Untitled-3 RESEÑA BIBLIOGRÁFICA Clandestinos. Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI Jorge Durand y Douglas S. Massey Universidad Autónoma de Zacatecas/Miguel Ángel Porrúa, 2003 María Eugenia Anguiano Téllez El Colegio de la Frontera Norte Jorge Durand y Douglas S. Massey son, sin duda, dos autores imprescin- dibles en el estudio de la inmigración de mexicanos a los Estados Unidos. Este nuevo libro suyo confirma su bien ganado sitio entre los académicos de ambos países, resultado no sólo de dos décadas de colaboración conjunta, con- tinua y tenaz, sino también de una re- flexión acuciosa y constante que ha acompañado su trabajo de investiga- ción y su extensa trayectoria. Los seis capítulos que integran el libro son ape- nas una muestra de ello. El primer capítulo es una versión resumida de un texto ampliamente conocido y difundido, publicado tan- to en inglés como en español, sobre los enfoques teóricos para explicar la migración internacional de finales del siglo XX: ...un régimen migratorio complejo que involucra flujos de población de eco- nomías en proceso de industrialización hacia economías maduras, una diversi- dad de orígenes y de destinos, con cos- tos de traslado considerablemente re- ducidos, comunicaciones más rápidas y menos costosas, intervención guber- namental más activa y mayor circula- ción de flujos (p. 14). Por la extensa difusión que este tex- to ha tenido en publicaciones pre- vias, quiero destacar solamente sus recomendaciones expresadas en tér- minos de los desafios que el resurgi- miento de una migración masiva glo- bal plantea a científicos sociales, diseñadores de políticas y la socie- dad. Para los investigadores empíri- cos, el reto consiste –nos dicen los autores– en “diseñar estudios más es- trechamente relacionados con la teo- ría ... [y formular] diseños de inves- tigación capaces de poner a prueba sus principales planteamientos” (p. 41) Pero el desafío crucial será el que enfrentarán los ciudadanos y los diseñadores de políticas en los paí- ses de origen y destino, atendiendo el respeto a los derechos humanos, las libertades civiles y la dignidad humana, superando las concepciones decimo- nónicas de territorio y ciudadanía para 198 MIGRACIONES INTERNACIONALES acoger los espacios transnacionales que se están formando en el mundo como resultado de la migración circular ma- siva (p. 42). En el segundo capítulo, titulado “El núcleo básico de la migración Méxi- co-Estados Unidos. Premisas para entender y explicar el proceso”, los autores desarrollan una interesante propuesta analítica para distinguir la migración mexicana de otras que han llegado a Estados Unidos, destacan- do su historicidad, masividad y vecin- dad. Ninguna otra corriente migratoria a Es- tados Unidos procedente de un solo país ha durado más de cien años, salvo el caso mexicano; no existe un flujo mi- gratorio mayor que el proveniente de México, y sólo la migración de México y la muy secundaria de Canadá pue- den considerarse un fenómeno verifi- cado entre países vecinos (p. 45). Sobre la historicidad, los autores destacan no sólo la antigüedad cen- tenaria sino la continuidad única de la inmigración mexicana y sus ma- nifestaciones durante las cinco eta- pas que acontecieron en el siglo XX. La fase del “enganche” (1900-1920), caracterizada por la combinación de tres procesos: un sistema de contra- tación de mano de obra privado y semiforzado, la secuela de emigran- tes ocasionada por la Revolución Mexicana y el ingreso de Estados Unidos a la Primera Guerra Mun- dial, que limitó la inmigración euro- pea y alentó la inmigración de jóve- nes trabajadores mexicanos. Una segunda época, marcada por sucesi- vas deportaciones masivas (1921, 1929-1932 y 1939) y por la creación, en 1924, de la Patrulla Fronteriza. El periodo “bracero” (1942-1964), cuando la Segunda Guerra Mundial hizo apremiante la contratación de trabajadores mexicanos y el auge económico de la posguerra hizo po- sible cubrir esa demanda con jóve- nes, migrantes temporales de origen rural y mayoritariamente empleados en el sector agrícola norteamerica- no. La era de los “indocumentados” (1965-1986), período en que los con- venios de contratación de trabajado- res temporales fueron sustituidos por un control del