907-3822-2-LE PORTAL Journal of Multidisciplinary International Studies, vol. 6, no. 1, January 2009. ‘The Space Between: Languages, Translations and Cultures’: Special Issue edited by Vera Mackie, Ikuko Nakane, and Emi Otsuji. ISSN: 1449-2490: http://epress.lib.uts.edu.au/ojs/index.php/portal. PORTAL is published under the auspices of UTSePress, Sydney, Australia. Diary Inside/Color Local Crónica Susana Chávez-Silverman, Pomona College, California 23 junio, 2008 Saratoga, Califas Para los Musos: Paul Allatson, Raphael Kadushin, Wim Lindeque, Paul Saint-Amour, and Pablo “Hugo” Zambrano, in gratitude for your presence Hmmm. Quizás abrir con algunos de estos diary entries. These fragments of “me.” (LITTLE EYE: commune con tus Musos). Mi instinto me dice que it’s as good a way in as any, si bien un poco nel mezzo del camin (pero quizás por esto mismo, no?). Estos entries constituyen un modo más directo, a more ostensibly unmediated way (ja ja) to access, to convey la tremenda carga de intensidad y de reconocimiento de estos meses aquí en el Montalvo Arts Center. Desde el 3 de mayo I’ve been here. Simón, yo. Me, here. As an artist-in-residence. Put that in your pipa and fúmenlo, mijos. Pretty trippy, que no? Anygüey, el muñeco del Tim Miller me recomendó; I applied y fijate que they picked me. So heme aquí, amidst a somewhat motley crew of (mainly visual, hay que recalcar eso: soy, de hecho, la única writer-in-residence) artists, residiendo en el #30 live-work studio (hagan google al Montalvo Art Center; “my” studio es el que sale como imagen emblemática en el website) en la parte residencial de la Villa Montalvo Arboretum. Chávez-Silverman Diary Inside/Color Local Crónica PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 2 Todo esto used to belong to James Duval Phelan, three-term mayor of San Francisco, financista y gran filántropo que también fue el dizque first popularly elected senador de Califas (1915-1921). Lo que es realmente una intrigante (no) coincidencia, mejor dicho, una uncanny correspondencia: you know where el vato got the name Montalvo? Según me explicó mi colega y amigo José Cartagena-Calderón, el escritor español Garci Ordóñez de Montalvo, en su novela Las sergas de Esplandian, inventó una utopian island a la que puso el nombre de California. En algún sentido, he dreamed us, he invented us, carnales! Este Spanish Golden Age paraíso terrenal, poblado de amazonas y resguardado por griffins tiene su correlato aquí, donde estoy viviendo. José, siendo un erudito early modernist, o colonialihta, o transatlanticista o como corno se les llame hoy en día a los antaño Golden Age scholars, recognized it immediately—digo, its appropriately early modern, literary origins—cuando leyó la primerísima crónica que empollé y mandé desde northern Califas, a principios de mayo (it seems so long ago already …). Y allí me explicó toda la historia de Montalvo. For me, este lugar fue y ha sido un remoto y a la vez achingly familiar green mansions memory vortex, lately turned (con los record-breaking heatwaves and 800 nearby wildfires y el concomitante smoke, ash and singed flying hojas de eucalipto, para ni mencionar a new batch of badgersome, heteronormativos, techno-geek resident artistes), lamentablemente, terrarium. Pero sabes qué? Ni modo. Soon I’ll be leaving. Demasiado pronto. Isn’t it always like that? Dormí bien, after two foreshortened nights. El viernes por la Ceremonia del Fuego en La Casa de los Sentidos, Luis Vásquez Gómez’s shamanic, slightly Wicker Man-esque Solstice Fest on a weird, way too sultry, heat-blasted San Francisco night en la Mission district, y anteanoche up late en una slumber fest con el Serge of the Berry. Me levanté a las 7. El little white box ponía 60 grados; soplaba una leve brisa. Ay, alivio. The sky was strange and murky, though, y había un faint pero distinct olor a humo. Lavé ropa down in the Commons; I carried la compu back up to la torre (absolutely uninhabitable, por la falta de cross-ventilation, cuanto el mercurio rises above about 75 grados … how ridiculous, for a structure built to house a writer, no?) con gran Chávez-Silverman Diary Inside/Color Local Crónica PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 3 anticipación. Puse esa mystical, hindú music en los i-tunes; it wafted por los speakers, down from the writing loft al high-ceilinged split level space below, e hice yoga. Con pesas, eh? Me sentí fofa y más bien endeble (por no haberlo hecho en más de una semana, due to extreme weather conditions), pero ni modo. I did it, al menos. Luego salí en el health walk, con mi Minolta. Había un chingo de annoying