Poblanas en el Nuevo New South (Carolina del Norte): Migración acelerada, patrones emergentes de migración femenina y trabajo precario María Eugenia D’AUBETERRE BUZNEGO * María Leticia RIVERMAR PÉREZ ** Luis Fernando GUTIÉRREZ DOMÍNGUEZ *** Resumen A partir de la década de 1990, la revitalizada economía del llamado Nuevo New South incor poró inmigrantes latinos a un ritmo y escala inusitados; simultáneamente, en el contexto de la reestructuración neoliberal, f lujos emergentes en el centro y sur de México se aceleraron, respondiendo a la incrementada demanda de trabajo barato en el sudeste estadounidense. Sustentado en información recabada en el municipio de Pahuatlán, Pue bla, y los condados de Durham y Orange, Carolina del Norte, en este artículo se propone analizar el entrelazamiento de dos patrones de migración femenina y la inserción laboral precarizada e inestable de las mujeres en la industria restaurantera y el trabajo de limpieza. Palabras clave: 1. migración México-Estados Unidos. 2. patrones migratorios fe- meninos. 3. trabajo precario femenino. 4. Pahuatlán, Puebla. 5. Durham y Orange, Carolina del Norte. Women from Puebla into the Nuevo New South (North Carolina): Accelerated Migration, Emerging Patterns of Female Mobility, and Precarious Work Abstract Since the 90s the revitalized economy of the called Nuevo New South has recruited Latin immigrants at unused pace and scale; simultaneously, around neoliberal restructuration processes, emerging accelerated f lows of people with an origin in Central and Southern Me xico were the response to the increased demand for cheap labor in Southeastern United States. Supported on information collected at the municipality of Pahuatlán, Puebla, as well as at the counties of Durham and Orange, North Carolina, is proposed in this arti- cle to analyze the interlocking of two female migration patterns, and the women’s unsta- ble precarious enrollment into the restaurant and cleaning industry. Keywords: 1. Mexico-United States migration. 2. female migration patterns. 3. pre carious female work. 4. Pahuatlan, Puebla. 5. Durham and Orange, North Carolina. Fecha de recepción: 3 de marzo de 2016. Fecha de aceptación: 30 de enero de 2017. MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 * Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, eugeniadaubeterre@gmail.com ** Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, lrivermar@gmail.com *** Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, luis.gutierrezd@correo.buap.mx http://dx.doi.org/10.17428/rmi.v9i34.330 MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 65 2/2/18 12:42 PM [66] Introducción El propósito de este trabajo es analizar patrones emergentes de mi- gra ción femenina e identif icar experiencias laborales de las mujeres que se sumaron a f lujos acelerados originados en la década de 1980 y que se masif icaron y consolidaron a mediados de la de 1990 en el municipio de Pahuatlán, Puebla, entidad que forma parte de las zo- nas de nueva migración del centro y sur de México hacia destinos “no tradicionales” en la unión americana (Perreira, 2011; Zúñiga y Hernández-León, 2005; Binford, 2004; Durand y Massey, 2003). El término migración acelerada denota un proceso migratorio que se desarrolla en un período corto de tiempo: “[…] la migración adop ta un carácter acelerado cuando el 30 por ciento o más de la po blación adulta [local] adquiere experiencia migratoria internacional en diez años o menos” (Binford, 2003, p. 58). Esta noción alude no sólo a la velocidad de los f lujos, encierra, además, potencialidades ana líticas promisorias que, aunque no están expresamente contenidas en su for- mulación original, abre la ref lexión en torno a si esta velocidad pro- picia patrones de migración femenina con características sin gulares y sobre los procesos subyacentes a esta tendencia. Es útil, así mismo, para explicar cambios en los perfiles de estos nuevos f lujos y reparar en modalidades de migración femenina, que no obedecen de manera exclusiva a los f ines de la reunificación familiar y que reclaman abor- dajes analíticos para dar cuenta de la formación de un “proletariado extralegal” (Federici, 2013), ligado a la precarización del empleo, en el que las trabajadoras indocumentadas tienen una presencia que se in- crementa (Kofman, 2014; Archer, 2013; Pessar, 2005; Glenn, 2002). Con base en una encuesta aplicada en 2010 a una muestra aleatoria de hogares de Pahuatlán de Valle, cabecera municipal, se analizan las particularidades de la incorporación, en la década de 1990, de jó- venes mujeres a un f lujo acelerado hacia Estados Unidos, en el que más de 95 por ciento de quienes migraron eran indocumentados en su primera salida. Como se mostrará más adelante, nuestros datos reve- lan que este elevado porcentaje de migrantes indocumentados es in- dicativo de la tardía masificación de la migración internacional en la parte no roccidental de la Sierra Norte de Puebla, estado del centro de Méxi co, en comparación con las históricas regiones de la migración MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 66 2/2/18 12:42 PM 67D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH de mexicanos a Estados Unidos (Durand y Massey, 2003), y de la “fra- gilidad jurídica” (Izcara, 2010) de los nuevos inmigrantes que no alcan- zaron los beneficios de la amnistía promovida por la Ley de Re forma y Control de Inmigración (IRCA) (1986). Nuestros hallazgos son con- sonantes con lo reportado por Perreira (2011, p. 265), quien señala que el porcentaje de mexicanos procedentes del centro y sureste de Méxi co, establecidos en Estados Unidos, se incrementó de 6.8 a 10.5 por cien- to entre 1990 y 2005; y que 85.4 por ciento ingresó a aquel país sin la debida documentación migratoria. Las formas emergentes de migración femenina aquí analizadas se registraron después de la promulgación de la IRCA, lo cual implicó que, al cruzar la frontera norte en calidad de indocumentadas, estas mujeres quedaran relegadas al estatus de “extranjeras ilegales, depor- tables, dóciles y explotables al máximo” (Lee, 2015, pp. 142-143). Estos f lujos migratorios pos-IRCA, condicionados por políticas más restric- tivas (Durand y Massey, 2003), perdieron circularidad y se caracte- rizan por largos períodos de separaciones y permanencia fuera de los lugares de origen (Griffith, 2005; Cravey, 2003). A diferencia de las corrientes pioneras originadas en la década de 1960 en el estado de Puebla –la Mixteca y el Valle de Atlixco– que tu- vieron como destino privilegiado la zona tri-estatal de Nueva York, los migrantes del municipio de Pahuatlán transitaron, en un ciclo cor to, distintas estaciones del sur estadounidense para concentrarse, en su mayoría, en el corredor Durham-Raleigh de Carolina del Norte. Desde mediados de la década de 1990 este f lujo hace parte de las corrientes migratorias que le dieron un “rostro latino” al llamado Nuevo Latino Belt (Zúñiga y Hernández-León, 2005) o Nuevo New South (Mohl, 2003). Carolina del Norte es uno de los once estados que conforman esta vasta región. Desde la década de 1980, la economía del sureste estadouni- dense incorporó inmigrantes latinos a un ritmo y escala inusitados. Entre 1990 y 2000, en Carolina del Norte, dicha población aumentó 394 por ciento, posicionando a este estado sureño en el mayor recep- tor de latinos, dispersos tanto en poblados rurales como en metrópolis (Mohl, 2003, pp. 38-39). Pasados trece años, Carolina del Norte se convirtió en el quinto lugar de destino de inmigrantes mexicanos, después de California, Texas, Illinois y Arizona, muy por arriba de MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 67 2/2/18 12:42 PM 68 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 Nueva York (BBVA Bancomer y Conapo, 2014, p. 40). De manera simultánea, en el contexto de la reestructuración neoliberal, f lujos ori - gi nados en el cen tro y el sur de México se aceleraron en respuesta al in cremento en la de manda, de la economía estadounidense, de trabajo barato, discipli nado y deportable (Popke, 2011). Identificamos la combinación de dos patrones de desplazamien- to de las pahuatecas durante los últimos veinte años; emergentes patrones de migración femenina que se inscriben en esa tensión irre- soluble entre migración laboral/temporal, mayoritariamente mascu- lina, y una “migra ción de poblamiento” (Pedone, Gil, Echeverri y Agrela, 2011), que in volucra a mujeres y grupos familiares, obligando a crear rutinas de vida