Untitled PORTAL Journal of Multidisciplinary International Studies, vol. 13, no. 1, January 2016. The Transcultural Edge, curated by Ilaria Vanni Accarigi. © 2016 [Susana Chávez-Silverman]. http://dx.doi.org/10.5130/portal.v13i1.4794 This is an Open Access article distributed under the terms of the Creative Commons Attribution 4.0 Unported (CC BY 4.0) License (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/), allowing third parties to copy and redistribute the material in any medium or format and to remix, transform, and build upon the material for any purpose, even commercially, provided the original work is properly cited and states its license. PORTAL is published under the auspices of UTSePress, Sydney, Australia. ISSN: 1449-2490; http://epress.lib.uts.edu.au/ojs/index.php/portal Solstice Hart-Seer: Recordando ‘La Chascona’ y ‘La Sebastiana’ Crónica Susana Chávez-Silverman, Pomona College 21 diciembre (Winter Solstice) y 31 diciembre, 2015 Thompson Creek trailhead, Claramonte, Califas Para Lucía ‘Lucy War’ Guerra And for Elizabeth ‘la Elizzz’ Horan, David ‘Divinito’ Divita and Amanda McCullough Cuando vi el headline ayer, de una nota de la escritora Joyce Maynard en la Travel section del New York Times (diario que—a contracorriente—I’ve recently started taking los domingos), ‘Where Pablo Neruda Lived and Loved,’ and especially when my eye scrolled down to the words donde la autora explica que está en Tsile con su marido Jim, queriendo dedicar ‘some time to our Spanish. That, and romance,’ confieso que mi primera reacción fue un giant eye-roll, followed closely by the exclamation—¡gringa huevona! al leer la frase siguiente: ‘Who better to fan the flames than Neruda?’ Uf, me dije (vahTANte uncharitably, ya lo sé), qué flames ni que eight rooms, cuando hay 4000 otros poetas way more flame-fanning que ese outdated machista. Just a couple of paragraphs in, sentí un visceral rechazo, un no querer leer a la Maynard mainly por haberme desentendido—decades ago, I realize with a start—de la estética de Neruda. And even, me doy cuenta, de la ética de Neruda, que en estos tiempos tan globalized y (post?) PoMo también parece maomeno (EYE: pronunciación tsilensis, OB-vio) de museo, con su Cold War marxismo, su earnest maniqueísmo. Y ni hablar Neruda’s Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 2 sexual politics, ¡uf! Si bien hay que conceder que lo peor está en Veinte poemas de amor (his barely post-adolescent love poems, del ’24, creo recordar), the only work of Neruda’s que la Maynard conoce, según confiesa. Pero anygüey lo mío, chez Neruda, was always Residencia en la tierra: esa relentlessly dark, private hasta el casi solipsismo, Surrealist-inflected imagery I flattered myself, en la universidad, spoke directly to me. A mí, cuando vivía en el too-bright, b(l)each- and cocaine-white Orange County de los late 1970s y la indulgent (or prescient) pedagogy de la Lucy War me permitió escabullirme del standard-issue essay assignment (on the Kenecott Copper Corporation, si mal no recuerdo) en su curso, ‘Civilización y cultura de Chile,’ para escribir, instead, de la desolate, furibunda misantropía en ‘Walking Around,’ con la que yo, dark-haired (if green-eyed) bohemian mestiza from NorCal, totalmente fish out of agua (en las boogie nights y Newport Beach days de semi- dilettante college girl, hangueando con bikers and surfers y punk rockers tras la Orange Curtain), me identificaba ferozmente. Ese ensayo (uf, I shudder to think how impressionistic and naïve it must’ve been) marked the birth of a serious student, y—seducida por la brillantez y el encanto pedagógico de la Lucy War—Spanish major (formerly psychology) y future literature scholar y—25 years en el futuro, en el mere mere país de Neruda y de la Lucy War— escritora. Curiosamente, I felt myself being drawn in—a pesar de mi activated smarm-o-meter—a la prosa de la Maynard, even as she was drawn in by ‘La Chascona,’ la casa que Neruda había comprado a su then-secret amante, Matilde Urrutia, en Santiago. Las expectativas de la Maynard eran mínimas—she