RESEñA BIBlIoGR ÁFICA 215 Este libro contiene textos inédi- tos de uno de los antropólogos más im portantes de Estados Uni- dos, quien también es uno de los estu dio sos que más influencia han te nido sobre la antropología mexi- cana: Robert Redfield. Quizá Redfield nunca pensó que su contacto con los mexi canos le iba a transformar tanto su vida. Primero, su visita a méxico, donde conoció al ilustre antropólogo ma- nuel Gamio, le cambió su vocación profesional de abogado a antropó- logo. Después, durante sus estu- dios de posgrado en antro pología, su encuentro con los me xi canos en Chicago lo trajo de regreso a mé xico. En Tepoz tlán rea lizó su trabajo de campo para la tesis del doctorado, que después fuera edita- da en 1930 como Tepoztlan, a Mex- ican Village. A partir de ahí, como si fuera un con verso a la mexica- nidad, la vida de Redfield estuvo siempre en con tacto con méxico, donde en 1930 continuó con sus famosos estudios sobre Yucatán, y de ahí, siguiendo la ruta maya, se dirigió hacia Guatemala. Varios de sus libros, hoy valorados como clásicos de la antropología, tratan sobre la cultura de los mexicanos: de los indígenas, de los campesi- nos, de los procesos de folcloriza- ción y de cambio social a partir de Mexicanos en Chicago. Diario de campo de Robert Redfield 1924-1925 Patricia Arias y Jorge Durand (investigación y edición), México, Universidad de Guadalajara, Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social Occidente, Porrúa y El Colegio de San Luis, 2008 Mirada antropológica de los mexicanos en Estados Unidos: Etnografía de Robert Redfield Renée de la Torre Castellanos Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social Occidente reseña bibliográfica [215] Migraciones internacionales 17.indd 215 8/3/2009 3:20:27 PM mIGRACIoNES INTERNACIoNAlES, Vol. 5, Núm. 2, JUlIo-DICIEmBRE DE 2009216 las relaciones entre las sociedades urbanas y las rurales. Redfield murió en Chicago, en donde dejó guardado un tesoro: su diario de campo que escribió cuando era estudiante del primer año de antropología, y durante el cual decidió incursionar en el es- tudio socioetnográfico sobre la vi- da de los mexicanos en Chicago, trabajo que realizó durante 1924 y 1925. Hoy esos papeles, publi- cados en este libro, documentan la primera investigación antropo- lógica sobre los mexicanos en Es- tados Unidos. Este diario, escrito a mano en una libreta a rayas de pasta azul, permaneció inédito, ca si intocado, durante 83 años. Inicialmente, hasta antes de 1967, estuvo resguardado por unos ami- gos. Después fue entregado al De- partamento de Antropología de la Universidad de Chicago, donde se almacenó en una caja con el nú mero 59. Seguro que Redfield jamás imaginó que su diario se- ría desempolvado por un par de antro pólogos venidos de méxico, quienes, con alma de coleccionis- tas, rastreaban los indicios de la existencia del diario. Jorge Durand y Patricia Arias, antropólogos incansables, eran es- pecialistas en guiarse por el méto- do indicial y por su afinado olfato para descubrir obras de arte tras las formas del arte popular. Por ejem- plo, habían sido capaces de ver, en las láminas oxidadas tiradas en los basureros afuera de la Basílica de San Juan de los lagos, en los Al- tos de Jalisco, futuros documentos gráficos cargados de imágenes que permitirían decodificar la cultu- ra religiosa de los mexicanos, los problemas del mundo rural y los riesgos y temores de los migran- tes al cruzar la frontera hacia el otro lado. Esas láminas que los Durand-Arias encontraron y res- cataron de la basura, de tiendas de antigüedades, de casas particula- res, después de ser catalogadas por ellos, hoy conforman una de las colecciones más ricas de exvotos religiosos, tanto por su valor es- tético como por ser considerados documentos históricos para el es- tudio de la cultura de los migran- tes a lo largo del siglo xx. A finales de 2008, este par de antropólogos, que fueron influen- ciados por Redfield a través de las enseñanzas del maestro Ángel Pa- lerm, transforman un archivo con papeles amarillentos en un objeto de culto para los antropólogos y de paso para los estudiosos de la migración méxico-Estados Uni- dos. De nuevo Robert Redfield regresa a méxico a través de esta hermosa e interesante edición de sus notas de investigación. Migraciones internacionales 17.indd 216 8/3/2009 3:20:27 PM RESEñA BIBlIoGR ÁFICA 217 En este libro no sólo rescatan documentos inéditos de Redfield, que por sí mismos revisten un es- pecial sentido para la historia de cuatro disciplinas: la antropológi- ca, la de los estudios sobre migra- ción méxico-estadounidense, la de los estudios urbanos y, finalmen- te, la de los estudios chicanos. los editores, debido a que las notas de Redfield no estaban hechas para ser publicadas, tuvieron que in- geniárselas para hacerlas legibles y publicables. Tuvieron que des- cifrar garabatos, tachados, leer entre líneas, atar cabos con otros datos que contextualizaran las re- ferencias, y usar tinta mágica para redibujar las letras