MI_6_preliminares.p65 Debido a que el actual gobierno fe- deral de México ha dedicado mucha retórica y pocas políticas al tema de la migración y los migrantes mexi- canos en los Estados Unidos, por lo general las acciones que emprenden los gobiernos estatales son las que tienen (o dejan de tener) un impacto más decisivo en las distintas comu- nidades inmigrantes que se encuen- tran en dicho país. En este sentido, habría que destacar la aparición de Diáspora michoacana como parte de las iniciativas que se desarrollan en los estados, tanto de gobiernos como de otras instituciones, para atender o (como en este caso) reflexionar en torno de “sus” comunidades de migrantes a lo largo de la historia y del espacio representado por Méxi- co y los Estados Unidos. De tal ma- nera, el libro que comentamos plas- ma la atinada colaboración editorial que han sostenido ya por varios años el gobierno michoacano y El Cole- gio de Michoacán (que celebra, por cierto, su vigesimoquinto aniversa- rio). En este vistoso volumen se bus- ca hacer un extenso recuento de más de un siglo de migración provenien- te de dicho estado y con destino ha- cia el vecino país. Una primera reflexión obligada sobre este texto comienza con su presentación. Se trata de una elegante edición de formato grande, con por- tada y papel muy finos, ilustrada profusamente con excelentes imáge- nes (incluida la notable fotografía de la portada, que, según nos dicen en los créditos, mereció un premio Pulitzer). Este gran cuidado en su edición lo convierte de inmediato en un libro-objeto muy atractivo. El título del libro refleja también el creciente interés por la noción de diáspora, con la que, al igual que con otros conceptos análogos (por ejem- plo, el de transnacionalismo), se ha buscado subrayar el sentido de cam- bio constante en la consolidación de comunidades y flujos migratorios, lo mismo que, pese a ello, el sentido de creación y recreación de la iden- tidad de los migrantes. El libro está dividido en cinco sec- ciones, en las que se organizan los 17 capítulos que lo componen, es- critos por varios especialistas adscri- tos a diversas instituciones, en su RESEÑA BIBLIOGRÁFICA Diáspora michoacana Gustavo López Castro (coord.) Zamora y Morelia, El Colegio de Michoacán/ Gobierno del Estado de Michoacán, 2003 Luis Escala Rabadán El Colegio de la Frontera Norte RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 181 mayoría a El Colegio de Michoacán. Y si bien toda compilación implica siempre el reto de hacer prevalecer un sentido de unidad entre textos desiguales, el coordinador de este volumen realizó su labor con acier- to, mediante una adecuada combi- nación de perspectivas (cuantitativas, cualitativas, de análisis histórico y bibliográfico) y temáticas diversas, logrando así una muy completa aproximación a los distintos proce- sos que constituyen la diáspora michoacana. En la primera sección, “Los inicios del camino y la dispersión”, se presen- tan cuatro capítulos en los que se exa- mina la conformación de circuitos migratorios como base para el surgi- miento de redes sociales y de comuni- dades inmigrantes michoacanas exten- sas; el recuento histórico de la migración mexicana hacia los Estados Unidos, y la centralidad que los migrantes michoacanos han tenido en la misma; la “norteñización” de las co- munidades del occidente de México y sus impactos en la familia, la comuni- dad y la cultura; y la importancia de las nociones de territorio y región en el estudio de la migración michoacana. La segunda sección, “Circulación de las ideas y las costumbres”, incluye tres capítulos en los que los autores abor- dan la relación entre la migración y diversos cambios culturales. Esto pasa por el análisis de los dilemas que en- frentan las familias de los distintos gru- pos de migrantes con respecto al tra- bajo, la salud y la educación; la presencia de los niños como actores en el proceso migratorio y el rito de paso que significa el “llegar a la edad de ir al Norte”; y los vínculos existen- tes