only wanted to pick up a bit of Nerudiana en el gift shop. Pero inesperadamente se sintió hechizada ni bien puso pie en el garden, antes de cruzar, siquiera, el threshhold. She felt herself drawn, dice, to a kindred spirit. Y de forma análoga yo me sentí—against my initial rechazo—drawn into la Maynard’s story. La cual se trataba, mainly, de la estética doméstica de Neruda, which la Maynard, quien se describe como ‘incurable’ collector, identifies with. Me too, me doy cuenta. No tanto porque yo sea coleccionista, or not exactly. I don’t seriously collect anything, con la excepcion de los tecolotes. Pero esos vatos los heredé Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 3 Figure 1: ‘Vista de la casa de Pablo Neruda, “La Chascona,”’ 2 February 2009, Wikimedia Commons © Marcelo Ois Lagarde. Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 4 Figure 2 (left) and Figure 3 (right), ‘La Chascona,’ 20 July 2011, Wikimedia Commons © Arturo Rinaldi Villegas. de mamá, and the only time new ones are added es cuando alguien que ha visto mi modest, one-shelf culling (de la truly prodigious collection que tenía mamá) y cree que colecciono los owls me regala uno. Oh, and perfumes. Esa es, creo, mi única collection—obsessive, I freely admit—de adeveras. No, I don’t scour yard sales or flea markets, ni hago haunt el eBay, como la Maynard (or, for that matter, como el Austra y tantos otros de mis amigos). Tampoco es que me llamen mucho la atención las fotos de los interiors ni los objects de Neruda en sí—máh vien al revés. Esa onda nautical que tanto le fascinaba a Neruda, por eJIEMplo, directamente me carga (como diria la Lucy), aunque como él, I do have a thing for old maps and photos. Pero that’s not what attracts a la Maynard either. Ella responde, she says, a interiores que muestren un sentido de humor, de drama, de pasión. Aun cuando los objects, by themselves, parezcan ‘ugly—even tacky,’ la Maynard recurre a las palabras del artista Joseph Cornell para recordarnos que el arte ‘happens in the assemblage.’ Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 5 Bingo, c’est moi. Recuerdo el momento, a few days ago, cuando mi advisee Amanda primero vino a mi casa. Ni bien did she put foot en el living-dining, escaneó mi Nelson saucer pendant, mis MidCentury teak muebles, el black lacquer Knabe baby grand que heredé cuando falleció mamá, con las family fotos encima y mi doll, Lee (en pelotas, de indeterminate gender, con un platinum mohawk y slightly Asian eyes), sitting triunfante atop an antique Zulu basket. La Amandita se puso a reír y exclamó, bien saucer-eyed— OMG, this house is you, Profa! Algo semejante había ocurrido cuando mi colega/amigo el Divinito (aka el David Divita) came over hace un par de años. Como Amanda, el Div también se había puesto a ehcanear el room, his eyes alighting on different bits: my Noguchi coffee table (comprada de Design Without Reach—ja, ja—company que empezó mi long-ago ex, el Rob Forbes … pero esa es otra), my carefully edited grouping of DVD’s en el black lacquer-painted brick fireplace mantel: Dog Day Afternoon, Dangerous Liaisons, The Chant of Jimmy Blacksmith, The Wicker Man, y mis all-time faves, The Last Wave y The Marriage of Maria Braun.—Is this … a tableau? ventured el Div. Me acuerdo que me sentí levemente irritated. Me había parecido algo … catty, quizás. OB-vio, reconozco que mi estética doméstica is not everybody’s taza de té—I live here, había respondido medio defensively—So, tableau vivant! Pero anygüey, mientras más me adentraba en la narrative de la Maynard, and pored over las accompanying fotos de ‘La Chascona’ y ‘La Sebastiana,’ la house que Neruda y su (by-then) wife la Matilde had bought en Valparaíso, más me sentía overcome por una creeping sensación de … ¿de qué? De aguda incomodidad, de uncanny deja-vu. De repente, en uno de mis invisible links flashes—I’ve been there, me dije, con un sentido de surprise y a la vez, utter certainty—Conozco estas dos casas. Y ese flash—suddenly unburied memory—me llevó a otro. Menos ambiguo. Cero placentero. Porque en