cajafinalmigracionesu.p65 Redefinición de las relaciones familiares en el proceso migratorio ecuatoriano a España Javier Fresneda Sierra Universidad Pontificia Comillas Introducción Este trabajo, en torno al caso del sorprendente flujo de los inmigran- tes ecuatorianos a España, analizará algunos de los conflictos que el pro- ceso migratorio plantea a la unidad familiar desde una perspectiva de género. Basado en la experiencia profesional como psicoterapeuta individual y de familia del autor, como investigador de campo en estudios sobre migraciones y como observador participante en una aso- ciación de ecuatorianos en España, plantea que la reagrupación fami- liar no siempre es tan armónica como se contempla en el discurso de las instituciones que intervienen socialmente con inmigrantes. Si bien en los proyectos migratorios familiares la soledad y los temores de desintegración de la familia mo- tivan que el que viajó primero pro- cure la reagrupación en España lo antes posible, una vez producida ésta, inesperadas dificultades de adaptación con sus familiares po- drán poner en breve a la familia al borde de la ruptura. Entre ellas, será determinante la incorporación sa- larial de las mujeres inmigrantes, que les llevará a asumir, no sin con- flictos, frente a sus compañeros, mu- chos de ellos desempleados, mayores cotas de poder en la organización de su tiempo y en la toma de decisiones. Incluso, las migraciones no familia- res, como las de las mujeres solteras o separadas que ya iniciaron su mi- gración en busca de mayor libertad, no se vivirán exentas de contradic- ción y ambigüedad en el despliegue de sus relaciones de género. La familia no es una institución al margen de los conflictos, y aún menos cuando sus distintas partes se separan y son sometidas a distintas y poderosas influencias sociales y culturales. Costaría creer que en medio de este proceso las reagrupaciones familiares llevadas a cabo por los inmigrantes pudiesen ser armónicas. En cambio, ni en las organizaciones de apoyo a la inmigración, ni en las instituciones que intervienen socialmente con inmigrantes, ni en el ordenamiento jurídico que regula la reagrupación, apenas se mencionan —ni, subsiguientemente, pueden prevenirse— ninguna de estas contradicciones y claroscuros. Este texto pretende señalar algu- nas de estas dificultades prácticas, desde un segundo plano más teóri- co de análisis psicosocial, que en- marcaría este proceso en la re- definición de roles familiares asig- nados a cada género y subsistema NOTA CRÍTICA 136 MIGRACIONES INTERNACIONALES familiar producido por la migración aislada de alguno de sus miembros. Lo hará desde la psicología social de corte cualitativa; esto es, aquella que, en vez de medir y controlar el objeto aislado, ahistórico y descon- textualizado, prefiere analizar las re- laciones entre distintos sujetos, to- mando como objeto su discurso y los supuestos implícitos en que des- cansa, y considerando ambos como construcciones colectivas desde dis- tintos lugares sociales. Los datos de este artículo, a su vez, han sido pro- ducidos desde técnicas cualitativas de observación participante y socio- análisis, así como desde el análisis clínico de casos y el análisis de dis- curso de entrevistas semiestructura- das, que he tenido oportunidad de desplegar en una asociación de in- migrantes ecuatorianos en la que colaboro desde hace casi tres años,1 en una investigación sobre la puesta en práctica de la reunificación fami- liar,2 y en cerca de una veintena de casos clínicos de inmigrantes ecua- torianos que he atendido como psi- coterapeuta individual y de familia. La inmigración ecuatoriana en España España ha pasado bruscamente, en el lapso de una década, de ser país expulsor de emigrantes a ser atractor neto de ellos. Si últimamente el número de emigrantes españoles en el extranjero está estancado en torno a dos millones de personas (Anua- rio de Migraciones, 1998, pp. 33-34), el de inmigrantes residiendo en España no deja de crecer y de dejar obsoleto en poco tiempo cualquier cifra que osemos aventurar. En la actualidad, residen legalmente en España (frente a un total de poco más de 40 millones de habitantes) aproximadamente un millón de ciudadanos extranjeros (un 2.5% del total de la población), de los cuales unos 400 mil son pertenecientes a países de la Unión Europea y los 600 mil restantes