mechanical application of rules and is written by authors that forget to ask themselves the right questions (Smith 1998: 419). Estas polémicas clásicas se entienden mejor si las unidades se estudian no sólo mediante sus variables internas (que, ciertamente, hay que consi- derar) sino también a través de su posición en el sistema interestatal y la coyuntura particular del sistema-mundo en el momento que se analiza. Por ejemplo, la tesis según la cual “democracies don’t fi ght each other” tiene una mejor lectura si se considera el funcionamiento del sistema-mundo cuyo resultado es la concentración de los “bienes” o las “ventajas” en determinadas zonas llamadas centro (core) y de los “males” o las “desventajas” en otras lla- madas periferias: las democracias (centrales) van menos a la guerra, porque lo necesitan menos… lo cual no quita para que, periódicamente, no hayan guerras entre países centrales por conseguir la hegemonía y que pueden ser mucho más mortíferas que las otras (Hobsbawm 1998) ni quita la violencia dentro de los países del centro, que no se denomina guerra, pero que resulta igualmente letal y que toma la forma de asesinatos y homicidios cuyo conte- nido de clase tendría que ser subrayado con más frecuencia. El enfoque de los sistemas-mundo proporciona, además, un instrumen- tal teórico que ayuda a entender mejor el funcionamiento del sistema en su conjunto en el que intervienen no sólo Estados sino también multinaciona- les, ONGs, OGs, bloques comerciales, todos ellos bajo una única lógica: the endless accumulation of capital. En general, el enfoque puede proporcionar una teoría “no-idealista” sobre el cambio social, es decir, una teoría que aporte lo que, muchas veces, falta en la investigación para la paz, namely, “an unders- tanding not only of the type of society one is in and the social forces opera- ting therein but also of the historical possibilities of altering them” (Lawler 1995: 159) que a veces son muy escasas, si no nulas, pero que, en todo caso, hay que evaluar metódicamente so pena de caer en la freudiana “omnipoten- cia de las ideas” con muy escasa incidencia posterior en la “rugosa realidad”. Este reto de la complejidad es el que hace que las ciencias sociales “are facing a scientifi c world totally unimagined by them before now” (Wallerstein 1992a: 7). La solución no es, ciertamente, el “data crunching” en el que las unidades son comparadas como si no formaran parte de un todo. Pero tampoco es una buena solución dedicarse únicamente al estudio del árbol. Por más que sea deseable que “the social scientist” proporcione “a detailed analysis of the stringency of constraints for particular projects in specifi c contexts on the part of determinate groups, and the strategic uses made of their respective degrees of freedom”, no parece que sea deseable que “this confi nes us to narratives sans grandeur” como afi rma Margaret Archer (Archer 1998: 15): el árbol nos puede impedir ver el bosque; y el bosque existe. En todo caso, “the hard thing is to fi nd the appropriate balance, and to be certain that it is the most relevant for the question you wish to answer” (Wallerstein 1995b: 245). ii. la aportación de la investigación para la paz Si la aportación del enfoque de los sistemas-mundo puede resumirse diciendo que proporciona contexto, es decir, meaning y conciencia de los límites de la acción, la aportación de la investigación para la paz se sitúa en el terreno de los objetivos o las fi nalidades. Como indica Wallerstein (1997c: 57; Aguirre 1995), “el mundo de los próximos cincuenta años promete ser mucho más violento que el mundo de la Guerra Fría del que hemos salido”. Ahí van a intervenir los factores asociados con el ciclo de hegemonía y con las ondas Kondratieff. A eso se le añade la disminución del papel del Estado que, recuérdese, era el detentador del monopolio de la violencia legítima. Finalmente, esta combinación de trayectorias viene agravada por la posible crisis terminal del sistema-mundo contemporáneo. La pregunta responsable sigue siendo la clásica: ¿Qué hacer? Lo cual, siguiendo indicaciones igualmente clásicas de la investigación para la paz, implica, entre otras cosas (Galtung 1997, 1998: 27): (a) Establecer, inicialmente, un diagnóstico que se corresponda con la rea- José María Tortosa851 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo 852 lidad empírica, realidad en la que deberán incluirse tanto los factores culturales a largo plazo o la historia de las interacciones políticas y militares, como el papel de la economía en general y del sector arma- mentístico en particular. Se podría hablar de un “mapa” global. (b) Identifi car los confl ictos, es decir, elaborar el “mapa” local en el que aparezcan los diferentes actores implicados, sus intereses, percep- ciones, estrategias y las relaciones entre todos estos elementos. De este “mapa” es de donde puede derivarse un pronóstico. También aquí deberán estar presentes los diversos niveles de tiempo-espacio, es decir, desde la longue durée a la coyuntura y los respectivos espacios (Wallerstein 1988). (c) Elaborar alternativas o terapias, tal vez yendo un poco más allá del mero “clarifi car las opciones históricas que se presentan ante noso- tros” (Wallerstein 1997c: 58) y buscando superar el positivismo y el conformismo mediante el recuerdo de que las percepciones de la realidad pueden acabar formando parte signifi cativa de esa misma realidad y, en cualquier caso, recordando que, en condiciones de par- ticular incertidumbre una vez perdida la fe en las “leyes de la histo- ria”, somos sujetos y actores de esa historia y podemos plantearnos “the kind of historical system we wish to construct” (Wallerstein 1997b: 329). 