flujo migratorio que dificultó y limitó el libre tránsito, acompañado de la promulgación del sistema de cuotas por país y de una deportación sistemática de trabaja- dores e inmigrantes sin documentos. La última del siglo XX, una etapa de legalización promovida por la Immigration Reform and Control Act (IRCA), que, contradictoriamen- te, posibilitó la legalización y esta- blecimiento de más de 2.3 millones de mexicanos indocumentados y ge- neró un proceso paralelo de inmi- gración clandestina. No obstante sus variantes históricas, la relación es- tructural entre los dos países se ha materializado en un mercado de tra- bajo binacional. A diferencia de las migraciones europeas que llegaron a poblar, la mexicana es una migración laboral que se inserta en un merca- do de trabajo secundario, estacional y flexible, y en un contexto de vecin- dad. La vecindad presenta también características que distinguen a la migración mexicana. En primer tér- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 199 mino, Estados Unidos, al igual que Canadá, es un país de inmigrantes, mientras que México lo es de emi- grantes que casi en su totalidad (98%) tienen como destino a su ve- cino del norte. En segundo lugar, la región fronteriza mexicana de fina- les de siglo XX se ha convertido en un destino de primer nivel en la mi- gración interna del país, lo que im- prime a la vecindad un dinamismo muy intenso. Finalmente, por su magnitud, la inmigración mexicana a los Estados Unidos es un fenóme- no masivo de dimensión única, por los 20.6 millones de personas que en el 2000 se identificaron como his- panos o latinos de origen mexicano, lo que “coloca al fenómeno en el campo de la política y las preocupa- ciones permanentes” (p. 60) de los dos países. En los capítulos tercero y cuarto, los autores sistematizan y estructuran argumentos que han venido desarro- llando a lo largo de su trabajo de in- vestigación y presentado en publica- ciones anteriores. Respecto a las regiones de origen de los emigrantes mexica- nos, en el tercer capítulo, luego de una revisión crítica de las fuentes de información y de una descripción breve de las regionalizaciones de otros estudiosos, proponen “una regionalización que articula criterios geográficos y migratorios, y subdi- vide el territorio mexicano en cua- tro grandes regiones: histórica, fron- teriza, central y sureste” (p. 71). A partir de esta propuesta, analizarán histórica y numéricamente el com- portamiento de cada una de las re- giones y sus fluctuaciones y partici- pación en el conjunto, destacando los aportes de autores que han realizado investigaciones sobre ellas o sobre las entidades que las conforman. La re- gión histórica se distingue por su an- tigüedad, dimensión masiva y con- dición legal de sus emigrantes, rasgos que otorgan madurez a sus redes so- ciales y complejidad a sus circuitos y rutas migratorias y que permiten hablar de una “cultura migratoria” con más de un siglo de experiencia continua. La región fronteriza sigue las pautas marcadas por el contexto de su vecindad geográfica con los Estados Unidos, por la amplitud de su territorio, por sus niveles de bien- estar y por ser polo de atracción de migración interna. La región central modificó su característica condición de receptor de migración interna a la de participante reciente en el flujo internacional. Masivamente, la mi- gración desde el centro del país dio inició en la década de los ochenta y se desarrolló en los noventa. En la región sureste, con una amplia po- blación indígena, altos niveles de marginalidad y una participación es- casa en el flujo internacional, ha em- pezado a destacar la emigración del estado de Veracruz, con indicios de que puede incrementarse la partici- pación del conjunto regional. Sobre las regiones de destino, en el capítulo 4 los autores realizan un análisis a la vez geográfico, histórico y numérico basado en series censales del siglo XX, que complementan con información del amplio acervo ge- nerado por el Mexican Migration Project. Tras una breve revisión de los patrones de concentración y dis- 200 MIGRACIONES INTERNACIONALES persión y una explícita adaptación de los planteamientos de la teoría de la centralidad o lugar central, desarro- llan una interesante