http://200.23.245.225/AlMigraci.PDF NOTA CRÍTICA La política migratoria japonesa y su impacto en América Latina Adolfo A. Laborde Carranco Universidad de Quintana Roo El presente trabajo tiene como obje- tivo analizar la política migratoria de Japón hacia América Latina, con es- pecial énfasis en la migración japo- nesa hacia Latinoamérica desde fi- nales del siglo XIX hasta la tercera parte del XX. Cabe mencionar que existen muy pocos trabajos que ana- licen la política migratoria japonesa y su impacto en Latinoamérica, y que la mayoría de ellos han sido es- critos por autores japoneses y anglo- sajones, pero no así por latinoame- ricanos. Es por tal motivo que en la presente nota hemos querido darle una perspectiva netamente latinoame- ricana a la política migratoria japo- nesa. Para lograrlo, es necesario re- visar algunas investigaciones sobre el tema. La política migratoria de Japón hacia América Latina Eizaburo Okuizumi (2004), uno de los principales estudiosos de la mi- gración japonesa hacia las islas del Pacífico y Norteamérica, afirma que para comprender las causas de la mi- gración japonesa se requiere enten- der la situación interna de Japón en la época en que ésta se inició, es de- cir, en el período Meiji (1868-1912). En ese entonces Japón se encontra- ba en un proceso de modernización que trajo consigo muchos cambios. Entre ellos estuvo la reforma agraria y la modificación de las relaciones socioeconómicas de los nuevos due- ños de la tierra y los campesinos (Toyama, 1951:21-44). En esa épo- ca muchos terratenientes no pudie- ron sostener sus propiedades debido al aumento de impuestos por la te- nencia de la tierra, y muchas de esas propiedades pasaron de dueño a jor- nalero en un lapso muy breve. Asi- mismo, por los cambios tecnológi- cos que generó la modernización la mayoría de los pequeños propieta- rios cayeron en desventaja competi- tiva y finalmente en bancarrota. Es- tos acontecimientos trajeron consigo una aguda radicalización al interior de la sociedad japonesa. De esta for- ma, al no poder emplearse en sus co- munidades de origen, los nuevos jor- naleros comenzaron a emigrar a ciudades como Tokio y Osaka. Este 156 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 3, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2006 movimiento migratorio obligó a que el gobierno japonés optara por en- viar al exterior sus excedentes de po- blación. De esta manera, la migra- ción se inició como una estrategia para solucionar el problema del des- empleo y las fricciones sociales deri- vadas del crecimiento desmedido de las ciudades. El primer movimiento migratorio se realizó en la tercera par- te del siglo XIX, en específico hacia Hawai, pero luego, a finales del mis- mo siglo, la migración se extendió a Estados Unidos y Canadá. La políti- ca migratoria de Japón, bien planea- da y de largo plazo, tomaba en cuen- ta todos los elementos para lograr el éxito (obediencia, voluntad, organi- zación, planeación, orden y proyec- ción), y ello alertó a los diferentes países, que trataron de poner restric- ciones a los migrantes japoneses. Okuizumi (2004) sostiene que la mi- gración japonesa originó en Estados Unidos y Canadá una especie de his- teria que se expresó en reacciones nativistas contra los recién llegados. De esta forma y respondiendo a las demandas de los ciudadanos, los go- biernos de estos países impusieron cuotas y regulaciones a la migración asiática. Esto originó que en 1907 Estados Unidos instituyera el acta de- nominada Gentleman Agreement y que en 1908 Canadá estableciera una norma restrictiva que sólo admitía la entrada de 159 migrantes japone- ses al año. Incluso, la política de in- migración australiana únicamente aceptaba la entrada de gente blanca (Okuizumi, 2004). Ésta fue la razón de que la América Latina comenzara a figurar como una región de interés para el gobierno de Japón, que puso un mayor énfasis en la migración a México, Brasil y Perú. No obstante, un gran número de migrantes se di- rigió al continente asiático, en espe- cial a Formosa, Sakhalin, Corea y el sur de Manchuria. Como resultado de estos sucesos, a principios del si- glo XX los gobiernos de Estados Uni- dos y Japón comenzaron a negociar de forma secreta acuerdos para re- gular la migración japonesa a este país. En las negociaciones el gobier- no norteamericano pidió al de Japón que desalentara también la migración japonesa a México por temor a una posible migración transregional, es decir, los estadunidenses previnieron que México fuera utilizado como trampolín