1. Los practicantes de peace studies constituyen un conjunto todavía más heterogéneo que el formado por los que pueden clasifi carse dentro del enfoque de los sistemas-mundo. Hay, de todas maneras, un elemento en común en aquéllos, a saber, el de compartir la paz como un valor (Galtung 1996: 13-16) por más que sus actitudes hacia la violencia directa (física) y hacia la violencia estructural (básicamente, la injusticia y la inequidad) puedan cambiar de unos a otros según la tabla tomada de Galtung y que también puede servir para avanzar hipótesis sobre por qué la guerra (o la paz) no es un tema central en el enfoque de los sistemas-mundo. “A world-system approach to the study of war is historically bound…: it does not attempt to discover a single entelechy of war that can be reduced to transhistorical dictums such as Clausewitz’s…or Mao Tse-Tung’s…” (Schaeffer 1989: 1). Algo parecido tendría que decirse del estudio de la paz como objeto, en cuyo caso la idea de “paz imperfecta” puede ser una herramienta muy conveniente (Muñoz y Rodríguez 1997: 69-70). Pero aquí me interesa subrayar la paz como horizonte normativo. 2. Wallestein (1997a; 1998) ha afi rmado que “the next 25-50 years will be terrible ones in terms of human social relations” y que, del mismo modo, “the next 25-50 years will be exceptionally exciting ones in the world of knowledge. The systemic crisis will force social refl ection”. Pero, ¿qué debería guiar esa social refl ection? En mi opinión, y desde una perspectiva de investigación para la paz que considero compatible con el enfoque de los sistemas-mundo, serían los siguientes elementos: (a) En primer lugar, un moral commitment de una ciencia moralmente comprometida. “Sólamente podemos conseguir un mundo mejor si estamos dispuestos a emplear nuestras energías morales para conseguirlo” (Wallerstein, 1997e: 71). Nada, pues, de las malas lecturas de Weber que lo convierten en adalid de una ciencia social neutral. En ningún momento, y todavía menos en la coyuntura presente, hay que “renounce our own moral obligations and ethical commitments” y el riesgo de transformar al “social scientist as the sole guarantor of morality” (Archer 1998: 15) puede ser fácilmente obviado manteniendo relaciones con los movimientos sociales y los partidos políticos sin caer en el síndrome del “intelectual orgánico”. El científi co social es uno más y dudo que alguien haya pensado en resucitar la idea platónica del fi lósofo rey. Pero eso no quita para que los diagnósticos (globales y locales) no vayan guiados por una racionalidad substantiva, asunto en el que la fi losofía de la paz puede aportar materiales muy interesantes (Martínez Guzmán 1995). (b) En segundo lugar, a commitment to peace que, como indica Galtung (1996: 13-14), “has to be well, but not too well, defi ned”. Para lo que aquí nos ocupa, la paz debe incluir la transformación no-violenta de los confl ictos mientras sea posible. Hablamos, pues, de peace by peaceful means. Este último es un requisito cargado de consecuencias, por ejemplo para algunas revoluciones que podrían ser aceptadas siempre que cumplieran con determinadas limitaciones como la de ser el último recurso, un nivel del confl icto extremo y perspectivas de futuro no más violentas que las de origen. Table 3 – Attitudes to Violence Direct Violence Condoned Structural Violence Rejected Condoned Rejected Lutheranism, “Compassion with victims” “Rightism”, “Law and order” “Leftism”,”Revolution” Gandhism (Source: Galtung, 1992: 70) José María Tortosa853 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo 854 Lo que sí hay que introducir es que la violencia que se considera no sólo es la violencia directa sino también la estructural y la cultural (Galtung 1996: 196-296). En el punto de la lucha contra las desigualdades y el sesgo contra la injusticia (Wallerstein 1997a, 1997b), fenómenos todos ellos relacionados con la violencia estructural, podrían estar de acuerdo muchos practicantes de la investigación para la paz y muchos investigadores clasifi cables dentro del enfoque de los sistemas-mundo. Ciertamente no todos. Y mucho más claro si hablamos de violencia cultural o incluso directa. Pero, en buena tradición gandhiana de “emphasize common and compatible goals” (Galtung 1992: 175), no parece mal camino comenzar el encuentro entre ambas perspectivas a partir de la violencia estructural o, si se prefi ere, a partir de la fi nalidad de la paz estructural, es decir, de la justicia, la equidad y la lucha contra la desigualdad extrema como valores. (c) En tercer lugar, la investigación para la paz, por más que corre el riesgo del wishful thinking idealista, puede aportar la urgencia de pensar en términos de alternativas y trayectorias de acción colectiva posible. De nuevo, no se trata del fi lósofo rey ni del intelectual orgánico, pero sí del compromiso