De Parafso a Carolina del Norte. Redes de apoyo y percepciones de la migraci6n a Estados Unidos de mujeres tabasquefias despulpadoras de jaiba REsuMEN Laura Vidal Fernandez, Esperanza Tunon Pablos, Martha Rojas Wiesner y Ramfis Ayus Reyes El Colegio de la Frontera Sur Este articulo examina !a experiencia migratoria y !aboral de un grupo de mujeres tabasquefias que, de forma documentada y temporal, migra par un periodo de siete meses a! afio hacia Carolina del Norte, en Estados Unidos, para trabajar en empresas despulpadoras de jaiba. Se utilizan metodos cuantitativos y cualitativos (encuesta, entrevistas, observacion parti- cipante y revision documental) para describir y analizar las estrategias de negociacion y las redes de apoyo que las mujeres establecen al interior de sus grupos domesticos para poder migrar, as{ como los costas y beneficios de su experiencia como migrantes internacionales. En este proceso, resu!tan fundamentales las redes sociales para conseguir empleo y para atender las necesidades cotidianas de !a familia que se queda en Tabasco durante el tiempo de su ausencia. Sin embargo, estas redes sociales no facilitan su integracion en Estados Unidos. Esta migracion temporal proporciona a las mujeres un ingreso economico ala vez que amplia su vision de !a vida y de sus capacidades y potencialidades, creando las condiciones para que desarrollen cierta autonom{a, y tiendan a alterar relativamente las normas de poder generico a! interior de los grupos domesticos. Pa!abras clave: l. migraci6n internacional, 2. mujeres, 3. relaciones de genera 4. Tabasco, 5. North Carolina. ABsTRACT This article examines the migratory and work experience of a group ofTabascan migrant women, who work-seasonally and legally-in North Carolina crab processing factories for seven months of the year. The article uses both qualitative and quantitative methods (survey, interviews, participant observation, and document review) to describe and analyze the negotiation strategies and support networks that the women use within their domestic groups in order to migrate, and the costs and benefits of their experience as international migrants. In this process, social networks are fundamental obtaining employment and meeting the daily needs of the family that remains behind in Tabasco. Nevertheless, these networks do not facilitate the integration of these women into the United States. Seasonal migration provides them with income while it broadens their view of the world and of their own abilities and potential. This creates the conditions for them to develop some autonomy and to lean toward a relative alteration in the rules of gender power within the family. Keywords: 1. international migration, 2. women, 3. gender relations, 4. Tabasco, 5. North Carolina. Articulo recibido el 14 de marzo de 2002 Articulo aceptado el 7 de mayo de 2002 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. I, NOM. 2, ENERO-JUNIO 2002 30 MIGRACIONES INTERNACIONALES lntroduccion El presente texto se basa en un estudio sobre Ia migraci6n documentada y temporal de mujeres tabasquefias que laboran en Estados Unidos por un pe- riodo de siete u ocho meses al afio en empresas despulpadoras de jaiba, en Carolina del Norte. El analisis tiene como eje principal conocer las condi- ciones que requieren las mujeres para migrar y siestas condiciones son me- diadas por redes de apoyo domestico; c6mo se tejen estas en sus comunidades de origen y c6mo intervienen en Ia evaluaci6n y decision para viajar Ia siguiente temporada. Para esto se construye un perfil sociodemo- grafico de las migrantes y se hace enfasis en indagar acerca de las causas y mo- tivos de Ia migraci6n, as! como sobre la toma de decisiones, las estrategias de negociaci6n (para migrar y formar redes de apoyo) y las percepciones negati- vas y positivas de Ia migraci6n. El tema cobra relevancia ante las escasas referencias sobre Ia migraci6n in- ternacional documentada de mujeres mexicanas hacia Estados Unidos. La migraci6n femenina tabasquefia es significativa dado el caracter laboral (sec- tor pesquero), documentado y temporal de dicho proceso. Ademas, porque se trata de una corriente migratoria que dio inicio en 1989 con un grupo de 24 mujeres, las cuales se constituyeron en pioneras de un flujo migratorio que ha venido creciendo yen el que actualmente participan alrededor de 400 mujeres de los municipios de Jalpa de Mendez y Para!so, Tabasco. Esta experiencia migratoria y laboral que redama documentaci6n, pareciera es- tar generando una serie de procesos, a saber, el mejoramiento de los niveles de bienestar de las familias y las comunidades de origen de estas mujeres, la potenciaci6n de los rasgos de empoderamiento en elias y Ia generaci6n de cam bios en las relaciones de genero en el interior de los grupos domesticos. Sobre estos cam bios, Menjivar ( 1999) sefiala que Ia transformaci6n de las relaciones entre hombres y mujeres por el hecho de que las mujeres migren, trabajen y tengan acceso a un ingreso, no transcurre como un proceso meca- nico ni sencillo. Mas bien, transforma las relaciones entre las propias muje- res, pues son elias las que mayormente participan en las redes de apoyo. Sin embargo, observa que el trabajo del migrante (visto como proceso social), con el tiempo podda llevar a transformaciones mas visibles en las interaccio- nes genericas. A partir del tipo de migraci6n de este grupo de mujeres tabasquefias, cuyas motivaciones no estan asociadas a Ia busqueda de un trabajo incierto o a Ia reunificaci6n familiar, se reconoce que Ia posibilidad de su participaci6n en el proceso del trabajo esta mediada fundamentalmente por las relaciones de poder establecidas en el interior de su grupo domestico y por las obligaciones construidas socialmente para elias. De este modo, su disyuntiva entre migrar o no, se da en funci6n de Ia posibilidad de garantizar a los demas miembros del grupo domestico el cumplimiento satisfactorio de las actividades que socialmente se les ha asignado como madres-esposas-hijas-hermanas y que, DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 31 basicamente, consiste en dejar asegurado el cui dado del hogar y de los hijos durante su ausencia. Esto implica contar con algun tipo de apoyo y valorar si contaran con este para decidir si migran o no en ocasiones posteriores. El estudio se llev6 a cabo en el ejido Chiltepec, del municipio de Paraiso, Tabasco. El trabajo de campo se realiz6 entre los meses de febrero y junio de 2000, temporada que coincide con el inicio de Ia migraci6n de las mujeres de esta comunidad hacia Carolina del Norte. El analisis sigui6 una estrategia metodol6gica que combin6los enfoques cuantitativo y cualitativo en cien- cias sociales, para lo cual se recurri6 a una encuesta y a entrevistas personales y grupales, as{ como a Ia observaci6n participante y a Ia revisi6n documental El texto consta de cinco partes. En Ia primera se realiza una revisi6n bi- bliografica sobre el tema de Ia participaci6n de las mujeres en Ia migraci6n de Mexico a Estados Unidos, el papel de los grupos domesticos en Ia cons- trucci6n de las estrategias familiares y de conformaci6n de las redes de apoyo que permiten Ia migraci6n, as{ como de los conceptos basi cos que permiten analizar el proceso desde una perspectiva de genero. En Ia segunda se ex pone Ia metodologfa y se co men tan las actividades que se realizaron durante el tra- bajo de campo. En Ia tercera se expone un panorama del municipio y el ejido donde se realiz6 el estudio. En Ia cuarta se exponen los resultados obtenidos en Ia investigaci6n. Y por ultimo, se presentan las conclusiones del estudio y Ia bibliograffa consultada. Antecedentes La migracion femenina a Estados Unidos La mayoda de los estudios sobre el tema de Ia migraci6n mexicana a Estados Unidos hace referencia a Ia migraci6n masculina indocumentada. En cam- bio, son escasos los que consideran Ia participaci6n de las mujeres y su papel como migrantes, as{ como sus caractedsticas socioecon6micas y demogra- ficas. Autoras como Guidi (1988), (1990) y Woo (1997) seiialan que si bien los trabajos pioneros sobre migraci6n visualizaron como objeto privilegiado de estudio a una poblaci6n masculina proveniente de zonas rurales que seem- pleaba en Estados Unidos en Ia construcci6n de carreteras, en el tendido de vias ferroviarias yen los campos agrkolas, poco a poco dicho enfasis cambi6 y empez6 a cobrar fuerza el papel de las mujeres en Ia migraci6n internacional. Los primeros estudios (Woo, 1977; Guidi, 1988) que atendieron este as- pecto mostraron Ia !mportancia de "las mujeres que se quedan'' en ellugar de origen, las cuales creaban las condiciones propicias para Ia migraci6n masculina, pues en ausencia de los varones yen espera de las remesas dedi- nero que ellos enviaban, construfan estrategias que les permidan hacerse cargo de Ia producci6n y reproducci6n de los grupos domesticos. 