entre migración y reafirmación, di- versificación y cambio en materia de creencias religiosas. La tercera sección, “El dólar como meta redentora”, nos recuerda que, a pesar de la visible importancia de su dimensión cultural, la migración hacia los Estados Unidos provenien- te de Michoacán es básicamente de índole laboral. De tal forma, los tres capítulos que la componen se cen- tran en el papel de las remesas, sean individuales o colectivas (las que se canalizan por las asociaciones de migrantes michoacanos en los Esta- dos Unidos), y sus diversos impac- tos en el ámbito familiar y comuni- tario de Michoacán. La cuarta sección, “Expresiones lo- cales de la diáspora”, en realidad com- prende tres distintas subsecciones a lo largo de cinco capítulos: la primera está dedicada a aquellas zonas que han sido privilegiadas en la investigación sobre migración michoacana; la segunda, al análisis de los recursos terapéuticos utilizados por las comunidades michoacanas asentadas en Chicago, y la última, a la reflexión en torno a los michoacanos que fallecen en la región de la frontera entre México y los Esta- dos Unidos en su intento por cruzar. En la primera parte de esta sección se utilizan estudios de caso realizados en las comunidades de Chavinda, Cherán y Santiago Tangamandapio para exa- minar la formación de comunidades michoacanas en los Estados Unidos mediante el asentamiento y la incor- poración al mercado de trabajo; el uso de mecanismos formales de contrata- ción de trabajadores temporales (como 182 MIGRACIONES INTERNACIONALES es el caso de las visas H2-A), con las odiseas y las condiciones que ello involucra, y el retorno de los migrantes y sus implicaciones en la comunidad de origen. Posteriormente, con base en las prácticas de los migrantes michoacanos en el cuidado de la salud en el contexto de Chicago, se analizan las relaciones entre migración y salud. Para ello se examina el papel de las re- des familiares y sociales en la transmi- sión y reproducción de las costumbres al respecto. Finalmente, el último ca- pítulo de esta sección está dedicado a la reflexión acerca del creciente ries- go que enfrentan los migrantes mexicanos que cruzan sin documen- tos hacia los Estados Unidos (y los cos- tos que esto ha generado en vidas hu- manas entre los migrantes de origen michoacano) a raíz del endurecimien- to de las políticas de control de la fron- tera –en particular, en la región suroes- te– instrumentadas por el gobierno estadunidense. Por último, la quinta sección, “ Tornahojas de la migración michoacana”, dedica dos capítulos a repasar los estudios migratorios michoacanos, con énfasis en la an- tropología, y ofrece una recopilación de la bibliografía que sobre dichos estudios existe en El Colegio de Michoacán. Diáspora michoacana nos presenta, entonces, un vasto mosaico de los orígenes y de la consolidación de los flujos migratorios entre prácticamen- te todos los 113 municipios de Michoacán y múltiples lugares de destino en México, pero sobre todo en los Estados Unidos. Al término de la lectura de sus 493 páginas, el lector podrá experimentar la sensa- ción de haber sido expuesto a todas y cada una de las dimensiones que puede ofrecer el proceso migratorio michoacano, incluso con temáticas y sujetos tradicionalmente poco exa- minados: mujeres, niños, familias, mercados de trabajo, regiones y te- rritorio, procesos culturales, persis- tencia y cambio religiosos, remesas, dimensiones organizativas, salud y educación, riesgo y cruce fronteri- zo, bibliografía sobre la diáspora michoacana; en fin, resulta difícil señalar ausencias notables en el ex- haustivo repertorio contenido en este interesante volumen. Y sin embargo, a pesar de su lo- grada producción (y como en toda gran producción), me parece que se pueden apreciar también algunas deficiencias. Al margen de las posi- bles discrepancias que pudiéramos tener sobre el contenido de algunos capítulos específicos, quisiera seña- lar, por lo menos, dos limitaciones, una referente a la forma y la