propuesta analí- tica sobre la distribución geográfica de la migración mexicana en los Es- tados Unidos, iniciando con el estu- dio de los patrones de concentración con base en una tipología de las ca- pitales migratorias de tres niveles. En primer lugar, están las capitales migratorias o ciudades emble- máticas, que se distinguen étnica, racial y lingüísticamente por su gran concentración de migrantes, que pueden acceder a un mercado de tra- bajo amplio y diversificado. Estas ciudades son un punto de referencia para migrantes y no migrantes. Los Ángeles es el mejor ejemplo para los mexicanos, Miami para los cubanos y Nueva York para los dominicanos. Las capitales regionales de segundo nivel son ciudades con alto grado de concentración de migrantes pero con una carga simbólica menor, se reco- nocen como centro de referencia para una región que puede incluir varios estados, operan como núcleo redistribuidor de los trabajadores mexicanos migrantes y aglutinan la prestación de servicios en un ámbi- to regional. Entre los mexicanos, Chicago ocupa este nivel. En un ter- cer rango, las capitales provinciales tienen como punto de referencia la delimitación estatal –incluso, pueden existir una o varias capitales provin- ciales en un mismo estado– y un mercado de trabajo más o menos amplio, pero no tan diversificado ni consolidado étnicamente como el de las capitales regionales. Dallas, El Paso y San Antonio operan como capitales provinciales en Texas. El patrón de dispersión también tiene distintos niveles: las comunidades dispersas, los grupos itinerantes y la población dispersa. En la segunda parte del capítulo, los autores desa- rrollan un interesante y bien docu- mentado análisis histórico de la dis- tribución geográfica de la migración mexicana que les permite establecer cuatro grandes regiones de destino: dos de carácter permanente (Sudoes- te y Grandes Lagos), una de carácter histórico (Grandes Planicies) y otra en proceso de formación (Costa Este). La región Sudoeste compren- dió inicialmente los cuatro estados fronterizos de los Estados Unidos con México (California, Arizona, Nue- vo México y Texas) y después, en su expansión, los estados de Nevada, Oregon, Washington, Idaho y Utah. La región de los Grandes Lagos se articula alrededor de Chicago, el polo de desarrollo urbano, financiero, in- dustrial y de comunicaciones más im- portante del medio este, y compren- de Illinois, Indiana, Michigan, Wisconsin y Minnesota. Las Gran- des Planicies se enlazaron en torno de Kansas, que “articulaba un raci- mo de centros ferroviarios”, y al pa- recer es una región en proceso de reconstrucción como destino migra- torio. Finalmente, el corredor de la Costa Este se extiende de Florida a Connecticut, con marcados patrones de dispersión en Georgia, las Carolinas, Pensilvania, Nueva Jersey y Nueva York. El capítulo termina con un recorrido histórico en que los autores identifican seis grandes RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 201 etapas de concentración y dispersión migratoria, y con un examen de lo que consideran ha sido la migración en bloque. En el capítulo 5, bajo el sugerente título de “El imperio dependiente. Mano de obra agrícola en Estados Unidos” y con el apoyo de una ex- tensa y detallada información cuali- tativa y cuantitativa, Durand y Massey realizan un excelente análi- sis de la evolución geográfica e his- tórica del sector agrícola norteame- ricano y de la participación en él de los trabajadores mexicanos durante el siglo XX, y encuentran tres carac- terísticas determinantes: una relación de dependencia entre la agricultura estadunidense y la mano de obra mexicana, la mexicanización e indigenización de la mano de obra agrícola y la invisibilidad de los tra- bajadores agrícolas. Respecto de la mexicanización, afirman: La predominancia mexicana se debe fun- damentalmente a seis condiciones bási- cas, que otros grupos de trabajadores no pueden cumplir: bajo costo, temporali- dad, juventud, capacitación, movilidad y ser indocumentados (p. 154). En relación con el proceso de indigenización, aunque los autores advierten que “Es difícil estimar el grado de indigenización de la mano de obra agrícola en Estados Unidos”, aseveran que “es cada vez más per- ceptible la participación