32 MIGRACIONES INTERNACIONALES Estudios posteriores (Guidi, 1988;Arias, 1990; Woo, 1997) analizaronel peso de la migraci6n femenina en la restructuraci6n de los roles en el hogar y la comunidad. Destacaron la sobrecarga de tareas y responsabilidades para las mujeres cuando ellas debian asumir la conducci6n de los grupos domesticos, realizando jornadas agrkolas normalmente atribuidas a los hombres e, incluso, incursionando en nuevas actividades como la cria de animales de traspatio, el tejido, la costura y el bordado (tanto de ropa para la casa como de prendas de vestir), as! como el ensamblado o la maquila a domicilio, lo cual les permida generar ingresos adicionales para la manutenci6n del grupo domestico en ausencia de los varones (Guidi, 1988; Arias, 1990). La literatura consultada-la cual no ofrece datos precisos sobre la muestra con la cual trabajaron pues se apoya a su vez en diversos estudios- reporta que durante la decada de los setenta se presentaron cam bios importantes en el flujo y composici6n de la migraci6n mexicana a Estados Unidos y que, junto con el aumento global de la poblaci6n migrante, se identificaron flu- jos de migraci6n femenina como "acompafiantes de los esposos" o en aras de la "reunificaci6n familiar" (Guidi, 1988; Conapo, 1997; Poggio y Woo, 2000). Ariza (2000) sefiala que la mayoria de estos estudios ubicaron a las mujeres fundamentalmente como esposas, hijas o madres de los varones mi- grantes. Pero no todos los estudios reconocieron el mismo car:kter para las mujeres ni destacaron su labor productiva en la pizca de variados productos agrkolas, como fresa, cereza y tomate, entre otros. En el mismo periodo se registr6 una mayor diversificaci6n ocupacional y sectorial de los migrantes y una tendencia a prolongar su estancia en Estados Unidos y/o a cambiar su residencia permanente (Conapo, 1997; Lozano, 1998). Se comenz6 a documentar la participaci6n !aboral de algunas fami- lias mexicanas que, como parte de sus estrategias, movilizaron a todos sus miembros para trabajar temporalmente en las grandes plantaciones agrko- las de California (Arias, 1990). Durante los afios ochenta se percibieron en los patrones migratorios cam- bios, derivados del aumento en el volumen de mujeres migrantes y de la cre- ciente participaci6n de una poblaci6n masculina migrante con un perfil mas urbano, con mejores niveles educativos, y procedente de regiones de origen distintas a las que hasta ese momento se consideraban tradicionalmente ex- pulsoras de poblaci6n (Bustamante, 1988; Cornelius, 1990). En este mismo periodo, los estudios particulares sobre migraci6n femenina mostraron los cambios vividos por las mujeres y evidenciaron la necesidad de visibilizar su presencia, as! como analizar las caracteristicas de su participaci6n en una corriente migratoria que registraba aumentos yen la que se identificaron al menos dos tipos de mujeres migrantes: aquellas que perseguian el prop6sito de incorporarse al mercado !aboral y aquellas que buscaban reunirse con sus esposos y/o familiares. Estos dos grandes tipos de mujeres migrantes no son excluyentes. En muchos casos se daban DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 33 ambas clases de intenciones (Galarza, 1964; Dagodag, 1975; Cardoso, 1980; Zazueta, 1982; Bean y Sullivan, 1984; Curry, 1988; Guidi, 1988; GardayGriego, 1990; Massey eta!., 1991; Woo, 1995; Lattes, Santihafiez y Castillo, 1998; Lozano, 1998). En Ia ultima decada del siglo XX, Ia literatura sobre migracion femenina destaca Ia diversidad de mujeres que participan en dicho proceso. Registra un cambio en el perfil de las mujeres migrantes, 1 que se refleja en Ia com posi- cion por edad y por sexo de dicha poblacion. En el primer caso, entre 1978 y 1992, se observa un descenso en Ia participacion del grupo de mujeres me- nares de 24 afios de edad, al pasar de 56 por ciento a 4 5 por ciento, mientras que se evidencia un notable incremento en Ia proporcion de mujeres de 25 a 29 afios de edad, cuya participacion pasa de 12 por ciento a 30 por ciento en dicho periodo. En cuanto a Ia composicion por sexo, destaca Ia participa- cion de las mujeres casadas en detrimento de Ia presencia de mujeres solte- ras, pues en el caso de las primeras se pasa de 24 por ciento a 46 por ciento, y en el de las segundas de 42 por ciento y 25 por ciento, entre los afios mencio- nados (Lozano, 1998). Este cambio en el perfil de las mujeres migrantes tam bien se hace evidente en el ambito !aboral, debido a Ia mayor diversificacion ocupacional en Esta- dos Unidos. Asi, no solo las mujeres trabajan en el servicio domestico, en ac- tividades agricolas yen Ia industria maquiladora, sino que tam bien lo hacen en espacios tecnicos y profesionales como hospitales, oficinas y centros de entretenimiento infantil (Arias, 1990; Lozano, 1998). Esta insercion !aboral parece condicionada por Ia presencia de redes sociales en el pais vecino que, como dicen Papail y Sotelo (1996), constituyen factores de atraccion, motivacion y facilitacion de Ia integracion de los migrantes al pais de destino, y contribuyen tanto a trasladar el espacio familiar al nuevo contexto como a transformar movimientos migratorios eventuales en permanentes (Hondagneu-Sotelo, 1994; Delauney, 1995; Schoeni, 1998). Aun cuando el caso que nos ocupa se localiza como un flujo mas bien re- gional, este adquiere una dimension distinta si se le contrasta con el caracter global de Ia migracion. Esta responde a interacciones sociales que dan cuenta de Ia relacion entre oferta y demanda de los recursos laborales entre dos 0 mas paises, lo cual sin duda involucra a los grupos domesticos y evidencia Ia necesidad de buscar satisfacer las necesidades de estos (Ruiz y Tiano, 1987; Massey eta!., 1991; Casdesy Miller, 1993; Bustamante, 1994; Pefia-Lopez, 1995). De aqui que diversos autores mencionen Ia movilidad y 1 Lozano trabaja con dos fuentes de informaci6n: Ia Encuesta Nacional de Emigraci6n a Ia Frontera None del Palsy a los Estados Unidos (ENEFNEU), levantada en 62 mil 500 hogares mexicanos en 115 localidades, entre diciembre de 1978 y enero de 1979, y Ia Encuesta Nacional de Ia Dinamica Demografica (Enadid), levantada en 64 mil794 hogares entre agosto y noviembre de 1992, a personas que hablan ido a Estados Unidos en busca de trabajo y que durante Ia entrevista se encontraban en Mexico. Para hacer compatibles las dos fuentes, se tomaron s61o los datos de 15 alios o mas. 34 MIGRACIONES INTERNACIONALES actividad de las mujeres como parte de las estrategias de los grupos domesticos para la asignaci6n de la fuerza de trabajo y la obtenci6n de recursos (Canales, 1994), y que sefialen las caracteristicas particulares de elias frente a las de los varones. Entre estas caracteristicas cabe mencionar la etapa en la trayectoria de vida, la posici6n en el hogar, el estado civil, la presencia de hijos y/ o pareja y la estructura de los grupos domesticos (Chis- wick, 1982; Safa, 1987; Lim, 1988 y 1993; Recchini de Lattes, 1989; Szasz, 1993 y 1995). Cabe sefialar tam bien que las mujeres -ya sea que migren o no-, juegan un papel fundamental en la implementaci6n de las estrategias familiares de reproducci6n social, al desempefiarse como jefas de familia (por ausencia del esposo), administradoras del patrimonio familiary/o generadoras de in- gresos (Mummert, 1988). Asimismo, resulta importante sefialar que si bien la condici6n particular de las mujeres en la sociedad puede contribuir a explicar las causas, motiva- ciones, caracteristicas y consecuencias de sus movimientos migratorios, es- tos mismos facto res pueden posibilitar un posicionamiento de la autonomia y el empoderamiento femenino, debido ala movilidad espacial y ala activi- dad econ6mica que propician (Hugo, 1991; Findley y Williams, 1991; Jo- nes, 1991; Castles y Miller, 1993). Si bien este ultimo proceso noes inmediato ni automatico, diversas auro- ras sefialan que la migraci6n contribuye de manera definitiva a incrementar la participaci6n femenina en las decisiones domesticas y a mejorar su posi- ci6n relativa en las relaciones de poder dentro y fuera de la familia (Mum- mert, 1992; Lim, 1993; Hondagneu-Sotelo, 1994). De tal suerte que la migraci6n femenina responde a demandas de caracter macroestructural (Kosoudji y Ranney, 1984; Cornelius, 1990; Canales, 1994; Delauney, 1995; Lattes, Santibafiez y Castillo, 1998), reflejando estrategias de corte fa- miliary puede mostrar deseos y resistencias de las propias mujeres para alte- rar su condici6n generica (Szasz, 1999). Grupos domesticos, estrategias de negociacion, redes de apoyo y percepciones negativas y positivas de la migracion Aqui empleamos algunos conceptos basicos para el analisis, a saber: grupos domesticos, estrategias de negociaci6n, redes de apoyo, asi como percepcio- nes negativas y positivas de la migraci6n femenina. Para los fines analiticos arrojados por nuestros datos, empleamos la no- ci6n de grupos domesticos y no de unidad domestica o familia. Dicha noci6n responde con mayor grado de exactitud ala descripci6n de las condiciones de las mujeres del estudio. De Oliveira y Salles (1989) establecen que el con- cepto de unidad domestica representa una organizaci6n estructurada que parte de redes de relaciones sociales establecidas entre individuos, unidos o DE PARA.fSO A CAROLINA DEL NORTE 35 no por lazos de parentesco, los cuales comparten una residencia y organizan en comun la reproduccion diaria. Familia, a su vez, remite a una institucion constituida a partir de relaciones de parentesco que se encuentra normada por pautas y practicas sociales preestablecidas. La institucion familiar, como espacio de interaccion, rebasa en este sentido la unidad residencial pero, co- mo ambito privilegiado de la reproduccion biologica y socializacion prima- ria de los individuos, puede implicar la coresidencia. Los grupos domesticos, en cambio, comparten las caracter.fsticas genera- les de las unidades domesticas, en terminos de articular las actividades de produccion y de consumo y de hacer depender estas del trabajo familiar, pe- ro no se circunscriben