PORTAL LAYOUT TEMPLATE PORTAL Journal of Multidisciplinary International Studies, vol. 6, no. 1, January 2009. ISSN: 1449-2490 ‘The Space Between: Languages, Translations and Cultures’: Special Issue edited by Vera Mackie, Ikuko Nakane, and Emi Otsuji. http://epress.lib.uts.edu.au/ojs/index.php/portal PORTAL is published under the auspices of UTSePress., Sydney, Australia. Entre ausencias Gabriela Coronado, University of Western Sydney Winmalee, 31 de diciembre de 2007. Querida Mamá, ya se que vas a decir que me tardé demasiado en escribirte. Siempre te parece que no te tengo en cuenta, pero no, no es eso. Es sólo que se me van los días y como de todos modos las niñas te cuentan lo dejaba pasar. Antes no era tan importante; aunque fuera caro podía hablarte en cualquier momento pero ahora es como un pendiente. Necesito contarte tantas cosas que no te he contado y sobre todo sobreponerme a la pena. Eso de tener que regresar inmediatamente y sin un respiro volver al trabajo fue muy extraño y todavía me pesa. Fue como si en realidad nada hubiera pasado y en un tiempo cuando vuelva me estarás esperando. Estando acá como que nada ha cambiado. Puedo seguir platicando contigo como siempre. Aunque te escribí varios emails, siento que fueron muy a la carrera y como que no es lo mismo. Es curioso, se supone que tenía más tiempo pues no tenía que hacerme cargo de nadie, pero los días se me pasaban sin un respiro. Lo más pesado fue tener que aprender inglés. Nada que ver con lo que aprendí en las clases. Cuando yo hablo como que puedo controlar lo que digo y siempre sirve eso de que si no se alguna palabra pronuncio en inglés la palabra en español, pero lo difícil es entenderles a ellos. En la Universidad tengo que lidiar con estudiantes y no sabes que difícil. Ellos hacen como que me entienden y yo como que les entiendo y ahí la llevo. Coronado Entre ausencias PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 2 Además eso de todo el tiempo conocer gente diferente es muy cansado, sobre todo en reuniones. Por un lado el que me identifiquen más como mexicana hace que las conversaciones siempre giren alrededor de México, tengo que ser experta en todo, desde historia hasta la última noticia sobre política. Es lindo que les interese pero al mismo tiempo no me siento yo misma. Por otro lado si pierdo alguna palabra ya no se de que están hablando y llega un momento en que mejor me desconecto. Especialmente cuando todos están platicando me pasa que de repente sólo oigo ruido, un ruido que me enloquece. Es entonces que me quedo allí bien calladita, haciendo como si entendiera y sonriendo. Por suerte Bob no es muy sociable y más bien pasamos el tiempo juntos, cada quien en lo suyo. En esos momentos es como si el mundo fuera sólo el que traigo adentro. Esos ratos los disfruto mucho. Me recuerdan mis escapadas a la azotea cuando me sentaba en la oscuridad haciendo nada, sólo mirando y dejando que las estrellas fueran mis palabras. Si, ya se que no lo entendías, pero al menos nunca te metiste. Con eso de que yo si sabía lo que hacía y estaba bien. Muchas veces me pesó que lo creyeras. Ahora me pregunto si también pensaste que estaba bien que migrara a Australia aunque mis hijas se quedaran en México. Tantas veces sentí que no me lo perdonaste, y ni siquiera pudiste decirlo. Ahora mi vida aquí es diferente y ya casi no tengo esos momentos sola conmigo. Los días se me pasan trabajando. Casi no puedo creer como todo ha cambiado. Si me hubieran dicho que iba yo a acabar mi vida dando clases y en inglés hubiera pensado que era una mala broma. Tanto que lo odiaba. Como que el destino me jugó una mala pasada. No sabes como resiento no estar segura de que lo que escribo está correcto. Mis amigos ya se acostumbraron a mi espanglish pero como que hay cosas que no puedo; me da pena. Aunque los australianos son buena onda como que siempre se achica uno si no domina el idioma. Es como ser niñita de nuevo y tener que depender de otros. Bob es un santo y cualquier cosa que necesito me la corrige. Pero yo añoro escribir en español. Poder decir, sí, ya está listo y nomás mandarlo. Además, es siempre como que doble trabajo. Todo lo hago más lento, incluso leer. De por si nunca fui veloz pero ahora cada página se me hace eterna y no tengo ni un tiempito libre. No sabes como