MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016
Nueva inmigración y comunidad cubana en Estados Unidos
en los albores del siglo XXI
Ernesto DOMÍNGUEZ LÓPEZ*, Landy MACHADO CAJIDE**
y Dalia GONZÁLEZ DELGADO***
Resumen
La comunidad cubanoamericana es el resultado de un proceso formativo particular,
en el que tuvo gran incidencia el carácter político de la migración hacia Estados
Unidos desatado por la Revolución Cubana de 1959. En esas condiciones, y con el
apoyo de una serie de políticas y leyes del gobierno federal estadounidense, se creó
un enclave étnico en el área metropolitana de Miami, lugar de concentración del
grueso de los cubanoamericanos. Los procesos internos en Cuba y los cambios en
el sistema internacional han generado una nueva migración, con rasgos más cerca-
nos a una migración económica tradicional. Como resultado, se ha producido una
fractura dentro de la comunidad cubanoamericana y en la estructura del enclave
étnico, profundizada por el crecimiento numérico de los nuevos inmigrantes, y la
desconfianza de los inmigrantes anteriores.
Palabras clave: 1. nueva inmigración, 2. cubanoamericanos, 3. enclave étnico,
4. comunidad transnacional, 5. Miami.
New Immigration and the Cuban Community in the United States
at the Beginning of the 21st Century
Abstract
The Cuban-American community is the outgrowth of a very particular formation
process in which the political character of Cuban migration to United States after
the Cuban revolution of 1959 played a significant role. Under those conditions and
with the support of a set of policies and laws enforced by the United States’ federal
government, a structurally strong ethnic enclave was created in the Miami met-
ropolitan area in southern Florida. Internal processes that unfolded in Cuba and
changes in the international system generated a new migration with features closer
to a typical economic migration. As a result, a fracture appeared in the structure
of the ethnic enclave, deepened by the growth in the ranks of new immigrants and
distrust of older immigrants.
Keywords: 1. new immigration, 2. Cuban-Americans, 3. ethnic enclave, 4. trans-
national community, 5. Miami.
* Universidad de La Habana, Cuba. Correo electrónico: ernestodl@cehseu.uh.cu.
** Universidad de La Habana, Cuba. Correo electrónico: cajide211@hotmail.com.
*** Universidad de La Habana, Cuba. Correo electrónico: dgonzalezd@cehseu.uh.cu.
[106]
Introducción
La comunidad de origen cubano asentada en Estados Unidos
ha representado, en muchos ámbitos, una excepción entre las
múltiples minorías étnicas existentes en ese país. Las condicio-
nes en las que se produjo la gran oleada migratoria que siguió
a la Revolución Cubana de 1959 delinearon los rasgos de esa
comunidad. La combinación de las circunstancias y los intereses
predominantes en la élite política de Estados Unidos llevaron
al diseño de una serie de programas y de un aparato legal que
colocaban a los cubanos en una situación privilegiada respecto a
otros inmigrantes.
Sin embargo, los procesos internos en Cuba y en el sistema in-
ternacional han cambiado muchas de estas condiciones. Oleadas
de los que llamamos nuevos inmigrantes han cubierto los diversos
caminos entre el archipiélago cubano y el país norteamericano,
portando consigo rasgos, criterios y aspiraciones moldeados en
condiciones muy diferentes a las de sus antecesores. Dentro de
esta clasificación estamos incluyendo al conjunto de los cubanos
que han emigrado hacia Estados Unidos a partir de 1990. Final-
mente, las negociaciones en curso entre La Habana y Washington
parecen estar cambiando los marcos dentro de los cuales existe y
se desenvuelve la comunidad.
Ante esa realidad, resulta de interés e importancia definir las
transformaciones introducidas por los flujos de las últimas dos
décadas y media en una comunidad de inmigrantes y sus des-
cendientes constituida y evolucionada en condiciones especiales.
Para ello, hemos estudiado el carácter y composición de los más
recientes grupos de inmigrantes cubanos en Estados Unidos, las
condiciones para su inserción en el escenario norteamericano y el
comportamiento de algunos de los principales indicadores demo-
gráficos y económicos de la comunidad, en relación con desarro-
llos contemporáneos de la sociedad cubana. El trabajo se centra en
el asentamiento cubano en Miami por ser el más importante en
todos los órdenes, en el que se expresan los rasgos que tomamos
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 107
como indicadores clave, y el que absorbe la masa fundamental de
la emigración cubana hacia Estados Unidos.
Para el logro de nuestros objetivos hemos realizado una com-
paración entre dos macroetapas de la historia de la comunidad
cubanoamericana: la primera entre 1959 y 1989, la segunda desde
1990 hasta la actualidad. Existe un retraso temporal en la infor-
mación, debido a los ritmos de trabajo de las instituciones que
elaboran la información primaria. Esto es especialmente cierto
para las fuentes estadísticas. Por citar sólo un ejemplo, los resulta-
dos del censo económico de 2012 en Estados Unidos, relevantes
para esta investigación, sólo estarán disponibles a partir de 2016.
Aunque existen otras estimaciones, hemos dado preferencia a los
datos del censo cuando ha sido posible, por ser los más confiables,
además de que nuestro interés se concentra en las tendencias, más
que en los valores absolutos, siempre variables. También realiza-
mos observaciones directas en Miami y en La Habana, sedes de
las dos mayores concentraciones de población cubana, situadas
dentro de las fronteras de dos países distintos.
En el desarrollo del artículo nos hemos apoyado en un cúmulo
de trabajos anteriores, con la peculiaridad de que la mayor parte
de la literatura disponible aborda etapas más tempranas de la his-
toria de la comunidad cubanoamericana. De esos textos hemos
extraído algunas categorías y definiciones centrales para nuestra
investigación, alrededor de las cuales hemos estructurado el pre-
sente texto, así como datos sistematizados para la descripción de
la comunidad cubana anterior a 1990. Utilizamos también como
fuentes las publicaciones de instituciones estadísticas cubanas y
estadounidenses, reportes de instituciones no oficiales pero de
reconocido prestigio, algunos trabajos de investigadores cuba-
nos aún no publicados por revistas especializadas e información
obtenida directamente de funcionarios de organismos cubanos
relevantes para el tema. Además, utilizamos las respuestas a un
cierto número de entrevistas a cubanoamericanos que pudimos
conducir en Miami en 2012 y 2014, las cuales nos permitieron
confirmar nuestras principales tesis.
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016108
El presente artículo forma parte de una investigación más am-
plia sobre la evolución de la comunidad cubana en Estados Uni-
dos, actualmente en curso, algunas de cuyas partes constituyen
proyectos de tesis de doctorado y maestría.
La comunidad cubanoamericana en el punto de inflexión
Un primer paso en nuestro trabajo fue situar el objeto de nuestro
estudio atendiendo a algunas coordenadas teóricas y fácticas fun-
damentales. Existe un problema inicial, el introducido por el tér-
mino ‘cubanoamericano’. Aunque su existencia está condicionada
por la práctica estadounidense para denominar a los diferentes
componentes étnicos de su sociedad, encierra posicionamientos
y criterios respecto a un amplio espectro de cuestiones sociológi-
cas y antropológicas. La academia cubana ha debatido este tema
en varios momentos, sin llegar a un consenso estable. Por ejem-
plo, en uno de los textos más recientes dedicados al estudio de
la migración cubana hacia el país norteño, publicado en 2013,
su autor, Jesús Arboleya, consideró necesario dedicar un espacio
considerable a discutir tanto el concepto mismo como los pro-
blemas asociados con la identidad nacional dominante entre las
personas de origen cubano residentes en Estados Unidos (Arbole-
ya, 2013:71-104). No es interés nuestro participar de ese debate,
por ello utilizamos el término para referirnos indistintamente a
todas las personas de origen cubano residentes en Estados Uni-
dos, como una forma de simplificar la terminología utilizada en
este trabajo.
La historia migratoria cubana es sumamente rica y compleja, y
está estrechamente asociada con los procesos políticos internos e
internacionales. Los patrones y los signos del balance migratorio
neto se han modificado a lo largo del tiempo, acorde con tenden-
cias de duración más o menos larga y coyunturas históricas bien
concretas (Aja, 2014). Esta particular faceta del vínculo entre Cuba
y Estados Unidos ha estado presente desde etapas tempranas, al
punto en que la presencia de residentes cubanos en el país norte-
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 109
ño puede ser rastreada hasta 1820, aunque probablemente haya
comenzado antes. Pero la residencia continuada era un fenómeno
limitado; el total de cubanos registrados que recibieron el estatus
de residente legal permanente en el larguísimo período 1820-1959
fue 181 596 (Office of Immigration Statistics, 2012:6-8).