cotidiana, echar raíces y a la búsqueda de sa- tisfactores –vivienda, escue la, salud, servi cios religiosos, ocio– aso- ciados a la reproducción social (Griffith, 2005; Cravey, 2003). Esta tensión refiere, por un lado, la bienvenida a la mi gración tempo ral, circular, regulada, de trabajadores f lexibles e híper móviles y, por otro, la hostilidad y el rechazo a esos cuerpos que pro crean, cuidan depen- dientes y buscan certezas de vida, que proliferan, paradójicamente, al endurecerse la frontera (Smith y Winders, 2008). El carácter acelerado de los nuevos f lujos migratorios se expresa, así mismo, en el explosivo crecimiento de la segunda y tercera gene- ración de población de origen mexicano en Estados Unidos: en sólo una década, entre 1990 y 2000, los nacidos en aquel país de origen me- xi cano alcanzaron iguales cifras a las de los nuevos inmigrantes, 4.7 mi - llones. En el siguiente decenio (2000-2010), el número de los nacidos de origen mexicano en Estados Unidos superó a los nuevos inmigran- tes: 7.2 millones en comparación con 4.2 millones. En contraste con la población estadounidense, los inmigrantes mexicanos están en sus primeros años de maternidad/paternidad y reportan altos niveles de fecundidad (Pew Hispanic Center; 2011). En suma, estas transfor- maciones demográficas se corresponden con la acelerada masifica- ción de f lujos en un ciclo corto, entre 1990 y 2000, integrados por per sonas muy jóvenes: la migración de mexicanos a Estados Unidos incrementó 10 veces en comparación con las décadas precedentes (BBVA y Conapo, 2014; Arroyo, Berumen y Rodríguez, 2010). En seis estados del sur y sureste, incluido Carolina del Norte, los jó venes adultos y niños de origen latino, mayoritariamente mexicanos, pasaron MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 68 2/2/18 12:42 PM 69D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH de 2.5 por ciento de la población en 1980 a 8 por ciento en 2005 (Zieger, 2012, p. 4). El incremento de la migración de mujeres jóvenes responde a los pro cesos de la desindustrialización y reorganización del trabajo, así como a las mayores restricciones migratorias y a los visados espe- ciales (Griffith, 2005). Las formas de trabajo que exigen disposición para cambiar continuamente de empleo, combinar varias jornadas de tiempos parciales, des-identificarse con lugares y personas –sea por pérdida de empleo o por deportación–, entablar nuevos vínculos y negociar, ya no aumentos salariales y mejores condiciones laborales, sino la asigna ción de horas extras. En fin, estar a plena disposición ho - raria, emocio nal y física frente al capital, sin abandonar el trabajo doméstico y la crianza de hijos. El análisis de la migración de pahuatecas a Carolina del Norte se sustenta en información cualitativa y cuantitativa generada en sucesi- vas etapas de trabajo de campo en el municipio de Pahuatlán, Puebla, entre 2007 y 2014, y en dos breves recorridos en los vecinos condados de Durham y Orange, Carolina del Norte, en 2013 y 2014. A finales de 2010, se aplicó una versión reducida del protocolo del Mexican Migra­ tion Project en la cabecera municipal, a una muestra aleatoria de 136 hogares. Entre 2010 y 2011, en esa misma localidad, se entrevistó a un grupo de 27 personas –8 mujeres y 19 hombres– retornados al- rededor de 2007. A lo largo de 2012 se dio segui miento a cuatro tipos de hogares: con migrantes activos, con re tornados voluntarios o por pér- dida de empleo, con deportados y sin migrantes. Durante un primer recorrido en los ya referidos condados de Ca rolina del Norte, en octu- bre de 2013, se entrevistó a inmigrantes originarios del municipio de Pahuatlán –hombres y mujeres, mestizos y otomíes– integrantes de nueve hogares, contactados a través de sus familiares en el municipio de estudio. En noviembre de 2014, en un segundo recorrido, entrevis- tamos a mujeres y hombres de esa red social básica (Ferrándiz, 2011) gestada el año anterior, a partir de la cual se amplió la muestra de estu- dio de caso a cuatro agrupaciones más. En un primer apartado se presentan las coordenadas teóricas que enmarcaron la búsqueda e interpretación de la información etnográ- fica y estadística. En una segunda sección, analizamos las condicio- nes que propiciaron un f lujo migratorio acelerado hacia Carolina del MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 69 2/2/18 12:42 PM 70 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 Norte. Enseguida, se documenta la singular incorporación a este cir - cuito de las pahuatecas bajo dos patrones de movilidad. Final men te, se analiza su precaria inserción en dos nichos laborales feminizados: la industria restaurantera y labores de limpieza. Desmantelando los supuestos del varón migrante proveedor Los procesos de liberación de fuerza de trabajo y la configuración de población relativa sobrante (Li, 2009) no son ajenos al género, la raza y filiaciones étnicas (Kofman, 2014; 1999; Archer, 2013; Pessar, 2005; Glenn, 1992). Resulta fundamental incorporar estas di men siones en el análisis de la transferencia de trabajo, vía la migración hacia tradicio- nales o nuevos lugares donde se localiza, relocaliza y concentra el capital en el horizonte de la reestructuración del orden económico. Género, raza y etnia son vectores de la desigualdad que subsidian procesos de acumulación al intervenir en la asignación de tra bajo productivo y reproductivo a determinados grupos de personas “gene- rizadas” (Connell, 1987), tanto en los sectores y ramas de la produc- ción, como en los variados sitios de la reproducción: el mercado, el Estado, la comunidad o los hogares. Es obligado reparar en el hecho de que no todas las mujeres tienen la misma relación con el trabajo reproductivo a todo lo largo de su ciclo cultural de vida y que las jerar - quías étnico-raciales intervienen en la segmentación y estratificación del mercado de trabajo reproductivo en las distintas “arenas pública y privada” (Kofman, 2014; Glenn, 2002, 1992). La perspectiva antes esbozada orienta tanto el estudio de la trans - ferencia de trabajo barato a las economías del Norte global, como de la configuración de los sujetos más aptos para engrosar, selectivamente, circuitos migratorios que conectan territorios distantes y desiguales, de acuerdo con los diferentes niveles de liberalización del bienestar en regiones expulsoras, depauperadas por los efectos de políticas de ajuste estructural y privatización de la vida social (Kofman, 2014; Li, 2009). Amplios segmentos de flujos de mujeres que se desplazan a lo largo y ancho del planeta engrosan las filas de esas nuevas cla ses de trabajadores, desreguladas, precarizadas, disponibles, desecha bles, en suma, flexibles, que apuntalan las economías posfordistas (Fraser, 2015; Harvey, 2012). Esta nueva fase de acumulación se dis tingue, MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 70 2/2/18 12:42 PM 71D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH además, por su “adicción a la mano de obra indocumentada”, reclu- tada en esas llamadas “zonas francas” en donde prolifera el trabajo barato (Izcara, 2010; Cobo, 2005). La condición de ilegalidad disci- plina a cientos de miles de trabajadores dentro y fuera de las líneas de producción. Las ocupaciones en que las mujeres inmigrantes pobres, indocu- mentadas y refugiadas se concentran son: trabajo de limpieza dentro y fuera de los hogares, comercio informal callejero, industria maqui- ladora, trabajo a destajo domiciliario y de cuidados y servicios, y des- dibujan la distinción ideológica entre trabajo y familia así como entre las esferas pública y privada (Glenn, 1992). Detrás de la masiva in- corporación de las mujeres en estos mercados laborales desregulados se identifica la reducción de la inversión estatal y la privatización de la provisión de cuidados, así como la disminución del costo de la pro- ducción mediante el abaratamiento del trabajo vivo, vía la adopción de esquemas de subcontratación y tiempos parciales, formas rediseña- das de sobreexplotación. En ambos casos, subyace la premisa de la complementariedad del salario de las mujeres, su inserción transito- ria en el empleo y su contribución marginal a la economía nacional y doméstica (Koffman, 2014; Lee-Treweek, 2012; Castañeda y Za- vella, 2007; Pessar, 2005). El género atraviesa la reestructuración global del trabajo y, en esa medida, la selectividad de los flujos migratorios (políticas migra- torias, programas de reclutamiento de trabajadores temporales, visados