ala condicion de habitar una misma residencia. Con las familias, los grupos domesticos comparten el involucramiento de aspec- tos materiales, afectivos y simbolicos que pueden llegar a generar conflictos y solidaridades con el efecto de distintos grados de cohesion interna, pero no se limitan a establecer estas relaciones con personas que comparten lazos de parentesco. Por lo que toea ala definicion de las estrategias de los grupos domesticos, entendemos estas como todas aquellas actividades que dichos grupos reali- zan para asegurar su reproduccion social (Gonzalez de la Rocha, Escobar y de la 0, 1990). Ello implica el despliegue de tecnicas de organizacion y de operaciones que permiten resolver las necesidades inmediatas del grupo do- mestico, las cuales estan referidas al ingreso economico, la decision de ven- der la fuerza de trabajo femenina, la negociacion del apoyo de familiares ode otras personas que posibiliten el trabajo fuera de sus casas y la migracion a Estados Unidos. Respecto al concepto redes de apoyo, este se aplica a los contactos estableci- dos inter o intra grupos domesticos que, hasados en la existencia de relacio- nes extensas de parentesco y amistad yen v{nculos de intercambio y normas de reciprocidad, constituyen recursos fundamentales para satisfacer las ne- cesidades de los grupos domesticos (De Oliveira y Salles, 1989). Lomnitz (1994) define ala red como un campo social constituido por relaciones en- tre personas donde la extension es ilimitada y sobre la base de la cual se llega a conformar un complejo sistema social: el de la organizacion en redes. Esta organizacion social cuenta, como soporte economico, con el intercarnbio entre sus miembros, yes reforzada, a su vez, por ciertas instituciones tales co- mo el "compadrazgo". Segun Lomnitz (1994), la red se desintegra cuando cesa el intercambio que le da sentido y puede adquirir tres formas: de reci- procidad, de redistribucion y de bienes y servicios. Para este estudio.en particular, las redes de apoyo se integran y adquieren forma en la comunidad de origen de las migrantes y se caracterizan por una fuerte carga de relaciones parentales, lo cual constituye un condicionante y al mismo tiempo un elemento que facilita la migracion de las mujeres. Cabe sefialar que tanto la constitucion de las redes como su funcionamiento efectivo, mientras transcurre la migracion, no se encuentra exenta de 36 MIGRACIONES INTERNACIONALES conflictos. Cualquier tipo de red social (aun las de reciprocidad, las mas dependientes de procesos solidarios y mutualidades) esta atravesada por relaciones de poder. En nuestro estudio, Ia decision por algunas mujeres de no volver a experimentar Ia migracion estuvo determinada porIa ruptura de Ia red, o su escasa efectividad, como resultado de las tensiones internas a las que Ia red tuvo que enfrentarse. Por supuesto, todo ello es mas complejo que lo que en este breve parrafo podemos dar cuenta, en el fondo Ia cuestion se reduce a Ia complejidad inherente a las relaciones humanas (y ello incluye por supuesto las interacciones de genero) como parte de Ia vida de los endogrupos domesticos. En cuanto a Ia nocion de percepciones (negativas y positivas), quisimos comprender con el termino aquellas opiniones que permitieron a sus prota- gonistas tanto explicar Ia experiencia migratoria como evaluarla y justificar- la. Las percepciones constituyen guias para la accion, porque no se pueden explicar como creaciones individuales; son siempre construcciones colecti- vas, diseminadas y recreadas porIa vivencia y los testimonios personales. Por ello es que permiten configurar entre las mujeres migrantes y las que aun no lo han hecho, representaciones en torno a Ia experiencia migratoria, a sus implicaciones colectivas y personales. Somos conscientes que hemos reduci- do Ia cuestion de las percepciones a sus extremos, pero ello solo con el afan de mostrar el perfil de Ia experiencia en terminos contrastantes. Por percepciones negativas se entendio el "precio" que pagan, de manera ffsica o psicologica, las mujeres migrantes y las personas relacionadas con elias. Por su parte, las percepciones positivas comprenden todos aquellos bienes o satisfacciones personales, culturales y psicologicas que se obtienen en el proceso. AI respecto, Levine (1996) sefiala que Ia migracion tiene sus costos (percepciones negativas) y que el mas importante es el "costo espiri- tual" en Ia busqueda de beneficios economicos. Las percepciones negativas se pueden presentar tanto en las comunidades de origen como de destino de las mujeres migrantes. Estos pueden ser de diversa indole: angustia, depre- sion, infidelidad, incremento del alcoholismo y de Ia violencia en el interior del grupo domestico, falta de atencion a los hijos y/o maltrato, desintegra- cion del grupo, cansancio, enfermedad, inseguridad laboral para las migran- tes y conflictos entre compafieras de trabajo. Por su parte, las percepciones positivas pueden expresarse en terminos de logros economicos, bienestar emocional, ahorro, seguridad personal, apoyo en el cui dado de los hijos yen el desempefio de los quehaceres del hogar, en- tre otros. Metodologia Decidimos combinar estrategias cuantitativas y cualitativas y disefiar tecnicas de construccion de datos distintas, seglin los propositos de Ia DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 37 investigaci6n. Coincidimos con Aubel (1994) y Rodr1guez et al. (1996), en que lo ideal es una complementaci6n de am bas estrategias para poder articu- lar tareas diversas del trabajo de campo y dimensiones de analisis que exigen tratamientos diferenciados. El trabajo de campo se realiz6 en tres etapas. En una prim era etapa se recu- rri6 ala observaci6n participante y a preguntas exploratorias a informantes claves, lo cualllev6 al disefio de una encuesta con 106 preguntas, que se apli- c6 entre los meses de febrero y marzo de 2000 a 108 mujeres del ejido Chil- tepec. Las mujeres se identificaron mediante la tecnica de "bola de nieve", pero el principal criterio para su selecci6n fue que hasta ese momento hubie- ran migrado al menos una vez en su vida a Carolina del Norte. La informa- ci6n cuantitativa permiti6 trazar el perfil sociodemografico de las migrantes y el de sus grupos domesticos. En una segunda etapa se realizaron tres entrevistas grupales entre febrero y abril de 2000, con 11 participantes en total. Las entrevistadas respondieron a dos criterios de selecci6n basicos: tener o no pareja y tener o no hijos/as. Estos criterios buscaron identificar si la presencia o ausencia de pareja y/o hijos/as influ1a en los procesos de toma de decisi6n de las mujeres al migrar y si ello condicionaba (y de que manera) las estrategias de negociaci6n en la conformaci6n del tipo de redes de apoyo que establedan las mujeres para poder migrar. La entrevista grupal se eligi6 debido a que el tiempo de su rea- lizaci6n es significativamente menor al necesario para desarrollar entrevistas a pro fundi dad y, ademas, porque realizamos el trabajo de campo cuando las mujeres ya planeaban su viaje a Carolina del Norte. En la tercera y ultima etapa del trabajo de campo se realizaron 12 entrevis- tas semiestandarizadas con diversos integrantes de los grupos domesticos, identificados por las mujeres como actores importantes de sus redes de apo- yo: padres o madres, esposos, hijos o hijas y suegros o suegras. Estas entrevis- tas tambien fueron grabadas, transcritas y codificadas para su analisis. El contexto: Paraiso y Chiltepec El municipio de Para{so cuenta con 58 mil403 habitantes de una poblaci6n total en el estado de 1 889 367 habitantes (INEGI, 200 1). Junto con Centla y Cirdenas, es uno de los tres municipios costeros del estado. Las principales actividades productivas son las pesqueras, seguidas de las agrkolas yen me- nor medida la ganader1a. Para1so ha sido uno de los municipios de la entidad afectado severamente por las actividades de Petr6leos Mexicanos (Pemex). Desde 1973, en el esta- do de Tabasco se intensificaron trabajos de exploraci6n, extracci6n, trans- porte y transformaci6n de hidrocarburos con escasa planeaci6n racional (Moguel, 1994). Las constantes fugas y desechos de hidrocarburos afecta- ron recursos lagunares y con ello importantes pr:kticas de producci6n local, 38 MIGRACIONES INTERNACIONALES verificado en una merma de especies, contaminaci6n de cuerpos de agua y degradaci6n y desuso de las artes y equipos de pesca tradicionales. T odo ello inhibi6 considerablemente las fuentes de ingresos de los lugarefios. El municipio objeto de nuestro interes se organiza en 43 comunidades dentro de las cuales se encuentra el ejido Chiltepec, donde realizamos el pre- sente estudio. Este ejido se ubica a 15 kilo metros de Ia cabecera municipal y es Ia sexta localidad mas poblada, al contar con 1 mil 797 habitantes, de los cuales 917 son hombres y 880 son mujeres (INEGI, 1995). De las 321 viviendas con que cuenta el ejido, poco mas de Ia mitad tiene agua entubada (51%) y una proporci6n mas o menos similar cuenta con drenaje (57%). La gran mayoria cuenta con luz electrica (91 %). El material predominante de las paredes es el concreto y los techos de teja de asbesto, aunque algunas estan construidas con materiales nisticos disponibles en Ia zona: techos y paredes de hojas de guano y varas de coco. La mayo ria de estas viviendas cuenta con fosas septicas. Para cocinar se usa princi palmente el fo- g6n y lena de mangle, combinado con estufa de gas. El ejido cuenta tam