debilitadas por el paso del tiempo. También consiguieron fotografías, mapas ur banos, tarjetas postales y anun- cios, propaganda y gráficos para documentar el Chicago que los me xicanos habitaron en la década de los veinte. Su olfato de colec- cionistas de arte popular los llevó a rastrear información en los luga- res y los objetos menos pensados: en el museo de Artes de Chicago. El libro, además, nos ofrece tres capítulos extraordinarios que sólo los autores-editores, dada su tra- yectoria especializada en los temas urbanos y de migración, podrían escribir con tal maestría. El primer capítulo nos introdu ce en el valor que tiene el publicar es- te diario de campo, que en prime ra instancia documenta “el proce so de investigación y no el produc to”.1 los autores indican que: El diario de campo muestra, de ma- nera ejemplar, la aplicación de las enseñanzas metodoló gicas de sus maestros, es decir, de lo que Red- field había aprendido en cuanto a las maneras de hacer in vestigación etnográfica. En él co nocimos có- mo buscaba y recopilaba la infor- mación; la manera de avanzar y tomar decisiones pa ra ordenar; cla- sificar, construir el dato etnográfi- co; cómo convertía la información que recibía en dato relevante para sus intereses analíticos. Se puede decir que esa investigación pione- ra sobre los “me xica nos en Chica- go” le sirvió a Redfield como un laboratorio para poner a prueba sus conocimientos, desarrollar ha- bilidades, seleccionar técnicas de campo, dis ciplinar su desencanto cuando la investi gación no avan- zaba como él quería (p. 15). El segundo capítulo desarrolla el paisaje sociocultural de la ciu- dad de Chicago durante la década 1Parafraseando a Clifford Geertz en su obra El antropólogo como autor (Barcelona, Paidós, 1989). Migraciones internacionales 17.indd 217 8/3/2009 3:20:27 PM mIGRACIoNES INTERNACIoNAlES, Vol. 5, Núm. 2, JUlIo-DICIEmBRE DE 2009218 de los veinte: una ciudad en pleno crecimiento industrial, cuya ofer- ta de mano de obra se convirtió en un mosaico racial, nacional y cul- tural; italianos, polacos, chinos y, finalmente, mexicanos. Estos últi- mos llegaron a habitar una de las residencias más paupérrimas de la ciudad: Hull House, que era, nos dicen los autores, “un espacio fa- talmente tugurizado” (p. 40). Ahí vivían los mexicanos, hacinados en cuartos oscuros e insalubres. También vivieron en un barrio al lado de los judíos, alemanes, irlan- deses y polacos en Brighton Park, vecindad cercana a las terminales de ferrocarril, en cuya industria se empleaban los mexicanos además de las empacadoras y siderúrgicas. El tercer capítulo nos esboza el perfil académico de Redfield y el ambiente intelectual que se vivía en el Departamento de Sociología de la famosa escuela de Chicago durante los años en que él escribió su diario de campo: “Fue la época de mayor creatividad y liderazgo de la Escuela de Chicago en la so- ciología estadounidense” (p. 57). la ciudad era un gran proyecto donde confluía una energía in- terdisciplinaria: sociólogos, geó- grafos, historiadores, ecónomos, tra bajadores de servicio social y administradores sumaban esfuer- zos para estudiar a los diferentes grupos de inmigrantes que con- formaban el mosaico cultural de la vida urbana de Chicago. También los autores resaltan la aportación del estudio de los mexicanos a la investigación sociológica que se estaba realizando en la ciudad de Chicago y el valor que hoy reviste para quienes se especializan en el estudio de la migración méxico- Estados Unidos. los siguientes capítulos (iv-vi) corresponden a las anotaciones de la carpeta del diario de campo. El v, titulado “los otros documentos de la caja 59”, contiene el mate- rial recolectado durante el trabajo etnográfico realizado por Robert Redfield. El vi es un excelente ca- pítulo inédito de un antropólogo desconocido: manuel Bueno, quien fue enlace y contacto de Redfield, y cuyo manuscrito documenta de manera puntillosa la vida, orga- nización y valores culturales de los mexicanos. El último capítulo es un breve artículo de Redfield, publicado en 1929, donde reseña de manera descriptiva el estudio et nográfico de manuel Gamio so bre el fenómeno migratorio de los mexicanos a Estados Unidos. Después de leerlos, uno confirma la riqueza que nos brinda acceder al diario de campo, a lo no publi- cado. Por ello mis comentarios se centrarán en sus contenidos, privi- Migraciones internacionales 17.indd 218 8/3/2009 3:20:27 PM RESEñA BIBlIoGR ÁFICA 219 legiando dos temas: la identidad/ alteridad/diferencia del mexicano en Estados Unidos, y su resisten- cia a la cultura norteamericana. En los renglones del diario es- crito por Redfield se puede leer la historia de varios fenómenos: de la interracialidad; la identidad mexicana posrevolucionaria; el pro ceso de industrialización; las re des y asociaciones de ayuda; las condiciones materiales (laborales y residenciales) de los mexicanos en Estados Unidos; las formas de inserción urbana en ese país a tra- vés de las iglesias; la idiosincrasia o identidad