especiales, entre otros) y la singular configuración de mercados la bo ra - les “de hombres” y “de mujeres” (Kofman, 2014; Archer, 2013; Hon dag - neu-Sotelo, 2011). También modela patrones migratorios con sonantes y “regímenes de género” (Connell, 1987) que se gestan en lugares de origen y destino, dando lugar a arreglos domésticos flexibles y tran- si torios a lo largo del ciclo demográfico de los hogares (Cravey, 2003; Arias y Mummert, 1987). Al cuestionarse el modelo de hombre migrante solo, que encabe- za el desplazamiento, y mujer e hijos reunificados con él al paso del tiempo, y a medida que logra una mejor inclusión laboral, emergen nuevas preguntas. Esa narrativa teleológica, a la que subyace el enfoque liberal de la exclusión social como causa fundamental de la pobreza (Du Toit, 2009), dominó el imaginario académico, gubernamental, MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 71 2/2/18 12:42 PM 72 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 popular y de los medios, y mantuvo un avenido maridaje con la pre - suposición de familias nucleares duraderas de jefatura masculina, con madres/esposas fuera del mercado laboral o que aportaban ingresos complementarios. Esta suposición, que proviene del fordismo, se apar - ta drásticamente de las realidades posindustriales: “la coexistencia de diversas formas de familia, el aumento del divorcio y la soltería, la ge ne- ralización de la participación de las mujeres en el trabajo asala riado, y la precarización del empleo para todos” (Fraser, 2015, p. 25). Crisis de la caf icultura en Pahuatlán, endeudamiento y migración acelerada al Nuevo New South Afectados por la llegada privatizadora y aperturista de los tratados de libre comercio, vastas franjas de la población rural del centro y sur de México se sumaron selectivamente a nuevas oleadas migratorias internas o alimentaron la desindustrializada economía estadouniden- se, inaugurando en la década de 1990 un nuevo ciclo de la añeja mi- gración mexicana al norte. Considerando la variedad de res puestas al desmantelamiento de las condiciones de vida en el México rural, cabe reconocer con Li (2009) que no toda la población reacciona de la misma manera a las macro tendencias liberalizadoras: una parte, el llamado segmento f lotante de la superpoblación relativa, cíclicamen- te desempleada, es absorbida intermitentemente por el capital; otra parte, los varados –viejos y/o enfermos–, que no tienen la capacidad de reinventarse sobre la marcha (Senett, 2000), integran un abultado segmento de la población de “pobres extremos” que per manece en esos espacios desarticulados, convirtiéndose, en el mejor de los escenarios, en objetivo de políticas focalizadas bajo nuevos esque mas de “guber- namentalidad segmentada” (Fraser, 2003, p. 31). El municipio de Pahuatlán se ubica en la Sierra Norte de Puebla, en las colindancias de los estados de Puebla e Hidalgo en el centro de México. En 2010, residían en su territorio 20 618 habitantes, de los cuales 7 544 eran hablantes de lenguas indígenas: 41.95 por ciento de otomí y 57.28 por ciento de náhuatl (Inegi, 2011). En comparación con otras regiones del país y de la entidad, la migración a Estados Unidos en Pahuatlán emerge tardíamente y se despliega en un ciclo corto: se acelera, masifica y decae entre 1990 y 2009. De acuerdo con MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 72 2/2/18 12:42 PM 73D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH los datos de la encuesta aplicada en 2010 en la cabecera municipal, entre 1995 y 1998 el número de migrantes de primera salida se quin- tuplicó. Este flujo declinó en 2009, cuando prácticamente se cancela la migración de primera salida. En sus etapas tempranas, en la década de 1980, trabajadores otomíes del municipio encabezaron ese flujo con rumbo a Texas, valiéndose de relaciones con paisanos del vecino mu - nicipio de Tenango de Doria, Hidalgo. Pasada una década, el flujo se irradió y redirigió, ya masificado, al sureño estado de Carolina del Norte (D’Aubeterre y Rivermar, 2014). En 2007, cuando iniciamos el trabajo de campo en Pahuatlán, esta migración acelerada decaía. Los datos de la encuesta muestran que el punto de quiebre de la mi gra- ción correspondiente a la primera salida coincidía con el punto de ascenso de los re tornos. Pese a que a partir de 2007 se observó una desaceleración de la migración pahuateca hacia Carolina del Norte, en la cabecera mu nicipal la tasa de prevalencia migratoria –propor- ción de los que permanecían activos (74 personas) con respecto a los retornados (76 per so nas)– fue de 49.3 por ciento; es decir, casi la mi- tad de los migrantes permanecía en aquel estado o, marginalmente, en otros destinos de la unión americana. En el municipio de Pahuatlán la migración acelerada a Esta dos Uni dos coincide con la desarticulación de la caficultura social de la región (Macip, 2005), que afectó a productores, acaparadores y dis- tintos agentes de la cadena productiva que dan valor agregado al producto; llevó también a la ruina a otros segmentos de la economía local ligados a este monocultivo –comerciantes, prestadores de servi- cios, dueños y trabajadores de pequeñas manufacturas, incluso bu- rócratas–. Así, 1994, cuando se inicia la masificación de la mi gración en el municipio, fue un hito en la historia migratoria de Pa huatlán. El quebranto económico local se exacerbó con la devaluación de la mo- neda: el peso perdió en 1994, 50.8 por ciento de su valor frente al dólar. La afectación fue mayúscula considerando que en 1991 los productores ya estaban desprovistos de la cobertura del Instituto Mexicano del Café (INMECAFE). Las medidas de austeridad dictadas por el Fondo Monetario In- ter nacional (FMI) incluyeron programas de estabilización económica para paliar la crisis de la deuda: a lo largo de seis años se privatizaron 743 empresas estatales estratégicas –incluida INMECAFE–, se redujo MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 73 2/2/18 12:42 PM 74 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 el gasto estatal de 30 a 17 por ciento del PIB y los salarios reales se des - plo maron 60 por ciento (Fitting, 2011). En el marco de esta reestruc- turación, el municipio de Pahuatlán inició su tránsito hacia una eco nomía de ser vicios: entre 1990 y 2010, la Población Económi ca- mente Activa (PEA) ocupada en el sector primario pasó de 59.2 por ciento a 41.6, es decir, se desplomó alrededor de 20 por ciento. A la vez, en 1990, en el sector terciario se concentraba el 16.9 por ciento de la PEA y en 2010 se elevó a 24.2 (Inegi, 1991, 2001, 2011). En esa coyuntura, además, se registró la caída de los salarios en los centros urbanos de la región. La Zona Metropolitana de la Ciudad de Mé- xico perdió su im por tancia relativa como receptora de flujos de tra- bajadores de los estados del centro del país. El dato no es irrelevante si consideramos que la Sierra Norte, históricamente, proveyó a las industrias textil, automotriz y de la construcción de fuerza de traba- jo a los centros urbanos del altiplano central, destacadamente en las décadas de 1960 y 1970 del pa sado siglo. Trabajadores indígenas cir- culaban pendularmente entre sus comunidades y la Ciudad de Mé - xico, en donde se empleaban como albañiles y estibadores en las gran des centrales de abasto (D’Aubeterre y Rivermar, 2011). Bajo este mismo patrón de desplazamiento, característico de las migraciones femeninas hacia metrópolis de México y América Latina (Durin, De la O y Bastos, 2014), mestizas e indígenas oriundas de Pahuatlán se contrataban en el servicio doméstico. Estas experiencias de clase configuradas en décadas precedentes –personales o de gene- raciones pretéritas–, nos permiten pensar en la histórica consolida- ción de un habitus migratorio forjado en los desplazamientos al interior del país; trayectorias que normalizaron la búsqueda de empleo más allá del lugar de origen y activaron la capacidad para aprovechar con ce leridad redes étnicas, sentando así las bases de la posterior masi- ficación de la migración a Estados Unidos. La migración acelerada e indocumentada de las tres últimas dé- cadas, distintiva de zonas del centro y sur de México, aunque no en exclusiva, se articula con emergentes mercados de trabajo estadouni- denses caracterizados por su desregulación. Este es, precisamente, el caso aquí analizado. Las pioneras no esperaron reunificarse con sus esposos para sumarse al circuito, se expusieron a las riesgosas condi- ciones del paso