Esta circulación continuada de personas entre los dos países
fue muy importante en la formación de la nación cubana, y tuvo
un grado significativo de influencia sobre la evolución de Estados
Unidos, especialmente en algunas regiones del país, y particu-
larmente en la política exterior. La presencia cubana en Estados
Unidos fue vehículo para la formación de rasgos esenciales de la
identidad nacional cubana (Pérez, 1999), mediante procesos de
traducción semiótica sumamente complejos. A su vez, formó par-
te de la construcción de una imagen sobre Cuba insertada en los
sistemas de significación esenciales de la sociedad estadounidense
(Pérez, 2014).
Aunque la determinación de las cifras exactas se hace muy di-
fícil por la insuficiencia de los instrumentos estadísticos, se esti-
ma que hacia finales de 1958 residían en Estados Unidos unos
125 000 cubanos, de los cuales unos 50 000 permanecieron en
ese país tras el triunfo de la Revolución Cubana (Aja, 2014:125).
En realidad la tendencia a partir de la década de 1930 había sido
al incremento sostenido de la emigración cubana hacia el norte
con fuertes núcleos en desarrollo en Florida meridional, además
de otros en Nueva York y Nueva Jersey, pero la ruptura revolucio-
naria de 1959 catalizó ese proceso y modificó la composición de
los flujos. Entre 1960 y 1989, 591 079 personas provenientes de
Cuba recibieron el estatus de residente legal permanente (Office
of Immigration Statistics, 2012:8).
No se trató de un proceso regular, con ritmos homogéneos, ya
que el volumen de los flujos fue incrementado o reducido drás-
ticamente en varios momentos, a partir de la evolución del con-
flicto político de los dos países y las medidas de apertura y cierre
de las fronteras estadounidenses y los acuerdos bilaterales. De ahí
los elevados números registrados en el saldo migratorio cubano en
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016110
1960-1962, 1965-1973 y 1980, separados por períodos de mucho
menor dinamismo (Centro de Estudios de Población y Desarrollo,
2014:98; Aja, 2014:139-141). Estas distintas oleadas migratorias
traían consigo historias muy diferentes, derivadas del contexto so-
cial en el que se formaron sus componentes, el momento mismo
de su emigración y las diferencias en el grado de representatividad
respecto a su sociedad de origen. Cada una de ellas la considera-
mos una cohorte diferente, siguiendo a Susan Eckstein (2009:2-5).
Esa inmigración fue interpretada por el gobierno de Estados
Unidos como una masa de refugiados políticos que huían del co-
munismo, a tono con la práctica emanada de la lógica de la Guerra
Fría. Los primeros llegados a partir de enero de 1959 asumieron
su condición de exiliados y construyeron su identidad como gru-
po a partir de esa idea. Este es un aspecto que merece atención,
pues la condición de refugiado político o exiliado implica que
esas personas habrían estado sometidas a persecución política, o
temían por sus vidas, o habían sido expulsadas de su país.
En la práctica, salvo el núcleo asociado directamente con el
gobierno dictatorial de Fulgencio Batista, la mayoría de los res-
tantes abandonaron Cuba debido a los efectos de los procesos de
nacionalizaciones y transformaciones socioeconómicas desarrolla-
dos en el país durante la década de 1960. Pérdida de propieda-
des, pérdida de estatus y temores por sus niveles de vida fueron
factores claves. La gran mayoría no fueron expulsados, sino que
decidieron emigrar por la amenaza a sus estilos de vida (Eckstein,
2009:4). Ello no niega un contenido fundamentalmente político
de esa migración, especialmente a nivel de percepciones indivi-
duales y colectivas, dado en primer lugar por su desacuerdo con
el régimen político que se configuró y desarrolló en Cuba durante
ese período, pero lo sitúa en un plano más realista, si bien el com-
portamiento de una parte de ellos estuvo claramente marcado por
su identificación como exiliados.
Las oleadas postrevolucionarias iniciales estaban formadas en
gran medida por los estratos superiores de la sociedad cubana,
además de grandes franjas de la clase media y un considerable nú-
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 111
mero de obreros calificados. Esto es evidente si observamos que de
las personas llegadas a Estados Unidos entre 1959 y 1962 en edad
laboral, 31 % se desempeñaba como ejecutivos, empresarios y pro-
fesionales; 33 % eran oficinistas y vendedores; y 17 % eran obre-
ros calificados. En comparación, según el censo cubano de 1953,
esas mismas categorías eran respectivamente 9, 14 y 27 % de la
población laboral total (Eckstein y Barberia, 2002:802). Aunque
en los años posteriores esas cifras descendieron en la misma me-
dida en que se iban vaciando los remanentes de esas capas en la
isla, se mantuvieron siempre sobrerrepresentadas con respecto a la
estructura social y ocupacional de la década de 1950 en Cuba. En-
tre los primeros llegados se encontraba además un núcleo central
de miembros del gobierno y los cuerpos armados de la derrocada
dictadura de Batista. La oleada que llegó a suelo estadounidense
en 1980 (unas 125 000 personas) era muy distinta en composi-
ción, respectivamente 11, 7 y 26 %, en esas tres categorías, ade-
más de 45 % de trabajadores semicalificados y no calificados, 5
% de servicios básicos y 7 % agricultores y pescadores (Eckstein y
Barberia, 2002:802). No obstante, esta última se mantuvo como
una minoría de la comunidad, importante en número, pero ca-
rente de continuidad por el relativamente insignificante monto de
la inmigración posterior hasta comienzos de la década de 1990 y
esencialmente menospreciada por los primeros inmigrantes.
El mayor porcentaje de esa migración se dirigió a Florida, espe-
cialmente al condado de Miami-Dade, aunque inicialmente gru-
pos significativos se encontraban en Nueva Jersey y Nueva York.
Pero la tendencia sostenida ha sido a la relocalización en Florida
meridional y la fuerte concentración de flujos posteriores en esa
misma área (Aja, 2014:219-222). Esa concentración coincidió en
el tiempo con la expansión de Miami y su transformación en una
gran urbe. De tal manera que la inmigración cubana es la princi-
pal responsable de la formación de la tercera mayor concentración
de latinos en Estados Unidos, con la peculiaridad que esa pobla-
ción incluyó desde sus etapas más tempranas una elevada propor-
ción de profesionales y empresarios, con una fuerte politización
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016112
que configuró su proceso de inserción en la sociedad receptora
(Grenier, 2006:209-210).
Uno de los aspectos más publicitados de los cubanoamericanos
es su éxito económico. Un primer ángulo en este punto es su in-
serción en el mercado laboral en posiciones favorables. Sobre este
tema abundamos más adelante. Por otra parte, el censo económi-
co de 1992 reportó la presencia 51 471 empresas de propiedad cu-
banoamericana en todo el país. Aproximadamente 70 % de ellas
se concentraba en Florida, en particular en el área metropolitana
de Miami, especialmente en el condado de Miami-Dade. Para
poner estos datos en perspectiva, Florida contaba en general con
la tercera mayor concentración de empresas de propiedad latina
(118 208; 15.3 % del total), por detrás de California (249 717;
32.4 %) y Texas (155 909; 20.2 %). Sin embargo, por volumen de
operaciones, las firmas asentadas en Florida generaban el segundo
mayor volumen bruto, 22.2 % del total, sólo por detrás de Cali-
fornia (26.9 %). Por tanto, en términos de valor monetario pro-
medio, las empresas latinas en el Sunshine State se hallaban a la
cabeza entre los estados con mayor concentración de las mismas.
En este sentido, hay otro aspecto significativo, dado por el hecho
de que tres cuartas partes de las firmas de propietarios cubanoa-
mericanos empleaban trabajadores asalariados, a diferencia de sus
homólogas con propietarios de otras nacionalidades. Como con-
secuencia, estaban en condiciones de impactar sobre el mercado
laboral local (U.S. Census Bureau, 1996).
Los datos anteriores se asocian directamente con el concepto de
enclave étnico, identificado en 1980 como una forma definida de
adaptación económica de los inmigrantes, caracterizada por una
alta concentración de aquellos, de manera que les permita organi-
zar una serie de empresas dedicadas a una diversidad de sectores
y mercados, las cuales absorben una parte sustancial de los traba-
jadores de esa nacionalidad. Las premisas para la aplicabilidad de
esa propuesta incluyen la capacidad para distinguir el enclave del
mercado laboral fundamental (mainstream), mayores beneficios
derivados del capital humano traído del país de origen que en el
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 113
mercado mainstream y que los empresarios del enclave obtienen
mayores beneficios que sus homólogos con similar capital huma-
no insertados en otros segmentos de la economía. Esta propuesta
se apoyaba en datos sobre inmigrantes cubanos recopilados a lo
largo de una década (Wilson y Portes, 1980).