bien con servicios de agua potable, transporte publico, carretera pavimentada, centro de salud y escuelas de preescolar y primaria. La principal ocupaci6n de los pobladores varones de Chiltepec es Ia pesca, actividad de Ia que logran obtener en promedio 200 pesos (20 d6lares) se- manales. Entre las ocupaciones de las mujeres, ademas de las domesticas y reproductivas, se encuentra Ia cria de animales de traspatio, el cui dado de los huertos familiares y el colaborar en Ia preparaci6n de los mariscos para su venta: desconche de osti6n, despulpado de jaiba, fileteado de cintilla, desca- bezado o pelado de camar6n, entre otras actividades. A pesar de esta participaci6n econ6mica, las mujeres son usualmente consideradas en Ia comunidad -y por si mismas- solo como amas de casa y, en consecuencia, no perciben salario alguno por su trabajo. Sin embargo, algunas mujeres, cuando noes temporada de migrar a Carolina del Norte, tambien se emplean en Ia empresa despulpadora de jaiba del poblado de Chiltepec, son comerciantes y/o trabajan por cuenta propia en labores de costura. Resultados Condiciones de migracion y trabajo de mujeres despulpadoras de jaiba En 1986 se instala en el ejido Chiltepec una empresa despulpadora de jaiba de capital estadunidense. La empresa Boca de Mexico, a partir de 1989, se convirti6 en Ia unica empresa que vinculaba Ia fuerza laborallocal con Ia de sus hom6logas en Estados Unidos, regulando Ia contrataci6n de mujeres de DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 39 la regi6n para trabajal en cinco empresas (al inicio s6lo fueron dos) ubicadas en Carolina del Norte: Fair Field, Mattamuskette, Elizabeth City, Oriental yWindsor. La temporada de migraci6n hacia Carolina del Norte inicia en abril y el ritmo de la contrataci6n depende de los requerimientos de las empresas, dando como resultado que mientras algunas mujeres s6lo trabajan por tres meses, otras laboran hasta siete u ocho meses cada afio. Las pioneras de este proceso fueron 24 mujeres de Paralso y Jalpa de Mendez. Los criterios del grupo de empresas estadunidenses para el reclutamiento de las mujeres comprende: a) su habilidad en el trabajo (deben despulpar al menos 24 libras diarias); b) contar con los requisitos legales (acta de nacimiento, pasaporte y visa); c) poder costear gastos del pasaje redondo y estancia en Estados Unidos; d) contar con la recomendaci6n de alguna otra despulpadora reconocida por las empresas, y e) el compromiso de "portarse bien" 4 y ser incluidas en las listas de contrataci6n que elaboran las propias empresas. Los costos de visado y pasajes son generalmente ofrecidos en calidad de prestamo por la empresa despulpadora local. Estos son descontados del pago semanal que reciben las mujeres en Carolina del Norte. Con lo que resta del cheque elias pagan gastos de estancia, como alimentaci6n, hospedaje y uniforme y, dado el caso, medicamentos, ademas, ahorran y/o envlan remesas a Mexico. Actualmente, en este proceso de selecci6n intervienen varias mujeres del mismo ejido quienes son las responsables de seleccionary tramitar el empleo y viaje de los grupos de mujeres despulpadoras. Este tipo de contrataci6n desde las comunidades de origen permite a las mujeres del ejido tramitar su visa tipo H2B, que corresponde a trabajadores temporales no calificados. Esta situaci6n, aunada al hecho de que la "enganchadora" (persona encargada de contratar a las mujeres para laborar en Carolina del Norte) sea conocida y viva en la misma comunidad, otorga seguridad a las mujeres migrantes y a sus familias. 2 La empresa se interesa exclusivamente en Ia contrataci6n de mujeres, porque los hombres comentan que "es muy poca Ia paga", ellos pueden sacar mis de Ia laguna que "ahf parados despulpando". Uno de los duefios de las empresas de Carolina del Norte, fij6 su posici6n respecto a este asunto sosteniendo que las mujeres despulpan mejor por tener manos mis pequefias, no exigfan mejor paga y se conformaban con las condiciones de contrataci6n, lo cuallas hada mas controlables. 3 Para un trabajo de documentaci6n de una experiencia migratoria, es de sumo interes poder reconstruir las vivencias de las pioneras. En nuestro caso ese no fue el objetivo central. Sin embargo, pudimos contactar a 3 de estas 24 pioneras que nos dieron valiosas referencias testimoniales. Desde luego, este podrfa constituir un legftimo in teres particular de estudio en trabajos por venir. 4 Algunos de los significados de "portarse bien" expresados por las mujeres son el "no hablar con nadie que no sea de Ia empresa y mucho me nos con ilegales", "no salir de Ia empresa" y "no me terse en problemas con las compafieras de trabajo". El primero de estos significados implic6 que, durante Ia investigaci6n, varias de elias no se ofrecieran voluntariamente a ser entrevistadas y que se tuviera que hacer algunas modificaciones a Ia estrategia de acceso y Ia cancelaci6n de entrevisras grupales previsras original mente. 40 MIGRACIONES INTERNACIONALES Si bien en Carolina del Norte las mujeres procesan el mismo producto que en Chiltepec, el trabajo resulta distinto debido tanto al tipo y talla de la jai- ba, as{ como fundamentalmente al monto de los ingresos recibidos .. Si en la empresa despulpadora de Chiltepec el pago promedio semanal es de 400 pe- sos (40 d6lares), en las empresas de Carolina del Norte este es de 500 d6la- res, pues el pago es a destajo y a raz6n de 1.80 d6lares (17 pesos) la libra. Cabe seiialar que las mujeres no cuentan con prestaciones sociales de ningtin tipo. Cuando realizan el despulpado, las mujeres seiialan que la jaiba de Ca- rolina del Norte es mas grande y tam bien mas dura, lo que hace que se lasti- men mas las manos. La pulpa de la jaiba se separa en cinco variedades: jumbo, back fin, special, mano y finger, y las mujeres tienden a especializarse en trabajar una de elias. Las jornadas de trabajo suelen ser extenuantes, aun- que las condiciones varian dependiendo de la habilidad desarrollada y de la empresa que las contrate: No en todas las empacadoras se trabaja lo mismo ni las mismas horas: yo estuve en Fair Field yahitrabajabamos 12horas, de4 a4 dela tarde, yahoraqueestoyen Elizabeth [City] ahi nada masse trabaja 8 horas. (Araceli, 38 afios, casada) En Estados Unidos, por lo general, las trabajadoras viven en grupos de 10 mujeres en casas preconstruidas o en trailers propiedad de las empresas. Las mujeres destinan cerca de 100 d6lares ( 1 000 pesos) semanales para su ma- nutenci6n en Carolina del Norte. Esto les permite contar con un monto de dinero que pueden traer a su regreso a Mexico, o enviar por remesas, que os- cilan entre 10 mil (1 000 d6lares) y 80 mil pesos (8 mil d6lares) por tempo- rada, lo que sin duda resulta altamente atractivo y ofrece razones del creciente flujo migratorio. Lo que explica la variaci6n entre el monto de las remesas es fundamentalmente tres razones, en orden de importancia: i) la pericia y experiencia en el despulpado (recuerdese que el pago es a destajo); ii) el esfuerzo Hsico que var{a de una a otra, ya sea por la edad o por la pro pia experiencia y iii) por el nivel de ahorro, algunas se abstienen de gastar alia, no compran nada y guardan por ello mas dinero. Perfil de las mujeres migrantes y de sus grupos domesticos Debido ala importancia del estado civil de las mujeres en la organizaci6n del grupo domestico y en la toma de decisiones para migrar a Carolina del Norte, los datos de esta secci6n se han estructurado segun tres dimensiones anallticas definidas por la condici6n de pareja 5 de las 108 mujeres del ejido 5 Mas que por el estado civil, se delimitaron estas divisiones por Ia presencia o no de pareja o de hijas e hijos. En 1999 se hizo una investigaci6n ( 15 entrevistas) yen los testimonios de las mujeres se percibieron diferencias en sus impresiones de estar en Carolina del None y dejar a sus familias y parejas: no era lo mismo dejar a una madre de Ia cual "dependes", a una hija que "depende de d". Habfa mujeres DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 41 Chiltepec a las cuales se le aplic6 la encuesta: solteras (las que no tienen ni han tenido pareja), mujeres con pareja (unidas y casadas) y mujeres sin pareja (separadas, viudas, divorciadas). De acuerdo con algunos de los resultados mas generales de la encuesta, las mujeres de Chiltepec que alguna vez han migrado a Carolina del Norte, en su gran mayoda son jovenes. La edad promedio se ubica en los 31 aiios, siendo la edad minima registrada de 19 aiios y la maxima de 50 aiios. En coincidencia con otros estudios, 6 destaca que un poco mas de la mitad (52%) de estas mujeres son menores de 30 aiios. Segtin el lugar de nacimiento, casi tres cuartas partes (71.3%) de las mujeres son originarias del mismo ejido y las demas de otras comunidades de los municipios de Parafso y Jalpa de Mendez. Considerando su estado civil y, estrictamente, su condicion de pareja al momento de la investigacion, se observ6 que 62 por ciento del total de mujeres se report6 con pareja/ 25 por ciento como solteras y 13 por ciento sin pareja. Cabe destacar que la mayor parte de las mujeres del primer grupo (83%) tiene una relacion de convivencia con su pareja de 7 aiios y mas, siendo el periodo maximo de convivencia de 35 aiios. El restante 17 por ciento de las mujeres tiene una convivencia menor a los 7 aiios. En cuanto ala escolaridad, la mayor parte de las mujeres tuvo acceso ala escuela, de modo que alrededor del 70 por ciento de elias cuenta con algun grado de primaria. Entre las casadas se presentan algunos casos de mujeres sin estudios, mientras que las solteras tienen un nivel de escolaridad mas alto. En cuanto ala com posicion y caractedsticas del grupo familiar, la mayor proporcion (59.3%) de las mujeres pertenece a familias nudeares. 