por los orientales para lle- gar a su territorio (Okuizumi, 2004:752-754). Y efectivamente, ésa era una práctica frecuente entre los migrantes japoneses que buscaban llegar a suelo estadunidense. Es por ello que la migración japonesa, al ser limitado su acceso a México, cam- bió su ruta hacia países de América del Sur. De no haber existido esta negociación, es muy probable que el país con mayor número de descen- dientes japoneses en América Lati- na hubiera sido México, no Brasil. Por su parte, Daniel M. Masterson y Sayaka Funada-Classen (2004) ras- trean las razones por las cuales Japón envió a sus ciudadanos al exterior; asimismo, interpretan los objetivos políticos y económicos de esta aven- tura. Desde sus inicios, la migración japonesa, además de solucionar el pro- blema de la sobrepoblación, respon- dió al cometido de expandir, en la NOTA CRÍTICA 157 medida de lo posible, la influencia po- lítica y económica de Japón en el mundo. Esta tesis se sustenta en el activismo internacional de Takeaki Enomoto, en el Ministerio de Asun- tos Exteriores de Japón, a finales del siglo XIX (Sekiguchi, 2004:161-170). Enomoto fue uno de los pioneros al promover la migración japonesa. A principios de 1890 envió agentes di- plomáticos a México, Filipinas, Malasia y Fiji para que evaluaran la posibilidad del establecimiento perma- nente de japoneses en estas naciones (Masterson-Funada, 2004). De la misma manera, en la década de los treinta, Segimura, ex director del Buró de Comercio del Ministerio de Asun- tos Exteriores de Japón, patrocinó y extendió las relaciones comerciales entre Brasil y Japón. Segimura pensa- ba que abrir nuevas rutas comercia- les mediante un embarque regular entre ambos países ayudaría a cum- plir ese objetivo (Masterson-Funada, 2004). Cabe señalar que para tener éxito en la colonización japonesa en Brasil el gobierno japonés elaboró un eficiente aparato administrativo. La agencia que manejó y patrocinó la migración a este país fue la Federa- ción de Migración de las Sociedades Cooperativas, la cual se estableció bajo la ley japonesa aprobada por la Dieta en marzo de 1927. Para mediados de los años treinta estas sociedades esta- ban establecidas en 44 de las 47 pre- fecturas de Japón. De igual forma, para consolidar los proyectos de co- lonización, el gobierno japonés exten- dió aproximadamente 800 mil yenes en préstamos durante los primeros años en que operó la federación (Masterson-Funada, 2004). Tras el éxito de la colonización en Brasil, el interés en promover la migración de sus ciudadanos hizo que el gobierno japonés creara en 1945 la Federación de las Asociaciones en el Exterior (Kaigai Kyokai Kabushiki). Igualmen- te, un año más tarde fue fundada la Asociación para la Promoción de la Migración en el Exterior (Kaigi Ijiyushinko Kabushiki Gaisha), que tenía como objetivo facilitar la colo- nización de los migrantes japoneses en el exterior, comprar tierras, cons- truir caminos y prestar dinero a las colonias exitosas. Ambas organizacio- nes tenían bases de operación en América Latina y no es hasta 1963 cuando ambos organismos fueron fu- sionados para crear los Servicios de Migración en el Exterior (Kangai Ijyu Jigyodan, KIJ), que se responsabilizó de los inmigrantes japoneses en el ex- terior, especialmente de los residen- tes en Latinoamérica (Masterson- Funada, 2004). Siguiendo esta tendencia, en 1974 esta organización se convierte en lo que actualmente conocemos como la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (Japanese International Cooperation Agency, JICA). Es por ello que se pue- de afirmar que desde principios del siglo XX, y mediante una diplomacia activa, el gobierno de Japón creó ins- tituciones capaces de coadyuvar en la consolidación del interés del país; por ejemplo, aliviando su exceso de po- blación al promover la migración ha- cia América Latina. Hiroshi Matsushita (1993, citado en Stallings-Székely, 1993), por su parte, da cuenta de la política 158 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 3, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2006 migratoria japonesa a partir del desa- rrollo histórico que experimentó Ja- pón después de la Segunda Guerra Mundial. Durante esta etapa, que va de 1945 a 1960, el país prosiguió con su estrategia de promover la migra- ción a Latinoamérica. ¿A qué países? Lógicamente, a aquellos en los que se iban acrecentando paulatinamente los intereses (geo)económicos de Japón. Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Perú fueron los ejemplos más claros de esta estrategia (Stallings- Székely, 1993:93-108). La segunda etapa del ímpetu japonés tras la gue- rra comienza alrededor de 1960. En el inicio de este período se modifica- ron los tratados de seguridad con Es- tados Unidos y se generó una rápida expansión económica, la cual colocó a Japón en condiciones menos desfa- vorables que las que prevalecieron en los primeros años de la posguerra. El objetivo en esta época fue fomentar las exportaciones japonesas mediante la Asistencia Oficial para el Desarro- llo (AOD). Un hecho que ilustra esta política fue la creación en 1973 de la JICA y la apertura de sus oficinas en las principales capitales de América Latina. El gobierno japonés buscaba con ello nuevas opciones en materia energética y de inversiones. El acer- camiento con América Latina en esta etapa es indiscutible. Matsushita se- ñala que en las relaciones diplomáti- cas de Japón con los países latinoa- mericanos siempre hubo un elemento importante que a veces no es consi- derado como debe ser: la migración japonesa. A pesar de que el fenóme- no migratorio fue un factor impor- tante que delineó la política exterior japonesa en América Latina por mu- chos años (1897-1975), comienza a perder fuerza con el desarrollo de la economía japonesa en los setenta, cuando la relación evolucionó hacia un enfoque mucho más mercantilis- ta. Asimismo, Matsushita considera que la ayuda japonesa vía la AOD de alguna manera se utilizó en los años sesenta y principios de los setenta para fomentar la migración, especialmen- te hacia los países con antecedentes migratorios o bien hacia los que la estaban recibiendo. Sobre este pun- to, el Libro Diplomático Azul de Ja- pón, de septiembre de 1957, destaca que los objetivos inmediatos de la po- lítica exterior japonesa durante los cin- cuenta y principios de los sesenta fue- ron promover relaciones amistosas con las naciones de Asia, una diplo- macia económica y el reajuste de las relaciones con Estados Unidos (MOFA, 1957:6). Estos principios no significaban que América Latina es- tuviera fuera de los objetivos de la política exterior japonesa; existen ele- mentos que nos muestran la impor- tancia que la región tenía para el go- bierno japonés. Un ejemplo de esto fue la apertura en los años cincuenta de representaciones diplomáticas en Perú, Chile, República Dominicana, Cuba, Colombia y Venezuela (MOFA, 1957:8). De la misma forma, el re- porte hace referencia a la expansión de la diplomacia japonesa por medio de la cooperación económica y el fo- mento de los lazos de amistad con otras regiones del mundo, entre las cuales se destaca América Latina (MOFA, 1957:11). En cuanto al factor migra- torio, elemento importante en este es- NOTA CRÍTICA 159 tudio, el reporte del Ministerio de Re- laciones Exteriores de Japón mencio- na que: Está por demás afirmar que la migra- ción de nuestra gente ayuda a solucio- nar el problema de nuestra población. En este sentido, es muy importante para nuestra política de amistad y co- operación internacional enviar al exte- rior, sin escatimar el número de migrantes, a quienes puedan contribuir con el desarrollo económico de otros países, sin importar que su profesión sea la de campesino, pescador, inge- niero o empresario... de esta manera, después de la guerra, ha sido necesario seleccionar a los migrantes que los paí- ses receptores requieren. Para este pro- pósito, es necesario llevar a cabo con- versaciones preliminares, así como estudios socioeconómicos y de terre- no, con los gobiernos de los países que acojan a nuestros migrantes. Como resultado de este esfuerzo, en el año fiscal de 1954 hemos enviado 12 700 personas a 10 países; dentro de éstos, sólo 54 han sido destinados a Brasil. Pensamos enviar un número mayor de migrantes en este año. Con el objeti- vo de incrementar el número de inmigrantes, el Ministerio de Relacio- nes Exteriores de Japón está aprove- chando todas las oportunidades para apelar por esta causa en reuniones con los organismos internacionales, así como en las negociaciones que se lle- varán a cabo con algunos países (MOFA, 1957:13). De esta forma, y tomando como base los argumentos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón y de los autores consultados, conside- ramos que las prioridades de la polí- tica exterior japonesa en América Latina después de la Segunda Gue- rra Mundial fueron las siguientes: a) Migratorias: impulsar y pro- mover la migración y restable- cer la confianza con las nacio- nes latinoamericanas, y b) Económicas: promover la co- operación económica