El estudio continuado de las dinámicas económicas de la pobla-
ción cubana asentada en Florida meridional confirmó la existen-
cia de un enclave étnico, de acuerdo con la definición original. La
existencia de un mercado laboral esencialmente cubanoamericano
se asociaba además a un elevado grado de complementariedad en-
tre las diversas empresas, al punto en que los outputs de unas eran
inputs de otras, dotando de esa manera al enclave de una notoria
sostenibilidad (Wilson y Martin, 1982; Portes y Bach, 1985:226-
232; Pérez-Stable y Uriarte, 1993; Logan, Alba y McNulty, 1994).
De hecho, se clasificó como el más desarrollado de todos los casos
conocidos, por demás excepcionales si se les compara con el vasto
número de asentamientos de inmigrantes en Estados Unidos (Lo-
gan, Alba y McNulty, 1994).
El desarrollo del enclave fue potenciado también por las polí-
ticas de las agencias gubernamentales estadounidenses, que no-
tablemente favorecieron a los exiliados. Por ejemplo, entre 1968
y 1980, 46 % de los préstamos blandos de la Administración de
Pequeños Negocios en el condado de Miami-Dade fueron a ma-
nos cubanoamericanas y de algunos otros hispanos, comparado
con 6 % para la comunidad negra (Portes y Stepick, 1994). To-
davía habría que considerar los fondos canalizados para financiar
a organizaciones contrarias al gobierno cubano y la estación CIA
(Agencia Central de Inteligencia) de esa ciudad que fueron in-
yectados en la circulación de capitales de Miami, cuyo monto es
prácticamente imposible conocer, dadas sus características. Sólo
para dar una idea, se estima que a comienzos de la década de 1970
unos 12 000 cubanoamericanos eran empleados directos de la CIA
(Eckstein, 2005:254).
El impacto de la presencia cubanoamericana desborda estas ci-
fras. En ello intervienen diversos factores difíciles de cuantificar.
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016114
Por ejemplo, el papel que desempeñaron los primeros inmigran-
tes cubanos en la transformación de Miami en un nodo clave de
la expansión de la actividad de empresas de primer orden hacia
América Latina, a partir de la década de 1970. Ese proceso tuvo
como uno de sus pilares la presencia de una fuerza de trabajo his-
panoparlante, alto nivel de calificación y elevado grado de bilin-
güismo. A su vez, esto potenció el desarrollo del mercado laboral
local e incrementó el atractivo de la zona para otros inmigrantes
cubanos y de otras nacionalidades latinoamericanas. El rápido
crecimiento de Miami en todos los órdenes es la resultante de la
combinación de todos esos procesos, entre los cuales el flujo de
inmigrantes cubanos tuvo un papel central (Nijman, 1997). A
diferencia de lo que ha sucedido en otros escenarios, “en Miami
el bilingüismo es una ventaja, pues es mucho más fácil encontrar
empleo, comprar, lograr que las cosas se hagan, si uno habla es-
pañol. También es mucho más fácil progresar económicamente si
uno habla inglés” (Stepick et al., 2003:19).
Un rasgo interesante de la comunidad cubanoamericana en sus
primeras tres décadas de existencia fue su relativamente bajo nivel
de comunicación directa con la sociedad cubana contemporánea,
restringidos a algunos contactos esporádicos y viajes en momentos
muy puntuales. Ello es resultado de varios factores: la agudeza
del conflicto político entre los emigrados y el gobierno cubano,
el conflicto sostenido entre Washington y La Habana que creó
los marcos de la relación, el traslado de familias completas en las
primeras oleadas y el rechazo a los emigrantes ampliamente di-
fundido en la política y la sociedad cubanas (Torres, 2002). Los
cubanos que vivieron la década de 1980 recuerdan lo inusual que
resultaba la visita de algún emigrado (de la comunidad ) y la esca-
sez de los contactos a través de las fronteras. Por ello consideramos
que para esa etapa y esta comunidad no es aplicable una categoría
frecuentemente utilizada: comunidad transnacional. Una de las
premisas para definir su existencia es el contacto sostenido entre
los emigrados y su comunidad de origen (Portes, 2001; Kennedy
y Roudometof, 2002; Portes, 2003).
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 115
De manera que, a comienzos de la década de 1990, la comuni-
dad cubana en Florida meridional se había formado esencialmen-
te a partir de las oleadas migratorias de 1959-1973 y se hallaba
plenamente insertada en los procesos que convirtieron a Miami
en una urbe global de gran importancia para la proyección hacia
América Latina de las empresas estadounidenses. La composición
de los flujos migratorios iniciales configuraron los rasgos tempra-
nos de esa comunidad, que de hecho incluía a la gran mayoría de
las élites cubanas prerrevolucionarias, el grueso de la clase media
y amplios sectores de obreros calificados. Estas características le
otorgaron ventajas competitivas potenciadas por las políticas gu-
bernamentales emanadas de los enfoques de la guerra fría.
Como resultado, la comunidad cubanoamericana ocupó un pa-
pel central en el crecimiento del núcleo urbano miamense y marcó
su vida social y económica, al tiempo que constituyó un enclave
étnico viable. La debilidad de los vínculos directos con su país de
origen en esa etapa fue otro de los factores de diferenciación de la
comunidad cubanoamericana, con lo cual el componente cuba-
no de la identidad de la comunidad experimentó un significativo
desacople con la evolución de la sociedad cubana durante esos
mismos años. Estos factores definieron a la inmigración cubana
en Estados Unidos y a la comunidad cubanoamericana según pa-
rámetros diferenciados de los habituales entre las inmigraciones
latinoamericanas y, en general, con las inmigraciones típicas. La
oleada de 1980 varió en alguna medida las proporciones, pero la
estructura central de la comunidad cubanoamericana de Miami
se mantuvo esencialmente intacta.
En el tránsito entre milenios
El período 1989-1994 marcó un punto de inflexión en la historia
de Cuba, y por extensión en su historia migratoria. El colapso del
bloque socialista en Europa del Este y la desaparición de la Unión
Soviética desataron una vastísima crisis económica, además de
una crisis de los paradigmas políticos y una profunda crisis social
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016116
concomitantes. En semejantes condiciones, la emigración cubana
experimentó un proceso de cambio en todos sus parámetros que
llevó a la reconfiguración de sus características esenciales y por
tanto de los rasgos identitarios que la habían definido con anterio-
ridad, lo cual se reflejó en la evolución posterior de la comunidad
cubanoamericana. Por eso hemos definido como nueva emigra-
ción al flujo de personas que abandonó Cuba a partir de 1990, en
contraste con la vieja emigración desarrollada entre 1959 y 1989.
La composición e impacto de la nueva inmigración es el centro de
este epígrafe y en general de este trabajo.
La evolución de la situación cubana llevó a la acumulación de
un potencial migratorio extremadamente elevado, orientado fun-
damentalmente hacia Estados Unidos. En ese contexto, el total
de visas otorgadas por Washington a solicitantes cubanos, que se
había mantenido en niveles bajos desde la firma del acuerdo mi-
gratorio de 1984, se redujo aún más. En 1988 se emitieron 3 472
visas de inmigrantes, entre 1989 y 1991 el acumulado fue 4 105
(un promedio anual de 1 368) y entre 1992 y 1994 fue de apenas
2 418 (806 como promedio anual), con un mínimo de 544 en ese
último año (Aja, 2014:207).
La lectura de estos datos indica claramente la carencia de una
vía legal para aliviar la presión migratoria interna. En la legisla-
ción cubana vigente en ese momento penalizaba las salidas del
país no autorizadas expresamente, consideradas delito, lo cual era
utilizado como un mecanismo para intentar controlar los flujos
migratorios exteriores. Consideremos, además, la existencia de los
llamados programas para refugiados cubanos y la conocida Ley de
Ajuste Cubano en Estados Unidos, que de conjunto le garantizan
a prácticamente todos los nacionales cubanos que lleguen a suelo
estadounidense la permanencia en ese país, con un safe track para
la residencia legal en un año más un día, más ayudas económicas
y acceso a alguna educación adicional, fundamentalmente idioma
inglés. En el caso de los cubanos, ilegal es aquella migración que
se produce sin contar con el visado correspondiente. Una vez en
territorio estadounidense, los inmigrantes cubanos están en con-
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 117
dición de legalizar –ajustar– su estatus de acuerdo con las normas
especiales vigentes en ese país desde la década de 1960. Por tanto,
la ilegalidad se refiere a la manera de migrar, no al estatus del in-
migrante en el país de destino.