provenientes de terceros países o no comunitarios. De entre ellos, el flujo de crecimiento más sorprendente en los últimos dos años es, sin duda, el ecuatoriano. Valga como botón de muestra que, según los datos oficiales publicados el 31 de diciembre de 1998, sólo hay concedidos 7 046 permisos de residencia (Anuario Estadístico de Extranjería, 1999, p. 87), mientras que en la regularización de inmigrantes hasta junio de 1999, así como en el controvertido proceso de documentación en origen de 2001, la cifra habría aumentado hasta 54 mil permisos, y según estimaciones, unos 100 mil más estarían trabajando en la economía subterránea de forma irregular. Sólo en Madrid, con apenas unos 15 mil inmigrantes ecuatorianos residiendo legalmente, se encontraban al 1 de enero de 2001 empadronados en el censo un total de 58 430 1 El autor es miembro de la Asociación Hispano-Ecuatoriana Rumiñahui. 2 IUEM (1996), “Sobre la puesta en práctica, procesos y condiciones de la reagrupación familiar de los inmigrantes”, Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones, Universidad Pontificia Comillas, Madrid. 137 ciudadadanos ecuatorianos; esto es, sólo uno de cada cuatro ecuatoria- nos en Madrid estaría recogido por las estadísticas oficiales que miden los permisos de residencia. Inmigrantes, pues, invisibilizados en su mayoría, recién asentados y con apenas derechos reconocidos. Migraciones, género y reunificación familiar Pensar en género y migraciones con- lleva el riesgo de acabar hablando tan sólo de historias de mujeres inmi- grantes, y ciertamente que la mi- gración a veces es un proyecto per- sonal de mujeres, pero, al menos en el caso ecuatoriano en España, las más de las veces la inmigración se inscribe y se piensa en un proyecto de redes familiares. Esto nos da la oportunidad de salir de la con- cepción de la mujer como algo e- sencialista y aislado del concepto de hombre (Gregorio, 1997, p. 146) y poder examinar los cambios en las relaciones de género que se pro- ducen dialógicamente en estos nú- cleos y redes familiares cuando se emigra. Aspiro a exponer en este trabajo algunas de las historias que vengo observando en los últimos tiempos al colectivo ecuatoriano en España, ahora mismo inmerso en la reunifi- cación de sus familias. Son historias de familias en evolución que ven en la migración una estrategia de su- pervivencia, o de familias rotas pero cuyo referente permanece en la sub- jetividad de sus miembros. Son historias urbanas de Madrid, donde vive la mayoría de los inmi- grantes ecuatorianos en España, casi dos terceras partes de ellos mujeres, ya que la realidad de género del colectivo ecuatoriano del levante mediterráneo (Murcia, Valencia), con una presencia más masculina en las tareas agrícolas, es muy distinta. Cuando pensamos en inmigran- tes la primera variable que el imagi- nario social nos despierta es la económica, y con ella la pobreza en el país de origen, la demanda de tra- bajadores para puestos precarios y no calificados en el país al que se emigra. Unos sujetos y una deman- da asexuados, pero las mujeres y los hombres inmigrantes, cuando son conceptuados como personas o ciudadanos, muestran muchas otras dimensiones que median en su proyecto migratorio, y estas redes familiares son uno de los lugares principales en que se sitúa su de- cisión de migrar. Desde esta certeza se ha pensado la reagrupación familiar de las per- sonas inmigradas como la piedra angular para la integración de éstos, y así lo recoge el derecho comuni- tario e incluso parcialmente, las polémicas leyes de “extranjería” pro- mulgadas en España. La familia ha venido a constituirse en un medio de seguridad, de expansión, de re- cursos, de solidaridad, de cohesión y de referencia. Deseable, incluso, no sólo para la misma población inmigrante, sino para la propia so- ciedad de acogida, que gana en es- tabilidad y en vertebración social. Pero se ha idealizado la familia, pen- sando que su reagr upación es armónica, e ignorando los conflic- NOTA CRÍTICA 138 MIGRACIONES INTERNACIONALES tos y las desigualdades de poder en juego en este proceso. De hecho, sin ánimo de querer dramatizar, ni de ignorar los recursos y las estrategias propias de los colectivos y las per- sonas inmigrantes, ni de subrayar la bondad básica del proceso, hay que señalar los riesgos de que procesos malogrados de reagrupación pudie- ran