MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017
Percepción del riesgo a las altas temperaturas
de los migrantes que transitan por Sonora
Rolando Enrique DÍAZ CAR AVANTES*
y José Eduardo CALVARIO PARRA**
Resumen
De 2001 a 2013 murieron en la frontera sur de Arizona 2 184 personas, de las cuales
alrededor de 75 por ciento perecieron por hipertermia, golpe de calor o deshidra-
tación. Aunque resulta claro que las condiciones ambientales de la región Sonora-
Arizona son de alto riesgo los migrantes siguen cruzando por ella, de allí que surge
el objetivo de este estudio: examinar la percepción de los migrantes sobre el riesgo
a las altas temperaturas. Con base en 27 entrevistas realizadas en albergues de Agua
Prieta y Ciudad Obregón, Sonora, se encontró que sólo una tercera parte de los
entrevistados consideraban las altas temperaturas un problema para su salud, por lo
que se concluye que esta minimización del riesgo se debe a un exceso y saturación de
peligros relacionados con la violencia hacia sus personas en su recorrido por México.
Palabras clave: 1. riesgo, 2. altas temperaturas, 4. percepción, 5. migrantes,
6. frontera.
Perception of Risk Due to High Temperatures on the Part
of Migrants Passing through Sonora
Abstract
From 2001 to 2013, a total of 2,184 people died in the southern border region of
Arizona. Approximately 75% of them perished from hyperthermia, heat stroke or
dehydration. Although the environmental conditions in the Sonora-Arizona region
clearly present a high risk, migrants continue to cross this region. Hence the aim
of this study was to examine the perception of migrants as to the risk of high tem-
peratures. Based on 27 interviews conducted in shelters in Agua Prieta and Ciudad
Obregón, in Sonora, Mexico, it was found that only a third of the migrants inter-
viewed considered the region’s high temperatures to be a health problem. This paper
concludes that this minimization of risk is due to an excess and saturation of dangers
associated with violence against migrants in their journey through Mexico.
Keywords: 1. risk, 2. high temperatures, 3. perception, 4. migrants, 5. border.
* El Colegio de Sonora. Dirección electrónica: rdiaz@colson.edu.mx
** El Colegio de Sonora. Dirección electrónica: jcalvario@colson.edu.mx
[238]
Introducción
En el período 2001-2013 murieron 2 184 personas en tránsito por
la frontera sur de Arizona (Humane Borders, 2014). De estas muer-
tes: 1 785 eran hombres y 377 mujeres, en 22 casos el sexo fue in-
determinado. Del total de migrantes el nombre de 33 por ciento de
ellos se desconocía; así mismo, el número de migrantes muertos en
el sur de Arizona aumentó más del doble de 2001 a 2002, y a partir
de ese año la cifra fue en ascenso.
Como ha sido estudiado, el incremento de estas muertes en la
frontera resultó de las políticas migratorias implementadas por el
presidente estadounidense William Clinton, que consistieron en el
aumento de presupuesto y personal de la Patrulla Fronteriza a par-
tir de 1993 y en la implementación de operativos como Operación
Bloqueo, Operación Guardián y Operación Escudo a mediados de
la década de 1990. Estos operativos concentraban al nuevo personal
en los corredores más transitados por los migrantes: San Diego, El
Paso, la parte central de Arizona y el sur de Texas (Alonso, 2013;
Nevins, 2002). El aumento del control y vigilancia a lo largo de la
frontera también fue acompañado de la estrategia “prevención por
disuasión” (prevention through deterrence), que aprovechaba las ba-
rreras geográficas naturales, tales como montañas y desiertos, para
disuadir la migración indocumentada (Cornelius, 2001). Esta polí-
tica produjo un incremento en las muertes por causas ambientales:
Hipotermia en las montañas y deshidratación y golpe de calor en
los desiertos (Cornelius, 2001).
Es un hecho que existe una región de alto peligro, sin embargo,
lo que los migrantes hagan o dejen de hacer ante un escenario de
riesgo depende en gran medida de sus ideas, valores o creencias.
Dentro de este contexto surge la importancia de estudiar su per-
cepción sociocultural del riesgo a las altas temperaturas. Para ello
se llevó a cabo un trabajo de corte cualitativo en el cual se incluyó
un total de 27 entrevistas semiestructuradas, realizadas en alber-
gues para migrantes ubicados en Agua Prieta y Ciudad Obregón,
Sonora, durante los meses de mayo, junio y julio de 2014 con los
siguientes temas: 1) Características sociodemográficas del entrevis-
239239DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
tado, 2) experiencia migratoria en el último viaje, 3) problemas o
dificultades en el último viaje, 4) opinión acerca del clima, 5) pre-
vención y atención de enfermedades debido al clima y 6) problemas
generales de salud durante el último viaje.
La pregunta base de esta investigación exploratoria es por qué el
clima, en particular el de alta temperatura, es considerado o no por
los migrantes un riesgo para su salud. A raíz de este planteamiento
y de una revisión conceptual se deduce que una de las principales
preocupaciones de los marcos socioculturales del riesgo es enten-
der lo que subyace en las actitudes y percepciones de los actores
sociales ante un escenario de riesgo (Douglas y Wildavsky, 1983;
Joffe, 2003). Como primer paso se hará un análisis de las respuestas
otorgadas a la pregunta –formulada a mitad de la entrevista– de si
consideran el clima un problema para su salud. Enseguida, se exa-
minarán las respuestas a dos preguntas abiertas realizadas al inicio
de la entrevista, relativas a los problemas previstos antes del viaje y
sobre los problemas surgidos durante el mismo.
Migración en la frontera México-Estados Unidos
y las altas temperaturas
Un corredor migratorio es la ruta que utilizan las personas nacidas
en un determinado país, o que tienen esa nacionalidad, para tras-
ladarse a otro país. El principal corredor migratorio en el mundo
es el de México hacia Estados Unidos, el cual en 2012 contaba con
12 189 158 migrantes y representaba casi seis por ciento del contin-
gente mundial (oim, 2013:62-64).
Los orígenes de este importante corredor se remontan a prin-
cipios del siglo xx, en lo que Massey, Durand y Malone (2009:34)
llaman “la era del enganche”, cuyo inicio coincide con la creación
de políticas restrictivas hacia la población procedente de Asia. En
esta época también ocurrió un movimiento de mexicanos que
huían de la violencia y de las consecuencias económicas adversas
de la Revolución Mexicana (Alarcón, 2011:190).
Otra gran y más reciente era de la migración inició en 1986 con
la aprobación de la Ley de Control y Reforma de la Inmigración (Im-
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017240240240
migration Reform and Control Act [por sus siglas en inglés, irca]).
Según lo describen estudiosos del tema: “de repente, a finales de
1986, un acuerdo histórico orquestado por el senador Alan Simp-
son (republicano de Wyoming) y el representante Peter Rodino
(demócrata de Nueva Jersey) logró milagrosamente establecer un
equilibrio entre los intereses de los cultivadores, los inmigrantes,
los latinos, los que abogaban por el libre comercio, los naciona-
listas y los empleadores para lograr la aprobación de la ley irca”;
gracias a esta ley se “legalizaron cerca de 2.3 millones de mexica-
nos indocumentados” a finales de la década de 1980 y principios
de 1990 (Massey, Durand y Malone, 2009:58).