8 En par- ticular destaca que la mayor parte de las mujeres con pareja (67.2%) y de las solteras (55.6%) pertenecen a este tipo de arreglo familiar. Mientras que las huerfanas muy j6venes y sin compromiso de familia que sallan "sin preocupaci6n alguna". A otras les preocupaba de jar a sus parejas por temor a Ia infidelidad u otras cuestiones. Cada caso era espedfico, por lo que decidimos emplear Ia noci6n de condici6n de pareja porque lo sugerlan los testimonios, y permitla comprobar nuestras hip6tesis respecto a Ia negociaci6n para migrar y trazar los objetivos de Ia red de apoyo, los cuales inclulan, tambien, las referencias sobre el comportamiento de Ia pareja. 6 A manera de ejemplo, se cita el trabajo de Ariza (1998) en el que se reporta un comportamiento semejante al de las mujeres migrantes de Santo Domingo, quienes migran entre los 20 y 39 afios de edad, es decir, durante los "afios centrales de vida", no s6lo en referencia al ciclo reproductivo de las mujeres, sino aderruis a afios de vida econ6micamente activos. 7 Como ya advertimos, en Ia aplicaci6n de Ia encuesta toral se tom6 en cuenta a todas las mujeres que hablan ernigrado al menos una vez. El estado civil reportado coincide con el momento de aplicaci6n de Ia encuesta, no con el que tenlan cuando migraron. No obstante Ia diferencia entre una situaci6n y otra (momento de migrar y aplicaci6n del instrumento de investigaci6n) no result6 altamente significativa. Por tanto,la rnayorla de las mujeres migrantes estaban casadas o con pareja al momento de Ia migraci6n. Las razones de esta prevalencia se explican mas adelante. 8 En el caso de las mujeres con pareja, se considera a Ia familia constituida por el esposo, Ia mujer y sus hijos; en cl de las mujeres sin pareja, se hace alusi6n al grupo conforrnado porIa mujer y sus hijos, yen el caso de las mujeres solteras, se hace referenciaalos hermanos(as), al padre, ala rnadrey ala propia mujer encuestada. 42 MIGRACIONES INTERNACIONALES mujeres sin pareja pertenecen mayoritariamente (71.4%) a familias extensas. Atendiendo a su fecundidad, alrededor de tres cuartas partes (7 4.1%) del total de las mujeres de la encuesta, manifesto tener al menos un hijo, en contraste con una cuarta parte de las mujeres que manifesto no tener. Basicamente, este ultimo grupo esta constituido por mujeres solteras, quienes representan el93 por ciento de las mujeres sin hijos. De acuerdo con su condicion de pareja, todas las mujeres sin pareja tienen hijos (100%), seguidas de las muj eres con pareja (97%) y de las mujeres sol teras (3. 7%). Es importante sefialar que el numero promedio de hijos de todas las muje- res que reportaron tenerlos es de 3, siendo 1 el menor numero de hijos regis- trado y 10 el maximo. Sin excepcion, todas las mujeres que tienen hijos/as, viven al menos con uno de elios o de elias en la misma casa. De hecho lama- yor parte de las mujeres (7 4%) unica y exdusivamente tienen hijos que con- viven con elias, mientras que el restante 26 por ciento tiene algunos hijos que conviven y otros que ya no conviven con elias. En cuanto ala edad pro- medio de los hijos e hijas, segun la convivencia en el grupo domestico, desta- ca que los hijos e hijas que aun permanecen en la casa tienen en promedio 11 afios, mientras que quienes ya no viven en el hogar tienen en promedio 23 afios de edad. Es necesario enfatizar que para algunas mujeres, esta condicion de convi- vencia con los hijos fue un factor que influyo en la toma de decisiones para migrar, de ah! que sea pertinente to mar en consideracion la etapa del cido de vida por el que atraviesa el grupo familiar yen cuya definicion intervienen variables como el momento de constitucion de la pareja, del nacimiento y edad de los hijos y de la separacion de los hijos del hogar. 9 Las edades de los hijos de las mujeres encuestadas varian en un amplio rango. Hay mujeres con nifios menores de un afio, hasta mujeres con hijos mayores de 30 afios. Lo cual indica una diferenciacion de los grupos domesticos, segun la etapa del cido vital en que se encuentran. En particu- lar, las mujeres con pareja pertenecen a familias que se ubican en etapas de expansion o que se encuentran en proceso de dispersion o fision. Por su parte, las mujeres sin pareja conforman grupos domesticos ampliados en etapa de expansion y, finalmente, las mujeres solteras integran familias que se encuentran en el inicio de la etapa de dispersion. Si se atiende ala condicion de pareja de las mujeres encuestadas y ala edad de sus hijos, se observa que solo hay una mujer soltera que tiene un hijo en el rango de edades 0 a 7 afios. De este modo, son las mujeres con pareja y las mujeres sin pareja las que tienen hijos e hijas en todos los 4 rangos de edades 9 De acuerdo con De Oliveira y Salles (1989), el cido de vida familiar atraviesa por varias etapas: formaci6n, expansi6n, dispersi6n o fisi6n y reemplaw. Las primeras eta pas definidas por e1 momento de constituci6n de Ia pareja y e1 nacimiento de los hijos. La etapa de dispersi6n o fisi6n delimitada por el momento en que se comienzan a casar e ir los hijos, hasta que ya no hay ningun hijo en Ia casa. Y Ia Ultima etapa, caracterizada por e1 reemplaw de los padres. DE PARA1SO A CAROLINA DEL NORTE 43 establecidos a partir de los datos de la encuesta, esto es, de 0 a 7 afios, de 8 a 13 afios, de 14 a 19 afios y de 20 afios y mas. Siguiendo el orden de estos intervalos de edad, destaca que 9.2 por ciento de las mujeres con pareja tiene hijos en el primer grupo de edades, 49.2 por ciento en el segundo, 47.7 por ciento en el tercero y 33.8 por ciento en el ultimo rango de edades. En el mismo senti do, 14.3 por ciento, 35.7 por ciento, 28.6 por ciento y 35.7 por ciento de las mujeres sin pareja tienen hijos, respectivamente, en los citados rangos de edades. En relaci6n con el apoyo que pueden recibir las mujeres en funci6n de las caracterfsticas arriba mostradas, es necesario mencionar que las mujeres con pareja, ademas de representar la mayorfa de migrantes de nuestro estudio, son tam bien las que tienen mas hijos e hijas y que, en consecuencia, seven precisadas a mayores esfuerzos de negociaci6n en el interior de los grupos domesticos en aras de hacer compatibles las necesidades de migrar y las de cumplir con las obligaciones sociales de la maternidad. En estos casos, las mujeres cuentan con apoyo diferenciado de sus grupos domesticos para el cuidado de la casa y de los hijos o hermanos. Las sol teras sefialan que sus madres realizan en su totalidad estas actividades. En cuanto a las casadas, 15 por ciento reporta apoyo de los esposos, 21 por ciento de las madres, 28 por ciento de los esposos y madres y 27 por ciento de los esposos e hijas. Por su parte, las separadas declaran que dicho apoyo es proporciona- do por sus madres (46%) y por sus hijas e hijos (43%). Consideramos que esta experiencia de colaboraci6n genera condiciones para que las mujeres puedan negociar y lograr un apoyo mas duradero que les posibilite no s6lo tomar la decisi6n sino migrar. Las mujeres han viajado entre una y siete temporadas. Las mujeres con pa- reja y con hijos son las que en mas ocasiones han tenido la experiencia de mi- grar, mientras que las mujeres sin pareja y solteras no han repetido la experiencia en mas de dos ocasiones. Causas, motivaciones, estrategias de negociacion y redes de apoyo En los discursos de las mujeres se expresan diversos motivos para migrar; en- tre ellos sob resale la necesidad econ6mica y la aspiraci6n de lograr un mejor bienestar y calidad de vida para s{ y los suyos: Como dice ella, es Ia situacion Ia que nos obliga a irnos, porque ya ves que, bueno para mi que ya estoy casada, el trabajo que mi esposo hada no era suficiente, y cuando ya hay.hijos ya es mas el gasto yya no hay lo suficiente para ... Si para ella, que es soltera ya no es suficiente, pues pa' nosotras que somos casadas y tenemos hijos, pues menos, y Ia situacion aqui del trabajo (en Ia despulpadora de Chilte- pec) es que es muy poco. (Rosa, 42 afios, casada) 44 MIGRACIONES INTERNACIONALES Yo tengo mis hijos, yo estoy sola, yo no tengo ni marido, vivo con mis papas. Ellos igual se ven en Ia necesidad pues no tienen, 'ora si que para mantenerme a mf tambien, yo tengo mis hijos, tengo que luchar para sacarlos a ellos adelante ... van a Ia escuela, hay que comprarles lo que necesitan en Ia escuela y quien mas que yo, mi papa si me da pa' Ia comida, pero para vestirnos y medicinas y todo eso tengo que trabajar yo para darles. (Arely, 24 afios, separada) No hay trabajo para mujeres y se gana mejor alia; a mf me gusta el trabajo para que mis hijos tengan lo que ellos quieren; yo le dije ami marido que iba a tener una casa de material y le aposte a que me iba a Estados Unidos. (Leticia, 42 afios, casada) Las voces, fundamentalmente de las mujeres sol teras y sin pareja, declaran otros motivos para migrar como eludir dramas o conflictos personales y el interes o Ia seducci6n por conocer o viajar: Por salir adelante, por mis hijos y en parte por problemas personales. Para des- cansar, querfa irme para olvidarme de todo. (Carmen, 42 afios, separada) Sf, yo me decidf porque yo, o sea, yo querfa irme, una para ayudar a mis padres y otra