otra al contenido. En cuanto a la forma, en una producción tan ambiciosa e im- ponente se debió haber extremado el cuidado editorial, pues cualquier error tipográfico o inconsistencia, por pequeña que sea, se hace por demás evidente. Así, a lo largo del texto encontramos diversos traspiés de varias clases: errores de palabras incompletas o con letras cambiadas –por ejemplo, “centeneria” por “cen- tenaria” (p. 14), “Kearny” por “Kearney” (p. 110), “Bordieu” por “Bourdieu” (p. 392) o “san Francis- co” por “San Francisco” (p. 418)–; redundancias –“formándose gru- RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 183 pos... formados por migrantes mexi- canos” (p. 21)–; imprecisiones –“los cinco estados fronterizos (Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas)”, cuando en realidad se enlistan seis (p. 110), o inscribir bajo “Grupo étnico” a “Hidalgo y Edo. de México”, o bajo “Estado de ori- gen” al grupo “Otomí” (p. 123)–; re- ferencias incompletas –textos que no están en la bibliografía del artículo en cuestión o en la bibliografía ge- neral, como en el caso del trabajo de Peter Worsley (p. 31), o mapas y cuadros que no cuentan con título completo (pp. 117 y 119)–, entre otras incorrecciones. En cuanto a las limitaciones en materia de contenido, me parece que no obstante el carácter exhaustivo de este proyecto, hay por lo menos dos ausencias más o menos importantes. Por un lado, el análisis de la diáspo- ra michoacana no parece completo si no se incluye a los indígenas (p’urépechas) como grupo migrante específico. Si bien en el libro se hace mención a la presencia indígena en el proceso migratorio michoacano (en particular, en los capítulos de Leco Tomás y Tapia), en realidad no hay un análisis propiamente dicho de la relevancia de este grupo en tal proceso, sobre todo en comparación con el análisis que se hace de los migrantes mestizos michoacanos, a pesar de que los p’urépechas han sido parte de esta diáspora por muchos años. De hecho, es en uno de estos capítulos donde encontramos el ar- gumento pertinente para justificar un enfoque que deje atrás el supuesto carácter homogéneo de las comuni- dades migrantes mexicanas, enfoque que, además y en buena medida, es parte del espíritu que anima la ela- boración de una obra como Diáspo- ra michoacana: “Sería interesante considerar estas diferencias en estu- dios posteriores, pues pareciera que en muchos de los estudios se asume que las comunidades son homogé- neas y sin muchas disimilitudes in- ternas” (Tapia, p. 420). Por otro lado, también me parece evidente la falta de una reflexión sis- temática sobre las acciones y políti- cas implementadas por el gobierno del estado de Michoacán con respecto a la propia diáspora michoacana. Cierto, es claro que el énfasis de la obra está puesto en los migrantes, sus familias y sus comunidades tan- to en Michoacán como en los Esta- dos Unidos. Sin embargo, la reali- dad es que dichas acciones y políticas son cada vez más una parte intrínse- ca de las distintas diásporas mexicanas. En ese sentido, y con una migración centenaria hacia los Esta- dos Unidos, cualquier lector podrá sentirse intrigado por conocer qué ha hecho o dejado de hacer el go- bierno estatal michoacano en rela- ción con esos migrantes y sus comu- nidades. Es por ello que resultaría pertinente describir y analizar las ini- ciativas e intentos que se hayan rea- lizado en materia de atención a esta diáspora michoacana, al margen de qué tan acertada o errática haya sido. Sin embargo, estas posibles limi- taciones no merman el logro que sig- nifica la edición de Diáspora michoacana como una original y no- 184 MIGRACIONES INTERNACIONALES table aportación al análisis de la mi- gración mexicana en los Estados Unidos. Es de esperarse que su apa- rición sirva no solamente como una nueva fuente de reflexión para los estudiosos de este campo, sino tam- bién, y ante todo, para que otros gobiernos estatales se interesen en documentar sus diásporas correspon- dientes y en reflexionar sobre ellas.