De especial interés para este estudio es la parte restrictiva de
la ley irca: El reforzamiento de la vigilancia fronteriza. De acu-
erdo con Alarcón “mientras la amnistía se aplicó generosamente
de acuerdo a lo propuesto, las sanciones a empleadores nunca
han pasado de tener una importancia simbólica, y el verdadero
reforzamiento de la vigilancia fronteriza se dio hasta finales de
1993, cuando la administración del presidente Clinton decidió
adoptar esta política” (2011:202).
Todo comenzó con la Operación Bloqueo y control de la línea en
1993, que consistió en el aumento de vigilancia y la construcción
de un muro fronterizo de 20 millas entre las ciudades “gemelas” El
Paso, Texas y Ciudad Juárez, Chihuahua (Alonso, 2013:139-140).
Tras la Operación Bloqueo siguieron la Operación Guardián –que
incluía más de 80 millas de barda fronteriza– y la Operación Es-
cudo, que incluía un muro entre Ambos Nogales y las ciudades
de Douglas, Arizona y Agua Prieta, Sonora (Nevins, 2002). Los
ataques del 11 de septiembre de 2001 exacerbaron el número de
operaciones de seguridad interna de Estados Unidos, por mencio-
nar algunas: Acta Patriótica, 2001; Sistema de Seguridad Nacional
de Registro de Entradas y Salidas, 2002 (por sus siglas en inglés,
nseers); el programa bilateral México-Estados Unidos para la per-
secución de traficantes de migrantes (Operation Against Smugglers
[and traffickers] Initiative on Safety and Security [por sus siglas en
inglés, oasiss]) en 2005 y The National Security Strategy of the
USA, 2006 (Casillas, 2008; Slack et al., 2013).
241241DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
Las operaciones durante la década de 1990 tuvieron como fi-
nalidad detener el flujo de migrantes por los puertos de entrada
tradicionales (Nevins, 2002). No obstante, estos puertos y sus res-
pectivos muros apenas representaban pequeños segmentos de los
3 152 kilómetros de la frontera entre México y Estados Unidos,
por lo que el aumento de vigilancia en estas zonas fue ensambla-
do con barreras geográficas naturales, como montañas y desiertos
abrasadores para disuadir el cruce de indocumentados (Cornelius,
2001). A principios de 1993 se encargó a Sandia National Labora-
tories un estudio de nuevos métodos para aumentar la seguridad
en la frontera, en el cual se recomendó que la Patrulla Fronteriza
se enfocara en la prevención de entradas ilegales disuadiendo a las
personas de migrar en lugar de tratar de detenerlas en la frontera
o en el interior del país, recomendación que se convirtió en el
fundamento de la política prevención por disuasión. Según Cor-
nelius (2001:662): “el informe Sandia recomienda diversas medi-
das para aumentar la dificultad de entrar ilegalmente, incluyendo
la instalación de múltiples barreras físicas y el uso de equipos de
vigilancia electrónica avanzada”.
Como resultado de estas operaciones –que cerraron el flujo de
migrantes por las ciudades de cruce habituales– el tráfico de mi-
grantes fue empujado hacia zonas inhóspitas de Arizona, creando
lo que se llamó el “efecto embudo” ( funnel effect) (Rubio-Golds-
mith et al., 2006). Este efecto ha sido constatado con datos pre-
vios (1990-1999), donde fueron recuperados en una década 125
cuerpos sin vida en el condado de Pima, versus 802 cuerpos re-
cuperados durante el quinquenio en el que ya se había advertido
dicho efecto (2000-2005), (Rubio-Goldsmith et al., 2006). Este
cambio migratorio también es señalado por Alonso (2013:205),
quien se planteó la siguiente pregunta: “¿Dónde y cuándo mueren
más las/os migrantes?”. La respuesta es concisa: “[En] los desiertos
y [durante] las temporadas de calor”.
Según información de Humane Borders (2014), la ubicación
geográfica donde fueron encontrados los 2 184 cadáveres se puede
ver en el siguiente mapa.
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Mapa 1. Ubicación de cadáveres en el sur de Arizona (2001-2013)
Fuente: Elaboración propia con base en datos de Humane Borders (2014).
Como se observa, la mayor parte de los cadáveres fueron en-
contrados entre las longitudes de Sonoita y Nogales. La frecuencia
por año en la que fueron reportadas las víctimas se muestra en el
cuadro 1, donde se podrá ver que el número de muertes en el sur
de Arizona aumentó más del doble de 2001 a 2002.
Cuadro 1. Frecuencia del número de muertes por año
Año 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 Total
Frecuencia 77 149 154 170 193 171 214 161 189 223 177 156 150 2 184
Fuente: Elaboración propia con base en datos de Humane Borders (2014).
243243DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
Las causas de muerte de estas personas, según los reportes de
Humane Borders (2014) fueron: Exposición (44.5 %), traumatismo
(6.6 %), herida de bala (2.5 %), ahogamiento (1.4 %), accidente
en vehículo de motor (1.2 %), otra enfermedad (1.7 %), otra lesión
(1.0 %), homicidio (0.9 %) y no especificado (40.3 %), incluyendo
en esta última las variables: No reportada, restos esqueléticos, no
determinado y pendientes. Si descartamos los casos en que no fue
especificada la causa de muerte, resulta que 74.5 por ciento mu-
rieron por exposición. En esta causa de muerte se consideran la
hipertermia, el golpe de calor y la deshidratación, derivadas de la
exposición a los elementos del ambiente.
La información presentada hasta aquí indica una clara relación
entre las condiciones climáticas –en particular, las altas temperatu-
ras– y las muertes de las y los migrantes en la zona fronteriza del
sur de Arizona.
Enfoque conceptual-metodológico del riesgo
Ante el creciente número de muertes de migrantes ocurridas en la
frontera entre México y Estados Unidos, a partir de la década de
1990 se publicaron los primeros estudios referentes al peligro que
esta población enfrenta (Cornelius, 2001). Poco tiempo después
aparecerían los primeros trabajos en los que se explicita la relación
entre migración y riesgo, uno de ellos de carácter más conceptual
(Ruiz, 2001) y otro orientado al caso de la migración centroameri-
cana en la frontera Guatemala-México (Ruiz y Red de las Casas del
Migrante-Scalabrini, 2001).
El concepto de riesgo abarca una gran variedad de usos: Desde
cálculos técnicos sofisticados y complejos, hasta enfoques de índole
histórica y cultural (Ruiz, 2001). El concepto mismo tiene un origen
incierto, debido a que entre algunos de sus principales exponentes
teóricos no existe un claro consenso acerca de las raíces históricas
del vocablo: Pudo originarse en el mundo árabe entre los siglos xv
y xvi o haber surgido en Francia, en el siglo xvii (Luhmann, 2006;
Douglas, 1996). De lo que sí existe un consenso claro es acerca de
la importancia del término en las sociedades modernas. Para Beck
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(1992:21) “riesgo puede ser definido como una manera sistemática
de tratar con los peligros e inseguridades inducidos e introducidos
por la modernización por sí misma”.
Dentro del enfoque técnico del riesgo pueden ubicarse los traba-
jos realizados desde diversas disciplinas cuya finalidad es calcular
la probabilidad de daño (Luhmann, 2006; Beck, 1992). En esta
aproximación probabilística, los científicos o expertos evalúan los
riesgos como hechos objetivos, con el fin de alertar a un público
lego acerca de las amenazas que le acechan. Es necesario aclarar que
este enfoque, aún con sus limitantes, como sustento teórico endeble
en muchos de sus estudios (Álvarez, 2008), es el más conocido en la
sociedad actual (Beck, 1998).