incluso llegar a contribuir en parte a la creación de bolsas de mar- ginación (IUEM, 1998, pp. 25-31). Por su parte, las autoridades es- pañolas pareciesen querer ir optan- do por un modelo migratorio gastar- beiter, de trabajadores invitados, considerando tal vez la reagrupación como una fuente de costos económi- cos y sociales de educación y aten- ción que antes corrían a cargo de los países de origen. Así al menos se desprende de los convenios bila- terales internacionales que se están firmando para canalizar los futuros contingentes de inmigrantes, y en los que mucho se habla de las cláusu- las de retorno en cuanto finalizan los contratos de trabajo, y poco so- bre cómo se renuevan los permisos de trabajo y residencia. Pero la rea- lidad es tozuda, y las personas in- migradas, a veces hasta contra sus propias previsiones iniciales, se quedan y reagrupan a sus familias. Dificultades en la trayectoria migratoria según tipos de proyectos migratorios Para situarnos mejor, ordenaré cronológicamente en este artículo, desde una perspectiva de género, al- gunas de las dificultades vividas en las familias antes de la reunificación (que, de hecho, la motivan), y las posteriores, en algunos casos más inesperadas y por ello más desesta- bilizadoras. Por otra parte, en un doble eje, expondré la problemática más común de los proyectos migra- torios, según sean éstos familiares o individuales. Proyectos migratorios familiares Respecto a los proyectos migrato- rios familiares, hay que reseñar que en realidad el proyecto migratorio ya comienza en el país de origen de forma desigual. Las familias, azota- das por la crisis económica, seleccio- nan a uno de sus integrantes como un potencial inmigrante (en general, la persona más fuerte, estable, capaz de adaptarse, de llevar la iniciativa) y reúnen recursos para toda una inver- sión familiar. En las familias ecuatori- anas el sesgo de género es insoslayable, pues la enviada en primer lugar suele ser una mujer (la madre o la hija), porque en Ecuador se rumorea que para ellas hay más trabajo, en las casas fundamentalmente, como tra- bajadoras del servicio doméstico (Gómez Ciriano, 2000, p. 214). Entre las dificultades previas, la principal giraría en torno a la erosión que la separación provoca en la pareja. Entre la mayoría de los integrantes de parejas divididas a quienes he tenido oportunidad de entrevistar, en España o en Ecuador, por muy sólidamente constituidas que se creyeran, pocas eran las que a duras penas lograban vislumbrar un futuro más allá de seis o a lo sumo 139 nueve meses de separación. Este re- ferente temporal aparece de forma repetida en el discurso ecuatoriano, espoleado por críticas y chismes re- cogidos en los mentideros de la co- munidad de origen. La pareja se vive acosada acá y allá por un clima de infidelidad percibido como muy poderoso (Rumiñahui, 2000, pp. 3- 4), avivado por la soledad, la dureza de la vida que se emprende, por las estrecheces que los inmigrantes se autoinfligen en España para pagar su deuda en el menor tiempo posible (del que el hacinamiento en las ha- bitaciones es el mejor exponente), por las cargas familiares que se tienen que soportar en Ecuador (problemas de los niños en la escue- la...) (Carpio, 1992, pp. 160-164). Esto hace que tanto hombres como mujeres desplieguen una red de in- formantes que controla la sexualidad de la pareja en el otro continente, y cuya información recibirá un uso diferencial por parte de mujer u hombre en función del poder que una u otro tengan o vayan teniendo en la pareja. Otra preocupación recurrente gira respecto a las hijas e hijos deja- dos en el país de origen con algún familiar (el padre en primera instan- cia, y después las abuelas, cuñadas, aunque si son mayores a veces se quedan en soledad, con simple- mente alguna supervisión más o menos lejana de algún pariente). En el discurso de la población inmi- grante y de sus familiares se hace cada vez más presente que la labor de estos improvisados tutores no impide que muchas veces su ren- dimiento escolar descienda de ma- nera sensible y se vean enrolados en travesuras, desafíos o mutismos que constituyen toda una llamada de atención. En los colegios donde estudian, los profesores detectan pronto quiénes son las niñas y niños cuyos padres emigraron. Las madres, sobre todo, se ven impotentes des- de aquí, y crecientemente