con la transformación de una realidad que los valores indicados en 1 y 2 per- miten juzgar como poco deseable y con una transformación hacia la realiza- ción de dichos fi nes. No es infrecuente, aunque no es general, que los que se dedican al enfoque de los sistemas-mundo proyecten una imagen como de torre de marfi l: situados en su atalaya del “time of the sages” de Braudel y de la perspectiva global, explican con fruición lo mal que estamos y no sólo no avanzan alternativa alguna sino que se encargan de explicarnos que nin- guna de ellas es viable. Entre la tyranny of globalism que condena a la resig- nación o a la mera defensa local (Petras y Brill 1985) en un extremo y la “imprecise normative orientation the content of which is continually contes- ted” (Lawler, 1995: 237) en el otro, se impone un pragmatismo profundo que parte del reconocimiento de nuestra ignorancia de las “leyes de la historia” que, paradójicamente, signifi ca que, por primera vez, podemos ser sujetos de la historia, como ha indicado Wallerstein repetidas veces (Tortosa 1997). “The issues”, en efecto, “are too important that they not be faced, and they are too urgent to be closed off to analysis by failing to fi ght the war on two—indeed on all—fronts at the same time” (Wallerstein 1995b: 247), a saber, y para lo que aquí nos ha ocupado, el del análisis concreto de situa- ciones concretas por una parte aun a costa de desmovilizar y, por otra, el de los moral engagements aun a costa de perder la “inmaculada concepción” científi ca. Pero también aquí, cuando se trata de encontrar la síntesis entre peace research and world-systems approach, “above all, I urge prudence in any haste to shout Eureka!” (Wallerstein ibid.). iii. concluding remarks La vida académica y, en general, la intelectual se caracteriza normal- mente, por lo menos en Occidente, por el predominio de una actitud gla- diatorial o, si se prefi eren otros términos, maniquea o “bogomil”: se supone que las ideas se enfrentan unas a otras en una especie de “juicio de Dios” del medioevo europeo que decidirá quien tiene razón y quién no, quién repre- senta al Bien y quién al Mal, qué teoría es la verdadera y cuál es falsa. La falsa, mala y, por tanto, fea deberá morir, cosa que ya había manifestado al entrar en la arena del circo bibliográfi co al gritar “morituri te salutant” ante el Juez fi nal. El Verum, Bonum, Pulchrum se salvará. La metáfora puede extenderse y describir que la vida de un gladiador no sólo va a depender de sus artes marciales y de su armamento, según rezan los manuales de metodología tanto nomotética como idiográfi ca. También dependerá de su politiqueo dentro del “colegio invisible” de gladiadores que permitirá unas armas ahora y otrás en otras circunstancias o que “amañará” los torneos o sesgará el sorteo de los luchadores. Sobre todo, dependerá del público, del César y de las relaciones entre éste y aquél. Hay en efecto, y abundan, gladiadores falsos que sobreviven o porque conviene al César (o al Gran Inquisidor de Dostoievski) o porque consiguen la simpatía del público (y de nada vale proclamar el “odii profanum vulgum et arceo”). No voy a seguir más lejos, ya que no he pretendido hacer luchar la investigación para la paz en general con el enfoque de los sistemas-mundo también en general. Sin embargo, tampoco he hecho un alegato en pro del abrazo pacifi sta entre teorías o enfoques. La confrontación de objetivos, datos, conceptos, coherencia de éstos, correspondencia con aquéllos es importante. Pero el objetivo fi nal no es la muerte del otro (objetivo mezquino, en mi opinión, por más que sea objetivo académico o tal vez por ello). El objetivo fi nal es el de mejorar las condiciones de vida del público y sus relaciones con el César. No parece que convertir al intelectual en Gran Inquisidor sea una buena opción. Al contrario, se trata de que una sus fuerzas con los demás gladiado- res y responda, una vez más, al ¿qué hacer? ¿qué debemos hacer? y ¿qué fi nes José María Tortosa855 La investigación para la paz y la perspectiva de los sistemas-mundo 856 queremos conseguir? Lo que, ciertamente, no tiene sentido hacer, y mucho menos en las actuales circunstancias, es matarse unos a otros. Ni metafó- ricamente en la arena intelectual ni realmente en los campos de la muerte. Las refl exiones recientes de Wallerstein en pro de “abrir las ciencias sociales” y de afrontar con responsabilidad la era particularmente violenta que se nos avecina, creo que van en una dirección parecida. references Aguirre (1995). “Guerra y violencia en el fi n de siglo” in Los días del futuro. La sociedad internacional en la era de la globalización, Barcelona: Icaria, pp. 153-184. Archer, M.S. (1998). “The Dubious Guarantees of Social Science. A Reply to Wallerstein,” International Sociology, XIII, 1: 5-17. Bandy, J.D. (1993). “Rites of Disarmament: The World-System Context of Ritual Unity and Confl ict in International Nuclear Debates,” Peace and Change, XVIII, 2: 126-156. Blick, J.P. (1988). “Genocidal Warfare in Tribal Societies as a Result of European- Induced Culture Confl ict,” Man, XXIII: 654-670. Clapham, Ch. (1998). “Rwanda: The Perils of Peacemaking,” Journal of Peace Research, XXXV, 2: 193-210. Eckhardt, W. 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