Existe otro enfoque que entiende el riesgo como un proceso
sociohistórico. En este planteamiento se ubica la llamada sociolo-
gía de los desastres. Desde este enfoque, la vulnerabilidad es un
elemento indispensable e indisociable del riesgo. De acuerdo con
esto, el riesgo o daño resulta de la combinación “de la probabili-
dad de ocurrencia de eventos peligrosos y de la vulnerabilidad de
los elementos expuestos a tales amenazas” (Cardona, 1993:50). Esta
definición acentúa el hecho de que el evento natural no es suficien-
te para producir un desastre, sino que requiere de condiciones de
vulnerabilidad, razón por lo cual “los desastres no son naturales”
(Maskrey, 1993), tal y como los especialistas de La Red de Estudios
Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED)
establecieron. De acuerdo con esta perspectiva, el desastre es produ-
cido por un proceso sociohistórico. Como Lavell (2000:37) afirma:
“Los grandes desastres se construyen sobre la historia de los pe-
queños. Se construyen en el contexto de procesos sociales, cambios
ambientales, etcétera, que se dan al final de cuentas en localidades
y zonas fractalizadas de un país o región”.
El riesgo intersubjetivo será el enfoque central del presente tra-
bajo. Diversos autores han señalado una discrepancia entre lo que
evalúan los expertos y lo que estiman las personas afectadas. Según
estudiosos del tema, uno de los problemas que ha dejado perple-
jos a los “expertos” del análisis de riesgo es por qué algunos even-
tos relativamente menores, según ellos, frecuentemente despiertan
245245DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
fuertes preocupaciones u oposiciones entre el público (Kasperson et
al., 1988; Douglas, 1996). Un ejemplo de esto ocurrió a finales del
siglo pasado, cuando la “comunidad nuclear” se preguntaba por qué
existía una “exagerada” percepción pública de los peligros relaciona-
dos con este tipo de producción de energía (Douglas, 1996:47). Por
supuesto, la fórmula puede ser invertida, ya que el público puede
“atenuar” o minimizar riesgos considerados como significativos por
los “expertos” (Kasperson et al., 1988:179). Esta discrepancia es un
área de estudio fundamental para la prevención del daño, pues se
presupone que las personas que no identifican los peligros del en-
torno o los juzgan inofensivos o improbables, difícilmente estarán
preparadas o tendrán la actitud necesaria para hacer frente a los
peligros una vez que éstos ocurran.
Sin duda alguna el término “percepción” es el más recurrente
para referirse al riesgo subjetivo y que ha sido utilizado por diver-
sas disciplinas como la geografía, la antropología, la sociología y
la psicología (Slovic, 1987:281). Los psicólogos desde la década de
1950, en trabajos como los de Edwards (1954), se han interesado en
cómo la gente percibe los riesgos; por esta razón, esta disciplina se
posicionó inicialmente como la encargada de entender el fenómeno
(Slovic et al., 2004). Este tipo de investigación se ha centrado en
los procesos cognitivos que se producen cuando los seres humanos
se enfrentan a riesgos. De acuerdo con Joffe (2003), el problema
principal de estos modelos, centrados en las nociones de falibilidad
o imperfección del procesamiento de información humana, es que
al comparar los “datos duros” del conocimiento científico con el
saber lego, terminan considerando al público con una falla, una de-
ficiencia, un error intelectual o probabilístico. Sin embargo, cuando
se piensa acerca de un riesgo, la persona no se limita a procesar los
“datos duros”, sino que también considera la carga emotiva y sim-
bólica del peligro. Como fue establecido por Slovic (2000): “aunque
la percepción del riesgo fue originalmente vista como una forma
deliberativa y procesamiento de información analítica, con el paso
del tiempo hemos comenzado a reconocer cómo es altamente de-
pendiente de la intuición y de la experiencia, guiado por procesos
emocionales y afectivos”.
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017246246246
Como una alternativa a este enfoque psicométrico del riesgo está
la perspectiva cultural. Según este enfoque, no hay tal irracionalidad
o falta de información de las personas, pues el riesgo no es un ente
material objetivo, sino una construcción colectiva de los miembros
de una sociedad. Para Douglas y Wildavsky (1983), cada cultura,
cada conjunto de valores compartidos y de apoyo a las instituciones
sociales, se inclina a destacar ciertos riesgos y minimizar los demás.
Lo anterior implica transitar de la noción de la percepción del riesgo
como un juicio individual intuitivo, a un juicio moral de carácter
colectivo, pues cada sociedad minimiza la percepción de ciertos pe-
ligros y enfatiza otros mediante un sesgo cultural (Douglas, 1996).
Otro enfoque que reclama no sólo el carácter subjetivo del ries-
go, sino el carácter intersubjetivo del mismo, lo encontramos en las
representaciones sociales. Al igual que la perspectiva culturalista del
riesgo, la teoría de las representaciones sociales (en adelante trs)
no busca evaluar si la respuesta al riesgo es correcta o errónea, sino
indagar el por qué y el cómo de esta respuesta. De acuerdo con
Joffe (2003:68), la trs supone que las personas construyen riesgos
a través de la óptica y las experiencias de grupo, tanto en términos
de la situación a la que están expuestas, como a las desgracias pasa-
das; es decir, la trs examina cómo el “nosotros” entra y configura
las representaciones del “yo”. Para los estudiosos de la trs, nuevos
riesgos están anclados a los peligros conocidos, por lo que existen
numerosos estudios que exploran las continuidades y las disconti-
nuidades entre las representaciones actuales y pasadas de objetos
sociales aparentemente similares. Por esta razón, muchos estudios
de representaciones sociales enfatizan la influencia sociohistórica,
más que cognitiva, en el pensamiento del riesgo (Joffe, 2003:63).
Este trabajo no tiene la intención de agotar el tema de las aproxi-
maciones académicas sobre la intersubjetividad del riesgo. Después
de todo, como algunos expertos establecen, lograr un enfoque in-
tegral es aún una tarea pendiente (Kasperson et al., 1988:180). No
obstante, la falta de una aproximación holística, partiendo de la
premisa empírica de que en última instancia lo que hagan o dejen
de hacer las y los migrantes ante un escenario de riesgo no depen-
derá de los expertos sino de sus propias ideas, valores y creencias, en
este estudio exploratorio se examina el riesgo desde su perspectiva.
247247DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
Otra postura fundamental de este trabajo es que rechaza, al igual
que la perspectiva culturalista y las representaciones sociales del
riesgo, la noción psicométrica de que la falta de percepción de un
riesgo se deba a un error probabilístico o cognitivo. En este sentido,
indagar el motivo de sus respuestas será una tarea prioritaria. Re-
chazar la aproximación predominantemente cognitiva implica que
también se considerarán las experiencias, las emociones y las signi-
ficaciones de los migrantes. Así mismo, es importante indicar que
las respuestas no se buscarán en el ámbito individual de los entre-
vistados, sino en las explicaciones socioculturales de la percepción
del riesgo para la salud, es decir, recuperando la perspectiva social
y cultural de las narrativas de los migrantes (Menéndez, 1998:38).