de migrantes de la región central, en especial de Oaxaca, Puebla e Hidalgo” (p. 160), entidades mexicanas con gran canti- dad de población indígena. En este proceso habría que sumar la presen- cia de pequeños grupos de indíge- nas guatemaltecos en California y Flo- rida. A la idea de los autores de que “Los trabajadores agrícolas son los menos visibles de todos los migran- tes”, me permitiría agregar: y los más vulnerables por sus condiciones gene- rales de trabajo y de vida. En el último capítulo, “Una nueva fase migratoria”, recuperando la pro- puesta desarrollada en un trabajo anterior de los autores, postulan la relación analítica, pero también his- tórica, entre modelo, política y patrón migratorio. A cada una de las etapas históricas desarrolladas en el segun- do capítulo se vincula un modelo mi- gratorio de tipo teórico para anali- zarla y caracterizarla, una política migratoria (que es el marco legal en el que se desarrolla el modelo), cuyo resultado determina un patrón mi- gratorio. Este interesante análisis lle- va a los autores a sugerir la existen- cia de un nuevo perfil del migrante mexicano: Hoy se requiere una docena de rasgos y una gama de colores y matices para delinear un perfil que se aproxime a la realidad: ha cambiado la composición legal, la duración de la estancia, la dis- tribución por sexo y edad, el origen social y cultural, la distribución geo- gráfica de origen y destino, los puntos de cruce fronterizo, el mercado de tra- bajo, la participación de la comunidad mexicana en ambos países, los princi- pios de nacionalidad y los patrones de naturalización (p. 171). Relevante inventario que dibuja lí- neas de investigación por desarrollar 202 MIGRACIONES INTERNACIONALES en el siglo XXI, atendiendo otra re- comendación estimulante de Durand y Massey: Hoy se recomienda la complemen- tariedad de enfoques para el análisis, del mismo modo que ha empezado a ser costumbre entre los académicos, que no entre los políticos y periodistas, ha- cer distinciones entre diferentes gru- pos o tipos de poblaciones. Las reflexiones expresadas en las conclusiones inspiran el provocati- vo título del libro: Clandestinos. Mi- gración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI. El proceso de le- galización de indocumentados que se verificó en los Estados Unidos a fi- nales del siglo XX (IRCA, 1986), con el que se regularizó la situación de 2.3 millones de indocumentados y se les abrió la oportunidad de una mejor y mayor inserción en la socie- dad estadunidense, también dinamizó procesos que han afectado a los migrantes, entre ellos la creciente mi- gración indocumentada y la genera- ción de una serie de leyes y actitu- des represivas y discriminatorias contra ellos. La IRCA –afirman los autores– dio lugar a tres procesos pro- blemáticos: en primer término, una mayor inmigración legal e indocu- mentada; en segundo, apoyado por un cuantioso presupuesto, un con- trol fronterizo ineficiente que ha cau- sado un alto costo en vidas humanas y el crecimiento de mafias que trafi- can con migrantes. Finalmente, la pe- nalización a los empleadores estimuló el crecimiento del sistema de subcontratación y reactivó, como nunca antes, al crimen organizado y a las mafias falsificadoras de docu- mentos. La legalidad se ha convertido en una especie de fenómeno nobiliario, en donde el estatus o la calidad migratoria se puede comprar con unos cuantos bi- lletes. Más que indocumentado, el tra- bajador migrante del siglo XXI, con pa- peles falsos o irregulares, ha pasado a ser un migrante clandestino (p. 185; subrayado mío). El excelente y detallado recuento sociohistórico, geográfico y numé- rico que Jorge Durand y Douglas S. Massey realizan de la migración mexicana a los Estados Unidos a lo largo del siglo XX y de sus perspecti- vas para el nuevo siglo es también un inventario resumido de su am- plio trabajo y larga trayectoria de in- vestigación, resultado no sólo de la ejemplar colaboración de dos acadé- micos de reconocido prestigio inter- nacional, sino también de una ideal complementariedad de enfoques, dis- ciplinas, intercambios con colegas y estudiantes, e incluso –y aunque pa- rezca anecdótico– de domicilios y es- tancias alternadas de ambos investi- gadores en los dos países.