añoro los días en que llegue a Australia y mi única actividad era hacer mi tesis. Fue la purita felicidad. Como si hubiera empezado mi vida de nuevo, y con una nueva mirada, o como dicen mis hijas, con el ojo del muerto. Fue como si para volver a Coronado Entre ausencias PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 3 ver después del transplante de corneas hubiera necesitado nuevos paisajes. Por cierto, quizá ahora puedas ver lo bonito que es Australia; ¿verdad que es un bonito diferente? Todo vasto. Hasta el cielo se ve inmenso. Creo que nunca había mirado tan lejos. Cuando los extraño con sólo mirar p’ arriba es como si se me abriera el alma, y todo, todito el mundo cupiera. Aunque también duele pues el vacío también es grande. ¡Si tan sólo estuvieran aquí mis chiquitas! La nostalgia luego luego se me pasa y no sabes como disfruto el silencio. Silencio, ruido, silencio, ruido. ¿Se te ha ocurrido que son lo mismo? Aquí me pasa que se me confunden. Cuando estoy trabajando en la universidad y no hay nadie el silencio me deja descubrir ruidos diferentes, pájaros e insectos que nunca he oído, el viento moviendo las plantas, la lluvia en las ventanas y las voces lejanas de estudiantes en la alberca. Ah, y por supuesto los pensamientos que se hacen palabras, taca-taca, taca-taca. En cambio cuando hay gente cerca y platicando las palabras se amontonan. El ruido en inglés es diferente. Los sonidos pierden su sentido y entonces todo es silencio, tanto que no puedo escuchar ni mi aliento. * No sabes como duele tenerlos tan lejos. Cada cosa que veo me imagino como la verían mis niñas; Lorena con su entusiasmo ruidoso y explosivo, Mariana con sus interminables silencios queriendo atrapar el mundo con su mirada. Y tú que te cuento, estarías feliz con el culto a los perritos. Y además ahora mis chiquitongos. Sabes que Marti dice que quiere venir de quince años a Australia. Tú quizás entiendes lo que siento pues sabes lo importante que fue ser abuela lo malo es que me las mal acostumbraste. Mariana siempre me reclama que sea la única abuela de Marianito y esté tan lejos. Te extrañan tanto, siempre hablan de su abuela. Como que todavía, no se la creen y siempre me cuentan que andas por ahí, haciendo maldades. ¿Es cierto que le hablaste a Mari el día de su graduación? Patri dice que ve a una viejita y Lore le cuenta que es su bisabuela. No se si creerles pero en el fondo quisiera que fuera cierto y que pudieras conocer mi mundo, compartir mi vida. Nunca se nos hizo que vinieras. Aunque pudieras visitarme ahora, ya no conociste mi primera casa. Estaba increíble. Era como si estuviéramos en medio del Ajusco, rodeada de árboles y nubes que entraban por las ventanas. Había pericos y unos tlacuachitos que correteaban por el techo. Aquí se llaman possums. En la noche, cuando estaba sola, me daba mucho miedo, se oían Coronado Entre ausencias PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 4 como pasos en la azotea. Ahora ya me acostumbré y también en donde vivo hay uno. Les mandé la foto y Martí le puso Lolita. Había también unas ranitas que entraban por la regadera y en el baño crecían hongos pues el agua era de la lluvia y no tenía filtro. Artus se lo puso cuando él y Lore vinieron de visita. Decidimos cambiarnos pues no había casi transporte público y eso no me gustaba. Aquí no es como en Chilangolandia en donde sólo sales a la esquina y le haces la parada al pesero. Y no hay tienditas que crecen como hongos, una en cada esquina. Imagínate que para comprar leche tenía que caminar como 20 minutos a la gasolinería. Si, ¡en la gasolinería venden leche! Como todavía no me atrevía a manejar del otro lado me sentía como atrapada, sólo deseando tomar un tren e ir a Sydney a empaparme de urbe. No es que extrañe el tráfico o el smog. De hecho ahora que puedo casi no voy p’allá. No, lo que extraño es la gente, mi gente. Aunque te cuento que en Chinatown me siento como en casa, no sabes como nos parecemos a los chinos, menos rasgados pero igual chalitos. Me gusta ver los parecidos de mis amigos con la gente caminando en las calles. * El otro día que hablé con las niñas nos acordábamos de Jaime. No sabes que susto tuve cuando me contaron del cáncer. Lorena todavía como que no lo perdona, sigue furiosa con él y me imagino que con la vida. Como es posible