Área de estudio
La condición transitoria de los migrantes dificulta la tarea de ob-
tener una cifra exacta de esta población; no obstante, la Comisión
Estatal de Atención al Migrante de Sonora calculó que alrededor de
90 000 migrantes llegan cada mes a este estado (Valdez, 2007). Los
migrantes se enfrentan a una región con alta variabilidad climáti-
ca intraestacional, interanual e interdecadal que contribuye a fenó-
menos climáticos extremos como las sequías (Magaña y Conde,
2000). De acuerdo con el sistema de clasificación del clima de Köp-
pen-Geiger, la mayor parte de la región Sonora-Arizona (mapa 1) es
clasificada cómo árida y semiárida cálida desértica (BWh y SWh).
Por ende, lo anterior nos lleva a considerar que en esta región exis-
ten zonas en las que no hay abastecimiento de agua y la evaporación
potencial excede la precipitación hasta zonas donde solamente hay
de 38 a 76 cm anuales de precipitación (Strahler, 1973:168-169).
Además, esta región es seca-caliente y se caracteriza por una tem-
peratura media anual mayor a los 18 °C que durante el verano llega
a alcanzar alrededor de los 50 °C (smn, 2012), lo cual es un grave
problema para la salud (Díaz et al., 2014).
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017248248248
Metodología
La técnica de recolección de datos utilizados en este trabajo fue
la entrevista. El guión temático de la entrevista es el siguiente: 1)
Características sociodemográficas del entrevistado, 2) experiencia
migratoria en el último viaje, 3) problemas o dificultades en el úl-
timo viaje, 4) opinión acerca del clima, 5) prevención y atención
de enfermedades debido al clima y 6) problemas generales de salud
durante el último viaje.
Los participantes fueron entrevistados en dos centros de aten-
ción a migrantes (albergues) dirigidos por asociaciones religiosas:
La Casa del Pobre y del Migrante “El Buen Samaritano” de Ciudad
Obregón y el Centro de Atención al Migrante Exodus, de Agua
Prieta. Ciudad Obregón está enclavada en la ruta del Pacífico, la
cual va desde Guadalajara hasta Baja California (Casillas, 2008).
Aunque no está ubicada en la zona fronteriza, por esta ciudad pa-
san migrantes que van a Agua Prieta, Nogales, Altar, Caborca, San
Luis Río Colorado, Mexicali y Tijuana. Agua Prieta es una ciudad
fronteriza que, aparte de recibir migrantes en tránsito como Ciudad
Obregón, también recibe migrantes recién deportados.
Estos centros migrantes fueron elegidos porque se conocía con
anterioridad a las personas encargadas. Además, los centros de aten-
ción son los sitios ideales para entrevistar a los migrantes porque es
un lugar donde se sienten seguros y están más tranquilos en su viaje,
pues pueden hospedarse unos días allí.
El criterio de inclusión de las personas entrevistadas fue simple-
mente que fueran o vinieran de Estados Unidos; cabe mencionar
que nunca se buscó una nacionalidad en particular, simplemente se
acudía al patio de los centros y se invitaba a participar a la primera
persona que se encontrara. Algunos datos sociodemográficos bá-
sicos de las 27 personas entrevistadas se presentan en el cuadro 2.
249249DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
Cuadro 2. Información sobre las personas entrevistadas
Lugar de
entrevista
Mes de
entrevista
Lugar
de origen
/sexo
Edad
(años)
Clima
problema
Enfermar
personal
Enfermar
otros
OB Mayo Hondureño 21 No Sí No
OB Mayo Mexicano 29 No No No
OB Mayo Mexicano 41 No Sí No
OB Mayo Hondureño 26 Sí No Sí
AP Mayo Hondureño 30 No No No
AP Mayo Mexicano 20 Sí Sí Sí
AP Mayo Mexicano 27 Sí Sí No
AP Mayo Mexicana 43 No No No
OB Junio Mexicano 27 No No No
OB Junio Hondureño 23 Sí Sí Sí
OB Junio Hondureño 22 No No Sí
OB Junio Mexicano 44 No No Sí
AP Junio Hondureño 24 Sí Sí Sí
AP Junio Hondureño 53 Sí Sí No
AP Junio Hondureño 39 No No No
AP Junio Mexicano 31 No No No
AP Junio Mexicano 30 No No No
AP Junio Mexicano 44 No No Sí
OB Julio Mexicano 27 Sí Sí Sí
OB Julio Mexicano 35 No No No
OB Julio Mexicano 33 No No Sí
OB Julio Mexicano 42 Sí Sí Sí
AP Julio Hondureño 44 No No No
AP Julio Hondureño 44 No Sí No
AP Julio Hondureño 40 No No No
AP Julio Mexicano 39 Sí Sí Sí
AP Julio Guatemalteco 40 No No No
Nota: AP (Agua Prieta), OB (Ciudad Obregón).
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017250250250
Como se observa en la primera columna, 12 personas fueron en-
trevistadas en Ciudad Obregón y 15 en Agua Prieta. Así mismo,
puede apreciarse que existe cierto balance entre el número de per-
sonas entrevistadas en un lugar y otro. Además de este equilibrio y
con el fin de evitar sesgo si se hubieran hecho todas las entrevistas
en un mes, éstas se efectuaron en ambos sitios durante tres meses
continuos, comenzando un mes anterior al verano y terminando a
mediados de esta estación (segunda columna, cuadro 2); se entrevis-
tó a ocho personas en mayo, diez en junio y nueve en julio, con una
edad promedio de 34 años, siendo que la persona más joven tenía
20 años y la mayor 53. De éstas, 15 eran de nacionalidad mexicana,
11 hondureños y un guatemalteco, registrándose sólo una mujer,
mexicana.1 Al respecto, no es que hubiera existido un rechazo de
mujeres a ser entrevistadas, sino que en realidad, en los centros se
observaba un muy reducido número de ellas. Las últimas tres co-
lumnas del cuadro 2 serán discutidas en la sección de resultados.
A todas las personas entrevistadas se les solicitó su consentimien-
to informado verbal, reiterando el carácter voluntario de su partici-
pación y la confidencialidad de sus datos. Igualmente se les pidió
permiso para audiograbar las entrevistas, que fueron transcritas
posteriormente. Para construir y organizar los ejes analíticos resul-
tantes de la información empírica se utilizó el programa NVivo,
versión 10.
Por último, vale la pena aclarar que durante la conversación con
los migrantes los entrevistadores nunca utilizaron la palabra “ries-
go” para evitar un posible sesgo o malentendido por parte de los
informantes; el estudio del riesgo se realizó en las fases de codifi-
cación y análisis de las entrevistas.
Resultados y discusión
Casi a la mitad de la conversación se preguntó a las personas en-
trevistadas si consideraban el clima un problema para su salud y el
1 Cabe apuntar que en una de las últimas entrevistas los participantes eran miem-
bros de una familia en la que la mujer sí participó, aunque poco al principio. Fi-
nalmente fue el hombre quien tuvo mayor parte en la entrevista, por tal razón se
consideró a éste último como el entrevistado.
251251DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
motivo de su respuesta. Debido a las características climáticas de
la región Sonora-Arizona y al elevado número de muertes relacio-
nadas con el calor de esta región, se esperaba que una mayoría res-
pondiera que sí consideraban el clima –particularmente las altas
temperaturas– un problema. Sin embargo, sólo nueve de los 27
entrevistados contestaron afirmativamente (quinta columna, cua-
dro 2). De forma inesperada para los investigadores esta respuesta
no cambió considerablemente conforme iba incrementándose la
temperatura de mayo a julio, pues en los tres meses de trabajo de
campo, la respuesta afirmativa siempre fue menor.
