MI9 (vf).p65 Como institución social, la familia está sujeta a procesos de cambio que resultan tanto de su dinámica interna como de las transformacio- nes sociales que experimenta la so- ciedad en su conjunto. Así mismo, se espera que dichos cambios en la familia actúen, en el mediano y lar- go plazos, sobre el orden social re- afirmándolo o bien modificándo- lo. En este trabajo se plantean algunas reflexiones acerca del impacto de la migración inter- nacional México-Estados Unidos en el sistema de familias de Méxi- co, considerando los casos de las familias transfronterizas y de las fa- milias transnacionales. Familias transfronterizas: un fenómeno regional La región fronteriza México-Esta- dos Unidos constituye un área sui generis en la que se encuentran e interactúan el “primer mundo” y el “tercer mundo”, dando lugar a una sociedad distinta tanto de la mexicana como de la estadunidense. Entre otros rasgos, esta sociedad se caracteriza por las grandes desigual- dades sociales que presenta, que se conjugan para ofrecer un amplio mosaico de opciones para las po- blaciones que viven en ambos la- dos de la frontera, de las que emergen contrastantes y algunas veces conflictivos estilos de vida al- ternativos a los que se les podría denominar “estilos de vida mexi- canos” o bien “estilos de vida nor- teamericanos”. Pero en lugar de ello se habla de un “estilo de vida fron- terizo”, con lo que se invita a en- tender el comportamiento de la población fronteriza como parte de un todo más grande que se identi- fica como “cultura de la frontera” (Martínez, 1994; Vila, 2000). Por otra parte, en las comunidades fronterizas de ambos lados de la línea internacional coinciden y se traslapan flujos de migrantes inter- nos (interestatales e intraestatales) y de migrantes internacionales que se desplazan en dirección sur-nor- te y norte-sur (documentados e indocumentados), así como movi- NOTA CRÍTICA Familias transfronterizas y familias transnacionales: algunas reflexiones Norma Ojeda California State University, San Diego 168 MIGRACIONES INTERNACIONALES mientos transmigratorios (Acuña, 1980; Alegría, 1989). La transmi- gración corresponde a un fenóme- no propio del espacio fronterizo que tiene que ver con la vida coti- diana de los fronterizos y que es regulado por las condiciones asimétricas de poder económico, desarrollo social y gestión política internacional y por las diferencias culturales que existen entre Méxi- co y Estados Unidos. Los movi- miento transmigratorios adoptan varias formas. La más conocida co- rresponde a los movimientos de los commuters, personas que viven en un lado de la frontera pero traba- jan en el otro lado. Otras modali- dades menos conocidas son los cru- ces diarios norte-sur y sur-norte de personas en busca de productos, servicios, oportunidades de desa- rrollo individual y de mejores con- diciones de vida, así como de satisfactores de tipo personal y de relaciones afectivas (Ojeda y Ham, 1990).1 Uno de los resultados de la interacción y confluencia de estos distintos movimientos de pobla- ción es la formación de unidades familiares que combinan elemen- tos sociales y culturales mexicanos y estadunidenses pero con rasgos propios que sólo son entendibles en el contexto social fronterizo. La transmigración y la ya larga histo- ria de migraciones sur-norte y nor- te-sur entre ambos países han de- jado su huella en el sistema familiar mexicano, dando lugar, entre otras cosas, a la formación de extensas redes sociales basadas en lazos de sangre y en matrimonios y que han generado a las familias transfron- terizas. Éstas tienen sus orígenes en la formación histórica misma de la frontera México-Estados Unidos, pero también son resultado de un fenómeno más contemporáneo que se sustenta en ciertas prácticas eco- nómicas, sociales y demográficas que permiten garantizar su repro- ducción cotidiana frente a las des- igualdades sociales y asimetrías de poder que existen entre los dos países. El carácter transfronterizo de las familias se define por el lu- gar de nacimiento, la nacionalidad y el lugar de residencia de todos sus miembros, así como por las re- laciones de parentesco, el matrimo- nio, el nacimiento de los hijos y la dependencia económica respecto del “otro lado” (Ojeda, 1994:17- 20). La condición binacional y bicultural y el carácter regional son rasgos distintivos de este tipo de familias. Ahora bien, la frontera es una región