La implicación es clara: las vías ilegales se convirtieron en el
principal, casi único camino para ingresar al país norteño, lo cual
a su vez generó una creciente tensión entre los emigrantes efecti-
vos y reales y las autoridades gubernamentales cubanas. La con-
secuencia fue el crecimiento exponencial de las salidas ilegales, el
tráfico de personas, la conflictividad asociada a la sobreacumula-
ción de potencial migratorio, todo lo cual derivó en los motines de
agosto de 1994, seguido por el anuncio de la apertura de las costas
cubanas para cualquiera que deseara irse. Ese momento es conoci-
do como la crisis de los balseros, debido al considerable número de
personas que intentaron emigrar hacia Estados Unidos en balsas
rústicas. De acuerdo con los datos del servicio de guardacostas
estadounidenses, unas 38 500 personas intentaron cruzar el estre-
cho de la Florida (Eckstein y Barberia, 2002:806).
La situación creada condujo a un diálogo entre los dos gobier-
nos que concluyó con la firma de los acuerdos migratorios de
1994 y 1995. En los documentos firmados, Washington asumía
la obligación de otorgar un mínimo anual de 20 000 visas de in-
migrantes a cubanos. Como complemento, el entonces presidente
William Clinton introdujo la política de “pies secos-pies moja-
dos”, según la cual los migrantes ilegales interceptados en el mar
serían devueltos a Cuba, y los que llegasen a suelo estadounidense
por cualquier vía serían aceptados. Ergo, la Ley de Ajuste no fue
modificada, algo que sólo podría hacer el Congreso, sino que se
añadió una especie de filtro parcial para la inmigración ilegal, que
controla el número de personas que son admitidas en el país (Aja,
2014:210-214; Grenier, 2006:222).
A partir de esos convenios se produjo un cambio de gran im-
portancia en el patrón migratorio cubano. Por primera vez se
introdujo un marco normativo relativamente eficiente para regu-
larizar la migración posrevolucionaria hacia Estados Unidos. La
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016118
vía legal pasó a ocupar el lugar central, al tiempo que las rutas
para la migración ilegal se trasladaron de las aguas del estrecho
a vías terrestres, esencialmente en busca de alcanzar la frontera
entre México y Estados Unidos.
Cuando sumamos la emigración legal y la ilegal, entre 1994
y 2012 se registró en Cuba un saldo migratorio negativo con
tendencia al crecimiento del valor modular. El total se situó en
637 513 en ese período, un promedio anual de 33 553, aunque
con un máximo de 47 844 en 1994, un año inusual, pero incre-
mentándose sostenidamente desde algo más de 20 000 en 1996
y 1997, hasta 46 662 en 2012 (Centro de Estudios de Población
y Desarrollo, 2014:98). Aunque esta cifra incluye todos los des-
tinos –según datos facilitados por funcionarios del Ministerio
de Relaciones Exteriores de Cuba, hay cubanos residiendo en
148 países–, la alta concentración en Estados Unidos –cercana
a 80 %– implica un f lujo de gran volumen hacia ese país. Es
importante señalar también que la modificación de la legislación
migratoria cubana entre 2012 y 2013 (ver más adelante) trans-
formó los criterios a partir de los cuales se catalogan los migran-
tes, y por tanto introdujo cambios en las estadísticas oficiales.
Como resultado de este f lujo migratorio y de los pocos casos
pendientes de oleadas anteriores, 563 306 personas provenientes
de Cuba recibieron el estatus de residente legal permanente en
Estados Unidos entre 1990 y 2013 (Office of Immigration Sta-
tistics, 2014:8-10).
Estos aspectos se suman a otros en los cuales predominó la con-
tinuidad, en primer lugar en la concentración de la emigración en
Estados Unidos, y en particular Florida Meridional. Este último
rasgo incluso se reforzó con la eliminación de los programas tem-
pranos de relocalización, la atenuación de los efectos que aquellos
pudieron causar y la actuación de las redes migratorias que co-
menzaron a consolidarse y crecer a partir de la nueva situación.
Como resultado, se produjo un crecimiento sostenido y rápido
de la población cubanoamericana. El censo estadounidense del
año 2000 fijó la población de origen cubano en 1 241 685, cifra
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 119
que para 2010 pasó a ser 1 785 547, equivalente a 3.5 % de los más
de 50 millones de latinos (o hispanos, según el uso de las autorida-
des censales, que utilizan los dos términos como intercambiables)
registrados en 2010, igual proporción que en 2000. Es decir, tuvo
43.8 % de crecimiento intercensal, cifra casi idéntica a la del cre-
cimiento total de la población latina (43 %), con lo que pasó de
representar 0.4 % de la población estadounidense a 0.6 % (U.S.
Census Bureau, 2012).
En 2010, 68 % de los cubanoamericanos residía en Florida,
fundamentalmente en el área de Miami, esto es 28.7 % de la po-
blación latina y 6.5 % de la población total en ese estado. En com-
paración, la segunda población de origen cubano más numerosa
se encontraba en California, y era de apenas 88 607, equivalente a
0.6 % de la población latina radicada allí. El segundo núcleo más
importante de cubanos se ha situado durante el último medio
siglo en Nueva Jersey, particularmente en la zona comprendida
por las ciudades de Union City y West New York; sin embargo,
en el último censo se registraron 83 362 cubanoamericanos en ese
estado, que representaban 5.4 % de los latinos y 0.9 % de la po-
blación total (U.S. Census Bureau, 2012). Estimados posteriores
ratificaron esas tendencias. Por ejemplo, en 2012 se situó el total
de la población cubana en ese país en 1 973 108 (Pew Hispanic
Center, 2014).
Otra de las características de la comunidad cubanoamericana,
como de otras comunidades similares, es su alta proporción de
inmigrados. Este es un dato que se ha mantenido por encima de
50 % durante décadas, aunque con una tendencia lógica a la re-
ducción en la misma medida en que se reproduce la población
de origen cubano en ese país (Aja, 2014:223). En el estimado de
2012 esta figura era 56.2 % (Pew Hispanic Center, 2014). Todo
esto ocurre dentro de marcos de legalidad en la estancia en el país
–no así en la vía de migración– para la casi totalidad de los cuba-
nos radicados allí, lo cual hace que las cifras manejadas sean muy
cercanas a las reales, al estar ausente el factor distorsionador que
implica el riesgo de deportación para los indocumentados.
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016120
Como resultado de esta dinámica demográfica, hacia 2010 la
comunidad cubanoamericana había alcanzado un punto de in-
flexión en su composición, especialmente importante para com-
prender su evolución más contemporánea: en ese año se estimó
que 52 % de los nacidos en Cuba habían llegado después de 1990
(Pew Hispanic Center, 2012). Si atendemos a los datos que ma-
nejamos anteriormente, resulta evidente que la amplia mayoría de
ese grupo arribó a Estados Unidos con posterioridad a los acuer-
dos migratorios de 1994-1995.
Por sí solas estas cifras marcan un cambio muy significativo,
pues implica que la combinación de los nacidos en Estados Uni-
dos y los llegados después de 1990 representan más de 70 % del
total de los cubanoamericanos. Ergo, la amplia mayoría de la po-
blación de origen cubano está formada por grupos distintos, en
términos de generación migratoria y cohorte, a los que construye-
ron la comunidad en sus etapas iniciales.
Aquí encontramos un punto esencial. Si nos circunscribimos a
los nuevos inmigrantes, a lo que estamos haciendo referencia es la
llegada de una población que en su mayoría nació y se educó en
la Cuba posrevolucionaria, y los de más edad vivieron gran parte
de su vida en ella. Esto implica una ruptura fundamental con
la estructura primaria de la comunidad cubanoamericana. Las
experiencias que moldearon a esos nuevos inmigrantes son muy
diferentes de los viejos inmigrados de la década de 1960, a la vez
que el nivel de conexión, comunicación y coincidencia en muchos
aspectos clave tiende a ser bajo.