De los nueve casos afirmativos, ocho dijeron haber padecido
alguna enfermedad asociada al calor (sexta columna, cuadro 2).
Del primero se supo que le “ardieron las fosas nasales” (anónimo,
hondureño, 53 años, AP, junio de 2014). En el segundo caso, este
problema surgió en el trayecto: “Fiebre, a mí me agarró fiebre, un
chingo de calor, calentura” (anónimo, hondureño, 23 años, CO,
junio de 2014); cuando se le preguntó a este último si la calentura
se debía a la gripa, respondió: “No, por el calor, veníamos arriba
[del tren], puro fierro y arriba un calorón”. Y uno más contó que
se había deshidratado durante su corta estancia en Mexicali, don-
de esperaba cruzar la frontera (anónimo, mexicano, 42 años, CO,
julio de 2014).
Las cinco personas restantes habían tenido una experiencia
distinta en su cruce por lugares inhóspitos de la frontera Sonora-
Arizona: tres de ellas por el Desierto de Altar (véase Sásabe en
mapa 1) y dos por la región de Agua Prieta. Una de ellas, entrevis-
tada en Agua Prieta y que recién había cruzado por Sásabe, dijo
que el clima sí fue un problema para su salud: “Porque está muy
exagerado el calor, uno que no está impuesto, más que nada se
debilita uno con el calor siempre”. Y agrega más adelante: “Nos
deshidratamos ahí, bien asoleados, y más que nada bien acabados
casi, porque todo el power se fue a la roña porque nos dio para
abajo el sol pues, siempre se debilita uno” (anónimo, mexicano,
20 años, AP, mayo de 2014).
Al momento de cruzar la frontera por Sonora-Arizona, el problema
no es únicamente el calor, sino la combinación de éste con otros ele-
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017252252252
mentos físicos, quedando claro en la experiencia narrada por un mi-
grante entrevistado en Agua Prieta que había cruzado por esa región:
Porque no tomaba agua, o sea, a lo que voy, vas caminando y tu boca
va seca pues, no sudas, pero tu boca con el aire se va resecando, y la
garganta, y la tos, y se te va cerrando, y ya por la tarde pues sí hace
calor, empieza a salir el sol, pero en la tarde o sea, lo que es el día, tú
estás durmiendo, descansando, pero sí hace calor, y ya en la noche
cuando ya se empieza a meter el sol, como allá es puro cerro, se mete
el sol un poquito más rápido, se esconde, empieza como de eso de
las 6 o 7, ya se empieza a correr un viento pero fuerte, resoplante, es
el que también te agobia mucho pues, te acaba, y como andas arriba
en el cerro, no pues peor arriba (anónimo, mexicano, 27 años, A P,
mayo de 2014).
Haber experimentado el peligro de morir al cruzar por lugares
inhóspitos deja una profunda impresión en estas personas. El mi-
grante de la cita anterior era un deportado que intentaba volver a
Estados Unidos para estar con su hijo de nueve años, y tuvo que
caminar durante varios días por la región de Agua Prieta, se torció
el tobillo y fue abandonado por su grupo, por lo que estuvo al borde
de la muerte. Sobre cómo quedó después de ese duro suceso, narró
lo siguiente:
todavía siento que mi espíritu anda allá, todavía me imagino los mon-
tañones ahí solo, acostado nomás viendo en la noche, tres noches acos-
tado nomás pensando pues en mi papá, en mi familia, en mi hijo. Y
no, o sea, sí lloré allá, sí llegué a llorar, a la segunda noche sí lloré, sí lle-
gué a llorar porque digo: Ya me voy a morir. No encontraba la salida,
no la encontraba, pero yo sentía que como que algo me decía: Párate,
todavía puedes caminar. Y hasta que encontré la salida.
De esto último, pueden sustraerse dos interpretaciones interesan-
tes. En primer lugar la referencia cruda, tajante, a la posibilidad de
la muerte en medio de la nada, y al mismo tiempo, la manera en
que encontró fuerza física y emocional para salir avante. En el in-
tersticio de este proceso psicoemocional frente a la amenaza, nuestro
253253DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
informante hace un reconocimiento sobre su fragilidad emocional al
decir: “Sí llegué a llorar”. Dicha expresión la hace sin tapujos, en el
entendido de que está subvirtiendo una normativa social que dicta
que “los hombres no lloran”. Tal experiencia migratoria, en este caso
extenuante, dramática y extrema, hizo que el entrevistado hiciera una
apertura emocional poco común en los varones. Así, el gradiente am-
biental figuró como factor decisivo para su experiencia, además de
reconocer el grado de peligro, en su caso las altas temperaturas.2
El caso restante, un migrante hondureño que mientras estaba
preso por haber entrado por cuarta vez de forma indocumentada a
Estados Unidos se enteró de que un amigo había fallecido (séptima
columna, cuadro 2), afirmó que el clima era un problema, pero que
él no había experimentado alguna enfermedad. Sobre esto expresa:
“Lo encontraron muerto en el desierto. Lo único ahorita, el peligro
que tenemos es del desierto, caminando da calor, porque mi amigo se
vino para esta temporada y sólo vino a morir” (anónimo, hondureño,
26 años, CO, mayo de 2014).
El hecho de que los nueve entrevistados que consideraron el clima
un problema para su salud hayan tenido una experiencia de este tipo
o un tercero cercano, revela una asociación entre la percepción y la
experiencia previa. Sin embargo, el haber enfermado de calor o saber
de otros que enfermaron por esta causa, no siempre fue razón sufi-
ciente para considerar el clima un problema para su salud. Tal es el
caso de un migrante entrevistado en Ciudad Obregón que iba rumbo
a Mexicali, quien narró que dos años antes se había desmayado en
Sonoita, Sonora. Comentó que el Grupo Beta les auxilió a él y sus
acompañantes:
El Grupo Beta se los llevó a ellos para la Casa del Migrante y dos de los
del grupo Beta se quedaron conmigo ahí. Luego cuando me levanté
como a las cinco horas volteo a ver y pues volteo a ver al doctor y estoy
2 El enfoque de género orientado a las identidades masculinas también puede con-
tribuir al entendimiento de la construcción social de los riesgos y a la percepción de los
mismos (Calvario y Díaz, 2017). La mayoría de las personas que estaban en el albergue
cuando se realizaron las entrevistas eran varones en edad productiva de entre 20 y 53
años. Habían sorteado los peligros bien porque vivían en condiciones muy difíciles y no
tenían otra opción, debido a que una práctica social masculina aceptada consiste en vivir
aventuras y exponerse a riesgos como parte de la construcción de identidades masculinas.
En un futuro consideramos factible analizar los datos a la luz de las identidades de género.
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017254254254
en un hospital y dije yo: ¿Qué pasó?, ¿dónde estoy?, les digo yo. Esta-
ban los muchachos de anaranjado, un pantalón como gris, me parece.