people en el lawn de la Villa. Some adults, a gull of little kids. Es verano. Must be algún tipo de summer camp. Uf. Como que me estoy escapando justo a tiempo, it seems. Subí los so- called poet stairs. Qué poetas ni que eight rooms, as el Sergio would say (en su still- tapatío even after décadas en San Francisco way): nalga-busters, that’s what they are. The tilo trees donde comienza la escalera, sus florcitas, blooming and soapy-scented hace tan sólo tres semanas, now look kind of cowed, bien Plain Jane. Las linden flowers disecaditas. Ditto the verga-trees. Their white-flowering phalluses flopping earthward ahora, cansados, scentless. No me gusta el verano. Continué por el trail arriba, to the left of the stone staircase. Primera vez que lo hago sola (ay, look how bold U R becoming, mija!). Quería sacar fotos de esos air roots. Big ol’ long, dangling and twisted raíces, starting, some of them, 15 or 20 feet off the ground. Pocas veces he visto eso and never, que yo recuerde, in this country. En Puerto Rico, near that ritzy hotel en el Viejo San Juan y luego en Magnetic Island, en 2006 (both times con Pierre y el Paulie, fíjate). Off the Queensland coast, en Australia. Pero eso fue tropi-flora, en los mangroves, y esto a pleno oak and redwood forest. Strange. O quizás no. Más bien directamente emblemática del ars combinatoria que constituyen mis travels. Mis vivencias. My life. Varias veces estuve a punto de convencerme de que el cougar was lying in wait— sprawled or crouched, indolent or alert—en una rama arriba del sendero. Eran pasadas las 11 de la mañana, not its natural hunting hour, me dije. Still, confieso que me puse a cantar. De nuevo esa incongruente canción, decades-old, de Silvio Rodríguez. Eso en sí espantaría a cualquier modern predator, no? Bajé, salí disparada de ese primaeval bohque y me metí en el Asian-inflected, paved path, al lado del lawn. Al lado izquierdo, vi un green bush. I’d never even noticed it before, pero it had apparently flowered desde la última vez que caminé por allí. El lunes Chávez-Silverman Diary Inside/Color Local Crónica PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 4 pasado it must’ve been, porque tuve que suspender los health walks por el extreme heat all last week. So, anygüey, muñeca, no me digas que you hate summer, ne? Look what it brings: like an underwater creature right out of “The Little Mermaid” (OJITO: versión original, no Disney) se me apareció, waving and shimmying its 4-inch long, suddenly budded shoots en la brisa. Some kind of impossible, moss-colored coral. Sharp-looking y droopy a la vez, somehow. Nunca había visto tal cosa. It was … just green. I mean, no tenía perfume ni brightly colored flowers, pero estaba outrageously, baroquely beautiful. Aquí en el Montalvo estoy descubriendo all the different permutations and iterations of “just” green. Como en Iguazú. Bueno, not at all “like” Iguazú in feeling—the vegetation is completely different. Pero ayer por ejemplo, as I again drove (bueno, passenger-ed) the twisty backroads en el Acura de la Cronopia (sin mota)—roads that were hewn right through the giant redwood stands—I wished for a cuaderno, for any paper. Even something like ese trashy, gossipy newspaper de Misiones, in whose margins—único espacio en blanco disponible—I scribbled the notes on topografía that would become my Iguazú crónica, mientras atravesamos toda la provincia de Misiones en ese nafta- scented taxi con la Deb Cohen, Pierre y el Juvenil, camino de San Ignacio de Miní y la casa de Horacio Quiroga. This is No Cal green, entonces. This is my home. Después de este sudden burst of early summer green, a little farther along the path, del otro lado, observé semi-melancólica que el Australian bottlebrush estaba on its last legs. Bien scraggly, desplumada. En vano busqué al colibrí en sus ramas. Quería ver si se repetía last week’s milagro: un colibrí posado. Do you know how rare that is? Pero nada. Pero, isn’t that la definición misma de un miracle anyway, me pregunté medio sourly— que no se repite? I did find, sin embargo, como engarzadas en las ramas muertas del bottlebrush, a cache of those little round, spiny, sea urchiny, hollow, stemmed pods. Se habían caído de un árbol vecino, and gotten lodged in the lower thicket of bottlebrush branches. Hot tears saltaron, instant and automatic, as I reached up for one. These pods were, quizás, Mom’s most idiosyncratic (bizarre, perfect for a Scorpio) Christmas decoration: we’d Chávez-Silverman Diary Inside/Color Local Crónica PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 5 collect them for her, in the Valley, y luego