porque, bueno, querfa conocer tambien. (Conchita, 24 afios, soltera) En este apartado se combinan parte de los datos obtenidos a traves de Ia encuesta a 108 mujeres y fragmentos testimoniales de las entrevistas a once mujeres y doce correspondientes a miembros del grupo domestico. Acerca del grado de autonom{a con que cuentan las mujeres para decidir migrar, cabe decir que el89 por ciento del total de las que alguna vez han mi- grado, reportaron haber tornado Ia decisi6n por si mismas. Sin embargo, el lograr ir a trabajar a Estados Unidos no depende s6lo ni fundamentalmente de esta decisi6n o voluntad de migrar sino de un proceso complejo de nego- ciaci6n con los actores dominantes del grupo domestico (sean hombres o mujeres) a los que de ben convencer de las bondades de Ia migraci6n, as{ co- mo garantizarles que sus tareas socialmente asignadas no seran desatendidas durante Ia ausencia. Por ello, se trata de una autonomia acotada. El grado de acotamiento se explica si tomamos en cuenta las normas hegem6nicas de ge- nero que prevalecen tanto en las relaciones entre hombre y mujeres como entre los miembros del grupo domestico, los cuales juzgan las intenciones de Ia mujer migrante y ofrecen su apoyo (es decir, aceptan asumir parte de Ia carga social de Ia mujer que debe ser redistribuida para garantizar Ia migra- ci6n y Ia rearticulaci6n de Ia vida domestica) en consecuencia. Lo anterior implica un proceso doble en el que lograr el consenso para via- jar vade Ia mano con establecer y formalizar el apoyo requerido para poder hacerlo. Mientras, en ocasiones, ellograr este acuerdo o consentimiento fa- cilita el establecimiento de Ia red de apoyo, que normalmente es construida en el interior del mismo grupo domestico. En otros casos, el asegurar DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 45 previamente este apoyo facilita la aprobaci6n y aceptaci6n acerca de la mi- graci6n de las mujeres. Aspecto crucial para definir la estrategia de negociaci6n a seguir por las mujeres que desean migrar, es ubicar en sus grupos domesticos a los interlo- cutores claves de esta negociaci6n y a los actores adecuados para la solicitud de apoyo, asf como establecer si primero deben convencer a aquellos y poste- riormente buscar a los segundos, o viceversa. Asf, mientras las mujeres solteras necesitan negociar fundamentalmente con sus padres y lograr el apoyo de sus madres y hermanas, las casadas deben hacer lo propio con sus parejas y apoyarse fundamentalmente en sus madres, hermanas, hijas mayores y suegras. Las mujeres sin pareja presentan una si- tuaci6n peculiar toda vez que, en su caso, estan relativamente exentas de la necesidad del consentimiento o aprobaci6n de un interlocutor preciso de su grupo domestico pero, de igual manera, deben garantizar el apoyo a sus fun- ciones asignadas y para esto se apoyan en sus madres, hermanas e hijas mayo res. En los discursos de las mujeres que refieren estos procesos de negociaci6n y de apoyo resulta clara la gama de desavenencias, resistencias y tensiones que sedan en torno ala realizaci6n de la migraci6n: Para irte para alia nadie te obliga, de tu familia nadie te va a obligar a viajar, Ia de- cision depende de una solita que si quieres irte para alia o no. Yo decidf, mi papa no querfa porque ninguna de por aquf casi viajaba, quien empezo a llegar antes que yo fue mi prima Felipa, y ya ella aviso y como necesitaban gente para "sacar mana" [un tipo de pulpa de jaiba] yo le dije ami papa que querfa ir para comprar- me mi ropa, y el no querfa porque era hasta alia y no me habfan aceptado en Ia empacadora, pero fui y hable con dolia Xochitl [Ia enganchadora] y me dijo que s(, fue mi papa, firmo y todo, gracias a Dios. (Dora, 24 alios, separada) Una se va con el consentimiento de ... Nosotras al menos que tenemos esposo nos vamos con el consentimiento de ellos, ellos nos tienen que apoyar, ellos tie- nen que estar de acuerdo, que si se puede hacer o no se puede hacer, si estan de acuerdo, pero NUe mas levan hacer? NUe mas les queda? Qosefa, 40 alios, Casa- da) Yo no mas le dije ami hermana que me iba air, ya ella me apoyo con alga de dine- ro para mis casas personales. (Estela, 30 alios, soltera) Considerando solamente la negociaci6n lograda para la temporada ante- rior a nuestro estudio, result6 que las madres de las migrantes con pareja y sin pareja constituyeron la figura central en el apoyo para garantizar la mi- graci6n: 88 por ciento, 27 por ciento y 43 por ciento de las madres asumie- ron las tareas domesticas de las mujeres migrantes sol teras, con pareja y sin pareja, respectivamente; tambien en un 26 por ciento y 50 por ciento se hicieron cargo de la atenci6n de los hijos de las mujeres con y sin pareja, 46 MIGRACIONES INTERNACIONALES respectivamente. Ademas de elias, las hijas mayores, las hermanas, los espo- sos y las suegras se ocupan tambien de los hijos de las mujeres migrantes. De esta manera, la red de apoyo resulta basica para cubrir todas las activi- dades que dejan de realizar las mujeres migrantes durante su ausencia y esta constituida primordialmente por otras mujeres del mismo grupo domesti- co. Son estas las que posibilitan la migraci6n de las mujeres despulpadoras: si estas no existieran, las mujeres no podrlan ni siquiera planear via jar a Ca- rolina del Norte. Consideramos que las condiciones de posibilidad para migrar con que cuentan estas mujeres estan en mucho condicionadas por el numero y edad de los hijosypor la presencia de hijas mayoresy/o de otras mujeres del grupo domestico que asumen buena parte de las tareas domesticas y del cuidado de los nifi.os pequefi.os. Nuestro estudio confirmaasilo sefi.alado por Szasz (1999) en el sentido de que una de las consecuencias de las migraciones es la modificaci6n del tipo de actividades y cargas de trabajo del conjunto de las mujeres del grupo do- mestico. Asimismo, coincidimos con Wolf (1990) acerca de que las hijas mayores son uno de los apoyos que las mujeres migrantes tienen para poder delegar sus obligaciones socialmente construidas, asi como que, en algunos casos, son las suegras quienes asumen estas tareas: Pues en mi caso, Ia que me ayud6 cuando yo estuve alia, fue mi suegra pues, por- que fue mi suegra Ia que se hizo cargo de dade su comida ami esposo y lavarle Ia ropa, y a veces mis hermanas igual, que me ayudaban con Ia limpieza de Ia casa. (Lupe, 24 aiios, casada) En el primer viaje sf sufrimos, porque todavfa estaban los hijos chiquitos, estaban en Ia escuela, Ia primaria, pero en tiempo ya me los mir6 mi suegra, se los llevaba- mos alia, yo deje Ia casaaquf yyame fui con ella, mientras que ellaestabaalla, yya cuando ella se vino de alia, ya nos vinimos pa' aci. Qesus, 42 aiios, esposo) En el mismo sentido, es necesario retomar lo dicho por Riley y Gardner (1991) acerca de que son las mujeres j6venes quienes, por su edad y por su genero, se encuentran en el nivel mas bajo en la estructura de las relaciones de poder en los grupos domesticos. Pensamos que este es el caso de las hi- jas-hermanas y de otras figuras como las nueras y cufiadas de las mujeres mi- grantes, quienes son impelidas a ejercer una alternancia de roles como condici6n indispensable de la autosubsistencia o sobrevivencia del propio grupo domestico. Pues mi mama y mi cuiiada, que estaba aqu{, mi cuiiada, entre las dos, ahf se Ia llevaban, porque mi cuiiada deda que estaba por nosotros, y se encargaron del cui dado de Ia casa. Ella era Ia que apoyaba a mi mama en los q uehaceres de Ia casa y si mi mama se enfermaba ya ella Ia vela. (Carmen, 40 afios, casada) DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 47 Llama la atenci6n los pocos casos en los que las mujeres migrantes pagan en dinero el apoyo dado por las mujeres de los propios grupos domesticos. S6lo se dio un caso en el que se recurri6 a Ia contrataci6n de otra persona sin parentesco: Le pagaba ami prima 3 mil mensuales para que me ayudara con mis hijos y para que hiciera Ia comida y cuidara a los nifios. (Leticia, 44 afios, casada) Mi hermana se fue y yo le tuve que cuidar a su nifia. Pues cuando estaba chiquita s{ habia que tener mas cuidado ... porque ya ve que en los brazos ... pues casino me daba tiempo de hacer todo (moler pozol, hacer de comer, lavar ropa, etc.). No que ahora que esta grande ya se pone a jugar ... Ella, cuando regresa, me da 50 o 1 00 d61ares, y ya ella es quien Ia cuida. (Maria, 14 afios, hermana) Yo le deje ami mama una muchacha para que le ayudara porque yo me iba. Yale pague por adelantado, porque es muy difkil encontrar muchachas por aquL (Mirna, 24 afios, soltera) Ante la pregunta de por que las mujeres no emplean a alguien que se ocupe de los quehaceres del hogar mientras estan fuera, puede explicarse por dos razones, pero siempre estara referido al caso en cuesti6n. La confianza en fa- miliares y parientes es.crucial en terminos culturales para entender por que no recurren a otros no parientes; por ejemplo, no se registr6 ningun caso donde las mujeres que tienen nifios pequefios los dejaran con mujeres que desempefiaran el papel de nifieras y cobraran por ello. Tambien existen po- derosas razones de tipo financiero, hay mujeres que hubieran querido pagar a otra que ayudase a sus madres en el quehacer, pero no contaban con el di- nero para afrontar ese gasto. Lo que de manera natural se da en Ia comunidad y les permite a las muje- res mantener los apoyos a lo largo de las temporadas de migraci6n, es el asu- mir un compromiso por el apoyo recibido