que lo haya dejado pasar. ¡Ay! Mi hermanito siempre tan pendejo. No sabes que miedo me dio cuando le hablé por teléfono y oí en su voz la muerte. Casi no lo reconocí como que se le fue el entusiasmo. Pero me dio tranquilidad cuando me dijo con toda certeza que me esperaría. Parece absurdo pero se lo creí y aunque faltaban algunos meses y las niñas sentían que se estaba extinguiendo como velita algo en el fondo me decía que llegaría a tiempo. De todos modos si me hubieras dicho que sentías que se nos iba, te juro que en ese momento me hubiera ido al aeropuerto y llego de volada. ¡Ay! No sé, de por si la muerte es canija, y no poder estar con ustedes me pesa en el alma. Creo que es lo que más me pesa. Por suerte pudo esperarme. No sabes como me gusta tener aquí su guitarra, ya no sirve pero de todos modos canta sus sueños. Ay, hijina, tampoco te dije como te agradezco que ayudaras a mi Lore. Nunca me contaste como te cayó la noticia, aunque creo que los gemelos te dieron nuevos ánimos. Coronado Entre ausencias PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 5 Todavía tengo la foto en la que estás cargando a los dos chiquitos. Me acuerdo de la cara de Lore, sosteniendo el aire, como ayudándote a que no te venciera el peso, y yo ahí cerquita por si las dudas. A mi casi me dio el soponcio cuando me dijo que estaba embarazada. Y a Mariana no te cuento. No sabes que angustia. Aunque tenían la casa donde vivir estaba difícil que de repente Artus consiguiera trabajo o que ella pudiera hacer algo, ni la tesis había terminado. Lo bueno es que la oí bien contenta aunque si un poco asustada. Y con eso de que son gemelos, pensé, ora si que mi chiquita va a dar un crecidón fenomenal. Al principio ni podía dormir de la angustia y como que tenía ganas de llorar. No se si porque estaba acá o por la vida. Mi primera reacción fue salir corriendo pero con los días como que me tranquilicé. Siempre les he tenido confianza. En el fondo sabía que aunque me necesitaban también tenían que arreglárselas entre ellos. Y para colmo también mi Marianita con su Jaime y su amor complicado. No se si hubiera sido mejor estar allá, o como dice el dicho, ‘Ojos que no ven corazón que no siente’. Menos mal que al final todo salió bien. Es tan difícil dejarlas crecer. Bueno, yo que te cuento. Es en momentos como esos que me pregunto si podré sobreponerme a la ausencia. ¿Será cierto que la distancia no es el olvido? Como dice la canción, o ¿es sólo mi fantasía dejándome creer que puedo ser de aquí y ser de allá? No sabes el alivio que me da saber que te tienen cerca. Siempre ha sido así. Aunque medio tullida siempre contaron contigo. No es por nada que les duele tanto su viejita. Tu ya no estabas cuando se casó Mariana. Te hubiera encantado verla vestida de reina con su antifaz de cristales. ¿Te lo enseñó cuando llegó de Australia? ¿O ya tampoco te tocó? Como que el tiempo se me confunde y ya no sé que pasó antes y que después. No sabes que difícil fue eso de negociar el permiso en el trabajo para estar en su boda; como era a la mitad del semestre me la hicieron de tos. Y peor aún, para estar con ella en el parto de Mariano. Con Marti y Patri pude estar más tiempo pues todavía tenía trabajo en México. Te juro que fue increíble y como que siempre me recordaron. Cuando vinieron de visita tenían casi dos años y Patri me reconoció en el Aeropuerto, me vio a lo lejos, esperando. Pero con Marianito fue muy difícil. Te juro que estuve a punto de renunciar. Eso de estar en dos países con mis amores separados por un océano me está doliendo en el alma. Aunque puedo ver sus fotos y les hablo por teléfono no sabes como quisiera verlos, tocarlos, sentir como crecen. Su vida se me escapa a saltos. Coronado Entre ausencias PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 6 El gusto de ser abuela me empezó a crece como enredadera. Es completamente loco, es casi como si de repente te prendieran el switch. Igual que tú nunca fui muy niñera pero cuando son tus nietos te transforman. Estando acá mi ilusión fue comprarles ropitas, o modernidades que nunca había visto por allá. Todavía cuando voy a las tiendas me gusta ver las cositas de bebés, aunque ya ni al chiquito le quedan. Ya sabes, una maleta pa’ los regalitos y la otra pa’ mí. Viajar así es muy cansado pero no sabes como me ilusiona