En este aspecto es necesario introducir algunos matices. Por
ejemplo, en términos de educación formal, medida en términos de
años escolares terminados, la nueva inmigración es muy similar
en composición, incluso levemente superior, a los primeros llega-
dos. Medido entre personas de 25 años o más de edad, los llega-
dos antes de 1980 tienen 24 % de graduados universitarios, con
48 % de graduados de enseñanza media, y 28 % con menos de
12 grados terminados; mientras que para los nuevos inmigrados
estas cifras son, respectivamente 26, 49 y 25 %. Es decir, que la
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 121
diferencia, si existe, está a favor de los recién llegados. Esto últimos
son superados solamente por los nacidos en Estados Unidos, cuyas
cifras se sitúan en 39, 54 y 7 % (Aja, 2014:228).
Para los estratos superiores de la vieja inmigración existía el
problema de que esos niveles de instrucción fueron alcanzados en
Cuba, o al menos una parte significativa de su educación formal
transcurrió en Cuba, dentro de los marcos del sistema educacio-
nal construido por el gobierno nacido de la Revolución de 1959.
Ahora bien, el actual sistema educacional cubano es ampliamente
reconocido a nivel mundial por sus resultados. Sin embargo, para
los miembros del llamado exilio, ese es un indicador de deficien-
cia. En realidad, es mucho más exacto decir que esa población es
portadora de ideas, valores y en general perspectivas diferentes de
las que son patrimonio de las primeras oleadas, y también en no
poca medida de los nacidos en Estados Unidos. Y esta es una línea
de fractura clave para comprender el cambio cualitativo desarro-
llado dentro de la comunidad cubanoamericana. Dicho en otras
palabras, los viejos inmigrantes que constituyen, conjuntamente
con una parte de la segunda generación, la columna vertebral de
la estructura primaria de la comunidad, tienden a desconfiar de
la formación de los nuevos inmigrantes. Este es un ángulo de la
cuestión que no ha sido estudiado cuantitativamente de mane-
ra sistemática, pero que tiene profundas implicaciones. Durante
el trabajo de campo dialogamos con 11 inmigrantes anteriores a
1980, propietarios de negocios de diferentes dimensiones en el
área de Miami o retirados de la empresa privada. De ellos, ocho
declararon abiertamente su desconfianza, en varios casos rayan en
el menosprecio, respecto a la educación de los nuevos inmigrados.
Las consecuencias de esas percepciones son sumamente im-
portantes, si consideramos el papel que desempeñó la confianza
mutua en la formación del enclave étnico cubanoamericano de
Miami. Si observamos las categorías ocupacionales en las que se
localizan los nuevos inmigrantes, en comparación con los pre-
cedentes, la diferenciación es muy clara. Según datos del año
censal 2000, de los llegados en la década de 1960, donde se con-
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016122
centró la élite social cubana prerrevolucionaria, se encontraban
en empleos de alto estatus (administrativos, profesionales y téc-
nicos) 36 %, 9 % ocupaban puestos como trabajadores califi-
cados, mientras que en la franja de trabajadores semicalificados
o no calificados eran 13 %. Las mismas categorías para los lle-
gados a partir de la década de 1990 agrupaban respectivamente
18 %, 14 % y 27 %. Para tener otro punto de comparación, entre
los nacidos en Estados Unidos, estas figuras eran 41, 6 y 7 %
(Eckstein, 2009:71).
Claro que aquí hay que considerar que para todas las cohortes
migratorias el tiempo de residencia en el país es un factor de im-
portancia, pues se asocia con la capacidad de adecuar la califica-
ción con la que llegan a las características del mercado laboral en
el que se insertan. Además, el tiempo también es una variable de
peso en la consolidación de las redes sociales a través de las cua-
les f luye en gran medida el proceso de contratación de la fuerza
de trabajo. Pero aun en tal caso, si estuviésemos estudiando un
enclave étnico que funcionase normalmente, sin rupturas mayo-
res según las cohortes, una fuerza de trabajo con altos niveles de
calificación adquiridos en el país de origen habría sido preferida,
por ejemplo, a la cohorte que la precedió, la oleada de 1980, que
tenía niveles notablemente más bajos. De los llegados en la déca-
da de 1980, sólo 13 % tenía formación superior ya entrados en
la década del año 2000, 47 % tenía formación media superior,
mientras que un gran 40 % estaba por debajo de esa marca (Aja,
2014:228). Sin embargo, entre ellos la distribución de empleos
era, siguiendo las mismas categorías, 23, 15 y 22 % (Eckstein,
2009:71).
Uno de los cambios más destacados dentro de la migración cu-
bana en general, y en particular la orientada hacia Estados Unidos,
son los motivos que la impulsan. En la academia cubana existe
consenso, expresado en múltiples eventos y debates, en que, por
lo menos desde la década de 1990, el factor determinante no es
la política, sino la economía. Sin embargo, escasean los trabajos
sobre ese aspecto concreto. En la literatura estadounidense y cu-
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 123
banoamericana que aborda la problemática migratoria cubana y la
comunidad cubanoamericana, este tema tiene muy poca presencia.
En un texto publicado en 2007, pero con datos recogidos has-
ta 2004, se presentaron los resultados de un estudio psicohis-
tórico con 100 sujetos, que ratifica el criterio predominante en
Cuba. Para el período 1959-1979, el motivo fundamental perci-
bido para emigrar era la inconformidad política, con 60 %, en
tanto que una percepción desfavorable de la situación económi-
ca personal y familiar tenía 29 % de incidencia. Otras razones
tenían mucho menos impacto: 7 % de inadaptación social y 4
% de reunificación familiar. En el período 1980-1989, lo cual
puede asociarse directamente con la gran oleada de 1980, estas
figuras cambiaron drásticamente, con 36 % para los problemas
económicos y un extraordinario 39 % de inadaptación social.
Esa cohorte es, en muchos sentidos, distinta a las demás. Las
razones percibidas para la migración de 1994 y 2004 señalan
en primer lugar la economía, con 76 y 70 %, respectivamente,
en tanto que en un segundo lugar se encuentra la reunificación
familiar, con 15 y 23 %, en tanto que la inconformidad política
se sitúa en 6 y 5 %, y la inadaptación social es aún menor, con 3
y 2 % (Martín, 2007:214).
Esas cifras son muy claras: la nueva emigración cubana en ge-
neral y hacia Estados Unidos en particular implica una transición
parcial de una migración política, a una migración fundamental-
mente económica y familiar. En la sociedad cubana de la década
de 1990 en adelante, abandonar el país se convirtió en una estra-
tegia familiar y personal para resolver una gama de problemas de
tipo económico y lograr la realización de planes de vida, incluyen-
do los de índole profesional.
Esto no significa que la política no desempeñe un papel re-
levante, pues esa evaluación de situaciones y opciones se apoya
en el criterio de que en el contexto cubano contemporáneo las
alternativas dentro del país son limitadas, en parte por las deci-
siones políticas y los marcos legales. La migración es siempre un
fenómeno multicausal, que en el caso de Cuba a partir de 1959 se
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016124
hizo aún más complejo debido a los marcos dentro de los que se
ha desarrollado. Factores económicos, sociopolíticos, familiares e
incluso sicológicos y culturales condicionan los procesos globales
y las decisiones individuales. La década de 1990 cambió la corre-
lación entre esos factores, sin que ello signifique la exclusión de
ninguno (Rodríguez, 2000). Pero las percepciones jerarquizan en
un primer plano las motivaciones económicas, lo cual condiciona
su actuación una vez llegados a su destino, donde se prioriza la
progresión económica y el envío de ayuda a sus familias, por de-
lante de la actividad política.
Durante la investigación, entre 2012 y 2014 entrevistamos en
Miami a 51 cubanoamericanos de primera generación. Además
de los 11 llegados en la década de 1960 que mencionamos antes,
contactamos con otras cuatro personas que emigraron en 1980,
y 36 que completaron el viaje a partir de la década de 1990. La
muestra no es representativa, pues su selección respondió esen-
cialmente a la disposición a ser entrevistados, sobre la base de ser
personas nacidas en Cuba. Pero consideramos que es válida para
confirmar y actualizar las tendencias que se desarrollan dentro de
nuestro objeto de estudio registradas en 2007. Todas las entrevis-
tas fueron conducidas como conversaciones informales, en las que
se les preguntó por qué habían emigrado.
Del primer grupo, sólo uno señaló motivos económicos, mien-
tras que los 10 restantes se refirieron a su desacuerdo político con
la Revolución y los cambios político-sociales en Cuba. De los
inmigrantes de 1980, tres señalaron los problemas económicos
como razón fundamental, en la forma de la aspiración a obtener
mayores ingresos y acceso a bienes materiales. El cuarto reportó
conflictos familiares y sociales como los factores determinantes.