heterogénea, ya que cada comunidad fronteriza es única en su historia e integración social, en las relaciones económicas norte-sur que guarda y en las asimetrías de poder locales que presenta, lo cual da como resultado variaciones en las características y dinámicas que asumen las familias transfronterizas en las distintas comunidades. Asi- 1 Esto se lleva a cabo a pesar de las cada vez mayores dificultades para cruzar al “otro lado” debido a las restricciones impuestas al flujo de personas como parte de la política antiterrorista estadunidense a partir de los hechos sangrientos del 11 de septiembre de 2001. ���������� ������ NOTA CRÍTICA 169 mismo, existen interesantes dife- rencias entre ellas según si radican en uno u otro lado de la frontera. En el caso de las familias que viven en Estados Unidos, el principal fac- tor que las define es su relación de parentesco con residentes en Méxi- co; este tipo de familias transfron- terizas se observan más frecuente- mente en los estratos de bajos in- gresos. En cambio, en las familias transfronterizas del lado mexicano la relación de parentesco y el tra- bajo del jefe del hogar en el “otro lado” son los dos factores princi- pales. Son familias que pueden pertenecer a todos los estratos socioeconómicos, pero principal- mente al estrato medio (Ojeda, 1994:18-19). A diez años de ha- berse iniciado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la observación directa y algunos datos indirectos nos per- miten suponer que la situación de las familias transfronterizas locali- zadas en el lado mexicano de la frontera sigue siendo la misma, no así la de las familias localizadas en el lado estadunidense. Entre estas últimas es posible advertir cambios en su nivel económico y composi- ción étnica, a consecuencia, por un lado, de un número mayor de em- presas estadunidenses y asiáticas ubicadas en el lado mexicano pero con directivos y profesionales es- pecializados viviendo en Estados Unidos, y por otro, del aumento en el número de commuters vincu- lados con la proliferación de nego- cios transfronterizos de tipo profe- sional y comercial a raíz de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que viven en el lado estadunidense y que trabajan en México. Familias transnacionales: comunidades transnacionales, migración y TLCAN Es evidente la importancia crecien- te de las comunidades transna- cionales en México y en Estados Unidos (Bacca, 2000; Guarnizo, 2003). Este tipo de comunidades incluyen en su población a varios grupos de personas de origen mexi- cano y estadunidense que, de al- guna manera, directa o indirecta, están vinculados a la migración internacional entre los dos países. La existencia de una larga y soste- nida tradición de trabajadores mexicanos que migran al país del norte ha contribuido a forjar la di- námica social, la economía y las pautas demográficas de varias co- munidades mexicanas caracteriza- das como expulsoras de migrantes hacia el norte. De igual manera, la recurrencia y el volumen de los flu- jos migratorios de ida y vuelta de mexicanos y estadunidenses de ori- gen mexicano entre las dos nacio- nes han contribuido a la disminu- ción simbólica de la distancia espacial y cultural que media en- tre ellas. La disminución de los costos en telefonía, correo y trans- p o r t a c i ó n i n t e r n a c i o n a l e s h a incrementado las posibilidades de mantener comunicación continua y viajar de manera más frecuente 170 MIGRACIONES INTERNACIONALES de México a Estados Unidos y vi- ceversa. Esta situación ha agilizado el encuentro y los intercambios de personas, ideas, objetos e incluso de problemáticas sociales entre co- munidades geográficamente aleja- das en diferentes países, pero vin- culadas socialmente mediante el ejercicio de este tipo de prácticas. Esto ha venido a contribuir a la for- mación, consolidación y funcio- nalidad de extensas redes humanas transnacionales y, cada vez más, de redes de tipo comercial microem- presariales. Ambos tipos de redes, frecuentemente, se traslapan por estar formadas por personas vin- culadas también por lazos afec- tivos, de sangre, de compadrazgo y amistad y por relaciones entre miembros no-emparentados de las comunidades que mediante sus ac- ciones han tendido puentes huma- nos y simbólicos entre los dos paí- ses. Los efectos económicos, sociales y culturales de este fenómeno en las sociedades mexicana y estadu- nidense han sido objeto de varios