y, en reciprocidad, responder y hacerse cargo de cualquier emergencia o fuerte necesidad de dinero que eventualmente enfrenten los miembros del grupo domestico que les dieron su apoyo. Esta forma de agradecimiento a veces va acompafiada de obse- quios que las mujeres migrantes traen del "otro lado" para estas personas: En mi caso todo estuvo bien. No se enfermaron que es lo principal. Y una tiene que agradecer eso ... ya le trae una un regalito, sencillo pues, ademas que no alcanza para todos. (Dolores, 30 afios, casada) Los ayudo en caso de que alguno de ellos se enfermen, o sea, mi papa, o sea, mi hermano, yo ayudo ahi. .. en casos de emergencia. (Maria, 24 afios, soltera) Pues uno siempre les trae alglin regalito, porque tam poco te vas a venir trayendo todo, pos pa' todos no se puede ... (Lupe, 24 afios, casada) 48 MIGRACIONES INTERNACIONALES Estos apoyos del grupo domestico, si bien responden tam bien a un rasgo cultural que podrfamos suponer se da en toda la nacion, mantienen una presencia latente en la vida cotidiana de las familias y la comunidad, adquieren en el caso en estudio el objetivo explkito de apoyar la migracion cuando esta se hace efectiva por primera vez y despues de que las mujeres han acreditado los requerimientos impuestos por las empresas y han logrado que la negociaci6n con los padres y esposos sea exitosa. Pareciera que los procesos de toma de decision, negociacion y resolucion de las obligaciones socialmente construidas por parte de las mujeres migran- tes estan contribuyendo a alterar, as! sea todavia en un minimo grado, la asignaci6n generica de los quehaceres domesticos y atenci6n de los hijos. Las mujeres pioneras fueron las que soportaron las cdticas e insinuaciones de la comunidad a partir de 1989; sin embargo, hay una evidencia inobjetable: las mujeres continuan viajando, pese a ciertos estigmas y representaciones co- lectivas negativas. Ello -a nuestro juicio- se explica porque articulan redes de apoyo y se tiene seguridad de que volveran y que su estancia es util para el bienestar colectivo de los grupos domesticos, induso para la prosperidad del propio ejido. Sedan casos en que aun contando con la anuencia de los espo- sos y la constitucion de la red de apoyo, las mujeres decidieron no migrar, por dificultades con sus hijos (por ejemplo, un caso donde el hijo se volvio un adicto al consumo de drogas). A estos procesos se une el hecho de que las parejas masculinas incrementan su involucramiento en ciertas tareas del hogar (cocinar y atencion al orden y la disciplina domestica) y el cuidado de los hijos (la que mas colaboran) cuando las mujeres se encuentran trabajando en Estados Unidos, tal y como lo ilustran los siguientes testimonios: Pd.cticamente aqui es mi esposo, else quedo con ellos, pero la comida mi suegra se la hada y la ropa, pues, mi hija ya estaba mas grandecita y ella la lavaba, ellos tambien la ayudaban y mi mama tambien, mi mama siempre nos ayudo igual, pero ya mi esposo aqui se quedaba tambien ... y el bacia la comida. (Martha, 28 afios, casada) Mi mama me cuidaba a mi hijo de cinco afios. Mi esposo le daba de comer; ya despues, con tres era mas dificil, pero siguio cuidandolos el. (Alejandra, 29 afios, casada) Sin embargo, la principal modificacion tiene que ver con la mayor carga y nueva distribucion que la migraci6n de ciertas mujeres del grupo domestico representa para otras del mismo nudeo. Una tension particular se presentaen el caso de las mujeres sol teras que de- sean migrar y cuyas madres tam bien son migrantes, en tanto que la negocia- cion interna pasa por decidir quien de am bas dejara el espacio ala otra, bajo DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 49 el supuesto de que la que se queda debera hacerse cargo de la atenci6n do- mestica y familiar 0 En estos casos resulta claro lo dicho por Gonzalez de la Rocha, Escobar y de la 0 (1990) de que en los grupos domesticos se establecen relaciones de poder entre los generos y las generaciones, las cuales obligan a las mujeres a negociar con acto res mejor posicionados en los juegos de poder intradomes- ticos para lograr la salida de sus casas . . . . jhfjole!, casi como tres o cuatro afios me llev6 convencerla [a su madre] para ir- me, sf porque primero no. No me dejaba. lba yo a viajar, yo ya tenfa listo el pasa- porte y todo listo, y ella me decfa que no, que no y que no, y yo que sf y que sf; o sea, que yo saque mi pasaporte y todo, pero no viaje ... Casi a los tres afios vine a viajar, me volvieron a dar Ia oportunidad y gracias a Dios fui. (Rocfo, 26 afios, soltera) Ella [Ia hija] me habfa dicho que querfa viajar tambien, pero yo no querfa, pues era Ia mas chica y ella se quedaba aquf y despues, cuando yo vine de viaje, me dijo "me vas a recomendar mama, para que yo me vaya este afio", vamos aver le dije, todavfa lo voy a pensar bien, y a ella le daba risa porque ella se habfa ido a apuntar, sin el permiso mfo habfa ido, despues le dije "pues ni modo hija, si ustedes quie- ren ira trabajar yo no me opongo porque esran so !teras", y como dicen elias "pues horita vamos a aprovechar el tiempo, porque ya cuando nosotras nos casemos no vamos a viajar para ninguna parte". (Dofia Lucha, 42 afios, madre) En estos casos estamos frente a un patron semejante al que menciona Arizpe (1980) sobre la existencia de una migraci6n por relevos que, as{ como en ocasiones se da en un entorno de fuertes tensiones, en otras ocurre de manera natural y fluida: Platique con mis padres, y como no querfa que fuera mi mama otra vez, cambie el Iugar por ella. (Conchita, 24 afios, soltera) Ella me dijo: "mami ya ahorita yo ya me apunte" dice [mi hija]: "si Dios quiere que me lleven ya tu no vas a viajar", esa decision tom6 ella para que yo ya no viaja- ra, porque elias no les gusta que yo ande trabajando, sino que elias que estan sol- teras, elias iban air a trabajar, y ya desde entonces desde que ella se fue y Ia otra tambien, yo ya no seguf viajando, y ahora menos, que se va Ia otra. (Lucha, 44 afios, madre) Si bien las madres ocupan un lugar privilegiado en el apoyo log1stico de las mujeres migrantes y suelen ser un elemento de equilibrio en las negociacio- nes con los esposos y padres, en ocasiones juegan tam bien un importante pa- pel en el chantaje y culpabilizaci6n de las mujeres que migran: A ultima hora, mi mama me dijo "anda, vete, site enfermas alia o que te pase otra cosa, o que me pase a mf alguna cosa acl, eso queda a tu conciencia". Y Ia verdad 50 MIGRACIONES INTERNACIONALES pues as{ ya no, no viaje, porque me dije que tal que le pase algoa ella, o me pase al- go am{, y as{ mejor as{ no, y ahora si que se quedaron los documentos arreglados y ya no viaje. (Rodo, 24, casada) Cabe seiialar que, en el caso de migraciones recurrentes, la posibilidad de que las mujeres migrantes logren llevar a cabo una negociaci6n exitosa de- pende de que la estrategia implementada en la temporada anterior para atender la casa y los hijos haya sido adecuada y de que los varones del grupo, y espedficamente las parejas, no sientan amenazado su poder generico en el ambito domestico y en el de las relaciones de pareja: Ya no viaje por mis hijos y porque ya no quiso mi esposo, Antonio. Me reprocha- ba que su hijo llegaba de Ia secundaria, en Aquiles Serdan, a Ia una de Ia mafiana. El primer afio me dijo mi esposo que si queria ir fuera, pero ya alia, me dijo que era el ultimo afio. (Aurelia, 44 afios, Casada) Pos si quieres anda vete, le digo, no mas te acabo de decir que tienes que buscar a alguno de confianza no mas, y si, se fue y qued6la mama aca, pero noes igual ... Ouan, 44 afios, esposo) Esa decisi6n es de los dos pues, porque sino ... tam bien tiene que estar de acuer- do el marido, el esposo ... pa' no tener problema ... yes que as{ no, as{ ya no, es que ha habido muchos problemas pues, con los otros maridos, muchas mujeres que se quedan alia, y ad estan los maridos, los esposos, y elias se quedan alia. (Alberto, 40 afios, esposo) El testimonio anterior obliga a reconocer que, a pesar de la creciente mi- graci6n de las mujeres de Chiltepec y de la derrama econ6mica que repre- senta a los grupos domesticos, esta no deja de generar incertidumbre en las comunidades y de resultar amenazante a las relaciones vigentes de genero. De hecho, 13 mujeres migrantes del ejido de Chiltepec han decidido que- darse definitivamente a vivir en Estados Unidos: Ya ves esa Ernestina don de qued6 [en Carolina] y el marido aqul, con un nifio. Si, dej6 un nifio como de 12 afios. Era casada, tenia su esposo pescador, igual que nosotros, ahl est:i [el] en Ia cooperativa, ayer entreg6 osti6n con su muchachito ... esa Ernestina trabaj6. El dinero que le mandaba a Joaquin [su esposo] se lo toma- ba con otras mujeres, y nunca hizo una casa de material. Ese hombre vive en una casita de palito de coco, ahivive hasta ahorita, y ella se fue, lo dej6 ... por eso mu- chos se ponen a pensar en eso de Ia conveniencia de que se vayan ... (Antonio, 42 afios, esposo) Si bien las estrategias de negociaci6n y las busquedas de apoyo de las mujeres migrantes parecen ser exitosas, destaca que dos meses antes de la partida del primer grupo de despulpadoras a Carolina del Norte, de las 108 encuestadas, 29 por ciento del total manifest6la intenci6n de no migrar esa DE PARA1SO A CAROLINA DEL NORTE 51 temporada. AI analizar los motivos, resalt6 que, para 50 por ciento de las solteras, 35 por ciento de las con pareja y 34 por ciento de las sin pareja, esto se deb{a a Ia