El pequeño número de personas en este grupo limitó las posibles
respuestas. Las personas de estas dos primeras cohortes tenían
edades avanzadas (más de 60 años), salvo el caso de una mujer de
39 años al ser entrevistada.
El tercer grupo es el que presentaba mayor diversidad en eda-
des, con personas entre 22 y 84 años de edad en el momento de
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 125
la entrevista. De ese total, ocho declararon la reunificación fami-
liar como su principal motivo. Dos refirieron formas de represión
política en Cuba como factor decisivo. Los restantes señalaron
razones que podemos catalogar como económicas. En este núme-
ro se incluyen, por ejemplo, jóvenes graduados de universidades
cubanas que escogieron la emigración como un camino para desa-
rrollar estudios de posgrado en centros de prestigio internacional,
que les diesen mejores oportunidades en los mercados laborales
internacionales. En este grupo, el más numeroso, formado por
los nuevos inmigrantes, la incidencia de motivos económicos fue
72.2 %, de la reunificación familiar fue 22.2 %, y las razones po-
líticas 5.6 %. Es interesante señalar también que en cuatro casos
la reunificación familiar fue considerada un medio para resolver
problemas económicos, no un fin en sí mismo. Como se ve clara-
mente, los resultados son consistentes con las tendencias reporta-
das por Martín Fernández.
Este es un factor no sólo de diferenciación metodológica, sino
que en la práctica introduce una cuña dentro de la comunidad
cubanoamericana, si tomamos en cuenta las características de su
formación, que sintetizábamos en el acápite anterior. Uno de los
entrevistados dijo que consideraba que había muchos castristas
entre los cubanos que estaban llegando en los últimos tiempos y
seguro muchos espías (Mario, inmigrante llegado en 1962, pro-
pietario de un restaurante, Miami, 2012). Esta expresión fue algo
que escuchamos además en algunos espacios públicos que tradi-
cionalmente sirven como centros de reunión de los viejos inmi-
grantes y lugares para actividades políticas, especialmente en el
restaurante Versailles y el parque Máximo Gómez, ambos en la
Pequeña Habana, Miami.
A lo anterior hay que sumarle una brecha cultural de gran im-
portancia. Con esto nos referimos a un amplio espectro de ma-
nifestaciones, que incluyen desde las expresiones artísticas, como
la música, uno de los elementos más conocidos de la identidad
nacional cubana, hasta las costumbres cotidianas. Si recordamos
que la migración, aunque nunca cesó por completo, tuvo períodos
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016126
de baja incidencia, y le sumamos la limitada comunicación entre
Cuba y su diáspora, podemos entender que las brechas generacio-
nales típicas de cualquier sociedad se expresan con más fuerza en
el caso de las distintas cohortes de cubanoamericanos. Uno de los
inmigrantes de 1980 comentaba que incluso le era difícil en oca-
siones entender lo que hablaban los llegados más recientemente,
pues evidentemente la educación que habían recibido, tanto for-
mal como familiar, era muy distinta de la suya (Rafael, inmigran-
te llegado en 1980, contratista de la construcción, Miami, 2014).
Esta fractura que estamos observando nos lleva a considerar la
aplicabilidad del concepto de enclave étnico en esas circunstan-
cias. En una primera aproximación, encontramos elementos para
afirmar su pertinencia tal cual fue formulado. El censo económi-
co de 2007 contabilizó 244 181 firmas con propietarios latinos en
el condado de Miami-Dade, con un volumen de operaciones de
44 875 856 000 dólares, la mayor concentración de empresas his-
panas en el país. Para ponerlo en perspectiva, el condado de Los
Ángeles, el más poblado del país y además el de mayor población
hispana, reportaba 225 791 empresas y operaciones por un mon-
to de 30 683 743 000 dólares. De ese total, 117 798 empresas y
24 512 991 000 dólares pertenecían a cubanoamericanos. Si con-
sideramos toda el área metropolitana de Miami, aproximadamen-
te dos tercios de las empresas de propietarios cubanoamericanos se
encuentran localizadas allí (U.S. Census Bureau, 2011).
Esto significa, incluso si sólo consideramos las empresas con
propietarios de origen cubano, y no aquellas en las cuales los di-
rectivos cubanoamericanos tienen posiciones prominentes, que
existe la capacidad de absorber una gran parte de la fuerza de tra-
bajo disponible dentro de la comunidad. Y de hecho se mantiene
un alto nivel de contratación de connacionales.
Otro aspecto que se hizo evidente cuando recorrimos las calles
de Miami como observadores participantes, es el nivel de predo-
minio, casi se puede decir la hegemonía, de que disfruta la co-
munidad cubanoamericana en lo que se refiere a la definición de
los patrones evolutivos del mercado local, incluyendo los produc-
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 127
tos culturales. Baste señalar algo aparentemente tan simple como
que el café elaborado al estilo cubano es servido prácticamente
en todo el núcleo urbano, incluyendo sitios étnicos no cubanos,
como tiendas argentinas, o en los grandes centros turísticos como
Bay Side, o que platos cubanos dominen los menús de restauran-
tes de propiedad salvadoreña. O también que en las zonas centra-
les de la ciudad de Miami y en otros de los núcleos de toda el área
metropolitana, se viva esencialmente en español, un español con
tonos cubanos. O el hecho de que se siga denominando Pequeña
Habana y siga estando estructuralmente controlada por los cuba-
noamericanos una franja de la ciudad a lo largo de la céntrica calle
8, en la que actualmente habita un número muy grande y en per-
manente crecimiento de nicaragüenses, mexicanos, salvadoreños,
guatemaltecos, dominicanos y otros latinoamericanos.
Sin embargo, hay otros aspectos que debemos observar. En
2006, Portes y Shafer hicieron una revisión de la tesis del enclave
ante los cambios en Miami. Ellos encontraron una considerable
diferenciación entre las distintas cohortes residentes dentro de los
marcos geográficos del enclave en cuanto a los niveles de ingreso.
Un hecho recurrente en todos los estudios en este ámbito es que
el ingreso promedio de los blancos no hispanos supera significati-
vamente al de todas las otras comunidades étnicas. Sin embargo,
cuando se controla por las variables cohorte y generación, los in-
migrantes anteriores a 1980 y los nacidos en Estados Unidos son
esencialmente indistinguibles de los blancos no hispanos compa-
rables. Los llegados a partir de 1980 se encuentran significativa-
mente por debajo. Controlando además por experiencia laboral, la
segunda generación cubanoamericana sigue siendo esencialmente
indistinguible de los blancos no hispanos y llamativamente los
inmigrados de las primeras cohortes tienen ingresos significati-
vamente superiores, mientras que los inmigrantes más recientes
siguen estando significativamente por debajo (Portes y Shafer,
2006:24-26).
Esto tiene varias lecturas posibles, incluyendo el uso del en-
clave como una plataforma de acumulación original para inser-
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016128
tarse en la economía mainstream, especialmente para la segunda
generación y sus descendientes. Pero también hay algo que salta
a la vista: la fractura entre las distintas cohortes, visible en otros
aspectos, tiene una expresión clara en la capacidad de obtener
beneficios del enclave. Dicho en otras palabras, las característi-
cas diferenciadas de las distintas oleadas migratorias han hecho
que los sectores que controlan el enclave exploten un mercado
de fuerza de trabajo dividido en dos macrosectores, siguiendo la
línea de las cohortes.
Ello implica a su vez que los nuevos inmigrantes que se in-
sertan dentro del sector empresarial a través de distintas vías de
acumulación primaria, tienen que hacerlo con niveles muy infe-
riores de apoyo de los connacionales mejor posicionados que lo
que encontraron las cohortes iniciales. Es decir, que el enclave está
evolucionando hacia una división interna muy visible, que puede
saldarse con una marcada segregación. Este es un tema que debe
ser seguido con detenimiento en el futuro.