fronterizo a la par que ellos o en compañía de otras MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 74 2/2/18 12:42 PM 75D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH mujeres; sufrieron la compulsión de deudas contraídas en México y Estados Unidos para lograr su objetivo y, aprovechando redes étnicas de pueblos vecinos, apostaron a la potenciada demanda de trabajo barato en el Nuevo New South, una región relanzada económicamen- te mediante fuertes inversiones de capitales domésticos y foráneos relocalizados, que demandó importantes contingentes de trabajado- res inmigrantes. De acuerdo con Furuseth y Smith (2006, p. 5), la población hispana asentada en el corredor Durham-Raleigh creció de 76 726 personas (1.2 % de la población total) en 1990, a 506 203 (6.1 % de la población total) en 2004. El término Nuevo New South se refiere a la escalada de población latina, predominantemente masculina, en una proporción de uno a tres en los primeros momentos del flujo (Parrado y Flippen, 2010; Cravey, 2003), que apuntaló el relanzamiento económico de ese te- rritorio, hasta hace unas décadas dominado por relaciones bi-raciales entre anglos y afroamericanos (Furuseth y Smith, 2006; Cravey, 2003). Se ha señalado que el aumento sin precedentes de población latina en esa “última frontera” (Furuseth y Smith, 2006) –especialmente de mexicanos, guatemaltecos y hondureños, establecidos en Carolina del Norte– fue uno de los efectos inesperados de la promulgación de IRCA. Además, la intervención del gobierno federal mediante el pro- grama de expedición de visas de trabajo temporal H2 a trabajadores huéspedes, propició drásticos cambios a partir de la década de 1990 en la división espacial del trabajo y una correspondiente “latiniza- ción” de la región (Levine y LeBaron, 2011; Griffith, 2005; Cravey, 2003; Mohl, 2003). La rápida expansión de mercados de trabajo regulados alentada por ese programa estatal de trabajo temporal, disparó desde entonces f lu- jos informales de trabajadores absorbidos en la industria de pro ce sa - miento de aves y crustáceos, la producción de árboles y coronas de navidad y otras actividades en el medio rural. Así mismo, f lujos no re - gulados proveyeron mano de obra barata e indocumentada al sec tor servicios; en la franja de más bajos salarios de este sector se con cen tran desproporcionadamente negros, latinos y/o mujeres (Zieger, 2012, p. 7). Por su parte, los inmigrantes que son contratados para hacer “trabajo de hombres” (Cravey, 2003), son mayoría en el trabajo pesado de la construcción y la jardinería. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 75 2/2/18 12:42 PM 76 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 La migración femenina en Pahuatlán, las pioneras y las que llegaron después. Entrelazamiento de dos patrones migratorios Las mujeres representan apenas la cuarta parte de los 174 migrantes captados en la encuesta de 2010 aplicada a 136 hogares. La mayoría de ellas migró entre 1997 y 2003, con estatus migratorio de indocu- mentadas, cuando tenían, en promedio, menos de 30 años; la mitad contaba con educación secundaria o equivalente, carreras cortas y estu- dios técnicos (cultoras de belleza, secretarias, entre otras). Nacidas entre 1970 y 1980, crecieron en hogares de pequeños productores agríco las, comerciantes, artesanos, tablajeros, panaderos, maestros rurales, em- pleadas domésticas en las urbes aledañas, obreros de la manufactura de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. Las pri meras salidas de las mujeres captadas en esa encuesta y entre las trece entrevistadas en Durham-Orange se concentran en el trienio 1995-1998. Casi todas las encuestadas realizaron su primer viaje ya casadas, unidas o poco tiempo después de que sus parejas migraran por primera vez; pero más de la cuarta parte eran solteras, vale decir, no mi gra ron para reunificarse con maridos, padres y/o hermanos. La mitad ocupa- ba la posición de hijas en las constelaciones familiares de sus hogares de origen cuando salieron del país por primera ocasión. El análisis de sus trayectorias migratorias revela que, en el contexto de la adopción de políticas migratorias más restrictivas desde 1993 (Lee, 2014; Durand y Massey, 2003) y de la consecuente pérdida de circularidad de los f lu- jos migratorios de indocumentados, se entrelazaron dos patrones migra - torios: la movilidad de las pioneras, semejante a la “migración de tipo militar” (Griffith, 2005, p. 52), y la “migración aso ciada” de las que les siguieron rápidamente. Entre las pioneras, algunas, aunque solteras, te- nían al menos un hijo/a al momento de migrar, de jados al cuidado de abuelos, en breve regresaron por ellos y migraron por segunda ocasión. En comparación con los varones, las primeras en viajar a Estados Unidos y establecerse en el sureste, reportan un menor número de eventos migratorios. Resalta la importancia de redes tejidas entre muje- res que facilitaron el cruce fronterizo y la inserción laboral, al inicio trabajaron transitoriamente en la agroindustria. La experiencia acu- mulada una década atrás por migrantes otomíes del municipio –hom bres MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 76 2/2/18 12:42 PM 77D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH y, en menor número, mujeres que circulaban entre la Sierra y el su- reste estadounidense– propició la consolidación de un habitus migra- torio, prácticas y representaciones, que normalizó progresivamente la movilidad de las mujeres solas; en suma, las pioneras, sin visas de tra- bajo temporal, se desplazaron sin dependientes. Pero, a diferencia de los varones insertos en la agroindustria, que cir culaban entre uno y otro país con o sin visas, las pahuatecas se an - claron en el lugar de destino bajo un “régimen de migración de po- bla miento” en el que “[…] ante la dificultad para volver a ingresar los migrantes deciden quedarse en los países de inmigración y traer a sus familias.” (Pedone et al., 2011, p. 2). Mientras que la híper-movili- dad del trabajador temporal es la más codiciada por el capital, en tanto transfiere los costos de reproducción de la fuerza de trabajo a las familias en los lugares de origen (Cravey, 2003), la migración de poblamiento articula producción y reproducción en el lugar de desti- no y despierta hostilidad y rechazo entre los nativos. Al principio, establecidas en conglomerados mixtos para abara- tar costos de mantenimiento, la precariedad laboral y su frágil estatus migratorio, obligaron a las mujeres solas a cobijarse en relaciones con - yugales al poco tiempo de haber arribado a Carolina del Norte. Esta misma tendencia ha sido documentada por Parrado y Flippen (2010) entre poblaciones mexicanas asentadas en Durham. El giro hacia la domesticidad entraña la construcción de una identidad primordial como madres-esposas frente al Estado y el capital que socava o, al me nos, re- configura sus identidades de clase como trabajadoras. El patrón de movilidad de las pioneras, semejante a una migración de tipo militar, en breve cedió paso a otro que involucró a mujeres re - cién emparejadas en México y a niños en edad preescolar trasladados por sus padres a Carolina del Norte. Además, uniones tempranas en Estados Unidos y la procreación de hijos nacidos en aquel país, ori- ginaron la proliferación de familias binacionales e importantes tran si- ciones socio demográficas en la región (Flippen y Parrado, 2012). Los cambiantes contornos y dinámicas de estas formaciones domésti cas, en materia de reproducción de una mano de obra f lotante allí esta ble- cida durante ciclos migratorios más largos, se corresponden con la di- visión genérica del trabajo que impone la inserción de la mayoría de los varones de estos grupos en la industria de la construcción. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 77 2/2/18 12:42 PM 78 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 Se trata de agrupamientos no familiares o, en otros casos, de hoga- res conformados por familias conyugales en las que los adultos de mayor edad apenas rozan los 40 años, por lo tanto, la presencia de ni - ños y niñas preescolares, escolares y adolescentes –nacidos en ambos lados de la frontera–, constituye una fuerte carga económica para estos hogares en los que son frecuentes reunificaciones, separaciones y el establecimiento de segundas uniones conyugales después de cor- tos intervalos durante los cuales las mujeres encabezan al grupo fami- liar. La mitad de las mujeres entrevistadas en Durham son madres de jóvenes que aspiran ser reconocidos como dreamers, es decir, migraron con ellas en sus primeros años de vida, hoy adolescentes y/o adultos jóvenes, con pleno dominio del idioma inglés, están a la espera de los be - neficios de una reforma migratoria. Con excepción de dos de nuestras entrevistadas, las restantes se han mantenido en el mercado de trabajo de manera ininterrumpida, sólo con breves descansos al final de sus embarazos, regresaron poco después del parto al trabajo remunerado. Dos factores marcan de ma- nera decisiva el momento y las modalidades de inserción de las en- trevistadas en el mercado laboral en el corredor Raleigh-Durham: la edad del último hijo, por una parte, y el estatus conyugal, por la otra. Se advierte que las madres de hijos preescolares se insertan en em- pleos con horarios acotados, apoyándose en el servicio de guarderías y cuidadoras informales. Por su parte, las madres de adolescentes, espe - cialmente cuando son proveedoras únicas de sus hogares, se ven obli - gadas a trabajar part time en más de un establecimiento. El trabajo puertas adentro de las pahuatecas en Carolina del Norte Desde inicios del siglo XIX, las dimensiones de raza y género han con - figurado la organización del trabajo reproductivo en Estados Unidos; un ejemplo es la preparación de alimentos que puede ser hecha por un miembro de la familia como trabajo impago, por un sirviente asala- riado o un trabajador de un restaurante de comida rápida. Más allá de que el trabajo reproductivo sea impago o asalariado, es un hecho que ha sido socialmente construido como trabajo feme nino y que, en luga - res como Estados Unidos, la raza y la etnia, articuladas a la clase, ha MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 78 2/2/18 12:42 PM 79D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH súperespecializado a las mujeres de color en ese trabajo (Federici, 2013, pp. 66-67; Glenn, 1992, p. 6). Son precisamente mujeres racializadas-etnizadas –negras, asiáticas o mexicanas, muchas inmigrantes indocumentadas– quienes han sido empleadas para realizar actividades que pueden ser definidas como de “puertas adentro”, fuera de la vista (Smith y Winders, 2008). Tal como lo ha señalado Flippen (2013), la estructura familiar puede condicionar el tipo de empleo y el número de horas que estas muje- res trabajan. Su tradicional vínculo con el trabajo reproductivo de los miembros de la familia, les impone una inserción singular en espa- cios de trabajo y armonizar necesidades de sus hogares y del mercado laboral, especialmente en los servicios de limpieza y cuidado. Además de otorgar salarios por abajo del mínimo establecido, estos empleos frecuentemente son de tiempo parcial, estacionales y desprovis tos de seguridad social; proliferan, así mismo, acuerdos a la palabra y el so - metimiento de las trabajadoras a arbitrarias supervisiones. En dichas deplorables condiciones laborales juega un importante papel su esta- tus de personas indocumentadas (Flippen, 2013; Hondagneu-Sotelo, 2011; Glenn, 1992). Lugares clave para la formulación de los conceptos de trabajo ge ne rizado y racializado han sido esas regiones caracterizadas por “sistemas de trabajo duales” (Glenn, 1992), tal es el caso del estado de Carolina del Norte. La incorporación al llamado Research Triangle Park, en el corredor Durham-Raleigh, de empleados con altos nive- les de calificación e ingresos (Zieger, 2012; Kasarda y Johnson, 2006) potenció la demanda de servicios y cuidado de reproducción, provistos mayoritariamente por migrantes latinas indocumentadas, con bajas ca- lificaciones y limitado dominio del inglés. En esa región, las nuevas inmigrantes sustituyeron progresivamente a trabajadoras afro ame ri ca- nas, que se desplazaron a otros nichos laborales al conquistar derechos civiles (Furuseth y Smith, 2006). Desde su llegada al corredor Durham-Raleigh, las pahuatecas han sido conf inadas a un mercado laboral altamente segmentado, em- pleándose en diversas actividades: manufactura, lavanderías indus- triales, maquila de ensamble de cajas de cartón o de electrónicos y empaque de calcetines y cordones de zapatos. A medida que se des - truían empleos en ese sector (Minchin, 2012; Furuseth y Smith, 2006), MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 79 2/2/18 12:42 PM 80 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 las pahuatecas fueron moviéndose hacia los servicios. Son meseras en restaurantes de comida mexicana, laboran en cocinas de cadenas res- tauranteras y en tiendas hispanas. También limpian casas, clínicas, habitaciones de hoteles o viviendas en venta, haciendo parte marginal de “las cuadrillas sombra” de la industria de la construcción (River- mar y Flores, 2015). Igualmente, es común que obtengan ingresos cuidando niños ajenos en sus propias casas, lo que les permite hacer- se cargo de hijos propios y maridos. Acorde con los cambios en la reor- ganización geográfica del trabajo de reproducción de la fuerza de trabajo inmigrante, otras preparan y venden alimentos en sus domici- lios o en los lugares de trabajo de mexicanos y centroame ricanos; o brin dan asistencia a trabajadores solos, necesitados de alojamiento y comida a bajo costo (Griffith, 2005; Cravey, 2003). En el contexto del endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno federal estadounidense, específicamente en Carolina del Nor - te (Griesbach, 2011; Levine y LeBaron, 2011), en los últimos años se ha redoblado la exigencia de documentos para ser contratado. Ante esta situación, las trabajadoras aceptan condiciones de mayor explo- tación o se mueven hacia la informalidad. Su estatus de inmigrantes indocumentadas, en combinación con la clase, el género y la raza, ade- más de determinar sus experiencias laborales, las orientan hacia ese sector (Flippen, 2013; Hondagneu-Sotelo 2011). El trabajo en cadenas restauranteras Las extremas condiciones de f lexibilidad características de la indus- tria restaurantera (Lee, 2014; Carls, 2007) permiten a estas trabaja- doras –especialmente a las solteras, separadas o abandonadas con hijos dependientes– meter horas aquí y allá hasta sumar las anhela- das 40 horas o un poco más a la semana, en un intento de allegarse mayores ingresos, resolver la reproducción cotidiana y eventualmen- te enviar dinero al pueblo. Quienes han acumulado experiencia en esa rama valoran su empleo porque reciben mayores salarios –alre- dedor de 10 dólares la hora– y, comparativamente, más beneficios que en otros lugares. Estas trabajadoras firman un contrato con la empresa en el que se establecen derechos y obligaciones. Entre los primeros destacan el goce de una semana de vacaciones pagadas al año y un seguro médico de bajo costo que la empresa descuenta de MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 80 2/2/18 12:42 PM 81D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH sus salarios. Por otro lado, una de las obligaciones del restaurante es la provisión a los empleados de utensilios de trabajo necesarios, com- promiso con frecuencia incumplido: “todos los días tenemos que limpiar cuatro freidoras, dice Elizabeth. Tres meses duraron descom- puestas, medio las arreglaron, [pero] solo duraron un mes. Le digo [al manager] ‘¿por qué no las cambian? ¿Por qué no las venden?’