incertidumbre acerca de que si Ia empresa las contratar{a de nueva cuenta, mientras que para 37 por ciento de las mujeres con pareja y 66 por ciento de las sin pareja, Ia raz6n era atribuida al no haber encontrado todav{a una persona que se responsabilizara del cuidado de sus hijas/os. Destaca que el 13 por ciento de las mujeres con pareja que reportaron esta misma intenci6n de no viajar en esa ocasi6n, declararon que los esposos no las dejarfan viajar. Los dos grupos de motivos, entonces, hacen referenda a un proceso relativamente fallido en Ia articulaci6n de las redes de apoyo necesarias para migrar, as{ como al exito fallido de Ia estrategia de negociaci6n utilizada con las parejas quienes refrendaban su papel jer:irquico aun a pesar de los beneficios que representa Ia migraci6n de las mujeres para los ingresos del grupo domestico. Las percepciones negativas y positivas de la migracion femenina Mientras los elementos de Ia realidad referidos a Ia crisis econ6mica y al he- cho de que Ia pesca en Chiltepec noes ya una actividad remunerable, son compartidos por las mujeres migrantes de nuestro estudio y por todas las personas que conforman sus grupos domesticos, las percepciones negativas y positivas de Ia migraci6n resultan distintas para los diversos actores y acto- ras sociales involucrados(as). Podemos establecer, en primer Iugar, que las mujeres migrantes evaluan las percepciones negativas de Ia migraci6n en funci6n de dos tipos de consi- deraciones: aquellas que tienen que ver con el saldo de Ia eficacia del apoyo otorgado durante su estancia en Carolina del Norte y aquellas que se refieren a aspectos de Ia vida cotidiana y laboral en Estados Unidos. En general, el apoyo recibido con respecto a Ia atenci6n de Ia casa y/o cuidado de los hijos, se cubre satisfactoriamente, lo que explica que las mujeres migren afio tras afio, si bien en ocasiones esto no sucede y las mujeres reconsideran Ia opci6n de viajar. En estos casos, encontramos que son tres los principales aspectos que las mujeres consideran como evaluaciones negativas de su migraci6n: Ia conducta riesgosa o inadecuada de las y los hijos adolescentes y Ia infidelidad y el aumento en el consumo de alcohol de sus parejas: Yo me fui confiada ... pero cuando regrese ihummmm! todo estaba de cabeza ... Encontre ami muchachito pues ah!, regular, dicen que de noche entraba de las calles, en el vecindario, todo sucio, y agarraba Ia calle. .. y pues as( no, decidf no viajar mas ... (Elba, 40 afios, separada) 52 MIGRACIONES INTERNACIONALES Mi hijo se sali6 de Ia escuela y se hizo drogadicto, ahora esta en un internado ... (Lourdes, 44 afios, casada) Cuando regrese, mi marido estaba peor porque era puro to mar, tomaba un mes y lo medan preso. Mi esposo tomaba y me dejaba los nifios ahi, parece que no los queda. (Araceli, 27 afios, casada) Por lo que toea a percepciones negativas de la migraci6n percibidas por las mujeres en el ambito de su vida cotidiana y laboral en Estados Unidos, destacan en orden decreciente los siguientes: temor a enfrentarse a nuevas situaciones, depresi6n y nostalgia por estar alejadas de sus familias, condiciones de vida dificiles, competencia laboral y largas jornadas de trabajo que exceden las estipulaciones de la Organizaci6n lnternacional del Trabajo (OIT): Yo siempre lloraba, yo iba al trabajo llorando, yo regresaba y lloraba y yo iba a co- mer y beber o a lo que yo fuera y ahi llorando ... (Lucha, 44 afios, casada) El primer afio llegue a un cuarto y el siguiente a un trailer con cuartos donde ha- blan de 8 a 10 personas. (Araceli, 38 afios, separada) Ahl reina el pleito, hay envidia porque yo sacaba muchas mas Iibras que las demas y soy muy alegre, aunque con mis compafieras nos llevabamos bien, a veces nos peleabamos con las de los cuartos. (Conchita, 42 afios, casada) De nueva cuenta, al igual que en el caso de construir las estrategias de ne- gociaci6n y dellogro del apoyo previo ala migraci6n, las condiciones esped- ficas de ser solteras y tener o no pareja e hijos matizan la resoluci6n de estas cuestiones: Ella, porque no tiene hijos [se refiere a una despulpadora soltera], no tiene pen- dencias, es muy diferente a nosotros. Ella, otra, esta sola, pero tiene preocupa- ci6n por sus hijos [se refiere a una despulpadora separada], ella no tiene hijos, pero tiene esposo [hace referencia a una despulpadora casada sin hijos], pero yo ten go esposo y tengo hijos, y es muy diferente ... ese es el problema, pues a veces ya estamos alia tan desesperadas que ya nos queremos venir y estamos aca yya nos queremos ir. (Lupe, 24 afios, casada) Pese a las dificultades y percepciones negativas de la migraci6n, el sentir prevaleciente entre las mujeres ronda en torno ala satisfacci6n por haber sa- lido de sus casas y el que su trabajo beneficia a su grupo domestico. La mayo- ria de las mujeres expresa su disposici6n a seguir migrando y sus discursos reflejan procesos de mayor autoestima: Sl mejor6 mi situaci6n. Me siento bien, mi casa antes estaba pobre. Lo !ogre. (Conchita, 42 afios, casada) DE PARAfSO A CAROLINA DEL NORTE 53 Me siento contenta con haber ayudado ami mama, y lo poco que he ganado se lo he dado. La gente dice que mi mama me mandaba, vale Ia pena volverlo a hacer. (Victoria, 22 afios, soltera) Conoces otra vida, porque aqui es muy diferente Ia vida a Ia que hay en Estados Unidos. Totalmente diferente, porque estas alia y noes Ia misma vida, tan s6lo en el modo de hablar, jVaya! Es otro. Y tambien que muchas personas, bueno, Ia mayo ria nunca ha viajado en avi6n, y cuando van por primera vez ... jhuuuuy! jUn esclndalo! Quana, 38 afios, casada) Ami me sirvi6 para el bien de mi casa, entonces yo dije: si ahora me result6 pues vuelvo airy asi lo hice, siempre he sacado algo 'de ese trabajo y pues yo no le veo ninguna desventaja, a! contrario, pura ventaja. (Alma, 24 afios, casada) Sin duda, las percepciones positivas mas claramente identificadas por las mujeres migrantes se refieren a los ingresos econ6micos que les reporta su actividad laboral en Estados Unidos, toda vez que este dinero les permite construiry/o mejorar su vivienda, adquirir electrodomesticos y atender a los requerimientos de ropa, calzado y educaci6n de sus hijas(os). Tambien en torno al destino de los ingresos que las mujeres migrantes devengan en Esta- dos Unidos podemos apreciar diferencias de acuerdo al estado civil, al hecho de ser o no madres y a la edad de hijas e hijos. Consideremos algunos datos cuantitativos: mientras 42.6 por ciento de las mujeres con pareja reportaron que los ingresos obtenidos en Carolina del Norte los destinan ala construcci6n ylo mejoramiento de su vivienda, ala alimentaci6n y educaci6n de sus hijos(as), 24.1 por ciento y 10.2 por ciento de las mujeres sol teras declararon que los invierten en gastos de la casa y para s{ mismas, respectivamente; 10.2 por ciento del total ahorra sus ingresos, 4.6 por ciento lo destina exclusivamente a cubrir necesidades de sus hijos(as), 3.7 por ciento en requerimientos de los padres y 0.9 por ciento contribuye a las necesidades de la casa, hijos y esposo. Mas de la mitad de las mujeres (55.6%) comenta que ellas mismas deciden c6mo gastar el dinero ganado en su estancia en Estados Unidos, mientras que 34 por ciento lo decide conjuntamente con esposos y pa- dres-madres. En 7.4 por ciento de los casos son las madres las que definen el destino de los ingresos yen 3 por ciento los esposos o padres, sin la opini6n de las trabajadoras. Llama tam bien la atenci6n que 98 por ciento de las mujeres mencionaron que el manejo de sus propios ingresos no les ha traido dificultades en el seno del hogar, lo que parece estar relacionado con el posible proceso de empode- ramiento que la migraci6n y ellaborar en Estados Unidos puede estarles ge- nerando a estas mujeres. Lo anterior va en consonancia con lo dicho por Garda y de Oliveira (1994), y Gonzalez y Salles (1990) en cuanto a que el trabajo femenino y el ingreso devengado impactan positivamente y fortale- cen la autoestima femenina, ayudando a mejorar el nivel de bienestar 54 MIGRACIONES INTERNACIONALES familiar y la escolaridad de los hijos(as), y contribuyendo ala influencia de las mujeres en el gasto familiar. El beneficia econ6mico en la mayorfa de los testimonios resulta tan grati- ficante que permite ponderar las percepciones negativas y positivas mencio- nadas anteriormente, mediante un mecanismo de comparaci6n de la situaci6n pro pia, actual y pasada, y lade otras mujeres de la comunidad que han o no migrado. Como sostienen Lim (1993) y Szasz (1999), la migraci6n puede ser considerada como catalizadora de autonom!a en las mujeres, la cual se presenta mediante el devenir de un proceso que noes ni inmediato ni auto matico, pero que es considerado como "dador de poder", ya sea incre- mentando su participaci6n en la esfera domestica, mejorando su relaci6n de poder dentro y fuera de esta e incrementando su autoestima y estado anfmi- co por el hecho de tener un ingreso y poder ayudar a sus familias: Nolo querfa yo decir pero ya lo dijo ella ... yes que se acostumbra ya una a tener su dinero en mano. Qosefina, 27 afios, soltera) No, pues sL Hay muchas personas que ya se van y tienen su dinero y lo meten al banco, y hacen su casa o compran 'ora sf que todo lo que les hace falta ... AI me- nos una senora de aquf ya tiene todo en su casa y dice: "a! menos yo no tengo ne- cesidad de estar trabajando dice, pero ya me acostumbre ... Ya estoy viviendo de lo que gano, ya mis hijos est