Un factor adicional a considerar para comprender la ruptura in-
terna de la comunidad es incremento sostenido de los vínculos con
el país de origen. Un primer factor resulta muy lógico: los nuevos
inmigrantes, como norma, tienen familiares y amigos residentes
en Cuba. En un contexto de despolitización relativa y resignifi-
cación de la emigración para la sociedad cubana, el contacto con
ellos resulta natural. Además, aunque el acceso a las tecnologías
de las comunicaciones en Cuba es limitado, las vías y medios de
comunicación son mucho más eficientes que lo que eran en dé-
cadas anteriores. Por otra parte, según datos proporcionados por
funcionarios del Ministerio de Turismo cubano, el total de visitas
de cubanoamericanos a la isla ha experimentado un crecimiento
sostenido, hasta alcanzar los 300 000 en 2013. No hemos encon-
trado datos que reflejen la distribución por cohortes de esos gru-
pos de viajeros, pero en el contacto con visitantes diversos hemos
constatado un amplio predominio de los nuevos emigrados. En
otras palabras, se han establecido canales para la comunicación
permanente entre ambas costas del estrecho de Florida.
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 129
Esa comunicación tiene implicaciones bien visibles para la or-
ganización de la actividad económica de los cubanoamericanos,
especialmente en Miami. La más llamativa de todas es la prolife-
ración de negocios orientados hacia y dependientes de la relación
con Cuba. De éstos, los primeros fueron las agencias de viajes
que explotaban ese mercado. Desde la década de 1970 aparecie-
ron algunas, como Marazul, pero actualmente su número se ha
multiplicado y sus anuncios publicitarios se encuentran a todo lo
largo de la calle 8. Junto con ellas se han expandido compañías es-
pecializadas en envíos de paquetes, documentos y dinero a Cuba,
tiendas que venden piezas para autos de fabricación soviética y de
Europa oriental que ruedan por miles en las calles cubanas, venta
de teléfonos celulares desbloqueados para poder ser utilizados en
Cuba, negocios dedicados al alquiler de joyas y prendas con las
que un número de inmigrantes presume de su éxito cuando visita
a sus familiares. En fin, todo un floreciente segmento del mercado
minorista de bienes y servicios articulado en torno a la creciente
circulación de personas y al flujo de paquetería y remesas entre los
dos países. Tal proliferación sería simplemente impensable en las
décadas de 1960 y 1970.
La relación transfronteriza se hace presente también dentro de
la evolución de las preferencias en el consumo cultural. Actual-
mente se ha convertido en fenómeno recurrente y cada vez más
normalizado por la circunstancias, que artistas de éxito en Cuba
se presenten en Miami, con grandes afluencias de público. Du-
rante nuestras visitas a Miami vimos los anuncios de actuaciones
en lugares como el Miami-Dade County Auditorium de artistas
cubanos no emigrados, como Ivette Cepeda, el dúo Buena Fe,
Gente de Zona, entre otros. Situaciones como las protestas de una
parte de la comunidad por la presencia de esos artistas en locales
miamenses, si bien no han desaparecido del todo, se van atenuan-
do, en la medida en que tienen menos apoyo y su capacidad para
afectar el desarrollo de los espectáculos disminuye. La de mayor
magnitud en los últimos años fue dirigida contra la presentación
de Buena Fe, pero no consiguió impedir la actuación. Al tiempo
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016130
que generó expresiones de rechazo entre cubanoamericanos de las
cohorte más recientes, muchas de ellas publicadas en los distin-
tos sitios digitales como Facebook y Twitter. Esta realidad genera
nuevas posibilidades económicas, ahora en el mundo del espec-
táculo, y más ampliamente en las llamadas industrias culturales.
Todavía hay algunos aspectos a añadir. Un fenómeno aún rela-
tivamente incipiente y poco estudiado es el de la migración de re-
torno. Las condiciones de las primeras cohortes hacían muy poco
probable que sus componentes adultos considerasen esa opción.
Sin embargo, está comenzando a aparecer con mayor frecuencia,
según hemos podido constatar por contactos personales. Tam-
bién ha tenido un impacto, todavía por medir, la modificación
de la ley migratoria cubana realizada a finales de 2012 y vigente
desde 2013. Con la modificación se eliminó el permiso de salida
(una especie de visado de salida), y se extendió a dos años el pe-
ríodo de permanencia continuada en el extranjero para conside-
rar a una persona emigrante (Consejo de Estado de la República
de Cuba, 2012).
Para entender las implicaciones, la condición de emigrado priva
al ciudadano del derecho a tener propiedades en Cuba, de la capa-
cidad de heredar, así como del derecho a participar en los procesos
políticos formales del país. Esta modificación del marco legal ha
creado condiciones favorables para formas de migración circular,
en la medida en que, con estancias periódicas breves, los emigra-
dos conservan sus derechos y propiedades en Cuba, algo que no
era posible con anterioridad. Cuando relacionamos esto con la
mencionada Ley de Ajuste Cubano y los programas de refugiados,
es evidente que el período necesario para obtener la residencia per-
manente en Estados Unidos queda perfectamente incluido dentro
del período señalado por la legislación cubana según la modifica-
ción de 2012.
Imbricada directamente con la creciente interconexión entre el
país y su diáspora se encuentra la reforma económica en curso
en Cuba. La conexión económica típica en estos casos son las
remesas. Pero la apertura de espacios para el emprendimiento pri-
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 131
vado ha transformado una parte considerable de esas remesas en
capitales para microinversiones. El impacto real de este fenómeno
está todavía por determinarse, pero los primeros estimados son
ilustrativos. Por ejemplo, de 379 restaurantes y negocios priva-
dos similares abiertos en La Habana en 2014, se estima que hasta
70 % fueron financiados por esa vía, fundamentalmente con fon-
dos transferidos por personas emigradas a partir de la década de
1990 (Sánchez, 2015).
De aquí podemos extraer un corolario inmediato: la combina-
ción entre la nueva inmigración cubana en Estados Unidos y los
cambios en curso en Cuba ha generado vías, marcos e intereses
que potencian la comunicación permanente y extendida entre los
migrantes y su sociedad de origen. Conjuntamente con las formas
emergentes de circularidad y migración de retorno, este desarrollo
ha creado una comunidad transnacional real, según la definición
de Portes. Con esto se termina por dibujar el cuadro de la fractura
interna de la comunidad cubanoamericana.
Conclusiones
La evolución de la comunidad cubanoamericana entrando en el
siglo XXI se puede sintetizar en una idea: se ha producido una
importante ruptura, generada por el amplio volumen de la nueva
inmigración, actualmente mayoritaria entre los nacidos en Cuba
residentes en Estados Unidos. Este proceso se articula en torno
a algunos ejes fundamentales: el cambio en la percepción de la
emigración dentro de la sociedad cubana, la despolitización rela-
tiva de la motivación para emigrar, la formación y ampliación de
la comunicación directa entre los emigrados y su país de origen,
formas emergentes de circularidad migratoria y los flujos de mi-
croinversiones que están empezando a impactar en Cuba y a crear
vínculos e intereses multidimensionales entre los cubanoamerica-
nos y la sociedad cubana.
Los nuevos desarrollos en Cuba son parte integrante de este
proceso, en el rol de generadores de cambio y también como efec-
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016132
tos de la relación, dentro de los marcos de un proceso de reaco-
modo de la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos. Las
manifestaciones de esa relación empiezan a hacerse visibles, pero
todavía están en una etapa muy temprana.
Tal ruptura implica un cambio cualitativo de gran importancia
en la estructura y comportamientos de la comunidad. Uno de los
aspectos más significativos del cambio es la fractura del enclave
étnico en dos partes, conectadas pero con dinámicas propias. Se
necesitan todavía más estudios sobre este tema, pero pudiéramos
estar presenciando un proceso de formación de una especie de
enclave 2.0. Esta neoformación cuenta con escasos apoyos entre
las cohortes precedentes, por lo cual su proceso de acumulación
primaria transcurre por vías diferentes; pero existe dentro de los
marcos definidos por la hegemonía cubanoamericana en Miami,
y tiene acceso sin limitaciones morales o políticas al mercado en
expansión articulado en torno a la relación con Cuba. Aquí sub-
yace la pregunta de si la estructura emergente se establecerá por
separado, si eventualmente sustituirá al enclave original, si será
absorbida completamente por aquel, o si se integrará en un pro-
ceso de simbiosis que transformará a ambas partes. En todo caso
es un proceso que está ocurriendo ante nuestros ojos que debe ser
estudiado con detenimiento.
Por otra parte, se han creado las bases para un mayor acople
de la cultura cubanoamericana con la cultura cubana global.
Las preferencias de los cubanos residentes en Estados Unidos se
aproximan cada vez más a las de los residentes en la isla. Con ello
se borran poco a poco algunas de las barreras instaladas desde la
década de 1960. En no poca medida, la migración cubana hacia
Estados Unidos se aproxima a los rasgos más generales de las mi-
graciones latinoamericanas homólogas.