ese instante, I knew I'd been there con el Darth Vader (como la Joanna Woolfolk le solía llamar al Dorian, aka el P., as from late 2007). We’d travelled to Chile en enero del 2001, con el 13-year-old Juvenil. Yo iba a presentar en un poetry Congreso en Valdivia; I was finally going to see Santiago (sueño que había acariciado desde que conocí a la Lucy War y al Villegas en UCI, y el Subercaseaux y el Cosme Noriega y el Walter Fountains y otros exiled tsilenos … pero esa es otra) y hasta el Chiloé de mi amiga la Elbita Andrade, y conocer a un veritable who’s who de los (y las, Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 6 Figure 4, ‘La Sebastiana,’ 30 April 2014, Wikimedia Commons © Rodrigo Fernández. Figure 5 (left): ‘La Sebastiana Pablo Neruda's house in Valparaíso, Chile,’ 6 January 2004, Wikimedia Commons © Pekka Parhi. Figure 6 (right): ‘La Sebastiana,’ 30 April 2014, Wikimedia Commons © Rodrigo Fernández. Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 7 more to the point) poetas tsilenos, courtesy of my longtime pana ‘el chileno,’ aka Luis Cárcamo. Por eso esa sensacion tan unheimlich. I hadn’t wanted to remember that, being there, en las casas de Neruda, por el temita (bitter little jaja) del Dorian. OB-vio, por eso I’d buried the memory for so long. Casi 15 años. I didn’t want to see that. Yo allí, flaneuring por esos recovecos, esos dim, memory- and memorabilia-filled ambientes closely trailed por ese forbidding, shut-down phantom. Presencia ausente. Pero … was I even there? I needed proof. Me puse a rastrear los photo albums de nuestro año en el Southern Cone. 2000–2001. El año de mi NEH fellowship. Feels like … another life. Era otra vida, musito. Tú eras otra. Hago un special trip to my office, on campus. It’s where I’d moved most of my precious photo albums, en los últimos años de mi calvario con Dorian. You never knew what he’d get up to, en sus fits de celos y envidia y sus (out of) control-freak ways. Ya había fisgado, bien descaradamente, en mis diaries (I’d taken to hiding them—to no avail— and resorted to an elaborate system of codes, initials, pseudónimos); me había abierto la correspondencia. Pero ¡coño! They weren’t there. Finally, desesperada, los encontré sin querer, at home, entre el arcane cambalache de los dining room shelves, al lado de los astrology books, cat behavior books y libros de cocina. Quería mirar las fotos. I needed to know if my mind was playing tricks on me. Intenté abrir a January 2001, pero … me daba cosa. Me eché patrás y llamé al Juvenil—Just do it, Mama, me instó. Go for it. You can do it. If it gets too weird, sólo teneh que cerrar el álbum. He was right. Los años (y mis 5 años de therapy con una post-trauma expert) have worked their magic. Oh, los balsamic efectos del olvido. Don't get me wrong, el Dorian se ve just as creepily affectless and dead-eyed as I remembered him. Pero estos 5 años in recovery, como quien dice, le han drenado el poder. Ahora veo que es sólo un fantoche. Un Darth Vader wannabe. Y ahora, también, entiendo que este invisible links enfrentamiento con las Neruda houses ha sido tan disturbing porque hay algo más. Algo que no entendía. Not back then. Now though, reading este love-paean de la Maynard a las weird, swooningly Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 8 romantic Neruda houses, it hits me: mi desasosiego es porque allí, suddenly—lejos de nuestro hogar en SoCal pero far away, too, de nuestro sabbatical home in cerebral, angst-inducing, un-erotic Buenos Aires—my lovelessness was thrown into stark relief. Pero también me di cuenta de que it cut both ways: unloved por el Dorian, yo tampoco sentía nada por él. No. The reasons for remaining with him were … elsewhere. Nai’ que ver, poh, con el amor (pero esa es otra). Por eso—oh, ahora caigo—nunca había podido escribir de Chile. Por eso, esos photo albums se me habían ‘desaparecido.’ Pero alongside el (sólo momentáneo, I abashedly admit) reconocimiento del desamor, also thrown into shattering relief en esas love- and memory-saturated homes, había algo … otro. Algo más. Curled inside me, cual tierno tendril de helecho, fossilized, hasta entonces inaccesible: mi Gran Love Story. Esas casas—sin yo entenderlo—provocaron un minúsculo unfurling. Un levísimo cosquilleo inside me. Five months later, I would reference it, pero sólo de un modo elíptico, off-hand, como si fuera tangencial, rather than The Main Thing (tan acostumbrada estaba al panoptical gaze del Dorian que me auto-censuraba, sin siquiera darme cuenta) en mi ‘Anniversary Crónica.’ I wrote it on a freezing 16 de junio del 2001, en Buenos Aires, para conmemorar dos aniversarios: uno sombrío, el de la Soweto massacre en 1976, el otro happy, el wedding anniversary de mis padres. Pero en ese January 2001 en Chile, yo era como la Snow White. Muerta en vida, or asleep, en un coffin de cristal. O como la Sleeping Beauty, rodeada de brambles. Tendría que esperar 7 años para el (cyber) beso de mi Prince Charming. El de siempre. Digo, from before, del 1982. El de mi Gran Love Story, el amor de mi vida. Simón, hasta el 2008 cuando, viviendo dos meses lejos de Dorian for the first time, el repentino, long-buried recuerdo de nuestro miscarriage—y de nuestro love story—burst to the surface. Y de allí hasta contactar a Montenegro … the blink of an eye. And his response? Un e-mail casi instantáneo, corroborando nuestro pregnancy, nuestro blood-loss, nuestro amor. Weirdly, todo lo nuestro habia persistido en él, alive. Digo, accesible a la consciencia. Irónicamente, it had been I, Little Miss Emo, yo había desterrado ese memory al ether del olvido. For more than 25 years. Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 9 Now, recalling my visits to ‘La Chascona’ y ‘La Sebastiana,’ transportada por la starry- eyed narrative de la Maynard, me había devuelto el recuerdo de esa double anagnorisis: desamor (Dorian) y amor (esa slightly unfurling fronda de helecho had borne, in its tender green embrace, la imagen de mi Montenegro). En cambio, leer, a few days ago, los reviews del film 45 Years—y los unusually deep comments de los stars, Tom Courtenay y la incomparable Charlotte Rampling—ha sido más bien un glacier thaw. Porque mi Prince Charming did show up (in die vleis, digo). And he woke me up with his kiss—all night, esa helada noche encantada, esa full moon winter Pretoria night en agosto del 2012. But then, se volvió a dormir. Ahora, I’m not dead, como Katya, la ice-embalmed (suddenly revealed by global warming melting glacier) love of his life from 50 years before del husband en 45 Years. Ni siquiera soy una wa(l)king dead anymore, like I was los 17 años que pasé con mi tormentor (as you called Dorian, en Pretoria). But you, Montenegro (or should I say HH, for Highveld Howie?), tú has vuelto a encarnar al Rip van Winkle. What you called yourself en el 2008, remember? Cuando me decías que yo era la que te estaba despertando, waking you up to yourself, después de tantos años out of practice—Be patient, Shug, me pediste. You woke me up, Montenegro, but then te volviste a dormir. Asleep ain’t dead, aunque hay que reconocer que se parecen. ‘As you get older,’ dice Andrew Haigh, el 42-year- old director de 45 Years, ‘you don’t want to deal with the fact that maybe you’ve made the wrong decisions … so it makes sense that people stick by their decisions, even if they’re the wrong decisions.’ Pos órale, tendrá sentido, Mr. Haigh. Pero fuck that. Triple chale to what ‘makes sense.’ 45 Years tiene lugar en tranquil Norfolk, Britain y—en otro invisible linksy twist— desde hace unos años, I call your northern suburbs of Joburg compound Southfork. Norfolk, Southfork. Allí es donde vives—where you sleepwalk, rather, through your rutina doméstica—con tu second wife (si bien sólo hace 13 años, not 45 …). Pero like I said: asleep ain’t dead. Chávez-Silverman Solstice Hart-Seer PORTAL, vol. 13, no. 1, January 2016. 10 Y hoy por hoy, se trata de desenterrar y nombrar a los monstruos. Unmasking them, para poder recordar, soñar, vivir y escribir. Y amar. Y Lucy, porque crees tanto en el destino, en el destino de nuestro amor, this one’s for you.