culpabi- lizadas, con el miedo latente de ser rechazadas por sus hijas e hijos como madres abandonadoras, y cuya pro- le jamás logrará superar esa herida. Y, ciertamente, en celebraciones como el Día de la Madre, cum- pleaños, vacaciones, la añoranza se acentúa. De hecho, a veces la añoranza se transforma en susti- tución de figuras maternas o insen- sibilidad afectiva. Aunque básicamente de orden afectivo, son razones de peso como para desear una reagrupación lo an- tes posible, porque ponen en juego las relaciones que durante años estructuraron la identidad y el apoyo mutuo de las personas inmigradas. Pero no es menos cierto que la rea- grupación, una vez llevada a cabo, implica el surgimiento de otras di- ficultades asociadas a la nueva situa- ción en la que se encuentra el grupo familiar. Estas dificultades abarcan desde cuestiones vinculadas a las re- laciones de pareja, afectadas por un periodo más o menos largo de sepa- ración, a cuestiones más prácticas, como la reorganización del tiempo del reagrupante, la adaptación de los familiares a su nuevo lugar de resi- dencia, el acceso a servicios que de- mandan los distintos miembros de la familia o el conseguir una nueva vivienda adecuada a un costo ase- NOTA CRÍTICA 140 MIGRACIONES INTERNACIONALES quible. Para ordenar la diversidad de narraciones en torno a las situa- ciones conflictivas de las familias y su proyecto migratorio, ayuda el considerar como uno de los ejes principales el estado civil de partida (el itinerario de las solteras, de las casadas, de las separadas, en cada caso, con o sin hijos en el país de origen o ya reagrupados) (García y García, 1998, pp. 69-108). Por otro lado, también es clave si la reunifi- cación se planeaba a priori o si se decidió a posteriori como estrategia de resolución de problemas impre- vistos (Gómez, 1999, p. 63). Porque aunque una buena proporción de las personas inmigradas acaban quedándose a vivir en el país al que migraron, la mayoría de ellas planea a priori ahorrar algún dinero y regresar, y así poder satisfacer alguna deuda contraída o lograr el capital necesario para levantar un pequeño negocio o comprar una casa. Pero, una vez llegadas, son conscientes de que el dinero se ahorra más lentamente de lo que se pensó, o de que el país de origen no se encuentra tan estable como para plan-tearse demasiadas inversiones, y así la estancia comienza a prolongarse indefinidamente y el regreso se torna una referencia mítica. Sobre todo cuando el país de partida está lejos y el viaje es costoso, o cuando la política de fronteras es rígida y se teme salir y no poder volver a entrar. Entonces empiezan a dejarse sentir más vivamente los problemas citados que desencadena la separación de la familia, y el proyecto migratorio se transforma. Cuando las hijas e hijos finalmente se reagrupan, o cuando nacen aquí mismo y empiezan a arraigarse, a ir a la escuela, a tener amistades (y la capacidad de integración de éstos puede llegar a ser mucho mayor que la de su padre o su madre), la situa- ción es difícilmente reversible, al menos hasta casi ya la edad de la jubilación, donde volverá a plantearse el retorno. Por lo general, al cabo de unos meses —más de los previstos— el marido acaba emigrando a la ciudad (aunque hay algunos otros casos en que el hombre viaja directamente al levante, a trabajar en la agricultu- ra), porque también se rumorea que, una vez que la mujer se ha integra- do laboralmente, a veces es posible conseguir un trabajo para parejas, como internos. Los meses suelen ser más en parte porque a la mujer no le ha dado tiempo de estabilizarse económicamente, y en parte porque al llegar ella se dará cuenta viva- mente de las dificultades que los varones tienen para encontrar un trabajo en la ciudad. Con lo cual contiene a su marido y le ruega pa- ciencia, aunque él fantaseará y se atormentará con que la verdadera razón por la que su mujer no quiere llevarlo es porque ha iniciado algu- na otra relación de pareja en España. Sólo en un segundo momento se reagrupará con los hijos que queda- ron con alguno de los abuelos, cuña- dos, etcétera. El primer problema es el del re- encuentro de la pareja. A lo largo de los años de separación transcurridos y aunque hayan existido visitas, la convivencia ha estado interrumpi- 141 da, y es fácil que entre sí no se re- conozcan o que la imagen que tenían de la otra persona