¿Qué pasó?, les digo, ¿dónde estoy? “Estás en el hospital, estás grave,
estás enfermo, te deshidrataste”. Ok, con razón me siento mareado,
me siento mal. Sí, les digo, me siento mal, la cabeza siento que me da
vuelta, siento que todo esto da vuelta no sé qué me pasará. Y pues ya
llegaron a chequearme y todo pues que te deshidrataste, llegaron a po-
nerme suero, suero y suero y a tomar medicina (anónimo, hondureño,
21 años, CO, mayo de 2014).
A pesar de la dura experiencia, este migrante no considera el cli-
ma un problema para su salud. Cuando se le preguntó el por qué de
su respuesta, dijo que el clima era “un poco fresco” en comparación
con su ciudad de origen, en Honduras.
Es difícil decir con certeza por qué 18 personas no consideraron
el clima un problema para su salud. Posiblemente para los estudio-
sos de la percepción desde un enfoque psicométrico la respuesta
de este grupo de migrantes se deba a una falta de conocimiento o
a un error cognitivo del peligro. Sin embargo, de acuerdo con los
enfoques socioculturales del riesgo, resulta fundamental indagar la
razón de estas respuestas: qué experiencias, ideas y emociones hay
detrás de este aparente desconocimiento (Joffe, 2003). Los migran-
tes no son simples individuos receptores de información sino que,
como grupo, han tenido eventos y vivencias que pueden explicar su
percepción –o falta de ella– ante el peligro climático.
La mejor herramienta con la que se contó para examinar lo ex-
puesto en el párrafo anterior, son dos preguntas abiertas formuladas
al inicio de la entrevista. Estas preguntas fueron diseñadas para te-
ner la oportunidad de conocer, antes de pasar al tema del clima y su
salud, cuáles eran sus preocupaciones y problemas experimentados.
Una pregunta fue sobre los problemas previstos antes de emprender
el trayecto y otra sobre los problemas surgidos durante el viaje. Las
respuestas a estas cuestiones (cuadros 3 y 4) resultan de gran valor
para entender por qué el clima no fue considerado un problema.
Las respuestas a la pregunta sobre qué problemas o dificultades
pensaron que tendrían durante el viaje antes de salir de su lugar de
origen, se muestran en el cuadro 3.
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Cuadro 3. Problemas o dificultades previstas
Problemas o dificultades previstas Frecuencia
Secuestros o asaltos 9
No pensó en problemas o dificultades 4
Detención por autoridades migratorias mexicanas 3
Morir en el viaje 2
Detención por autoridades migratorias de Estados Unidos 2
Animales venenosos del desierto 1
El narcotráfico de Altar-Caborca 1
Dónde residir en Estados Unidos 1
Encontrar trabajo en Estados Unidos 1
Delincuentes de Sufragio Efectivo, Sinaloa 1
Extorsión de la policía mexicana 1
Se encuentra que, en primer lugar, los migrantes mencionaron
los secuestros o asaltos por parte de grupos delictivos. Por ejemplo,
un migrante respondió:
Se escucha mucho de los problemas que hay en los trenes, en las es-
taciones de los trenes, que vienen muchos extorsionadores y muchos
pandilleros, que hay en las vías de los trenes mucho “bajador”. Y ese
era mi temor y sí salieron, salieron ahí en Medias Aguas en Veracruz,
porque ahora le están cobrando a la gente para subir al tren una cuota
de 100 dólares y si no lo tienen no lo dejan subir al tren. O si subes sin
permiso te andan tirando del tren, pero uno como sea se la tiene que
rifar, porque de dónde va a sacar 100 dólares uno, pues digo yo que
sería rico con 100 dólares en ese momento (anónimo, hondureño, 44
años, AP, julio de 2014).
En segundo lugar, están quienes respondieron que no pensaron
en algún problema o dificultad al momento de salir. Por ejemplo,
un migrante comentó: “Pues la verdad no pienso, nomás pienso
en pasar y mi pensamiento es que va a salir todo bien según yo, no
pienso” (anónimo, mexicano, 30 años, AP, junio de 2014).
Tercero, están los entrevistados que previeron como dificultad
su detención por parte de autoridades mexicanas. Llama la aten-
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017256256256
ción que este problema haya sido más mencionado que la deten-
ción por autoridades estadounidenses, lo cual podría pensarse que
es uno de los principales problemas a enfrentar.
Así mismo se puede observar que dos personas mencionaron la
muerte como un problema o dificultad. Una de ellas expresaba
esta inquietud:
Pues lo que le preocupa a uno es la muerte, viene decidido a todo uno,
hasta perder la vida en el camino. Uno no sabe si ese tren nos hace
pedazos en el camino, es que uno en el tren se viene y algunos que los
avientan del tren y ni saben su familia de ellos, quién los tiró ni nada,
quién los avienta del tren, no se da cuenta la familia. Ahí se muere, ahí,
ya no saben nada (anónimo, hondureño, 39 años, Ciudad Obregón,
junio de 2014).
Lo que este migrante expresa es algo que podría considerarse un
riesgo aceptado. A diferencia de los casos donde existía cierta desaten-
ción del peligro, él parece estar consciente de ello, incluso sabe que
puede derivar en la muerte, a la que se enfrenta durante el trayecto.
No obstante, en las respuestas presentadas influyó lo ya experi-
mentado durante el viaje y vuelve muy difícil saber lo que ciertamente
pensaban al salir. Pero esto no es lo importante, ya que lo significativo
de estas respuestas es que ninguno mencionó que preveía el clima
como un problema al momento de emprender el viaje. Es de notarse
que no mencionaron esta previsión, incluyendo aquellos nueve que
durante la entrevista contestaron que consideraban el clima un pro-
blema para su salud. Con la información del cuadro 3 también que-
da claro que los problemas o dificultades previstas por los migrantes
estaban más relacionadas con la violencia e inseguridad: Secuestros,
asaltos, muertes violentas, detenciones, etcétera.
Para reforzar esta información ahora revisaremos las respuestas ob-
tenidas a la pregunta sobre los problemas o dificultades que surgieron
durante el trayecto (cuadro 4). Como es claro, ésta ya no es una pre-
gunta acerca del riesgo percibido, sino del daño de facto. Es necesario
aclarar que aunque la pregunta se refería a lo ocurrido en el último
viaje, las y los migrantes espontáneamente también aludían a expe-
257257DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
riencias pasadas, lo que también resultó de vital importancia para este
trabajo, pues indican el contexto que perciben y experimentan.
Cuadro 4. Problemas durante el trayecto
Problemas durante el trayecto Frecuencia
Extorsión y/o maltrato de la policía mexicana 8
Falta de dinero durante el viaje 6
Hostilidad de la población 5
Peligro de muerte durante el cruce de la frontera 5
Asalto en el tren 3
Secuestros 3
Golpes de calor en el tren 2
Accidente en el tren 2
Asaltos (fuera del tren) 2
Asesinato de un amigo 1
Ser arrojado del tren 1
Asesinato de un compañero de viaje 1
Falta de un lugar seguro durante el viaje 1
En el cuadro 4 se observa los problemas ocurridos únicamente
durante el trayecto, no en el lugar de origen o destino, que también
fueron diversos. Ocho personas mencionaron la extorsión o el mal-
trato por parte de policías mexicanos durante sus viajes: A cuatro
de ellos les pidieron dinero para dejarlos pasar (en algunos casos
100 pesos y en otros hasta 300), a dos de ellos los golpearon y a dos
más los intentaron extorsionar porque los confundieron con centro-
americanos, pero gracias a que traían identificación demostraron su
ciudadanía mexicana.