ver sus caritas esperando ver cuales son las sorpresitas. Cada vez que regreso cuento mis días pensando en los que me faltan para volver. Sí que me da mucha tristeza no poder estar más tiempo con ellos. A ti, no importa donde esté te tengo cerca pero a ellas las extraño tanto. Es como si me perdiera parte de su historia. Aunque me cuenten, no es lo mismo. No sabes como lamenté no poder ver como sus panzas se llenaron de vida, o no haber estado en sus exámenes profesionales, toda orgullosa. O en las exposiciones de Mariana viendo como poco a poco crece mi artista. Aquí tengo algunos de sus cuadros y cada vez que voy quisiera traerme más pero ya casi no tengo paredes. Por cierto, te encargo le eches una mano pues como que de repente la siento tristeando. * Eso si te digo que ya me anda por jubilarme. Espero que la salud no me defraude como a ti y pueda seguir viajando. Tengo planes de pasar un tiempo aquí y otro allá. Te cuanto que la última vez que fui a México fuimos a Malinalco y estamos planeado comprar una casita, con alberca para que nos visiten los nietos, a ver si nos alcanza. Si no te veo por acá espero que allá si me visites. Pensarás que por qué no me quedo en el DF. Te digo la verdad. Ya no puedo, como que ya me acostumbré a la calma, y también creo es bueno que cada quien tenga su espacio. Estar de visita es lindo pero cada quien ya tiene su vida. Con los años como que todo parece más difícil y me aumenta el miedo de enfermarme o morir en Australia. Me da pánico. Imagínate que casi ni se como explicarme cuando voy al doctor. Por más que les describo siento que no me entienden. Como que lo que se siente en el cuerpo es algo muy íntimo que no se enseña; se aprende con la vida. Cuando me operaron del pulgar fracturado fue muy difícil. Incluso Bob no sabía como tratarme. En el hospital me sentí desolada. Con eso de que nadie quiere molestarte, ni quien te visite o te eche una llamadita. Y luego cuando Bob se fue a comer se me hizo eterno. Coronado Entre ausencias PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 7 ¡Imagínate! se fue a la casa y yo espera y espera y nada que no llegaba. Pensó que era bueno que estuviera sola para dormir y recuperarme. ¿Te acuerdas tú? todos haciendo chacota cada vez que te operaban; casi parecía pachanga, risa y risa con las bromitas de la familia. Acá más bien parecía velorio, pero de huérfano. * Ah, se me olvidaba decirte como te agradezco hayas sido tan generosa conmigo. Como que parece de familia eso de planear la muerte. ¿Será una cosa cultural? Ojala y yo pueda hacer lo mismo, no quisiera morirme sola. Ni tampoco que mis hijas se queden con el gusanito. Yo todavía no puedo creerlo y a veces pienso que fue sólo mi imaginación. Todavía me acuerdo lo enojada que estabas con Chacho porque se iban de vacaciones cuando yo llegaba de mi viaje a Chiapas. Me quedaban sólo dos semanas y de regreso a Australia. Tu mal humor me pareció completamente incomprensible. Hasta llegué a pensar que lo estabas manipulando, haciéndolo sentir culpable. Sabias que yo me quedaría en tu casa esos días. ¿No siempre me chantajeabas que no estaba contigo cuando iba a México? Y ya hasta habíamos planeado la comida del domingo con todos; Mari y Jaime iban a traer carnitas y Lore, Artus y los niños el pastel. Yo compraría las chelas. ¿No era eso lo que a ti te gustaba? la pura pachanga con las niñas. Pues no, dale y dale que no se fueran. Seguro querías morirte con tus hijos y tus nietos cerca. Nunca me dijiste que el doctor quería que te quedaras en el hospital y tú te negaste. Siempre tan necia. ¿O es que yo no quise enterarme? Con eso de que cada vez que iba te enfermabas para que yo te atendiera. La medicina no te sirvió de nada. ¿O es que no te la tomaste? Ya no quisiste comer, ni agua aceptaste que te dieran. Si no es por Lore que es medio brujita no nos hubiéramos enterado a tiempo. Chacho y sus hijos ya se habían ido y nos fuimos de volada. Yo no sabía si llamarlo o esperar a ver si reaccionabas. Con el suero a lo mejor te recuperabas. Fue inútil. Ya te habías decido a morir. Te quedaste dormida, sólo esperando que regresaran para dejarte ir. No se si nos escuchaste. No se si algo quedó por decir. Solo sé que cuando uno vive fuera uno quiere volver y estar ahí cuando alguien se te muere. La Né Entre ausencias