los hacía spray paint con esa laca. Silver and gold. Y luego los metía entre las ramas del Christmas tree. Bueno, luego de ese intensely emo-laden interlude proseguí hacia el Formal Garden del Senator Phelan (Nb. Supe recién que he was an anti-Semite y que tenía una amante Jewish. Typical, hey? Fixation and disavowal a la vez …). I went in, for a change, through the gate on the right. Quería fotografiar las paper flowers. Secretly (bueno, ni tanto), también me había sobrevenido una obsesión hacia el hummingbird. I suddenly remembered I’d seen another one last week, posado. Right here, en mi secreto recinto. Se había quedado absolutely still, mucho pero mucho tiempo, en la frondosísima rama de un silk tree. De hecho cuando hubo movimiento it was I, finally, who moved. Me alejé only reluctantly, rubbing my neck, semi-stiff por haber estado craning, peering, tilted patrás embelesada por ese minúsculo still point. I was certain it had been here, inside my secret garden, donde lo había visto. A mano izquierda, on the way to discovering the paper flowers. Pero no. Me equivoqué. Qué boluda—there aren’t even any trees to speak of, before you come to the shocking stand—or grove, o como corno se le diga a grupo de flores—of paper flowers. Me tinca que son algún tipo de poppy (oh, I wish my mom could see them. She’d know. O Marcello, el marido de la Shelley). Two, three, hasta five feet tall, crecen. Parecen que se auto-propagan, en un sistema de runners. ¿No serán estos los famosos rhizomes, the ones D & G go on about? Oh my god, PoMo culti studies at the grass—o al menos— roots level. Qué chévere! Pero anygüey, estas flores se desbordan; they spread right out into the little pebbled path, pushing their way más allá de la frontera del flowerbed, insistentes, desobedientes, audaces. Me parecen un tipo de flor inexistente. Digo, unreal. De fantasía. Como del tipo que habría inventado Marosa di Giorgio (Q.E.P.D.). Los tallos son extremely long, flexibles, más bien pálidos. A dusty, almost sage green. Pero lo real(mente) maravilloso (pace Carpentier …), astounding—aparte el perfume, pero I’ll get there just now—son los pétalos. Son seis. Son enormes y blancos. Not optic white sino softer, creamy. Casi casi del color del Acura de la Cronopia Raz. Los pétalos se ven crisp, crepe-papery. Pero they flop and sway, open and closed, en la brisa matutina. Versión miniatura y vegetal de oreja de elefante africano. Al centro tienen (ay, no me acuerdo cómo se llama esto: Chávez-Silverman Diary Inside/Color Local Crónica PORTAL, vol. 6, no. 1, January 2009. 6 pistil? stamen?) te lo juro, una parte yellow-green, ferozmente erecta cual falo muñequeril, rodeado de un círculo perfecto de butter-yellow, pollen fuzzy-topped, teensy citron colored antennae. Y por si todo esto—the bold, fantasy look of them, quiero decir—no fuera suficientemente sublime, if you gather the papery petals together in your hand and sniff into the little cup, despiden un olor fresco, tenue, plasticky. Barely even plantlike. Barely even there. Un poco como el creosote, quizás. (Ese olor lo aprendí con el Eddie Muslip, en ese desert botanical garden, en Phoenix. Sé que suena a oxymoron, pero te juro, it wasn’t. An oxymoron, quiero decir. It was amazing, multicolor, and wildly perfumed.) Pero por otra parte, no. Not creosote after all. Nada sharp, or oily. El perfume no es verde, ni tampoco flowery. It’s definitely culinary. Closest, al ponderarlo, al olor de la masa harina.. On the other hand, it’s nothing like the scent of the flowering plums que abundaban en Santa Cruz y me enloquecían mientras caminaba de vuelta a casa, de la Harbor High school. Los mismos small, polite, purple-black leaved árboles que bordean el Thompson Creek trail en Claramonte (my at-home health walk) y que cuando florecen—a brief profusion of tiny, pale pink blossoms—allí por marzo, early April, siempre les he dicho los tortilla-flower trees. I’ll never quite get it, I reckon. I mean, con las palabras. Todo es aproximación. Y eso es lo más maddening—or magic—del olfato, ¿no? Por su white, insouciant, papery look, por su semejanza a la amapola (scentless a fin de cuentas, no obstante esa famosa escena de la Wicked Witch of the West, purring evilly, poppies, poppies will put them to sleep. Sleeeep, sleep …), when I leaned in to sniff, I hadn’t been expecting any scent at all. Y por eso, el cool, familiar, mounds of damp masa harina, Mercado Libertad en verano scent es—por lo utterly inesperado—lo más disturbingly, comfortingly hechizante que tienen las paper flowers. Stay with me a little while. Busquemos, together, más strange familiars.