median- te el comercio con los países de la región. Sobre estos dos puntos, es muy factible que la ayuda se haya canali- zado principalmente a las naciones que habían recibido o que estaban recibiendo migración. Matsushita (1994), empleando un modelo analí- tico de Japón como país receptor, for- jador e impetuoso, señala que duran- te la etapa denominada “de recep- ción” (1945-1960) el interés más im- portante que tenía esa nación con América Latina era el factor migra- torio, aparte de que pretendía recu- perar la confianza en el ámbito in- ternacional. En ese entonces, una de las principales preocupaciones y prio- ridades del gobierno japonés fue cómo hacer frente al exceso de po- blación que originó la repatriación de los japoneses (cinco millones) que vivían en los territorios ocupados antes de la guerra. Éste fue uno de los mayores problemas nacionales después del fin de la Segunda Gue- rra Mundial. Con la pérdida de los territorios de Manchuria y la restric- ción de Estados Unidos a la migra- ción asiática, la única opción para aligerar el problema fue enviar na- cionales japoneses a América Latina (Matsushita, 1994:80). 160 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 3, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2006 De la misma manera, Matsushita hace referencia a las declaraciones en 1958 del director de la Sección de Migración del Ministerio de Relacio- nes Exteriores de Japón, Fujio Uchida, quien destaca los esfuerzos del gobierno japonés para incremen- tar la migración a América Latina bajo el argumento del beneplácito de los países latinoamericanos. Igual- mente, señala que la migración de- bía ser la medida para resolver los problemas demográficos que enfren- taba Japón en aquel momento (Matsushita, 1994:80-81). Por su parte, Iyo Kumimoto refuerza estas ideas afirmando que después de la Segunda Guerra Mundial, como re- sultado de la repatriación de los ja- poneses que vivían en las antiguas co- lonias, la población de Japón pasó de 72 a 82 millones de habitantes. El desempleo se incrementó y la pobre- za fue severa durante la década de los cincuenta, particularmente en las zonas rurales (Kumimoto, 1994:112, citado en Stallings y Székely, 1994). De esta manera, consideramos que la migración fue pensada como una solución a la problemática del exce- dente poblacional. En síntesis, podemos concluir que el interés nacional japonés de prin- cipios y mediados del siglo XX fue apoyar la migración con el objetivo de crear e impulsar relaciones comer- ciales más dinámicas con América Latina. De esta manera, el interés nacional siempre estuvo relacionado con la migración y con el comercio como una forma de defender la se- guridad nacional, a la vez que con la promoción de las exportaciones, la expansión de los mercados y el su- ministro de materias primas para el desarrollo económico nacional. Es- tas conclusiones son reforzadas por el hecho evidente de que los flujos migratorios hacia los países latinoa- mericanos fueron considerados por Japón como estratégicos. Según da- tos del Ministerio de Relaciones Ex- teriores del Japón de 1899 a 1979, los países que más migrantes reci- bieron fueron Brasil (241 835), Perú (33 075), México (14 496), Argenti- na (7 892), Paraguay (7 560) y Boli- via (2 064). Entre las comunidades de japoneses establecidas en los paí- ses mencionados están La Colmena, Chávez e Ita, en Paraguay; São Paulo, Brasil; Buenos Aires, Argentina; Lima, Perú; la ciudad de México, y Cochabamba, Bolivia. En esas y otras comunidades hay fuertes inversiones en infraestructura, educación y co- operación técnica del gobierno japo- nés. Finalmente, cabe mencionar que la política migratoria japonesa hacia América Latina siempre estuvo concatenada con el interés nacional de Japón. La relación que guarda Ja- pón con América Latina, sin lugar a dudas, está aderezada con la impor- tancia que guardó la migración. Si a ésta no se le toma en cuenta, resulta- rá difícil entender la compleja rela- ción que mantiene este país con al- gunas naciones latinoamericanas. El caso de Alberto Fujimori en Perú o el retorno al Japón de los descendien- tes de primera o segunda generación (nissei o sansei) de los emigrantes ja- poneses establecidos en Brasil, Perú, México, Argentina, Paraguay y Boli- via son claros ejemplos de ello. NOTA CRÍTICA 161 Bibliografía Masterson, Daniel M., y Sayaka Funada-Classen, The Japanese in Latin America, Chicago, University of Illinois Press Urbana and Chicago, 2004. 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