sea muy distinta a la que presentan en el momento del reencuentro. Las personas “cam- bian” y tienen que pasar por un cos- toso periodo de readaptación para volver a acostumbrarse a vivir jun- tas. Además, las más de las veces encontrar un trabajo es difícil y el hombre vaga, sin trabajo, sin dine- ro y sin poder en la familia. Él, que siempre proveyó monetariamente al gr upo familiar, ahora se ve mantenido por su mujer, convertida en sustentadora económica del proyecto migratorio... Además, se encuentra con una mujer más libre, potenciada tras identificarse en parte con la forma de actuar de las mujeres españolas respecto a los hombres, y además con dinero propio, con más poder, por lo tanto, en la toma de decisiones familiares, y esto choca con la concepción tradicional de subordinación al hombre que se le solía atribuir dentro del grupo familiar. Esto le supone una seria crisis personal, que apenas suele expresar verbalmente, pero que llega a somatizarse en el hombre como depresión, e incluso en algunos casos como impotencia sexual, cuando no se muestra como una irascibilidad sorda y difusa hacia su mujer o se ahoga en un incremento en el consumo de alcohol. Incluso, en los casos en que logran trabajar como pareja interna, él va a vivir como más denigrante el descenso de estatus que comporta dedicarse a realizar las tareas domésticas, a las que poco se dedicó en su hogar, aunque cobre por ello siete veces más que en su anterior trabajo calificado. En realidad, expresa el síntoma de la reorganización de las relaciones fa- miliares que se han desencadenado. Otro de los problemas típicos sería la reorganización del tiempo por parte de la reagrupante; volver a vivir en familia le supone tener que repartir con la familia un tiempo que antes sólo dedicaba al trabajo y a sí misma. No sin pudor, en muchos casos se oye quejarse a las mujeres inmigrantes de que su marido le vuelva a exigir o a controlar su tiem- po. Por ese motivo, cuando vienen los maridos se suele dejar el trabajo como interna y se busca un piso o una habitación en los más de los casos, alquilado para la familia, y ya, al menos, aunque sea por pocas ho- ras, es posible descansar en la pro- pia casa y poder disfrutar de algo de intimidad. En el caso par ticular de las mujeres que reagr upan a hijos pequeños, necesitados de mucha atención, pueden existir dificultades para encontrar trabajos compatibles con el cuidado de los hijos, o a la hora de acceder a las guarderías (las públicas, con escasas plazas asequibles, o las de paga, muy caras). El padre, aun cuando esté sin trabajo, sale a buscarlo y no termina de asumir la crianza del hijo más que de cuando en cuando. De hecho, aunque jurídicamente los niños ecuatorianos nacidos en suelo español y no inscritos en el consulado durante el primer mes hasta hace poco lograban ganar la nacionalidad española (de ahí el NOTA CRÍTICA 142 MIGRACIONES INTERNACIONALES calificativo de “niños ancla”), y se convertían así en un seguro para sus progenitores, que ya no podían ser expulsados, a veces se les mandaba de vuelta a Ecuador con una conocida al no poder atenderlos. Proyectos migratorios individuales Hasta aquí una enumeración so- mera de algunos de los problemas provocados por la separación o la re- unificación en el caso más típico de migración familiar, pero no pode- mos perder de vista la posibilidad de que ya existiesen graves proble- mas en la familia en el país de ori- gen que fuerzan la pretensión de una migración más individual. Cuando son problemas de pare- ja, nos sitúan en otro de los itine- rarios mencionados, ejemplificado por el caso no infrecuente de las mujeres que han sido maltratadas en sus familias de origen por sus pare- jas y ven en la inmigración una li- beración. Mayor independencia, mayor libertad económica, incluso mayor distancia para una separación necesaria y comenzar una nueva vida. Aquí la distancia, más que como problema, se vive como tera- pia. Aunque esta separación puede ser más o menos formal, la propor- ción que emigra de mujeres separa- das o divorciadas puede alcanzar el 20 por ciento en algunas de las pro- vincias de emisión. Pero muchos de los problemas de los que la mujer inmigrante pretende huir le acom- pañan en su psiquismo. Lo ilustra el hecho de que hasta en algunos de esos casos extremos siguen otorgan- do capacidad de control sobre la futura