estudios que muestran la variedad de formas que asume la “transna- cionalidad” (Hirsch, 2003; Kearn- ey, 2003; Rodríguez, 2003). Un aspecto de particular importancia es la formación creciente de lo que ha venido a denominarse “familias transnacionales”. Con la intención, no de ofrecer una definición aca- bada de este tipo de familias, sino de identificar algunas de sus pro- piedades, podemos decir que éstas son familias que de alguna forma están simultáneamente presentes en dos países: el de origen –Méxi- co– y el de destino –Estados Uni- dos–, y cuyos miembros mantie- nen comunicación continua entre ambas naciones. Son familias for- madas por personas relacionadas por lazos de sangre, de adopción, afectivos, conyugales y de compa- drazgo que, de manera directa o indirecta, están vinculadas a la mi- gración internacional entre los dos países. Sus miembros pueden ser migrantes, cónyuges, hijos, ahija- dos u otros parientes y/o compa- dres de migrantes. Otro componente de las familias transnacionales son los vínculos que existen entre sus miembros a través del envío y/o la recepción de remesas y/o el intercambio de mer- cancías para el consumo familiar y/ o su comercialización en el otro país. La mayoría de las veces, este tipo de familias forman parte de “comunidades transnacionales” lo- calizadas ya sea en México o en Estados Unidos, y es posible que sus miembros pasen de manera re- gular y alternada distintos inter- valos de tiempo viviendo en uno y otro país. De tal suerte que, de manera frecuente, los miembros de las familias en el país de origen pueden continuar involucrados en las vidas de los parientes de sangre y sociales (padrinos, ahijados, et- cétera) que se encuentran viviendo en el país de destino y viceversa (Mummert, 2004). Para estas fa- milias, la migración internacional no implica necesariamente una se- paración definitiva ni absoluta de los que migran y los que no lo ha- cen; en cambio, pasa a ser en cier- ���������� ������ NOTA CRÍTICA 171 ta forma parte del estilo de vida familiar por interrumpir, espaciar y abreviar los contactos físicos y simbólicos entre sus miembros, en lugar de cortarlos de manera defi- nitiva). Por otra parte, las transfe- rencias e intercambios que se dan entre los familiares de los dos paí- ses no se limitan a objetos y remesas, sino que también inclu- yen ideas y valores sociales y cul- turales que van a influir en la cons- trucción social de las identidades personal y cultural de las personas involucradas. Ahora bien, las familias transna- cionales, a diferencia de las trans- fronterizas, no tienen un condicio- nante espacial único, ya que pre- sentan especificidades espaciales distintas en cada uno de los dos países, determinadas por factores tales como los lugares de origen y de destino de las migraciones, los grupos étnicos participantes, la composición por sexo y edad de las personas, el estado civil y el tipo de actividad económica que reali- zan los migrantes tanto en el país de partida como en el de llegada. También en términos comparati- vos, las familias transnacionales es- tán sujetas a condiciones de ma- yor vulnerabilidad social que las familias transfronterizas. Esto es por localizarse en comunidades que no son contiguas una de otra y es- tar inmersas completamente en marcos sociales, incluyendo los de tipo legal, que son distintos e in- cluso pueden ser contradictorios entre sí en algunos aspectos. Las familias transnacionales, si bien existen en forma de pares por estar una parte de ellas, por decirlo de algún modo, en México y otra parte en Estados Unidos, operan y están sujetas a condiciones sociales muy distintas según sea su localización en uno u otro país y según el estatus migratorio de sus miembros y lo que ello implica en términos de la socialización y adaptación social, incluso jurídica, a cada lugar. Finalmente, importa mencionar dos aspectos respecto al papel que el TLCAN está teniendo en la for- mación y/o consolidación de fami- lias transnacionales. Primero, la en- trada en vigor del tratado facilita de manera directa la formación de nuevas unidades familiares de tipo transnacional a través del intercam- bio comercial que opera en el nivel de pequeñas y medianas empresas de tipo familiar que buscan apro- vechar las oportunidades de nue- vos mercados en los dos países, como bien queda ilustrado en el estudio de Magdalena Barros (2003) para el caso del mercado de abasto en Los