Esto último significa una mayor aproximación a la definición
de comunidad transnacional, según fue propuesta por Portes, que
no se cumplía para las etapas tempranas de existencia de la co-
munidad cubana de Miami. Es necesario no perder de vista este
aspecto, pues la comunicación sostenida puede implicar la gene-
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 133
ración de un lenguaje común y, lo que es más significativo, un
sistema de valores y criterios compartidos a ambos lados de los
estrechos de la Florida, construidos entre los nuevos inmigrantes y
la sociedad cubana contemporánea, con la exclusión relativa de las
primeras cohortes, adelantándose a la desaparición física de éstas.
Las manifestaciones de estos procesos se encuentran en todos
los ámbitos, desde la economía y el arte hasta la política y las
relaciones internacionales. La historia de Cuba muestra cuán im-
portantes son esta clase de vínculos transfronterizos, por lo que es
imprescindible mantener un seguimiento continuo de estos de-
sarrollos. La comunidad cubanoamericana es uno de los factores
que tenemos que conocer a profundidad para entender adecua-
damente algunos de los procesos contemporáneos al interior de
los dos países e incluso en las relaciones regionales. Más estudios
complementarios son necesarios para lograr una comprensión real
del carácter y papel de esa comunidad en el nuevo milenio.
Referencias
AJA, Antonio, 2014, Al cruzar las fronteras, 2.a edición, La Haba-
na, Ciencias Sociales.
ARBOLEYA Cervera, Jesús, 2013, Cuba y los cubanoamericanos. El
fenómeno migratorio cubano, La Habana, Casa de las Américas.
CENTRO DE ESTUDIOS DE POBLACIÓN Y DESARROLLO, 2014,
Anuario Demográfico de CUBA 2013, La Habana, Oficina Na-
cional de Estadísticas e Información.
CONSEJO DE ESTADOS DE LA REPÚBLICA DE CUBA, 2012, “Decre-
to Ley No 302, modificando la Ley No 1312, Ley de Migración,
de 20 de septiembre de 1976”, Gaceta Oficial de la República de
Cuba, núm. 44 ordinaria, 16 de octubre, pp. 1357-1360.
ECKSTEIN, Susan, 2005, “La transformación de la diáspora y la
transformación de Cuba”, en Woodrow Wilson Center, Cam-
bios en la sociedad cubana de los 90, Woodrow Wilson Center
Reports on The Americas No. 16, Washington DC, Woodrow
Wilson International Center for Scholars, pp. 245-268.
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016134
ECKSTEIN, Susan, 2009, The Immigrant Divide. How Cuban
Americans Changed the US and their Homeland, Londres, Nue-
va York, Routledge.
ECKSTEIN, Susan y Lorena BARBERIA, 2002, “Grounding Im-
migrant Generations in History: Cuban Americans and Their
Transnational Ties”, International Migration Review, vol. 36,
núm. 3, otoño, pp. 799-837.
GRENIER, Guillermo J. 2006, “The Creation and Maintenance
of the Cuban American ‘Exile Ideology’: Evidence from the
FIUCuba Poll 2004”, Journal of American Ethnic History, vol.
25, núm. 2/3, invierno-primavera, pp. 209-224.
KENNEDY, Paul y Victor ROUDOMETOF, 2002, “Transnationa-
lism in a Global Age”, en Paul Kennedy y Victor Roudometof,
edits., Communities across Borders. New Immigrants and Trans-
national Cultures, Londres, Nueva York, Routledge.
LOGAN, John R., Richard D. ALBA y Thomas L. MCNULTY, 1994,
“Ethnic Economies in Metropolitan Regions: Miami and Be-
yond”, Social Forces, núm. 72, pp. 691-724.
MARTÍN FERNÁNDEZ, Consuelo, 2007, “Familias y emigración
cubana: estrategias cotidianas en su contexto psicohistórico”,
Anuario del CEMI, pp. 206-231.
NIJMAN, Jan, 1997, “Globalization to a Latin Beat: The Miami
Growth Machine”, Annals of the American Academy of Political
and Social Science, vol. 551, mayo, pp. 164-177.
OFFICE OF IMMIGR ATION STATISTICS, 2012, 2011 Yearbook
of Immigration Statistics, Washington D. C., Department of
Homeland Security.
OFFICE OF IMMIGR ATION STATISTICS, 2014, 2013 Yearbook of
Immigration Statistics, Washington D. C., Department of Ho-
meland Security.
PÉREZ, Louis A., 1999, On Becoming Cuban. Identity, Nationality,
& Culture, Chapel Hill, Estados Unidos, Londres, The Univer-
sity of North Carolina Press.
PÉREZ, Louis A., 2014, Cuba en el imaginario de los Estados Uni-
dos, La Habana, Ciencias Sociales.
DOMÍNGUEZ, M ACHADO Y GONZÁLEZ / COMUNIDAD CUBANA EN ESTADOS UNIDOS 135
PÉREZ-STABLE, Marifeli y Miren URIARTE, 1993, “Cubans and
the Changing Economy of Miami”, en Rebecca Morales y Frank
Bonilla, edits., Latinos in a Changing U.S. Economy, Newbury
Park, Estados Unidos, Sage Publications, pp. 133-159.
PEW HISPANIC CENTER, 2012, Statistical Profile Hispanics of Cu-
ban Origin in the United States in 2010, Washington DC, en
, consultado el 4 de di-
ciembre de 2014.
PEW HISPANIC CENTER, 2014, Statistical Portrait of Hispanics in
the United States in 2012, Washington, DC, en , consultado el 4 de
diciembre de 2014.
PORTES, Alejandro, 2001, “Introduction: The Debates and Signi-
ficance of Immigrant Transnationalism”, Global Networks, vol.
1, núm. 3, pp. 181-193.
PORTES, Alejandro, 2003, “Conclusion: Theoretical Convergen-
cies and Empirical Evidence in the Study of Immigrant Trans-
nationalism”, International Migration Review, vol. 37, núm. 3,
otoño, pp. 874-892.
PORTES, Alejandro y Robert L. BACH, 1985, Latin Journey: Cuban
and Mexican Immigrants in the United States, Berkeley, Estados
Unidos, University of California Press.
PORTES, Alejandro y Alex STEPICK, 1994, City on the Edge: The
Transformation of Miami, Berkeley, Estados Unidos, University
of California Press.
PORTES, Alejandro y Steven SHAFER, 2006, Revisiting the Enclave
Hypothesis: Miami Twenty-Five Years Later, Princeton, Estados
Unidos, Princeton University Working Papers.
RODRÍGUEZ CHÁVEZ, Ernesto, 2000, “Determinantes de la emi-
gración cubana actual y su impacto en la redefinición del fenó-
meno”, Caderno CRH, núm. 32, enero-junio, pp. 149-169.
SÁNCHEZ, Jorge Mario [ponencia], 2015, “La nueva política de
Estados Unidos hacia Cuba: retos y posibles impactos para la
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 8, NÚM. 4, JULIO-DICIEMBRE DE 2016136
economía cubana”, presentada en el Taller de Autores ¿Qué son
los Estados Unidos?, La Habana, Revista Temas/RIALP, 2-4 de
abril.
STEPICK, Alex, Guillermo GRENIER, Max CASTRO y Marvin
DUNN, 2003, This Land Is Our Land. Immigrants and Power
in Miami, Berkeley, Estados Unidos, University of California
Press.
TORRES, María de los Ángeles, 2002, In the Land of Mirrors, Cu-
ban Exile Politics in United States, 4.a edición, Ann Arbor, Esta-
dos Unidos, University of Michigan Press.
U.S. Census Bureau, 1996, Survey Of Minority-Owned Business
Enterprises. Hispanic 1992, en , consultado el 13 de abril de 2015.
U.S. Census Bureau, 2011, Economic Census Survey of Minority-
Owned Business Enterprises 2007, en , consultado el 31 de agosto de
2014.
U.S. Census Bureau, 2012, La Población Hispana: 2010, en
, consultado el 20 de julio de 2013.
WILSON, Kenneth y W. Allen MARTIN, 1982, “Ethnic Enclaves:
A Comparison of the Cuban and Black Economies in Miami”,
American Journal of Sociology, núm. 88, pp. 135-60.
WILSON, Kenneth y Alejandro PORTES, 1980, “Immigrant Encla-
ves: An Analysis of the Labor Market Experiences of Cubans in
Miami”, American Journal of Sociology, núm. 86, pp. 295-319.
Fecha de recepción: 24 de abril de 2015.
Fecha de aceptación: 18 de septiembre de 2015.