vida a la anterior pareja, y así, si se emprendió alguna nueva re- lación en España, esta última se va a seguir viviendo en muchos casos culpablemente, como una infide- lidad, y a la anterior pareja se le seguirá ocultando a veces hasta lo dramático, incluso en el caso de que éste haya venido a España a reagru- parse en virtud de unos muy dete- riorados lazos de unión. Ya por último, otro itinerario mi- gratorio con similares disonancias familiares es el de las mujeres solteras en busca de mayor libertad respecto a sus padres (a los que se puede acusar de excesivamente controla- dores y, en la queja más típica, de inmiscuirse en la elección de pare- ja), o en la búsqueda de nuevos ho- rizontes, de conocer... Al menos, así legitiman su migración ante los demás. Aunque después resulte con- tradictorio que, aun buscando ma- yor libertad respecto a sus padres, les pidan “la bendición” para mar- charse, que “les manden” emigrar (y si no se les otorga se sufre enorme- mente, pero igual se viaja). Es un proyecto migratorio menos acucia- do por lo económico, que tal vez sólo presione el primer medio año, por el pago de la deuda. Cuando la hubiere, porque tampoco tiene por qué ser una migración de gente de clase media baja, sino incluso de media alta, tituladas universitarias. Desde luego, son de entre las más instaladas en la queja, porque los trabajos que se les permite hacer en España chocan con sus aspiraciones de estatus, se ven más encerradas que nadie como internas, y su imagina- 143 rio social no las dota aún de narra- ciones y objetivos claros por los que luchar. Conclusiones Los procesos de reunificación fami- liar, en suma, constituyen una plataforma privilegiada de obser- vación en torno a la integración de los inmigrantes. Más que nada, porque reunificación entraña proyecto; tránsito desde el mante- ner dimensiones vitales en suspen- so a la espera del retorno, a plan- tearse a largo plazo cómo se quiere vivir, uno y sus familiares, en el país de destino. Cómo se comience a de- sarrollar esa reunificación, a resol- ver los conflictos que conlleve, y en torno a qué ejes vitales (afectivo, fa- miliar, laboral...), cada inmigrante negocie y redefina su identidad, revelará el peso que se quiera y se acierte a dar a estas dimensiones en la nueva vida que se empieza. Urgiría elaborar propuestas, por parte de las organizaciones e insti- tuciones que atienden a los inmi- grantes, que ayuden a afrontar esta problemática emergente. Así, sería oportuno propiciar la creación de espacios de reflexión de los propios inmigrantes, donde puedan poner en común y elucidar la trama social de lo que están viviendo, aislada y avergonzadamente, como proble- mas individuales, y en los que puedan subrayar las mejores prácti- cas y narraciones, esto es, las más abiertas a resolver las contradic- ciones vividas. Asimismo, sería per- tinente presionar políticamente y dar a conocer esta problemática para que se produjesen las modificaciones legislativas que mejor acompañen a estos cambios sociales; entre el- las, podríamos sugerir que los per- misos por reunificación familiar a los cónyuges no se otorguen sólo para residir sino también para tra- bajar, o que se reduzca el tiempo necesario para solicitarlos, así como el de su tramitación, para que el tiempo de separación famil- iar sea menor y la reunificación pueda darse en una transición más suave. Tal vez así, los cambios en las relaciones de género que oca- siona la migración, como una de las variables transversales a todos los ámbitos donde la integración se ver- ifica, revelen la oportunidad para que ésta respete la libertad y la ig- ualdad de mujeres y hombres tanto entre distintos colectivos como al interior de los mismos. Bibliografía Asociación Rumiñahui Hispano-Ecuatoriana, “La ruptura familiar”, en Nosotros con vosotros, año 1, núm. 1, agosto del 2000. Carpio Benalcázar, P., Entre pueblos y metrópolis. La migración internacional en comunidades austroandinas en el Ecuador, Cuenca, Ecuador, Ildis y Abya Yala, 1992. Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM), Sobre la puesta NOTA CRÍTICA 144 MIGRACIONES INTERNACIONALES en práctica, procesos y condiciones de la reagrupación familiar, dirigido por Rosa Aparicio, Madrid, Universidad Pontificia Comillas, 1998, pp. 13- 32. García Domínguez, M., e I. 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