. Me dice ‘no hay dinero’” (Elizabeth, comunicación personal, 2014. Con 35 años de edad, separada de su marido, reestablecida desde hace dos años con dos hijos adolescentes en Carolina del Norte, después de haber permanecido en Pahuatlán durante un lustro). Elizabeth sabe que el trasfondo de esta situación es la encomien- da de los managers de ahorrar gastos al restaurante y recibir a cambio compensaciones. Según las entrevistadas, con frecuencia los gerentes incorporan patrones de género/raza de dominación/subordinación en la gestión de las/los trabajadores a su cargo. No obstante, es impor- tante no pasar por alto que las y los managers también forman parte de una fuerza de trabajo sometida a altos índices de explotación. A decir de Minchin (2012), el desempleo entre amplios sectores de poblacio- nes nativas ha sido atribuido al arribo masivo de trabajadores latinos a Carolina del Norte, desencadenando rechazo y hostilidad hacia este nuevo otro, representado por esas poblaciones. Al mismo tiem po, los trabajadores indocumentados ven a los locales como adversarios a vencer que abusan de las ventajas que les otorga su condición de ciudadanos, disputándoles las pocas posibilidades de empleo con las que cuentan. La experiencia de Elizabeth ilustra, así mismo, los altos grados de autoexplotación a que se someten estas trabajadoras: con el ánimo de acumular el mayor número de horas para lograr mejores ingresos, esta jefa de hogar puede llegar a cubrir jornadas de hasta 14 horas dia- rias en más de un establecimiento. Los días que logra trabajar en dos res taurantes, apenas concluye su jornada de la mañana –que comien- za a las nueve y finaliza a las tres de la tarde–, aprovecha la hora que tiene antes de iniciar el segundo empleo para tomar una siesta e ingerir algún alimento en su camioneta. Empero su disgusto con el empleo vespertino, manifiesta que no puede dejarlo, pues, además de los be- neficios que tiene en ese restaurante y de que puede llegar a sumar hasta 43 horas a la semana en temporadas altas, la escasez de empleo MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 81 2/2/18 12:42 PM 82 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 que se ha dejado sentir en los últimos años, la obligan a per manecer en ese establecimiento: “dicen que antes había más trabajado res [en ese restaurante], pero yo creo que [los patrones] se apro vechan de que ven que la situación de nosotros cada día es más difícil y, como [nos] dicen, ‘lo toman o lo dejan’, pues uno tiene que aguantarse” (Elizabeth, co - municación personal, 2014). Este testimonio expresa de manera ní ti- da la compulsión del capitalismo por elevar sus tasas de ganancia a costa de la súuperexplotación de la fuerza de trabajo y disposición ple- na de las tra bajadoras que escapa absolutamente a su control y de la que, paradójicamente, se ufanan, tal como ha sido documentado por otros autores (Lee-Treweek, 2012). La escasa o nula movilidad ascendente de estas trabajadoras con- trasta con la de sus paisanos, quienes pueden mantenerse en la indus- tria de la construcción y tener posibilidades, siempre limitadas, de ascensos y mayores salarios (Rivermar y Flores, 2015). En relación con la acotada movilidad de las inmigrantes que laboran en restauran- tes, Elizabeth comenta las ventajas comparativas de los trabajadores estadounidenses que han desarrollado largas trayectorias en un mis- mo restaurante, quienes pueden estar en más de una “estación” y, con ello, devengar mayores salarios: “a los anglos y negros los pueden cam- biar a donde ellos quieran, a ellos no les aumentan una hora, no les aumentan un dólar, les pagan más que a nosotros” (Elizabeth, comu- nicación personal, 2014). Esta soterrada amargura exhibe la frag- mentación de la clase y complejas relaciones marcadas por el racismo horizontal que hace estragos entre los trabajadores de distintos oríge- nes étnicos o na cionales en estos nichos de trabajo precarizados (Lee- Treweek, 2012; Minchin, 2012; Griesbach, 2011). En consonancia con lo advertido por Lee-Treweek (2012), en dichos sectores feminiza- dos del llamado “trabajo sucio de los mercados laborales secundarios”, las trabajadoras despliegan prácticas y discursos para recons truir sus identidades degradadas movilizando un sentido de orgullo nacional frente a trabajadores y empleadores de otras minorías y una marcada animadversión frente a afroamericanas y centroamericanas. El trabajo de limpieza. El refugio de las sin papeles De acuerdo con Glenn (1992, p. 32), puede afirmarse que, en tanto mu- jeres racialmente subordinadas dentro de un sistema dual de trabajo, MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 82 2/2/18 12:42 PM 83D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH las pahuatecas han sido desplazadas en los últimos años al trabajo de lim - pieza por una combinación de necesidades económicas, restrin gidas oportunidades laborales y el endurecimiento de las políticas mi gra- torias. El trabajo de limpieza de of icinas, clínicas, habitaciones de hote- les o casas y departamentos se ha convertido en un “nicho de re fu gio de las trabajadoras sin papeles” (Juliano, 2002). Mediante el uso de redes parentales, amistad y aquellas gestadas por sus maridos con sus patrones de la industria de la construcción, las primeras pa hua tecas empleadas en el trabajo de limpieza pretendían obtener ma yo res ingre- sos en un nicho laboral con poca competencia. En la ac tua li dad, esto último ha cambiado. Aurora, residente en Durham desde 2000, hoy viuda y madre de dos hijos adolescentes, tuvo su primer empleo en una cono cida lavan- dería industrial en la que han trabajado muchas de sus pai sanas. Allí permaneció alrededor de un año; “la descansaron, [porque] por la cri- sis no había trabajo en ningún lado” (Aurora, comunicación personal, 2014), entonces empezó a pre parar comida para vender. Tiempo des- pués, ya emparejada y embara zada de su primer hijo, regresó a la lavan- dería, que abandonó de nuevo cuando su niño nació “porque a su marido no le gustaba que lo cuidara otra perso na” (Aurora, comunicación personal, 2014); aunque los ingresos de su esposo eran bajos, lo que ganaba “alcanzaba para lo esencial”, (Aurora, comunicación personal, 2014). Cuando ya tenía a sus dos niños, trabajó en una fábrica que empacaba microchips, en donde también laboraron un importante número de paisanos. Su jor nada laboral se prolongaba de 4 de la tarde a 12 de la noche, al inicio le pagaban el salario mínimo (7.25 dólares la hora), ingreso que aumentó cuando fue ganando experiencia. A la quie- bra de la empresa, comenzó a limpiar oficinas por las noches; aban- donó este empleo, una vez más, ante la exigencia de su marido de que se en cargara “de las cosas de la casa” (Aurora, comunicación personal, 2014). Hecho que refiere al proceso y contexto de socializa ción de gé- nero, siempre inacabado, ligado al ejercicio de la sexualidad, que les recuerda a estas mujeres, en el incesante forcejeo conyugal, sus obli- gaciones como cuidadoras de hijos y esposos. Al enviudar hace dos años, incursionó en el trabajo de limpieza de habitaciones de un ho tel a cambio del salario mínimo. En la actua lidad, además de limpiar casas, cuando la llaman, trabaja dos o tres días a la semana en el hotel. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 83 2/2/18 12:42 PM 84 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 En los hoteles privan dos esquemas de trabajo: uno a destajo con pagos que oscilan entre 3.50 y 3.75 dólares por habitación, y el otro por hora, remunerado con el salario mínimo. La súper-explotación que menudea en esos establecimientos anida en las ansias de las propias trabajadoras para lograr mayores ingresos en unidades de tiempo re- ducidas, productividad que les infunde de gran orgullo a pesar de su contacto cotidiano con los desechos corporales de los usuarios y el des- precio hacia quienes desempeñan estas tareas. En el servicio doméstico algunas mujeres, como Patricia, van lo- grando hacerse de una amplia cartera de clientes, situación que con- lleva, además de trabajar bajo un esquema de auto explotación, la subcontratación de otras más pobres. Igual que los subcontratistas de la industria de la construcción (Rivermar y Flores, 2015), a ese pro - pósito es imprescindible contar con vehículo propio para transportar a las mujeres que trabajan para ellas, así como sus implementos de trabajo. Algunas promocionan sus servicios repartiendo tarjetas en los barrios donde residen potenciales clientes; otras, cubren el medallón de sus camionetas con grandes letreros en los que ofrecen limpieza de casas, lavado de ropa de cama y cortinas, entre otros servicios. Estra te - gias, que han sido ampliamente documentadas por Hondagneu-So- telo (2011), entre las trabajadoras mexicanas y centroamericanas en California. Ninguna de las entrevistadas en Durham reportó tra- bajar para alguna agencia de limpieza, por el contrario, las que han logrado acumular un número importante de clientes, desplegando la es- tra tegia de la subcontratación de paisanas, intentan competir con esas compañías pagando bajos salarios y librando el pago de impuestos. En los testimonios aquí presentados destaca el movimiento pendu - lar entre un empleo y otro, tanto por el cierre de los establecimien tos como por las exigencias de los maridos para atender hijos y hogar. En este último sentido, el trabajo de limpieza en hoteles, oficinas, clí nicas y casas es altamente valorado por estas trabajadoras en cuanto les permita obtener ingresos sin dejar de atender a sus familias, es decir, “tener una vida familiar propia” (Hondagneu-Sotelo, 2011, p. 79). En el empleo en restaurantes y en la limpieza se aprecia, así mismo, la dis posición plena de las mujeres en acudir al llamado de los emplea dores cuando las re- quieren, condición característica de la “disponibilidad forzada” aludi- da por Carls (2007) y de la desechabilidad de esta fuer za de trabajo. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 84 2/2/18 12:42 PM 85D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH Conclusiones El análisis de un f lujo migratorio acelerado pos-IRCA, originado en el centro de México hacia el sureste estadounidense, está informado por la premisa de que las migraciones de las últimas décadas y la creciente participación de las mujeres son expresiones de la reorgani- za ción neoliberal del trabajo y de la conformación de una mano de obra extralegal, disciplinada y desorganizada. Las nuevas formas de acumu- lación suponen una estrecha relación entre deslocalización del capi- tal y desplazamiento de fuerza de trabajo barata, apuntaladas por activas políticas estatales que han fortalecido al capital especulativo y desmantelado condiciones de reproducción y toda forma de segu- ridad social en los lugares de origen de los inmigrantes. Las migraciones masivas de personas jurídicamente frágiles, que la desregulación de la economía propició a mediados de la década de 1990 en vastas zonas del centro y sur de México, inf luyeron al aba- ratamiento de esa fuerza de trabajo. Movilizando a trabajadores sin de pendientes, el capital transfiere, bajo los nuevos esquemas de acu- mulación en viejas y nuevas regiones de expansión económica, el costo de la reproducción de la fuerza de trabajo a los propios trabajadores y sus familias en los lugares de origen. Al mismo tiempo, la reorga- nización del trabajo –que se traduce en la inserción masiva de las mu- jeres en mercados laborales precarizados– y el endurecimiento de las fronteras nacionales configuran un nuevo sujeto migrante que se es- tablece, reproduce y se hace cargo de dependientes, demandando al Estado reconocimiento, servicios y derechos para sus hijos. El f lujo migratorio acelerado que se analiza en este artículo man- tiene un claro sesgo de género: los varones siguen siendo mayoría en un nuevo destino migratorio que cobró relevancia en el marco del re- lan zamiento económico del sureste estadounidense en la década de 1980. Los perfiles de las mujeres incorporadas a este circuito y sus patrones migratorios contrastan con lo observado en regiones históri- cas de la mi gración mexicana a Estados Unidos. El carácter acelerado de este f lujo se expresa en la rápida transición de una migración cir- cular y temporal hacia una migración de poblamiento que dio origen a la con formación de conglomerados familiares integrados por parejas al inicio de su ciclo reproductivo. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 85 2/2/18 12:42 PM 86 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 No obstante, algunas mujeres migraron por primera vez siendo solteras o en los primeros años de su vida conyugal, con apenas un hijo, y se incorporaron rápidamente al trabajo, no puede afirmarse que tengan un mayor control sobre sus vidas y recursos valiosos. Más bien, sus experiencias están marcadas por la improvisación y la capa- cidad para responder a giros inesperados en su vida laboral y fami- liar: súbitos cambios que obligan al rediseño de planes a corto plazo parecen ser más la norma que azarosas contingencias en las trayecto- rias de estas mujeres, actualmente establecidas con sus hijos en Ca- rolina del Norte. No es posible afirmar que ellas sean representativas de las mexica- nas que se sumaron a estos f lujos heterogéneos y tardíos de mediados de la década de 1990. Disposiciones de clase y prácticas incorporadas durante su niñez y adolescencia por esta cohorte de mujeres de la Sierra Norte de Puebla, con tempranas experiencias laborales y que resintieron los estragos de los ajustes estructurales desde finales de la década de 1980, las configuraron como sujetos aptos para amoldar sus vidas fuera del terruño, soportar largas separaciones, forjar anhelos a corto plazo o, en su caso, desecharlos, y disciplinarse a las condicio- nes que les deparaba la economía desindustrializada esta do unidense. Su singular perfil socio demográfico, así como las experiencias y sub- jetividades de clase que acompañan su frágil estatus migratorio, modelan patrones de formación y disolución de uniones con yugales, prác ticas reproductivas y ciclos de permanencia y retorno. A su vez, la conjugación de estos factores condiciona su inserción en la fuerza de trabajo en el lugar de destino. Referencias Archer, S. (2013). Cambios de paradigma en el pensamiento femi- nista de EUA. Mundo Siglo xxi, 9(31), 11-26. Arias, P. y Mummert, G. (1987). Familia, mercado de trabajo y mi- gración en el centro-occidente de México. Nueva Antropología, IX(32), 105-127. Arroyo A., J., Berumen S., S. y Rodríguez Á., D. (2010). Nuevas tendencias de largo plazo de la emigración de mexicanos a Esta- dos Unidos y sus remesas. Papeles de Población, 16(63), 9-48. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 86 2/2/18 12:42 PM 87D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH BBVA Bancomer y Consejo Nacional de Población (Conapo). (2014). Anuario de migración y remesas México. México: BBVA Bancomer, Conapo. Binford, L. (2003). Migración acelerada entre Puebla y los Estados Unidos. En E. Masferrer y J. Mondragón. (Edits.), Etnografía del estado de Puebla: Puebla centro (pp. 58-67). Puebla, México: Go- bierno del Estado de Puebla, Secretaría de Cultura del Estado de Puebla. Binford, L. (Edit.) (2004). La Economía Política de la Migración Inter nacional en Puebla y Veracruz: Siete Estudios de Caso. México: BUAP, VIEP, ICSYH. Carls, K. (2007). Affective Labour in Milanese Large Scale Retailing: Labour Control and Eemployees’ Coping Strategies. Ephemera: Theory and Politics in Organization, 7(1), 46-59. Castañeda, X. y Zavella, P. (2007). Changing Constructions of Sexuality and Risk: Migrant Mexican Women Farmworkers in California. En D. A. Segura y P. Zavella. (Edits.), Women and Mi ­ gra tion in the U.S.­Mexico Borderlands. A Reader (pp. 249-268). Durham, Estados Unidos: Duke University Press. Cobo, R. (2005). Globalización y las nuevas servidumbres de las mujeres. En C. Amorós y A. de Miguel. (Edits.), Teoría feminista: de la Ilustración a la Globalización (pp. 265-300). Madrid: Mi - nerva Ediciones. Connell, R. W. (1987). Gender and Power. Society, the Person and Se­ xual Politics. Stanford, Estados Unidos: Stanford University Press. Cravey, A. J. (2003). Toque una Ranchera, por favor. Antipode, 35(3), 603-621. D’Aubeterre Buznego, M. E. y Rivermar Pérez, M. L. (2011). Trans - formaciones rurales en la sierra de Puebla: de campesinos a tra - bajadores globales. En M. E. D’Aubeterre Buznego y M. L. Rivermar Pérez. (Edits.), Migraciones en la huasteca poblana. Actores y procesos (pp. 25-46). Puebla, México: ICSYH, BUAP. D’Aubeterre Buznego, M. E. y Rivermar Pérez, M. L. (2014). From Amate Paper to Global Work: Otomí Migration from Puebla to North Carolina. Latin American Perspectives, 41(3), 118-136. Du Toit, A. (2009, 26-27 de febrero). Adverse incorporation and agra­ rian policy in South Africa or, how not to connect the rural poor to MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 87 2/2/18 12:42 PM 88 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 growth. Conferencia, Washington, D. C. Recuperado de http:// repository.uwc.ac.za/xmlui/handle/10566/65 Durand, J. y Massey, D. S. (2003). Clandestinos: Migración México­ Estados Unidos en los albores del Siglo xxi. México: Uni versidad Autónoma de Zacatecas, Miguel Ángel Porrúa. Durin, S., De la O, M. E. y Bastos, S. (2014). Trabajadoras en la som - bra. Dimensiones del servicio doméstico latinoamericano. En S. Durin, M. E. De la O y S. Bastos. (Edits.), Trabajadoras en la som­ bra. Dimensiones del servicio doméstico latinoamericano (pp. 23-37). México: Publicaciones de la Casa Chata-CIESAS, Escuela de Go - bierno y Transformación Política-ITESM. Federici, S. (2013). La revolución feminista inacabada. Mujeres, re­ producción social y lucha por lo común (Colección Labrando en Común). México: Escuela Calpulli Ferrándiz, F. (2011). Etnografías contemporáneas. Anclajes, métodos y claves para el futuro. México: Anthopos, UAM-I. Fitting, E. (2011). The Struggle for Maize. Campesinos, Workers, and Transgenic Corn in the Mexican Countryside. Durham, Londres: Duke University Press. Flippen, C. A. (2013). Intersectionality at Work: Determinants of Labor Supply among Immigrant Latinas. Gender and Society, 28(3), 404-434. Flippen, C. A. y Parrado, E. A. (2012). Forging Hispanic Communities in New Destinations: A Case of Durham, North Carolina. City & Community, 11(1), 1-30. Fraser, N. (2003). ¿De la disciplina hacia la f lexibilización? Releyendo a Foucault bajo la sombra de la globalización. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, XLVI(187), 15-33. Fraser, N. (2015). Fortunas del feminismo. Del capitalismo gestionado por el Estado a la crisis neoliberal. Quito, Ecuador: Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador. Furuseth, O. J. y Smith, H. A. (2006). From Winn-Dixie to Tiendas: The remaking of the New South. En H. A. Smith y O. J. Furuseth. (Edits.), Latinos in the New South: Transformations of Place (pp. 1-17). Londres, Nueva York: Ashgate. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 88 2/2/18 12:42 PM 89D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH Glenn, E. N. (1992). From Servitude to Service Work: Historical Continuities in the Racial Division of Paid Reproductive Labor. Signs: Journal of Women in Culture and Society, 18(1), 1-43. Glenn, E. N. (2002). Unequal Freedom: How Race and Gender Shaped American Citizenship and Labor. Cambridge, Londres: Harvard University Press. Griesbach, K. A. (2011). Local-Federal Inmigration Enforcement in North Carolina: Mapping the Criminal-Inmigration Overlap. Norteamérica. Revista Académica del CISAN-UNAM, 6(especial), 91-127. Griffith, D. (2005). Rural Industry and Mexican Immigration and Settlement in North Carolina. En V. Zúñiga y R. Hernández- León. (Edits.), New Destinations: Mexican Immigration in the United States (pp. 50-74). Nueva York: Russell Sage Foundation. Harvey, D. (2012). El enigma del capital y las crisis del capitalismo. Madrid: Ediciones Akal. Hondagneu-Sotelo, P. (2011). Doméstica. Trabajadoras inmigrantes a cargo de la limpieza y el cuidado a la sombra de la abundancia. Mé xico: Instituto Nacional de Migración, Miguel Ángel Porrúa. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI). (1991). Censo de Población y Vivienda 1990, Resultados De fi ni­ tivos, Aguascalientes, México: INEGI. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI). (2001). Censo de Población y Vivienda 2000, Resultados Defi ni­ tivos, Aguascalientes, México: INEGI. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). (2011). Censo de Población y Vivienda 2010, Resultados definitivos, Aguascalientes, México: Inegi. Izcara, S. (2010). La adicción a la mano de obra ilegal: jornaleros ta- maulipecos en Estados Unidos. Latin American Research Review, 45(1), 55-75. Juliano, D. (2002). La inmigración sospechosa y las mujeres globa- lizadas. En C. Gregorio Gil y B. Agrela Romero. (Edits.), Muje res de un solo mundo: Globalización y multiculturalismo (pp. 123-134). Granada, España: Instituto de Estudios de la Mujer, Universidad de Granada. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 89 2/2/18 12:42 PM 90 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 Kasarda, J. D. y Johnson, J. H. (2006, enero). The Economic Impact of the Hispanic Population on the State of North Carolina (Reporte de investigación). Chapel Hill, Carolina del Norte: Frank Hawkins Kenan Institute of Private Enterprise, The University of North Carolina. Kofman, E. (1999). Female ‘Birds of Passage’ a Decade Later: Gen- der and Immigration in the European Union. International Mi­ gration Review, 33(2), 269-299. Kofman, E. (2014). Gendered Migrations, Social Reproduction and the Household in Europe. Dialect Anthropol, 38(1), 79-94. Lee, A. (2014). Crisis económica global, vigilancia/violencia fronteriza y sobreexplotación: Cambios en los patrones migratorios interna- cionales en Zapotitlán Salinas, Puebla. En M. E. D’Aubeterrem Buznego y M. L. Rivermar Pérez. (Edits.), ¿Todos vuelven? Migración acelerada, crisis de la economía estadounidense y retorno en cuatro localidades del estado de Puebla, México (pp. 117-164). Puebla, Mé xico: ICSYH, BUAP. Lee, A. (2015). En Estados Unidos no tienes libertad. La gran rece- sión y migración de retorno en Zapotitlán Salinas, 2007-2011. En M. E. D’Aubeterre Buznego y M. L. Rivermar Pérez. (Edits.), Lo que dejamos atrás… lo que vinimos a encontrar. Trabajo preca­ rio, nuevos patrones de asentamiento en Estados Unidos y retorno a México (pp. 135-169). México: ICSYH, BUAP. Lee-Treweek, G. (2012). Managing ‘Dirty’ Migrant Identities: Mi - grant Labour and the Neutralisation of Dirty Work through ‘Moral’ Group Identity. En R. Simpson, N. Slutskaya, P. Lewis y H. Höpf l. (Edits.), Dirty Work. Concepts and Identities (pp. 203- 222), Nueva York: Palgrave Macmillan. Levine, E. y LeBaron, A. (2011). Immigration Policy in the South Eastern United States: Potencial for Internal Conf lict. Nor te­ américa. Revista Académica del CISAN-UNAM, 6(especial), 5-32. Li, T. M. (2009). To Make Live or Let Die? Rural Dispossession and the Protection of Surplus Populations. Antipode, 41(especial 1), 66-93. Macip Ríos, R. F. (2005). Semos un país de peones: café, crisis y estado neoliberal en el centro de Veracruz. Puebla, México: ICSYH, BUAP. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 90 2/2/18 12:42 PM 91D’AUBETERRE - RIVERMAR - GUTIÉRREZ / POBLANAS EN EL NUEVO NEW SOUTH Minchin, T. J. (2012). Shutdowns in the Sun Belt: The Decline of the Textil an Apparel Industry and Deindustrialization in the South. En R. H. Zieger. (Edit.), Life and Labor in the New South (pp. 258-288). Gainesville, Estados Unidos: University Press of Florida. Mohl, R. A. (2003). Globalization, Latinization, and the Nuevo New South. Journal of America Ethnic History, 22(4), 31-66. Illinois, Estados Unidos: University of Illinois Press. Parrado, E. A. y Flippen, C. A. (2010). Migration and Sexuality: A Comparison of Mexicans in Sending and Receiving Com - munities. Journal of Social Issues, 66(1), 175-195. Pedone, C., Gil Araujo, S., Echeverri, M. M. y Agrela, B. (2011, 24-26 noviembre). ‘Hijos huérfanos con padres vivos’. Políticas y dis ­ cursos públicos sobre migración, familia, género y generación en contextos de inmigración/emigración: Europa, España, Ecuador y Colombia. Texto borrador presentado en el III Congreso Anual de la Red SPANED, Pamplona, España. Recuperado de http:// www.unavarra.es/digitalAssets/149/149677_100000Pedone_ Gil_Echeverri_Agrela.pdf Perreira, K. M. (2011). Mexican Families in North Carolina. The Socio-historical Contexts of Exit and Settlement. Southeastern Geographer, 51(2), 260-286. Pessar, P. R. (2005, 28 de noviembre). Women, Gender, and Inter ­ national Migration Across and Beyond the Americas: Inequalities and Limited Empowerment. México: Expert Group Meeting on Inter national Migration and Development in Latin America and the Caribbean, United Nations Secretariat. Pew Hispanic Center. (2011, julio 11). The Mexican­American Boom: Birth Overtake Immigration (Reporte). The Pew Research Center, Washington, D. C.: Recuperado de www.pewhispanic.org/files/ reports/144.pdf Popke, J. (2011). Latino Migration and Neoliberalism in the U.S. South. Southeaster Geographer, 51(2), 242-259. Rivermar Pérez, M. L. y Flores Morales L. (2015). Migración y explo- tación: mestizos y otomíes en la industria de la construcción de la costa este de Estados Unidos. En M. E. D’Aubeterre Buznego y M. L. Rivermar Pérez. (Edits.), Lo que dejamos atrás… lo que MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 91 2/2/18 12:42 PM 92 MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 3, ENERO-JUNIO DE 2018 vinimos a encontrar. Trabajo precario, nuevos patrones de asenta­ miento en Estados Unidos y retorno a México (pp. 77-108). Pue bla, México: ICSYH, BUAP. Sennett, Richard (2000). La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Editorial Anagrama. Smith, B. E. y Winders, J. (2008) ‘We’re Here to Stay’: Economic Restructuring, Latino Migration and Place-Making in the US South. Transactions of British Geographers, 33(1), 60-72. Zieger, R. H. (2012). Introduction. Southern Workers in a Changing Economy. En R. H. Zieger. (Edit.), Life and Labor in the New South, Florida (pp. 1-15). Gainesville, Florida: University Press of Florida. Zúñiga, V. y Hernández-León, R. (2005). Introduction. En V. Zúñi ga y R. Hernández-León. (Edits.), New Destinations. Mexican Immi­ gration in the United States (pp. xi-xxix), Nueva York: Russell Sage Foundation. MIGRACIONES 34 Preliminar.indb 92 2/2/18 12:42 PM