Ángeles. De tal manera, a la tradición migratoria México-Estados Unidos se le ha venido a sumar el efecto social del TLCAN en la formación de este tipo de familias. Segundo, el TLCAN también contribuye de manera in- directa a la formación y consolida- ción de familias transfronterizas mediante la creación de un am- biente social y cultural favorable a “lo transnacional” en la vida de los mexicanos, especialmente de las generaciones más jóvenes. Son incuestionables los efectos del 172 MIGRACIONES INTERNACIONALES TLCAN en las oportunidades de empleo en el país, principalmente en ciudades de tamaño interme- dio, así como en los planes de es- tudio, que están siendo modifica- dos para adaptarlos a la formación del capital humano que se requie- re para trabajar en la nueva econo- mía local bajo un esquema de eco- nomía globalizada. Sin embargo, a éstos habría que agregar otro tipo de efectos, como el impacto en las maneras de pensar de los jóvenes acerca de su desarrollo personal y su percepción de “lo americano”, del país del norte y, por consecuen- cia, de lo “transnacional”. En una economía globalizada, bajo el TLCAN se promueve no sólo una orientación profesional de tipo más técnico en la oferta y selección de carreras profesionales, sino también el desarrollo de gustos y preferen- cias hacia mercancías, maneras de vestir, alimentos extranjeros, prin- cipalmente estadunidenses, como resultado de un mayor acceso a es- tos productos, pero principalmente por las campañas publicitarias de mercado que fomentan la forma- ción de patrones de consumo en- tre los jóvenes con esta nueva ima- gen social internacional. Así, en esta nueva economía globalizada se pro- mueven imaginarios sociales y ac- titudes favorables a la adopción no sólo de una formación académica y capacitación laboral más a tono con “lo internacional”, sino tam- bién de una personalidad ad hoc mediante procesos de socialización y educación de los niños y jóvenes que los preparan para operar en el marco de una economía globa- lizada y en correspondencia con estilos de vida más internaciona- les. Como parte de este nuevo es- tilo de vida, también se observan, y en algunos casos incluso se pro- mueven, actitudes más favorables a la migración al norte (tanto a la frontera como al país vecino) como una nueva opción de desarrollo personal y de ocupación para los jóvenes. Todo esto apoyado empí- ricamente por el efecto demostra- tivo de una práctica migratoria cada vez más recurrente y de la re- tórica del éxito que significa el en- vío de remesas de los migrantes a sus familiares en México. Esta re- tórica, no obstante, las más de las veces no considera los riesgos aso- ciados a la migración y los costos psicológicos, sociales y personales de ésta. La combinación de estas dos fuentes de influencias sobre la po- blación está tejiendo un ambiente social más tolerable y propicio para la adopción de estilos de vida más abiertos a lo “transnacional”, tal vez como un derivado mal o bien en- tendido de “lo internacional”, en una sociedad que al parecer cada vez más busca o necesita ser parte de la globalización frente a los nue- vos retos del desarrollo social. Esta situación nos plantea algunas interrogantes acerca de la crecien- te importancia numérica y social de las familias transnacionales y transfronterizas y sus posibles implicaciones, especialmente en el sistema de familias en México. Para responder a estas interrogantes se ���������� ������ NOTA CRÍTICA 173 considera necesario estudiar con mayor detenimiento y amplitud, mediante la realización de más in- vestigación básica y aplicada, cua- litativa y cuantitativa, el impacto que la migración México-Estados Unidos está teniendo en un Méxi- co que se desenvuelve en este nue- vo marco de economía globalizada bajo el TLCAN. Esto nos ayudaría a visualizar algunas de las posibles implicaciones de la migración México-Estados Unidos en este nuevo esquema económico, no sólo en el futuro económico de las fa- milias mexicanas, sino también en la dialéctica construcción social de lo que frecuentemente denomina- mos y todos parecemos entender como “cultura familiar mexicana” en las distintas comunidades y re- giones del país. Bibliografía Acuña G., Beatriz, “Transmigración legal en la frontera México-Estados Unidos”, Revista Mexicana de Sociología, núm. 4, México, octubre- diciembre de 1980, pp. 277-322. 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