Aunque la falta de dinero es una constante entre los migrantes,
sólo seis personas lo mencionaron como uno de los problemas prin-
cipales. Cuando esto sucede se recurre a los albergues, se busca un
trabajo temporal o ambas cosas. Por ejemplo, una pareja hondureña
que viajaba con dos hijos pequeños tuvo que trabajar un tiempo
en Monterrey porque se les había acabado el dinero, por lo que él
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017258258258
trabajó descargando camiones en el mercado de abastos y ella como
mesera. Estuvieron en esa ciudad alrededor de dos semanas, vivien-
do unos días en un hotel y otros días en un albergue (anónimo,
hondureño, 44 años, AP, julio de 2014).
Otras cinco personas mencionaron la hostilidad de la población
como un problema. Esta hostilidad fue desde “miradas raras” y fra-
ses ofensivas, como cuando iban a pedir trabajo y les decían: “No,
no, ahorita no hay, lárguese” o “Aquí te vamos a llevar con la migra
para que te lleve”, llegando incluso a agresiones físicas, como relató
un migrante, quien después de trabajar por una semana en un taller
de Ciudad Juárez, el dueño del taller no le pagó y aparte lo golpeó.
Fue así que cuando se le preguntó sobre su oficio y experiencia de
hostilidad hacia su persona, contestó:
Pintor, y ya trabajé una semana y así, y el dueño agarró un tubo y me
pegó en la espalda y me dijo que si yo no me iba del taller iba a llamar
a la policía para que me metieran preso. Pero no lo hice por miedo a
mí, yo tengo mis papeles que me avalan, que yo tengo trámites hechos
aquí y migración no me puede agarrar mientras no salga algo allí de
producción para mí, para el otro moreno sí, él no tenía papeles (anóni-
mo, hondureño, 40 años, AP, julio de 2014).
De igual manera, cinco personas mencionaron que el problema
principal fue el peligro de muerte durante el cruce de la frontera por
un lugar inhóspito. Tres de ellas habían cruzado recientemente y dos
lo habían hecho en viajes anteriores. Respecto a este tipo de problema
se narraron dos testimonios al inicio de esta sección.
Tres personas dijeron haber sido asaltadas en el tren, una de ellas
durante el trayecto de Empalme a Ciudad Obregón, quien al momen-
to de la entrevista, tenía una rodilla enyesada y usaba muletas para
apoyarse. Se trataba de un migrante deportado seis meses antes, quien
al decidir volver a su lugar de origen, en el centro de México, resolvió
hacerlo por tren para ahorrarse 2 700 pesos. Según reflexiona, ese fue
su error, debido a que en Empalme se subieron cinco “chavos” en un
vagón contiguo. El tren avanzó y comentó que él y un compañero de
viaje se sentían seguros hasta que, casi llegando a Ciudad Obregón, el
259259DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
grupo de “chavos” se pasó al vagón donde se encontraban ellos. Des-
pués de insultarlos, amenazarlos con un cuchillo y golpearlos a puñe-
tazos, les quitaron sus pertenencias. Al final, ya casi llegando a Ciudad
Obregón, los arrojaron del tren por la puerta del vagón cuando éste
todavía iba veloz (mexicano, 27 años, CO, julio de 2014).
Tres personas más fueron secuestradas en viajes pasados. Uno fue
secuestrado por unas horas en Tamaulipas, lo golpearon, le pregunta-
ron de dónde venía y luego lo dejaron libre (mexicano, 41 años, CO,
mayo de 2014). Otro más fue secuestrado en Matamoros. Dijo que a
sus familiares les pedían 3 000 dólares y a cambio lo iban a cruzar a
Estados Unidos; comenta que sí pudieron pagar su rescate y el grupo
delictivo sí cumplió con cruzarlo (mexicano, 42 años, CO, julio de
2014). Con otro migrante, el mismo que fue arrojado del tren, se
sostuvo el siguiente diálogo:
Entrevistador (E): Entonces de Sonora no tienes buen recuerdo que
digamos.
Migrante (M): Eso y la mafia una vez que me quisieron levantar, más
bien me levantaron, pero eso fue en Sufragio, ahí llegó una camioneta,
uno viene con la ilusión de una chamba y todo. Llegó la camioneta:
“¿Hey, no quieren chamba?”. No... si a eso vengo, venía para arriba.
E: ¿Pero para qué agarraste el trabajo si ya tenías dinero?
M: Para acoplarme. Dije, si aquí trabajo, me quedo unas dos, tres
semanas. Y así fue, me subí a la camioneta y me fueron a internar
a la sierra, con unos batos cuernudos, que andaban blindados, y me
llevaron a cortar marihuana; nos tenían ahí, pero la multitud de gente
que tienen ahí eran migrantes, puro que van y levantan (mexicano, 27
años, CO, julio de 2014).
Sufragio, Sinaloa, también fue el escenario de un asesinato, se-
gún relató un migrante. El entrevistado narró que tuvieron que de-
tenerse en esa localidad, pues el tren hace allí una parada rigurosa.
Él y sus acompañantes aprovecharon para ir a bañarse al río, y en
lo que salió a hacer “un mandado”, cuando regresó ya no vio a su
amigo, por lo que preguntó a sus demás acompañantes a dónde se
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había ido, a lo que respondieron que había “agarrado” para cierto
lugar con alguien que no conocían. Después narra lo siguiente:
Sí, dijo, allá agarró con un mexicano, ¿qué onda? Y les digo yo: Toda-
vía les dije, que nadie se moviera de aquí, aquí yo iba a llegar e iba a
estar. Y resulta que nunca regresó, ya cuando nos quisimos montar al
tren ya no estaba, ya lo habían matado, y luego como a 15, 20 minutos
de Sufragio que camina el tren que se para y yo me bajo del tren: ¿Qué
está pasando, qué onda? Como a seis vagones de donde veníamos no-
sotros lo estaban quemando, lo quemaron y lo tiraron. Y cuando voy
a ver y que me dicen los guardias: “No, no pasa nada, fue una llanta
que se está quemando”. Voy a subirme a ver, le digo, todavía tenía la
cara buena, los que venían conmigo: Miren lo que les dije, vayan a
ver lo que está ahí. Aquí lo mataron y lo quemaron, no sé qué pasaría
(hondureño, 21 años, CO, mayo de 2014).
El migrante que relató este episodio fue quien en un viaje pasado
se desmayó en Sonoita y fue hospitalizado. Como se refirió ante-
riormente, a pesar de haber enfermado por calor excesivo dijo que
no consideraba el clima un problema para su salud. Esta aparente
incongruencia puede ser explicada a la luz de este evento dramático,
ocurrido antes de la entrevista: Para alguien que había sido testigo
del asesinato de su amigo pocos días atrás es entendible que el clima
y las altas temperaturas representan una preocupación menor. A lo
largo de la experiencia migratoria se van construyendo y redefinien-
do significados de orden vital; es decir, presumimos que el episodio
descrito provocó una resignificación de la muerte y, por ende, de los
peligros de emigrar.
Como demuestran los cuadros 3 y 4, la percepción del peligro no
está puesta en el clima ni en las altas temperaturas, sino más bien en
la violencia e inseguridad que padecen en su recorrido por México.
Para ilustrar esta problemática bastan los siguientes datos: En 2009,
la Comisión Nacional de Derechos Humanos documentó 9 758
secuestros de migrantes y en 2011 documentó 11 333 (cidh, 2013).