de los mexicanos y cómo eran vistos por los norteamerica- nos; las actividades y espacios de socialización de los mexicanos en los años veinte, como una impor- tante etapa de la vida de la ciudad de Chicago; la historia de los mi- grantes; el choque cultural entre los mexicanos y los norteamerica- nos, etcétera. En el diario de campo observa- mos distintos rostros de los mexica- nos. Su identidad se va delineando en un diálogo –no siempre respe- tuoso– con los estadounidenses (blan cos, anglosajones y protes- tantes) y en la demarcación de la diferenciación, que incluso pro- voca conflictos culturales con los otros inmigrantes, especialmente con los polacos y los negros. Por ejemplo, Redfield registra que una profesora de inglés opinaba que los mexicanos “son gente salvaje e inmanejable, pero son siempre dóciles y tratables”. Aunque los me xi canos eran considerados co- mo salvajes, los norteamericanos veían con esperanza la posibilidad de trans formarlos culturalmente, de convertirlos al protestantismo, de que aprendieran inglés, de hacer- los ciudadanos mediante papeleos y de que se organizaran en asocia- ciones voluntarias como lo acos- tumbran ellos. También eran valorados, d esde la perspectiva capitalista de los em pleadores, como mano de obra para explotar. Así lo expresó un empleador de una fábrica de col- chones, quien opinaba que los me xicanos eran muy buenos: “Ahí los hombres se encargan de los trabajos comunes y las mujeres cosen” (p. 129). Pero también, en este roce intercultural afloraba el problema de la discriminación ra- cial. los mexicanos no eran vistos como otro grupo nacional sino como otra raza catalogada como inferior. Esto se nota claramente en la afirmación de otro emplea- dor, que comentaba que ninguno de sus conocidos contrataría a un mexicano porque “son una clase de trabajadores poco confiables y […] no podían mezclarlos con Migraciones internacionales 17.indd 219 8/3/2009 3:20:27 PM mIGRACIoNES INTERNACIoNAlES, Vol. 5, Núm. 2, JUlIo-DICIEmBRE DE 2009220 otros trabajadores [porque] los tra- bajadores blancos no soportaban tener un mexicano en sus campa- mentos” (p. 103). Redfield también registra la au- to percepción de los mexicanos, quienes despreciaban a los pola- cos porque a ellos les daban los buenos trabajos y eran inmorales. También documenta que duran- te esa etapa empiezan los roces y conflictos con los negros porque comparten el mismo vecindario. El concepto de la raza, tan au- sente en la política mestizadora de méxico, y que después enarbola- rá el movimiento chicano, se co- mienza a percibir en los discursos de identidad-alteridad. De igual manera, los mexicanos manifestaban tener bien claro que no querían cambiar de patria, reli- gión ni bandera. Estaban dispues- tos a rechazar las bondades que podían obtener por la ciudadanía, a fin de no perder su nacionalidad. El mexicano parecía valorar al ex- tremo su patriotismo: veía como una traición a la patria la oferta de tramitar los papeles para conseguir la ciudadanía, y con ello acceder a servicios públicos. Quizá esto se pueda comprender porque mu- chos mexicanos, en los años vein- te, anhelaban regresar a méxico, como le confió el señor Gutiérrez a Redfield: “Siempre pienso en re gresar. Pero, usted sabe, pienso que me voy el mes que viene, el que viene, pero no me voy. Ahora pienso que me voy en junio” (p. 132). Durand y Arias consideran que en esa primera generación de inmigrantes había un patriotismo mexicano propio de la época revo- lucionaria, ya que “contaban con una opción de vida en méxico” (p. 78), situación que después cambió con los primeros mexicanos naci- dos en Estados Unidos en los años cuarenta: los chicanos. Aunque no eran la mayoría, había algu- nos mexicanos seducidos por los yanquis, y que no eran bien vistos por sus compatriotas, como era el señor Gordinez (sic), que un día escuchó en la oficina del cónsul que un mexicano le comentaba: “aunque nos hagamos ciudadanos aquí, siempre seremos mexicanos” (p. 125). También había inten- tos de mexicanos por transformar el valor de la idea del patriotis- mo entre sus connacionales. Por ejemplo, el periódico El heraldo de las Américas exhortaba a que los me xicanos, sin perder sus fiestas patrias y su identificación con la raza mexicana, abrigaran un “pa- triotismo a la americana”. Aunque el diario de campo de Redfield fue escrito desde la pers- pectiva de un estadounidense, en sus líneas se manifiesta su mirada Migraciones internacionales 17.indd 220 8/3/2009 3:20:27 PM RESEñA BIBlIoGR ÁFICA 221 intersubjetiva capaz de hacer com- prensible la relación del mexicano con Chicago desde miradas y posi- ciones variadas, que nos permiten reconstruir los rostros culturales de los mexicanos desde el diálo- go y las tensiones interculturales. Esto es, sin duda, el mayor mérito de Redfield como antropólogo, en cuyo diario se inscribe y se puede leer la polifonía cultural que con- figura la identidad del mexicano en tierras de yanquis. 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