Esta problemática no nace del vacío, más bien es una consecuencia
de la estrategia del gobierno mexicano para controlar el flujo migra-
torio procedente de Centroamérica, la cual obliga a los migrantes a
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buscar las rutas más inhóspitas e inseguras con el fin de evadir a las
autoridades migratorias (Casillas, 2008). Por desgracia, no se prevé
un cambio de esta política en el corto plazo, pues en julio de 2014 el
gobierno mexicano puso en marcha el Programa Frontera Sur, que
va en esa misma dirección.
Los autores proponemos que las vivencias y percepciones de peligro
–ya no enfocadas en la frontera sino en el territorio mexicano– pue-
den ser consideradas como una externalización de la medida “pre-
vención por disuasión”. Para entender nuestro argumento, lo primero
que hay que recordar es que la externalización de la frontera consiste
en establecer controles migratorios en terceros países buscando frenar
el flujo lo más cercano al lugar de origen de los migrantes (Koff,
2014). Por otra parte, como fue establecido por Cornelius (2001),
la estrategia “prevención por disuasión” buscaba desalentar a los mi-
grantes de viajar a Estados Unidos por las dificultades que representa
cruzar su frontera con México. Como ha sido comprobado en este
estudio, la violencia en el territorio mexicano es una preocupación
primordial para los migrantes. Esto puede disuadirlos de emigrar des-
de su lugar de origen hacia Estados Unidos, ya no sólo por el temor de
cruzar la frontera estadounidense, sino, principalmente, por el temor
de atravesar México. Por esta razón, y basados en nuestros resultados,
argumentamos que lo que está ocurriendo puede considerarse una
externalización de la frontera de dicha medida.
De acuerdo con Douglas (1996), cuando una amenaza es oca-
sionada por la “naturaleza”, hay un menor sentido de injusticia que
cuando es de origen social, lo que atenúa la percepción de peligro.
Como se ha dicho, la estrategia “prevención por disuasión” arrojó a
los migrantes a cruzar “barreras naturales”, y aunque es claro para
algunos expertos que el riesgo en la frontera norte de México fue so-
cialmente construido por las políticas migratorias de Estados Uni-
dos (Cornelius, 2001; Rubio-Goldsmith et al., 2006), finalmente
son los elementos naturales (desiertos, montañas, clima, fauna) la
causa del daño. En cambio, la violencia que padecen los migrantes
en el territorio mexicano evidentemente es de origen social, lo que
puede asociarse con un mayor sentido de injusticia e igualmente de
mayor peligro percibido. De tal forma que, quizá sin pretenderlo,
MIGRACIONES INTERNACIONALES, VOL. 9, NÚM. 1, ENERO-JUNIO DE 2017262262262
lo que ocurre en México con los migrantes permite una exculpa-
ción de la responsabilidad de las políticas migratorias de Estados
Unidos, que crearon peligros “naturales”, y una inculpación de la
sociedad mexicana, donde se producen peligros de origen social.
Conclusiones
Aunque las altas temperaturas son una amenaza para la salud de
la mayor parte de los habitantes de la región Sonora-Arizona, los
migrantes –quienes en busca de trabajo cruzan por esta región con
destino a Estados Unidos– están especialmente expuestos al clima
debido al tiempo excesivo de permanecer en ambientes extremada-
mente cálidos bajo condiciones precarias. Sobre este grupo, se sabe
que de 2001 a 2013 murieron 2 184 personas en la zona fronteriza
del sur de Arizona, y que de ellas, tres cuartas partes perecieron por
hipertermia, golpe de calor o deshidratación.
Sin embargo, en este trabajo hemos encontrado que existe una
aparente atenuación o minimización del riesgo climático, pues úni-
camente una tercera parte consideró el clima un problema para su
salud. Esta atenuación podría ser calificada por ciertos enfoques
como falta de conocimiento o error probabilístico de los indivi-
duos. No obstante, al dilucidar el por qué de estas respuestas en
su conjunto, desde sus previsiones y experiencias antes y durante el
trayecto migratorio, como lo sugieren los enfoques socioculturales
de percepción del riesgo (Douglas, 1996; Joffe, 2003), resulta claro
que esta minimización se debe más bien a una saturación –y su con-
secuente priorización– de peligros y problemas que padecen en el
viaje. En un territorio mexicano en el que, aparte de ser deportados
pueden ser secuestrados, extorsionados, lesionados o asesinados, las
altas temperaturas y las condiciones climáticas en general son perci-
bidas como un peligro menor o no prioritario.
Esta percepción del riesgo es reflejo de una construcción socio-
histórica producto de la interacción de factores que rebasan los ele-
mentos puramente individuales. Ello se expresa en dos niveles; en
primer lugar a nivel intersubjetivo, es decir, la manera en cómo las
y los migrantes internacionales comparten maneras de prever y en-
263263DÍAZ – CALVARIO / RIESGO A ALTAS TEMPER ATUR AS DE MIGR ANTES QUE TR ANSITAN POR SONOR A
tender los factores medioambientales a partir de procesos simbóli-
cos y sociales. El segundo nivel se refiere a la interacción de factores
sociopolíticos, la cual se manifiesta a través de la redistribución de
peligros y como una externalización de la frontera en cuanto a la
medida “prevención por disuasión”.
Retomando a Douglas (1996), argumentamos que en la percep-
ción de peligros puede actuar un “filtro” cultural, asociado con la
noción de lo que es justo o injusto, para priorizar cuáles son de
mayor gravedad que otros. Además del elevado número de delitos
hacia los migrantes, éstos tienen el agravante de que sufren peligros
de origen social, mientras que en el espacio de riesgo construido
en la frontera Sonora-Arizona, son “las barreras naturales” las que
enferman y matan a los migrantes, atenuando con esto el sentido de
injusticia y la responsabilidad de una política migratoria letal.
En suma, como se observa en los datos de Humane Borders
(2014) y en lo que ha sido documentado por expertos (Cornelius,
2001; Ruiz, 2001; Alonso, 2013, entre otros más), la zona fron-
teriza Sonora-Arizona es un peligro constante para los migrantes.
Lamentablemente, para buena parte de ellos es un peligro imper-
ceptible, pues otras amenazas han aumentado, en particular la vio-
lencia hacia ellos en el territorio mexicano. Si se quiere que el riesgo
climático de la frontera norte de México sea percibido y sobretodo
prevenido, urge atender la inseguridad desbordada en contra de los
migrantes en México.
Por último, habría que añadir que los peligros pueden existir y
reproducirse debido al contexto de vulnerabilidad en el que los mi-
grantes viajan, agravado a su vez por políticas migratorias hostiles
de México y Estados Unidos. Como Ruiz ha indicado, el peligro
que viven “deriva de la vulnerabilidad de los migrantes y de su falta
de recursos, que los imposibilita para conseguir una visa para ir a
Estados Unidos, tomar un transporte seguro en vez del tren cargue-
ro o tener un lugar invulnerable donde hospedarse al cruzar la fron-
tera internacional” (2001:268). Como bien ha sido establecido por
expertos de la gestión del riesgo (Cardona, 1993; Wilches-Chaux,
1993; Lavell, 2000), ante la ausencia de vulnerabilidad, lo que ahora
consideramos peligro o espacios de riesgo, no serían tales.
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